Un dos mil diecinueve tan lejos y una crisis tan cerca.


En dos años y medio de gobierno la sociedad civil esta movilizada en contra las políticas económicas del macrismo. Desde diciembre a la fecha, hubo numerosas marchas contra el macrismo y el FMI, que han ido poniendo limites a todo el gobierno.
Los errores en su política económica y el amplio rechazo social a los programas de ajuste están llevando a una crisis de envergadura. El gobierno  está varado y ha perdido la iniciativa. Navega en aguas muy densas, fracturado su frente interno, roto su relato que lo unía a algunos sectores sociales, sin promesas y sin horizonte, solo propone un programa de ajuste permanente. Después, en algún momento, en el futuro aparecerán los “brotes verdes”, la bonanza como premio a tantos sacrificios. Un mensaje que ya no  convence, a pesar del empeño de los medios militantes de construir ese relato y convencer  a la sociedad.

Esta realidad ha llevado al gobierno nacional a una caída vertiginosa en cuanto a imagen, aprobación e intención de votos: imagen negativa 60%, intención de votos que no alcanza al 30%, limite crítico para cualquier gobierno, según los politólogos.
El escenario es muy complejo, todos los esfuerzos del macrismo por recuperar lo perdido choca contra la realidad, la crisis económica continua y todos los pronósticos auguran su profundización. Lo peor para la estrategia del gobierno es que el plan de ajuste; negociado con el FMI,  afecta principalmente a la masa de votantes que permitieron su triunfo en 2015, jubilados, docentes, trabajadores calificados, pequeños comerciantes, industrias y de servicios, etc.
El escenario local es complejo y la única esperanza es que el año próximo, con mejores cosechas y precios internacionales,  el campo lidere una recuperación. Algo improbable; el valor de la soja hoy está en los 310 dólares, muy por debajo de los precios que tenía en la década pasada.
El escenario internacional se está complicando mucho, la guerra comercial ya declarada entre EEUU y China, Europa y Rusia en danza,  más los conflictos bélicos en medio Oriente, que pueden escalar en una guerra regional y hasta global.
Este escenario, no correctamente leído por el gobierno macrista, de cierre de mercados y alta volatilidad financiera ponen en jaque la economía argentina. The Economist, diario prestigioso en temas de economía internacional publico hace unos días que Argentina se encuentra muy debilitada para hacer frente a cualquier turbulencia en los mercados financieros.
El acuerdo con el FMI, lejos de solucionar los problemas, los agudizó, al imponer un ajuste brutal sobre la economía real también  generó  un fuerte rechazo social, que se está viendo estos días en las calles.  EL acuerdo con el FMI solo les dio un poco más de aire, un poco más de tiempo, antes de la próxima corrida cambiaria y más grave, una corrida bancaria,

El marketig, el “coucheo” de dirigentes, la comunicación política simplificada en fórmulas de buenos deseos, repetidas hasta el cansancio y el sonsonete de una prensa mercenaria y corrupta, que intenta tapar la realidad con discursos, gritos y debates armados, hoy ya no alcanzan.
El mal humor social crece a medida que pasan los días.
Todo hace prever que el ajuste se hará sentir en los próximos meses, por ende escalara la protesta social. Al gobierno solo le queda la represión de la protesta, al carecer ya de políticas de negociación y/o cooptación de los sectores opositores: pero la represión agudizara la protesta, en un ciclo espiralado de violencia política callejera.

Nadie en la política y en su sano juicio quiere eso, demasiada sangre ha corrido ya sobre las calles de la argentina. Sin embargo es un escenario posible dada la precariedad política del macrismo, la falta de consensos políticos para llevar adelante un plan de ajuste como el que planea.

Llama la atención que el gobierno esté siendo atacado por “fuego amigo”, las corridas cambiarias fueron productos de fugas de divisas echas por bancos como el JP Morgan, o el Deustch, ambos con funcionarios de primera línea en el gobierno, o la negativa de la Sociedad Rural de pagar retenciones, o liquidar los dólares de las últimas cosechas.
También es notorio, por ahora solo son operaciones de prensa, la construcción de candidatos y escenarios de reemplazo del presidente Macri, tanto para 2019 o en un escenario anticipado. Las operaciones de instalar a Lavagna como “piloto de tormenta de la crisis”, o la auto postulación de De la Sota como presidente de transición, las notas periodísticas como la de Fidanza en “La Política Online”, titulada “Rescatando al soldado Macri”, Rosendo Fraga y hasta el mismo Pagni, pidiendo a  gritos un acuerdo con el “peronismo racional”, léase gobernadores amigos, legisladores del peronismo federal y el Frente renovador de Sergio Massa, aun este último con sus tropas algo raleadas, en busca de apoyo y consenso para llevar adelante el ajuste. Todo lo anterior muestra la debilidad del gobierno de Macri, pero además la falta de confianza en su liderazgo por parte de los círculos del poder para afrontar lo que se viene.
Estos sectores temen un escenario 2001, de caos y violencia, pero más temen que al calor de una crisis profunda resurja la figura De CFK, tal como muestran las últimas encuestas. Por eso también algunos medios alientan una anti política, un “que se vayan todos”, un “todos son iguales”, etc. Un juego peligroso, en una crisis terminal similar al del 2001, la falta de dirigencia política que pueda rápidamente encauzar el conflicto puede llevar a una situación generalizada de violencia y anarquía.
Es interesante ver como los medios de prensa se apropian de los nombres y las palabras para la construcción de su relato: así el  algunos gobernadores, el bloque de Pichetto, más los diputados del Bloque Federal, más Massa y Barrionuevo son el “Peronismo”. En su relato el kirchnerismo no es peronismo, es mas no existe, no lo consideran. No es un actor en esta etapa. Un delirio total que muestra la ceguera ideológica de los grupos que hoy manejan el país.
Guste o no. CFK muestra hoy una intención de votos cercana al 40 %  en la provincia de Buenos Aires y una proyección nacional que estaría cercana al 27 % y creciendo.
Es probable que como dicen algunas encuestas tenga un techo electoral, producto de 12 años de gestión y el desgaste por medio de la calumnia, la mentira y la injuria de una prensa hostil y también la persecución por parte del Poder Judicial al servicio del gobierno y las corporaciones. Pero también los sondeos  vienen mostrando un lento, pero persistente crecimiento en su imagen al calor de la crisis, siendo la única figura que capitaliza la caída del gobierno.
Igualmente, en cualquier de los dos casos CFK es y será en 2019 un actor central de la política argentina, siendo candidata o gran electora en una fuerza opositora.

Algunos  gobernadores peronistas, apremiados por cajas deficitarias, el pago de sueldos y alguna obra pública han ido acompañando al macrismo. En algunos casos ese utilitarismo de apoyo se vio aceitado por debilidades ideológicas y otros por afinidades  con el modelo macrista. Sin embargo conociendo el ADN peronista, ninguno de ellos acompañara al macrismo al cementerio, seguramente irán despegándose rápidamente, antes que la crisis los arrastre también a ellos. Salvo por ahí Urtubey, que tiene su proyecto atado al macrismo y es más, espera sucederlo, siendo la cara prolija y peronista del ajuste. Según allegados cree que puede capitalizar el descontento y sumar muchos de los votos del macrismo.
Sergio “Ventajita” Massa juega el mismo juego pero intenta despegarse del macrismo, pero seducir al poder económico y las corporaciones que puede ser el candidato del modelo, cuando esta etapa estalle por los aires. El inconveniente de Massa es que se ha convertido en una figura poco confiable. Sus idas y vueltas, sus errores políticos, lo han hecho perder posiciones.
Larreta, Vidal y el, por ahora el caído en desgracia, Marcos Peña, son las figuras alternativas que tiene el macrismo de cara a las elección  de  2019.  Podrían serlo si se llegara a 2019 con cierta normalidad, sin embargo puede que una crisis se los lleve también a ellos,
Hay muchos jugadores en danza pretendiendo la presidencia dentro un espacio peronista opositor, Sola, Rodriguez Saa, Rossi, De la Sota, Capitanich, etc, pero juegan el juego que CFK les deja jugar. Cualquiera de ellos necesita su bendición para serlo.


