Es hora de un Plan estratégico de desarrollo industrial.


“Si se quedan exportando trigo y carne, van a estar relegados frente al resto del mundo” Ha Joon Chang.

“La protección no garantiza el desarrollo, pero el desarrollo sin ella es imposible”. Ha Joon Chang.

“Y es más hay que romper con el “tabú” neoliberal, debemos recuperar el estado empresario, que  actúe  e invierta en aquellas áreas estratégicas donde el privado  no puede o no quiere”

Esta llegando a su fin un nuevo ciclo de políticas neo liberales en Argentina. Este final  nos deja una vez más ante  una crisis económica financiera brutal; un endeudamiento externo condicionante para las próximas décadas y un daño en el entramando productivo, en especial el industrial,  difícil  de medir.
Estos resultados no son casuales, ni producto de “malas praxis”.  Es el objetivo buscado por estas políticas de apertura económica financiera y privilegio de las actividades rentísticas  especulativas. 
Existen sectores importantes y poderosos que no quieren industrias en Argentina, no quieren que haya mercado interno, no quieren que haya Estado, quieren un país para pocos, con un mercado interno chico, que tenga grandes saldos exportables en dólares, que luego son volcados al sistema financiero y más tarde  “apropiados” y luego “fugados”.
 A partir de marzo de 1976, con el gobierno del proceso cívico militar se inicia un ciclo histórico, signado por el neoliberalismo, las doctrinas monetaristas y el Consenso de Washington,  que con sus más y sus menos,  llegó  hasta la gran crisis del 2001/2 .



En ese periodo el PBI industrial per cápita se desplomó  un 40 por ciento. Las consecuencias de este “industricidio”  no pueden resumirse solo en términos de caída de la producción física. Estas  políticas neoliberales dejan  pesadas herencias. Entre ellas, la desarticulación productiva y una mayor dependencia tecnológica externa; una primarización de la economía, con un fuerte deterioro de la industria, en especial el sector pyme, por ende desocupación, pobreza y  exclusión social; una estructura de mercados concentrados y extranjerizados,  una deuda externa condicionante, un sistema comercial y financiero liberalizado y dependiente de los mercados globales; un estado degradado, sin poder  ni capacidad de gestión, al servicio de  intereses particulares, un estado vaciado   de cuadros técnicos, como consecuencia del deterioro salarial y de la pobre proyección de crecimiento profesional en la administración pública; una burguesía , forjada en crisis recurrentes, pero siempre volcándose a negocios ligados  a apropiarse de recursos del estado, cada vez más con una lógica rentística especulativa. y, por lo tanto, acumulando a través de la fuga capitales  más que a involucrarse en planes de inversión productiva.
El macrismo, en estos cuatro años llevó adelante muchas de estas políticas, dejando una secuela de catástrofes en casi todas las áreas productivas, salvo aquellas muy ligadas al mercado agro exportador, minero, y la banca y el sector financiero.
El desastre productivo, económico y social que ha dejado el Gobierno de Cambiemos es evidente con el cierre de 20 mil pymes y la pérdida de más de 300 mil puestos de trabajo.  La capacidad instalada  en muchos sectores productivos llega apenas al 50%.

Reiniciar el  proceso de industrialización.

“Cien años atrás la economía del país se basaba en las exportaciones de trigo y carne. La Argentina creció en base a ese modelo, pero esto ya pertenece al pasado. Si deciden quedarse exportando trigo y carne, van a quedar relegados respecto al resto del mundo. La actividad primaria no asegura un buen estándar de vida a la población, porque tiene poco valor agregado y baja capacidad de generación de empleo. 
Este sector puede llegar a ofrecer un aumento rápido de la productividad en el corto plazo. Pero su crecimiento tiene un techo. En los últimos cien años, el predominio del modelo agroexportador y la falta de una estrategia industrial hicieron que Argentina perdiera la oportunidad de estar entre las principales economías del mundo”.  Chang
Con el próximo gobierno y la vuelta de un gobierno nacional y popular, es imprescindible encarar una política de industrialización
Hay que entender que la producción primaria tiene un techo, no puede crecer indefinidamente, no genera empleo y la riqueza que produce se concentra en pocas manos, en cambio la industria es generadora de trabajo, de mercado interno, y si se le suma tecnología e innovación la industria  puede crecer y mucho.


A partir de la crisis del 2001 y en especial  de 2003 en adelante , con  el tipo de cambio alto y competitivo, acciones de fomento a la industria y sobe todo medidas para defender y desarrollar un fuerte mercado interno por parte del gobierno de NK  comenzó un ciclo de reindustrilización del país.
En los siguientes años Argentina creció  a tasas muy altas. La crisis mundial  de 2008/9,  la crisis producida por la “125”,   más restricciones internas y externas fueron ralentizando el proceso de industrialización  y crecimiento (2011/15)
Ya hoy superada  la etapa de destrucción de la industria por parte de las políticas macristas (2015/19) y de cara al nuevo gobierno es necesario relanzar el proceso industrializador.
El desarrollo de la industria nacional enfrenta grandes desafíos para poder dar un salto cualitativo y volver a crecer fuerte como entre 2003 y 2011.
El mayor problema de la economía nacional para crecer y dinamizar la producción industrial es la escasez de divisas. La situación se agravó en los últimos años por la caída de los precios de los recursos naturales,  la crisis en Brasil,  el fuerte endeudamiento externo producto de las políticas neoliberales que comprometen a futuro grandes sumas de dólares para afrontar el pago de intereses y capital. Esta restricción externa requerirá políticas de refinanciar la deuda a mayores plazos, administrar el comercio exterior, restringir la circulación de dólares, a través de mayores controles, desdoblamiento del valor del dólar, hay pensar un dólar diferenciado para la industria y el turismo.
Lo que es indudable que el cepo impuesto por el gobierno de Macri en sus últimos meses ha venido para quedarse largo tiempo.
La otra gran restricción  es que  Argentina sigue muy lejos de cerrar la brecha tecnológica con los países desarrollados.
Se  requiere una política de fomento a las actividades de investigación, innovación y desarrollo de nuevas tecnologías. Activar,  asociar y vincular los estamentos estatales,  universidades  y los organismos de ciencia y tecnología con la industria. 
La experiencia del INVAP, una empresa mixta que fabrica y exporta alta tecnología puede ser un camino a imitar y replicar  en este sentido.
Es necesario en esta etapa “una sintonía fina” en las políticas sectoriales y avanzar en cambios estructurales.  Con ese objetivo  sería conveniente la elaboración de un plan estratégico de desarrollo industrial, con amplia participación de todos los sectores involucrados e interesados.   
Entre otras medidas es necesaria  la reforma a la ley de entidades financieras, destinando el ahorro de los argentinos hacia el trabajo y la producción;  reforma al sistema tributario, modificando el actual sistema regresivo;  abrir los canales de comercialización, actualmente muy concentrados, con muchos eslabones intermedios parasitarios; fomentar el desarrollo de las economías regionales, agregando valor a las producciones primarias; expandir el mercado interno a través de mejores salarios, pero también una política de administración del comercio  a efectos de generar dólares y afrontar el estrangulamiento externo.  
Es importante recuperar al Estado activo y presente,  “asociado” con la industria. Es necesaria una fluida  articulación entre el sector público y el privado. Y es más hay que romper con el “tabú” neoliberal, debemos recuperar el estado empresario, que  actúe  e invierta en aquellas áreas estratégicas donde el privado  no puede o no quiere.
Por ultimo una consideración que debe ser clave en el proceso de reindustrialización, este proceso no puede estar basado en salarios bajos, Argentina no es similar a los países asiáticos,  los trabajadores argentinos tienen calificaciones  y niveles de productividad alta. La recuperación de la fuerza de negociación de los trabajadores a través de paritarias libres  permitirá  una distribución más equitativa de la riqueza.
Si pretendemos progresar como sociedad mediante la construcción de una matriz productiva más compleja, habrá que incentivar tanto el desarrollo de las aptitudes de los trabajadores para operar tecnologías progresivamente más sofisticadas como su potencial creativo. Para eso, debemos avanzar gradualmente en un sistema con mejores condiciones laborales que dinamicen el mercado interno y estén en sintonía con el nivel de desarrollo productivo que la economía vaya alcanzando. Esto debe ser así   porque se requieren trabajadores con ingresos suficientes para poder acceder a buenas condiciones de vivienda,  salud, educación, alimentación y tiempo libre, entre otras necesidades.


Antonio Muñiz
25 de Septiembre de 2019


El último round.


Cuadro de situación de un país en crisis

“El 27 de octubre, peleamos el último round”  Mauricio Macri.

