El desafío de construir una nueva sociedad.

Una renovación ética, teórica y práctica, que nos permita construir y ejercer nuevas formas de poder popular.

Antonio Muñiz

La crisis global.
Vivimos épocas de grandes transformaciones, venimos de un siglo XX donde el mundo cambio al ritmo de una revolución tecnológica nunca vista en la historia de la Humanidad. También fue un siglo violento, millones de muertos, grandes catástrofes sociales, experimentos políticos totalizadores fracasados, luchas populares contra la dominación imperialista, y luchas entre potencia imperiales por la posesión de territorios coloniales, con una secuela de guerras mundiales o regionales que asolaron el mundo.
Esta década y media del siglo XXI no parece ser distinta, solo se ha profundizado la crisis, sentimos que estamos a punto de tocar fondo.
“La historia se ha acelerado a un ritmo vertiginoso, que amenaza el futuro de la raza humana” nos dice el historiador Eric Hobsbawn. Hobsbawn también nos dice que ingresamos en una nueva etapa histórica, muy distinta a todas las anteriores. Los cambios tecnológicos y su impacto en los procesos productivos y sobre la vida cotidiana son evidentes y no siempre positivos. .
Después de la segunda guerra mundial co existieron, en forma siempre conflictiva, dos modelos antagónicos, el Bloque socialista y el bloque “occidental y cristiano” donde predominaban las ideas de una democracia burguesa de base capitalista.
El fracaso y crisis del socialismo real abrió paso a la hegemonía de liberalismo financiero globalizador que mostro y muestra todavía su faz destructiva. Lo efectos de la globalización financiera y la predominancia de la técnica sobre lo humano han generado una catástrofe social y política que asola al mundo y nos está llevando de guerras locales y regionales y estas hacia otra gran guerra mundial. El Papa Francisco viene hablando y denunciando esta crisis, pero hasta ahora habla a los oídos sordos de los líderes mundiales.
La civilización moderna está en crisis profunda, crisis que muestra múltiples facetas, desde la locura bélica de algunos líderes de los países centrales, pero también económica, la globalización está mostrando sus límites con un daño en el entramado social es difícil de mensurar, crisis de los recursos que agudiza las guerras para apropiarse de ellos, una crisis medio ambiental y una climática que está transformando el mundo y no para bien de la humanidad.
Estamos ante una crisis global que puede ser el final de la modernidad.
Construcción de una nueva sociedad.
Todo pareciera indicar que vamos, no sin dolor, muerte y destrucción, hacia un mundo distinto. ¿Mejor o peor? Nadie lo sabe. Las salidas de las crisis son impredecibles.
Sin embargo, si creemos que son los pueblos los que construyen su historia, debemos trabajar para, en principio, aminorar los daños sobre nuestros naciones y aprovechar esta crisis para construir una modelo político, social, económico y cultural distinto. Este modelo debe estar basado en nuestra historia, en las practicas política populares y la potencia revolucionaria de nuestros pueblos, para que nos permita lanzarnos hacia el futuro.
Debemos pensarnos “situados” en nuestra realidad y nuestra historia para comprender nuestra esencia y liberarnos de viejos prejuicios y dogmas, casi siempre impuestos por un aparato cultural de dominación.
Se trata de ponernos a tono con las grandes transformaciones que están viviendo los pueblos, mediante la construcción colectiva de una nueva teoría, una teoría que sea coherente con tales cambios y les de sustento. Esta nueva teoría, debe dejar atrás, superar, los paradigmas de la modernidad burguesa, capitalista, imperialista, colonialista de los últimos cinco siglos. Pero además debe superar también las viejas categorías del “socialismo real”.
El desafío es construir una sociedad “post capitalista”, más allá del liberalismo y del viejo socialismo real.
En esta modernidad moribunda donde los marcos y estructuras del poder son instrumentos de dominación, autoritarismo, represión, al servicio de los grupos hegemónicos, nuestro desafío es entrar en una decidida renovación ética, teórica y práctica, que nos permita construir y ejercer nuevas formas de poder.
No podemos engañarnos respecto a la dificultad de esa tarea, pues se trata de construir con formas participativas; sin vanguardismos, aprendiendo del pueblo, respetando su cultura milenaria, su relatos míticos, su historia, su praxis política, los viejos idearios de liberación que nuestros pueblos han ido forjando en estos siglos, sus instituciones; todo debe ser integrado en un nuevo proyecto de liberación nacional y popular.
Construir poder popular.
Hay que partir de una premisa fundamental. Todo ejercicio del poder tiene como referencia primera y última al poder de la comunidad política: el pueblo. El poder lo tiene siempre y sólo lo tiene, el pueblo.
Este es el punto de partida de cualquier reflexión o fundamentación de una construcción política como la que pretendemos.
Y por el contrario todo ejercicio del poder fuera o en contra de esta premisa es un poder ilegitimo, desnaturalizado, espurio, que se funda en la fuerza, la violencia. Es dominio y no hegemonía.
Debemos entender que el poder político “no se toma”, el “poder se construye”, en referencia al malentendido que subyace en la fórmula de cierta izquierda europeizada “cambiar el mundo sin tomar el poder”.
Si queremos construir un nuevo orden social, lo que podemos y debemos tomar son los instrumentos e instituciones que hacen al ejercicio del poder. Hay que tomar las herramientas e instituciones que hacen al poder estatal, y con esas herramientas construir poder popular, Sin ese poder no hay cambio posible.
Es cierto, hay muchos ejemplos en la historia, que se corre el peligro que las instituciones del poder absorban todas las energías revolucionarias, convirtiéndola en una burocracia administradora de lo existente, reemplazando una burocracia por otra sin tocar los reales resorte de la dominación. A pesar del riego hay que construir poder para transformar las estructuras e instituciones del poder.
Hay que tomar el poder para empoderar al pueblo. Ese es el único reaseguro.
La Comunidad Organizada.
Está claro que un proyecto nacional de liberación no puede reducirse a una eficaz administración del Estado al servicio del pueblo. Si bien esto puede demostrar los beneficios de un gobierno popular, no puede desarrollar el poder político necesario para hacer crecer sus propias instituciones y mantenerse en el tiempo. Para ello un Movimiento de liberación debe exceder los marcos participativos del estado liberal y debe motorizar la construcción de un modelo alternativo que enfrente e impugne a los viejos modelos en su totalidad. Debe concebir, generar y plasmar un modelo de democracia directa, abierta, social, intrínsecamente participativa. Esta concepción debe impregnar toda la estructura política, desde las comunidades de base hasta las más altas esferas del Estado. Desde luego que este nuevo modelo deberá necesariamente institucionalizarse, o sea expresarse mediante instituciones. Es el paso de la gente o la masa a la “comunidad organizada”.
Mandar obedeciendo.
