Las patas de la mentira: toda la culpa la tuvo el peronismo.

La historia liberal, ensalzo siempre y ahora con nuevos bríos, la Argentina del centenario, la Argentina agro exportadora de fines del siglo XIX o primeras décadas del XX. Muchos funcionarios del actual gobierno están reconstruyendo un relato tendencioso, falso tanto en términos históricos como económicos, sobre un quiebre en un destino manifiesto que nos garantizaba la argentina agro exportadora con la irrupción del peronismo. Todos los males de la Argentina provienen de 70 años de políticas peronistas. 
El país floreciente, meca de millones de inmigrantes europeos, gran granero del mundo, una oligarquía que tiraba manteca al techo, pero con un pueblo sojuzgado, reprimido y mano de obra barata para sostener el modelo exitoso. Mientras Inglaterra y algunos otros países europeos eran demandante de materias primas que acompañaran su proceso de industrialización Argentina tenía un lugar en el mundo, dentro de la división internacional del trabajo.
Este Modelo hace crisis después de la primera guerra mundial, donde Europa deja de ser esa aspiradora de los productos argentinos, donde Inglaterra pierde su liderazgo mundial y este pasa a los EEUU, que estaba en un proceso de industrialización acelerada después de su guerra civil, pero que no necesitaba las materias primas que producíamos, ya que nuestra economías primarias eran y son competitivas.
El mundo en crisis llevo a la gran crisis del capitalismo mundial en 1929 y está a la segunda guerra mundial, donde se consolido el liderazgo económico político y militar de EEUU y la decadencia de Inglaterra.
El modelo agro exportador dejo de ser viable. Comienza así, primero casi espontáneamente un proceso industrialización, luego sobre todo durante el gobierno peronista un proceso planificado de industrialización basado en la SI.
Es posible encontrar en los últimos años numerosos artículos, trabajos académicos y ensayos que apuntan a desarrollar y profundizar una historia de este proceso. Tal vez buscamos en ellos las claves de un proceso rico y contradictorio que ocupó gran parte del siglo XX.
Siguiendo la definición de Mario Rapoport “La Argentina ha tenido en su historia económica, tres etapas bien definidas: el llamado modelo agroexportador, el modelo de industrialización por sustitución de importaciones y el modelo rentístico-financiero. Si llamamos modelo a un esquema simplificado que pretende reflejar una realidad compleja en sus principales rasgos, nos estamos refiriendo a tres etapas que representan los elementos sobresalientes de distintos modelos de país, aunque en cada uno de ellos subsistieran trazos de los otros.”
Es cierto que Argentina, a partir de la finalización de las guerras civiles hasta casi hasta fines de la década del 20, pasó de ser un país atrasado y marginal a figurar entre los primeros del mundo.
Sin embargo, y contrariamente a lo que hicieron otras naciones agro exportadoras como Canadá o Australia , la elite gobernante en Argentina mantuvo a rajatabla el modelo de libre comercio, que favorecía el modelo agro exportador y por lo tanto impedía, por acción u omisión cualquier intento de industrialización. 

