Apuntes para pensar la acción política:


Los 500 días del gobierno del gobierno macrista nos permiten señalar algunos elementos para comprender esta etapa histórica de restauración neoliberal.
   Ganadores y  perdedores.                

Queda claro que los grandes ganadores de esta primeros meses son los sectores exportadores (agro, mineras), la banca y el capital financiero, y las empresas de servicios públicos (gas, electricidad, transporte). Los primeros fundamentalmente por el quite de retenciones, que significó una transferencia de 70 mil millones al sector, la devaluación del 50 % y el aumento del 80 % promedio en los alimentos,  las segundas por la política de tasas de intereses altas, aceleración del endeudamiento externo y la fuga de capitales, y las últimas por un brutal  tarifaso y quite de subsidios. 

En una torta estable o que se achica si un sector gana lo hace a costillas de otros. Aquí los grandes perdedores son en primer lugar los trabajadores de la economía informal, ya que es el sector más vulnerable y donde primero se siente el ajuste, los segundos son los trabajadores de las pymes ligadas al mercado interno, quienes hoy están sufriendo despidos o suspensiones, las pymes cuya producción esta dirigida al mercado interno, textiles, plástico, cueros, metal mecánica, y en general todos los sectores asalariados o de ingresos más o menos fijo que vieron cercenados de un tajo un 10 % de sus ingresos, vía inflación y aumento de tarifas. 

El proyecto neoliberal en danza apuesta a convertir a los  sectores beneficiados en la palanca para reiniciar otro ciclo de crecimiento económico y por ende de acumulación de capital. Ese es el objetivo de toda la acción de gobierno en materia económica y social. Detrás del impulso de esos sectores, se esperan inversiones en sectores productivos que dinamice la actividad económica. Si esto ocurriera, supone el gobierno, otros sectores, hoy perdidosos se sumarian al proyecto como ciertos sectores de la industria manufacturera, los servicio y cierta parte de la clase media, dependiente de estas actividades

 Es por ello que estos sectores, los “perdedores”  de esta etapa,  sostienen todavía una posición de apoyo crítico al proyecto Cambiemos, esto se ve en las encuestas que a pesar de los pésimos resultados de las políticas macristas sigue teniendo altos índices de aprobación o por lo menos de expectativas positivas.

Sin embargo no puede quedar en dudas  que el ajuste busca  la profundización de la reestructuración económica fracasada e incompleta de los de la década del 90. 

La crisis social, económica y política derivada de las políticas neoliberales aplicadas, con algún intervalo, entre 1976 y 2001, llevo a la Argentina a una situación de riesgo institucional y político de convertirnos en un “estado fallido”.

 Las movilizaciones populares, las asambleas de base, la formación y aparición en la política como actores de nuevas figuras y acciones como los piqueteros o las organizaciones de economía y subsistencia popular, pusieron un freno y atemorizaron a los sectores dominantes de la economía, que temieron perder sus negocios y por ende su hegemonía. Hubo un retroceso de esos sectores, un “impasse”, de esas políticas. La aparición del kirchnerismo, como articulador de las nuevas demandas de la sociedad en crisis, puso freno a la voracidad de estos grupos e intento generar una nuevo  - viejo modelo económico, el desarrollo del mercado interno, con pleno empleo, salarios altos  y reindustrialización a través de las industrialización por sustitución  de importaciones (ISI). 

Sin embargo los grupos económicos nunca dejaron de lado sus objetivos de avanzar en  formas de organización empresarial más “productivas” y más rentables para el capital: más flexibilidad y desregulación, menor “costo laboral” o sea menores salarios, menos  impuestos y más productividad laboral. 

La sobre explotación del trabajo humano, de los recursos naturales,  del trabajo mal remunerado de las mujeres y los jóvenes, en general de todos los trabajadores  es la base de sustentación del modelo  dependiente basado en el sector agro - minero exportador, servicios y rentístico financiero. Las empresas trasnacionales sumadas a este esquema también requieren mano de obra barata, por lo menos medida en dólares,  para poder competir internacionalmente.

Luego de 12 años de crecimiento acelerado del empleo, el PBI y la inclusión social y económica de amplios sectores dejados afuera por la crisis del modelo en el 2000/01, la restauración conservadora neoliberal genero un estancamiento general,  la desigualdad social empeoró violentamente en tan sólo unos meses. Los más ricos aceleran su enriquecimiento a partir  del ajuste y la crisis, mientras el sector trabajador y la clase media son los más perjudicados. 

La caída en los salarios reales llega al 10% , lo que se significa que hemos perdido más de un mes de sueldo a lo largo de 2016, aumento de los despidos y suspensiones, miles de jóvenes se mantienen como “ni-ni” sin esperanzas de encontrar empleo. La tasa de desocupación juvenil trepó a 24,6% en el tercer trimestre de 2016, siendo 30,3% para las mujeres jóvenes que buscan empleo remunerado; la política social activa del kirchnerismo se desmantelo y solo se mantienen por ahora solo algunos programas básicos pero con quita recursos y de muchos solo queda el nombre pero sin llegada directa a los sectores necesitados

La pobreza por ingresos, siempre elevados desde el 2001 que alcanzo a más del 50 %,  hoy puede estimarse en un 35  % de la población es decir un  tercio o más de la población viven con ingresos insuficientes y en condiciones de hábitat, servicios sociales y de cuidado precario y deficiente. 

Una conclusión del periodo anterior es que el  crecimiento económico no genera ni supera por si solo el estancamiento y la pobreza. Solo políticas activas de asistencia directa, de primer y segundo grado,  a los sectores empobrecidos y políticas macro económicas que busquen una distribución más equitativa de la riqueza puede dar respuesta y mejorar la situación social. El kirchnerismo avanzo en muchas de estas políticas de asistencia de primera grado, (asistencia alimentaria, subsidios directos e indirectos, IU, etc.) pero no avanzo tanto en las políticas de segundo grado, que hacen a favorecer el acceso al trabajo, la vivienda e infraestructura, etc. 

La última etapa de CFK, en el marco de la crisis global, desatada en 2008, más la crisis económica y luego política de nuestro principal socio Brasil, hizo que muchas de estas  políticas no alcanzaran a plasmarse en su totalidad.  Además el modelo daba muestra de estancamiento y agotamiento que hubieran requerido “cirugia fina” para poder seguir creciendo, si bien a tasas más moderadas, e incluyendo sectores populares al mercado de trabajo, al consumo y a ejercer en plenitud los derechos ciudadanos. 

Por supuesto que las políticas de ajuste permanente y la transferencia de recursos de los sectores populares hacia los más ricos de estos 16 meses solo  contribuyeron a profundizar las carencias estructurales, pauperizar a sectores que habían asomado un poco la cabeza, aumentando no solo la pobreza, sino la indigencia.  En amplios sectores del conurbano volvió como un fantasma,  el hambre. Hay miles de familias que  comen solo una vez al día, comen mal, de mala calidad alimentaria. Cayó el consumo de leche, lácteos, de carne,   de pan y  el comedor comunitario o la escuela vuelven a ser refugios en busca de alimentos.

Brotes verdes. 

El gobierno y sus funcionarios plantean construir   “Puentes hacia el futuro”, como propusieron en el último coloquio de IDEA, o recorren Davos o el FMI prometiendo el fin de la etapa recesiva y el comienzo de una etapa de expansión a partir del ajuste  a futuro y de supuestas o imaginarias inversiones  que nos permitirán ver ya brotes verdes, señales de que la situación mejora en muchos sectores productivos. 

La realidad marca que ni los empresarios locales y mucho menos los extranjeros están dispuestos a invertir  con fines productivos, cuando la histórica y siempre desastrosa “bicicleta financiera” está en su apogeo. 

Hoy la tasa de interés impuesta por el Banco Central a través de las Lebac genera una renta en dólares exorbitante, no hay actividad productiva que pueda garantizarte un 2 %  mensual en dólares. 

Todo es esto con el objetivo de  frenar la inflación, al costo de la destrucción de la producción de valor y riqueza material, en especial, entre las pequeñas y medianas empresas; la apertura de la economía y el dólar anclado operan en el mismo sentido. La caída del 9 % en la actividad industrial, dato aportado por la UIA, entidad empresaria muy amiga del gobierno marca la pauta sobre la situación de la economía real.

Esta bicicleta, ya muy conocida en nuestra historia económica está generando una burbuja de capital e intereses que crece mes a mes y que más temprano que tarde va a estallar dejando un tendal de ahorristas a la intemperie queriendo cobrar y algunos pocos, avisados antes, sacando los pesos, convirtiendolos en dólares, para luego, por supuesto, fugarlos. 

¿Cuándo? No hay fecha, seguramente será cuando se agote nuestra capacidad de endeudamiento externo. 