 A 6 semanas de las elecciones nacionales el panorama político está en un continuo torbellino, originada por el resultado anticipado por la tendencia que hubo en las elecciones primarias del 11 de agosto y una brutal crisis económica que está poniendo en cuestionamiento a todo el sistema democrático.
Todos los sectores  dan por cerrada la etapa neoliberal  y esperan el próximo 27 de octubre como un mero ejercicio electoral que ponga en blanco sobre negro la realidad política imperante. Las formulas del Frente para Todos se impondrán con holgura en el ámbito nacional, pero también en las provincias y municipios en juego.
Esta situación ha jaqueado al gobierno macrista, que creía en sus posibilidades de cara a una segunda vuelta. El cachetazo que la sociedad argentina le dio  fue tan contundente que aún no ha podido ponerse en pie.
El macrismo, preso de su propio relato, no pudo entender el pulso social ni las urgentes demandas de la sociedad.
La crisis económica, expresada en una muy alta inflación, una brutal recesión, un cierre de establecimientos industriales y comerciales y una crisis externa muy compleja, que encima jaqueara el próximo gobierno, un empobrecimiento de la población, con sectores casi en la marginalidad y la emergencia alimentaria.
Esta crisis económica ya se estaba larvando desde la asunción en diciembre de 2015. El macrismo “inventó” una “crisis heredada” para justificar sus políticas de ajuste, apertura de la economía y la piedra basal de su programa de gobierno, el endeudamiento externo. Tuvo su primer gran  fracaso en 2018 que lo obligó solicitar el apoyo del FMI, con un fuerte aumento de la deuda, esta vez aportada por el organismo internacional y un programa de económico - financiero de ajuste “clásico”. El gobierno cedió el poco poder que le iba quedando y se subordinó  a los dictados de los técnicos del FMI.  
El nuevo programa aceleró  y agudizó  la crisis. La inflación tomo un ritmo de vértigo pero sobre todo se aumentó la deuda externa y su correlato la fuga constante de divisas, con una perdida preocupante de reservas.
Estaba todo “armado con alambre”, los mercados tenían claro que todo se desmoronaba luego del 27 de octubre.  Las Paso aceleraron los tiempos. El resultado mostró el amplio rechazo social y la poca viabilidad política del modelo que se quería imponer. 

Contra las cuerdas:


“El 27 de octubre, peleamos el último round”, esta es la frase con la que concluye un spot publicitario  del gobierno, que buscaba dar un mensaje de esperanza hacia sus votantes.
Abandonado por el círculo rojo del poder, que fue su principal sustento político, rotos los mecanismos de blindaje mediático que tanto hicieron para sostener toda la falacia del relato M, en una diáspora de dirigentes y aliados, que buscan desesperadamente no hundirse con el barco.
Como en aquella vieja canción infantil, en la alianza gobernante  “cada cual atiende su juego”.
El ejemplo más notorio es Vidal en la provincia, de ser la “niña bonita”, la perla del Pro, la “leona”, que irradiaba “magia”, en el relato M, pasó  a ser un candidato cacheteado, con un resultado de derrota inminente. Ahora solo busca salvarse y para ello se distancia de la figura de Macri y quedar medianamente en pie como jefa de una virtual oposición. Algo que a estos días parece demasiado optimista. Lo mismo están haciendo los intendentes del Pro, muchos de ellos de origen radical, que buscan localizar las elecciones, “cortando su boleta” y repartiéndola con las del Frente de Todos. Está por verse el resultado de esa estrategia en lo local, pero es claro que le restan votos al candidato en las elecciones del 27. Todo hace prever que el resultado será todavía más contundente en apoyo a Fernández y a Axel Kiciliof.
En este escenario la discusión pasa por si el Pro puede sostener algunos municipios de la provincia de Buenos Aires, y el número que consigan de diputados y legisladores y concejales. En disputa, todavía con resultado incierto, las elecciones en Mendoza el próximo 29 de septiembre y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Muy poco para un proyecto que pretendía cambiar la matriz ideológica, cultural, política e institucional del país.

En caída libre

La crisis política y de poder que sufre el gobierno solo hace agudizar la crisis económica.
La inviabilidad del programa económico, las contradicciones de política internas, la impericia, la mala praxis y sobre todo una lógica predatoria, rayana en el delito,  por parte de la mayoría del elenco gobernante llevaron a esta crisis, pero además condujeron al “default” de una deuda en pesos tomada por este mismo gobierno. Algo pocas veces visto en la historia económica. Más grave aún nos llevaron al peligro de default con los acreedores externos, que pende como una espada de Damocles sobre toda la población.
Estamos en una transición política, pero en una situación económica muy compleja y de difícil pronostico.
No solo no se puede pagar la deuda con los privados sino tampoco la contraída con el FMI. Y a ello hay que sumarle la imposibilidad de pago inminente de la llamada deuda corta, la deuda del Banco Central en Letes (dólares) y Lecaps (pesos). Esta bola de nieve generada por las altas tasas y las políticas de especulación financiera que ha llevado adelante el gobierno, se vuelve  impagable por su volumen pero también por el déficit cuasi fiscal que producen. ¿Un plan “Bonex” a la vista? No hay que descartarlo.
Y para completar el cuadro a una corrida cambiaria le puede suceder una corrida bancaria. Nadie o muy pocos hablan en público pero la situación es de tal inestabilidad, que nada puede ser descartado.
La única salida que tiene este gobierno es ir cerrando cada vez más el cepo cambiario, patear la deuda para adelante, “re perfilándola”, negociando con el fondo y rezando que el FMI desembolse los 5700 millones comprometidos.  Algo muy dudoso en estos días.
El macrismo está hoy  como esos boxeadores que llegan “groguis” al final, buscando protegerse de los golpes, sin atinar a ninguna reacción, solo mirar el reloj y esperar que suene el gong del último round,  que lo  salve del nocaut.
Seguramente la alianza Cambiemos estalle  por los aires después del 27 de octubre, la UCR seguirá su camino hacia la extinción, los restos del Pro se refugiaran en la CABA, si finalmente Rodríguez Larreta consigue su reelección, Macri y muchos de sus funcionarios pasaran largas jornadas recorriendo los juzgados federales, etc. Sin embargo los sectores y los intereses políticos  y económicos que representan siguen vigentes, agazapados, pero con alto poder de fuego, esperando su oportunidad para volver a dar un  zarpazo.
Como decíamos anteriormente el gobierno del Frente de Todos recibirá un campo minado: inflación, recesión, default, devaluación y pobreza.
Estará condicionado por una situación internacional compleja y turbulenta, los bonistas, el FMI, los grupos concentrados de la economía,  por un lado y por el otro por las demandas básicas de los sectores populares.
Un escenario muy difícil, que requerirá mucha política y mucha organización popular para sobrellevarlo.

Antonio Muñiz
16 de septiembre de 2019

Final de partida


“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene.”
(¿Quién mató a Rosendo? Rodolfo Walsh 1969)

“Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan/ Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas” / El libro de los abrazos. Eduardo Galeano

“Los funcionarios no funcionan./  Los políticos hablan pero no dicen./ Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman” / El libro de los abrazos. Eduardo Galeano

Hoy asistimos a un episodio más, casi tragicómico,  que muestra el final de un tiempo histórico.
El ciclo del gobierno macrista está tocando a su fin. Su ciclo iniciado en diciembre de 2015, que prometía el fin del cepo y el fin de todo intervencionismo estatal en la economía, que prometía bajar la inflación, reducir la pobreza, una lluvia de inversiones, termina restaurando el “cepo cambiario” y encima con un “corralito” selectivo y para completar la situación declaran un default sobre deuda en pesos contraída por ellos.