Este paso necesario, al mismo tiempo muestra un peligro, pues es el origen de dos posibles líneas de vida política: la construcción de una comunidad organizada al servicio del hombre, o la de la corrupción y sostenimiento de nuevas estructuras de dominación.
Un reaseguro es la consigna zapatista “mandar obedeciendo”. Esta tiene un fuerte contenido político, además de raíces históricas y religiosas que la potencian como consigna política básica. Dussell la define como el poder obedencial, “el que manda es el representante que debe ejercer delegadamente el poder de la comunidad, debe hacerlo en función de las exigencias, reivindicaciones, necesidades de la comunidad”. El representante tiene una función de servicio político que ejerce como delegado el poder obediencial. Ya en el Evangelio hay rastros de esta máxima. El Mesías reclamaba de sus discípulos: 'el que quiere ser mayor entre ustedes, que se haga siervo de ustedes'”. Dussel se remite a la misma fuente: Marcos, el evangelista, “El que quiera ser autoridad hágase servidor [...] servidor de todos”.
Este concepto puede rastrearse en fuentes del pensamiento griego clásico y desde allí en gran parte de la filosofía política occidental: la política como servicio, el político como servidor publico “...si son los gobernantes dignos de ese nombre, igualmente sus auxiliares, estarán dispuestos unos a hacer lo que les mande y los otros a ordenar obedeciendo también ellos a las leyes o bien siguiendo el espíritu de ellas en cuanto aspectos les confiemos”. La Republica, Platón)
Hablando claramente, y siguiendo a Dussel, sin esta lógica en el ejercicio del poder no se puede cambiar factiblemente el mundo. Intentarlo es moralismo, idealismo, apoliticismo abstracto, que, en definitiva, se deriva de confusiones prácticas y teóricas.
La ética política como valor trascendental
Atado a esta máxima es necesario revalorar el concepto de la ética política. Citando a Dusell “Se ha olvidado frecuentemente que le toca al político, como representante, la obligación responsable de desarrollar la vida de todos los ciudadanos, en primer lugar de aquellos que han sido puestos fuera de esta posibilidad de cumplir con la satisfacción de sus necesidades, desde las más básicas hasta las superiores”. Y aclara “La política, en su sentido más noble, es esta responsabilidad por la vida de los más pobres.
Esta exigencia normativa fundamental revitalizara la moral del sistema democrático y, por ende, a una mejor defensa de la dignidad de la persona, siempre amenazada por la vorágine del poder de los grupos hegemónicos.
En ese marco la lucha contra la corrupción en todos sus niveles debe ser un objetivo central, no por moralina, ni por principios abstractos, sino que la corrupción mina, destruye, todo proceso de construcción de una nueva sociedad. Hay que entender que la corrupción es inherente a la condición humana y a todo proceso político, por lo que ningún régimen está exento de ella. Por lo que institucionalidad de mecanismo de prevención y de represión deben ser instaurados, junto a una justicia rápida y eficiente. Pero debe quedar claro que solo la participación activa de la ciudadanía podrá poner límites a los delitos de corrupción.
El hombre político, sujeto y actor de una política de liberación.
Toda construcción de una nueva democracia requiere también de un nuevo “ciudadano”. Un hombre político en el sentido aristotélico, el hombre que se ocupa de los asuntos de su comunidad.
Lo primero es aceptar que la política es un tema de todos, y cuando hablamos de política nos referimos a la creación de la misma. El ciudadano siendo sujeto y actor de la política, y no un mero espectador. Esta posibilidad de crear la política es inédita y debe primero dejar atrás el sentido verticalista de la etapa racionalista donde la “cosa pública” era un tema de los “políticos”, donde el ciudadano se limitaba a expresar con su voto su elección.
La formación de una ciudadanía activa, generadora de política es otra garantía de desarrollo de un poder que nos libere.
Hacia una convergencia cívica
Si bien está trillada la frase no deja de ser verdad, toda crisis genera también una oportunidad.
Latinoamérica inserta en un mundo en crisis, vive su propia crisis, producto del retroceso de los movimientos populares progresistas y el avance de la una derecha restauradora en la mayoría de los países. El avance destituyente sobre el gobierno bolivariano de Venezuela, es un paso más en esta ofensiva. Quedan Cuba y Bolivia, como países y pueblos resistiendo. Es claro que detrás de esta ofensiva de la derecha está el Departamento de estado de EEUU y la CIA. Lo cual es muestra de la envergadura del enemigo en danza. ¿Cómo enfrentamos esta ofensiva? ¿Cómo pasamos de una etapa de resistencia a una etapa de reagrupamiento y avance de las fuerzas populares? ¿Cómo construimos una fuerza política que imbuida de los principios que enunciábamos más arriba pueda ser un instrumento de liberación y construcción de poder popular?
En principio es indudable que ante la crisis que se avecina y pensando en el día después es necesario hacer converger en un espacio político a todos los sectores políticos, sociales, económicos, productivos, etc, agredidos por el modelo económico neoliberal.
Pero debe quedar claro que este espacio no puede ser solo una herramienta de resistencia coyuntural ni tampoco un simple frente electoral, no puede limitarse a ser un frente anti Macri. No solo lo limitaríamos sino que es probable que lo condenemos a muerte antes de nacer.
Debemos pensar esta convergencia como un espacio movimientista, superador de los frentes electorales o los partidos políticos tradicionales.
Este nuevo espacio debe ser un gran movimiento nacional, revolucionario, abierto, participativo, poli clasista, que nuclee a todos los que quieran una construir una sociedad nueva, unidos en un programa de acción común y un sueño y una mística compartidos.
Esta lógica de construcción movimientista encierra un cambio de paradigmas dentro de la dirigencia tradicional y sobre todo en la militancia. Es necesaria una renovación, pero no solo de personas, sino una renovación ética, teórica y práctica, que nos permita construir y ejercer nuevas formas de poder popular.
Para cerrar esta nota citamos a Alvaro Garcia Linera. Este sostiene que los procesos de cambio profundo nunca son lineales. Siempre vienen en oleadas. Al actual reflujo transformador en el continente lo sucederá otra ola contraria. Si bien este concepto abre una serie de discusiones sobre la linealidad o no de la historia, podemos aceptarlo como una premisa teórica valida:
“Lo que tenemos que hacer es prepararnos, debatiendo qué cosas hicimos mal en la primera oleada, en qué fallamos, dónde cometimos errores, qué faltó hacer, para que cuando se dé la segunda oleada, más pronto que tarde, los procesos transformadores continentales puedan llegar mucho más allá, mucho más arriba, que lo que hicimos en esta oleada”.
Esto no significa que la dirigencia popular deba esperar pasivamente la próxima ola. Es momento de debate, discusión y construcción dentro del movimiento nacional. La historia la construyen los pueblos, día a día, ladrillo a ladrillo, entonces comencemos a construir la “próxima ola” que cubra de dignidad y justicia social a nuestro país y a toda Latinoamérica.