Si CFK no es candidata, ¿sus votos son transferibles a algún otro candidato que ella apoye?, difícil saberlo, porque el kirchnerismo duro tiene un componente cerrado y sectario, pero el grueso es peronista y este electorado tiene una mayor fidelidad y verticalidad con la figura del líder.
2019 está muy lejos y la crisis demasiado cerca, cualesquiera sean tiempos futuros, viviremos  la lenta  agonía del proyecto macrista, y un  seguro triunfo de una alianza opositora, capaz de cabalgar la crisis y empezar a restaurar los daños que esta gestión causo al país y a su gente.

La política es construcción humana, por lo tanto esa alianza opositora amplia, que pueda tomar el gobierno pero sobre todo gobernar después, está todavía en pañales, si bien esta todo dado, las grandezas y las miserias humanas también juegan y condicionan la política.

Antonio Muñiz
11 de julio de 2018

Sin unidad no hay salida,



“La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer.”  Bertold Brecht
Renacerá mi pueblo de su ruina y pagaran su culpa los traidores”    Pablo Milanes

Argentina vive hoy, de la mano del gobierno macrista y el siempre presente FMI,  políticas de ajuste permanente de nuestra economía, acompañados por una voraz deuda externa y su consecuente fuga de capitales.
En dos años y medio el modelo capitalista financiero globalizante endeudó al país en 150 mil  millones de dólares, pero a su vez, en una mezcla de impericia, mala praxis y corrupción nos han sumido en una devaluación permanente, inflación y recesión. El modelo muestra hoy su agotamiento económico, pero sobre todo político, ya que en su voracidad extrema y su avaricia, la derecha neoliberal es incapaz de generar un proyecto de país que integre y contenga a la mayoría de los argentinos. Por el contrario es expulsivo; los sectores medios y de los trabajadores no tienen lugar.
Es evidente que el proyecto macrista está agotado, que corre en tiempo de descuento, que vamos hacia una crisis, que dejará daños profundos en el tejido social, económico, político y moral.
Como toda política imperialista de saqueo esta dejará tierra   arrasada, con millones de pobres, miles de industrias quebradas, una deuda eterna que nos condicionará por décadas, pero sobre todo dejará una república en ruinas, con instituciones caducas, desprestigiadas y corrompidas. La justicia, la fuerzas de seguridad, las empresa mediáticas, el periodismo mercenario, son solo ejemplo de la decadencia argentina. El neoliberalismo, transforma todo lo que toca en muerte y destrucción.
En este escenario es necesario generar una fuerza política nacional  que enfrente al modelo, que de la pelea desde la calle pero también desde la lucha ideológica y cultural, por la hegemonía, pero sobre todo por el poder.
Es necesario apelar a un concepto muy sensible en nuestra historia; la unidad nacional

¿Qué es verdaderamente la unidad nacional? ¿Es posible?
La consigna de unir a los argentinos tiene una larga historia en la política argentina.
La usó el radicalismo yrigoyenista, Forja en su lucha en la década infame, Perón escribió y la desarrollo, tanto en su gobierno como en la resistencia. El Perón, de la tercera presidencia, tan incomprendido,  hizo su último esfuerzo de consolidar una unidad nacional que pacificara a los argentinos y pudiéramos enfrentar la oleada golpista que asoló Latinoamérica a principios de los setenta.
Si bien es cierto que varios de los golpes militares en argentina la usaron como consigna y justificación de las asonadas, es una bandera del nacionalismo popular en sus diferentes vertientes.
Sin embargo el concepto de nación, patria, etc., post Malvinas,  fue poco a poco siendo descalificado, a partir de cierto progresismo de izquierda, que no entiende lo nacional y sobre todo a partir de la ofensiva del capitalismo imperialista de vaciar de contenidos nacionales, de negar su historia, olvidar las luchas populares, en los países sometidos. La ocupación y el saqueo imperialista vienen siempre de la mano de una colonización cultural que mine cualquier idea de pueblo y nación.
Como decía Bertold Bretch “Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio”.
Parece de perogrullo pero es indudable que Argentina necesita construir una fuerza política que tenga como premisa la defensa de la Patria y de su pueblo. Y que esa fuerza política tiene que tener como Norte la Unidad nacional, inserta en la Patria Grande latinoamericana.
La Unidad nacional para enfrentar al imperialismo y sus siempre dispuestas clases oligárquicas aliadas, pero insertos en la unidad continental.  La  historia nos muestra que los proyectos de liberación crecen y se desarrollan cuando son continentales. Un proyecto individual está condenado al fracaso.
La unidad nacional no es una cuestión abstracta, por el contrario es un acto de construcción política e ideológica. Debe ser multi sectorial, poli clasista e ideológicamente amplia. Requerirá de la participación activa del conjunto de los actores políticos y sociales que puedan expresar el más amplio abanico ideológico y cuyo objetivo es la construcción de un proyecto nacional y popular que sintetice los destinos de la patria y de su pueblo.
Debe ser una convocatoria a todos los argentinos que sienten amor por la Patria y creen que su destino está atado al resto de su comunidad, que nadie se salva solo, como dice el evangelio o que  “Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”, un viejo apotegma peronista. Bajo esta premisa amplia solo quedan afuera los mismos de siempre, las oligarquías, las empresas que lucran con el saqueo, todos aquellos argentinos que privilegian el interés personal por sobre el conjunto de los argentinos.
Esa construcción debe abrevar en nuestra historia, en las luchas populares, desde los caudillos federales, el yrigoyenismo, el peronismo, la resistencia y la  lucha del “Perón vuelve”, el kirchnerismo, todas expresiones, con aciertos y errores, del gran movimiento nacional y popular que viene desde el comienzo de nuestro ser como nación. No para hacer “arqueología” de las ideas, sino para hacer una nueva síntesis que nos permita lanzarnos hacia el futuro.
Las luchas de los últimos meses contra el  modelo neoliberal van plasmando un programa de gobierno alternativo: defensa del empleo y la producción nacional, fortalecimiento del mercado interno a través del aumento real de los salarios, recuperación de la inversión productiva, en desarrollo social, educación, ciencia y tecnología, poner freno al saqueo de nuestros recursos naturales, poner límite al endeudamiento irresponsable del macrismo,  soberanía en nuestras relaciones internacionales, etc,
Es necesario, además, la recuperación plena del estado de derecho, oscurecido por la ilegal detención de más de treinta presos políticos, siendo Milagro Sala el caso más emblemático y el  cese de las operaciones de persecución político-judicial - mediática hacia los dirigentes opositores.
Otro eje debe pasar por la democratización de los medios de comunicación. El monopolio del grupo Clarín, ha ido consolidándose en estos días, convirtiéndose en la empresa de mayor facturación en la argentina.
Una democracia no puede funcionar junto a una justicia corrupta, envilecida y cooptada por los servicios de inteligencia y los intereses de las corporaciones, ni tampoco con un monopolio mediático, el “verdadero poder”, dueño y señor de la información y las mentes de muchos argentinos.
Por supuesto este es un programa de emergencia, para paliar la crisis, en el mediano y largo plazo es necesario producir un cambio en la matriz productiva, dejando atrás el modelo agro exportador y desmontar todo el aparato legal, cultural y económico del neoliberalismo, que son herramientas de dominación.
Es necesario ir fortaleciendo y enriqueciendo este programa, ampliar las bases sociales y políticas,  generar consensos mínimos e ir dándole forma política a ese movimiento de unidad nacional.
Los nombres y los candidatos por ahora son lo de menos. La lucha ira generando también los nuevos dirigentes que encabezaran y llevaran adelante este proyecto.
El neoliberalismo nos conduce nuevamente hacia el caos. Será responsabilidad nuevamente de las fuerzas populares sacar a nuestro pueblo de su ruina. Hay que reconstruir la unidad nacional en un  un proyecto de liberación nacional y social. Sin unidad nacional no tenemos salida, sin unidad nacional no hay futuro.
Antonio Muñiz
3 de julio de 2018

Crónicas de un final.