Si no fueran tan trágicas las consecuencias para nuestro pueblo y para las futuras generaciones, seria hasta cómico.  Hay hasta justicia  divina para un gobierno inepto y corrupto, que con una soberbia ideológica,  pero también de clase, llegó  para cambiar la matriz cultural y política de la Argentina y termina acorralado, en una final de partida, por sus propios errores, por su ignorancia política, histórica y cultural. El mejor equipo de los últimos cincuenta años termino mostrando una inoperancia significativa, muy difícil de encontrar aun en gestiones fracasadas anteriores.
Lo bueno de este momento es que no solo se avecina un fin de gobierno, sino el final de un ciclo, corto, gracias a Dios, del neoliberalismo. Una vez más el neoliberalismo vernáculo muestra su incapacidad para llevar adelante un programa de gobierno, de construcción de un modelo de país sustentable e inclusivo.
Una vez más, y van….,  la experiencia neoliberal conservadora nos ha conducido a un callejón cuya salida en un precipicio. Una vez más nos encontramos con una crisis de deuda, endeudados por décadas, con una industria en crisis, con desocupación, pobreza e indigencia, alta inflación, recesión y default. Un escenario de catástrofe, del que los macristas venían a liberarnos.
Es indudable que el macrismo formó parte de la avanzada neo conservadora de EEUU sobre América Latina y el Caribe, luego de su crisis del 2008/9, bajo el gobierno de Obama, comienza a recuperar su “patio trasero”. Fue como en un dominó,  volteando gobiernos populares: comenzó con los eslabones más débiles con golpes “blandos” en Paraguay  de Lugo y en Honduras, con la caída de Zelaya, siguió con el golpe palaciego a Dilma en Brasil y las posterior persecución judicial y proscripción de Lula, finalmente en Argentina en 2015 en elecciones democráticas.  Solo sobrevive el gobierno de Evo en Bolivia, tal vez el más exitoso de la región y el gobierno venezolano, con fuerte apoyo popular,  pero jaqueado económica y políticamente desde el exterior, en especial por EEUU.  
El macrismo era un proyecto neo liberal,  conservador colonialista que vino a cambiar la matriz  política, cultural, ideológica,  productiva, reconstruir una Argentina pre peronista, bajo las premisas del Consenso de Washington.
En este marco hay que leer el triunfo y posterior gobierno de Mauricio Macri, así como el fuerte apoyo del FMI y el gobierno de Trump, cuando la primer crisis en 2018.
Las causas del fracaso son varias, sin duda, en especial las limitaciones políticas e ideológicas del elenco gobernante, sobre todo de su presidente. También llegaron con una matriz de generar negocios para sí y sus amigos. Forman parte de una burguesía parasitaria, que vivió siempre del saqueo del estado, a través de la obra pública primero y las privatizaciones, en los noventa después. Una burguesía que creció generando deuda externa y su posterior fuga a paraísos fiscales. Ya Cavallo nacionalizó  la deuda externa de estos grupos en 1982, antes de la caída del gobierno militar, posteriormente fueron beneficiados por la pesificación asimétrica en el 2001.  Siempre el mecanismo fue el mismo,  generar deuda externa para luego apropiársela y fugarla, dejando la deuda a la nación argentina, en medio de una feroz crisis: 1982/3, 89/90, 2001/2 y 2019. Si siempre hicieron eso, ¿porque iban a cambiar siendo gobierno?
Con esa misma lógica predatoria se apropiaron de las empresas de energía eléctrica, petróleo, gas, energía eólica, etc, dolarizando sus tarifas a costas de los usuarios y consumidores.
El fin de ciclo apresurado muestra una vez más la inviabilidad de los proyectos neoliberales en Argentina y menos llevado adelante por los restos de la vieja oligarquía, la nueva burguesía parasitaria y los Ceos de los grupos concentrados.
Un proyecto político de clase, un modelo de primarización de la economía, desindustrializador, basado en servicios y en la acumulación financiera. Atado y subordinado a las políticas imperiales de EEUU, con altos índices de pobreza y desocupación, con una legislación laboral pre peronista, con veinte millones de argentinos sin acceso al trabajo,  la salud, a la educación, la cultura o el consumo.
A este modelo reaccionario no pudieron imponerlo ni con el fuego, la cárcel y la tortura los gobiernos militares, menos podrán imponerlo bajo gobiernos democráticos.
Por más débil y acotada que sea la democracia el pueblo resiste.
La ciudadanía se expresó en forma categórica contra este modelo en las pasadas Paso, poniendo en evidencia la fragilidad de todo el modelo. Estaba todo atado con alambre, esperando llegar con ayuda de los cinco mil millones del FMI, hasta un hipotético ballotage, que en la mente afiebrada de Marcos Peña y Mauricio Macri creían posible.
El pueblo con su pronunciamiento aceleró  la caída y le puso  el punto final a un proceso caricaturesco pero trágico.
Es un gobierno que hizo mucho daño.
Agravó  la “grieta” que ellos mismos habían construido con mayor odio y perversión, persiguió a dirigentes políticos y sociales de la oposición.
Hay presos políticos en la Argentina, algo inédito desde el fin del proceso militar, la prisión de Milagro Sala es una afrenta a la democracia y vergüenza nacional, las causas armadas por servicios y jueces corruptos para perseguir a ex  funcionarios como Amado Boudou o Julio De Vido, la persecución con causas ridículas a dirigentes sociales como Fernando Esteche o Luis D’Elía y sobre todo la persecución sobre la ex presidenta Cristina Fernández y su familia.
En un contubernio mafioso que contó con la participación activa de los grandes medios de comunicación, periodistas, servicios, jueces y fiscales federales, legisladores y funcionarios construyeron una maquinaria de vigilancia, persecución, hostigamiento y extorsión sobre toda la sociedad. Las investigaciones que lleva adelante el Juez Ramos Padilla son por ahora la punta de un iceberg muy grande.
Los niveles de corrupción en la mayoría de los actos de gobierno son tan notorios y evidentes, que solo una cobertura mediática pudo taparlos durante tanto tiempo. Detrás de cada decisión de gobierno hubo y hay negocios, para sí o para “amigos de la vida”.
Debemos remontarnos al proceso militar para ver actos tan escandalosos de corrupción y apropiación de los bienes y recursos del estado en beneficio de un puñado de empresas.
El tema de la deuda y el pago de comisiones a bancos y fondos amigos, la venta de acciones del fondo de sustentabilidad del Anses, la venta de Parque eólicos, Autopistas del Sol, Correo Argentino, dólar futuro, subsidios y pagos a las empresas amigas, el blanqueo, son solo una parte de un entramado de negocios y delito llevados adelante por el mejor equipo de los ultimo cincuenta años.  Es necesario un “nunca más”. Una “CONADEP” que investigue en profundidad y lleve estos delitos a la justicia. Es la única manera que no vuelva a suceder.
Lamentablemente todavía faltan tiempos “institucionales” para concretar la asunción del próximo gobierno, casi dos meses para las elecciones y tres meses y días para la toma de juramento el 10 de diciembre. Un suspiro en el tiempo histórico, pero un tiempo eterno para la crisis que atravesamos.
Tal vez como dice el proverbio chino “en cada crisis hay una oportunidad” o siguiendo el pensamiento de Gramnci las crisis económicas no necesariamente generan grandes cambios políticos o sociales, no siempre generan un quiebre, pero van creando un terreno fértil, un espacio  más favorable para la difusión de nuevos modos de pensar, de crear nuevos paradigmas,  de plantear y de resolver los viejos problemas con nuevas soluciones. Cuestiones estas que puedan incidir en el desarrollo posterior de la vida política.
Hay que romper con estas lógicas de crisis cíclicas que solo generan pobreza y dolor para beneficio de una minoría parasitaria.
Esta crisis no son producto de  un sino trágico del destino, sino una construcción política humana que la hace posible. Hay que desmontar todo el aparato político, legal, cultural e ideológico, que le da sustento y le permite reaparecer después de un tiempo bajo nuevas formas pero con los mismos objetivos.
Anímenos a soñar, a pensar, a crear, otro país es posible.

Antonio Muñiz
2 de septiembre de 2019

El ruido y la furia.


El fin del relato M

"La vida es una sombra... Una historia contada por un idiota, llena de ruido y furia, que nada significa” Macbeth. William Shakespeare

 “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira” Ramón de Campoamor (1817-1901)

Mucho se ha escrito y se escribirá en el futuro sobre esta etapa histórica que nos toca vivir. El periodo macrista y su fracaso dejara muchas enseñanzas para la construcción de una Argentina futura.
Seguramente los que escriban la historia liberal culparan de este fracaso a la inoperancia y el fracaso de sus dirigentes. Seguramente, como ya ocurre, se cargaran las espaldas de Macri, de Peña o Duran Barba, tal como se culpó a De La Rua en 2001.  No es que las personas que encarnan los procesos políticos no sean responsables de su éxito o fracaso, pero en estos casos se hace para negar un hecho real, una vez más la derecha argentina muestra su incapacidad para  generar un proyecto de país que pueda incluir a 45 millones de argentinos. También las recetas económicas neoliberales, monetaristas, adscriptas al Consenso de Washington, mostraron una vez más su inviabilidad histórica. Siempre estas políticas nos han conducido a callejones sin salida, crisis políticas y económicas, con altos endeudamientos, empobrecimiento de la población, desindustrialización y primarización de la producción, inflación, recesión y una brutal crisis externa provocada por la abultada deuda externa, la fuga de capitales y el default como una espada de Damocles sobre todos los argentinos.



