Estado, desarrollo y movimiento nacional.

 Por Antonio Muñiz

“Que tiempos son los que nos toca vivir que tenemos que defender lo obvio”. Bertolt Brecht

“Un desarrollo económico que no tiene en cuenta a los más pobres y débiles no es un verdadero desarrollo.” Papa Francisco
  
La política económicas llevadas adelante por el gobiernos de Mauricio Macri, de neto corte neoliberal,  están orientadas a primarizar nuestra economía, “reconvertir” amplias franjas de la producción pyme como textiles o metal mecánica, dejando fabricas cerradas y miles de desocupados, endeudando el país  y privilegiando la renta financiera por sobre los productivo, etc, etc, Un escenario conocido en cuanto al daño que producen en el entramado productivo, político, social y cultural de la nación. Ya vivimos el resultado de estos programas neo liberales: crisis política y económica, desocupación, pobreza y exclusión.

El Papa Francisco en sus encíclicas y mensajes ha denunciado esta lógica economicista, mostrando su falacia y denunciando que las políticas de derrame son una mentira, pero que también la política neoliberales “matan”.

Pensando en el día después, cuando haya que comenzar nuevamente la reconstrucción sobre las ruinas que dejen los neo liberales débenos pensar en nuevas políticas de desarrollo económico que sirvan a la reconstrucción de la Nación Argentina.

Enseñanzas de la historia I:

La historia parece decirnos que no existe alternativa de desarrollo económico sustentable, con integración social y justicia distributiva, sin una fuerte presencia del Estado en ese proceso, pero además que es necesario un fuerte compromiso político y social de todos los actores.
Para esto en necesario la construcción de un movimiento nacional y popular  que tome esto como bandera. Es imprescindible que la sociedad haga carne la conciencia política que la industrialización y el desarrollo forman parte de su destino manifiesto como Nación.
Ha habido en las últimas décadas tres periodos de industrialización acelerada  y desarrollo económico: el peronismo 1946/55, el frondisismo 1958/62 y el kirchnerismo, 2003/15
Sin entrar a analizar cada etapa histórica en particular podemos ver que se pudo avanzar, aun con contratiempos y conflictos cuando hubo un frente nacional que sumo empresarios y trabajadores detrás de las políticas de desarrollo. En el caso de Frondizi , por ejemplo, hubo un proyecto de desarrollo serio, aunque excesivamente dependiente. Este proceso careció de apoyo político suficiente, lo cual lo condeno al fracaso rápidamente.
Es indudable que hoy la cuestión es mucho más compleja   que en las etapas anteriores. El cambio tecnológico acelerado que a su vez cambia los procesos  productivos pero también una economía mundial en crisis, nos plantea preguntas y no siempre nos da  respuestas.
Pero también la gran diferencia de época y el desafío que se presenta es que habitualmente se pensó en el desarrollo en términos puramente económicos.  Hoy queda claro que industrialización no necesariamente es desarrollo. Cierto  determinismo nos llevaba a pensar que resuelto lo económico el resto de las variables, sociales, políticas, institucionales se irían acomodando a medida que el desarrollo mostrara sus frutos.
La experiencia mostro que no era necesariamente así, procesos exitosos de crecimiento se daban contextos de dictaduras militares, precarización laboral, bajos salarios, destrucción del medio ambiente, etc.
Hoy  el concepto es más amplio,  los tiempos presentes imponen como condición  que sea sustentable en el tiempo, no perjudique el medio ambiente, que tenga políticas de integración  social,  calidad de vida laboral,  buenos salarios,  con una distribución justa y equitativa de la riqueza social.

Un debate desde el fondo de nuestra historia.

Sorprende que en la Argentina actual, después de un periodo  altamente exitoso  en cuanto a re industrialización acelerada,  salarios altos, tasas de crecimiento  altas,  volvamos a discutir  si hace falta o no contar con un sector industrial potente como palanca del desarrollo.
Un debate que parecía superado por la experiencia  reciente, los procesos de desindustrialización  que vivió nuestro país en el periodo 1976/2001 , los años más oscuros y nefastos,  convirtiéndose casi en un genocidio social sumergiendo a la población  a niveles del 50 %, de pobreza, 25 % de desocupación y una crisis política casi terminal.

La historia Argentina  nos muestra que si bien es cierto que   a partir de la finalización de  las guerras civiles hasta casi hasta fines de la década del 20,  pasó de ser un país atrasado y marginal a figurar entre los primeros del mundo.
Sin embargo, y contrariamente a lo que hicieron otras naciones agro exportadoras como  Canadá o Australia, por ejemplo, la elite gobernante en Argentina mantuvo a rajatabla el modelo de libre comercio, que favorecía el modelo agro exportador y  por lo tanto impedía, como veremos durante el trabajo, por acción u omisión cualquier intento de industrialización.
Solo cuando la crisis mundial del 29 puso de golpe fin al modelo se comenzó a pensar en un proceso de sustitución de importaciones.   Canadá y Australia, de economías similares, habían iniciado el proceso de industrialización a principios de siglo cuando ya el modelo agro exportador empezaba a mostrar signos de agotamiento.

Citando a Mario Rapoppot “Muchos economistas e historiadores sostienen todavía que las riquezas de la época agroexportadora fueron despilfarradas sin sentido a partir de los años 30, al promoverse la industrialización y la intervención del Estado, conduciendo así a la declinación económica del país, la inflación y la inestabilidad política que habrían imperado bajo el modelo de sustitución de importaciones, pero el análisis cuantitativo y cualitativo no les da la razón. El país fracasa, porque no completa su ciclo de industrialización no porque se intenta industrializar.”
Lamentablemente las políticas económicas actuales son claramente anti industria, sobre todo anti pymes. Una ceguera ideológica marca las acciones del actual equipo de gobierno pero sobre todo una ignorancia técnica y política que asombra. “El  mejor  equipo de los últimos 50 años”, atrasa décadas y quiere volver al modelo agro exportador. No entiende que el mundo está yendo hacia otro lado.


La nueva división internacional del trabajo

Hay que comprender el contexto global en que nos movemos, sus particularidades, continuidades y discontinuidades, cuáles son sus tendencias, etc. Hay que tener un diagnóstico preciso.  Resultará decisivo. Nos mostrara como las naciones se integran y/o luchan entre sí por los mercados, sus recursos, etc. Toda esta información es preciosa ya que nos permitirá tener una estrategia política y comercial de inserción en el mundo.

La nueva división internacional del trabajo se ha complejizado,  como las cadenas globales de valor, y nuevos actores, como los grandes consorcios de capital transnacional o las asociaciones  regionales de países.  Sin embargo muchos de sus aspectos siguen incolumenes, como la división entre países industrializados y otros proveedores de materias primas, países desarrollados y subdesarrollados, y una economía financiera globalizadora que perpetua el sistema global de desigualdad.
Es importante en este esquema la integración regional con los países latinoamericanos, tanto a nivel de mercados comunes, con una mayor escala, como la integración productiva y la búsqueda conjunta de nuevos mercados y nuevas exportaciones. Esta integración comercial y productiva debe avanzar hacia la integración política, social y cultural de los países del sur. 

¿Fin de una época?

El nuevo gobierno de Donald Trumps parece marcar el fin de una época. La salida de Inglaterra de la Unión Europea, las crisis en todos los países de Europa, que está poniendo  en riesgo a  la misma unión, el avance de los partidos de derecha en esos países, etc. Marcan que el mundo está girando, después de las crisis financieras de 2008 en adelante, hacia otros paradigmas.  Volvemos  hacia un mundo proteccionista, países cerrados sobre sí mismos, un proteccionismo comercial y sobre todo de defensa del trabajo local. En un mundo que continúa en crisis, no solo económico, sino también de crisis política. Las respuestas militares  y las agresiones de EEUU y Europa en Medios Oriente generan un estado de situación no demasiado optimista  para la próxima década. 

Elementos para una estrategia:

En este mundo complejo y en crisis es que debemos integrarnos,  defendiendo nuestra industria, el trabajo de los argentinos, nuestros mercados. Para eso hacen falta estrategias correctas y voluntad de llevar adelante estas políticas.