El clima de protesta y malhumor social crece día  tras día. Viene creciendo dese hace dos años y medio prohijado por las políticas de ajuste permanente del gobierno macrista.
El contundente paro nacional de la CGT, fue un paso más en la protesta social contra el modelo neoliberal  del FMI.
Seguramente será el comienzo de una nueva etapa de lucha y confrontación.
En la medida que Macri eligió el acuerdo con el FMI como su política central y profundice las reformas neoliberales,  los sectores populares deberán actuar con más firmeza en defensa de sus derechos.

La grieta y el agotamiento del relato

Hasta diciembre de 2017,  el sistema político, social y mediático estaba atravesado por una “grieta” que partía en dos a la sociedad. Esa grieta existente desde los comienzos de nuestra historia, fue alentada y alimentada por el odio de clase de la burguesía dominante y las corporaciones mediáticas, a través de sus periodistas mercenarios, ante el avance de los sectores populares representados por el gobierno de Néstor y CFK. Un avance tímido, que no llego a tocar los verdaderos intereses de la clase gobernante, pero no tolerado por la élite, que se siente dueña del país.

Esa grieta que dividía en dos el país  fue alimentada por el propio gobierno primero como estrategia de campaña y luego como estrategia de gobierno. Construyeron y demonizaron un “Otros”, el enemigo Kirchnerista, “el populismo”, el mal absoluto. Y un “nosotros”, la gente capaz, bien vista, educada, racional, buena administradora, gente linda y rica. Eran una nueva derecha, moderna, democrática, eficiente, etc. Construyeron un discurso sencillo, que apelaba  a las consignas basada en el New age, en un individualismo extremo, en un liberalismo simplón, en un emprededorismo y una meritocracia, todo en mensajes vacíos, y como dice Duran Barba destinados a “un receptor de escaso nivel intelectual, sin capacidad de pensamiento abstracto, un individuo de una edad mental de 9 años”. A pesar de este desprecio por sus votantes, las técnicas de comunicación y marketing  fueron usadas con eficiencia. Por ejemplo la marca “Cambiemos” fue un hallazgo ya que lo convirtieron en un significante vacío, donde cada uno ponía lo que quería o deseaba.
Sin embargo, las técnicas de marketing que te ayudan a llegar al gobierno, no alcanzan para gobernar. El marketing y la comunicación no pueden  tapar la realidad, y menos la falta de política.
La estrategia general fue dando resultados hasta las elecciones de 2017, de ahí en más el macrismo aceleró su proyecto político de reformas de  las estructuras sociales, a partir de quitar derechos a los trabajadores y los jubilados, desarticulando sectores para ellos ineficientes como la industria pymes, bajando salarios y abriendo la economía al capital financiero internacional.
Cuando la oposición y la sociedad ganaron la calle en diciembre, con manifestaciones masivas a pesar de la represión estatal, el gobierno perdió la iniciativa a pesar de algunas victorias pírricas y quedó preso de sus propias contradicciones y de la inviabilidad de su proyecto político. Agravado por una pésima gestión de la economía, su escaso “timing” político para manejar el ajuste, los tarifazos y el endeudamiento, y una lectura sesgada e ideológica de la política internacional.
“Veníamos bien, pero pasaron cosas” dijo Macri en un reportaje. Y, si,  pasaron cosas, pasó la política y pasó la realidad.
Cuando se cortó en enero el flujo de dólares, todo el esquema “atado con alambre”  del macrismo se derrumbó.
La crisis se manifestó en las corridas cambiarias, devaluación, inflación, etc, sin embargo no fue ni es solo económica, también fue política.
La Alianza Cambiemos se quedó sin relato, las fórmulas que le permitieron gobernar dos años se desmoronaron, ya no tenían efectos los globos amarillos, ni las promesas vacías de un mundo feliz por venir y menos la demonización del kirchnnerismo, ni la pesada herencia.
Sin respuestas políticas, sin un plan económico alternativo, Macri quedo desnudo en medio del escenario, mostrando todas sus limitaciones y las de su equipo. Pasó de ser un estadista que nos proponía un escenario  individual y colectivo venturoso a dar consejos de cómo ahorrar energía. El “mejor equipo” paso a ser un conjuntos de “chicos bien” caprichosos, torpes y soberbios, que corrieron a meterse debajo de la cama cuando las papas empezaron a quemar
La salida, por ahora, fue arrojarse a los brazos del FMI para ganar tiempo y apoyo político para avanzar en las reformas estructurales que ya venían aplicando.
Perdida de la hegemonía 
Decíamos más arriba que a partir de diciembre de 2017  en la medida que avanzaron sobre la reforma previsional y laboral, a fin de bajar salarios y condiciones de trabajo y  bajar los ingresos  reales de jubilaciones y pensiones, fueron perdiendo consenso y adhesión en sectores medios y bajos, muchos de los cuales lo habían apoyado hasta ese momento.  El ajuste permanente, el traspaso de recursos de los jubilados de cien mil millones de pesos hacia las arcas de la gobernadora Vidal o el brutal tarifazo, un manotazo en los bolsillos de las clases medias hacia las empresas de energía, cuyos dueños son los amigos, socios o testaferros de Macri, son un saqueo a los trabajadores y sectores medios para beneficiar al capitalismo de los amigos.
Esta brutal transferencia de riqueza, en un mercado que se achica,  una alarmante concentración de la riqueza, una galopante deuda externa y una fuga de divisas hacia los paraísos fiscales, hacen crecer el mal humor y el descontento social, aun en franjas que votaron o apoyaron en su momento al gobierno. 
Las encuestas muestran esta realidad, la perdida de Macri y su gestión está entre un 65/70 % de imagen negativa.
La alianza Cambiemos construyó una imagen de sí misma,   de una “nueva derecha”: Democrática, republicana, respetuosa de los derechos humanos, eficiente, tolerante, dialoguista, generadora de consensos, hegemónica, etc.
Muchos politólogos,  analistas y  algunos políticos de la oposición compraron esa imagen, así como los mitos tradicionales, pero todos falaces, sin sustento histórico,  de la derecha liberal
Sin embargo, rápidamente mostró la hilacha, esta derecha es la misma de siempre, violenta, autoritaria, poco democrática, amoral, y sobre todo como sus antepasados, es una clase saqueadora, que construyó  su poder y fortuna sobre la sangre de indios y criollos, apropiándose de tierras y recursos del Estado.
Su modernidad pasa por las formas y herramientas, no tanto por el contenido. Su proyecto sigue siendo un país agro exportador, extrativista, y servicios, sobre todo financieros. Un modelo parecido a la chilena, pero inviable aquí porque excluye a millones de argentinos. En su precariedad política e ideológica, buscan un volver a una  Argentina pre peronista.
Su credo en la “mano invisible” del mercado como regulador de la vida social y económica, por ende el achique del  Estado en sus funciones, los debilita;  el mercado no se auto regula, no genera política, ni construye hegemonía, por el contrario solo destruye el tejido social y económico de un nación, afectando o dañando sobre todo a los más débiles.
Su incapacidad y a su vez su imposibilidad de construir consenso sociales que apoyen su modelo de país los convierte en una fuerza política peligrosa para la democracia. El descontento y la protesta social están creciendo, y es indudable que el conflicto escalara en la medida de la profundidad del ajuste. ¿Cómo manejara el conflicto en la calle? ¿Con Violencia y represión?
Sin dudas, que el apego por las formas democráticas y republicana no son su fuerte, por el contrario hasta el momento han avasallado a la justicia, colonizando el sistema con jueces amigos funcionales a sus políticas represivas, criminalizando la protesta social y política.   Treinta presos políticos en su haber, siendo el caso emblemático  Milagro Sala, o la criminalización de la protesta mapuche, con dos asesinatos por parte de las fuerzas de seguridad, son  ejemplo de persecución de la oposición real o potencial. Muestran en estos casos el miedo de clase que esta derecha tiene por la organización y movilización popular.
Su Discurso se endurece día a día; lejos quedaron los mensajes que anunciaban un futuro idílico de unidad para todos los argentinos. Al no tener relato, muestran su verdadero rostro, el de la derecha prepotente y excluyente. Así Vidal, sin “coaching”, se muestra tal cual es, le niega el derecho a la universidad a los pobres o cierra hospitales en los centros urbanos del gran Buenos Aires; Macri, mientras regala millonarios negocios a sus amigos, le niega a los trabajadores la posibilidad de usar gas o electricidad, Patricia Bulrich equipa a las fuerza de seguridad con tecnología de punta para reprimir la protesta social, mientras asesina a activistas mapuches desarmados.
El gobierno acordó con el FMI para salvar la coyuntura jaqueada por las corridas cambiarias producidas por sus propios amigos y socios, como el JP Morgan o el Deutsche Bank.  Ahora necesitan, ante el desastre causado por las políticas erráticas  del Banco Central que financiaron la fuga de capitales, garantizar a los que todavía están dentro del sistema (sobre todo los fondos buitres) una salida rentable. Los fondos que aporta el FMI solo servirán para financiar esta salida y la fuga de divisas. En el camino quedaran los encajes de los bancos, que servirán también para garantizar la salida de las Lebac, pero que nos dejara al borde de una corrida bancaria.
EL gobierno festeja en su falta de buenas noticias la declaración de “país emergente”, como si eso trajera las esperadas inversiones externas y lo único que garantizan es aumentar el saqueo de nuestra riqueza. En todo este plan macabro solo  les falta apropiarse de los bonos y acciones del Fondo de sustentabilidad del Anses. Van por él, rápido,  antes que todo se les derrumbe.
Y decimos plan macabro porque cuesta pensar que todo este desquicio económico y financiero sea solo una mala praxis, torpeza o ignorancia; más bien parece ser un plan metódico de apropiación de la riqueza de los argentinos por parte de la banca concentrada y  las corporaciones, y su posterior fuga hacia paraísos fiscales o casas centrales, dejando un país arrasado, con una economía concentrada en sus manos y endeudado por varias generaciones. La deuda funciona así, como limitante de cualquier intento de llevar adelante políticas o un programa distinto al modelo imperante.
El próximo gobierno deberá y tiene la obligación de llevar a todos estos funcionarios ante la Justicia. Ante una justicia que investigue en forma independiente tanto ante el poder político, pero sobre todo frente a las corporaciones, beneficiarios eternos de la corrupción institucionalizada.
Final anunciado
El gobierno macrista ha perdido la iniciativa, deambula sin rumbo, aplicando con entusiasmo un programa de ajuste, empobrecimiento de la población, mientras ellos y sus amigos generan negocios millonarios a costa del resto. 
Seguramente la inviabilidad del proyecto generará cada vez más irritabilidad y mal humor social. Este ajuste violento solo promoverá resistencia y violencia social.
Decíamos en artículos anteriores que el tiempo de Macri ya fue, corre por ahora con tiempo de descuento.
La derecha neoliberal es un tren que corre a toda velocidad, inexorablemente, hacia un paredón. Cuando eso ocurra dejara una vez más tierra arrasada, un pueblo empobrecido y endeudado por décadas.
Los sectores populares deben una vez más hacerse cargo de la crisis, primero para frenar esta política de saqueo y luego prepararse para gobernar y sortear la crisis.
Para ello hay que recuperar la política como arma de lucha, las respuestas  serán políticas. Hay que organizar la protesta, poner política y conducir el conflicto social.
Lo que viene no es bueno, el daño será grande, pero hay que organizarse y empezar a pensar el día después. ¿Cómo seguimos? ¿Cómo reconstruimos el país? Y sobre todos como cambiamos la matriz productiva de Argentina, que rompa el circulo vicioso de gobiernos populares versus gobiernos de derecha. El objetivo central debe ser romper la estructura legal, cultural y económica que da sustento al modelo neoliberal basado en agro exportación, commodities y servicios bancarios y financieros, implantado durante la dictadura militar y consolidado en los 90.
La historia continua, no es lineal ni esta predeterminada, la construyen los hombres día a día, ladrillo a ladrillo. Hay que prepararse para ser protagonistas de esta etapa o resignarnos a ser meros espectadores de la decadencia argentina.