La construcción de un relato:
La prensa militante en su campaña contra el gobierno de CFK, instaló  el slogan del “relato K”. Mauricio Macri uso mucho este concepto de irrealidad de los logros de los 12 años de gobierno del matrimonio Kirchner.
Si entendemos, parafraseando a Nietzsche, “que no hay hechos, sino que hay relatos  de los hechos”. O simplificando, que los hechos son relativos y dependen de la visión subjetiva del espectador. Así cada espectador construirá su relato sobre un  mismo hecho. Este relativismo no es nuevo en la cultura occidental moderna, también el texto del epígrafe  hace referencia a la subjetividad. Así el relativismo sostiene que los puntos de vista no tienen verdad ni validez universal, sino que solo poseen una validez subjetiva encuadrada en los diferentes marcos de referencia.
La política es la construcción de un relato colectivo, que nos explique el pasado, podamos entender los hechos del presente y nos proyecte al futuro. Que ese relato logre ser hegemónico, que se convierta en el “sentido común” de esa sociedad.
La política puede entenderse como la confrontación de relatos, es decir la lucha por la apropiación del sentido de las palabras, la apropiación del sentido común, y sobre todo de la subjetividad de las personas.
En ese sentido el macrismo construyó   un relato basado en un concepto “nuevo” la post verdad. Que es la post verdad?  La mentira lisa y llana, usada como herramienta política.
La post verdad es un fenómeno peligroso porque es la propaganda basada en la falsedad y la mentira.  Hay una voluntad de manipulación de la opinión pública en la que se presenta como verdadero algo que, a sabiendas,  es falso y, encima, se justifica  el engaño como un recurso más de la lucha política.
Es cierto que el macrismo se enancó  en “valores”, que forman parte de la subjetividad de una parte importante de la población y la llevó  a limites extremos: el individualismo, el sálvese quien pueda, la meritocracia, un darwinismo social y una categoría nueva para la sociedad argentina, la lógica de ganadores y perdedores, la ausencia total del estado, salvo el estado policial autoritario represivo que ponga límites a los que quedan fuera del mercado y la sociedad, a los “perdedores” y proteja la propiedad de los “ganadores”.
Mientras que el gobierno de CFK  tenía como slogan “la patria es el otro”, es decir es otro es mi prójimo, mi hermano, un concepto cristiano de la vida en comunidad, el neo  liberalismo construyó  al “otro” como enemigo. Lo cargó  de todos los males, le atribuyó  la culpa de todos los pecados.
La dialéctica amigo enemigo llevada al extremo y cargada de odio hacia el otro.
“Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo” Humbeto Ecco. La construcción del otro.
En este caso el “otro” fue CFK y toda la dirigencia políticas y social que acompaño la gestión de los Kirchner. La demonización del gobierno anterior, en la negatividad de las políticas “populistas”, la negación de cualquier éxito o virtud en esos 12 años de gestión, la intención clara y concreta de asociar políticas populares con mafia y delito. También y como añadidura fue construyendo un discurso de demonización de las clases populares, y dentro de estas de los jóvenes y los sectores más pobres y marginados. Es decir a la par que se los excluía de los circuitos del trabajo, el consumo y la educación, se los convertía en parias sin derechos, se construía un discurso autoritario y represivo dentro de la sociedad y las fuerzas de seguridad para sancionar violentamente cualquier resistencia individual o social. La doctrina Chocobar de la Ministra Bulrich, no es aislada, esta encarnada en ciertos sectores de clase media y alta argentina y es causa de hechos lamentables que hemos vivido en estos tres años, como Santiago Maldonado, o un jubilado muerto a golpes, por irse de un supermercado sin abonar. Estos son casos conocidos y divulgados por la prensa, pero existen todos los días otros casos de gatillo fácil, golpes, torturas y abusos de las fuerzas de seguridad sobre los barrios populares del conurbano bonaerense.
Por supuesto que esta construcción  contó  con el apoyo de todo el aparato mediático -comunicacional concentrado y monopólico, con gran parte del Poder Judicial, los servicios de inteligencia y sectores de las fuerzas de seguridad.  
El “periodismo de guerra”, peligroso concepto, creado por el Grupo Clarín y su socio la Nación y que tuvo a su periodista estrella,  Daniel Santoro y sus “investigaciones” sobre la corrupción del gobierno K, muestra la sordidez de este mundo periodístico - mafioso. El caso D Alesio, investigado por el Juez Ramos Padilla, está mostrando el mecanismo perverso de construir causas judiciales contra empresarios, funcionarios del anterior gobierno y sobre todo contra la ex presidenta, a fin de perseguirlos y castigarlos con un odio y un sentimiento de venganza pocas veces visto en la sociedad argentina.

La realidad no puede ser reemplazada por el relato.

El relato neoliberal mostró  su fragilidad para entender lo que pasaba y el mejor equipo de los últimos cincuenta años mostró una ineficiencia en la gestión realmente notorio.
El macrismo creyó que utilizando las mismas técnicas que le permitieron ganar la elección le servirían para gobernar. Le fue más o menos bien mientras duró la luna de miel con sus votantes, pero exageró su uso y subestimó a la sociedad. Duran Barba cree que el votante promedio “es un chico de 9 años, que tiene un pensamiento mágico, que solo entiende frases cortas, vacías, de buenas intenciones y deseos” es decir un individuo que no logró  desarrollar el pensamiento abstracto.
La crisis provocada por sus erróneas políticas  les mostró que no era así, que el manual de Duran Barba ya no le servía para enfrentar las corridas cambiarias, la inflación y el empobrecimiento cono sociedad que soportamos.
El marketing político  es una herramienta útil y necesaria, tanto en campaña como en la gestión, sin embargo siempre la política está por encima del marketing. Apostar todo al marketing y a un relato edulcorado, lleno de buenas intenciones,  a la “post verdad” como centro del relato, es decir a la mentira y al ocultamiento de los hechos,  como articuladores de la realidad es suicida.
Esta vez la sociedad ha visto la debilidad y la impericia del Gobierno para enfrentar la corrida cambiaria y sus consecuencias  financieras,  monetarias e inflacionarias.  Se vio claramente que el “rey está desnudo” y que no hay relato que pueda disimular la gravedad del momento.
Vidal es un claro ejemplo de una figura construida a través del marketing, con una muñequita tonta, de sonrisa falsa, de escasos conocimientos y nula gestión, se pretendió  construir una dirigente de peso, cuando no es más que un títere vacío. La figura incombustible que querían construir mostró su inconsistencia y cayó estrepitosamente en las últimas elecciones.  El caso Vidal muestra algo básico, que  con marketing podemos construir un candidato, pero no un gobernante.
El gobierno fue víctima también de su propio relato. Creyó que si liberaba las fuerzas del mercado, bajaba impuestos a los sectores más ricos, al agro, la minería y en general a los sectores más concentrado,  bajaba salarios, jubilaciones y el gasto público,  iba a haber una lluvia de inversiones y que poco a poco se iban a ir viendo los “brotes verdes”. Una política económica “ofertista” clásica.  Por supuesto que no iba a  funcionar, porque esas políticas han fracasado a lo largo de nuestra historia y además porque fueron llevadas adelante por funcionarios muy precarios técnicamente. Tan ineptos que no pudieron ver que el mundo había cambiado, que el escenario era otro, los vientos soplaban en contra.
El macrismo entró  en la paradoja de la frazada corta, cubre a algunos y desabriga a otros. A quien eligió fue una respuesta política, no económica.
Por otro lado las medidas de altas tasas de interés en pesos y en dólares, endeudamiento, ajuste, inflación con recesión, hizo  estallar la economía real. Los sectores productivos vieron aumentar sus costos, caída de las ventas, falta de financiamiento, corte en la cadena de pagos con tasas entre el 40 y el 70 %, hacen también inviable la producción y por ese va camino se fue a una parálisis productiva y por ende con quiebras masivas, cierres, pérdida de puestos de trabajo, desempleo masivo  y altos índices de pobreza e indigencia.  
Los grupos financieros  “amigos” fugaron en los últimos dos años más de 72 mil millones de dólares, los sojeros “amigos” no liquidaron los dólares, ni vendieron la cosecha en espera de un dólar más alto. Los grupos económicos “amigos” mostraron claramente sus intenciones, mientras sigan haciendo ganancias en la bicicleta financiera se quedan, cuando se termine se van.  Con este  esquema el modelo macrista no tenía  sustento ni viabilidad en el tiempo.

La luz al final del túnel

La sociedad argentina es mucho más compleja que lo que los funcionarios macristas pudieron ver y comprender dada su pertenecía de clase, pero sobre todo por su bajo nivel cultural e intelectual.
 Hay una experiencia histórica, una memoria colectiva, una práctica, que hace muy difícil que un modelo autoritario, aristocrático, excluyente, anti obrero, desindustrializador,   basado en servicios y en el estrativismo, pueda ser viable y aceptado mansamente por la sociedad argentina.
Las elecciones del pasado 11 de agosto mostraron claramente el rechazo hacia la desastrosa gestión del gobierno de Mauricio Macri.  Si bien las Paso fueron diseñadas para definir las internas de candidatos de cada partido, en un solo día, en elecciones obligatorias, estas últimas dada la amplitud del triunfo de la formula Fernández –Fernández o si se quiere también la catastrófica derrota del oficialismo, han abierto un periodo de inestabilidad política y económica, dado que faltan dos meses para las elecciones generales y casi cuatro para la entrega del poder al nuevo presidente. Una eternidad para la fragilidad de la situación argentina.
Mientras los dirigentes del Frente para Todos, hacen gala de un equilibrio y sensatez admirable, teniendo claro que no es momento de echar nafta al fuego, que una profundización de la crisis la termina sufriendo el pueblo argentino, el macrismo persiste en negar la realidad de que su tiempo ya fue, construyendo un relato perverso y falaz sobre la culpabilidad de los “que votan mal”, al anterior gobierno y al próximo   como responsable de la crisis, con mensajes violentos y esquizofrénicos de muchos de sus voceros. Lamentablemente el poder real abandonó  al macrismo y este solo balbucea algunas frases incoherentes y ensaya algunos cambios que solo lo hacen persistir en errores que nos llevaron a este desastre. Demasiado poco para un tiempo largo hasta el 11 de diciembre.
La historia argentina  muestra que la salida  a estas crisis es la política, que la respuesta no es institucionalista, ni económica y menos comunicacional.

Antonio Muñiz
22 de agosto de 2019




El incendio y las vísperas.