Los problemas internos del desarrollo económico son muchos. Arrastramos problemas estructurales de difícil solución. Además la herencia que deje este gobierno neoliberal será pesada. No se ira sin dejar graves problemas a las generaciones futuras. Por ejemplo  la deuda externa, que creíamos superada por las refinanciaciones de los Gobiernos de NK  CFK han vuelto, en una locura de endeudamiento acelerado para pagar gastos corrientes del Estado. Convirtiéndose  en una hipoteca futura y un cuello de botella para cualquier política de desarrollo, tal como lo fue en las décadas del 80/90. El daño en el entramado productivo no será menor, costara años volver a los índices de productivos, económicos y sociales de la década del 2005/15.

Pero volviendo  a las políticas de desarrollo surgen preguntas como que áreas desarrollar? Cómo? Con que recursos? Seguimos pensando en un programa de sustitución de importaciones? O ponemos el eje en una política de exportaciones  agregando valor  a los productos exportados? Cuál es el rol del capital internacional?  Cuál es el rol del Estado?,
Muchas  preguntas y pocas respuestas, sobre todo hoy en un mundo cambiante. Tal vez en unos años, cuando el nuevo rumbo se afiance, o no, tendremos más claro por donde caminamos y hacia dónde vamos, Pero hoy, vivimos en un tembladeral donde no hay certezas solo incertidumbre.

Sin embargo la historia nos ha dejado algunas lecciones.

·         Una economía cerrada y autosuficiente no es una opción viable. Es necesario pensar un proyecto que complete la sustitución de importaciones, que disminuya la dependencia tecnológica y sobre todo financiera. La restricción externa en Argentina siempre se ha caracterizado por un faltante de divisas para la importación de productos intermedios o energía para la industria liviana. Este proceso que se conoce como “Stop and Go” ha sido un cuello de botella en el desarrollo industrial durante los últimos 70 años.

·         Una economía moderna y en crecimiento debe   basarse en exportar valor agregado.
·         Desde ya un modelo productivo exportador  como el que planteamos debe basarse en el agregado de valor a nuestra producciones de alimentos. El potencial de crecimiento de este sector es muy alto, aunque no el único sector a promover.
·         Nuestra producción minera es hoy exportada, sin valor, siendo esto un verdadero latrocinio por parte de las empresas que se llevan la producción a precios irrisorios, dejando un daño medio ambiental de enormes proporciones y de difícil o imposible saneamiento. Los minerales debe salir de argentina con el mayor valor agregado posible.  El caso del litio, mineral estratégico para la fabricación de pilas y baterías para la industria electrónica e informática, con ricos yacimientos en el norte argentino, Bolivia y Chile, es un ejemplo de cómo se podría a partir de ese recurso natural desarrollar una industria.
·         Si bien pareciera que los mercados mundiales tienden a cerrarse con lo cual el comercio mundial  profundizara su recesión es necesario pensar y poner en marcha un programa de desarrollo de nuevas exportaciones o “exportaciones no tradicionales”, también conocido por industrialización por sustitución de exportaciones (ISE). Las exportaciones no tradicionales o nuevas exportaciones cumplen importantes funciones en el proceso de desarrollo económico del país, entre ellas las siguientes:
1)      apertura de la industrialización hacia ramas y renglones de mayor alcance en la dinámica de la producción, como son los artículos en proceso de producción (bienes intermedios) y los bienes instrumentales o de capital; esta nueva vía del desarrollo industrial elevaría el rango del país en el esquema de la división internacional del trabajo, consolidaría la capacidad de autosostenimiento de la producción interna y fortalecería la posición estructural de la balanza de pagos.
2)       diversificación del esquema de las exportaciones mediante la incorporación de nuevos renglones en crecimiento, contribuyendo de modo positivo a la reducción de la importancia relativa de las exportaciones tradicionales y, en consecuencia, mejorando la defensa comercial del país frente a las contingencias externas;
3)      creación de oportunidades para el aprovechamiento de economías de escalas crecientes,  en base de la utilización más completa de la capacidad productiva existente y de una expansión útil de esa capacidad en función de la demanda interna e internacional; en consecuencia de lo anterior, se propiciaría la baja de los precios en el mercado interno, con lo cual el ingreso real contribuiría mayormente al bienestar y se ampliaría la demanda global;
Ya están vigentes en varios países, sistemas de incentivos para impulsar las exportaciones no tradicionales, y van desde exoneraciones fiscales para los exportadores, pasando por primas de exportación, hasta un seguro para exportaciones; además de apoyo político en términos de la construcción de canales de comercialización

·         Estos objetivos deben se sostenido con políticas de largo plazo y con instituciones financieras que acompañen este proceso. La  creación de un Banco Nacional de Desarrollo como tiene Brasil, o como el supimos tener hasta la dedada del noventa que otorgue a la industria financiamiento de largo y mediano plazo; de una reforma de la ley de entidades financieras, que facilite la operatoria crediticia de los bancos; y también de una nueva ley de inversiones extranjeras, para que una parte de sus utilidades se reinvierta necesariamente en el país.
·         Deben plantearse políticas que favorezcan  al mismo tiempo tanto el sector externo y al mismo tiempo el interno, cuidando  la producción industrial y a los puestos de trabajo: Son necesarias políticas de protección y administración de los recursos., con el objetivo de tener  las importaciones necesarias para abastecer a la industria y no produzcan efectos no deseados sobre la producción nacional.
·         Alexander Hamilton en Estados Unidos y Fiederich List en Alemania hicieron, con la aplicación de medidas proteccionistas, que ambas naciones se transformen en potencias industriales. El  control de las importaciones debe ser llevado con criterio, y  transformarse en una verdadera política de planificación del desarrollo,
·         Debe tenerse en cuenta la mentalidad de nuestros industriales, que nunca pujaron por proteger sus propias industrias, son otros temas que deben contemplarse.  Este es un tema cultural que no debe soslayarse.
·         Promover un programa de investigación y desarrollo en ciencias y tecnologías asociadas al proceso productivo.

·         Un análisis de las economías emergentes del siglo XX y XXI  es que han basado su desarrollo en un tejido productivo basado en las  pequeñas y medianas empresas. Este armado Pyme fue y es  una base para sustentar y potenciar el desarrollo en todas sus esferas económicas y sociales. Este entramando pyme permitirá  la difusión de los avances a lo largo de toda la cadena productiva, sino también acelerar la generación de empleo e ingresos. 

·         Este último punto no excluye a las grandes empresas, sino que tienda a complementar e integrar  las empresas grandes con las pymes, potenciando el proceso de desarrollo. Es perfectamente viable una complementación constructiva entre ambos sectores.


·          La historia nos muestra que es necesario contar con un estado fuerte, con instituciones consolidadas. Un estado “socio”, que acompañe a los privados, conduzca el proceso, sea dador de premios y castigos. Los ejemplos de EEUU, Japón o Alemania o más cercanos los “tigres asiáticos”  muestran este camino.

·         Por ultimo tal vez el aspecto más importante pase por la construcción de un gran frente nacional y popular que nuclee a empresarios y  trabajadores, intelectuales, clases medias y profesionales, que movilice los recursos humanos y económicos detrás del gran objetivo de construir una Nación, desarrollada, con inclusión e integración social, pleno empleo y salarios en alza,  altos niveles educativos de su población, con fuerte inversiones en investigación y desarrollo científico tecnológico. Todo esto requiere consensos sociales, el planteamiento de objetivos comunes que superen los conflictos del momento. Una unidad de criterios y acciones que permitan sumar voluntades en un proyecto nacional común.

Pero esta es todavía una materia ausente en nuestra clase empresaria y política. Por eso se requiere de políticas  fuertes por parte del Estado.
Sin estado no hay Industrias y sin industria no hay Nación.