Antonio Muñiz
Presidente del Partido Justicialista- Luján 
26 de junio de 2018

La primacía de la política.



                                                                                            Por
Antonio Muñiz
Marea  Verde
 La Cámara de Diputado de la Nación dio media sanción a la ley de despenalización del aborto en una votación ajustada. Afuera una multitud hacia una vigilia durante horas, en espera de la votación. Tal vez el hecho político de estos días es el movimiento feminista que está poniendo sobre el tablero una nueva agenda de derechos para la mujer.
La media sanción de la ley es un triunfo que marca la nueva realidad. Es contra factico, pero es muy probable que sin esa manifestación callejera de mujeres la ley no hubiera sido aprobada.
La presión de la gente movilizada en la calle logró en principio que la mayoría de la Cámara de senadores expresaran que la ley tendrá sanción definitiva cuando pase por esa cámara. La calle ganó la pulseada a la burocracia política. Algo que no estaba en lo cálculos de nadie.

Garantizar la gobernabilidad

Días atrás el senado transformó en Ley el proyecto aprobado en la Cámara de Diputados para retrotraer las tarifas a los valores de fines del 2017. Inmediatamente el Presidente Mauricio Macri vetó la nueva legislación.
Todo sigue como estaba antes del debate, el gobierno privilegió los intereses de las empresas, cuyos dueños son amigos y en algún caso testaferros de Mauricio Macri. Seguirán ganando millones por mes apropiándose de gran parte de los ingresos de los sectores medios y bajos. Un verdadero saqueo a los asalariados.

Más allá de la ley y de consideraciones éticas y políticas el veto presidencial es una atribución que la Constitución da al presidente de la república.
Podemos traer otros ejemplos anteriores, cuando la “oposición peronista” o así autodefinida votó y avaló todas las medidas propuestas por el PE en cuanto a pago a los fondos buitres, o avalaron por acción u omisión el escandaloso endeudamiento externo o callaron ante escándalos como el arresto político de Milagro Salas, el hundimiento del Ara San Juan o el asesinato de Santiago Maldonado.   

Existe y siempre ha existido una lógica “política institucionalista”, el ejemplo más notorio de esa lógica es el Senador Pichetto que pasó de presidir el bloque kirchnerista del senado a ser el “Hombre de estado” que garantiza la gobernabilidad, a ser el principal sostén de la Alianza gobernante durante los primeros dos años y medio.
Por supuesto que esta lógica esconde detrás  de ese discurso institucional y defensa de la república, una política de roscas y contra roscas, reparto de cargos, canonjías, obras públicas y muchas veces aporte del tesoro para que algún gobernador amigable pueda pagar los sueldos en tiempo y forma. Es política de palacio, que a su vez esconde políticas de clase y de intereses económicos y empresarios no siempre visibles.
Es cierto y es posible verlos y oírlos a algunos legisladores que asumen un papel de opositor férreo, un defensor o un tribuno del pueblo. En general son casos aislados, algunos de ellos son de partidos de izquierda, otros más aislados todavía son parte del kirchnerismo, Ni unos ni otros mueven el amperímetro social. Es mas sobre todo la izquierda termina siendo funcional al modelo que pretende cuestionar, ya que al no tener políticas de toma del poder se convierten en una minoría simpática aunque un poco molesta. Distinto es el caso del  Kirchnerismo, que si tiene una política y una praxis de poder que el régimen abomina pero sobre todo teme. Igualmente en estos dos años y medio no ha sido una oposición fuerte, más allá de los declamativo. Quedó preso del discurso del adversario, no quiso ni quiere aparecer como el que pone palos en la rueda, el que atenta contra la gobernabilidad y por lo tato navega en aguas poco profundas sin hacer grandes olas.
A la CGT en particular y al movimiento obrero en general lo pasa algo parecido no han querido ser la oposición en serio, no quieren ser acusados de golpistas ni destituyentes. Ese análisis más el miedo a terminar presos como Pedraza, Zanola o el Caballo Suarez los obligo a una política complaciente y en muchos casos cómplice del gobierno.
Ninguno de ellos, sobre todo alguno de los miembros del triunviro, se animó a ser el Ubaldini de la etapa.