Solo cuando la crisis mundial del 29 puso de golpe final al modelo se comenzó a pensar en un proceso de sustitución de importaciones. Como decíamos anteriormente países como Canadá y Australia, de economías similares, habían iniciado el proceso de industrialización a principios de siglo cuando ya el modelo agro exportador empezaba a mostrar signos de agotamiento.
Citando a Mario Rapoppot “Muchos economistas e historiadores sostienen todavía que las riquezas de la época agroexportadora fueron despilfarradas sin sentido a partir de los años 30, al promoverse la industrialización y la intervención del Estado, conduciendo así a la declinación económica del país, la inflación y la inestabilidad política que habrían imperado bajo el modelo de sustitución de importaciones, pero el análisis cuantitativo y cualitativo no les da la razón. El país fracasa, como veremos, porque no completa su ciclo de industrialización no porque se industrializa.
El modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones, permitió grandes logros durante el período 1930/75. Entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico, el desarrollo de una clase media y un sector obrero con altos salarios, con bajos niveles de indigencia y pobreza y con tasas de desocupación mínimas. En síntesis una sociedad homogénea e integrada.
Pero el proceso industrializador resultó incompleto debido a la falta de desarrollo de algunos eslabones productivos claves. Esa industrialización trunca impidió una mayor diversificación y complejización de la estructura industrial argentina, generando una dinámica cíclica, conocida bajo el nombre de stop and go (pare y arranque).
En la fase de expansión crecía sustancialmente el mercado interno, aumentando las importaciones de bienes e insumos intermedios destinados a la industria, y por ende, la necesidad de divisas. Pero aumentaba también el consumo de bienes de origen agropecuario, debido a los mayores salarios que pagaba la economía y a los niveles de mayor empleo, con lo cual se reducían los saldos exportables. Cabe acotar que durante todo ese período hubo, a nivel internacional, un aumento constante de los bienes industriales y un estancamiento de los precios de las materias primas exportables, produciendo en la economía local un proceso denominado “deterioro de los términos de intercambio”.
Este desequilibrio en la balanza de pagos traía aparejado un estrangulamiento externo que, según las teorías clásicas, “obligaba” a un ajuste recesivo que se desencadenaba vía una devaluación cambiaria. Se reducía el salario real y el consumo, los saldos exportables crecían y las cuentas externas mejoraban porque crecían las exportaciones y se reducían las importaciones. De esa manera, el ajuste recesivo permitiría alcanzar un nuevo equilibrio y el ciclo se reanudaría nuevamente.
A pesar de las marchas y contramarchas en estos ciclos económicos, siempre el crecimiento del sector industrial fue positivo durante el período. Pero este proceso se cortó bruscamente en 1976, impidiendo la consolidación del modelo y la superación de las trabas estructurales.
La industria entró en la crisis de 1975-76 en las mejores condiciones de su historia. Venía de varias décadas de crecimiento continuo, signado por algunas crisis coyunturales, y estaba en un proceso de expansión que la había llevado, hacia 1974, al uso de toda su capacidad instalada, mientras se lanzaban los nuevos proyectos de expansión de las ramas básicas.
La experiencia de otros países, caso Brasil, mostraron que el proceso era viable y que Argentina sería otra, de no haberse aplicado una política económica neoliberal que durante 25 años favoreció el sistema financiero, abrió los mercados, destruyó el mercado interno y desmanteló la industria nacional, tirando por la borda 45 años de un proceso contradictorio pero rico en experiencias individuales y colectivas.
La interrupción del ISI no sobrevino por su agotamiento o fracaso, basta recordar que entre 1964 y 1974 el crecimiento anual promedio fue del PBI fue del 5 %, mientras que la tasa promedio del PBI industrial fue del 7 %. Otro dato significativo es que el porcentaje en 1974 de exportaciones de productos manufacturados fue del 24 % del total, contra un 3 % en 1960. Además en eso años se alcanza la mayor participación de los asalariados en el ingreso nacional, casi el mítico 50/50.
En síntesis el modelo de industrialización (ISI), permitió grandes logros durante el período 1930/76. Entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico, el desarrollo de una clase media y un sector obrero con altos salarios, con bajos niveles de indigencia y pobreza y con tasas de desocupación mínimas. En síntesis una sociedad homogénea e integrada.
“Aceros o caramelos”.
En esos años del Proceso cívico militar se instauro una gran zoncera: decían que nos daba lo mismo producir aceros o caramelos,
Esta frase, tan poco feliz, sobre que el mercado decidiría si Argentina producía aceros o caramelos, marcaba cual sería la tendencia del nuevo programa económica: la renuncia a una Argentina industrial.
El golpe militar de 1976, tenía como objetivo modificar la compleja estructura económica, política y social, generada luego de 1930 y más concreto a partir de 1945 con la impronta que le dio el peronismo. El objetivo fue modificar en forma irreversible las bases de una Argentina industrial.
Por supuesto que esta política se basó en una feroz represión de los sectores populares a través de 30.000 desaparecidos, la mayoría de ellos, trabajadores con activa participación gremial.
La persistencia de las elevadas tasas de interés, la apertura indiscriminada
a las importaciones, el atraso cambiario fueron cambiando la economía Argentina. Esos factores, junto con los cambios en la demanda local, sorprendieron a la industria y, rápidamente se vio el resultado.
A partir de 1977 con la reforma del sector financiero bancario el núcleo dinámico de la economía paso a ser el sector rentístico - financiero.
Un gran número de empresas clásicas desapareció en ese remolino. El mercado bursátil, donde se podía comprar el paquete de control de algunas empresas a muy bajo precio, fue un ámbito privilegiado de esas maniobras. Lo mismo ocurrió con muchas otras; con el tiempo se convirtieron en depósitos, supermercados, shoppings, esperando caer sobre la piqueta para dejar espacio libre a nuevas actividades.
Aldo Ferrer en su libro “La Posguerra” un programa para la reconstrucción del desarrollo económico argentino”, escrito ya en el final del proceso, luego de la derrota de Malvinas, describe como saldo de la gestión, que, “el PBI por habitante en 1982 era 15% inferior al de 1975. La producción industrial había caído 25% con respecto a 1970, la capacidad ociosa de la infraestructura productiva era del 50 %. Los quebrantos y el endeudamiento han devorado el patrimonio neto del sector privado. Se ha producido una transferencia nominal del control del aparato productivo al sector financiero.”
“La deuda externa plantea un problema sin precedentes en la experiencia argentina, las amortizaciones e intereses en 1982 superan los 12.000 millones, esto es, representan 1,2 veces el valor de las exportaciones previstas para el año”
“Los gastos en personal cayeron en más del 30% como consecuencia de la reducción de los salarios reales. En ese texto Ferrer afirma que el ajuste socio económico de entonces, comandado por las Fuerzas Armadas, no cerraba sin una represión salvaje.
“Bajo la conducción liberal monetarista”, “la Argentina pasó de ser un país en proceso de desarrollo a otro en proceso de subdesarrollo”. (1982)
Está claro que todo ese proceso buscaba desmontar toda la industria nacional, ir hacia una Argentina pre industrial, pre peronista. Corregir y borrar esa aberración histórica que fue el peronismo para esa oligarquía neoliberal.
Indudablemente el modelo industrializador fue derrotado en 1976. El golpe militar estuvo dirigido a destruir el aparato productivo, cultural, educativo e ideológico de una Argentina industrial. La feroz represión a los trabajadores en esos años, sobre todo a las comisiones internas de las grandes empresas engrosan las listas de detenidos, desaparecidos o exiliados. No fue casual, fue una política destinada a desmontar la sociedad argentina, hija del peronismo. Fue un ataque a una sociedad igualitaria, solidaria, de salarios altos, pleno empleo, con fuerte ascendencia social y económica. Fue una guerra cultural y política del régimen militar oligárquico contra la argentina integrada, moderna, contra las pymes, contra la clase media argentina y los sectores obreros, con una feroz transferencia de ingresos de los sectores populares hacia las clases altas y las empresa concentradas.
En ese sentido puede decirse que el proceso cívico militar fue exitoso en el logro de esos objetivos. Todavía, 40 años después, seguimos sufriendo las secuelas de aquellas políticas en la matriz cultural, ideológica de la sociedad.
Hubo dos herramientas que el régimen uso para desbaratar cualquier intento futuro de desarrollo industrial productivo, el brutal endeudamiento que nos condiciono por décadas y la corrupción en el manejo de la cosa pública que se instala en nuestras instituciones y en las empresas. Surge allí la tristemente recordadas “patria contratista”, acuerdo entre el gobierno y las empresas contratistas para apropiarse de los recursos del estado y fugarlos. Hay que recordar que deuda externa, fuga de capitales y corrupción son tres herramientas hermanas para saquear y dominar nuestro país. Este esquema corrupto se repite a lo largo de nuestra historia reciente.
El modelo neo liberal siguió aplicándose con los gobiernos democráticos posteriores, con matices y contradicciones durante el gobierno radical, con mucha fuerza y convicción durante los noventa. Este modelo nos llevó a la crisis del 2001, que puso fin al proceso. A partir de allí y como respuesta a la crisis se comienza a instrumentar un programa industrializador, que continuó hasta el 2015.
Sin embargo las estructura gestadas durante el proceso siguen vigentes, los gobiernos de 2003/15, si bien alentaron la industrialización y hubo políticas de integración social y mejoras en salarios, y fuerte desarrollo del mercado interno, no pudo desmontar el aparato legal, económico y cultural del procesismo. Las leyes de entidades financieras o la ley de inversiones extranjeras que fueron piedra basal del neoliberalismo siguen vigentes. El aparato monopólico cultural mediático surgido en los noventas, marca la cancha y fija “un sentido común” liberal en lo económico y autoritario en los político.
La derrota del FPV en las elecciones de octubre de 2015, producto entre otras cosas por estas limitaciones políticas e ideológicas y el triunfo del candidato neoliberal Mauricio Macri, marca un contra ataque de la derecha oligárquica. Abrió un nuevo periodo de políticas anti industrialistas, y una vuelta al modelo rentístico financiero de los noventa. En casi 3 años de gobierno las políticas neoliberales llevan el objetivo de reconvertir a la industria, hacer desaparecer rubros enteros como el sector textil, indumentaria, cueros, plásticos y sectores de la metalmecánica, bajar salarios en dólares, achicar el mercado interno, generar un piso de dos dígitos de personal desocupado. El daño que está causando nuevamente en todo el entramado productivo, pero sobre todo en lo institucional, social y cultural es tremendo, sumándole una corrupción institucional que se extiende como una mancha de aceite sobre todas los sectores sociales.
Un verdadero genocidio sobre toda la sociedad argentina. Cuanto más puedan profundizar sus políticas, mayores serán sus consecuencias y mayor será el tiempo para reparar el daño hecho.
Es tarea fundante del movimiento nacional y popular dar una pelea en todos los frentes contra la restauración oligárquica, y aprender de la historia. Argentina no tiene destino dentro del modelo rentístico financiero que quieren imponernos. Que no tenemos futuro como país sin un fuerte desarrollo industrial y que este, debe estar basado en salarios altos, mercado interno, con un estado fuerte, activo, pero también, vamos a necesitar un estado empresario, que canalice la inversión publicas hacia los sectores planificados, que movilice la Investigación y el desarrollo tecnológico, en síntesis un modelo de país basado en una cultura en el trabajo y la producción.
Antonio Muñiz