La construcción del Movimiento Popular. por Antonio Muñiz

“Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente sin afectar al régimen que las provoca. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un movimiento de liberación adquiere eficacia necesaria para luchar con éxito”.
J. W. Cooke

El peronismo siempre se pensó a sí mismo como un movimiento de liberación nacional y social, relegando al partido a una mera herramienta electoral. Sin embargo, también, cuando era el momento de presentar listas, estas trataban de reflejar el espíritu movimientista en la construcción de un frente electoral que superara las estrechas paredes del Partido Justicialista.
Perón pensaba al primer peronismo como una alianza entre los trabajadores  industriales y agrarios, sector empresario (una burguesía nacional), la iglesia y el ejército. Esta alianza se rompe  y se produce el golpe militar de 1955. No vamos a entrar analizar las razones de esa ruptura y sus consecuencias, ya que mucho se ha escrito sobre ello. Si un dato que tendrá influencia sobre el futuro, el abandono del peronismo de gran parte de la clase media y la pequeña burguesía, que habían crecido al calor de las políticas de JDP, pero que migraron en una búsqueda de republicanismo abstracto  y ascenso social. Esta clase media busco distintas alternativas políticas, todas infructuosas, apoyo al frondizismo,  a Illia o al golpe de Ongania, todas  experiencias fracasadas, Solo volvió a encontrar su camino cuando los sectores juveniles de esa clase media se volcaron al peronismo a principios de los setenta, conformando una experiencia política, infinitamente rica,  a pesar de su sangriento final, producto de la represión del golpe cívico militar.
La idea movimientista siguió siempre en la base de toda construcción peronista, aun en la etapa fallida de la renovación peronista.
Nk vuelve a retomar esta idea pero ya desde el gobierno, la famosa transversalidad que planteaba y que llevo a Cobos a la vice presidencia fue una iniciativa de conformar un frente político y social que ampliara la base electoral del PJ.  La experiencia fue un éxito porque permitió  que CFK ganara con un 54 %, sino que además abrió las puertas al ingreso de sectores juveniles, mucho de clase media universitaria, volcándose al peronismo, en una situación similar a la experiencia de los setenta.
El frente para la victoria fue y es una experiencia altamente exitosa, por supuesto llena de contradicciones, como toda construcción política mayoritaria. Fue una herramienta de construcción del gran movimiento  nacional. La deserción de Cobos, no marco el quiebre de este proyecto de transversalidad, como lo quisieron ver muchos, sino que el  éxito lo marco  la sumatoria de miles de jóvenes, clase media y pequeña burguesía al peronismo, aunque muchos lo hicieron desde distintas experiencias y organizaciones políticas no peronistas.
Un cambio de época:
El mundo ha cambiado en esta primeras dos décadas  del siglo XXI.  Es el final de una etapa histórica. Es como dice  García Linera que “la globalización ha muerto”. Es difícil decirlo y analizarlo ´porque nos falta perspectiva histórica. Estamos viviendo ese proceso, somos espectadores, pero también actores en esta nueva construcción. Pareciera que estamos en una brutal crisis mundial. No solo económica, sino política. Los síntomas de descomposición del viejo orden mundial parecen evidentes, sin embargo es prematuro pensar que está muerto.
La crisis argentina del 2001 donde crujió todo el sistema capitalista local, las sucesivas crisis en el centro de poder mundial, EEUU y Europa, las guerras y el terrorismo en  Medio Oriente, con su secuela de muerte y millones de refugiados que avanzan hacia Europa, la salida del Gran Bretaña de La Unión europea, el fracaso evidente de la experiencia de la Europa Unida, que poco a poco va creando monstruos ultranacionalistas dentro de las fronteras de cada país. Una crisis económica que genera el crecimiento de experiencias políticas que creíamos desaparecidas como el nazismo, con racismo, xenofobia, aislamiento, etc. Vivimos en un capitalismo en crisis, incapaz de dar respuesta a los sectores medios y populares.
La asunción de Donald Trump como presidente de EEUU marca también la profundidad de la crisis mundial. Votado por los sectores populares norteamericanos y odiado por el establishment político, mediático, financiero  y sin embargo rodeado por un gabinete de ricos, muy ricos y reaccionarios de derecha, hacen un difícil pronostico hacia el futuro, Si creo que podemos decir que va a marcar un antes y un  después en EEUU y por desgracia en el mundo.
Las primeras medidas parecen indicar que de acuerdo a sus discursos EEUU se va cerrando sobre sí misma, por lo menos en lo económico y comercial. Pareciera que EE.UU. vuelve a su vieja política pre primera guerra mundial de aislarse  y cerrarse al mundo. De no participar  de conflictos  y lugares del mundo que sienten ajenos.
Veremos cómo evolucionan las políticas “populistas “de Trump y hacia qué mundo nos llevan.
Pero hay que tener claro que como sea nos van a afectar. Tanto la economía argentina como la política se van a ver  perjudicas.

Viene desde el pie……

La hegemonía neoliberal en Latinoamérica, es especial Argentina y Brasil llega tarde y a contramano de dónde va el mundo. El papa Francisco lidera con claridad una ofensiva contra la cosmovisión liberal globalizadora. Con claridad lo expreso y casi en un lenguaje peronista, en un reportaje al País de España:
 “El problema es que Latinoamérica está sufriendo los efectos —que marqué mucho en Laudato si’ — de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico fuerte, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que ´esta economía mata´.”
“Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias. En Latinoamérica está el problema de los cárteles de la droga, que sí, existen, porque esa droga se consume en EE UU y en Europa. La fabrican para acá, para los ricos, y pierden la vida en eso. Y están los que se prestan a eso. En nuestra Patria  cipayo es aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio. Y en nuestra historia argentina, por ejemplo, siempre hay algún político cipayo. O alguna postura política cipaya.”
Más claro imposible. El Papa marca, con claridad ideológica, un camino, un horizonte de esperanza. Es necesario hacer una síntesis entre el pensamiento papal con el pensamiento y la acción del peronismo en los últimos años.  Es un camino para refundar el movimiento nacional, darle contenido y sentido revolucionario, como fue y es, en su esencia,  el peronismo.
Existe dentro del peronismo alguno grupos que por una mala lectura de la realidad se apresuraron a dar por muerto al kirchnerismo y “jubilaron” antes de tiempo a CFK.
El papel de CFK es fundamental en la etapa que vivimos de resistencia y  reconstrucción del Movimiento nacional. Sin dudas es la dirigente que puede liderar y conducir  en este periodo. Tal es así que pesar de la feroz campaña de demonización de su figura,  a partir de una obscena persecución por parte de una justicia politizada,  las corporaciones mediáticas  y el periodismo mercenario, sigue teniendo una imagen positiva que ronda el 40%. Teniendo picos en el conurbano bonaerense picos de 50/60 % de imagen.
CFK, quieran o no sus adversarios internos y externos, se consolida con  nitidez como la gran líder de la oposición.
Es hoy por hoy,  la única voz opositora que marca un camino, una construcción política alternativa al modelo gobernante.
En aquel discurso de Comodoro Py, del 13 de abril  de 2016 CFK  planteo sumar a todos aquellos que estaban siendo agredidos por el modelo neo liberal.  Amalgamar en un gran Frente Cívico sectores políticos, económicos y sociales,  que estaban siendo agredidos por el modelo neoliberal macrista.
Pero como en toda construcción política hay que pasar de la idea al hecho concreto.
El pasado 17 de octubre, CFK volvió a enunciar en el acto del PJ Capital su idea del Frente Ciudadano. Remarcó que es necesario “reconstruir las redes de solidaridad, de organización, de la concientización para la reconstrucción de una gran mayoría, que no alcanza con los peronistas, que no alcanza con los kirchneristas que no son peronistas, que no alcanza tampoco con los amigos radicales, porque hay mucha gente que no está identificada con una idea política”. Y después agrego, “A veces estamos más pendientes de lo que hacen otros dirigentes de nuestro espacio, otros militantes, que a lo que le está pasando al vecino, al compañero, al amigo, al ciudadano y estar junto a ellos”.
En un mensaje directo a la interna, donde expone claramente que es necesario abrirnos a la sociedad, escuchar sus reclamos, dejar de lado las internas menores, por los cargos o las pequeñas prebendas. Es necesario una vuelta a la gente, al barrio, al sindicato, a las organizaciones gremiales empresarias, al centro de estudiantes, a la “básica”, en síntesis volver a la práctica básica del peronismo. Construir poder popular, junto a la gente, codo a codo con los otros.
Lo que no han hecho  los dirigentes políticos y gremiales, que en general por acción u omisión han acompañado la políticas anti populares del macrismo, Algunos con bastante entusiasmo y otros a cambio de prebendas y “sanguchitos”,  lo está haciendo el pueblo, los obreros, los delegados gremiales intermedios, las organizaciones populares, Ir construyendo experiencia de resistencia y lucha contra el sistema, Por ahora son experiencias aisladas pero en general exitosas: las multisectoriales contra el tarifazo, la lucha en El Bolsón, la lucha de los mapuches en defensa de sus tierras, AGR – Clarín, Bangho,  entre muchos  hechos de resistencia y organización popular.
La pregunta que surge es como sumar y amalgamar en un espacio común estas experiencias sectores que provienen de historias e intereses disímiles y a veces contradictorios.
EL Frente debe ser la expresión electoral del movimiento nacional, basarse en la lógica movimientista de la que hablábamos más arriba, debe representar a la  sociedad pero ser capaz de disputar poder.
Es indudable que el Frente no puede ser solo una herramienta de resistencia coyuntural ni tampoco un simple frente electoral, no puede limitarse a ser un frente anti Macri.
No solo lo limitaríamos sino que es probable que lo condenemos a muerte antes de nacer.
No puede ser una lista de candidatos o mero reparto de cargos, ni la sumatoria de figuras prestigiosas, debe ser un frente con contenido político e ideológico que entienda y encarne el cambio de época que vive el mundo y pregona Francisco.
El frente que debemos construir no es un frente opositor  pensado para ganar una elección.  No es contra un partido o una coalición. No debe ser el modelo de la Concertación Chilena, pensada para la alternancia pero para que nada cambie,
Debe ser un frente que tenga vocación fundacional, de desmontar a la vieja Argentina moldeada en la estructura legal y económica del Liberalismo,  y construir una nueva Argentina, sobre bases sólidas y duraderas.