Ya que hablamos del  endeudamiento, este ha sido históricamente  la gran palanca de dominación y apropiación de los recursos generados por el país.  Por un lado nos endeudamos y por el otro se genera una fuga de capitales muy parecida a los 90, con lo cual cuando este modelo estalle se habrán fugado otros miles de millones de dólares pero como contrapartida nos dejan a todos los argentinos una deuda externa colosal que hipotecara al país y a las futuras generaciones y condicionara a futuro cualquier intento de desarrollo autónomo. 

Además tampoco los grupos empresarios y los economistas afines  apostarán todas sus fichas a un gobierno del que desconfían, ya  que oscila entre la incapacidad, la improvisación y el cinismo,  que no tiene un plan que funcione y que encerrado en su lógica tampoco tiene planes alternativos, salvo la profundización del ajuste. 

De allí que no hay brotes verdes, no hay luz al final del túnel.

Un mundo en crisis: 

La economía mundial se encuentra en crisis prolongada hace ya casi una década, EEUU con un crecimiento promedio inferior a 2,2% anual, EU y Japón bien por debajo de eso. Solo China sigue creciendo, aunque por debajo de los índices históricos.  

EL Gobierno de Trump , un gobierno proteccionista, agresivo y violento, obstinado en sostener la hegemonía  global de su país, sólo auspicia un peor horizonte.

El gobierno de Trump es la reacción de un pueblo sin alternativas políticas, con un sistema político profundamente antidemocrático, aunque la propaganda yanqui nos quiera hacer creer lo contrario, agobiado por la globalización y la “financierizacion” de la economía.  Ese programa ha trasladado buena parte de la producción manufacturera norteamericana hacia los países del tercer mundo, buscando salarios y costos más bajos. Y por supuesto dejando un tendal de ciudades fantasma, sobre todo en el medio Oeste, otroras capitales mundiales de la industria. Tal vez el caso más notorio es Detroit, cuna de la industria automotriz, hoy convertida en un ciudad quebrada y en ruinas. La brutal caída en los empleos industriales y los salarios bajos de  quienes permanecieron ocupados son testimonio de la debacle.  Es la pesadilla  del sueño americano.

También en Europa,  inmersa en una crisis política y económica,  se ve amenazada por un avance notorio de la ultraderecha, xenófobas, nacionalistas, anti unidad europea, agresivas y como siempre con la peligrosidad de los afanes imperialistas de la vieja Europa , siempre latentes.  

Por ahora soplan vientos de guerra en el mundo, alentados como siempre por el conglomerado militar armamentístico  de EEUU y la siempre presente industria petrolera yanqui. La crisis política y militar en medio Oriente parece de difícil solución, sobre todo cuando la única alternativa visible es la violencia, pero además para enrarecer un mundo cada vez más complejo, apunta sus cañones hacia Corea del Norte, aliada a China o bombardea al ejército regular sirio, con muy dudosos argumentos, aliado de Rusia.

Vientos de guerra que solo preanuncian un conflicto global. 

Si se cumplen los anuncios, la política de EE.UU. será de mayores niveles de déficit fiscal, endeudamiento público y baja de impuestos a los ricos,  que tendrán como consecuencia inmediata el encarecimiento del endeudamiento internacional, la desaceleración de la economía y  el comercio global y un estancamiento en los precios de   exportación de los países dependientes, como Argentina. 

Nubes y Vientos de tormenta si ciernen sobre el futuro argentino.

Una economía como la Argentina, basada en la exportación de agro alimentos, la explotación desmedida y la exportación de recursos minerales, como el litio,  sin retenciones,  sin control medio ambiental, sin valor agregado, asociados a un sistema rentístico financiero de alto rendimiento donde volcar el excedente generado por la renta agropecuaria y minera, con una economía interna basada en bajos salarios y un mercado interno deprimido no tiene viabilidad  política interna pero además para desgracia de nuestros liberales vernáculos no tiene viabilidad en un mundo que se cierra sobre si mismo.

Citando a Vidal, “vamos a cambiar el futuro por pasado”,   el pasado vuelve como un “fantasma del 2001”: alta inflación, estancamiento económico, dólar barato, tasas de interés altas y un endeudamiento creciente en  una combinación explosiva para la economía argentina. 

¿Qué hacer?

Ante la crisis que se avecina, con alta conflictividad social es indudable que las luchas políticas de los próximos años sean luchas en la calle  y no tanto en el campo electoral. Seguramente como aconteció en otras etapas históricas, la lucha se dirima en las calles y luego las urnas convaliden ese resultado. Ejemplo el 17 de octubre de 1945.

Cambiemos se ha manejado hasta ahora con acuerdos bajo cuerda en el senado, vía aprobación de obras públicas, aportes para el pago de sueldos, autorización para endeudarse, etc, para las provincias. En diputados, cuenta con el aporte inestimable de Sergio Massa y otros partidos menores, de grupos escindidos del FPV, compra venta de votos, algún “sanguchito” o la amenaza de un “carpetazo”, más la falta de liderazgo, de política y de “huevos” de parte de la dirigencia residual del FPV.

Con eso le alcanzo para aportar algunos votos claves en el Congreso Nacional y sacar aquellas leyes que le importaban. 

Hoy, cercanas las fechas del calendario electoral,  Cambiemos cambio su estrategia. Por un lado ha desactivado al congreso, este no funciona y no tiene temas enviados por el  PE importantes que tratar. 

Tal vez ante la certeza de una derrota estrepitosa en la provincia de Buenos Aires también ha endurecido su discurso, apuntando y polarizando con el peronismo y enfocando todos sus cañones, mediáticos, judiciales y políticos contra CFK en un intento por destruirla y sacarla del ruedo político. Hasta ahora no solo les ha fracasado la estrategia sino que CFK no deja de crecer en las encuestas, por lo menos en la Provincia de Buenos Aires. Pero además llama la atención este cambio brusco y agresivo hacia todos los sectores que no le son afines o no se suman mansamente a sus designios. La pelea con los docentes, un sector afín al gobierno. No hay que olvidar que más del 70 % de los docentes votaron a Mauricio Macri. La pelea con los actores por el control del Instituto del Cine, la prepotencia policial avasallando derechos, como la represión a los docentes o el ingreso en el Mariano Acosta, interrumpiendo una asamblea. Los hechos de violencia en Santa Cruz, contra la gobernadora, claramente alentados y fogoneados por el grupo Clarín y las dirigentes de Cambiemos de la provincia.

Es sabido que la derecha argentina, no es civilizada ni democrática ni republicana, es bruta, inculta, violenta y autoritaria, pero llama la atención el cambio de discurso de un gobierno que llego con un relato de unidad, dialogo y respeto por las instituciones. 

Es de suponer que los gurúes que aconsejan a Macri, creídos de su propia mentira, la movilización de apoyo que junto 20/25 mil personas que solo expreso el  odio de clase un sector minoritario de la sociedad argentina los habilitaba para esta estrategias de confrontación. Tal vez crean que con esta estrategia consolidan ese 30 % de la sociedad que según sus encuestas hoy los votarían en la provincia de Buenos Aires. Que consolidado ese núcleo duro y polarizando con CFK pueden ganar o lo que es más seguro perder por poco margen y así evitar una derrota que puede llegar a ser desastrosa para el futuro macrista.  El tiempo dirá de lo acertado o no de la estrategia electoral, pero desde ya es una imprudencia peligrosa que un presidente aliente con sus discursos al odio y a la violencia. Demasiada sangre se ha derramado de argentinos por esta cultura política de considerar al otro, al que piensa distinto,  un enemigo.  

El movimiento obrero, en su triunviro cegetista, oscila entre las políticas del masismo de gobernabilidad a ultranza, para que el sistema los considere confiables y la transferencia de recursos y negocios hacia sus bolsillos. El paro general de la CGT fue un hecho sacado por la presión de las bases y los dirigentes intermedios. Aun habiendo sido un éxito fue boicoteado y ninguneado por los mismos dirigentes. Así como está la CGT es una pata funcional a las políticas de ajuste, como lo fue en los 90. 

Frente a eso, la CTA persiste entre una crisis política profunda y la falta de volumen de organizaciones en su seno. Tal vez el proceso de unidad de las dos CTAs con la Corriente Federal de Trabajadores, más la diáspora que producirá la ruptura de la actual CGT, pueda generar un espacio gremial más cercano  a sus bases y por lo tanto más combativo. 

Por otro lado están las organizaciones sociales, muchas de base peronista kirchnerista, otras de la izquierda tradicional y como novedad, experiencias surgidas desde una “izquierda nacional”. Las marchas populares de marzo mostraron la fortaleza de estas organizaciones sociales, en cuanto a organización y  capacidad de movilización; está por verse como estas organizaciones dan el paso hacia lo político, es decir cómo se dan una estrategia de construcción de poder valida que construya o forme parte de un entramado que genere poder y hegemonía.