¿Cuándo se jodió Argentina? Antonio Muñiz

 Vargas Llosa  en uno  de sus mejores libros “Conversación en la Catedral”,  se pregunta a través de “Zavalita”, alter ego del autor, joven periodista que asiste al decaimiento catastrófico de Perú y reflexiona, con un colega más veterano, en las razones de esa indefectible caída. "¿En qué momento se jodió el Perú?". Se preguntan mientras beben en largas charlas  en la cervecería “La catedral”.
El pasado en el que se basa esa pregunta entre melancólica y catastrófica es el Perú del dictador Manuel Odría, que gobernó Perú entre 1948 y 1956. Cuenta Vargas Llosa, en el prólogo de la novela: "En esos ocho años, en una sociedad embotellada, en la que estaban prohibidos los partidos y las actividades cívicas, había numerosos presos políticos y centenares de exiliados, los peruanos de mi generación pasamos de niños a jóvenes, y de jóvenes a hombres. Todavía peor que los crímenes y atropellos que el régimen cometía con impunidad era la profunda corrupción que, desde el centro del poder, irradiaba hacia todos los sectores e instituciones, envileciendo la vida entera".

Y por casa….?
Esa misma pregunta podríamos hacernos los argentinos.
Y en realidad nos la hacemos. Partimos de la base real o imaginaria que Argentina tenía en su “adn” un “destino manifiesto de grandeza”, que “estábamos condenados al éxito”, como dijo en algún momento Eduardo Duhalde.
Que paso ? Que hicimos mal? Donde nos equivocamos?
Algunos liberales, añoran la Argentina del centenario, la Argentina agro exportadora de  fines del siglo XIX o primeras décadas del XX. El país floreciente, meca de millones de inmigrantes europeos, gran granero del mundo, una oligarquía que tiraba manteca al techo, pero con un pueblo sojuzgado, reprimido y mano de obra barata para sostener el modelo exitoso. Mientras Inglaterra y algunos otros países europeos  eran demandante de materias primas que acompañaran su proceso de industrialización Argentina tenía un lugar en el mundo, dentro de la división internacional del trabajo.
Este Modelo hace crisis después de la primera guerra mundial, donde Europa deja de ser esa aspiradora de los productos argentinos, donde Inglaterra pierde su liderazgo mundial y este pasa a los EEUU, que estaba en un proceso de industrialización acelerada después de su guerra civil, pero que no necesitaba las materias primas que producíamos, ya que nuestra economías eran y son  competitivas.
El mundo en crisis llevo a la gran crisis del capitalismo mundial en 1929 y está a la segunda guerra mundial, donde se consolido el liderazgo económico político y militar de EEUU y la decadencia de Inglaterra.
El modelo agro exportador dejo de ser viable. Comienza así, primero casi espontáneamente un proceso industrialización basado en la sustitución de importaciones, luego sobre todo durante el gobierno peronista un proceso planificado de industrialización basado en la SI.
Es posible encontrar en los últimos años numerosos artículos, trabajos académicos y ensayos que apuntan a desarrollar y profundizar una historia de este proceso. Tal vez buscamos en ellos las claves de un proceso rico y contradictorio que ocupó gran parte del siglo  XX.
Siguiendo la definición de Mario Rapoport  “La Argentina ha tenido en su historia económica, tres etapas bien definidas: el llamado modelo agroexportador, el modelo de industrialización por sustitución de importaciones y el modelo rentístico-financiero. Si llamamos modelo a un esquema simplificado que pretende reflejar una realidad compleja en sus principales rasgos, nos estamos refiriendo a tres etapas que representan los elementos sobresalientes de distintos modelos de país, aunque en cada uno de ellos subsistieran trazos de los otros.”
Es cierto que Argentina,  a partir de la finalización de  las guerras civiles hasta casi hasta fines de la década del 20,  pasó de ser un país atrasado y marginal a figurar entre los primeros del mundo.
Sin embargo, y contrariamente a lo que hicieron otras naciones agro exportadoras como  Canadá o Australia ,  la elite gobernante en Argentina mantuvo a rajatabla el modelo de libre comercio, que favorecía el modelo agro exportador y  por lo tanto impedía,  por acción u omisión cualquier intento de industrialización.
Solo cuando la crisis mundial del 29 puso de golpe final al modelo se comenzó a pensar en un proceso de sustitución de importaciones.  Como decíamos anteriormente países como Canadá y Australia, de economías similares, habían iniciado el proceso de industrialización a principios de siglo cuando ya el modelo agro exportador empezaba a mostrar signos de agotamiento.

Citando a Mario Rapoppot “Muchos economistas e historiadores sostienen todavía que las riquezas de la época agroexportadora fueron despilfarradas sin sentido a partir de los años 30, al promoverse la industrialización y la intervención del Estado, conduciendo así a la declinación económica del país, la inflación y la inestabilidad política que habrían imperado bajo el modelo de sustitución de importaciones, pero el análisis cuantitativo y cualitativo no les da la razón. El país fracasa, como veremos, porque no completa su ciclo de industrialización no porque se industrializa.
El modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones, permitió grandes logros durante el período 1930/75. Entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico, el desarrollo de una clase media y un sector obrero con altos salarios, con bajos niveles de indigencia y pobreza y con tasas de desocupación mínimas. En síntesis una sociedad homogénea e integrada.
Pero el proceso industrializador resultó incompleto debido a la falta de desarrollo de algunos eslabones productivos claves. Esa industrialización trunca impidió una mayor diversificación y complejización de la estructura industrial argentina, generando una dinámica cíclica, conocida bajo el nombre de stop and go (pare y arranque).
En la fase de expansión crecía sustancialmente el mercado interno, aumentando las importaciones de bienes e insumos intermedios destinados a la industria, y por ende, la necesidad de divisas. Pero aumentaba también el consumo de bienes de origen agropecuario, debido a los mayores salarios que pagaba la economía y a los niveles de mayor empleo, con lo cual se reducían los saldos exportables. Cabe acotar que durante todo ese período hubo, a nivel internacional, un aumento constante de los bienes industriales y un estancamiento de los precios de las materias primas exportables, produciendo en la economía local un proceso denominado “deterioro de los términos de intercambio”.
Este desequilibrio en la balanza de pagos traía aparejado un estrangulamiento externo que, según las teorías clásicas,  “obligaba” a un ajuste recesivo que se desencadenaba vía una devaluación cambiaria. Se  reducía el salario real y el consumo, los saldos exportables crecían y las cuentas externas mejoraban porque crecían las exportaciones y se reducían las importaciones. De esa manera, el ajuste recesivo permitiría alcanzar un nuevo equilibrio y el ciclo se reanudaría  nuevamente.
A pesar de las marchas y contramarchas en estos ciclos económicos, siempre el crecimiento del sector industrial fue positivo durante el período. Pero este proceso se cortó bruscamente en 1976, impidiendo la consolidación del modelo y la superación de las trabas estructurales.
La industria entró en la crisis de 1975-76 en las mejores condiciones de su historia. Venía de varias décadas de crecimiento continuo, signado por algunas crisis coyunturales, y estaba en un proceso de expansión que la había llevado, hacia 1974, al uso de toda su capacidad instalada, mientras se lanzaban los nuevos proyectos de expansión de las ramas básicas.
La experiencia de otros países, caso Brasil, mostraron que el proceso era viable y que Argentina sería otra, de no haberse aplicado una política económica neoliberal que durante 25 años  favoreció el sistema financiero, abrió  los mercados, destruyó el mercado interno y desmanteló la industria nacional,  tirando por la borda 45 años de un proceso contradictorio pero rico en  experiencias individuales y colectivas.
La interrupción del ISI no sobrevino por su agotamiento o fracaso, basta recordar que entre 1964 y 1974 el crecimiento anual promedio fue del PBI fue del 5 %, mientras que la tasa promedio del PBI industrial fue del 7 %. Otro dato significativo es que el porcentaje en 1974 de exportaciones de productos manufacturados fue del 24 % del total, contra un 3 % en 1960. Además en eso años se alcanza la mayor participación de los asalariados en el ingreso nacional, casi el mítico 50/50.
En síntesis el modelo de industrialización (ISI), permitió grandes logros durante el período 1930/76. Entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico, el desarrollo de una clase media y un sector obrero con altos salarios, con bajos niveles de indigencia y pobreza y con tasas de desocupación mínimas. En síntesis una sociedad homogénea e integrada.