No es el momento de discutir nombres o candidatos providenciales, primero hay que sentar las bases de la construcción del movimiento nacional. Cuanto más sólido sea el movimiento más fuerte será su expresión electoral: el Frente.
Además hay que discutir un contenido programático que le de sustancia doctrinaria e ideológica. Basado seguramente en las encíclicas papales  de Francisco, pero también en la historia del movimiento nacional como el programa de “Huerta Grande”.
Debemos pensar la Argentina para los próximos 50 años, buscando en nuestra raíces e historia, pero lanzados al  futuro, Insertos en un mundo caótico y cambiante, Pensar situados en el aquí y ahora, desde nosotros y nuestra historia  construir nuestro futuro.
Este proceso generara su dirigencia y sus candidatos, Generara nuevos liderazgos, basados no en la rosca, sino en la representatividad ganada en la lucha.
El movimiento nacional no existe sin el movimiento obrero organizado.  Es indudable que la actual conducción de La CGT no expresa este pensamiento, ni el pensamiento de sus representados. Lamentablemente, por ceguera o conveniencia se han convertido, en un sostén de las políticas anti obreras y anti populares de la derecha liberal.
La construcción de MN tiene como materia pendiente generar un debate profundo en cuanto al rol de las organizaciones gremiales para que vuelvan a ser herramientas de resistencia y lucha y no estructuras de negocios al servicio del establishment. Mientras tanto hay que profundizar y fortalecer aquellas organizaciones que expresan a sus bases y forman parte del MN, como la Corriente Federal o las 2 CTA

La demanda por acciones concretas que enfrenten al programa neoliberal está en el pueblo, en la base, en los cuadros políticos y gremiales intermedios desde las primera acciones del macrismo. Viene creciendo,  “viene calentado desde el pie”.
Es fundamental en esta etapa acompañar todas las expresiones de lucha del pueblo, cuando defiende sus derechos básicos. Acompañar en la calle, codo a codo toda experiencia  de lucha y resistencia. Las luchas populares generan conciencia,  organización y sobre todo nuevos liderazgos populares.
La historia no termino como nos decía Fukuyama alla por los noventa, los hombres y los pueblos construyen día a día su historia por lo tanto mientras exista el hombre siempre habrá historia y política a su alrededor. El imperativo de la hora nos impone generar políticas de fortalecimiento de
las organizaciones populares, definir un rumbo claro y preciso, dialogar con el pueblo para no perder el rumbo, evitar que de la crisis sigan lucrando los personeros de siempre, que en nombre de la república y las instituciones saquean nuestra riqueza, no permitir el paso de experiencia políticas autoritarias, xenófobas, y violentas como alternativas mesiánicas y salvadoras.
Es tarea de todos poner esfuerzo en esta construcción de un proyecto nacional,  popular y revolucionario.
Hay que recuperar el espíritu y la  lógica  movimientista. Este nuevo frente debe ser una expresión del gran movimiento  nacional, abierto, participativo, poli clasista, que nuclee a todos y a todas aquellos que quieran una Argentina justa, libre, soberana, unidos en un programa  de acción común y un sueño y una mística compartidos.
Nuestra  historia, nuestros compañeros muertos, los que dieron su vida por una nación justa, libre y soberana, y un pueblo alerta y movilizado nos están requiriendo un compromiso y un accionar comprometido con la lucha y la liberación nacional.

Las pymes argentinas: un camino lleno de incertidumbres.

 Por Antonio Muñiz 
La Argentina del siglo XX vivió  ciclos de industrialización acelerada, como 1945/55, o más amesetada como la década del 60 y primeros años del 70. El periodo se caracterizó desde lo económico como  stop & go, es decir freno y arranque de la economía. Todo  periodo de expansión  terminaba en una  crisis en la balanza de pagos. La doctrina liberal de la época aconsejaba la devaluación, el aumento de las tarifas, ajuste de los gastos del estado, recesión, desocupación y cierre de pymes en los eslabones  más débiles.  Luego de un tiempo  el proceso de crecimiento de la industria volvía a empezar.
A pesar de las crisis cíclicas el proceso de crecimiento de toda la economía se mantuvo  positivo hasta 1974. En ese año la Argentina alcanzó su máximo nivel de industrialización y las menores tasas de desempleo y desigualdad.
El país registró en 1974/75 los indicadores de actividad industrial y participación de los asalariados en la economía más altos de su historia y las tasas de desempleo y desigualdad más bajas, al igual que la relación entre la deuda pública externa y el Producto Interno Bruto (PIB).  
Las políticas económicas del proceso cívico militar iniciaron una serie de medidas destinadas a romper la estructura industrial montada hasta el momento. Se inicia una política económica basada en el neoliberalismo, que privilegiaba las actividades rentístico financiero por sobre las productivas, primarizacion de la economía, servicios, industria concentradas y extranjerizadas, con una gran deuda externa etc, que financio todo ese proceso pero condeno el futuro de la Argentina en las siguientes décadas.

Este proceso, aunque incompleto, por sus contradicciones internas, más la poca viabilidad económica y política,  dejó una huella de ruptura no solo con el pasado industrializador de ciertos sectores sociales, sino que también genero una grieta social que rompió de alguna manera los lazos sociales que habían imperado durante los anteriores 50 años.
Así en la década del 90, el gobierno de Carlos Menen, aliado a los "mercados" vuelve con el proyecto inconcluso de la dictadura. La alianza gobernante profundiza la desindustrialización a través de un dólar barato, importaciones indiscriminadas, privatizaciones, y como siempre un fuerte endeudamiento externo. El resultado de la década del noventa fue nefasto por los altos índices de pobreza, marginalidad, cierre de empresas, desocupación, proceso que hace implosión en el 2001.
 
Luego de la crisis del 2001 y sobre todo después del 2003 con Néstor Kirchner en el gobierno, comenzó un periodo crecimiento sostenido, la industria atravesó 32 trimestres de crecimiento a tasas “chinas”. En esos 9 años, Argentina logró duplicar su producción industrial y retomar el proceso de reindustrialización que había abortado  la última dictadura militar.
Este proceso de reindustrialización  de NK genero un crecimiento alto,  8% promedio, y además alto crecimiento del empleo y  las exportaciones. La industria volvió a crear trabajo.  Se generaron en ese periodo  cerca de  500 mil nuevos puestos de trabajo registrados, y seguramente otros tantos empleos informales. Siendo así el motor de crecimiento de toda la economía y la razón de la reducción de la desocupación y la informalidad.
En 2011/12  la Argentina alcanzó “el punto más alto de industrialización”, luego del que se había registrado durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, en 1974.
A pesar del crecimiento importante del consumo interno, la industria genero también  excedentes que permitieron aumentar las exportaciones. Los mercados    latinoamericanos, como Brasil, Venezuela y Chile fueron destinos claves de las manufacturas nacionales en estos años.

Se destacó la recomposición del complejo metalmecánico y el renacimiento de los sectores intensivos en mano de obra, como textil, calzado y marroquinería.  Se relanzo  la producción de maquinaria agrícola,  equipamiento eléctrico, automotriz y de línea blanca (heladeras, cocinas, lavarropas),  de embarcaciones,  equipos  médicos, electrónica,  computación, etc.