La Maldición de Sisifo


“Los dioses habían condenado a Sísifo a transportar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Pensaron, con algún fundamento, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”
La maldición de Sísifo -Albert Camus-

Es propio de la filosofía occidental moderna creer  que el progreso es indefinido y siempre unilineal,  hacia adelante,
Sin embargo, en otros sistemas filosóficos, como los orientales, o en  autores occidentales como Vico o Maquiavelo  se encuentra la idea de una “historia cíclica”.
La idea de eterno retorno se refiere a un concepto circular, los acontecimientos se repiten una y otra vez, vuelven a producirse bajo otras formas o circunstancias pero básicamente semejantes,
Pareciera que la  historia argentina corrobora esta teoría. 
Hay hechos que parecen repetirse una y otra vez.
Como el mito de Sísifo parecemos condenados a repetir una y otra vez una lucha absurda e inútil, porque  que nuestra sociedad parece estar atrapada “condenado por los dioses”.




La Deuda externa

La deuda externa ha funcionado a los largo de nuestra historia como un yugo que nos condiciona y nos obliga.  Desde 1824, con el recordado préstamo de la Baring Broder hasta el desquicio endeudador del gobierno macrista, la deuda ha sido un mecanismo de dominación y sujeción de la Nación al imperialismo de turno, pero siempre al servicio del sistema financiero  internacional
Durante todo el siglo XIX y gran parte del XX, la integración al mundo estuvo condicionada siempre por el pago de la deuda y sus intereses.
Nos integramos  al mundo como mero productor de alimentos y materias primas, importador de bienes industriales de las metrópolis. Por supuesto este modelo generó una minoría, rentística agropecuaria, conformada por los dueños de la tierra, sectores financieros locales y la gran banca internacional  en detrimento de la mayoría de la población, nacional y extranjera, condenándola  a mano de obra barata, y pagador de última instancia de la deuda. Nunca está mal recordar la triste frase de Nicolás Avellaneda, ante una de las tantas crisis de pagos, “se pagara con el hambre y sed de los argentinos” (1877. Nicolás Avellaneda)
Aquel primer préstamo se terminó pagando 80 años después, con casi  20 veces más del capital original. Lo interesante de aquel primer empréstito, que se repetiría a lo largo de la historia, es que del millón de libra  se descontaron intereses y comisiones que hicieron que la suma efectiva fuera notablemente menor y que esta fuera destinada a financiar el comercio de bienes de Inglaterra al Rio de la Plata. Otro dato es que la garantía fueron las tierras públicas, o sea las tierras de la pampa húmeda, una de las más ricas y productivas del mundo.
Para los festejos del bicentenario, 1910, la burguesía comercial porteña había modelado un país según sus intereses. Un modelo de sujeción y sometimiento de las provincias del interior, políticamente una sociedad oligárquica y autoritaria, ultra liberal en lo comercial y económico.
La deuda fue una de las herramientas para sostener ese  modelo basado en el comercio de productos carne y granos hacia Europa.
La deuda permitía a la burguesía apropiarse de los excedentes que generaba el comercio internacional. Así que el objetivo de la deuda ha sido siempre la apropiación de la riqueza de los argentinos hacia manos extranjeras y sus socios locales, vía comisiones y altas tasas de retorno, también la deuda aseguraba un modelo dependiente del imperialismo.
Este modelo tuvo una larga etapa de éxito relativo, el modelo funcionó, con crisis cíclicas profundas, en general producto de crisis en la balanza de pagos o crisis producidas por una especulación desenfrenada en una economía libre de controles. Algo que seguirá sucediendo en las décadas futuras.
El modelo entra en crisis, con el colapso mundial del 29, sin embargo ese mundo estaba muriendo desde la guerra entra imperialista del 14/18, el surgimiento de la Unión soviética  y de los movimientos fascista en Europa en las décadas del 20 y 30, que cuestionaban el orden económico político de le época.

Hoy como ayer.  

La dos guerras mundiales, el surgimiento de la Unión Soviética como potencia económica y militar, la guerra fría, el surgimiento de movimientos nacionalistas como el peronismo, el varguismo, el nazerismo y los movimientos de liberación en los países coloniales de áfrica y Asia van reconfigurando un mundo distinto donde la hegemonía del gran capitalismo imperialista anglo americano es cuestionado desde diversos ángulos y actores.
Sin embargo la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética posterior, marcaron el fin de la guerra fría y el triunfo del capitalismo ultra liberal. Era el final de la historia, según Fukuyama.
Sin embargo la historia es construcción humana y continuará mientras el ser humano siga caminando sobre el planeta.
 Así que no fue el fin de nada sino la continuación de un proceso que había empezado unas décadas antes: el surgimiento de los países de la OPEP, el alza del petrolero y el excedente de petro dólares en el mercado financiero mundial, una “nueva” pero “vetusta” idea de un individualismo extremo, un liberalismo basado  en la moneda como fin último de la actividad económica. Esta ideología pregonada y aplicada por Ronald Regan y Margaret Thacher se extendió por el mundo, dejando un campo orégano para la aplicación de las nuevas doctrinas monetaristas que fueron cambiando el perfil del mundo.
Por ultimo otro cambio profundo que fortaleció el capitalismo, fueron las nuevas tecnologías que revolucionaron  la faz productiva, mejorando notoriamente la rentabilidad de capitalismo occidental y fortaleciendo el poderío del aparato industrial militar estadounidense.
Es por ello que a partir de mediado fines de los 70 comienza una etapa que se ha dado en llamar globalización. La deuda volvió a ser una herramienta de grandes negocios para el sistema financiera mundial y el nuevo orden colonial que comienza a configurarse.
Así Argentina y la mayoría de los países sudamericanas se endeudan en dólares, en tasas de ese momento relativamente bajas, empezando nuevamente un proceso de apropiación de la riqueza de los pueblos hacia los mercados centrales y su socio locales. El endeudamiento de los países emergentes hasta los  noventa fue un mecanismo de dominación de los países, sometiendo a sus pueblos a pobreza y pago de intereses de la deuda.
En los 70 comienza la doble mano del endeudamiento.  En Argentina,  mientras el país   se endeudaba, la burguesía local se enriquecía y luego fugaba hacia el exterior, hacia mercado offshore y paraísos fiscales.
En síntesis un mecanismo perverso para apropiarse de la riqueza social acumulada y ajustar el sometimiento de los países, ya que impide cualquier desarrollo soberano.

Lo que viene….