Por ahora los grupos de izquierda tradicional siguen inmersos en su lógica sectaria y anti peronista que los aleja de las bases que ellos quieren representar. El desafío está en las otras organizaciones de base en la izquierda nacional y popular en ver como superan viejos paradigmas, viejos prejuicios y se suman a un proyecto mayor. 

La síntesis entre todas esas  organizaciones en una organización política mayor se va dar seguramente en las calles, en las luchas populares, va a ser un proceso que deberá contener,  unificar en la diversidad, generar consignas, programas y nuevos dirigentes. Habrá que ver la potencialidad real de esos movimientos, su capacidad de cuestionarse hasta sí mismo y superar la tendencia al  burocratismo de toda organización.

Es indudable que el peronismo, sobre todo en su vertiente kirchnerista,  es el eslabón más fuerte como para generar un espacio de convergencia de distintas fuerzas políticas y sociales, que enfrente, no solo al macrismo sino también todo el aparato de dominación hegemónico. El peronismo será revolucionario o no será (Eva Perón).   

Está claro también que, por lo menos en esta etapa histórica, la conducción de esta convergencia es CFK. Es la única líder con consenso popular y la visión estratégica para conducir el movimiento nacional.

Hay que estar atento a la lógica “partidos del orden” manifestada por el Frente Renovador, sectores de la CGT y dirigentes que conviven dentro de las estructuras del PJ tradicional. Dentro de la lógica de dar gobernabilidad han acompañado todas las medidas anti nacionales y antipopulares. La apuesta de estos sectores es ser, cuando la crisis genere la debacle del macrismo, el recambio ordenado y garantista de que los intereses de los grupos dominantes no serán  tocados.

La apuesta popular debe ser la construcción de un gran espacio político, nucleados en un gran frente electoral  que pueda dar batalla en las urnas al macrismo, pero construyendo  “gobernabilidad” en la calle, en la lucha diaria, construyendo poder popular, con ideas y pensamientos críticos, renovándonos no solo con cambios dirigenciales sino con una práctica política nueva, una ética política y una síntesis teórica acorde a los tiempos complejos que nos tocan vivir. 

Por supuesto con las puertas abiertas a todos los cros, que provengan de donde provengan se sumen al movimiento nacional, identificados con los ideales de liberación nacional y popular de nuestro pueblo.  



GUARIMBAS: LA GUERRILA URBANA DE LOS RICOS QUE BUSCA DESESTABILIZAR LA DEMOCRACIA EN VENEZUELA

Por Julio Fernández Baraibar  

Venezuela vive, desde hace meses, una situación que, vista de lejos, da toda la impresión de un enfrentamiento que orilla la guerra civil.

En realidad, lo que ocurre es que un sector de la oposición que expresa a los sectores altos y altos medios de la sociedad venezolana pretende generar una situación de anarquía que “justifique” una intervención extranjera, es decir norteamericana. Lo curioso de esta supuesta rebelión es que tiene lugar tan sólo en los barrios en los que viven los sectores más acomodados de las ciudades.

EL LABERINTO VENEZOLANO Y UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

En su noche toda mañana estriba:

de todo laberinto se sale por arriba

Leopoldo Marechal

 Venezuela vive, desde hace meses, una situación que, vista de lejos, da toda la impresión de un enfrentamiento que orilla la guerra civil.

En realidad, lo que ocurre es que un sector de la oposición que expresa a los sectores altos y altos medios de la sociedad venezolana pretende generar una situación de anarquía que “justifique” una intervención extranjera, es decir norteamericana. Lo curioso de esta supuesta rebelión es que tiene lugar tan sólo en los barrios en los que viven los sectores más acomodados de las ciudades.

Es en esos, sus propios barrios, donde jóvenes bien alimentados, munidos de máscaras antigases, camisetas y jeans de marca, y los rostros cubiertos con pañuelos, salen casi a diario a quemar gomas, tensar alambres que cruzan la calzada a la altura de un motociclista o incendiar palmeras, mientras en el resto de la ciudad la gente vive su vida habitual. Es como si, en Buenos Aires -para dar un ejemplo-, se produjeran piquetes -guarimbas, les llaman en Venezuela- en la zona de la Recoleta y Barrio Norte, mientras en el resto de la ciudad, Barracas, Chacarita, Constitución, Mataderos, Flores, reinara la más absoluta tranquilidad.

La oposición, rejuntada en la MUD, es de una enorme torpeza y mediocridad, y está dividida por rencillas, ambiciones, alcahueterías y cotilleos de camarín de teatro burlesco. Toda su esperanza está depositada en que un pronunciamiento de la OEA lleve a una intervención de los EE.UU., como ocurriera en la década del 60 del siglo pasado con la República Dominicana del coronel Caamaño. Pero, Venezuela no es una isla, tiene petróleo -que nunca ha dejado de abastecer a las estaciones de servicios norteamericanas- y cuenta con un poderoso ejército que, hasta ahora, permanece incólume en defensa del proceso bolivariano. En ese sentido ha sido particularmente lamentable el papel jugado por el uruguayo Luis Almagro, en su carácter de Secretario General de la OEA. Tan unilateral y golpistas han sido sus participaciones, que no ha logrado sacar de la OEA, que ya no es la de los años 60, más que una abstracta e inocua declaración.

El propio Papa Francisco, que ha intentado, a través de representantes personales, establecer una mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición, ha declarado hace muy pocos días que es en el seno de la opositora MUD donde radica la más dura resistencia a una solución consensuada.

Estas declaraciones papales han generado una tormenta de airadas réplicas por parte de dirigentes como Freddy Guevara o la señora Lilian Tintori, una rubia paqueta y tonta, convertida en una especie de Novia Olvidada que recorre las capitales en busca de apoyo. Esta nueva dirigencia fogonea desde las redes una campaña sumamente violenta, llamando a una insurrección piromaníaca que, como hemos dicho, termina incendiando el barrio en el que viven. La provocación de estos sectores ha sido permanente. Llegaron al extremo de intentar ocupar el aeropuerto militar de La Carlota, en pleno Caracas, y rápidamente denunciaron en las redes sociales que eran salvajemente reprimidos por el ejército con… disparos al aire.

En medio de este violento batiburrillo, el presidente Nicolás Maduro encontró en la Constitución de 1999, la actualmente vigente, la posibilidad de un llamado a una Asamblea Constituyente destinada a reformarla. En efecto el artículo 347 establece:

“El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”.

A su vez, el siguiente artículo determina:

“La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrán tomarla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de la dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildo, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; o el quince por ciento de los electores inscritos y electoras inscritas en el registro civil y electoral”.

De alguna manera, ante la negativa al diálogo de una oposición empecinada en derrocarlo por cualquier medio, Maduro logra cambiar la conversación. Si lo que preocupa a la oposición es la falta de democracia -caracterizaron siempre al gobierno de Chávez y, ahora, al de Maduro, como una dictadura- ofrece a la oposición la oportunidad de confrontar en una Asamblea Constituyente, previa elección de un poco más de 500 convencionales.

Al parecer, según diversas encuestas, más del 80 % de la población quiere un diálogo y un punto final a las guarimbas y los actos de violencia. Pero la violenta presión mediática y social de la pequeña minoría vinculada cultural y socialmente a Miami, hace difícil la expresión abierta de esta opinión.

Los ataques a comerciant
es que, en los barrios del Este, han pedido públicamente el cese de los desmanes ha llegado como noticia incluso a la propia CNN. Días atrás se conoció una conversación telefónica de la esposa del veterano dirigente adeco Henry Ramos Allup -un astuto y experimentado político con más de cuarenta años en la escena pública- donde la mujer le expresaba a su padre -también político opositor- la inutilidad y el desborde de las guarimbas y el camino sin salida al que se enfrentaban.

De la capacidad del chavismo y del gobierno en lograr que esa inmensa mayoría que quiere vivir en paz se exprese libremente depende, sin duda, la salida de la actual encrucijada.

Comenzamos la nota citando al gran poeta argentino Leopoldo Marechal. Queremos terminar con la continuación de ese mismo verso, que es, también, un llamado de atención:


“si el alto Amor lo quiere. Pero la Ciencia dijo:

En horas de tiniebla no te apresures, hijo.”

El desafío de construir una nueva sociedad.

Una renovación ética, teórica y práctica, que nos permita construir y ejercer nuevas formas de poder popular.