Si bien podemos hacer la crítica en que no hubo una “política industrial” fina,  se plantearon políticas macroeconómicas para alentar al sector: desarrollo del mercado interno, salarios altos que garantizaban el consumo, dólar alto, políticas fiscales, etc. Este esquema funciono eficientemente hasta el 2008/2009, con la crisis de las “sub prime”, la crisis internacional comenzó a golpear la economía interna.
En ese momento era necesario una “cirugía fina”, diseñar una política industrial que definiera  sectores estratégicos y corrigiera alteraciones en las cadenas productivas. Por ejemplo el régimen de promoción fueguina necesitaba y necesita replantearse, no para desmontarlo  como ahora, sino para hacerlo más eficiente y viable, o el régimen de la industria automotriz, que  necesita correcciones y cambios en sus bases para hacerlo más equitativo para  argentina.
Hubo políticas sectoriales, y programas  puntuales, tanto en herramientas crediticias a las pymes, como de fomento a  sectores con innovación y desarrollo, Arsat, o el Plan Atómico, etc, Positivas todas pero insuficientes, a nuestro entender por la falta de un plan estratégico integral de desarrollo.

La crisis en la economía mundial y sobre todo la crisis económica y política brasileña golpearon muy fuerte a la economía argentina.  A pesar de las políticas activas del gobierno afín de sostener el mercado interno y niveles aceptables de actividad económica la situación tendía a agravarse. Déficit energético, caída de las reservas,  fuga de capitales, remisión de utilidades, etc, en un mundo en recesión, donde se caían los precios de los commodities.  La industria local perdió al exterior por U$S 16 mil millones de dólares en esos 4 años, con un mercado local, que a pesar de las medidas proactivas del gobierno, no tenía  capacidad suficiente para compensar.

Si bien en el periodo 2012/15 el gobierno de CFK intento financiar a el desarrollo productivo con políticas proactivas, es indudable que no alcanzo, a pesar del éxito de hechos puntuales, como la exportación de reactores, aviones Pampa , satélites y radares, etc.
Tal vez se hubiera necesitado a nuestro entender, un estado más atento y activo, un estado productor que se asociara al capital privado en el desarrollo de sectores estratégicos. La nacionalización de YPF, decisión correcta pero tardía, ya el daño de la privatización y el saqueo por parte de los privados estaba hecho, o la no nacionalización de los servicios públicos, las inversiones en el servicio ferroviario de pasajeros y de carga, tarea importante pero tardía, etc, etc,
Ante la falta de una burguesía nacional que fuera motor del proceso industrializador era necesario que ese rol lo llevara adelante el Estado.  El miedo a generar un “estado empresario”, fue una limitante en todo el proceso.

Y ahora, es el pasado que vuelve…

Con el resultado de las elecciones de 2015 volvió a imponerse un modelo político y económico que representa a la derecha neoliberal, aliada con los restos de lo vieja oligarquía  agropecuaria, los sectores rentístico financieros, y la banca internacional que ha lucrados siempre con el desguace y el endeudamiento del país, Vuelve el viejo modelo basado en la producción primaria, agraria y ahora minera, el crecimiento de las actividades financieras, los servicios, y algún sector industrial concentrado y extranjerizado.  
En general las políticas del macrismo en este año fueron perjudiciales para casi toda la economía real. Recibieron una economía con problemas puntuales, algunos complejos, otros no tanto, erraron el diagnóstico y ahí donde había problemas generaron una crisis. Terminaron echando nafta al fuego y agravando todos los problemas y generando nuevos.
El pésimo manejo de la devaluación, que se fue toda en inflación de precios, sobre todo en los productos  alimenticios, endeudamiento indiscriminado para financiar gastos corrientes,  los tarifazos en energía, comunicaciones o impuestos. Desfinanciación de del estado vía quita de retenciones al agro y a las mineras, subsidios encubiertos  a las empresas “amigas”.  Apertura de la economía tanto en el sector financiero, que permite una vuelta al pasado de la “bicicleta financiera”, como en el comercial, con la avalancha de productos importados que compiten y destruyen la producción nacional.  Todas políticas económicas mal diseñadas y peor instrumentadas. Todas afectan a los trabajadores reduciendo salarios y horas trabajadas, así como a las pymes que ven afectada su rentabilidad,  que no pueden  acceder al crédito, ni competir con los productos extranjeros, en un mercado que se achica.
Iniciamos 2017 con los números de la economía en caída libre en todos los sectores productivos, en especial los sectores industriales pymes.
Los cambios en el gabinete económico, muestran el fracaso de la gestión de 2016 pero muestran también una profundización  de las políticas vigentes.
2017 será un año complejo y con pronóstico reservado. Ningún número de la economía parece favorable. La crisis internacional y regional, en especial Brasil, parece no tener solución, por lo menos en el corto plazo.
La asunción de Trump en EEUU tampoco parece una buena señal para el macrismo. Las políticas de Trump que parecen  van a restringir el comercio internacional, el aumento de la tasa de interés internacional con un reflujo de capitales financieros y productivos hacia dentro de EEUU, con lo cual la “lluvia de inversiones”  parece de difícil concreción.
El escenario para la industria, en especial para las pymes resulta claramente desalentador. La enseñanza de nuestra historia económica nos muestran que las políticas económicas neoliberales nos llevan inexorablemente a un cierre de empresas  y a la desaparición de sectores importantes como el textil, indumentaria, cueros y juguetes, además de gran parte la industria “blanca”, básicamente toda la industria que no pueda competir con la producción importada.
Este proceso des industrializador  tiene como consecuencia directa el aumento de la desocupación hasta índices de 2 dígitos y el aumento de los índices de indigencia y pobreza.
A nuestro entender estos resultados no son “errores”,  son el resultado buscado por esta coalición de gobierno que tiene intereses económicos contrario a la industria y a la producción local. Es proceso no se frenara sino hay una toma de conciencia por parte de los trabajadores y los empresarios pymes, que son la víctimas directas si este modelo resulta exitoso.  Si a Macri le va bien, a las pymes y a sus trabajadores les va a ir muy mal.
Solo la toma de conciencia, la unidad de los sectores productivos y una lucha constante tanto política como cultural podrá poner freno a estas políticas de saqueo y destrucción del mercado interno, la industria y sus trabajadores.


Cuesta abajo en la rodada…..

 Antonio Muñiz

Los analistas políticos con alguna independencia critica sostienen que la economía macrista ha sido un fracaso, que sobre una economía con problemas  tiro nafta al fuego y agudizo todos los problemas,Y que, mas grave aun, el 2017 no será mejor. 
Si defienden, como un logro, la gestión política, que la política sostiene todo y con un poco de ingenuidad suponen que la calidad institucional está recuperada, hay dialogo y búsqueda de consensos por parte del gobierno nacional, con la lo cual “hemos recuperado la república”.
 
Sin embargo llego fin de año y los problemas económicos se agudizaron pero ahora también la política muestra signos de debilidad. 

La única verdad es la realidad.
 
En su comienzo por ser un gobierno en minoría en las cámaras, se auguraba que iba a ser difícil el manejo de la oposición, con leyes trabadas, vetos y negociaciones permanentes. Sin embargo no fue así, el gobierno con una política de acuerdos, chequera y carpetazos fue en
columnando tras de sí a gran parte de la oposición. 
Está claro que le ayudo mucho en esta estrategia la fragmentación del FPV – peronismo que por falta de  liderazgo en algún caso y falta de ideas en la mayoría, permitió la aprobación de leyes y medidas consideradas vitales ´por el macrismo: fondos buitres, endeudamiento externo, desguace del Anses, anulación por decreto de la ley de medios,  el blanqueo de capitales o la de asociación Público Privado  etc, etc,  Incluso vetó la Ley Anti despidos sin pagar mayores costos políticos.
En ese lapso alcanzo acuerdos con la CGT y con Movimientos Sociales que pocos hubieran esperado, y desactivando posibles focos de conflicto. 
También es justo decir que el papel elegido por Sergio Massa, de una crítica verbal y de votarle las leyes importantes que quería el “mercado” ha ayudado mucho a la política macrista. 
Este juego peligroso para sus ambiciones presidenciales, pendular entre oficialismo – oposición lo hizo jugar a favor de la “gobernabilidad” y el “sostenimiento de las instituciones”  lo puso en un “no lugar”. El tiempo dirá si le dejara réditos electorales de cara al 2019. 
 
Si bien los números de la economía 2016 son todos a la baja, y generan muchas preocupaciones por sus proyecciones futuras  estos acuerdos políticos,  con un alto costo fiscal, le han permitido llegar a este fin de año con cierta tranquilidad, sortear el fantasma recurrente de  diciembre con sus recuerdos de saqueos y caos social y pensar hacia el 2017.
 