Decíamos que deuda, apropiación, fuga y condicionamientos futuros  son elementos de una misma cadena, Sin embargo hay otro elemento, no del todo evaluado. Estos procesos tienen otro hecho fundamental, las periódicas crisis económicas y financieras, o crisis de la deuda, tan común en el mundo en los 80 y 90, que parecen ser generadas ex profeso.  Golpes de mercado, para acelerar  o profundizar una crisis económica y social vía default, híper inflación con recesión, lo cual tiene un doble objetivo: garantizar  el saqueo de las riquezas de los países y domesticar a los sectores populares y medios, para futuros ajustes. (1)
Las políticas económicas del macrismo tuvieron esta lógica, esperaron durante una década una crisis de las políticas kirchnerista, que nunca llegó.
Necesitaron generarla, culpando a la pesada herencia del gobierno anterior,  para poder someter a la nación argentina a otra brutal transferencia de riquezas de los sectores medios y bajos  hacia los grupos más concentrados vía aumento de tarifas, quita de retenciones, dolarización de la economía, devaluación, alta inflación y altas tasas de interés y nuevamente volver al endeudamiento externo.
Nuevamente surge nuestra inserción en el mundo a partir de la división internacional del trabajo que nos asigna el rol de productores de semillas, granos y algo de carne. Nuevamente nos quieren obligar a ser meros exportadores de commoditys. Que renunciemos a todo proceso industrializador.
Esta lógica extractivista tiene además otro correlato la concentración de la economía. Los agro negocios requieren de una alta concentración, los negocios quedaran en manos de los pool de siembra, los grandes acopiadores y comercializadores de granos. La desaparición en estos días de un tambo por día muestra cual es el camino,  la desaparición de los pequeños productores, chacareros, cooperativas, la expulsión de antiguos ocupante s de la tierra “flojos de papeles”, y como siempre el despojo de los pueblos originarios en beneficio del gran capital, en muchos casos extranjeros, como sucede en la Patagonia con los mapuches o en el norte salteño con los wichis
Con estos objetivos desean que nos des industrialicemos. Nos hablan del modelo australiano, que no es otro que renunciar a cualquier destino industrial.
Todas las políticas económicas de este gobierno apuntan a la destrucción de las pymes industriales, sobre todo aquellas que producen para el mercado interno (textiles, metalúrgicas, cuero, etc, y toda aquellas que no puedan competir en un mercado abierto e irrestricto donde llueven productos importados de Oriente.
Es de prever que en los próximos meses quedaran en el camino cientos de empresas pymes  y muchas otras cambiaran de dueños, pasando a manos de empresas más grandes y concentradas  a precios viles.
La política y el rumbo económico hoy es marcada por el FMI. El gobierno macrista ha renunciado a toda política soberana entregando los destinos del país a los organismo internacionales y a la gran banca mundial.
En ese marco no pueden existir proyectos de inversión productiva porque se prioriza lo financiero merced de un mercado interno que se achica, se concentra y se extranjeriza. 
Estamos en manos  de una burguesía que no solo no invierte en el país y prefiere dejar sus excedentes en el exterior, sino que continúa con su vieja costumbre de endeudar el país y apropiarse  de esos dólares para fugarlos hacia paraísos fiscales.  En los últimos tres años se fugaron 60 mil millones de dólares, dólares que entraron como préstamos y que forman parte de la deuda externa. (2)
Una vez más la burguesía argentina muestra su angurria y  sus limitaciones como clase dirigente, nos condenan  con su avaricia a crisis periódica que golpean a toda la población, que termina pagando  la fiesta de unos pocos, a través del pago de la deuda externa con pobreza y desocupación.

Dejavu

El gobierno y el FMI saben que el costo social de estas políticas va a ser muy alto, dejando una secuela de sangre y dolor por varias décadas. Solo  la deuda y sus intereses se van a llevar gran parte de nuestro trabajo durante décadas hipotecando el futuro de nuestros hijos y nietos.
Saben por historia que el conflicto social escalara en los próximos meses,  pretenden controlarlo con represión y políticas de subsidio, pero sobre todo con una política que ahogue y deslegitime los reclamos a partir del inmenso aparato mediático cultural que sostiene el modelo, que divida el campo popular, que genere conflictos pobres contra pobres, desviando la mirada sobre los verdaderos enemigos.
Una sensación de “deja vu” recorre nuestro presente, una sensación de ya haber vivido estas políticas, de que todo parece repetirse. Y en realidad se repite, desde 1955 a la fecha estas estrategias de imponer modelos monetaristas se han  repetido una y otra vez. Todas condenadas al fracaso, todas terminaron en crisis políticas y sociales muy graves. Pero vuelven una y otra vez a intentarlo porque en cada oleada se llevan y se apropian de tajadas mayores de la riqueza de todos.
La historia no es lineal, pero seguramente no es cíclica, la historia es construcción humana, día a día, ladrillo  a ladrillo.
La historia argentina tiene en su seno dos modelos de país. Desde el principio de nuestra historia existe una lucha a veces explicita,  a veces larvada entre una oligarquía parasitaria aliada al imperialismo anglo yanqui y los sectores medios y populares, con una vocación de nación, prospera y soberana.
Los movimientos populares  debemos aprender de la historia, es necesario organizarnos y unirnos para poner fin a estas políticas de saqueo.
Pero no alcanza con una victoria electoral, es necesario generar políticas profundas de construcción de una nación independiente y soberana, que ponga fin a todas las estructuras políticas y legislativas que condicionan el desarrollo autónomo pero que también favorecen la vuelta de estos programas de gobierno y peor aún, los mismos personajes.
Es necesario construir un “nunca más” sobre la deuda, y sus ejecutores.
Los responsables de este desastre han violado todos los límites de la legalidad. Hubo una política clara de uso de las estructuras del estado para el enriquecimiento ilícito de un grupo de empresarios y banqueros inescrupulosos, endeudadores y fugadores seriales, que han hecho mucho daño a la sociedad argentina.

1)     1)  La doctrina del shock - Naomi Klein
3)      

 Antonio Muñiz
Noviembre de 2108

Para esta etapa hay que pensar en lógica peronista.