Antonio Muñiz

La crisis global.
Vivimos épocas de grandes transformaciones, venimos de un siglo XX donde el mundo cambio al ritmo de una revolución tecnológica nunca vista en la historia de la Humanidad. También fue un siglo violento, millones de muertos, grandes catástrofes sociales, experimentos políticos totalizadores fracasados, luchas populares contra la dominación imperialista, y luchas entre potencia imperiales por la posesión de territorios coloniales, con una secuela de guerras mundiales o regionales que asolaron el mundo.
Esta década y media del siglo XXI no parece ser distinta, solo se ha profundizado la crisis, sentimos que estamos a punto de tocar fondo.
“La historia se ha acelerado a un ritmo vertiginoso, que amenaza el futuro de la raza humana” nos dice el historiador Eric Hobsbawn. Hobsbawn también nos dice que ingresamos en una nueva etapa histórica, muy distinta a todas las anteriores. Los cambios tecnológicos y su impacto en los procesos productivos y sobre la vida cotidiana son evidentes y no siempre positivos. .
Después de la segunda guerra mundial co existieron, en forma siempre conflictiva, dos modelos antagónicos, el Bloque socialista y el bloque “occidental y cristiano” donde predominaban las ideas de una democracia burguesa de base capitalista.
El fracaso y crisis del socialismo real abrió paso a la hegemonía de liberalismo financiero globalizador que mostro y muestra todavía su faz destructiva. Lo efectos de la globalización financiera y la predominancia de la técnica sobre lo humano han generado una catástrofe social y política que asola al mundo y nos está llevando de guerras locales y regionales y estas hacia otra gran guerra mundial. El Papa Francisco viene hablando y denunciando esta crisis, pero hasta ahora habla a los oídos sordos de los líderes mundiales.
La civilización moderna está en crisis profunda, crisis que muestra múltiples facetas, desde la locura bélica de algunos líderes de los países centrales, pero también económica, la globalización está mostrando sus límites con un daño en el entramado social es difícil de mensurar, crisis de los recursos que agudiza las guerras para apropiarse de ellos, una crisis medio ambiental y una climática que está transformando el mundo y no para bien de la humanidad.
Estamos ante una crisis global que puede ser el final de la modernidad.
Construcción de una nueva sociedad.
Todo pareciera indicar que vamos, no sin dolor, muerte y destrucción, hacia un mundo distinto. ¿Mejor o peor? Nadie lo sabe. Las salidas de las crisis son impredecibles.
Sin embargo, si creemos que son los pueblos los que construyen su historia, debemos trabajar para, en principio, aminorar los daños sobre nuestros naciones y aprovechar esta crisis para construir una modelo político, social, económico y cultural distinto. Este modelo debe estar basado en nuestra historia, en las practicas política populares y la potencia revolucionaria de nuestros pueblos, para que nos permita lanzarnos hacia el futuro.
Debemos pensarnos “situados” en nuestra realidad y nuestra historia para comprender nuestra esencia y liberarnos de viejos prejuicios y dogmas, casi siempre impuestos por un aparato cultural de dominación.
Se trata de ponernos a tono con las grandes transformaciones que están viviendo los pueblos, mediante la construcción colectiva de una nueva teoría, una teoría que sea coherente con tales cambios y les de sustento. Esta nueva teoría, debe dejar atrás, superar, los paradigmas de la modernidad burguesa, capitalista, imperialista, colonialista de los últimos cinco siglos. Pero además debe superar también las viejas categorías del “socialismo real”.
El desafío es construir una sociedad “post capitalista”, más allá del liberalismo y del viejo socialismo real.
En esta modernidad moribunda donde los marcos y estructuras del poder son instrumentos de dominación, autoritarismo, represión, al servicio de los grupos hegemónicos, nuestro desafío es entrar en una decidida renovación ética, teórica y práctica, que nos permita construir y ejercer nuevas formas de poder.
No podemos engañarnos respecto a la dificultad de esa tarea, pues se trata de construir con formas participativas; sin vanguardismos, aprendiendo del pueblo, respetando su cultura milenaria, su relatos míticos, su historia, su praxis política, los viejos idearios de liberación que nuestros pueblos han ido forjando en estos siglos, sus instituciones; todo debe ser integrado en un nuevo proyecto de liberación nacional y popular.
Construir poder popular.
Hay que partir de una premisa fundamental. Todo ejercicio del poder tiene como referencia primera y última al poder de la comunidad política: el pueblo. El poder lo tiene siempre y sólo lo tiene, el pueblo.
Este es el punto de partida de cualquier reflexión o fundamentación de una construcción política como la que pretendemos.
Y por el contrario todo ejercicio del poder fuera o en contra de esta premisa es un poder ilegitimo, desnaturalizado, espurio, que se funda en la fuerza, la violencia. Es dominio y no hegemonía.
Debemos entender que el poder político “no se toma”, el “poder se construye”, en referencia al malentendido que subyace en la fórmula de cierta izquierda europeizada “cambiar el mundo sin tomar el poder”.
Si queremos construir un nuevo orden social, lo que podemos y debemos tomar son los instrumentos e instituciones que hacen al ejercicio del poder. Hay que tomar las herramientas e instituciones que hacen al poder estatal, y con esas herramientas construir poder popular, Sin ese poder no hay cambio posible.
Es cierto, hay muchos ejemplos en la historia, que se corre el peligro que las instituciones del poder absorban todas las energías revolucionarias, convirtiéndola en una burocracia administradora de lo existente, reemplazando una burocracia por otra sin tocar los reales resorte de la dominación. A pesar del riego hay que construir poder para transformar las estructuras e instituciones del poder.
Hay que tomar el poder para empoderar al pueblo. Ese es el único reaseguro.
La Comunidad Organizada.
Está claro que un proyecto nacional de liberación no puede reducirse a una eficaz administración del Estado al servicio del pueblo. Si bien esto puede demostrar los beneficios de un gobierno popular, no puede desarrollar el poder político necesario para hacer crecer sus propias instituciones y mantenerse en el tiempo. Para ello un Movimiento de liberación debe exceder los marcos participativos del estado liberal y debe motorizar la construcción de un modelo alternativo que enfrente e impugne a los viejos modelos en su totalidad. Debe concebir, generar y plasmar un modelo de democracia directa, abierta, social, intrínsecamente participativa. Esta concepción debe impregnar toda la estructura política, desde las comunidades de base hasta las más altas esferas del Estado. Desde luego que este nuevo modelo deberá necesariamente institucionalizarse, o sea expresarse mediante instituciones. Es el paso de la gente o la masa a la “comunidad organizada”.
Mandar obedeciendo.
Este paso necesario, al mismo tiempo muestra un peligro, pues es el origen de dos posibles líneas de vida política: la construcción de una comunidad organizada al servicio del hombre, o la de la corrupción y sostenimiento de nuevas estructuras de dominación.
Un reaseguro es la consigna zapatista “mandar obedeciendo”. Esta tiene un fuerte contenido político, además de raíces históricas y religiosas que la potencian como consigna política básica. Dussell la define como el poder obedencial, “el que manda es el representante que debe ejercer delegadamente el poder de la comunidad, debe hacerlo en función de las exigencias, reivindicaciones, necesidades de la comunidad”. El representante tiene una función de servicio político que ejerce como delegado el poder obediencial. Ya en el Evangelio hay rastros de esta máxima. El Mesías reclamaba de sus discípulos: 'el que quiere ser mayor entre ustedes, que se haga siervo de ustedes'”. Dussel se remite a la misma fuente: Marcos, el evangelista, “El que quiera ser autoridad hágase servidor [...] servidor de todos”.
Este concepto puede rastrearse en fuentes del pensamiento griego clásico y desde allí en gran parte de la filosofía política occidental: la política como servicio, el político como servidor publico “...si son los gobernantes dignos de ese nombre, igualmente sus auxiliares, estarán dispuestos unos a hacer lo que les mande y los otros a ordenar obedeciendo también ellos a las leyes o bien siguiendo el espíritu de ellas en cuanto aspectos les confiemos”. La Republica, Platón)
Hablando claramente, y siguiendo a Dussel, sin esta lógica en el ejercicio del poder no se puede cambiar factiblemente el mundo. Intentarlo es moralismo, idealismo, apoliticismo abstracto, que, en definitiva, se deriva de confusiones prácticas y teóricas.
La ética política como valor trascendental
Atado a esta máxima es necesario revalorar el concepto de la ética política. Citando a Dusell “Se ha olvidado frecuentemente que le toca al político, como representante, la obligación responsable de desarrollar la vida de todos los ciudadanos, en primer lugar de aquellos que han sido puestos fuera de esta posibilidad de cumplir con la satisfacción de sus necesidades, desde las más básicas hasta las superiores”. Y aclara “La política, en su sentido más noble, es esta responsabilidad por la vida de los más pobres.
Esta exigencia normativa fundamental revitalizara la moral del sistema democrático y, por ende, a una mejor defensa de la dignidad de la persona, siempre amenazada por la vorágine del poder de los grupos hegemónicos.
En ese marco la lucha contra la corrupción en todos sus niveles debe ser un objetivo central, no por moralina, ni por principios abstractos, sino que la corrupción mina, destruye, todo proceso de construcción de una nueva sociedad. Hay que entender que la corrupción es inherente a la condición humana y a todo proceso político, por lo que ningún régimen está exento de ella. Por lo que institucionalidad de mecanismo de prevención y de represión deben ser instaurados, junto a una justicia rápida y eficiente. Pero debe quedar claro que solo la participación activa de la ciudadanía podrá poner límites a los delitos de corrupción.
El hombre político, sujeto y actor de una política de liberación.
Toda construcción de una nueva democracia requiere también de un nuevo “ciudadano”. Un hombre político en el sentido aristotélico, el hombre que se ocupa de los asuntos de su comunidad.
Lo primero es aceptar que la política es un tema de todos, y cuando hablamos de política nos referimos a la creación de la misma. El ciudadano siendo sujeto y actor de la política, y no un mero espectador. Esta posibilidad de crear la política es inédita y debe primero dejar atrás el sentido verticalista de la etapa racionalista donde la “cosa pública” era un tema de los “políticos”, donde el ciudadano se limitaba a expresar con su voto su elección.
La formación de una ciudadanía activa, generadora de política es otra garantía de desarrollo de un poder que nos libere.
Hacia una convergencia cívica
Si bien está trillada la frase no deja de ser verdad, toda crisis genera también una oportunidad.
Latinoamérica inserta en un mundo en crisis, vive su propia crisis, producto del retroceso de los movimientos populares progresistas y el avance de la una derecha restauradora en la mayoría de los países. El avance destituyente sobre el gobierno bolivariano de Venezuela, es un paso más en esta ofensiva. Quedan Cuba y Bolivia, como países y pueblos resistiendo. Es claro que detrás de esta ofensiva de la derecha está el Departamento de estado de EEUU y la CIA. Lo cual es muestra de la envergadura del enemigo en danza. ¿Cómo enfrentamos esta ofensiva? ¿Cómo pasamos de una etapa de resistencia a una etapa de reagrupamiento y avance de las fuerzas populares? ¿Cómo construimos una fuerza política que imbuida de los principios que enunciábamos más arriba pueda ser un instrumento de liberación y construcción de poder popular?
En principio es indudable que ante la crisis que se avecina y pensando en el día después es necesario hacer converger en un espacio político a todos los sectores políticos, sociales, económicos, productivos, etc, agredidos por el modelo económico neoliberal.
Pero debe quedar claro que este espacio no puede ser solo una herramienta de resistencia coyuntural ni tampoco un simple frente electoral, no puede limitarse a ser un frente anti Macri. No solo lo limitaríamos sino que es probable que lo condenemos a muerte antes de nacer.
Debemos pensar esta convergencia como un espacio movimientista, superador de los frentes electorales o los partidos políticos tradicionales.
Este nuevo espacio debe ser un gran movimiento nacional, revolucionario, abierto, participativo, poli clasista, que nuclee a todos los que quieran una construir una sociedad nueva, unidos en un programa de acción común y un sueño y una mística compartidos.
Esta lógica de construcción movimientista encierra un cambio de paradigmas dentro de la dirigencia tradicional y sobre todo en la militancia. Es necesaria una renovación, pero no solo de personas, sino una renovación ética, teórica y práctica, que nos permita construir y ejercer nuevas formas de poder popular.
Para cerrar esta nota citamos a Alvaro Garcia Linera. Este sostiene que los procesos de cambio profundo nunca son lineales. Siempre vienen en oleadas. Al actual reflujo transformador en el continente lo sucederá otra ola contraria. Si bien este concepto abre una serie de discusiones sobre la linealidad o no de la historia, podemos aceptarlo como una premisa teórica valida:
“Lo que tenemos que hacer es prepararnos, debatiendo qué cosas hicimos mal en la primera oleada, en qué fallamos, dónde cometimos errores, qué faltó hacer, para que cuando se dé la segunda oleada, más pronto que tarde, los procesos transformadores continentales puedan llegar mucho más allá, mucho más arriba, que lo que hicimos en esta oleada”.
Esto no significa que la dirigencia popular deba esperar pasivamente la próxima ola. Es momento de debate, discusión y construcción dentro del movimiento nacional. La historia la construyen los pueblos, día a día, ladrillo a ladrillo, entonces comencemos a construir la “próxima ola” que cubra de dignidad y justicia social a nuestro país y a toda Latinoamérica.