 “Aceros o caramelos”.
Esta frase, tan poco feliz, del entonces Ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz, sobre que el mercado decidiría si Argentina producía aceros  o caramelos, marcaba cual sería la tendencia del nuevo programa económica: la renuncia a una Argentina industrial.
El golpe militar de 1976, tenía como objetivo modificar la compleja estructura  económica, política y social, generada  luego de 1930 y más concreto a partir de 1945 con la impronta que le dio el peronismo.  El objetivo fue  modificar en forma irreversible las bases de una Argentina industrial. 
Por supuesto que esta política se basó en una feroz represión de los sectores populares a través de 30.000 desaparecidos, la mayoría de ellos, trabajadores con activa participación gremial.
La persistencia de las elevadas tasas de interés,  la apertura indiscriminada
a las importaciones,  el atraso cambiario fueron cambiando la economía Argentina. Esos factores, junto con los cambios en la demanda local, sorprendieron a la industria y, rápidamente se vio el resultado. 
En  el periodo 76/83 cerraron sus puertas más de veinte mil establecimientos industriales , el PBI industrial cayó el 10 % y la ocupación en el sector disminuyó un 35 %.
A partir de 1977 con la reforma del sector financiero bancario el núcleo dinámico de la economía paso a ser el sector rentístico - financiero.
Un gran número de empresas clásicas desapareció en ese remolino. El mercado bursátil, donde se podía comprar el paquete de control de algunas empresas a muy bajo precio, fue un ámbito privilegiado de esas maniobras. Lo mismo ocurrió con muchas otras; con el tiempo se convirtieron en depósitos, supermercados, shoppings, esperando caer sobre la piqueta para dejar espacio libre a nuevas actividades.
Solo en algunos rubros: productos petroquímicos, aluminio y siderurgia generada en las plantas promocionadas en el período anterior que contaban con la dimensión y la eficiencia técnica necesarias para salir al mercado mundial.  Su éxito es una consecuencia de la promoción anterior y no de la apertura económica.
Y no hay que olvidar que la desindustrialización continuó en las siguientes décadas, ya bajo gobiernos democráticos.
El radicalismo, no supo, no quiso o no pudo detener este proceso y que, si volvió con mucha fuerza durante la década del noventa.
Indudablemente el modelo industrializador fue derrotado en 1976. El golpe militar estuvo dirigido a   destruir el aparato productivo, cultural, educativo e ideológico de una Argentina industrial. La feroz represión a los trabajadores en esos años, sobre todo a las comisiones internas de las grandes empresas engrosan las listas de detenidos, desaparecidos o exiliados. No fue casual, fue una política destinada a desmontar la sociedad argentina, hija del peronismo. Fue un ataque a una sociedad igualitaria, solidaria, de salarios altos, pleno empleo, con fuerte ascendencia social y económica. Fue una guerra cultural y política del régimen militar oligárquico contra la argentina integrada, moderna, contra las pymes, contra la clase media argentina y los sectores obreros, con una feroz transferencia de ingresos de los sectores populares hacia las clases altas y las empresa concentradas.
En ese sentido puede decirse que el proceso cívico militar fue exitoso en el logro de esos objetivos. Todavía, 40 años después, seguimos sufriendo las secuelas de aquellas políticas en la matriz cultural, ideológica de la sociedad.
Hubo dos herramientas que el régimen uso para desbaratar cualquier intento futuro de desarrollo industrial productivo, el  brutal endeudamiento que nos condiciono por décadas y la corrupción en el manejo de la cosa pública que se instala en nuestras instituciones y  en las empresas.  Surge allí  la tristemente recordadas “patria contratista”, acuerdo entre el gobierno y las empresas contratistas para apropiarse de los recursos del estado y fugarlos. Hay que recordar que  deuda externa, fuga de capitales y corrupción son tres herramientas hermanas para saquear y dominar nuestro país. Este esquema corrupto se repite a lo largo de nuestra historia reciente.
Si bien el modelo  neoliberal entro en crisis en  2001, esto puso fin a ese proceso desindustrilizador, iniciándose nuevamente un proceso de reindustrialización que continuo hasta el 2015.
Sin  embargo las estructura gestadas durante el proceso siguen vigentes, los gobiernos de 2003/15, si bien alentaron la industrialización y hubo políticas de integración social y mejoras en  salarios, y fuerte desarrollo del mercado interno, no pudo desmontar el aparato legal, económico y cultural del procesismo. Las leyes de entidades financieras o la ley de inversiones extranjeras  que fueron piedra  basal del neoliberalismo siguen vigentes. El aparato monopólico cultural mediático surgido en los noventas, marca la cancha y fija “un sentido común”  liberal en lo económico y autoritario en los político.
La derrota del FPV en las elecciones de octubre de 2015, producto entre otras cosas por estas limitaciones políticas  e ideológicas  y el triunfo del candidato neoliberal Mauricio Macri, marca un contra ataque de la derecha oligárquica. Abrió un nuevo periodo de políticas anti industrialistas, y una vuelta al modelo rentístico financiero de los noventa. En 15 meses de gobierno las políticas neoliberales llevan el objetivo de reconvertir a la industria, hacer desaparecer rubros enteros como el sector textil, indumentaria, cueros, plásticos y sectores de la metalmecánica,  bajar salarios en dólares, achicar el mercado interno, generar un piso de dos dígitos de personal desocupado, por supuesto con niveles crecientes de pobreza e indigencia en los sectores populares.
El daño que está causando nuevamente  en todo el entramado productivo, pero sobre todo en lo institucional, social y cultural es tremendo, sumándole una corrupción institucional que se extiende como una mancha de aceite sobre todas los sectores sociales.
 Un verdadero genocidio sobre toda la sociedad argentina. Cuanto más puedan profundizar sus políticas,  mayores serán sus consecuencias y mayor será el tiempo para reparar el daño hecho.
Es tarea fundante del movimiento nacional y popular  dar una pelea en todos los frentes contra la restauración oligárquica, y aprender de la historia. Argentina no tiene destino dentro del modelo rentístico financiero que quieren imponernos.  Que no tenemos futuro como país sin un fuerte desarrollo industrial y que este, debe estar basado en salarios altos, mercado interno, un fuerte apoyo del estado, a través de medidas como el “compre argentino”, un banco de Desarrollo, etc., con una cultura basada en el trabajo y la producción.  