La dura represión ejercida por la fuerzas de seguridad en la puerta del Congreso tuvieron como fin de evitar a toda costa que el pueblo movilizado se expresara en contra del presupuesto pactado con el FMI.
 Fue claro y las imágenes lo mostraron que la represión estuvo claramente planificada para  desarticular rápidamente la protesta social.
La aprobación de este presupuesto es importante para la lógica del gobierno macrista porque le permite  demostrar ante la inminencia del G20, que puede aún gobernar este país, que tiene el poder para ajustar y servir a los intereses de los mercados, Por eso la represión tiene un doble fin político, mostrar a al círculo rojo de poder en Argentina y a los mercados que todavía está vivo y puede gobernar y por el otro disciplinar a la oposición, mediante la cooptación de diputados y gobernadores opositores y en su defectos palos y amenazas para los opositores.
Este presupuesto vergonzoso y vergonzante es la cadena con que el FMI nos ata a su yugo. Reduce y empobrece a nuestro país, saquea nuestras riquezas y nos condena por décadas a pagar intereses de una deuda contraída con total irresponsabilidad por este gobierno.
Es indudable que los pueblos resisten y se organizan para impedir estas políticas de saqueo. En la medida que las protestan se expresen escalará la violencia institucional para acallarlas. Este aumento de las políticas represivas va a poner en jaque a las instituciones de la república y después a la misma democracia.
La corrupción imperante en la justicia federal, cooptada por el poder para ejercer y ser parte del aparato represivo del Estado a fin de callar a los dirigentes sociales y políticos opositores, mediante procesos injustificados y/o la prisión preventiva, acompañado siempre por un linchamiento mediático de los grandes medios concentrados, es solo un ejemplo hediondo de la pudrición moral que carcome el Estado y la sociedad toda.
El neo liberalismo, ideología imperante en el mundo, es una ideología que ataca a la sociedad misma, rompe los lazos solidarios entre los habitantes de un país, rompe los vínculos que hacen a una comunidad. Se destruye el trabajo y por ende  a los trabajadores, convirtiéndolos en un recurso económico, es un costo más. Esta deshumanización del trabajador, lo aísla y lo destruye, ya que el trabajo dignifica, da un lugar en la sociedad.
La ideología del “sálvese quien puede”, lógica primitiva que pretende legitimar el neo liberalismo, es una ideología que destruye la familia y a sus integrantes, destruye los lazos sociales, y además destruye al ser humano como tal, convirtiéndolo en el mejor de los casos en un consumidor si puede insertarse en el sistema y sino será un “perdedor” , porque no puede encajar, pero  no le  dicen que ese sistema expulsa constantemente ya que necesita un ejército de  desocupados y pobres para mantener bajos los costos salariales y a su vez contener la protesta.
Además el neo liberalismo es la ideología que el imperio quiere convertir en hegemónica ya que sirve de pantalla a sus intereses. Detrás de consignas como libre comercio, apertura de mercados, libre flujo de capitales, economías insertas y competitivas en el mundo,  se esconde una ideología de saqueo de los recursos de los países periféricos hacia los países centrales.
Pero también en el interior de los países, hay una apropiación de los  recursos desde los sectores medios y bajos hacia los sectores dominantes, siempre aliados y socios de los intereses extranjeros.
Los conflictos hoy en el mundo están siendo originados por esta lógica de saqueo, Medio Oriente es el ejemplo concreto y evidente de la lógica imperial para apropiarse del petróleo que yace en el subsuelo y destruir a esos países si es necesario y sirve a los negocios del gran capital internacional concentrado.
Latinoamérica es escenario también de estas políticas de dominación y saqueo.  Los recursos de Argentina, sobre todo en alimentos y energía son un “bombón a la salida de la escuela” al decir de Melconían un economista del sistema.
Estas políticas por ahora se están dando en un marco de un gobierno legal, elegido democráticamente, pero que poco a poco ha ido perdiendo legitimidad. La realidad indica que están llevando políticas de transferencia de recursos, endeudamiento y fuga de capitales, apropiación de los recursos naturales, Vaca Muerta como ejemplo, construyendo hegemonía transitoria mediante herramientas como el blindaje mediático,  a partir de un grupo “socio” como Clarín, de todo el aparato de seguridad y otro judicial corrupto y  dócil  al poder,  atentos a sancionar toda oposición política y social, la cooptación  de gobernadores y legisladores “opositores”, decretos de necesidad  y urgencia  (DNU), etc. Y sobre todo, hasta ahora,  han contado con una oposición política y gremial autista y medrosa, que no pudo y tampoco quiso poner límites al avance de este modelo de saqueo.
Solo la lucha de muchos movimientos sociales, la resistencia contra los despidos y cierres, caso Télam o Astilleros, los conflictos paritarios, la lucha de los gremios que conforman la  Corriente Sindical de los Trabajadores, el encuentro de Lujan, de hace unos días, y sobre todo las grandes manifestaciones populares de  Diciembre de 2017,  etc, han conseguido hacer más lento, pero no han detenido el avance neoliberal.
Hay que tener claro que estas políticas  no son casuales ni coyunturales, es un plan estratégico del gran capital para adueñarse de nuestros países. Por lo que hay que tener claro desde los sectores populares que la lucha será larga y prolongada, por lo que no puede pensarse en términos solamente electorales,
Es una guerra contra nuestros pueblos y como toda guerra no hay respeto por las formas y los derechos. La democracia representativa les sirve mientras le permite hacer sus negocios. El ejemplo de Brasil y de algunos países de Centroamérica es claro, si la democracia no sirve, se avanza hacia gobiernos autoritarios, neo fascistas, violentos y xenófobos.



Como en Brasil, hay que tener en claro que  el imperio y sus secuaces locales no van a permitir, sin pelear, el regreso de gobiernos populares; que utilizaran todos los recursos a su alcance para impedirlo, aun la cárcel de sus dirigentes, la represión violenta de las protestas callejeras y hasta el fraude electoral o el golpe liso y llano. 
Es necesaria la unidad del campo popular, la construcción de una gran mayoría movilizada y politizada para frenar este modelo en las calles o en las urnas en 2019.
Este gobierno dejara una pesada herencia, un país devastado en lo económico, pero también con instituciones  donde prima  la corrupción y la inmoralidad, Tal como dejo  el proceso militar,  la corrupción moral  heredara  será difícil de resolver.
Los movimientos populares deben entender que la lucha es política, lo económico, lo social o lo sindical son secundarios. 




Es una lucha por el poder,  “quien la tiene más larga para imponer su modelo”
Una salida pensada exclusivamente en lo electoral está condenada al fracaso. Se puede ganar en 2019, pero no se podrá cambiar nada, será un gobierno  de transición que tratara de navegar la crisis, pero esta, más las políticas destituyentes de los sectores de poder,  se lo llevara puesto en los primeros  6 meses.
No hay que subestimar al enemigo, hay que conocerlo, entender quién es?  Cómo funciona?  Cuáles son sus objetivos?  Es básico para tener una estrategia para enfrentarlo.
Pensar con lógica progresista  que esta etapa se supera ganándole las elecciones en 2019, y que se podrá gobernar pactando con el poder,  cambiando matices y morigerando algunas políticas muy extremas, sin cuestionar el modelo en su integridad es  suicida y está condenada al fracaso.
Hay que pensar con lógica peronista, solo la construcción de un movimiento nacional y popular (1), muy fuerte, movilizado, que construya mayorías podrá frenar primero, derrotar después  y construir un nuevo modelo alternativo finalmente.


Antonio Muñiz
Octubre 25, 2018

Latinoamérica: un campo de batalla.



Antonio Muñiz

La victoria de Bolsonaro en Brasil, marco un quiebre en las expectativa de los movimientos populares latinoamericanos. Todas las esperanzas  estaban puestas, luego del triunfo de Obrador en Méjico, en una victoria  de Lula, o en su lugar de su candidato Hadad.
Sin embargo el triunfo holgado de Bolsonaro, ganando en Estados donde el PT era mayoritario, como San Pablo o Rio, marco un quiebre y profundizo la crisis de los partidos populares  en toda Latinoamérica.
El escenario latinoamericano parece hoy  un campo de batalla en disputa donde la derecha neo liberal se ha ido radicalizando hacia posiciones autoritarias y violentas. Un neo fascismo que la región conoce bien. 
Décadas atrás el modelo era ultra liberal en lo económico y autoritario y represivo en lo político, pero estos procesos eran llevados a delante por dictaduras militares, si bien es cierto con fuerte apoyo civil. Ahora, en cambio,  llegan con el voto ciudadano y un amplio apoyo social, no solo de las clases altas, sino también de las clases medias y bajas. El avance arrollador de la derecha,  en  los planos político, mediático y judicial, puso en jaque a los movimientos populares latino americanos, que solo  intentan resistir.
Esta más que claro que detrás de esta ofensiva están las políticas de EEU que retomó la decisión estratégica de recuperar su patrio trasero, perdido o en disputa desde el fracaso del Alca en 2005 en Mar del Plata.