Cuando es mentira la verdad
 
El mejor equipo de los últimos cincuenta años avanzo de entrada como un elefante en un bazar, aplicando de un saque medidas económicas casi de manual liberal: libero el mercado de cambios, devaluó la moneda, elimino retenciones al campo y a las mineras, transfirió recursos de los sectores populares hacia los más concentrados. Pago a los fondos buitres e inicio un nuevo ciclo de endeudamiento externo. Para agudizar el cuadro, para combatir la inflación impulsó  una fuertísima suba de las tasas de interés,  redujo la emisión monetaria, genero una caída del poder adquisitivo de los trabajadores y paralizo  la obra pública. Así una economía con fuertes desequilibrios en algunas áreas, pero que no estaba en crisis fue empujada a la crisis profunda por impericia de los funcionarios y sobre todo por un tara ideológica de aplicar medidas que han fracasado siempre en la Argentina y que además están en crisis en el mundo. El mundo está tratando de salir de los horrores que el neoliberalismo globalizador  ha  desatado en los países centrales y aquí estos muchachos se abrazan a un manual económico que atrasa dos siglos. 
Sin embargo no es solo incompetencia o tara ideológica, hay también atrás un plan claro de transferir recursos a los grandes grupos concentrados, a los sectores agroexportadores, la banca y las empresas de servicios públicos privatizadas. Esto tiene un costo de cierre de pymes, desocupación del  20%, reducción de salarios, pobreza, endeudamiento y fuga de capitales. Esto según lo tecnócratas son efectos colaterales, que su subsanaran en el largo plazo cuando vengan “las inversiones y se produzca el efecto derrame”. Casi un relato de pensamiento mágico.
 
Es la política, siempre es la política. 
 
Hay  mucha tela para cortar sobre lo económico, tanto lo que pasó como los que se nos viene en 2017/2019. Pero por ahora lo dejamos para otro artículo. Por ahora en este pretendemos focalizarnos en la gestión y sobre todo la política. 
Como decíamos más arriba el periodismo mercenario que apoya y de alguna manera blindan a este gobierno pretenden hacernos creer que la fortaleza es la política, en un año con muy pocos logros que mostrar, vender un gobierno exitoso en lo político no es poco. Sin embargo se sucedieron una serie de acontecimientos políticos que mostraron que el rey está más desnudo de lo que parece. 
La marcha de las organizaciones sociales junto a las gremiales, pidiendo la ley de emergencia social y  garantizando un salario social obligaron al gobierno a pactar y garantizar recursos hacia los sectores más vulnerables de la economía popular, el envió de proyectos de leyes a las sesiones extraordinarias empezaron a hacer agua, como el rechazo a la “reforma política” que en realidad escondía un negociado con las maquinas electrónicas. Fue un duro golpe para el gobierno, pero tal vez el golpe más fuerte fue la aprobación del proyecto opositor  en la ley de pago de ganancias sobre el salario de los trabajadores.  Negociaciones de último momento en senadores, básicamente con la CGT, sacaron un proyecto más parecido al oficial, pero fue una “victoria a lo pirro”. El gobierno paga un costo altísimo ante una parte de su electorado, que creyó en su promesa de eliminarlo, pero además el proyecto final es inconsistente en los números, no modifica demasiado la realidad actual, suma 400 mil aportantes más que en 2015 y proyecta sumar 600 mil durante 2017 a medida que los salarios aumente vía paritarias. O sea que la promesa de Macri de eliminarlo no solo quedo en la nada sino que peor, duplico el número de trabajadores que deben pagarlo. 
Cuál es el costo electoral del macrismo ante las elecciones de 2017? Difícil preverlo pero seguramente no será gratis. 
Dos experiencias más que marcan la desnudes política de este gobierno: los únicos sectores que sacaron alguna ventaja en el tema ganancia fueron los del transporte que querían ser eximidos en el pago sobre horas extras, viáticos y otros suplementos salariales. Lo lograron porque hicieron un paro de media jornada que impacto sobre la actividad diaria y el otro fue la movilización de los becarios y empleados del  Conicet que con organización y unidad pudieron torcer el brazo al gobierno que pretendía desguazar todas las áreas de ciencia y tecnología. 
Como corolario parece que este gobierno puede manejarse políticamente bien dentro de las paredes de los edificios de gobierno, con el viejo método de cooptar a los representantes con prebendas o disciplinarlos con carpetazos, reales o no, ante una justicia que les es dócil y funcional. 
Ahora cuando la política se lleva a la calle, hacen agua por todos lados y solo atinan a balbucear políticas represivas o esconderse detrás de los medios amigos que pretenden ningunear la realidad. 
Para completar este breve balance de un año duro, dos conceptos:
En primer lugar no se puede pasar por alto la prisión en Jujuy de la dirigente política y social, Milagro Sala. Presa política del  régimen semi feudal de los Blaquier y la oligarquía norteña. Milagro esta presa por ser mujer, coya y peronista, porque se animó a construir poder popular con los sectores más pobre y marginados. Todo lo demás, es por ahora puro invento del gobernador Morales, la justicia adicta  y los medios locales para justificar su detención. Por ahora todo el proceso es un mamarracho y solo muestra  el retroceso de nuestra sociedad. Después de 35 años de democracia hemos vuelto a tener “presos políticos” y ser incluidos en un listado de países de África y Asia que no respetan los DDHH. Una verdadera vergüenza!
Y en segundo lugar hay que entender una de  las enseñanzas que esta etapa parece mostrarnos,  que las políticas opositoras solo pueden expresarse, por ahora,  en las  calles y que esta lucha ira generando su propia agenda y sus nuevos dirigentes, tanto en lo político como en los gremial. 
Es cierto que a lo largo y ancho de nuestra historia  los argentinos hacemos política en las calles.
El protagonismo de los trabajadores ocupados, desocupados y jubilados, y de diferentes sectores populares, fue resquebrajando y complicando los planes del gobierno, logrando hacerlos retroceder en varios casos concretos. Además de los que nombramos más arriba la lucha de las multisectoriales  que  pudieron retrasar   el ajuste en las tarifas de luz y gas fue una experiencia rica y viatalizadora de la política de resistencia popular. 
Cada conquista lograda, por pequeña que sea demuestra la importancia de fortalecer y ampliar la unidad de todos los sectores populares. 
Pero esta unidad  necesita construirse y organizarse para la lucha política,  para que la lucha en las calles tenga exito debe apuntar a la construcción de un frente político nacional y popular que pueda pelear poder para los sectores populares. 