Abril, 2017 

Estado, desarrollo y movimiento nacional.

 Por Antonio Muñiz

“Que tiempos son los que nos toca vivir que tenemos que defender lo obvio”. Bertolt Brecht

“Un desarrollo económico que no tiene en cuenta a los más pobres y débiles no es un verdadero desarrollo.” Papa Francisco
  
La política económicas llevadas adelante por el gobiernos de Mauricio Macri, de neto corte neoliberal,  están orientadas a primarizar nuestra economía, “reconvertir” amplias franjas de la producción pyme como textiles o metal mecánica, dejando fabricas cerradas y miles de desocupados, endeudando el país  y privilegiando la renta financiera por sobre los productivo, etc, etc, Un escenario conocido en cuanto al daño que producen en el entramado productivo, político, social y cultural de la nación. Ya vivimos el resultado de estos programas neo liberales: crisis política y económica, desocupación, pobreza y exclusión.

El Papa Francisco en sus encíclicas y mensajes ha denunciado esta lógica economicista, mostrando su falacia y denunciando que las políticas de derrame son una mentira, pero que también la política neoliberales “matan”.

Pensando en el día después, cuando haya que comenzar nuevamente la reconstrucción sobre las ruinas que dejen los neo liberales débenos pensar en nuevas políticas de desarrollo económico que sirvan a la reconstrucción de la Nación Argentina.

Enseñanzas de la historia I:

La historia parece decirnos que no existe alternativa de desarrollo económico sustentable, con integración social y justicia distributiva, sin una fuerte presencia del Estado en ese proceso, pero además que es necesario un fuerte compromiso político y social de todos los actores.
Para esto en necesario la construcción de un movimiento nacional y popular  que tome esto como bandera. Es imprescindible que la sociedad haga carne la conciencia política que la industrialización y el desarrollo forman parte de su destino manifiesto como Nación.
Ha habido en las últimas décadas tres periodos de industrialización acelerada  y desarrollo económico: el peronismo 1946/55, el frondisismo 1958/62 y el kirchnerismo, 2003/15
Sin entrar a analizar cada etapa histórica en particular podemos ver que se pudo avanzar, aun con contratiempos y conflictos cuando hubo un frente nacional que sumo empresarios y trabajadores detrás de las políticas de desarrollo. En el caso de Frondizi , por ejemplo, hubo un proyecto de desarrollo serio, aunque excesivamente dependiente. Este proceso careció de apoyo político suficiente, lo cual lo condeno al fracaso rápidamente.
Es indudable que hoy la cuestión es mucho más compleja   que en las etapas anteriores. El cambio tecnológico acelerado que a su vez cambia los procesos  productivos pero también una economía mundial en crisis, nos plantea preguntas y no siempre nos da  respuestas.
Pero también la gran diferencia de época y el desafío que se presenta es que habitualmente se pensó en el desarrollo en términos puramente económicos.  Hoy queda claro que industrialización no necesariamente es desarrollo. Cierto  determinismo nos llevaba a pensar que resuelto lo económico el resto de las variables, sociales, políticas, institucionales se irían acomodando a medida que el desarrollo mostrara sus frutos.
La experiencia mostro que no era necesariamente así, procesos exitosos de crecimiento se daban contextos de dictaduras militares, precarización laboral, bajos salarios, destrucción del medio ambiente, etc.
Hoy  el concepto es más amplio,  los tiempos presentes imponen como condición  que sea sustentable en el tiempo, no perjudique el medio ambiente, que tenga políticas de integración  social,  calidad de vida laboral,  buenos salarios,  con una distribución justa y equitativa de la riqueza social.

Un debate desde el fondo de nuestra historia.

Sorprende que en la Argentina actual, después de un periodo  altamente exitoso  en cuanto a re industrialización acelerada,  salarios altos, tasas de crecimiento  altas,  volvamos a discutir  si hace falta o no contar con un sector industrial potente como palanca del desarrollo.
Un debate que parecía superado por la experiencia  reciente, los procesos de desindustrialización  que vivió nuestro país en el periodo 1976/2001 , los años más oscuros y nefastos,  convirtiéndose casi en un genocidio social sumergiendo a la población  a niveles del 50 %, de pobreza, 25 % de desocupación y una crisis política casi terminal.

La historia Argentina  nos muestra que si bien es cierto que   a partir de la finalización de  las guerras civiles hasta casi hasta fines de la década del 20,  pasó de ser un país atrasado y marginal a figurar entre los primeros del mundo.
Sin embargo, y contrariamente a lo que hicieron otras naciones agro exportadoras como  Canadá o Australia, por ejemplo, la elite gobernante en Argentina mantuvo a rajatabla el modelo de libre comercio, que favorecía el modelo agro exportador y  por lo tanto impedía, como veremos durante el trabajo, por acción u omisión cualquier intento de industrialización.
Solo cuando la crisis mundial del 29 puso de golpe fin al modelo se comenzó a pensar en un proceso de sustitución de importaciones.   Canadá y Australia, de economías similares, habían iniciado el proceso de industrialización a principios de siglo cuando ya el modelo agro exportador empezaba a mostrar signos de agotamiento.