Sin embargo es necesario tratar de entender que está pasando en estas sociedades que luego de más de una década de gobiernos populares, más  o menos exitosos, se derrumbaron rápidamente, mostrando una alarmante incapacidad para contener la ofensiva como para pensar estrategias para volver al poder.
Los casos de Brasil ahora, con la derrota del PT y la crisis de todo el sistema político, que permitió el triunfo de un ex militar, de características fascista, aliado al DE norteamericano, marca las limitaciones políticas del PT, que primero no pudo parar el grotesco golpe palaciego contra Dilma Rouseff y la posterior persecución mediática - judicial y la prisión de su principal líder, Lula Da Silva.
Algo similar ocurre en Argentina. El gobierno de CFK pierde las elecciones de 2015, más por errores propios que por aciertos de la fuerza de derecha, si bien la coalición gobernante a través de Cambiemos es una alianza muy fuerte. Esta fortaleza está dada porque además de sumar poder electoral, tiene detrás a las corporaciones mediáticas, judicial y a los sectores más concentrados de la economía y la finanzas.
Esta derecha en el gobierno jaqueo a través de una campaña judicial mediática a toda la principal fuerza opositora, poniendo a la defensiva tanto al aparato gremial, como a las principales figura política y también a Cristina Fernández de Kirchner.
Con un facilidad increíble, con la colaboración entusiasta de algunos dirigentes “opositores” y amedrentando a la oposición con la cárcel y “carpetazos” avanzo sobre muchas de las conquistas del anterior gobierno y es más está en un proceso de destrucción de todo el aparato productivo en beneficio de sus intereses de clase a través de un endeudamiento feroz que a su vez alimenta la fuga de dólares hacia paraísos fiscales. Nada nuevo, vinieron a hacer eso, una política de saqueo de las riquezas del país a través del endeudamiento y la fuga que condicionaran las políticas argentinas por los próximos 20 años. Lo novedoso es la facilidad con que lo hicieron,  ante una sociedad autista que no reacciona y una clase política opositora medrosa
Es indudable que los movimientos populares adolecen de una debilidad extrema. Fueron respuestas  coyunturales ante la crisis del modelo neoliberal que gobernó América del sur durante las décadas del 80 y 90. Si bien hubo un cambio cultural importante y tuvo como claros objetivos la inclusión social de amplias franjas de la población, la industrialización, cierto autonomismo político y económico frente a las políticas de EEUU, un acercamiento a los nuevos polos de poder como Rusia y China, etc, no pudo o no quiso abrir un proceso de ruptura políticas y social sobre el viejo orden neoliberal.
Salvo Venezuela que intento llevar adelante un proceso de construir un fuerte poder popular que sostenga un nuevo orden post liberal, basado en un socialismo de raíces nacionales. Lo que le permite resistir a pesar de las agresiones y bloqueos económicos de EEUU y de varios países hacia el régimen bolivariano.
Una cierta ideología, el “progresismo”,  impregno y constituyo  el núcleo de la mayoría de estos movimientos. El progresismo latinoamericano es una corriente hija del liberalismo político de raíz positivista decimonónica y un post marxismo que ha renunciado a sus objetivos revolucionarios. Así podríamos definirla como un “ izquierdismo light”, que no cuestiona el modelo ni ataca al sistema imperante. Más bien es una ideología que pretende “maquillar” los problemas sociales o políticos sin cuestionar el orden neocolonial imperante que los causa.
Esta lógica fue una limitante en todos los movimientos populares, ya que no cuestiono  el modelo y no atino a nada que pusiera en juego el sistema. Nunca fueron al hueso de las cosas, simplemente se quedan en la anécdota y en cuestiones secundarias.   Si estas limitaciones fueron importantes en la etapa de gobierno se convierten en incapacidad para enfrentar y resistir el avance de la derecha y las políticas del DE.
Brasil, la lenta agonía del PT.
Un hecho que marco un quiebre y mostro que la sociedad brasileña comenzaba a exigir otros derechos y que la estructura del PT pareció no ver. En 2013 hubo masivas manifestaciones populares contra el aumento del transporte  urbano, que consiguió movilizar alrededor de 10 mil personas. Que luego de una feroz represión hizo que las manifestaciones populares alcanzaran a millones de personas en las calles
El PT no entendió que se trataba de un clamor pidiendo más derechos, más inclusión, mejores servicios sociales, más igualdad, mejor calidad de vida, etc.
El PT podría haberse hecho cargo de las demandas populares y usar esa potencia callejera para avanzar en las reformas políticas y económicas necesarias o negarlas y retroceder asustado ante la gente movilizada.
Dilma Rouseff, comete el error de retroceder hacia políticas  de ajuste  económica con el nombramiento  de Joaquin Levy, un economista ortodoxo, ex funcionario del FMI.
Como era de esperar las políticas ortodoxas solo profundizaron la crisis económica, pero alejaron a las bases populares del PT, al perder muchas de las conquistas logradas en años anteriores.
Recordemos que Dilma ganó con el 51 por ciento de los votos, pero meses después su popularidad se situaba por debajo del 10 por ciento. Esta pérdida de apoyo popular permitió la vergonzosa destitución de la presidenta en un golpe palaciego.
En el marco de la crisis política y la decadencia económica se agudizo la grieta en la sociedad brasileña, con un profundo descreimiento en la clase política y en la democracia.
Este vacío permitió que la derecha ocupe el espacio abandonado por el PT y avanzo en una caza de brujas mediático y judicial contra los dirigentes y sobre todo sobre Lula Da Silva, principal figura y candidato. La prisión y la proscripción de Lula, en una muy burda maniobra fue posible por la falta de organización y movilización de los cuadros y base del PT.
El petismo vacío las calles y retrocedió en sus políticas de inclusión y transformación generando un profundo descontento en sus bases, estas fueron “campo oréjano” para la siembra de los grupos de derecha.
Seguramente no es el fin del PT ni de Lula Da Silva, pero es indudable que debe profundizar una línea autocritica, corregir errores políticos, la corrupción es una enfermedad estructural en Brasil. Esa lucha contra la corrupción es una bandera que no se pude dejar en manos de la derecha. Y profundizar la organización popular, el debate, y la formación de cuadros que puedan dar la batalla `política, ideológica y cultural que se avecina. Es fundamental pensar programas de gobierno que vayan por más transformaciones políticas y sociales.
Por Argentina cómo andamos?
Ya  en artículos anteriores hemos desarrollado en más profundidad la situación argentina.(1) Sin embargo Argentina no escapa a la realidad latinoamericana, si bien la historia muestra grandes diferencias con el resto del continente y sobre todo con Brasil.
El peronismo como fenómeno político y transformador marco para siempre la praxis política de los argentinos. El peronismo como “hecho maldito de la razón burguesa”, mas allá de sus errores y aciertos, sus miserias y sus grandezas, como toda construcción humana fue y es un hito en la organización política y el punto máximo de acumulación de poder y representatividad popular. El kirchnerismo surge como respuesta a la crisis casi terminal del 2001, pero no sale de un repollo, surge del seno del peronismo histórico, del peronismo de la resistencia y de la las luchas del “Perón Vuelve” de los setenta.
También  el kirchnerismo adoleció de cierto progresismo tardío fruto de la incorporación de importantes sectores políticos que abrevan en ese espacio ideológico, También el kirchnerismo es hijo de su época y de alguna manera absorbió la ideología en boga en el continente.
Podría decirse que el kirchnerimo durante su última etapa se cerró en la lógica laclauciana, más que en una lógica peronista.
 No hubo mediatización política, no había un ida y vuelta del líder con su pueblo. Una burocracia obsecuente reemplazo a la militancia política. Se menosprecio la organización popular, se despreció a los sindicatos y a los movimientos sociales. Así fue quedando aislado del resto de la sociedad al no tener línea directa y desconocer las demandas de esta.
Esto explica en parte la derrota de 2015, pero muestra la debilidad del modelo, no se quiso avanzar en las reformas estructurales que la etapa requería. En ningún momento se avanzó sobre la legislación heredada del proceso militar que dio sustento al modelo neoliberal imperante en los últimos 40 años, no se tocó la ley de entidades financieras, la ley de inversiones extranjeras, control del comercio exterior y del mercado cambiario, etc. La ley de medios por ejemplo, un avance en la democratización y des monopolización  del sector,  fracaso porque se abandonó la calle  y quedo  entrampado en lógica judiciales,  Su fracaso termino fortaleciendo a los grupos mediáticos a los que se quería regular.
La diferencia más notoria con Brasil es que el peronismo kirchnerismo es una fuerza viva, en proceso de autocrítica pero también en un proceso de unidad hacia una nueva síntesis. También CFK, aunque muchos la nieguen y otros ya la hayan jubilado, sigue siendo el punto de acumulación más alto de los sectores nacionales y populares. Por eso CFK, con todo, es la única esperanza que queda en América Latina. Este liderazgo político explica porque   está siendo  agredida y perseguida en aras de su proscripción política.
Siempre es bueno releer a Peron, porque marca una de las razones sobre la limitación que tuvieron los movimientos populares  en la Latinoamérica pero también y más importante un camino a seguir cuando estos movimientos vuelvan al poder: Es necesario avanzar en “las reformas en lo interno”  y de políticas anti imperialistas en busca de “la liberación en lo internacional”. “Sin las reformas no habrá paz interior estable y duradera como impone una convivencia creadora y sin liberación no habrá ni justicia social, ni independencia económica, ni soberanía nacional” ….. “no saldremos nunca de nuestra triste condición de “subdesarrollados” en tanto seamos tributarios de la explotación imperial”.
“Una Revolución (…) que sólo quiere cambiar las estructuras superficiales dejando subsistentes las profundas, está indiscutiblemente destinada al fracaso”? (Perón, Juan Domingo. (2005). América Latina Ahora o Nunca. Buenos Aires: Cs Ediciones.).
Lo que viene
Si la inviabilidad del neoliberalismo como programa de gobierno y como ideología para remodelar la sociedad se manifiesta; si las  sociedades reaccionan y resisten las políticas de ajuste, ahí es cuando el neoliberalismo empieza a transmutarse en fascismo. Una salida hacia el fascismo para poder sostener el modelo capitalista  liberal es una estrategia vigente en muchos países de Europa y ahora en Latinoamérica. Este fascismo y su alianza con EEUU hacen entrar a la región en aguas cenagosas.
La respuesta  de los sectores democráticos no puede ser una vuelta al sistema partidocratico, ya caduco, sino la construcción del movimiento nacional, con fuerte trabajo político y cultural  en los sectores populares,  reaseguro para resistir y construir una alternativa viable.
El lugar de las batallas deben seguir siendo las calles, el fascismo va a intentar ocuparla y apropiárselas a través fuerzas de choque y las fuerzas represivas, la calle debe ser el lugar donde el pueblo se exprese y resista.
Indudablemente la madre de todas las batallas será en Argentina en 2019, por lo que es fundamental dotar a este movimiento nacional en construcción de una herramienta electoral competitiva. Esta expresión electoral no pude ser otro que un gran frente nacional. Que sume a todos los partidos políticos opositores, a los sectores populares, a todas las organizaciones sociales, sindicales y políticas donde el pueblo se expresa y resiste. Es fundamental preparar un programa de gobierno que acompañe y de sustento al movimiento nacional, Un programa que contenga las 100 medidas indispensables para revertir la herencia que las políticas del FMI van a dejar en la Argentina e iniciar nuevamente un camino de reformas estructurales  que desmonte el aparato neo colonial vigente y desde allí dar un salto en el desarrollo industrial, con inclusión social y pobreza cero.