Este pasado 11 de agosto se  realizaron  las elecciones Primarias   Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y al presentar  los partidos políticos una sola formula, cada uno de ellos, estas se convirtieron en un gran referéndum. Una confrontación entre dos modelos de  país. 
Con el 98,7 % de los sufragios contabilizados, el primero, Alberto Fernández obtuvo el 48 % contra el 32 % del Macrismo. De más esta decir que casi con seguridad, se mantendrá esta tendencia, con la posibilidad de un aumento en los porcentajes del Frente de Todos y una caída más significativa en el Frente Cambiemos
Esto resultados muestran lo que veníamos diciendo dese hace meses, la inviabilidad del neoliberalismo monetarista de construir un modelo  de país que pueda incluir a todos los argentinos.
Una vez más el liberalismo vernáculo nos llevó a una crisis profunda, casi una catástrofe nacional, donde se desmantelaron  todas las políticas sociales llevadas adelante en la década Kirchnerista, y pretendía generar un retroceso de más de 70 años en la conquistas y derechos sociales  adquiridos durante la vigencia del peronismo.




La inoperancia,  la soberbia y la miopía intelectual del macrismo  llevaron a la nación a un nivel de endeudamiento sin precedente, disminuyendo el salario real a los niveles más bajos en décadas, arrasó los derechos laborales, incrementó el desempleo, provocó una inflación que no se veía desde los tiempos de Fernando de la Rúa, llevó a cabo brutales procesos de dolarización de la economía, sobre todo alimentos y energía, inicio  un proceso de desindustrialización y primarización de la economía,  una violenta apropiación de recursos públicos a manos de los amigos del gobierno, se alineo acríticamente a las políticas imperialistas de EEUU y boicoteo los procesos de integración regional y entrego la soberanía económica a las políticas del FMI.
En el plano político llevo adelante un régimen autoritario, violando los más elementales derechos civiles, persiguió al periodismo crítico, encarceló  a empresarios de medios para quitarles sus empresas, hubo violentas represiones contra manifestaciones de protesta popular, llegando al asesinato en manos de la gendarmería y la prefectura de dos personas en el sur, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel ,  la persecución de figuras de la gestión anterior en especial la ex presidenta Cristina Fernández, con acusaciones de corrupción, que hasta el momento no han podido ser probados, con el propósito de anularla como figura política y principal cabeza de la oposición y la prisión de ex ministros y dirigentes sociales en causas inventadas y amañadas, donde se los privó del derecho a la defensa.
Una sociedad agredida, violentada por la soberbia de clase reaccionó    votando masivamente a un peronismo unido, que se recicló,  construyendo una nueva  mayoría, con otros métodos y una capacidad de resiliencia que es inherente al peronismo, que ha podido a lo largo de su historia reconstruirse a pesar de golpes de estado, proscripciones, violencias y muertes, con lo que lo ha perseguido la oligarquía argentina.
Es indudable que este triunfo y sobre todo la amplitud del mismo cambian el escenario nacional, pero también es un golpe duro a la oleada neoliberal impulsada por EEUU en Latinoamérica. Es por ello que puede explicarse los exabruptos de Bolsonaro y el silencio notorio en los últimos días del FMI.
Es probable que este triunfo marque el inicio del fin de ciclo neoliberal que intentó reemplazar a los gobiernos populares que gobernaron al región en los últimos veinte años. El neoliberalismo muestra una vez más su incapacidad y su inviabilidad histórica en toda Latinoamérica. Las luchas y movilizaciones populares en Brasil en defensa de la educación, en Puerto Rico, contra un gobierno corrupto, el pueblo venezolano resistiendo la agresión imperialista de EEUU y sus socios regionales,  Ecuador, con fuerte apoyo popular para la vuelta de Rafael Correa, ante la claudicación de su sucesor Lenin Moreno, etc, muestran que otro rumbo es posible.
En el plano interno esta transición va a ser larga y dolorosa. Y las respuestas del gobierno a la derrota fueron bastante erráticas.
El mensaje de Macri post resultado fue una peligrosa maniobra, quiso  remarcar su autoridad deslindando responsabilidades, acusando al pueblo que no lo voto de no comprender sus accionar,  y adjudicando al Frente de Todos, vencedor en las urnas, responsabilidad sobre lo que pueda pasar de aquí a octubre. Obviamente, sus palabras también fueron claras en relación a extorsionar la voluntad popular de cara a las próximas elecciones generales.  “Nosotros o el caos”, “si votan a los otros, háganse cargo de lo que viene”, ese fue el mensaje el día lunes, junto a una corrida cambiaria auto inducida y una espiral inflacionaria sobre los productos de primera necesidad. Esta lógica extorsionadora, no es nuevas en la política argentina, pero siempre han sido un fracaso.
Todo parece indicar que el gobierno, a pesar de algún cambio de ministro, alguna medida intervencionista sobre los mercados a efectos de controlar precios, quitar el IVA a productos básicos o congelar el precio de los combustibles, no tiene demasiadas respuestas. La designación de Lacunza en reemplazo de Dujovne y la primeras medidas anunciadas muestran una persistencia en políticas erróneas que nos han llevado hasta acá.
Una vez más queda demostrado la supremacía de la política sobre la economía. El macrismo derrotado y en crisis es abandonado por sus antiguos socios y sostenes. La derrota en impiadosa con los vencidos, los mercados, principal apoyo, le han soltado la mano y buscan otros aires bajo la conducción de Alberto Fernández. El travestismo de los medios y sus periodistas estrellas, rosa lo impúdico y la falta de vergüenza y de moral de estos, es una muestra más de soledad en que va quedando el gobierno.
El “mercado” idolatrado por  Macri, lo  abandonó. Habla de acelerar la transición, y es más,  hablan de adelantar las elecciones y la asunción rápida del nuevo gobierno. También en este caso, como pasó  con la hiperinflación y saqueos a Alfonsín, cuando este ya no les servía, fue un llamado de atención al futuro gobierno de Menem. El mensaje también ahora es claro, condicionar el gobierno próximo, mostrando quien tiene el poder.
Alberto Fernández y la mayoría de la dirigencia peronista han mostrado prudencia  ante la situación, con declaraciones muy mesuradas que pretenden dar “seguridades a los mercados”. Sin  embargo el gobierno, jugando con fuego,  pretende asustar a la sociedad y a los mercados con el fantasma de una vuelta del kirchnerismo, mientras los medios y los grupos de poder económico y judicial pretenden marcarle la agenda al futuro presidente.
Es una etapa compleja, y peligrosa. Por un lado una crisis política y económica  con vacío de poder y un default inminente puede agitar viejos fantasmas de protestas populares en la calles, con su correlato de represión y violencia.  Los movimientos sociales son como ríos subterráneos, que afloran a la superficie en los momentos menos  pensados.

Antonio Muñiz 
Agosto 2019

“Burguesía nacional: ¿mito o realidad” (2 parte)

“Los argentinos tenemos que asumir que necesitamos  un empresariado que tenga éxito, un empresariado que tenga rentabilidad, necesitamos empresarios que sean triunfadores, porque eso va a ayudar a aumentar la capacidad de gerenciamiento y de inversión de la Argentina,…, y vamos a poder consolidar esa burguesía nacional, tanto industrial, agropecuaria y demás que necesita este país para poder consolidarse definitivamente” NK

Decíamos y nos preguntábamos en un artículo anterior porque el empresariado de capital nacional, los pequeños y medianos empresarios y en general los sectores medios, históricamente han apoyado proyectos políticos y económicos retrógrados, contrarios a sus intereses. (1)
En la respuesta a estas preguntas está o no la/las herramientas para construir un proyecto político nacional, popular, industrialista y soberano.
Simplificando la historia argentina, puede decirse que a los largo de los 200 años de nuestra patria y aun antes, durante el virreinato,  hubo dos corrientes enfrentadas, dos modelos de país.
Esta contradicción fundante, ya que estaba en las discusiones políticas  post invasiones inglesas y las jornadas de Mayo, es entre un país productor y exportador de materias primas, el comercio,  los servicios y subordinado al capital internacional y por el otro un modelo industrializador, con desarrollo del mercado interno, buenos salarios,  pleno empleo. Un modelo  soberano de desarrollo. Por supuesto que esta contradicción fue mutando y tomando diversas formas a lo largo del tiempo, pero la esencia siempre es la misma. En ese sentido vale la pena releer los escritos económicos de Manuel Belgrano o Mariano Moreno,  ocultados por la “historia mitrista”. (2)
Ante la proximidad de las elecciones presidenciales, y a tres años y medio de gestión del gobierno macrista se ve claramente el enfrentamiento entre estos dos modelos.  Por un lado una gestión oficial que apunta a la primarización de la economía, la desindustrialización, el desmonte del Estado de bienestar construido a lo largo del siglo XX, achique y ajuste del estado y subordinación a los intereses de EEUU y sus herramientas de dominación como el FMI y por el otro el proyecto que podríamos definir nacional y popular de fuerte desarrollo industrial, con inclusión social e integración nacional y latinoamericana.
Para este segundo modelo es necesario reconstruir una alianza política, social y económica que pueda enfrentar al bloque hegemónico hoy en el gobierno. Para ello es necesario sumar a los sectores medios, a los sectores de la educación y la cultura, profesionales y a los empresarios pymes y grandes.
Es indudable, por los menos así lo muestra la historia económica mundial,  que un proyecto de reindustrializar el país y construir un desarrollo autónomo requiere de una burguesía fuerte que lidere el proceso. Sin embargo también la historia argentina mostró la debilidad de esta clase social y su defección en momentos críticos de nuestro pasado. En un artículo anterior hacemos referencia a momentos claves donde la burguesía local renuncia a su rol y se asocia a intereses contrarios a los suyos.
Jauretche, en ese sentido había caracterizado lo que consideró tres fracasos históricos de la burguesía argentina en cuanto a transformarse en lo que denominó “burguesía nacional”, entendiendo por tal la que fuera capaz de liderar un proyecto nacional de desarrollo económico integral, utilizando las herramientas del Estado, siendo en ello fundamental impulsar el desarrollo industrial.
Jauretche situó esos tres fracasos de la burguesía argentina en tres oportunidades históricas, primero en la generación que después de la batalla de Caseros creó la Constitución Nacional de 1853, luego en la denominada “generación del ochenta” hacia fines del siglo 19 y primeras décadas del 20, cuando se agotó el modelo agro exportador y finalmente en la generación de los años 1945 a 1955.
Jauretche había sentenciado con enorme razón que esta burguesía, por su escasa o nula conciencia de clase forma parte del medio pelo argentino, ya que su grupo de referencia es precisamente la oligarquía. De ella copia no sólo un estilo de vida sino también lo que resulta más problemático para el futuro desarrollo de la Argentina: un comportamiento económico de clase, que no es burgués sino oligárquico. (3) 