Citando a Mario Rapoppot “Muchos economistas e historiadores sostienen todavía que las riquezas de la época agroexportadora fueron despilfarradas sin sentido a partir de los años 30, al promoverse la industrialización y la intervención del Estado, conduciendo así a la declinación económica del país, la inflación y la inestabilidad política que habrían imperado bajo el modelo de sustitución de importaciones, pero el análisis cuantitativo y cualitativo no les da la razón. El país fracasa, porque no completa su ciclo de industrialización no porque se intenta industrializar.”
Lamentablemente las políticas económicas actuales son claramente anti industria, sobre todo anti pymes. Una ceguera ideológica marca las acciones del actual equipo de gobierno pero sobre todo una ignorancia técnica y política que asombra. “El  mejor  equipo de los últimos 50 años”, atrasa décadas y quiere volver al modelo agro exportador. No entiende que el mundo está yendo hacia otro lado.


La nueva división internacional del trabajo

Hay que comprender el contexto global en que nos movemos, sus particularidades, continuidades y discontinuidades, cuáles son sus tendencias, etc. Hay que tener un diagnóstico preciso.  Resultará decisivo. Nos mostrara como las naciones se integran y/o luchan entre sí por los mercados, sus recursos, etc. Toda esta información es preciosa ya que nos permitirá tener una estrategia política y comercial de inserción en el mundo.

La nueva división internacional del trabajo se ha complejizado,  como las cadenas globales de valor, y nuevos actores, como los grandes consorcios de capital transnacional o las asociaciones  regionales de países.  Sin embargo muchos de sus aspectos siguen incolumenes, como la división entre países industrializados y otros proveedores de materias primas, países desarrollados y subdesarrollados, y una economía financiera globalizadora que perpetua el sistema global de desigualdad.
Es importante en este esquema la integración regional con los países latinoamericanos, tanto a nivel de mercados comunes, con una mayor escala, como la integración productiva y la búsqueda conjunta de nuevos mercados y nuevas exportaciones. Esta integración comercial y productiva debe avanzar hacia la integración política, social y cultural de los países del sur. 

¿Fin de una época?

El nuevo gobierno de Donald Trumps parece marcar el fin de una época. La salida de Inglaterra de la Unión Europea, las crisis en todos los países de Europa, que está poniendo  en riesgo a  la misma unión, el avance de los partidos de derecha en esos países, etc. Marcan que el mundo está girando, después de las crisis financieras de 2008 en adelante, hacia otros paradigmas.  Volvemos  hacia un mundo proteccionista, países cerrados sobre sí mismos, un proteccionismo comercial y sobre todo de defensa del trabajo local. En un mundo que continúa en crisis, no solo económico, sino también de crisis política. Las respuestas militares  y las agresiones de EEUU y Europa en Medios Oriente generan un estado de situación no demasiado optimista  para la próxima década. 

Elementos para una estrategia:

En este mundo complejo y en crisis es que debemos integrarnos,  defendiendo nuestra industria, el trabajo de los argentinos, nuestros mercados. Para eso hacen falta estrategias correctas y voluntad de llevar adelante estas políticas.

Los problemas internos del desarrollo económico son muchos. Arrastramos problemas estructurales de difícil solución. Además la herencia que deje este gobierno neoliberal será pesada. No se ira sin dejar graves problemas a las generaciones futuras. Por ejemplo  la deuda externa, que creíamos superada por las refinanciaciones de los Gobiernos de NK  CFK han vuelto, en una locura de endeudamiento acelerado para pagar gastos corrientes del Estado. Convirtiéndose  en una hipoteca futura y un cuello de botella para cualquier política de desarrollo, tal como lo fue en las décadas del 80/90. El daño en el entramado productivo no será menor, costara años volver a los índices de productivos, económicos y sociales de la década del 2005/15.

Pero volviendo  a las políticas de desarrollo surgen preguntas como que áreas desarrollar? Cómo? Con que recursos? Seguimos pensando en un programa de sustitución de importaciones? O ponemos el eje en una política de exportaciones  agregando valor  a los productos exportados? Cuál es el rol del capital internacional?  Cuál es el rol del Estado?,
Muchas  preguntas y pocas respuestas, sobre todo hoy en un mundo cambiante. Tal vez en unos años, cuando el nuevo rumbo se afiance, o no, tendremos más claro por donde caminamos y hacia dónde vamos, Pero hoy, vivimos en un tembladeral donde no hay certezas solo incertidumbre.

Sin embargo la historia nos ha dejado algunas lecciones.

·         Una economía cerrada y autosuficiente no es una opción viable. Es necesario pensar un proyecto que complete la sustitución de importaciones, que disminuya la dependencia tecnológica y sobre todo financiera. La restricción externa en Argentina siempre se ha caracterizado por un faltante de divisas para la importación de productos intermedios o energía para la industria liviana. Este proceso que se conoce como “Stop and Go” ha sido un cuello de botella en el desarrollo industrial durante los últimos 70 años.

·         Una economía moderna y en crecimiento debe   basarse en exportar valor agregado.
·         Desde ya un modelo productivo exportador  como el que planteamos debe basarse en el agregado de valor a nuestra producciones de alimentos. El potencial de crecimiento de este sector es muy alto, aunque no el único sector a promover.
·         Nuestra producción minera es hoy exportada, sin valor, siendo esto un verdadero latrocinio por parte de las empresas que se llevan la producción a precios irrisorios, dejando un daño medio ambiental de enormes proporciones y de difícil o imposible saneamiento. Los minerales debe salir de argentina con el mayor valor agregado posible.  El caso del litio, mineral estratégico para la fabricación de pilas y baterías para la industria electrónica e informática, con ricos yacimientos en el norte argentino, Bolivia y Chile, es un ejemplo de cómo se podría a partir de ese recurso natural desarrollar una industria.
·         Si bien pareciera que los mercados mundiales tienden a cerrarse con lo cual el comercio mundial  profundizara su recesión es necesario pensar y poner en marcha un programa de desarrollo de nuevas exportaciones o “exportaciones no tradicionales”, también conocido por industrialización por sustitución de exportaciones (ISE). Las exportaciones no tradicionales o nuevas exportaciones cumplen importantes funciones en el proceso de desarrollo económico del país, entre ellas las siguientes:
1)      apertura de la industrialización hacia ramas y renglones de mayor alcance en la dinámica de la producción, como son los artículos en proceso de producción (bienes intermedios) y los bienes instrumentales o de capital; esta nueva vía del desarrollo industrial elevaría el rango del país en el esquema de la división internacional del trabajo, consolidaría la capacidad de autosostenimiento de la producción interna y fortalecería la posición estructural de la balanza de pagos.
2)       diversificación del esquema de las exportaciones mediante la incorporación de nuevos renglones en crecimiento, contribuyendo de modo positivo a la reducción de la importancia relativa de las exportaciones tradicionales y, en consecuencia, mejorando la defensa comercial del país frente a las contingencias externas;
3)      creación de oportunidades para el aprovechamiento de economías de escalas crecientes,  en base de la utilización más completa de la capacidad productiva existente y de una expansión útil de esa capacidad en función de la demanda interna e internacional; en consecuencia de lo anterior, se propiciaría la baja de los precios en el mercado interno, con lo cual el ingreso real contribuiría mayormente al bienestar y se ampliaría la demanda global;
Ya están vigentes en varios países, sistemas de incentivos para impulsar las exportaciones no tradicionales, y van desde exoneraciones fiscales para los exportadores, pasando por primas de exportación, hasta un seguro para exportaciones; además de apoyo político en términos de la construcción de canales de comercialización