¿Cuándo se jodió Argentina? Antonio Muñiz

 Vargas Llosa  en uno  de sus mejores libros “Conversación en la Catedral”,  se pregunta a través de “Zavalita”, alter ego del autor, joven periodista que asiste al decaimiento catastrófico de Perú y reflexiona, con un colega más veterano, en las razones de esa indefectible caída. "¿En qué momento se jodió el Perú?". Se preguntan mientras beben en largas charlas  en la cervecería “La catedral”.
El pasado en el que se basa esa pregunta entre melancólica y catastrófica es el Perú del dictador Manuel Odría, que gobernó Perú entre 1948 y 1956. Cuenta Vargas Llosa, en el prólogo de la novela: "En esos ocho años, en una sociedad embotellada, en la que estaban prohibidos los partidos y las actividades cívicas, había numerosos presos políticos y centenares de exiliados, los peruanos de mi generación pasamos de niños a jóvenes, y de jóvenes a hombres. Todavía peor que los crímenes y atropellos que el régimen cometía con impunidad era la profunda corrupción que, desde el centro del poder, irradiaba hacia todos los sectores e instituciones, envileciendo la vida entera".

Y por casa….?
Esa misma pregunta podríamos hacernos los argentinos.
Y en realidad nos la hacemos. Partimos de la base real o imaginaria que Argentina tenía en su “adn” un “destino manifiesto de grandeza”, que “estábamos condenados al éxito”, como dijo en algún momento Eduardo Duhalde.
Que paso ? Que hicimos mal? Donde nos equivocamos?
Algunos liberales, añoran la Argentina del centenario, la Argentina agro exportadora de  fines del siglo XIX o primeras décadas del XX. El país floreciente, meca de millones de inmigrantes europeos, gran granero del mundo, una oligarquía que tiraba manteca al techo, pero con un pueblo sojuzgado, reprimido y mano de obra barata para sostener el modelo exitoso. Mientras Inglaterra y algunos otros países europeos  eran demandante de materias primas que acompañaran su proceso de industrialización Argentina tenía un lugar en el mundo, dentro de la división internacional del trabajo.
Este Modelo hace crisis después de la primera guerra mundial, donde Europa deja de ser esa aspiradora de los productos argentinos, donde Inglaterra pierde su liderazgo mundial y este pasa a los EEUU, que estaba en un proceso de industrialización acelerada después de su guerra civil, pero que no necesitaba las materias primas que producíamos, ya que nuestra economías eran y son  competitivas.
El mundo en crisis llevo a la gran crisis del capitalismo mundial en 1929 y está a la segunda guerra mundial, donde se consolido el liderazgo económico político y militar de EEUU y la decadencia de Inglaterra.
El modelo agro exportador dejo de ser viable. Comienza así, primero casi espontáneamente un proceso industrialización basado en la sustitución de importaciones, luego sobre todo durante el gobierno peronista un proceso planificado de industrialización basado en la SI.
Es posible encontrar en los últimos años numerosos artículos, trabajos académicos y ensayos que apuntan a desarrollar y profundizar una historia de este proceso. Tal vez buscamos en ellos las claves de un proceso rico y contradictorio que ocupó gran parte del siglo  XX.
Siguiendo la definición de Mario Rapoport  “La Argentina ha tenido en su historia económica, tres etapas bien definidas: el llamado modelo agroexportador, el modelo de industrialización por sustitución de importaciones y el modelo rentístico-financiero. Si llamamos modelo a un esquema simplificado que pretende reflejar una realidad compleja en sus principales rasgos, nos estamos refiriendo a tres etapas que representan los elementos sobresalientes de distintos modelos de país, aunque en cada uno de ellos subsistieran trazos de los otros.”
Es cierto que Argentina,  a partir de la finalización de  las guerras civiles hasta casi hasta fines de la década del 20,  pasó de ser un país atrasado y marginal a figurar entre los primeros del mundo.
Sin embargo, y contrariamente a lo que hicieron otras naciones agro exportadoras como  Canadá o Australia ,  la elite gobernante en Argentina mantuvo a rajatabla el modelo de libre comercio, que favorecía el modelo agro exportador y  por lo tanto impedía,  por acción u omisión cualquier intento de industrialización.
Solo cuando la crisis mundial del 29 puso de golpe final al modelo se comenzó a pensar en un proceso de sustitución de importaciones.  Como decíamos anteriormente países como Canadá y Australia, de economías similares, habían iniciado el proceso de industrialización a principios de siglo cuando ya el modelo agro exportador empezaba a mostrar signos de agotamiento.