Arturo Jauretche  que falleció en 1974 no alcanzó a ver los fracasos sucesivos de esa burguesía tanto 1976, al apoyar el programa de gobierno de Martínez de Hoz, la oleada liberal y privatizadora de los noventa y ahora acompañando el proceso de saqueo económico  en vigencia.
Podemos concluir que  cada vez que hubo condiciones objetivas para gestar un capitalismo nacional, la “clase burguesa” aquí defeccionó; no llegó a constituirse como tal. Asumió la lógica de acumulación capitalista  en el  circuito de la comercialización y especulación con condiciones muy favorables, no esencialmente en el de la producción. Así hemos tenido siempre  un empresariado que en realidad no es burgués. Por eso mucho más que una gran burguesía nacional ha terminado siendo oligarquía por su comportamiento objetivo de clase.  (4)
Incluso cuando han incursionada en el sector industrial, optaron por especular un mercado nacional muy reducido pero controlado monopólicamente, como los ingenios azucareros por ejemplo. (5) Rapoport Comportamiento que no ajeno al de su grupo de referencia: la oligarquía tradicional.

Bases para el proyecto industrialista.

A lo largo de la historia argentina esta demostrado que la única clase social que apoyó  consecuentemente, aun con sus limitaciones, un proceso industrializador fue la clase trabajadora.
Es más, fueron sus organizaciones sindicales las que pusieron un límite y muchas veces hicieron retroceder procesos neo liberales de desindustrialización.


Está claro también que este apoyo es necesario para encarar la industrialización, pero no suficiente para construir un bloque hegemónico que lidere el proceso. Es claro que es necesario sumar a los sectores medios, los trabajadores independientes, los profesionales,  los pequeños comerciantes e industriales, etc. Tarea no sencilla porque estos  sectores son  muy propensos a sumarse a experiencia neoliberales, que terminan jugando contra sus propios intereses.
Ha ocurrido a lo largo de nuestra historia que, aun cuando pequeños y medianos empresarios y capas medias se beneficiaron ampliamente cada vez que se intentó un proyecto industrialista, liderado por espacios políticos representativos del ancho sector popular, la gran mayoría de aquellos no solo no apoyó sino que se opuso y contribuyó activamente a su fracaso, muchas veces a través de golpes militares violentos.
Es que la subjetividad de estos sectores ha estado y está ganada por los intereses y la prédica de los sectores oligárquicos contrarios al proyecto nacional.  Su relato, su forma de ver la vida social y personal, su visión de la historia argentina, su inserción es el mundo, etc, es “hablado por otros” en el sentido heidegeriano.  Este pensamiento alienado  les permite aceptar políticas contrarias a sus intereses y necesidades, así apoyaron y apoyan  las políticas neoliberales de la  dictadura militar, pasando por el menemismo, la Alianza y el gobierno de Cambiemos,  cuyos desastrosos resultados para los sectores populares, es decir, trabajadores, capas medias, campesinos y pequeños y medianos empresarios estamos sufriendo.
Sera  necesaria una ardua  campaña cultural e ideológica que permita mutar esa  subjetividad alienada.
También está claro que en el contexto mundial, regional y local complica la puesta en marcha de un proyecto nacional y popular; donde por un lado existe una fuerte campaña de penetración imperialista por parte de EEUU, con una clara inserción en el mundo dentro de la división internacional el trabajo como meros productores bienes primarios, y que nos lleva a un seguidismo de la políticas imperiales globales, tanto en lo económico con el acuerdo con el FMI y su control sobre la economía interna, como la adhesión y acompañamiento a sus políticas agresivas en Medio Oriente. La declaración de “organización terrorista” a  Hezbollah es una muestra del nivel de dependencia de nuestra política exterior.
Tampoco es propicio el orden económico mundial liderado por  las  grandes empresas y corporaciones  oligopólicas con capital internacionalizado e intereses globales. En este orden están insertas las grandes empresas y grupos económicos locales, ganadores de las ultima décadas, asociadas y subordinadas a los intereses del capitalismo financiero mundial. Su modelo de acumulación pasa por la explotación intensiva de los recursos naturales y humanos, y por la apropiación del excedente generado y su posterior evasión a paraísos fiscales. Este modelo de capitalismo rentístico financiero, inviable en el mediano plazo,  pero que hegemoniza un bloque donde además de controlar las herramientas del Estado, los medios de comunicación,  el poder judicial, etc, logra sumar al empresariado pyme, con intereses contrapuestos a los suyos.
Esta  burguesía argentina no tiene ya la posibilidad de liderar un proyecto de desarrollo económico, social, cultural y político que nos haga dar un salto cualitativo hacia adelante como nación y nos saque del actual estado de país semi desarrollado y dependiente.
Es necesario  reflexionar no solo sobre la incapacidad rectora de esta burguesía de liderar un proceso distinto, sino además, como reconstruimos un nuevo liderazgo político y social para la próxima etapa. 


En principio es necesario destacar a  grupos minoritarios, pero activos, de dirigencia empresaria pyme, Apyme, CEEN, CGE, PymeSur, CGERA, etc,  que pueden acompañar pero no liderar un proceso industrializador,  dado su carácter minoritario dentro del sector al que intentan representar y que, más grave aún, estas dirigencias con un pensamiento nacional no consiguen la adhesión a esos postulados de sus propios asociados.
Juan Domingo Perón, en sus últimos discursos, del 1 de mayo y del 12 de junio deja expuesto su pensamiento cuando por ejemplo denuncia el comportamiento agiotista del empresario para boicotear el Pacto Social o marca un camino cuando invita a la clase trabajadora para que "defina qué modelo de país anhela"; "su apelación a la unidad nacional para la liberación"; y su invitación al cambio social a través de un "orden creador y transformador" como respuesta al "orden estático" de la dependencia.(5)
Está claro que el camino es la construcción de un movimiento de unidad nacional para la liberación, donde seria inevitablemente la clase trabajadora su columna vertebral, pero que necesariamente requerirá del apoyo de los sectores medios, las pymes industriales y comerciales, las organizaciones sociales, etc.
Lamentablemente, en esta etapa, la dirigencia sindical, no parece estar a la altura de las necesidades de la época. Los grandes gremios están siendo conducidos por dirigencias que fueron cooptadas por el pensamiento  liberal imperante en las últimas décadas. Conciben al sindicato como una organización administradora de recursos, prestadora de servicios y generadora de “negocios” y no como organizaciones políticas con responsabilidad histórica. Por el otro lado aparece  una nueva camada de dirigentes que parece entender el imperativo de la etapa. En general, sin ser excluyentes,  la dirigencia nucleada  en la Corriente  Federal de los Trabajadores apunta en la dirección correcta de construcción de un frente social y político basado en una alianza estratégica entre la producción, el trabajo, la ciencia y  sobre todo el Estado
Para ello hay que llegar al gobierno, apropiarse de las herramientas del Estado y desde allí aplicar un plan alternativo de protección del mercado interno, re industrializador, con un estado activo, socio del capital privado, pero un estado empresario presente donde haga falta o donde el privado no está o no quiere estar. Ha falta de un  capitalismo privado hay que desarrollar un estado empresario que reemplace a esa burguesía fallida, un estado que aliente a través de inversiones directas aquellos sectores que resulten prioritarios en el plan de desarrollo fijado.
Es importante en una política de desarrollo productivo la existencia de un movimiento cooperativo fuerte  que intervenga en muchos sectores de la economía, tanto en la producción de bienes, su comercialización como en la prestación de servicios financieros, siendo un vehículo de acumulación del capital social y su posterior distribución en la comunidad.
Hace falta además un activo programa de apoyo a la educación,  la ciencia y la tecnología, con una vinculación directa con la producción y el trabajo.
Desde el Estado y con las herramientas del Estado, desarrollar ámbitos de participación, discusión y planificación, con la presencia directa de los empresarios, los trabajadores y el Estado a través de sus diversos organismos, (universidades, bancos, Conicet, INTi, etc) para por un lado  desarrollar el debate ideológico con  todos los sectores de la comunidad, aportando argumentos históricos, políticos y económicos para  ayudarlos a reflexionar  y que  su interés subjetivo coincida con su interés objetivo y por el otro direccionar recursos hacia aquellos sectores industriales definidos como estratégicos. Sera necesario seguramente poner recursos vía compras del estado y  créditos y/o subsidios en actividades productoras de bienes  exportables, generadores de dólares, también  en las destinadas al mercado interno, pero generadores de puestos de trabajo, como la textil, marroquinería, etc. y en aquellos sectores que desarrollen tecnología de punta.
La experiencia internacional muestra que una “burguesía nacional”  puede construirse desde el Estado, utilizando una política de incentivos directos e indirectos,  premios y castigos  y “con tanta libertad de mercado como sea posible y tanta intervención del Estado como sea necesario”, asociando al empresariado en un proyecto de país viable con un modelo popular alternativo al neoliberalismo.