·         Estos objetivos deben se sostenido con políticas de largo plazo y con instituciones financieras que acompañen este proceso. La  creación de un Banco Nacional de Desarrollo como tiene Brasil, o como el supimos tener hasta la dedada del noventa que otorgue a la industria financiamiento de largo y mediano plazo; de una reforma de la ley de entidades financieras, que facilite la operatoria crediticia de los bancos; y también de una nueva ley de inversiones extranjeras, para que una parte de sus utilidades se reinvierta necesariamente en el país.
·         Deben plantearse políticas que favorezcan  al mismo tiempo tanto el sector externo y al mismo tiempo el interno, cuidando  la producción industrial y a los puestos de trabajo: Son necesarias políticas de protección y administración de los recursos., con el objetivo de tener  las importaciones necesarias para abastecer a la industria y no produzcan efectos no deseados sobre la producción nacional.
·         Alexander Hamilton en Estados Unidos y Fiederich List en Alemania hicieron, con la aplicación de medidas proteccionistas, que ambas naciones se transformen en potencias industriales. El  control de las importaciones debe ser llevado con criterio, y  transformarse en una verdadera política de planificación del desarrollo,
·         Debe tenerse en cuenta la mentalidad de nuestros industriales, que nunca pujaron por proteger sus propias industrias, son otros temas que deben contemplarse.  Este es un tema cultural que no debe soslayarse.
·         Promover un programa de investigación y desarrollo en ciencias y tecnologías asociadas al proceso productivo.

·         Un análisis de las economías emergentes del siglo XX y XXI  es que han basado su desarrollo en un tejido productivo basado en las  pequeñas y medianas empresas. Este armado Pyme fue y es  una base para sustentar y potenciar el desarrollo en todas sus esferas económicas y sociales. Este entramando pyme permitirá  la difusión de los avances a lo largo de toda la cadena productiva, sino también acelerar la generación de empleo e ingresos. 

·         Este último punto no excluye a las grandes empresas, sino que tienda a complementar e integrar  las empresas grandes con las pymes, potenciando el proceso de desarrollo. Es perfectamente viable una complementación constructiva entre ambos sectores.


·          La historia nos muestra que es necesario contar con un estado fuerte, con instituciones consolidadas. Un estado “socio”, que acompañe a los privados, conduzca el proceso, sea dador de premios y castigos. Los ejemplos de EEUU, Japón o Alemania o más cercanos los “tigres asiáticos”  muestran este camino.

·         Por ultimo tal vez el aspecto más importante pase por la construcción de un gran frente nacional y popular que nuclee a empresarios y  trabajadores, intelectuales, clases medias y profesionales, que movilice los recursos humanos y económicos detrás del gran objetivo de construir una Nación, desarrollada, con inclusión e integración social, pleno empleo y salarios en alza,  altos niveles educativos de su población, con fuerte inversiones en investigación y desarrollo científico tecnológico. Todo esto requiere consensos sociales, el planteamiento de objetivos comunes que superen los conflictos del momento. Una unidad de criterios y acciones que permitan sumar voluntades en un proyecto nacional común.

Pero esta es todavía una materia ausente en nuestra clase empresaria y política. Por eso se requiere de políticas  fuertes por parte del Estado.
Sin estado no hay Industrias y sin industria no hay Nación.


La construcción del Movimiento Popular. por Antonio Muñiz

“Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente sin afectar al régimen que las provoca. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encauzada en un movimiento de liberación adquiere eficacia necesaria para luchar con éxito”.
J. W. Cooke

El peronismo siempre se pensó a sí mismo como un movimiento de liberación nacional y social, relegando al partido a una mera herramienta electoral. Sin embargo, también, cuando era el momento de presentar listas, estas trataban de reflejar el espíritu movimientista en la construcción de un frente electoral que superara las estrechas paredes del Partido Justicialista.
Perón pensaba al primer peronismo como una alianza entre los trabajadores  industriales y agrarios, sector empresario (una burguesía nacional), la iglesia y el ejército. Esta alianza se rompe  y se produce el golpe militar de 1955. No vamos a entrar analizar las razones de esa ruptura y sus consecuencias, ya que mucho se ha escrito sobre ello. Si un dato que tendrá influencia sobre el futuro, el abandono del peronismo de gran parte de la clase media y la pequeña burguesía, que habían crecido al calor de las políticas de JDP, pero que migraron en una búsqueda de republicanismo abstracto  y ascenso social. Esta clase media busco distintas alternativas políticas, todas infructuosas, apoyo al frondizismo,  a Illia o al golpe de Ongania, todas  experiencias fracasadas, Solo volvió a encontrar su camino cuando los sectores juveniles de esa clase media se volcaron al peronismo a principios de los setenta, conformando una experiencia política, infinitamente rica,  a pesar de su sangriento final, producto de la represión del golpe cívico militar.
La idea movimientista siguió siempre en la base de toda construcción peronista, aun en la etapa fallida de la renovación peronista.
Nk vuelve a retomar esta idea pero ya desde el gobierno, la famosa transversalidad que planteaba y que llevo a Cobos a la vice presidencia fue una iniciativa de conformar un frente político y social que ampliara la base electoral del PJ.  La experiencia fue un éxito porque permitió  que CFK ganara con un 54 %, sino que además abrió las puertas al ingreso de sectores juveniles, mucho de clase media universitaria, volcándose al peronismo, en una situación similar a la experiencia de los setenta.
El frente para la victoria fue y es una experiencia altamente exitosa, por supuesto llena de contradicciones, como toda construcción política mayoritaria. Fue una herramienta de construcción del gran movimiento  nacional. La deserción de Cobos, no marco el quiebre de este proyecto de transversalidad, como lo quisieron ver muchos, sino que el  éxito lo marco  la sumatoria de miles de jóvenes, clase media y pequeña burguesía al peronismo, aunque muchos lo hicieron desde distintas experiencias y organizaciones políticas no peronistas.
Un cambio de época:
El mundo ha cambiado en esta primeras dos décadas  del siglo XXI.  Es el final de una etapa histórica. Es como dice  García Linera que “la globalización ha muerto”. Es difícil decirlo y analizarlo ´porque nos falta perspectiva histórica. Estamos viviendo ese proceso, somos espectadores, pero también actores en esta nueva construcción. Pareciera que estamos en una brutal crisis mundial. No solo económica, sino política. Los síntomas de descomposición del viejo orden mundial parecen evidentes, sin embargo es prematuro pensar que está muerto.
La crisis argentina del 2001 donde crujió todo el sistema capitalista local, las sucesivas crisis en el centro de poder mundial, EEUU y Europa, las guerras y el terrorismo en  Medio Oriente, con su secuela de muerte y millones de refugiados que avanzan hacia Europa, la salida del Gran Bretaña de La Unión europea, el fracaso evidente de la experiencia de la Europa Unida, que poco a poco va creando monstruos ultranacionalistas dentro de las fronteras de cada país. Una crisis económica que genera el crecimiento de experiencias políticas que creíamos desaparecidas como el nazismo, con racismo, xenofobia, aislamiento, etc. Vivimos en un capitalismo en crisis, incapaz de dar respuesta a los sectores medios y populares.
La asunción de Donald Trump como presidente de EEUU marca también la profundidad de la crisis mundial. Votado por los sectores populares norteamericanos y odiado por el establishment político, mediático, financiero  y sin embargo rodeado por un gabinete de ricos, muy ricos y reaccionarios de derecha, hacen un difícil pronostico hacia el futuro, Si creo que podemos decir que va a marcar un antes y un  después en EEUU y por desgracia en el mundo.
Las primeras medidas parecen indicar que de acuerdo a sus discursos EEUU se va cerrando sobre sí misma, por lo menos en lo económico y comercial. Pareciera que EE.UU. vuelve a su vieja política pre primera guerra mundial de aislarse  y cerrarse al mundo. De no participar  de conflictos  y lugares del mundo que sienten ajenos.
Veremos cómo evolucionan las políticas “populistas “de Trump y hacia qué mundo nos llevan.
Pero hay que tener claro que como sea nos van a afectar. Tanto la economía argentina como la política se van a ver  perjudicas.