Citando a Mario Rapoppot “Muchos economistas e historiadores sostienen todavía que las riquezas de la época agroexportadora fueron despilfarradas sin sentido a partir de los años 30, al promoverse la industrialización y la intervención del Estado, conduciendo así a la declinación económica del país, la inflación y la inestabilidad política que habrían imperado bajo el modelo de sustitución de importaciones, pero el análisis cuantitativo y cualitativo no les da la razón. El país fracasa, como veremos, porque no completa su ciclo de industrialización no porque se industrializa.
El modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones, permitió grandes logros durante el período 1930/75. Entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico, el desarrollo de una clase media y un sector obrero con altos salarios, con bajos niveles de indigencia y pobreza y con tasas de desocupación mínimas. En síntesis una sociedad homogénea e integrada.
Pero el proceso industrializador resultó incompleto debido a la falta de desarrollo de algunos eslabones productivos claves. Esa industrialización trunca impidió una mayor diversificación y complejización de la estructura industrial argentina, generando una dinámica cíclica, conocida bajo el nombre de stop and go (pare y arranque).
En la fase de expansión crecía sustancialmente el mercado interno, aumentando las importaciones de bienes e insumos intermedios destinados a la industria, y por ende, la necesidad de divisas. Pero aumentaba también el consumo de bienes de origen agropecuario, debido a los mayores salarios que pagaba la economía y a los niveles de mayor empleo, con lo cual se reducían los saldos exportables. Cabe acotar que durante todo ese período hubo, a nivel internacional, un aumento constante de los bienes industriales y un estancamiento de los precios de las materias primas exportables, produciendo en la economía local un proceso denominado “deterioro de los términos de intercambio”.
Este desequilibrio en la balanza de pagos traía aparejado un estrangulamiento externo que, según las teorías clásicas,  “obligaba” a un ajuste recesivo que se desencadenaba vía una devaluación cambiaria. Se  reducía el salario real y el consumo, los saldos exportables crecían y las cuentas externas mejoraban porque crecían las exportaciones y se reducían las importaciones. De esa manera, el ajuste recesivo permitiría alcanzar un nuevo equilibrio y el ciclo se reanudaría  nuevamente.
A pesar de las marchas y contramarchas en estos ciclos económicos, siempre el crecimiento del sector industrial fue positivo durante el período. Pero este proceso se cortó bruscamente en 1976, impidiendo la consolidación del modelo y la superación de las trabas estructurales.
La industria entró en la crisis de 1975-76 en las mejores condiciones de su historia. Venía de varias décadas de crecimiento continuo, signado por algunas crisis coyunturales, y estaba en un proceso de expansión que la había llevado, hacia 1974, al uso de toda su capacidad instalada, mientras se lanzaban los nuevos proyectos de expansión de las ramas básicas.
La experiencia de otros países, caso Brasil, mostraron que el proceso era viable y que Argentina sería otra, de no haberse aplicado una política económica neoliberal que durante 25 años  favoreció el sistema financiero, abrió  los mercados, destruyó el mercado interno y desmanteló la industria nacional,  tirando por la borda 45 años de un proceso contradictorio pero rico en  experiencias individuales y colectivas.
La interrupción del ISI no sobrevino por su agotamiento o fracaso, basta recordar que entre 1964 y 1974 el crecimiento anual promedio fue del PBI fue del 5 %, mientras que la tasa promedio del PBI industrial fue del 7 %. Otro dato significativo es que el porcentaje en 1974 de exportaciones de productos manufacturados fue del 24 % del total, contra un 3 % en 1960. Además en eso años se alcanza la mayor participación de los asalariados en el ingreso nacional, casi el mítico 50/50.
En síntesis el modelo de industrialización (ISI), permitió grandes logros durante el período 1930/76. Entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico, el desarrollo de una clase media y un sector obrero con altos salarios, con bajos niveles de indigencia y pobreza y con tasas de desocupación mínimas. En síntesis una sociedad homogénea e integrada.

 “Aceros o caramelos”.
Esta frase, tan poco feliz, del entonces Ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz, sobre que el mercado decidiría si Argentina producía aceros  o caramelos, marcaba cual sería la tendencia del nuevo programa económica: la renuncia a una Argentina industrial.
El golpe militar de 1976, tenía como objetivo modificar la compleja estructura  económica, política y social, generada  luego de 1930 y más concreto a partir de 1945 con la impronta que le dio el peronismo.  El objetivo fue  modificar en forma irreversible las bases de una Argentina industrial. 
Por supuesto que esta política se basó en una feroz represión de los sectores populares a través de 30.000 desaparecidos, la mayoría de ellos, trabajadores con activa participación gremial.
La persistencia de las elevadas tasas de interés,  la apertura indiscriminada
a las importaciones,  el atraso cambiario fueron cambiando la economía Argentina. Esos factores, junto con los cambios en la demanda local, sorprendieron a la industria y, rápidamente se vio el resultado. 
En  el periodo 76/83 cerraron sus puertas más de veinte mil establecimientos industriales , el PBI industrial cayó el 10 % y la ocupación en el sector disminuyó un 35 %.
A partir de 1977 con la reforma del sector financiero bancario el núcleo dinámico de la economía paso a ser el sector rentístico - financiero.
Un gran número de empresas clásicas desapareció en ese remolino. El mercado bursátil, donde se podía comprar el paquete de control de algunas empresas a muy bajo precio, fue un ámbito privilegiado de esas maniobras. Lo mismo ocurrió con muchas otras; con el tiempo se convirtieron en depósitos, supermercados, shoppings, esperando caer sobre la piqueta para dejar espacio libre a nuevas actividades.
Solo en algunos rubros: productos petroquímicos, aluminio y siderurgia generada en las plantas promocionadas en el período anterior que contaban con la dimensión y la eficiencia técnica necesarias para salir al mercado mundial.  Su éxito es una consecuencia de la promoción anterior y no de la apertura económica.
Y no hay que olvidar que la desindustrialización continuó en las siguientes décadas, ya bajo gobiernos democráticos.
El radicalismo, no supo, no quiso o no pudo detener este proceso y que, si volvió con mucha fuerza durante la década del noventa.
Indudablemente el modelo industrializador fue derrotado en 1976. El golpe militar estuvo dirigido a   destruir el aparato productivo, cultural, educativo e ideológico de una Argentina industrial. La feroz represión a los trabajadores en esos años, sobre todo a las comisiones internas de las grandes empresas engrosan las listas de detenidos, desaparecidos o exiliados. No fue casual, fue una política destinada a desmontar la sociedad argentina, hija del peronismo. Fue un ataque a una sociedad igualitaria, solidaria, de salarios altos, pleno empleo, con fuerte ascendencia social y económica. Fue una guerra cultural y política del régimen militar oligárquico contra la argentina integrada, moderna, contra las pymes, contra la clase media argentina y los sectores obreros, con una feroz transferencia de ingresos de los sectores populares hacia las clases altas y las empresa concentradas.
En ese sentido puede decirse que el proceso cívico militar fue exitoso en el logro de esos objetivos. Todavía, 40 años después, seguimos sufriendo las secuelas de aquellas políticas en la matriz cultural, ideológica de la sociedad.
Hubo dos herramientas que el régimen uso para desbaratar cualquier intento futuro de desarrollo industrial productivo, el  brutal endeudamiento que nos condiciono por décadas y la corrupción en el manejo de la cosa pública que se instala en nuestras instituciones y  en las empresas.  Surge allí  la tristemente recordadas “patria contratista”, acuerdo entre el gobierno y las empresas contratistas para apropiarse de los recursos del estado y fugarlos. Hay que recordar que  deuda externa, fuga de capitales y corrupción son tres herramientas hermanas para saquear y dominar nuestro país. Este esquema corrupto se repite a lo largo de nuestra historia reciente.
Si bien el modelo  neoliberal entro en crisis en  2001, esto puso fin a ese proceso desindustrilizador, iniciándose nuevamente un proceso de reindustrialización que continuo hasta el 2015.
Sin  embargo las estructura gestadas durante el proceso siguen vigentes, los gobiernos de 2003/15, si bien alentaron la industrialización y hubo políticas de integración social y mejoras en  salarios, y fuerte desarrollo del mercado interno, no pudo desmontar el aparato legal, económico y cultural del procesismo. Las leyes de entidades financieras o la ley de inversiones extranjeras  que fueron piedra  basal del neoliberalismo siguen vigentes. El aparato monopólico cultural mediático surgido en los noventas, marca la cancha y fija “un sentido común”  liberal en lo económico y autoritario en los político.
La derrota del FPV en las elecciones de octubre de 2015, producto entre otras cosas por estas limitaciones políticas  e ideológicas  y el triunfo del candidato neoliberal Mauricio Macri, marca un contra ataque de la derecha oligárquica. Abrió un nuevo periodo de políticas anti industrialistas, y una vuelta al modelo rentístico financiero de los noventa. En 15 meses de gobierno las políticas neoliberales llevan el objetivo de reconvertir a la industria, hacer desaparecer rubros enteros como el sector textil, indumentaria, cueros, plásticos y sectores de la metalmecánica,  bajar salarios en dólares, achicar el mercado interno, generar un piso de dos dígitos de personal desocupado, por supuesto con niveles crecientes de pobreza e indigencia en los sectores populares.
El daño que está causando nuevamente  en todo el entramado productivo, pero sobre todo en lo institucional, social y cultural es tremendo, sumándole una corrupción institucional que se extiende como una mancha de aceite sobre todas los sectores sociales.
 Un verdadero genocidio sobre toda la sociedad argentina. Cuanto más puedan profundizar sus políticas,  mayores serán sus consecuencias y mayor será el tiempo para reparar el daño hecho.
Es tarea fundante del movimiento nacional y popular  dar una pelea en todos los frentes contra la restauración oligárquica, y aprender de la historia. Argentina no tiene destino dentro del modelo rentístico financiero que quieren imponernos.  Que no tenemos futuro como país sin un fuerte desarrollo industrial y que este, debe estar basado en salarios altos, mercado interno, un fuerte apoyo del estado, a través de medidas como el “compre argentino”, un banco de Desarrollo, etc., con una cultura basada en el trabajo y la producción.  