(1)                 http://causapopularynacional.blogspot.com/

Un camino hacia el fascismo



“No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”  Bertold Brecht

 Los resultados de las últimas elecciones en Brasil han profundizado la sensación de tembladeral en las fuerzas políticas populares. La sensación de que todo lo conocido, lo estable, “lo solido estalla por los aires”.

  


El triunfo de Bolsonaro, un político marginal, un ex militar, una figura considerada payasesca por sus exabruptos, sus dichos racistas, misóginos. Un mensaje autoritario casi fascista, generó un mar de dudas y  temores en los analistas políticos y en la política latinoamericana.
 Un Brasil gobernado por un militar que expresa un nacionalismo violento, que alineado con las políticas del Departamento de Estado, puede ser un peligro para toda Latinoamérica.
Hay que recordar que EEUU ha vuelto su mirada sobre su patio trasero, descuidado luego de los atentados a las torres gemelas, que lo obligó a poner sus objetivos en Medio Oriente y perdido en el 2005, cuando  Argentina, Brasil y Venezuela en tándem, consiguieron el rechazo al Alca.
2008 es otra fecha a tener en cuenta, ya fue el año que comenzó la gran crisis global del sistema financiero internacional, pero que tuvo su epicentro en EEUU.
Una década después la crisis no ha sido superada. El sistema financiero globalizado se mantiene, pero a un costo de crisis periódicas y un costo social y en la economía real, devastador.  Latinoamérica en la década pasada pudo pasar bastante indemne las crisis dado sus políticas de protección de sus mercados internos, sin embargo el avance del neoliberalismo y la apertura de los mercados hicieron posible que los países centrales transfieran su crisis a los países periféricos.
En estos meses estamos viendo cómo el aumento de la tasa de interés en EEUU funciona como una aspiradora de dólares hacia los países centrales, generando en los periféricos crisis financieras, devaluaciones, inflación y fuga de divisas. Cuanto mayor es la apertura y la desregulación, mayor es el daño sobre la economía real de esos países.