Antonio Muñiz
Julio 2019

Bibliografía

(1) http://causapopularynacional.blogspot.com/2019/07/burguesia-nacional-mito-o-realidad-1.html
(2) Manuel Belgrano “Escritos económicos”
(3) Arturo Jauretche “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”).
(4) http://causapopularynacional.blogspot.com/2019/06/el-pacto-social.html
(5) “Spilimbergo y la Teoría de la Dependencia» , Alberto J. Franzoia, publicado además en “Reconquista Popular” y en “Investigaciones Rodolfo Walsh” en 2006
(6) Historia Económica Social y Política Argentina por Mario Rapoport.- Editorial: EMECE EDITORES SA -.

Burguesía nacional, ¿mito o realidad? (1 parte)

Antonio  Muñiz

Luego de la crisis del modelo neoliberal en 2001,   Néstor Kirchner, el presidente electo que debió enfrentar la implosión de la economía  argentina, expresó  desde un principio su intención de “rescatar a la economía argentina de las ruinas del neoliberalismo”. Declaró además,  que “es imposible construir un proyecto nacional si no consolidamos la “burguesía nacional”.
De hecho, en varios de sus discursos posteriores  enfatizó la necesidad de tener un “capitalismo nacional”.
También en Brasil, el ascenso al poder de Luis Ignacio Lula Da Silva y el “Partido de los Trabajadores” reavivó  el hablar de un pacto social entre el trabajo y el capital y la posibilidad de  forjar un espacio para el desarrollo de Brasil por medio de una alianza con los “industriales nacionales”.  
Ambos procesos resultaron  exitosos en cuanto a  logros de inclusión social, disminución de la pobreza, desarrollo de algunos sectores industriales, autonomía con integración regional, etc, también mostraron las limitaciones de estas burguesías nacionales, que terminaron en Argentina favoreciendo y apoyando el modelo neo liberal saqueador de Macri y en Brasil apoyaron primero el golpe palaciego contra Dilma Rouseff y luego la proscripción y cárcel de Lula, permitiendo el escandalosos gobierno de Bolsonaro.


Un poquito de historia:

Este modelo de alianza entre el sector obrero y la burguesía nacional más el Estado fue la alianza social que sustentó, si bien con marchas y contramarchas,  contradicciones y conflictos, casi todo el proceso de industrialización por sustitución de importaciones, desde la crisis del 29 hasta la crisis del petróleo a mediados de los 70.
En Argentina, si bien el proceso de industrialización también comienza en los años 30, con la depresión y el comienzos de la segunda guerra mundial, es luego de la asunción del gobierno de Juan domingo Perón, que el proceso se acelera, basado en una fuerte participación del Estado con políticas muy activa, con planes nacionales de desarrollo y una alianza social entre el trabajo y la producción, en el marco de un “proyecto nacional”.
Durante los primeros gobiernos peronistas (1946-1955), los cambios económicos, políticos y sociales provocan profundas transformaciones en el desarrollo del movimiento de la sociedad argentina, plasmándose una nueva conformación de fuerzas sociales enfrentadas.
A su vez ya superada la guerra emerge un mundo bi polar  en el marco de una “guerra fría” entre las dos potencias  “ganadoras” del conflicto mundial.  Este nuevo orden político y económico marcó  la necesidad de un cambio en las políticas económicas del peronismo hacia el desarrollo de las industrias pesadas y energía. Además el modelo requería un aumento en la productividad de toda la economía. En ese marco se realiza el  Congreso de la Productividad y el Bienestar Social, convocado conjuntamente por la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Confederación General Económica (CGE), con apoyo institucional del Estado justicialista, en marzo de 1955, se propuso discutir la forma de llevar adelante un proceso de racionalización de la producción para incrementar los niveles de productividad, de acuerdo con las metas planteadas ya en el Segundo Plan Quinquenal
El Congreso fracasó, ya el golpe militar estaba en marcha y la burguesía se estaba alineando con las fuerzas golpistas, junto a la Iglesia, un sector de las fuerzas armadas, las oligarquías agro ganaderas y las empresas de capital extranjero.  Sin embargo es interesante el análisis de las posiciones en conflicto, mientras el sector obrero se mantuvo muy fuerte en defensa de las conquistas logradas en ese periodo, para la representación empresaria nucleada en la CGE las ‘excesivas’ conquistas obreras eran en definitiva un freno a la organización de los planes de producción”.
Para Alejandro Horowicz, a partir del año 1952 se va a producir una ofensiva del capital norteamericano basado en la difícil situación financiera nacional producto de la caída de los precios internacionales de las materias primas exportadas por nuestro país y de las nuevas relaciones de fuerza a partir de la consolidación de EE.UU. como potencia hegemónica. Según el autor, la “estructura productiva nacional constituía un obstáculo para el avance del capital norteamericano”
Al mismo tiempo, y ante la imposibilidad de seguir importando bienes de capital debido a la falta de divisas, los industriales comenzarán a presionar para “aumentar la productividad del trabajo como único camino para incrementar ingresos”.
Así, el comienzo del fin de la etapa nacional y popular  y el fin de la alianza de entre el sector obrero y los empresarios nacionales. Estos en el nuevo bloque hegemónico  pasaron a realizar una “ofensiva política, ideológica y económica para instalar socialmente la convicción de que el problema radicaba en la excesiva intervención y gasto estatal y en el elevado nivel de los salarios y las elevadas condiciones de trabajo que limitan la productividad”
Este pensamiento simplista y falaz, se mantendrá constante hasta nuestros días. La pregunta es ¿Porque la “burguesía nacional” nacida al calor de las políticas del estado y que había prosperado notablemente  tira por la borda toda la experiencia y termina asociándose y subordinándose a la oligarquía campera, al capital norteamericano, a la banca y los sectores rentísticos.?
Este renunciamiento de la burguesía nacional muestra su incapacidad para liderar un proceso de desarrollo autónomo, incapacidad que se volverá a mostrar en las décadas siguientes. (1)
A lo largo de las siguientes décadas la burguesía industrial busco su camino lejos de los sectores obreros, abandonando el proceso de desarrollo nacional y popular y apostando a un desarrollismo de carácter liberal. Este modelo fue complicado, con idas y vueltas, pero de crecimiento del sector durante toda la década del 60, llegando a principio de los 70,
En 1966, con el gobierno militar de Ongania, el primer Ministro de Economía, fue un empresario nacional,  Jorge Salimein, Ceo del grupo Sasetru y presidente de la CGE
Salimei expresaba una estrategia diferente a la de la UIA, y afín a la política reformista impulsada por las fracciones de la burguesía representadas por la Confederación General Económica. La resolución de la crisis económica, cuya principal expresión era la caída de la tasa de ganancia industrial, requería para la UIA medidas diferentes que anudaban una serie de alianzas distintas a las tejidas por Salimei. Para la UIA la salida para superar la crisis de acumulación demandaba  la caída de los salarios reales y la reestructuración de los gastos estatales, el aumento de la productividad y la eficiencia, el disciplinamiento de los sectores obreros y la restructuración de la legislación laboral y previsional en virtud de disminuir el costo de la mano de obra. A su vez, se demandaba el apuntalamiento estatal para generar la competitividad industrial que permitiera apuntar hacia la conquista de los mercados internacionales.
 La gestión Salimei estaba muy lejos de coincidir con los objetivos de la UIA, así duro apenas 6 meses y fue reemplazado por Krieguer Vasena, con posiciones más liberales y cercanas a la UIA. El proceso militar termina en medio de fuerte movilizaciones populares, motorizados por los sectores obreros organizados contra las políticas económicas y la fuerte políticas represivas.
El desarrollo logrado permitió grandes logros durante el período 1930/76, entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico: entre 1964 y 1974 el crecimiento anual promedio fue del PBI fue del 5 %, mientras que la tasa promedio del PBI industrial fue del 7 %. Otro dato significativo es que mientras el porcentaje en 1960 de exportaciones de productos manufacturados fue del 3 %, en 1974 fue de un 24 %  sobre el total de exportaciones.
Sin embargo en toda la década se ve que la burguesía fracturada y subordinada a los capitales extranjeros, con una economía cada vez más extranjerizada y más concentrada.
La experiencia del gobierno peronista de 1973/76 reedita el modelo de Pacto social entre la CGe , liderara por José Ver Gelbard, tal vez el más lúcido exponente de esa burguesía nacional, con un claro proyecto político y económico, de desarrollo industrial, la CGT liderada por José Rucci y el fuerte apoyo del Presidente Perón, que hizo de ese Pacto Social y el Plan Trienal, ejes centrales  de su  gobierno.