La reconstruccion del Frente nacional. Teodoro Boot

"Pasa que si no entendemos que no somos un partido político, una suma de sindicatos ni un movimiento de pacotilla, algo así como una réplica berreta del falangismo o el fascismo, sino que somos un movimiento complejo, tumultuoso y contradictorio, un frente nacional, el germen, el embrión de una nueva sociedad, si no entendemos que debemos ser la nación en su ir siendo… pues no entendemos nada."
La reconstrucción del frente nacional transita por al menos tres espacios en los que se debe trabajar en forma simultánea: está claro (y no se entiende por qué Caballero insiste en lo que es evidente para todos como si se tratara de un punto de controversia) que el pueblo conseguirá vivir mejor, con más derechos y seguridades, si pudiéramos retomar una política nacional y popular. Nadie discute esto. Ahora bien, el modo de llegar a esto es, mientras nos dejen, electoral, lo cual exige hacer acuerdos políticos y lanzar propuestas electorales que nos permitan ir construyendo una nueva mayoría.
Pero hay otro espacio, llamémosle social, el de la protección y defensa de los derechos sociales, que también supone construir mayorías, pero se trata de mayorías diferentes, de otras mayorías. ¿Cual es el propósito de estas luchas sociales? Lo que Emilio Pérsico ejemplificó impecablemente para definir el sentido de la marcha de días pasados, y no se entiende por qué despertó tantas iras “kirchneristas”, así entre comillas. Dijo más o menos algo así como “No estamos aspirando a volver al proyecto del año pasado. Estamos peleando por un pàn dulce, un pollo y una sidra”.
....
Ocurre que mientras vamos construyendo la mayoría política suficiente para volver a ganar las elecciones y llegar a la posibilidad de retomar un proyecto de liberación nacional, los compañeros tienen que tener su sidra y su pollo para fin de año, tienen que poder garantizar sus derechos sociales y laborales, sus derechos humanos, como el acceso a la salud, la educación y la vivienda, necesitan defenderse. Y esa, la defensiva, es la naturaleza de las organizaciones gremiales, tanto si nuclean a los trabajadores formales y se llaman “sindicatos”, como si agrupan a los informales, desempleados y marginados y en forma bastante redundante, se dan en llamar “organizaciones sociales”.
...
Una cosa, la lucha política, y la otra, la defensa social, van por carriles, en tiempos y según lógicas diferentes, pero no hay ninguna razón (excepto la estupidez o la traición) para considerarlas contradictorias. Al revés: son complementarias. Pero para ser complementarias, deben ser diferentes.
Aun así, la lucha política y la lucha social son insuficientes: es necesario trabajar en un tercer plano, el de la creación de una red, un sistema de contención y protección comunitaria, para amparar a nuestros compañeros en su hábitat, en su vida cotidiana, para que los muchachos no se vean tironeados entre el narco y la cana, que no pocas veces son lo mismo. En la práctica, esta construcción (así sea llevada a cabo tanto por agrupaciones políticas como por organizaciones sociales) tiene tiempos y lógicas diferentes a la de la política y las de la lucha social: son los tiempos y las necesidades de esa comunidad.
...
Pasa que si no entendemos que no somos un partido político, una suma de sindicatos ni un movimiento de pacotilla, algo así como una réplica berreta del falangismo o el fascismo, sino que somos (o debemos ser, o vamos siendo) un movimiento complejo, tumultuoso y contradictorio, un frente nacional, el germen, el embrión de una nueva sociedad, si no entendemos que debemos ser la nación en su ir siendo… pues no entendemos nada.
...
Lo otro, que si Cristina sí, que si Cristina no, es pura tontería. Hay que construir un movimiento y un frente nacional, que es un organismo vivo, lleno de tensiones y contradicciones. Y conducirá este proceso quien sea capaz de conducirlo. Si a Cristina le da la talla, nos ahorraremos mucho tiempo y sacrificios. Si no le da, mala suerte, y a llorar a la iglesia.
....
Enfrentamos a un auténtico Partido del Extranjero ante el que lo peor que podemos hacer es seguir creando divisiones y sembrando cizaña por celos, prejuicios, o peleas subalternas