Cuesta abajo

Pasada las elecciones de medio término donde el macrismo ganó cómodamente y sintió que tenía el camino libre para la reelección de Macri en el 2019. Así creyendo que le habían dado un cheque en blanco avanzó en diciembre con la reforma previsional y laboral, dos reformas claves para su modelo.
Sin embargo nuevamente la calle fue la caja de resonancia de la política. Masivas marchas y movilizaciones acontecieron en el mes de diciembre. Si bien el gobierno pudo, con el apoyo de los bloque opositores,  aprobar la reforma previsional no pudo y tuvo guardar para tiempos mejores la reforma laboral.
Las movilizaciones populares hicieron retroceder al gobierno. Si bien algunas marchas fueron reprimidas formas violenta, la represión no pudo parar la voz de la calle. Macri pagó un alto costo por esa ofensiva reformista y ya nada volvió a ser como antes.
Comenzó allí una cuesta abajo, lenta e inexorable.
Las inconsistencias del programa económico eran visibles para cualquier persona medianamente informada. Las consecuencias de los errores de diagnóstico, el brutal aumento de tarifas para beneficiar al capitalismo amigo, el quite de retenciones al campo y a la minería, la quita de impuestos a los sectores más altos ingresos, más por otro lado una devaluación inicial, un endeudamiento feroz e innecesario, un quita de salarios, inflación, despidos, llevaron a un modelo que solo era sostenible en el tiempo con endeudamiento. Cuando este se cortó, se acabó el flujo de dólares y comenzó la corrida que sigue hasta nuestro día.
El gobierno sigue corriendo de atrás a la crisis y a la devaluación diaria, mientras se ata al FMI y plantea como solución un ajuste más feroz. Los caminos que nos condujeron hasta esta situación no nos van a llevar a la salida, por el contrario van a profundizar la crisis con un costo social y económico suicida para el país.
El macrismo es hoy un conductor autista, corre detrás de los acontecimientos y de los mercados sin atinar a gobernar, así sigue quemando capital político aceleradamente y arrastrando a sus aliados y principales figuras.
Rotos los pactos de palacio con la “oposición”, intenta obtener gobernabilidad a través del acuerdo con el fondo. Sabe que para profundizar el ajuste necesita apoyo político y con lo que tiene ya no le alcanza, por eso busca alianzas con grupos económicos locales como la UIA, Techint, etc y desesperadamente con gobernadores “amigos” y sus legisladores.
Si bien la “oposición amigable” le dio una mano al gobierno al no dar quorum a la sesión que debía tratar el acuerdo con el FMI, todo hace parecer que el peronismo en su conjunto se va a ir alejando del gobierno en la medida que se acerca el 2019 y la crisis se agudiza.

A pesar de que a los economistas no les gusta reconocerlo la economía es básicamente política. Todo se reduce a la política.
El gobierno está inmerso en una crisis política que el mismo generó y que por limitaciones ideológicas e intereses de clase no puede resolver.
Este gobierno inventó una crisis que no existía para justificar el ajuste a los sectores populares, y por su avaricia por los negocios y su incapacidad política genero un plan de gobierno que era y es inviable políticamente, no solo excluye a millones de argentinos, sino que deja afuera a muchos de sus posibles aliados.
Las relaciones sociales están siempre atravesadas por relaciones políticas, esto es, por relaciones de fuerza, conflictos de poder, tensiones entre grupos con intereses contrapuestos, cada uno de los cuales pugna, desde posiciones que rebasan ampliamente el marco político formal, por construir un determinado ordenamiento social y no otro.
Por ende siempre hay un elemento sustancial,  precisamente la dimensión política en sentido amplio, es decir, no reducida al terreno “formal”, “institucional”, estatal-partidario, sino extendida a toda la sociedad.
Este es el cuello de botella de las concepciones neoliberales. Al plantear la economía sobre la política, error común del marxismo ortodoxo como del liberalismo económico, hay una variable fundamental que no ven, la dimensión política. 

La política y la calle:

Como decíamos más arriba la política atraviesa toda la sociedad. Por lo tanto una visión que solo tenga en cuenta lo formal- institucional, o lo estatal – partidario carecerá de eficacia, la política también se juega en la calle.
Las movilizaciones populares y todos los intentos de organización social, fueron siempre demonizados por el pensamiento hegemónico y  los medios de comunicación. El Pensamiento que inyectan en la sociedad es que no sirven, que nada se logra, que son la expresión de grupos minoritarios y violentos.
Sin embargo Argentina tiene larga historia en este sentido, desde las movilizaciones en la semana de mayo de 1810, que forzaron la salida del Virrey y aceleraron la ruptura con el modelo colonial, hasta el 17 de octubre de 1945, que hicieron irrumpir a los trabajadores a la escena política, las movilizaciones populares de fines de los sesenta y comienzo de los setenta, la movilizaciones en defensa de la democracia en los ochenta, la lucha en las calles del 2001, ante la crisis del modelo neoliberal, las marchas contra la ley del 2 x1, y más recientemente en diciembre de 2017 que pusieron un límite al “reformismo” neoliberal del macrismo.
La calle fue el escenario de todas las luchas populares.
Es indudable que el ajuste que plantea el gobierno y hoy acordado con el FMI está generando un profundo malestar social, existe un mal humor social en aumento, ante la funesta realidad que nos plantea el ajuste permanente: tarifazo, inflación, devaluación, recesión, despidos, cierre de empresas, una situación económica y social que poco a poco va asfixiando a la sociedad. La respuesta, ante la falta de políticas opositoras que pudieran poner freno al macrismo, fue la protesta, la movilización, la organización de base, etc, Así la dinámica del conflicto fue creciendo y extendiéndose. Hoy son numerosos los focos de conflicto en el interior, por ejemplo Jujuy, Chubut o Neuquén, hasta la propia Buenos Aires. La marcha federal de hace una semanas fue ejemplo de la masividad del daño que el modelo neoliberal está haciendo en todo el entramado social y productivo del país.
Todo hace suponer ante la agudización de las medidas de ajuste que la dinámica del conflicto se retroalimentara. Estamos ante un paro general en unos días, que seguramente será light porque  la dirigencia de CGT fue forzada por las bases y la realidad a llevarlo adelante, sin estar convencida de ello, pero es un paso importante en la lucha de los sectores populares.
Decíamos en un artículo anterior que las luchas y movilizaciones sectoriales, por muy legítimas que fueran, muchas veces no alcanzan los objetivos deseados, provocando un desgaste y desmoralización de la militancia que no ve resultados concretos, la mayoría de las movidas sectoriales no hacen mella en el gobierno.
Sin embargo también sostenemos que estamos ante un enemigo muy poderoso, que cuenta con fierros para la represión, los medios de comunicación para tergiversar la realidad y una justica corrupta y cooptada para criminalizar la protesta política y social, es necesario actuar con inteligencia y paciencia. La lucha puede ser larga y prolongada. Es este marco una acción coordinada de ganar la calle, movilizar, organizar, avanzar, golpear y retroceder para volver a organizarse y volver a golpear, desgasta al poder, pero requiere de unidad, organización, tiempo y paciencia.

Ríos subterráneos.