Fue un periodo complejo, donde primaba la lógica de la violencia sobre la política, el asesinato de José Rucci, dio un golpe muy fuerte al proyecto, la muerte de Perón en 1974, le quitó  poder político a Gelbard y al Pacto social, que finalmente renuncia 4 meses después.
El sector empresario no acompañó el proyecto, más bien hubo un saboteo constante, con aumentos de precios, desabastecimientos, agio y especulación. El último discurso de Perón el 12  de junio hace referencia y denuncia estas acciones de sabotaje. (2)
El posterior golpe militar de 1976 marco el fin del proceso de industrialización por sustitución de importaciones, no porqué estuviera agotado sino por la decisión de la  burguesía argentina de acoplarse al mundo a través de un modelo de acumulación basada en lo rentístico financiero. Este escenario de predominio de la especulación sobre la producción  potenció la concentración del capital, el endeudamiento externo, el desmantelamiento del tejido industrial, desocupación, indigencia y un alto nivel de exclusión social.
Es decir pasar de un modelo industrialista basado en la producción y el trabajo a un modelo de acumulación basado en la especulación financiera.
Para esto debió apoyar el golpe militar de 1976, con la represión brutal incluida, para poder imponer el programa económico de Martínez de Hoz, que les garantizaba su inserción en los negocios de la intermediación financiera, pero renunciaba a un desarrollo industrial autónomo.
Estas políticas neo liberales generaron una fuerte concentración económica, sobre todo en los grandes grupos locales y las empresas trasnacionalizadas, que pudieron insertarse en el nuevo orden, aquellas industrias que producían para el mercado interno o en escalas muy baja no pudieron competir, así ramas enteras de producción nacional pymes desaparecieron  o quedaron en una mínima expresión.
En el periodo 76/83 dejo una argentina fracturada, con un tejido social y económico hecho añicos, endeudada y condicionada por las siguientes décadas.
“De nuestra famosa “burguesía nacional” podríamos decir que maduró tarde y se pudrió bien temprano. Incapaces de conducir el proceso de sustitución de importaciones que tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XX “, aceptaron y apoyaron las políticas neoliberales de desindustrialización de Martínez de Hoz  y más tarde durante el gobierno menemista subordinándose  a  las firmas trasnacionales. (3)
Hubo grupos económicos que pudieron acoplarse al nuevo orden, aprovechando su internacionalización, pero también los vínculos con el estado, a través de prebendas pero también vía corrupción. Durante los 80 un tercio de las empresas eran de capitales argentinos. Sin embargo ya sus intereses y forma de acumulación no tenían que ver con los intereses nacionales. Por el contrario comienza un proceso perverso de acumulación interna a partir de negocios  asegurados y de alta rentabilidad, para luego dolarizar sus ganancias y fugarla hacia paraísos fiscales.
También durante el menemismo se asocian con grupos extranjeros en las privatizaciones y el desguace del estado, a fin de integrarse verticalmente y consolidar su posición de oligopolio en algunos mercados
Hacia el final del periodo 89/2001,  en el panel  de las 200 empresas líderes en la estructura productiva del país, solo 47 eran nacionales.
Por un lado puede contactarse el afianzamiento estructural de un puñado de grupos especializados en procesar,  comercializar y exportar materias primas, por el otro se continuó con la extranjerización de gran parte de estructura productiva así como una mayor concentración de las cadenas productivas y de comercialización.

La década kirchnerista

Como decíamos al comienzo los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner intentaron recrear una burguesía nacional que acompañara el proceso de reindustrialización que llevaron adelante durante los doce años de gestión.
Haciendo un balance del periodo puede decirse que más allá de errores y contradicciones el proceso fue exitoso en cuanto al crecimiento de la economía, y del sector industrial en particular, aumento de los puestos de trabajo, mejora de salarios, reducción de la pobreza,  inclusión de sectores marginados.
Basada en el objetivo de defender el mercado interno, aumentar la demanda a partir de paritarias libres, fuertes inversiones del estado, salario mínimo y jubilaciones, aumento de las exportaciones, el periodo 2003/08 fue un quinquenio donde se crecía a “tasas chinas”, estancándose ese crecimiento hacia el 2008/9 dada la crisis global originada por la debacle de la “Lehman Brothers”.
Sin embargo el crecimiento de la economía argentina en todo el periodo 2003/15 marco un crecimiento que nos da un tercer lugar en el mundo después de China e India.
Es de destacar que se crearon miles de empresas. De 1996 a 2002 cerraron más de 9 mil empresas. Pero desde 2003 a 2014 se crearon 14.621, de las cuales más de 6 mil eran pymes. Se pasó de 80 parques industriales en 2003 a 330 en 2014, teniendo como objetivo llegar a 660 en 2020.  

En este periodo de gobierno el Estado nacional retomó el control de algunas empresas privatizadas durante el menemismo, entre las cuales sobresalen por su importancia los casos de YPF, Aerolíneas Argentinas, Aysa (ex Aguas Argentinas), Correo Argentino y las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones. Este proceso, que comenzó con una serie nacionalizaciones aisladas en el gobierno de Kirchner y se intensificó desde 2008, llevó a que creciera la importancia de las firmas públicas y las asociaciones con presencia estatal en el conjunto de las empresas más importantes del país. Ahora bien, las estatizaciones no formaron parte de un plan diseñado para incrementar estratégicamente la presencia del sector público en la economía, como sí aconteció en otros países de la región, sino que más bien fueron respuestas tácticas en determinadas coyunturas críticas.
Como paradoja, o no tanto conociendo la historia, los grandes grupos económicos ganadores de este proceso histórico más el sector pyme en general acompañaron el cambio de gobierno, dándole su apoyo a un sector político que representan los intereses de  los grandes grupos concentrados, el sector agro exportador y la banca.  

“En el agrupamiento de los “ganadores” de la posconvertibilidad se encuentran algunos holdings que mantuvieron prácticamente estable su posición, tres grupos claves del poder económico de la Argentina: Techint, Clarín y Madanes.
Fueron doce los grupos empresarios que aumentaron su ponderación dentro la cúpula, la mitad de los cuales posee base agroindustrial (Urquía, Vicentín, Navilli, Mastellone, Ledesma y Arcor). Esta inserción sectorial marca un claro punto de continuidad con las transformaciones del capital concentrado durante la década del noventa.”
Entre los que permanecieron en la cúspide pero perdieron importancia relativa durante estos años figuran Pérez Companc, Eurnekián, Sancor, Temis Lostaló y Roemmers. Este proceso también estuvo vinculado con la extranjerización de muchas, aunque las operaciones no implicaron la enajenación total del grupo sino solo una reducción de su tamaño.”
Un perfil diferente poseen los diez holdings que se colaron entre los más pudientes a partir de los 90, donde sobresalen los vinculados a la construcción y a los servicios públicos. Los conglomerados ODS (Calcaterra), Caputo, José Cartellone e IRSA coparon el rubro de la construcción (privada y pública).
Por su parte, Pampa Holding, Electroingeniería e Indalo (Cristóbal López) lograron expandirse gracias a la política de “argentinización” del sector energético que propició el Gobierno nacional.
El cambio de rumbo impuesto por el nuevo gobierno del presidente Macri tiró  por la borda los aspectos positivos de las políticas kirchneristas, al tiempo que profundiza los límites estructurales que restringen las posibilidades de la economía argentina.
Cuenta una historia que al final de su mandato Cristina Fernández preguntó a un poderoso empresario ¿Porque si con el peronismo ganaban mucha plata, como lo demostraba el crecimiento de su empresa, eran tan anti peronistas? El empresario balbuceo  unas palabras pero no respondió la pregunta.

Una vez más ¿porque empresarios con empresas industriales  exitosas  acompañaron alegremente a sus verdugos, apoyando políticas de des industrialización y primarización de la economía?
¿Porque la burguesía sigue teniendo un discurso y un diagnóstico de la realidad que no condice con sus propios intereses: liberación de los mercados financieros, liberar importaciones, reducir salarios,  ajuste del gasto estatal, políticas monetaristas para controlar la inflación, etc. todas medidas que reducen el mercado interno y deprimen la actividad económica, en especial la industrial?


Bibliografía:

·         De la sustitución de importaciones a la sustitución de exportaciones.   Max Flores

·         http://causapopularynacional.blogspot.com/2019/06/el-pacto-social.html

·         ¿REVIVIR EL ESTADO DESARROLLISTA? EL MITO DE LA “BURGUESÍA NACIONAL” Vivek Chibber

·         Burguesía nacional y Estado: la acción política de la Unión Industrial Argentina durante la Revolución Argentina (1966-1969)