Abril, 2017 

Estado, desarrollo y movimiento nacional.

 Por Antonio Muñiz

“Que tiempos son los que nos toca vivir que tenemos que defender lo obvio”. Bertolt Brecht

“Un desarrollo económico que no tiene en cuenta a los más pobres y débiles no es un verdadero desarrollo.” Papa Francisco
  
La política económicas llevadas adelante por el gobiernos de Mauricio Macri, de neto corte neoliberal,  están orientadas a primarizar nuestra economía, “reconvertir” amplias franjas de la producción pyme como textiles o metal mecánica, dejando fabricas cerradas y miles de desocupados, endeudando el país  y privilegiando la renta financiera por sobre los productivo, etc, etc, Un escenario conocido en cuanto al daño que producen en el entramado productivo, político, social y cultural de la nación. Ya vivimos el resultado de estos programas neo liberales: crisis política y económica, desocupación, pobreza y exclusión.

El Papa Francisco en sus encíclicas y mensajes ha denunciado esta lógica economicista, mostrando su falacia y denunciando que las políticas de derrame son una mentira, pero que también la política neoliberales “matan”.

Pensando en el día después, cuando haya que comenzar nuevamente la reconstrucción sobre las ruinas que dejen los neo liberales débenos pensar en nuevas políticas de desarrollo económico que sirvan a la reconstrucción de la Nación Argentina.

Enseñanzas de la historia I:

La historia parece decirnos que no existe alternativa de desarrollo económico sustentable, con integración social y justicia distributiva, sin una fuerte presencia del Estado en ese proceso, pero además que es necesario un fuerte compromiso político y social de todos los actores.
Para esto en necesario la construcción de un movimiento nacional y popular  que tome esto como bandera. Es imprescindible que la sociedad haga carne la conciencia política que la industrialización y el desarrollo forman parte de su destino manifiesto como Nación.
Ha habido en las últimas décadas tres periodos de industrialización acelerada  y desarrollo económico: el peronismo 1946/55, el frondisismo 1958/62 y el kirchnerismo, 2003/15
Sin entrar a analizar cada etapa histórica en particular podemos ver que se pudo avanzar, aun con contratiempos y conflictos cuando hubo un frente nacional que sumo empresarios y trabajadores detrás de las políticas de desarrollo. En el caso de Frondizi , por ejemplo, hubo un proyecto de desarrollo serio, aunque excesivamente dependiente. Este proceso careció de apoyo político suficiente, lo cual lo condeno al fracaso rápidamente.
Es indudable que hoy la cuestión es mucho más compleja   que en las etapas anteriores. El cambio tecnológico acelerado que a su vez cambia los procesos  productivos pero también una economía mundial en crisis, nos plantea preguntas y no siempre nos da  respuestas.
Pero también la gran diferencia de época y el desafío que se presenta es que habitualmente se pensó en el desarrollo en términos puramente económicos.  Hoy queda claro que industrialización no necesariamente es desarrollo. Cierto  determinismo nos llevaba a pensar que resuelto lo económico el resto de las variables, sociales, políticas, institucionales se irían acomodando a medida que el desarrollo mostrara sus frutos.
La experiencia mostro que no era necesariamente así, procesos exitosos de crecimiento se daban contextos de dictaduras militares, precarización laboral, bajos salarios, destrucción del medio ambiente, etc.
Hoy  el concepto es más amplio,  los tiempos presentes imponen como condición  que sea sustentable en el tiempo, no perjudique el medio ambiente, que tenga políticas de integración  social,  calidad de vida laboral,  buenos salarios,  con una distribución justa y equitativa de la riqueza social.

Un debate desde el fondo de nuestra historia.

Sorprende que en la Argentina actual, después de un periodo  altamente exitoso  en cuanto a re industrialización acelerada,  salarios altos, tasas de crecimiento  altas,  volvamos a discutir  si hace falta o no contar con un sector industrial potente como palanca del desarrollo.
Un debate que parecía superado por la experiencia  reciente, los procesos de desindustrialización  que vivió nuestro país en el periodo 1976/2001 , los años más oscuros y nefastos,  convirtiéndose casi en un genocidio social sumergiendo a la población  a niveles del 50 %, de pobreza, 25 % de desocupación y una crisis política casi terminal.

La historia Argentina  nos muestra que si bien es cierto que   a partir de la finalización de  las guerras civiles hasta casi hasta fines de la década del 20,  pasó de ser un país atrasado y marginal a figurar entre los primeros del mundo.
Sin embargo, y contrariamente a lo que hicieron otras naciones agro exportadoras como  Canadá o Australia, por ejemplo, la elite gobernante en Argentina mantuvo a rajatabla el modelo de libre comercio, que favorecía el modelo agro exportador y  por lo tanto impedía, como veremos durante el trabajo, por acción u omisión cualquier intento de industrialización.
Solo cuando la crisis mundial del 29 puso de golpe fin al modelo se comenzó a pensar en un proceso de sustitución de importaciones.   Canadá y Australia, de economías similares, habían iniciado el proceso de industrialización a principios de siglo cuando ya el modelo agro exportador empezaba a mostrar signos de agotamiento.

Citando a Mario Rapoppot “Muchos economistas e historiadores sostienen todavía que las riquezas de la época agroexportadora fueron despilfarradas sin sentido a partir de los años 30, al promoverse la industrialización y la intervención del Estado, conduciendo así a la declinación económica del país, la inflación y la inestabilidad política que habrían imperado bajo el modelo de sustitución de importaciones, pero el análisis cuantitativo y cualitativo no les da la razón. El país fracasa, porque no completa su ciclo de industrialización no porque se intenta industrializar.”
Lamentablemente las políticas económicas actuales son claramente anti industria, sobre todo anti pymes. Una ceguera ideológica marca las acciones del actual equipo de gobierno pero sobre todo una ignorancia técnica y política que asombra. “El  mejor  equipo de los últimos 50 años”, atrasa décadas y quiere volver al modelo agro exportador. No entiende que el mundo está yendo hacia otro lado.


La nueva división internacional del trabajo

Hay que comprender el contexto global en que nos movemos, sus particularidades, continuidades y discontinuidades, cuáles son sus tendencias, etc. Hay que tener un diagnóstico preciso.  Resultará decisivo. Nos mostrara como las naciones se integran y/o luchan entre sí por los mercados, sus recursos, etc. Toda esta información es preciosa ya que nos permitirá tener una estrategia política y comercial de inserción en el mundo.

La nueva división internacional del trabajo se ha complejizado,  como las cadenas globales de valor, y nuevos actores, como los grandes consorcios de capital transnacional o las asociaciones  regionales de países.  Sin embargo muchos de sus aspectos siguen incolumenes, como la división entre países industrializados y otros proveedores de materias primas, países desarrollados y subdesarrollados, y una economía financiera globalizadora que perpetua el sistema global de desigualdad.
Es importante en este esquema la integración regional con los países latinoamericanos, tanto a nivel de mercados comunes, con una mayor escala, como la integración productiva y la búsqueda conjunta de nuevos mercados y nuevas exportaciones. Esta integración comercial y productiva debe avanzar hacia la integración política, social y cultural de los países del sur. 

¿Fin de una época?