La crisis política y económica esta, se va a profundizar, porque la lógica de ajuste y saqueo va a persistir. El conflicto va a escalar como respuesta de la sociedad.
Ahora las pregunta que debemos hacernos es ¿podemos generar un movimiento político que dé respuesta a todos los reclamos sectoriales? ¿Podemos generar un proceso de unidad de todos los sectores populares que pueda frenar primero y derrotar después el avance neoliberal conservador? ¿Puede ser la calle el ámbito  donde se de esa síntesis?
Muchas preguntas y pocas certezas, ya que las respuestas las tiene que generar el propio pueblo en lucha.
Nada van a venir de dirigentes providenciales ni mesiánicos. Nada va a venir de acuerdos de dirigentes de cúpula.  Lo que surja será el fruto de la militancia y del  pueblo organizado. Lo nuevo tiene que venir de abajo hacia arriba.
En principio como hemos sostenido anteriormente en otros artículos que las reivindicaciones sectoriales sumadas no constituyen en sí misma un programa alternativo. Para nosotros desde una lógica peronista es necesario un proyecto más amplio, abarcador, que contenga esas reivindicaciones sectoriales pero a su vez las supere en un proyecto nacional, que tenga como objetivos la integración latinoamericana, la inclusión social, la independencia económica, la liberación de la patria, etc.
Se debe trabajar mucho desde la política con la militancia y con el pueblo organizado para  lograr  unidad de acción y unidad política, que sintetice en un movimiento nacional y popular que pueda  enfrentar y derrotar a la alianza hegemónica.
Seguramente, como venimos sosteniendo la batalla final para frenar el proyecto neoliberal será en las calles, para luego derrotarlos rotundamente en las urnas,
Para ello debemos construir ese proyecto político, hoy ausente, pero latente en nuestra historia y nuestro inconsciente colectivo, que pueda pensar la realidad desde modelos propios, pensarnos como una nación y un pueblo integrado a la Patria Grande, con una visión universalista, como planteaba Perón
No basta con la crítica puntual, ni con la creencia de que nosotros lo haríamos mejor,  es necesario cuestionar el modelo neo liberal vigente y las instituciones políticas y  estatales que le dan sustento;  construir una democracia social, directa y participativa y una sociedad donde el hombre sea el centro de todas las cosas, donde la economía este supeditada a la política y ambas al bienestar general.
Claro que no es simple, tal como lo demuestran la experiencia social y política, pero ese es el desafío que nos plantea la historia,

La historia muestra que  muchas veces las ideas y los cambios van como ríos subterráneos, se van formando, creciendo y tomando presión, hasta encuentran un espacio libre y salen a la superficie con la fuerza de una inundación.
Tal vez estamos en ese proceso, que no vemos, pero que todos con nuestro trabajo diario estamos alimentando.


Antonio Muñiz
20 de junio de 2018


Algo huele mal en Luján, una ciudad abandonada a la buena de Dios


Lamentablemente los vecinos de Luján vemos una ciudad cubierta de basura producto de más de dos meses de conflicto con los trabajadores municipales. Basurales a cielo abierto en las calles, incluido el centro comercial, que ve desbordados los contenedores que el municipio puso de apuro, para paliar el problema.

El conflicto lleva larga data por la incapacidad del gobierno de la alianza Unión Vecinal, Pro y UCR, de dar una respuesta medianamente satisfactoria a los trabajadores.

La situación es grave, pero esto es resultado de un largo proceso de decadencia del gobierno local.


Un intendente ausente en el sentido más literal del término. No está, no se ocupa, no va siquiera al municipio. Por ende, una gestión municipal que está paralizada, no hay equipo, no hay funcionarios que cumplan su tarea, funcionarios de jerarquía que van tres horas por día al municipio o el secretario de Obras Públicas, que en medio del conflicto de la basura, se fue muy campante a Rusia a ver el Mundial.

Para agravar más la situación, Luján es el principal polo textil en tejido plano del país, trabajan en la actividad más de 5000 personas, más todo el trabajo indirecto que esta industria genera. Este sector está en una crisis muy seria, víctima de las políticas económicas del gobierno nacional, contra las industrias Pyme. La principal empresa del Parque Industrial Flandria, productora de telas para jean, cerró sus puertas por 30 días.

En este caos económico y productivo que vive  Luján, la gestión del intendente Luciani tiene un comportamiento autista. No se ocupa de nada y no da respuesta alguna a los problemas. Muchos, producto de la crisis que vivimos, pero muchos otros de larga data, que el gobierno arrastra sin darle respuesta, haciendo que casi nos acostumbremos a ese estado calamitoso de la ciudad. Entre otros: la planta depuradora sin funcionar, la Terminal de colectivos en franco deterioro, falta de inversión y  trabajos en la cuenca del Rio Lujan, con el riesgo de las inundaciones, toda la zona turística ribereña abandonada, esperando un plan de desarrollo turístico que anuncian año tras año, pero que nunca implementan.

Así, la municipalidad arrastra un déficit de más de 240 millones de pesos, no puede pagar los sueldos y lo hace en cuotas; llena la planta de personal con ñoquis y militantes de Cambiemos, contrata un número exagerado de funcionarios con sueldos muy altos y desmedidos. Todo esto hace un cóctel complejo para el futuro de Luján.

Las desprolijidades de gestión van en aumento, un ex secretario de Economía y actual concejal en juicio oral y público por comprar(se) alimentos secos a una empresa de su propiedad, en una clara flagrancia de hacer negocios estando en los dos lados del mostrador.

O lo más grave, la instalación de una usina termoeléctrica, en un barrio de Luján, violando toda la normativa vigente, que prohíbe en todo el partido de Luján empresas contaminantes de 3ra. categoría. Todo el trámite administrativo y su paso por el HCD muestran el desprecio de esta gestión hacia la ciudadanía y también a todo precepto ético y legal. El colmo de la arrogancia y la desfachatez, fue llevar patotas al concejo deliberante para amenazar a la oposición o lanzar una campaña de desprestigio y calumnias hacia aquellos concejales que no se fueron “permeables” a los dineros de la  empresa, ni se dejaron amedrentar por las patotas.

Un verdadero mamarracho político y administrativo que muestra la impericia de los funcionarios y en algún caso sospechas de venalidad en muchos de ellos.

La lista de problemas que arrastra Luján es larga y en algunos casos muy complejos de resolver, dado el deterioro creciente por falta de políticas y de gestión adecuada:

Medio Ambiente, Seguridad, el estado calamitoso de un hospital municipal convertido en una “caja negra” para recaudar para un sector del radicalismo local; la falta de servicios públicos esenciales en barrios y localidades y, entre otras cosas, las obras iniciadas para la campaña electoral de 2017 y no terminadas, siendo esto una verdadera estafa a la población. Por ejemplo, la continuación de la remodelación de la calle San Martin, que quedó paralizada o más grave aún, las obras prometidas en el barrio Ameghino, iniciadas y canceladas al mes, por falta de presupuesto. Todo muestra una improvisación que asombra y asusta, porque les quedan todavía 18 meses de gestión.

Todos los vecinos de Luján tenemos la sensación de que esto no va más, que es necesario dar un giro y dar vuelta esta situación de decadencia material, pero también moral y ética que sufre nuestra localidad.

Una de las ciudades más hermosas de la provincia de Buenos Aires, bendecida por la presencia de la Virgen de Luján, capital histórica del mini turismo, con un calidad de vida envidiada por otras ciudades de la región, está hoy convertida en un gran basural, arrastrando los problemas de una conurbanización creciente, todo fruto de una gestión ineficiente, que no entiende los cambios políticos, sociales y demográficos que estamos viviendo y sufriendo: que no tiene un diagnóstico preciso y por lo tanto no hay planificación.

Hoy la gestión municipal en general requiere de una mirada distinta, una visión global para dar respuesta integrales a los problemas. Los municipios no son sólo prestadores de servicios de recolección de la basura, la limpieza o el mantenimiento de calles. Esa es la visión tradicional y pasada de época que tiene y lleva adelante Cambiemos.

Hoy una gestión municipal debe dar respuestas en Salud, con criterios de salud pública que le den sustento y  no ser considerada un “gasto”; debe tener una política de Seguridad ya que, instalar dos camaritas más -que seguro son negocios de algún funcionario- o poner un policía retirado a cargo, no es tener política de Seguridad. En una crisis económica como la que viene a Luján, encabezada por el sector Pyme industrial -sobre todo textil- es necesario que el municipio implemente políticas para al menos paliar los gravísimos efectos directos que se producirán y acompañar a los sectores dañados por las políticas nacionales anti pymes. También la cultura y la educación hoy son áreas de incumbencia de un estado municipal que debe ser un actor presente y activo, gran articulador de los recursos humanos y materiales con que cuenta la sociedad en función de resolver los problemas comunitarios. Para todo esto hace faltan funcionarios capacitados, con formación y experiencia en administración municipal, pero sobre todo, con conciencia social y compromiso con la comunidad. Un cargo en la función pública no es una “beca”, es una responsabilidad que se asume ante sí y ante los demás.