El cambio de políticas del departamento de estado hacia los países latinoamericanos, ha logrado a partir de golpes de estado “blandos o suaves” voltear gobiernos populares, empezando por Lugo en Paraguay, un contubernio político judicial mediático en Brasil que termino con la destitución de Dilma y el encarcelamiento y proscripción de Lula; fraudes en Honduras, estados sumergidos en una violencia institucional y paraestatal como Guatemala, Colombia o Méjico, persecución judicial y mediática sobre los políticos opositores, como en Argentina.
Los gobiernos populares de Nicaragua, Venezuela, Bolivia y por supuesto siempre Cuba, están en los objetivos desestabilizadores.
Está claro que tras el avance político sobre los gobiernos populares han ido instaurando políticas económicas neoliberales, liberación del comercio y desregulación del sistema financiero.
Como decíamos más arriba, el neoliberalismo genera graves daños en el tejido social y económico de esos países, generando un empobrecimiento de amplios sectores de la población, con trasferencia de ingresos desde los sectores populares hacia los sectores más concentrados y sobre todo hacia los países centrales.

Estas políticas generan una alta conflictividad interna producto de la inviabilidad del modelo por la exclusión de amplios sectores y la incapacidad para dar respuesta a las demandas sociales y a la perdida continua de derechos.
Está claro que el conflicto social escalará en estos países y por lo que hay que pensar en una fuerte represión estatal, a fin de sostener el modelo, generando seguramente una fuerte inestabilidad en toda la región. 
En este escenario de crisis permanente, el  neoliberalismo se va a trasfigurar en fascismo, como sucede en varios países europeos y como parece que va a ocurrir en Brasil. La historia muestra que las sociedades burguesas ante la crisis salen por derecha, por modelos cerrados, xenófobos y violentos. La historia del siglo XX muestra claro cómo las crisis del capitalismo y la lucha por la supremacía termina en procesos nacionalistas y agresivos, y estos en conflictos bélicos. La crisis del 30 y su salida en modelos fascistas o de derecha extrema es un ejemplo histórico de los peligros del momento.

En este escenario,  el triunfo de Bolsonaro, junto a la política de EEUU para la región, ponen en peligro la paz en Sudamérica.
No es descabellado en la nueva realidad pensar en una agresión armada, avalado por varios países latinoamericanos, contra el régimen chavista de Venezuela, convirtiendo de la región en un polvorín.



Antonio Muñiz
octubre 12 2018



La escuela técnica no se toca.


     
Antonio Muñiz   

El gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal está avanzando en una serie de ajustes sobre la educación bonaerense, ahora  plantea modificaciones importantes  sobre la curricula de las  escuelas técnicas.
La intención de la reforma está confirmada,  Ya el  portal ABC publicó una nota sobre “Los nuevos desafíos de la Educación Técnica”, “pretendiendo generar un espacio de diálogo para satisfacer inquietudes.”
Si bien se ha bajado a las escuelas una ronda de consultas a los docentes y directivos,  es un hecho la decisión del gobierno de Vidal de avanzar en la reforma y ajuste de la educación técnica, más allá de maquillarla con consultas a la comunidad.

No es nuevo este ataque, ya en los noventa el gobierno de Carlos Menem, cerró el Consejo Nacional de Educación técnica (CONET), provincializó a las escuelas y desfinancio el sistema, siguiendo las sugerencias del Banco Mundial.
En indudable que la lógica neoliberal de ajustar y desfinanciar el sistema educativo tienen que ver con el modelo de país que se está construyendo. La educación como tantas otras áreas es considerada un gasto y por lo tanto debe ser ajustada, deben cerrar los números en una plantilla exxel.
En ese marco debe entenderse el cierre por decreto de la paritaria docente, dando un 19 % de aumento contra una inflación proyectada cercana al 50%,  junto al cierre de escuelas, cierre de bachilleratos de adultos, el cierre de las escuelas técnicas que dependía de Vialidad Nacional, cierre de programas de apoyo como conectar igualdad,  quita de subsidios directos como el progresar y de los Equipos de Orientación Escolar, para nombrar solo algunos.
Detrás de una supuesta  “Modernización, actualización de diseños curriculares, incremento en la matrícula, mejoramiento de los niveles de empleabilidad de los estudiantes”,  se esconde una reforma que atacara de base el sentido de la formación técnica.
Según los primeros números las modificaciones a la curricula  tendrían como consecuencia  el recorte de casi 1500 horas reloj en toda la formación.
La reforma prevé la eliminación de materias generales como Historia, Literatura, Geografía, Arte, Política y Ciudadanía, Construcción de la Ciudadanía, que hacen a la formación humanista pero también se afecta la formación técnica ya que se recortan materias específicas del ciclo superior, poniendo en peligro los alcances de su título profesional.
Es indudable que este proyecto no solo recorta horas docentes,  sino que más graves aún,   disminuye el alcance de los procesos de enseñanza - aprendizaje respecto de la cultura general y humanista de los estudiantes, disminuyendo también  la formación técnica especifica.
Es claro que además,  estos cambios,  atentan fuertemente contra la formación integral, el desarrollo de la creatividad y el pensamiento crítico de los alumnos.
Todo en un marco de fuerte deterioro edilicio, de infraestructura general, bajas condiciones de trabajo, pauperización laboral del docente y un franco deterioro de todo el sistema educativo. .
¿Quién puede suponer, ingenuamente, que estos cambios son inocentes?
También debe verse este ataque dentro de la lógica de desindustrializar el país, llevada adelante claramente por el programa económico del FMI.
Un país sin industrias, basado en lo agropecuario y los servicios,  no le hacen falta técnicos, ni  ciudadanos  activos y críticos. Solo necesitas mano de obra calificada, súper flexible y en muchos casos “emprendedores” y “cuenta propistas “orientados a oficios y servicios.
La educación técnica, creada durante el primer gobierno de Perón a partir de las escuelas fábricas y las escuelas de oficios busco y acompaño el proceso de industrialización de la Argentina. El objetico era formar los técnicos altamente capacitados que requería el proceso de industrialización por sustitución de importaciones.
Significo también el ingreso a la educación secundaria a muchos jóvenes de origen popular que vieron en las escuelas técnicas un acceso al mundo del trabajo y un medio de ascenso social. Más tarde también la escuela técnica fue un primer paso hacia el acceso a la universidad, sobre todo hacia las ingenierías y carrera tecnológicas.
También debe verse esto dentro de la lógica perversa de la gobernadora Vidal de que los pobres no acceden a la universidad, así también buscan construir una escuela técnica de segunda, de bajo nivel, y que sus egresados no puedan acceder a la universidad.
Es indudable que la escuela técnica requiere cambios, pero estos deben hacerse pensando en una Argentina moderna e inclusiva. Debe ser la comunidad toda la que debata el perfil de la educación futura. Es un tema demasiado delicado para dejárselo a burócratas, que solo adaptan  el libreto del Banco Mundial.


Foro en defensa del Proyecto Nacional y Popular

El Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, fue el invitado especial del primer Foro en Defensa del Proyecto Nacional y Popular, que contó con más de 250 militantes.