El nuevo gobierno de Donald Trumps parece marcar el fin de una época. La salida de Inglaterra de la Unión Europea, las crisis en todos los países de Europa, que está poniendo  en riesgo a  la misma unión, el avance de los partidos de derecha en esos países, etc. Marcan que el mundo está girando, después de las crisis financieras de 2008 en adelante, hacia otros paradigmas.  Volvemos  hacia un mundo proteccionista, países cerrados sobre sí mismos, un proteccionismo comercial y sobre todo de defensa del trabajo local. En un mundo que continúa en crisis, no solo económico, sino también de crisis política. Las respuestas militares  y las agresiones de EEUU y Europa en Medios Oriente generan un estado de situación no demasiado optimista  para la próxima década. 

Elementos para una estrategia:

En este mundo complejo y en crisis es que debemos integrarnos,  defendiendo nuestra industria, el trabajo de los argentinos, nuestros mercados. Para eso hacen falta estrategias correctas y voluntad de llevar adelante estas políticas.

Los problemas internos del desarrollo económico son muchos. Arrastramos problemas estructurales de difícil solución. Además la herencia que deje este gobierno neoliberal será pesada. No se ira sin dejar graves problemas a las generaciones futuras. Por ejemplo  la deuda externa, que creíamos superada por las refinanciaciones de los Gobiernos de NK  CFK han vuelto, en una locura de endeudamiento acelerado para pagar gastos corrientes del Estado. Convirtiéndose  en una hipoteca futura y un cuello de botella para cualquier política de desarrollo, tal como lo fue en las décadas del 80/90. El daño en el entramado productivo no será menor, costara años volver a los índices de productivos, económicos y sociales de la década del 2005/15.

Pero volviendo  a las políticas de desarrollo surgen preguntas como que áreas desarrollar? Cómo? Con que recursos? Seguimos pensando en un programa de sustitución de importaciones? O ponemos el eje en una política de exportaciones  agregando valor  a los productos exportados? Cuál es el rol del capital internacional?  Cuál es el rol del Estado?,
Muchas  preguntas y pocas respuestas, sobre todo hoy en un mundo cambiante. Tal vez en unos años, cuando el nuevo rumbo se afiance, o no, tendremos más claro por donde caminamos y hacia dónde vamos, Pero hoy, vivimos en un tembladeral donde no hay certezas solo incertidumbre.

Sin embargo la historia nos ha dejado algunas lecciones.

·         Una economía cerrada y autosuficiente no es una opción viable. Es necesario pensar un proyecto que complete la sustitución de importaciones, que disminuya la dependencia tecnológica y sobre todo financiera. La restricción externa en Argentina siempre se ha caracterizado por un faltante de divisas para la importación de productos intermedios o energía para la industria liviana. Este proceso que se conoce como “Stop and Go” ha sido un cuello de botella en el desarrollo industrial durante los últimos 70 años.

·         Una economía moderna y en crecimiento debe   basarse en exportar valor agregado.
·         Desde ya un modelo productivo exportador  como el que planteamos debe basarse en el agregado de valor a nuestra producciones de alimentos. El potencial de crecimiento de este sector es muy alto, aunque no el único sector a promover.
·         Nuestra producción minera es hoy exportada, sin valor, siendo esto un verdadero latrocinio por parte de las empresas que se llevan la producción a precios irrisorios, dejando un daño medio ambiental de enormes proporciones y de difícil o imposible saneamiento. Los minerales debe salir de argentina con el mayor valor agregado posible.  El caso del litio, mineral estratégico para la fabricación de pilas y baterías para la industria electrónica e informática, con ricos yacimientos en el norte argentino, Bolivia y Chile, es un ejemplo de cómo se podría a partir de ese recurso natural desarrollar una industria.
·         Si bien pareciera que los mercados mundiales tienden a cerrarse con lo cual el comercio mundial  profundizara su recesión es necesario pensar y poner en marcha un programa de desarrollo de nuevas exportaciones o “exportaciones no tradicionales”, también conocido por industrialización por sustitución de exportaciones (ISE). Las exportaciones no tradicionales o nuevas exportaciones cumplen importantes funciones en el proceso de desarrollo económico del país, entre ellas las siguientes:
1)      apertura de la industrialización hacia ramas y renglones de mayor alcance en la dinámica de la producción, como son los artículos en proceso de producción (bienes intermedios) y los bienes instrumentales o de capital; esta nueva vía del desarrollo industrial elevaría el rango del país en el esquema de la división internacional del trabajo, consolidaría la capacidad de autosostenimiento de la producción interna y fortalecería la posición estructural de la balanza de pagos.
2)       diversificación del esquema de las exportaciones mediante la incorporación de nuevos renglones en crecimiento, contribuyendo de modo positivo a la reducción de la importancia relativa de las exportaciones tradicionales y, en consecuencia, mejorando la defensa comercial del país frente a las contingencias externas;
3)      creación de oportunidades para el aprovechamiento de economías de escalas crecientes,  en base de la utilización más completa de la capacidad productiva existente y de una expansión útil de esa capacidad en función de la demanda interna e internacional; en consecuencia de lo anterior, se propiciaría la baja de los precios en el mercado interno, con lo cual el ingreso real contribuiría mayormente al bienestar y se ampliaría la demanda global;
Ya están vigentes en varios países, sistemas de incentivos para impulsar las exportaciones no tradicionales, y van desde exoneraciones fiscales para los exportadores, pasando por primas de exportación, hasta un seguro para exportaciones; además de apoyo político en términos de la construcción de canales de comercialización

·         Estos objetivos deben se sostenido con políticas de largo plazo y con instituciones financieras que acompañen este proceso. La  creación de un Banco Nacional de Desarrollo como tiene Brasil, o como el supimos tener hasta la dedada del noventa que otorgue a la industria financiamiento de largo y mediano plazo; de una reforma de la ley de entidades financieras, que facilite la operatoria crediticia de los bancos; y también de una nueva ley de inversiones extranjeras, para que una parte de sus utilidades se reinvierta necesariamente en el país.
·         Deben plantearse políticas que favorezcan  al mismo tiempo tanto el sector externo y al mismo tiempo el interno, cuidando  la producción industrial y a los puestos de trabajo: Son necesarias políticas de protección y administración de los recursos., con el objetivo de tener  las importaciones necesarias para abastecer a la industria y no produzcan efectos no deseados sobre la producción nacional.
·         Alexander Hamilton en Estados Unidos y Fiederich List en Alemania hicieron, con la aplicación de medidas proteccionistas, que ambas naciones se transformen en potencias industriales. El  control de las importaciones debe ser llevado con criterio, y  transformarse en una verdadera política de planificación del desarrollo,
·         Debe tenerse en cuenta la mentalidad de nuestros industriales, que nunca pujaron por proteger sus propias industrias, son otros temas que deben contemplarse.  Este es un tema cultural que no debe soslayarse.
·         Promover un programa de investigación y desarrollo en ciencias y tecnologías asociadas al proceso productivo.

·         Un análisis de las economías emergentes del siglo XX y XXI  es que han basado su desarrollo en un tejido productivo basado en las  pequeñas y medianas empresas. Este armado Pyme fue y es  una base para sustentar y potenciar el desarrollo en todas sus esferas económicas y sociales. Este entramando pyme permitirá  la difusión de los avances a lo largo de toda la cadena productiva, sino también acelerar la generación de empleo e ingresos. 

·         Este último punto no excluye a las grandes empresas, sino que tienda a complementar e integrar  las empresas grandes con las pymes, potenciando el proceso de desarrollo. Es perfectamente viable una complementación constructiva entre ambos sectores.


·          La historia nos muestra que es necesario contar con un estado fuerte, con instituciones consolidadas. Un estado “socio”, que acompañe a los privados, conduzca el proceso, sea dador de premios y castigos. Los ejemplos de EEUU, Japón o Alemania o más cercanos los “tigres asiáticos”  muestran este camino.

·         Por ultimo tal vez el aspecto más importante pase por la construcción de un gran frente nacional y popular que nuclee a empresarios y  trabajadores, intelectuales, clases medias y profesionales, que movilice los recursos humanos y económicos detrás del gran objetivo de construir una Nación, desarrollada, con inclusión e integración social, pleno empleo y salarios en alza,  altos niveles educativos de su población, con fuerte inversiones en investigación y desarrollo científico tecnológico. Todo esto requiere consensos sociales, el planteamiento de objetivos comunes que superen los conflictos del momento. Una unidad de criterios y acciones que permitan sumar voluntades en un proyecto nacional común.

Pero esta es todavía una materia ausente en nuestra clase empresaria y política. Por eso se requiere de políticas  fuertes por parte del Estado.
Sin estado no hay Industrias y sin industria no hay Nación.


Foro en defensa del Proyecto Nacional y Popular

El Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, fue el invitado especial del primer Foro en Defensa del Proyecto Nacional y Popular, que contó con más de 250 militantes.