Balance apresurado para un fin de año conflictivo. Por Antonio Muñiz

Nos toca vivir como decía la maldición china “épocas interesantes”. Porque es una etapa inédita en la historia argentina,  en algunos casos y repetida, en su lógica, en otras.
Ya que estamos citando clásicos, Marx decía que los hechos se repiten primero como tragedia y después como comedia.
Esta etapa que se caractriza por un avance de la derecha liberal conservadora en toda América Latina, volteando como efecto domino a los gobiernos populares, esta vez por medios democráticos o por los menos utilizando mecanismo constitucionales de cada país.
En los setenta paso algo así, pero fue una tragedia sangrienta, donde los gobiernos populares, fueron víctimas de golpes de estado cívico militares que instauraron dictaduras  violentas y reaccionarias cuyo objetivo era restaurar en el poder a las elite conservadora y aliadas del imperio. Siempre el objetivo es el mismo: subordinar a nuestros países a la órbita yanqui, generar políticas económica que beneficien a esas elite locales, en general productoras de commodity, y las grandes e empresas multinacionales, bajando salarios, quitando derechos a los trabajadores, desmantelando cualquier desarrollo industrial y fomentando una lógica de negocios rentística financiera globalizadora.
Como decíamos más arriba esta etapa parece casi una comedia de enredos, protagonizada por actores de segunda, que desconocen hasta los libretos, pero el libreto sigue siendo el mismo. No ha cambiado. No hay que confundir las berretadas de Mauricio con el pensamiento claro, preciso de la derecha argentina. La Nación lo expresa casi todos los días en sus editoriales. Es una derecha  reaccionaria, liberal en lo económico pero muy autoritaria en lo político, violenta, profundamente racista y xenófoba. Por ello no mide consecuencias avanza, como elefante en un bazar, en la construcción de poder para esa elite que se cree dueña del país.
El FPV se vio sorprendido por una derrota en las urnas que no estaba en sus planes, no solo la derrota en las presidenciales, que estaba dentro de las posibilidades sino sobre todo la derrota en la pcia de Buenos Aires. Las dos derrotas más la perdida municipios bonaerenses históricamente peronistas, dejo a la dirigencia y sobre todo a la militancia huérfanos de liderazgo pero sobre todo de ideas.
El debate se abrió y que todavía no se ha saldado, la falta de autocrítica de la dirigencia y sobre todo como enfrentar esta restauración conservadora: ¿Organizar la resistencia, como plantearon algunos sectores K, o dar gobernabilidad al nuevo gobierno como plantean otros?
En aras de una y otra posición se han cometido enormes errores. En nombre de la gobernabilidad, se aprobaron leyes oprobiosas que están condenando a futuras generaciones, financiando con deuda la evasión y la fuga de riquezas como sucedió en otras etapas, o se le dio al gobierno herramientas claves para avanzar en el desmonte del estado de bienestar, pauperizando a los sectores populares.
Pero tampoco en nombre de la resistencia se construyó algo sólido. Plazas testimoniales con numerosa convocatoria. Pero con un discurso contestatario, repitiendo el error de la campaña electoral, hablar de los logros de la década K y poco de propuestas a futuro que puedan sumar otros sectores no K.
Igualmente es meritorio que dirigentes con Axel Kicilioff, Sabatela, Yaski, y otros pocos, que se pusieron al hombro esta tarea, La mayoría de la dirigencia opositora escondió bajo la cama, esperando que el tiempo aclare.
En la política argentina las grandes batallas se dieron en la calle. Desde aquel 25 de mayo con el pueblo en la plaza condicionando y presionando a los cabildantes para que se armara un nuevo gobierno o un 17 de octubre  de 1945, o un 20 de marzo de 1982, una movilización de la CGT puso en jaque a la dictadura militar y varios más hasta llegar a la crisis y las grandes movilizaciones de diciembre de 2001 que pusieron fin a la etapa neoliberal.
Seguramente las próximas batallas se van a definir en la calle y no tanto en lo electoral,
Este último año se caracterizó por varias movilizaciones en las calles de buenos Aires, heterogéneas, multifacéticas, confusas en consigna, pero unidas en el deseo de ponerle límites a la derecha macrista. Todos deseaban que fuera  el preludio de una marcha general en diciembre próximo que volteara al gobierno y Mauricio se fuera en helicóptero como Dela Rua.
Sin embargo la política tiene sus reglas y una de ellas es que si ocurriera esa gran marcha, primero hubo de haberse trabajado y organizado en la base, con la gente, organizando esa movilización popular.
 Además siempre los proceso insurreccionales tienen una conducción, difícilmente surge del espontaneismo de las masas.
 En este primer año del gobierno macrista pareciera que no están dadas esas dos condiciones.
No hay dirigentes con pretensiones de organizar y trabajar en la base, pero sobre todo no hay dirigencia que marque el rumbo, que marque el que y el cómo seguimos.
Salvo CFK, que sigue siendo líder indiscutida de la oposición y que conduce a los sectores kirchenrista y también a los sectores peronistas, que aun críticos no pueden dejar de reconocer su representatividad y liderazgo.
El otro líder es el Papa Francisco, que a pesar de las distancias es una figura con mucha influencia en la política interna. El acuerdo de los Movimientos  gremiales y Sociales con el gobierno por la ley de emergencia social y salario social lo tiene como gran artífice. Los tiempos y las razones de la Iglesia son complejos, no siempre puede medirse en tiempos de la política local.
El acuerdo, sin duda un éxito para los movimientos sociales que les permite recuperar iniciativa y sobre todo la calle, también fue un gran triunfo para el gobierno, desactivo por un tiempo una bomba  en un fin de año que se avecinaba conflictivo.
Quedan dos desafíos pendientes de cara al 2017. Dos batallas que se entrecruzan y que van a marcar la victoria o la derrota del movimiento  nacional y popular en la próxima etapa: 1)  renovar, reorganizar y movilizar el Peronismo bonaerense y 2) ¿como construir ese espacio nuevo que pueda convocar a las amplias mayorías?
La madre de todas las batallas.
Siempre o casi siempre el peronismo gano y gobernó la Provincia de Buenos Aires, salvo el breve interregno del gobierno radical de 1983, el peronismo es  sus distintas vertientes ha sido la fuerza principal en la provincia. Por ello la derrota de Aníbal Fernández o la victoria de Vidal , como quieran ver el mismo fenómeno fue un cimbronazo muy fuerte para el peronismo. Podía preverse la derrota en el ballotage, pero nadie vio o quiso ver la derrota en la gobernación. Derrota aún más dolorosa porque se perdió en muchos distritos de la provincia, donde el peronismo gobernaba desde hace muchos años.
El peronismo bonaerense vive hoy una crisis profunda, crisis que no es nueva.Ttal vez la derrota electoral mostro el agotamiento de un modelo de construcción y de entender la política.
Hay varios fenómenos que se viene dando desde hace años y que muestran a veces el fracaso de un sistema político.
Si analizamos el origen de los gobernadores  bonaerenses, Cafiero y Duhalde, y por un hecho fortuito Sola, fueron candidatos a gobernadores  que formaban parte de la estructura bonaerense. Ruckauff y  Scioli lo fueron extraños al aparato, “bajaban” a la provincia porque median bien y “garantizaban” el triunfo.  Tuvimos gobernadores que no conocían la provincia, que no tenían idea de los nombres de las localidades que visitaban. Esa falta conocimiento de la provincia se paga y se pagó. Para completar trajeron equipos de gobierno que no eran de la provincia y que también la desconocían generando una situación una tanto perversa. Esa lógica de que desde arriba te impongan el candidato, fue Menem  una vez y otra Kirchner , sin que la estructura partidaria por lo menos se queje muestra la debilidad del peronismo bonaerense que no puedo generar dirigentes con representatividad y legitimidad propia.
El peronismo fue durante casi dos décadas un federación de intendentes, y subordinada a ella dos ligas menores, los legisladores provinciales que en ambo casos se retro alimentaban,  perpetuándose en el poder, teniendo intendentes y legisladores casi vitalicios, con más de 20/25 años en el poder.
Peor que esto es que además nunca o en escasas situaciones se pensó en serio en fortalecer el partido, formar cuadros técnico políticos, abrir el debate y la discusión interna, abrirlo  y democratizarlo y por supuesto menos en recrear alternativas movimientistas dentro del PJ bonaerense.
Así llegamos a 2015, donde la ciudadanía expreso claramente un no a una forma de hacer política. Es claro en el conurbano, perdieron todos los viejos caciques que quedaban, y donde el peronismo gano con la sigla de FPV fue con candidatos nuevos, más jóvenes, pero por sobre todo con un discurso distinto más cercano a la gente.
Hoy en la provincia hay una  dispersión política importante, Todo está, fracturado en varios grupos de intendentes  y en las cámaras tienen su correlato de varios bloques, donde prima el negocio personal o grupal o garantizar gobernabilidad sacándoles recursos, siempre escasos, a la Gobernadora,  para los municipios.
Sin política, sin demasiadas ideas, sin liderazgos claros, el peronismo bonaerense espera el candidato salvador, el mesías que venga a salvarnos, sea Randazzo para algunos o Massa para otros, pero siguen sin generar políticas propias de cara la sociedad.
Se mueve criticando a CFK, temiendo el armado de “Unidos y Organizados II” , que los deje afuera del reparto de cargos con vista al 2017, pero a su vez teniendo miedo de sacar los pie del plato, si CFK se consolida como candidata del sector.
Hay un espacio desde lo territorial interesante para comenzar la reconstrucción, un armado de 55 intendentes, un grupo de legisladores con ganas, una militancia movilizada y ansiosa.
Volver a las fuentes puede ser una salida para este PJ. Volver a prácticas más abiertas, más democráticas, más movimientista, donde se fomente la participación, la discusión interna: generar espacios abiertos para toda la militancia, y no solo discusiones entre “dirigentes”, mientras los militantes esperan en la calle. Ir generando y mostrando a la sociedad posibles candidatos a la gobernación y a los municipios,  y sobre todo nuevos liderazgos de opinión.   Materia prima hay de sobra, faltan ideas y sobre todo más audacia.
Es fundamental si queremos volver, ganar en la provincia de Buenos Aires en 2017,  reorganizar y fortalecer  el PJ bonaerense, que pueda ser el motor de un proceso de sumar voluntades en un frente  social y político mayoritario.
Hay que tener claro que son elecciones provinciales y distritales, Hay que ganar provincia por provincia, pero  Buenos Aires, por su peso político es la principal, si perdemos en la provincia, perdemos políticamente las elecciones.
Construir nuevas mayorías:
 Es fundamental en esta etapa de construir mayorías volver nuestra mirada a las organizaciones sociales, las “organizaciones libres del pueblo”  las llamaba Perón y que fueron base de propuesta de gobierno durante el primer peronismo. Habría que releer  “Comunidad Organizada”, libro mítico del peronismo y poco comprendido por la dirigencia. Allí Perón plantea y sigue teniendo vigencia la necesidad de avanzar hacia la construcción de una democracia social y directa. Traspasar los límites de los partidos políticos, y dar poder a esas organizaciones donde el pueblo se reúne, se junta para conseguir determinados objetivos.  No hay que confundir con el ongismo muy de moda en los noventa, donde el Estado renunciaba a  determinados fines u objetivos para trasladárselas  a asociaciones o grupos de voluntarios, que hacían un trabajo social.
 Esto es más profundo, es la gente organizándose para dar respuesta a sus necesidades y objetivos. Atraviesan así toda la sociedad, desde las sociedades de fomento, los clubes deportivos, los centros de estudiantes o las cámaras empresarias, etc. Tal vez el mejor ejemplo actual de las OLP sean las multisectoriales que se conformaron para luchar contra los tarifazos.
El gran desafío de la política actual es empoderar a esas organizaciones del pueblo, y sumar a muchos de sus dirigentes a la acción política concreta. Es una tarea de ida y vuelta, los dirigentes sociales también deben entender que deben dar ese paso. Dejar de ser meros espectadores de la política, dejar de ser referentes  de un sector o tema determinado para pasar a ser dirigentes políticos con una visión integradora de la realidad. Por supuesto este paso no es fácil, deben romper con paradigmas de pensamiento y acción sectoriales para pasar a embarrarse en el farragoso campo político, acordar, suma, pelear, “rosquear”, equivocarse, someterse a la opinión pública, y atreverse a perder de ser necesario para volver a empezar . De eso se trata la política, pelear por el poder, no por el poder mismo, sino que es necesario entender que el poder y el manejo del Estado son indispensables para poder llevar adelante los cambios sociales, políticos y económicos que la sociedad requiere.
Cualquier construcción de nuevas mayorías en un frente social o ciudadano requiere que se sumen estos nuevos actores al escenario político. Es claro entender que el frente no puede ser una sumatoria de reclamos individuales o de sectores. Deben convertirse, esos reclamos, en un programa o acción de gobierno que los incluya pero a su vez los supere, dando repuesta a problemáticas mayores.
Ese programa común debe ser el eje vertebrador de un nuevo frente ciudadano o como quieran llamarlo, porque desde allí se convoca, se suma, a todos los que estén de acuerdo con ese modelo de país, no preguntando de donde vienen sino preguntándonos si podemos caminar juntos ese camino.
No es sencillo, es un desafío que todos los dirigentes  y hasta los militantes de base deben entender, que debemos ser muchos en el camino y que en ese camino debemos ir sumando a los que hoy están a la vera de la ruta, mirando, esperando expectantes, como se suman a la lucha.

Hay una historia pequeña del 17 de octubre de 1945, que me contaba un viejo militante y amigo: “el 17 nosotros estábamos en el local de Liniers, éramos 4 o 5. Debatíamos que hacer, corrían todo tipo de rumores, nadie tenía claro  que hacer, hasta que un compañero tomo la bandera argentina, y dijo vamos!.  Así salimos de Linier caminando por Rivadavia, mucha gente nos  aplaudía y otros nos miraban con indiferencia, pero fuimos llamado a esos  compañeros a la marcha y cuando llegamos, horas después a la Plaza de Mayo,  nuestra columna era de más de 10.000 compañeros que nos sumamos a los cientos miles que nos esperaban,  Habíamos marchado todos hacia un mismo objetivo”. 

Foro en defensa del Proyecto Nacional y Popular

El Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, fue el invitado especial del primer Foro en Defensa del Proyecto Nacional y Popular, que contó con más de 250 militantes.