Luján necesita planificación, pero debe ser participativa, donde sea la comunidad la que defina hacia dónde vamos y qué Luján queremos para las próximas décadas.

La gestión Luciani aún está a tiempo de torcer este rumbo, debe modificar muchas cosas pero sobre todo, y en principio, necesitamos un Intendente  que dé la cara, que esté presente haciéndose cargo de su responsabilidad. Además debe transparentar su gestión, ya que lamentablemente hay muchas áreas sospechadas de serias irregularidades, y no sólo la “termoeléctrica”, existen y es “vox populi” en la municipalidad “cajas” para financiar la política de seudos candidatos o grupos políticos minoritarios.

Si no hay un cambio, la figura del Intendente de estos días, recorriendo los pasillos de los tribunales de Mercedes, podrá hacerse lamentablemente muy frecuente.


Antonio Muñiz
Presidente del Partido Justicialista. Lujan


“Tiempo de tormentas”



En estos días el gobierno firmó el acuerdo con el FMI por 50 mil millones de dólares. Este hecho marca varias cosas que deben ser evaluadas con seriedad, porque condicionan el futuro de corto y largo plazo.
-          El gobierno quemó sus naves, ya no tiene vuelta atrás. Se acabó el relato y el supuesto gradualismo. De aquí en más debe profundizar el ajuste y la reestructurar económica y productiva del país a los designios del FMI, el Consenso de Washington y los grupos concentrados de la economía argentina.
-          Ese ajuste pactado con el fondo significa un ajuste salvaje sobre los sectores medios y bajos de la sociedad, las Pymes, el comercio y casi todos los sectores asalariados ligados al mercado interno.
-          De más esta decir el alto costo que pagarán estos sectores y el consecuente daño sobre todo el tejido social y productivo que generará este acuerdo. Lo más grave es que, además, condicionara también las generaciones futuras. Argentina tiene varios recuerdos todavía frescos en la memoria,  y si no, hay que ver el resultado de estas políticas en los países donde se aplican.

-          Muestran también la incapacidad manifiesta de la clase política tradicional. La UCR es socia y cómplice del gobierno de Cambiemos y gran parte de la dirigencia política y gremial del peronismo se comporta como le pide el sistema: ser una oposición seria y moderna, que garantiza la gobernabilidad. Para ser más sencillo, por acción u omisión, la dirigencia peronista se convierte en cómplice del modelo de saqueo y destrucción. La dirigencia de la central obrera muestra en estos días su lado más genuflexo ante el  poder, traiciona a sus bases y a la patria.
-          Los sectores de izquierda deambulan como siempre entre su autismo ideológico y su anti peronismo militante, que los termina alejando de los sectores populares que dicen o quieren representar. Al no reconocer a su enemigo principal, la oligarquía y los sectores concentrados, terminan volcando su energía militante, que la tienen, en un anti peronismo pueril y asociándose muchas veces con los enemigos del pueblo trabajador. El ejemplo más notorio aunque no el único, fue el apoyo de los partidos de izquierda al “campo” durante el conflicto de la 125.
-          Las políticas de ajuste han generado muy diversas  manifestaciones sectoriales de repudio por parte de sectores afectados y dos grandes movilizaciones multitudinarias. El 25 de mayo, bajo la consigna “La Patria está en peligro”; la otra reeditó una idea y el nombre de una convocatoria  de la década del 90, la Marcha Federal.
-          La primera, si bien muy numerosa, fue convocada formalmente por artistas y algunos dirigentes sociales, congregó en su mayoría al kirchnerismo disperso, algunas organizaciones sociales y barriales, gremios alineados o cercanos al kirchnerismo.  Fue un acto fuerte, con discursos contrarios a los acuerdos con el FMI. Por los menos en las primeras imágenes se vio mucha gente suelta, de clase media porteña y del primer cordón.
-           La segunda movilización se convocó a partir de los movimientos sociales: CETEP, Movimiento Evita. Barrios de Pie, agrupaciones de izquierda y gremios como Camioneros y Bancarios, etc.  Se hizo evidente la participación de organizaciones muy ligadas al Papa Francisco.
-          Resultó notorio en ambos actos que la dirigencia gremial y política no subiera a los escenarios, salvo excepciones, y vieran los actos desde la multitud.
-          Además, en ambos casos quedó evidenciada la falta de conducción del conjunto y la de un proyecto común convocante. Las consignas contra el FMI no alcanzan para conformar un espacio opositor mayoritario frente a la alianza gobernante.
-          Es justo reconocer que así planteada la lucha en las  calles desde posiciones sectoriales o reclamos puntuales, por más valederos que estos sean no alcanzan a mover el amperímetro de la realidad social y política.
-          Lamentablemente, terminan siendo expresiones catárticas por parte de sectores de la sociedad que se sienten agredidos por las políticas gubernamentales, que no esmerilan al gobierno y que, a veces, logran el efecto contrario al adherir al gobierno a sectores que se ven agredidos por los cortes, el caos en el tránsito y el desorden generalizado.  
-          Es indudable que la crisis de la economía es muy grave. El acuerdo con el Fondo y las políticas de salvataje del último mes fueron victorias pírricas, ya que con un muy alto costo no solucionaron los problemas, sino simplemente los postergaron. Por lo que es de prever una escalada en la conflictividad social.
-          Y por la tanto hay que esperar una escalada de la represión gubernamental para controlar la protesta. Hay que tener claro que la derecha gobernante es una derecha violenta y represiva, que no ahorrará sangre popular para mantenerse en el poder y sostener su esquema de negocios. Es la misma clase que masacró los gauchos del interior en el siglo XIX, peones en la Patagonia en el siglo XX, bombardeo Plaza de Mayo en 1955 o “desapareció” a más  30 mil militantes populares durante el Proceso.
Un poco de prospectiva:
Debemos construir y analizar posibles escenarios futuros sobre el devenir político, económico y social, para poder diagramar acciones, tácticas y una estrategia política de enfrentamiento con el modelo de restauración neoliberal conservadora.
  1.  El ajuste salvaje a implementar por el gobierno irá alejando y radicalizando cada vez más a los sectores agredidos, esto agudizara el conflicto y la presencia de protestas populares en la calle. La represión estatal, que sin duda aplicará el gobierno para disciplinar a los revoltosos, hará que el conflicto crezca exponencialmente hasta que haya movilizaciones masivas que nucleen a los obreros agremiados, movimientos sociales, juventudes, clase media y sectores de la pequeña burguesía, como empresarios Pymes o comerciales que hagan caer al gobierno de Macri.
  2.  El mismo escenario, acelerado por una crisis económica interna, producto de la inviabilidad del modelo gobernante y la impericia de los cuadros de gobierno.
  3.  El escenario anterior se ve agravado por la agudización de las crisis internacionales de EEUU, Europa y la guerra en Medio Oriente.
  4.  Políticas de ajuste, protestas sociales en escalada, represión sobre la protesta, situación de caos permanente pero que, el gobierno puede manejar como hasta ahora y le permita llegar, aun desgastado, a las elecciones de 2019, con Macri a la re elección o en su defecto alguno alternativo que garantice la continuidad. EL más evidente es la candidatura de María Eugenia Vidal, pero no la única.
Por supuesto que en la realidad pueden acontecer estas y otras variantes mezcladas de las mismas. Un escenario que sectores del poder económico barajan es que cuando el ciclo macrista se termine, es necesario que el peronismo sea el garante de la continuidad del modelo. Para eso instalan figuras como Urtubey o Massa, como referentes de “un peronismo moderno y serio”.
Es cierto que sectores importantes de la oposición ven como escenario el 1ro. con una salida anticipada de Macri en helicóptero. Que una gran movilización popular se exprese en las calles y obligue a una fuga del macrismo.
A priori, todos estos escenarios y algunos otros más apocalípticos pueden parecer factibles, dada nuestra experiencia histórica y la profundidad del colapso financiero y de la economía real a que nos llevarán las políticas del macrismo y del FMI.
Hay que tener claro que enfrentamos a un enemigo muy poderoso. La alianza gobernante está compuesta por un partido político con estructura nacional como la UCR; un partido como el PRO, que es una usina de dirigentes y cuadros medios formados en la lógica empresarial, los sectores de la economía más concentrados, el sector bancario financiero, los medios, etc, que manejan con destreza, por lo menos hasta ahora,  los resorte de la justicia, la prensa, los aparatos de represión, etc.  Hay que sumarle a eso su alianza con EEUU y los regímenes de derecha del mundo y enancados en una oleada neo conservadora que tiene peso sobre todo en Latinoamérica.
Como decía un viejo director técnico “uno puede plantear la mejor estrategia en el pizarrón, pero no hay que olvidad que el otro equipo también juega”.
De la protesta sectorial al movimiento nacional y popular.
Decíamos más arriba que las protesta callejeras, algunas muy numerosas, muestran las limitaciones de estas políticas. La manifestación de diciembre contra la reforma previsional y laboral fueron exitosas porque hicieron retroceder al gobierno en la reforma laboral y le hicieron pagar un costo muy alto por la reforma previsional, a pesar de que fue aprobada.
Si bien hay que tener  claro en la lucha política callejera todo suma hacia el objetivo final; que en etapas de resistencia hay que pensar la política como una “guerra de guerrillas”: golpear al retroceder y volver que a golpear, buscando el agotamiento y el desgaste  del enemigo.
Sin embargo, como señalamos más arriba,  las últimas movilizaciones  dejan como corolario,  que este tipo de manifestaciones sectoriales, por más legítimas que estas sean, contra un enemigo tan poderoso, son insuficientes y a la vez peligrosas para las fuerzas populares, porque implican un fuerte desgaste de la tropa propia, y una causa de desmoralización sino se ven resultados rápidos.
Perón decía en Conducción Política “El principio de la economía de fuerzas establece como condición fundamental para vencer en la lucha política que es necesario ser más fuerte en la acción, en  el momento y en un el lugar donde se produce la decisión”. Juan Domingo Perón
O más claro: “El principio de la economía de fuerzas consiste en ser más fuerte, vale decir, en dominar la situación política en un lugar y en un momento: en el lugar donde sea  decisiva y principal.”
La unidad del campo popular (1)
La unidad de las fuerzas populares es requisito indispensable para conformar una coalición política potente, que pueda enfrentar a la alianza hegemónica.
Pero además se requiere trabajar un concepto algo olvidado, la unidad nacional. Debemos poner fin a la construcción de la “grieta”, idea desarrollada por Clarín y sus adláteres, para dividir y restar al campo popular. La división argentina siempre ha sido la misma, pueblo versus oligarquía, o nación o colonia. Por eso es necesario recuperar estos viejos conceptos como directrices estratégicos hacia el futuro.
La unidad debe ser amplia, sin sectarismos ni exclusiones. Quien divide por derecha o por izquierda le hace juego al macrismo. Debemos sumar a todos aquellos sectores cuyos intereses concuerden con el ideario nacional y popular, a aquellos agredidos por el modelo, a todos aquellos que quedan afuera del sistema.
Como decíamos, el criterio de unidad debe ser amplio, y tener claro que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.
La unidad nacional no es sólo necesaria para enfrentar al neoliberalismo, sino sobre todo para gobernar después. La herencia que ese gobierno dejará a las futuras generaciones será terrible, por eso será necesario un gran trabajo colectivo para restaurar las heridas y reconstruir la patria.
La herramienta de construcción para alcanzar el objetivo de la unidad, el gobierno en el 2019 y gobernar después es la reconstrucción del Movimiento Nacional y Popular de liberación. Es necesario generar además un programa de gobierno, que dé potencia, pero  también contención y pertenencia al movimiento.

Movimiento y proyecto nacional.
Es necesario generar un  movimiento nacional que supere los estrechos límites de los partidos políticos. Por supuesto que estos, con pertenencia popular, deben formar parte de ese movimiento. Pero, sólo eso no alcanza, hay que sumar al sector obrero organizado, a los empresarios, a las organizaciones sociales, clase media, colectivos culturales, feministas, ecologistas, etc., y todas las “organizaciones libres del pueblo”, como las definía Perón.
Para unir a todos estos sectores, a veces con intereses contradictorios, es necesario generar un proyecto nacional colectivo e integrador, que además pueda enamorar a amplios sectores sociales.
El Gral. Perón nos lego meses antes de su muerte “El modelo argentino para el proyecto nacional”. Allí están las bases para la formulación de un modelo de país.
El “Modelo” representa desde su título la orientación ideológica del pensamiento peronista, una doctrina que reivindica la inteligencia nacional de un país que necesita pensarse como primer protagonista de su desarrollo económico y cultural: “Una ideología creativa que marque con claridad el rumbo a seguir y una doctrina que sistematice los principios fundamentales de esa ideología”. Por este motivo, un proyecto nacional sólo puede encontrar sus bases en un “método argentino”, es decir, situado de manera realista en su contexto histórico, social y político. (JDP. 1974). (2)

Ejes para el Proyecto nacional.

Es necesario pensar un proyecto de país diferente, que rompa la lógica de gobiernos populares versus gobiernos neoliberales. Es necesario llamar a una asamblea constituyente que nos dé una nueva constitución, moderna, que garantice la democracia directa y social y a su vez desmontar todo el aparato legal que da sustento al modelo de dominación y al neoliberalismo: la ley de inversiones extranjeras, la ley de entidades financieras, profundizar la ley de medios, ordenamiento de la justicia federal, corroída por la corrupción y la injerencia de los servicios, nacionalización del comercio exterior y de los recursos naturales y energéticos. Reforma fiscal que permita cobrar impuestos a los que tienen capacidad contributiva, reforma educativa que desburocratice y la ponga al servicio de la comunidad.
Una alianza  entre el Estado, los gremios y el sector empresario Pyme para impulsar el desarrollo productivo basado en la industria, en el mercado interno, el pleno empleo y salarios altos. Sumarle a esto la investigación y el desarrollo que generen las universidades nacionales para la producción.
 Entre otras muchas cosas por hacer, es fundamental saldar una deuda con los sectores más vulnerables, un ambicioso plan de acceso a la tierra y a la vivienda, que además pueda generar puestos trabajo.
La tarea por venir es titánica, porque además de los problemas que vamos a heredar, nos van a dejar la deuda como un condicionante a futuro.
El movimiento nacional estará obligado a ir a fondo contra la estructura económica concentrada, extranjera y oligopólica de la Argentina, a la vez que construye una base social solida sobre la cual sustentarse a través  de la organización popular y una democracia social. Sólo el apoyo de un pueblo movilizado y organizado, consciente de sus derechos, podrá dar el respaldo necesario para dar las batallas decisivas contra las oligarquías y el imperialismo.
En caso de no hacerlo,  vamos a otro fracaso. En ese caso el peronismo ser convertirá en un mero administrador de la crisis. La verdad es que el peronismo no nació para eso, o es un ariete en la lucha por la liberación nacional y social, o no tiene razón histórica de existir.
En la dura y compleja etapa histórica que se avecina, el país requiere del compromiso, la inteligencia y el valor de una dirigencia política con vocación nacional, patriótica y revolucionaria.

(1) http://causapopularynacional.blogspot.com/2017/10/partido-o-movimiento-por-antonio-muniz.html

Antonio Muñiz
8 de junio de 2018

Foro en defensa del Proyecto Nacional y Popular

El Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, fue el invitado especial del primer Foro en Defensa del Proyecto Nacional y Popular, que contó con más de 250 militantes.