Viene desde el pie……

La hegemonía neoliberal en Latinoamérica, es especial Argentina y Brasil llega tarde y a contramano de dónde va el mundo. El papa Francisco lidera con claridad una ofensiva contra la cosmovisión liberal globalizadora. Con claridad lo expreso y casi en un lenguaje peronista, en un reportaje al País de España:
 “El problema es que Latinoamérica está sufriendo los efectos —que marqué mucho en Laudato si’ — de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico fuerte, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que ´esta economía mata´.”
“Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias. En Latinoamérica está el problema de los cárteles de la droga, que sí, existen, porque esa droga se consume en EE UU y en Europa. La fabrican para acá, para los ricos, y pierden la vida en eso. Y están los que se prestan a eso. En nuestra Patria  cipayo es aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio. Y en nuestra historia argentina, por ejemplo, siempre hay algún político cipayo. O alguna postura política cipaya.”
Más claro imposible. El Papa marca, con claridad ideológica, un camino, un horizonte de esperanza. Es necesario hacer una síntesis entre el pensamiento papal con el pensamiento y la acción del peronismo en los últimos años.  Es un camino para refundar el movimiento nacional, darle contenido y sentido revolucionario, como fue y es, en su esencia,  el peronismo.
Existe dentro del peronismo alguno grupos que por una mala lectura de la realidad se apresuraron a dar por muerto al kirchnerismo y “jubilaron” antes de tiempo a CFK.
El papel de CFK es fundamental en la etapa que vivimos de resistencia y  reconstrucción del Movimiento nacional. Sin dudas es la dirigente que puede liderar y conducir  en este periodo. Tal es así que pesar de la feroz campaña de demonización de su figura,  a partir de una obscena persecución por parte de una justicia politizada,  las corporaciones mediáticas  y el periodismo mercenario, sigue teniendo una imagen positiva que ronda el 40%. Teniendo picos en el conurbano bonaerense picos de 50/60 % de imagen.
CFK, quieran o no sus adversarios internos y externos, se consolida con  nitidez como la gran líder de la oposición.
Es hoy por hoy,  la única voz opositora que marca un camino, una construcción política alternativa al modelo gobernante.
En aquel discurso de Comodoro Py, del 13 de abril  de 2016 CFK  planteo sumar a todos aquellos que estaban siendo agredidos por el modelo neo liberal.  Amalgamar en un gran Frente Cívico sectores políticos, económicos y sociales,  que estaban siendo agredidos por el modelo neoliberal macrista.
Pero como en toda construcción política hay que pasar de la idea al hecho concreto.
El pasado 17 de octubre, CFK volvió a enunciar en el acto del PJ Capital su idea del Frente Ciudadano. Remarcó que es necesario “reconstruir las redes de solidaridad, de organización, de la concientización para la reconstrucción de una gran mayoría, que no alcanza con los peronistas, que no alcanza con los kirchneristas que no son peronistas, que no alcanza tampoco con los amigos radicales, porque hay mucha gente que no está identificada con una idea política”. Y después agrego, “A veces estamos más pendientes de lo que hacen otros dirigentes de nuestro espacio, otros militantes, que a lo que le está pasando al vecino, al compañero, al amigo, al ciudadano y estar junto a ellos”.
En un mensaje directo a la interna, donde expone claramente que es necesario abrirnos a la sociedad, escuchar sus reclamos, dejar de lado las internas menores, por los cargos o las pequeñas prebendas. Es necesario una vuelta a la gente, al barrio, al sindicato, a las organizaciones gremiales empresarias, al centro de estudiantes, a la “básica”, en síntesis volver a la práctica básica del peronismo. Construir poder popular, junto a la gente, codo a codo con los otros.
Lo que no han hecho  los dirigentes políticos y gremiales, que en general por acción u omisión han acompañado la políticas anti populares del macrismo, Algunos con bastante entusiasmo y otros a cambio de prebendas y “sanguchitos”,  lo está haciendo el pueblo, los obreros, los delegados gremiales intermedios, las organizaciones populares, Ir construyendo experiencia de resistencia y lucha contra el sistema, Por ahora son experiencias aisladas pero en general exitosas: las multisectoriales contra el tarifazo, la lucha en El Bolsón, la lucha de los mapuches en defensa de sus tierras, AGR – Clarín, Bangho,  entre muchos  hechos de resistencia y organización popular.
La pregunta que surge es como sumar y amalgamar en un espacio común estas experiencias sectores que provienen de historias e intereses disímiles y a veces contradictorios.
EL Frente debe ser la expresión electoral del movimiento nacional, basarse en la lógica movimientista de la que hablábamos más arriba, debe representar a la  sociedad pero ser capaz de disputar poder.
Es indudable que el Frente no puede ser solo una herramienta de resistencia coyuntural ni tampoco un simple frente electoral, no puede limitarse a ser un frente anti Macri.
No solo lo limitaríamos sino que es probable que lo condenemos a muerte antes de nacer.
No puede ser una lista de candidatos o mero reparto de cargos, ni la sumatoria de figuras prestigiosas, debe ser un frente con contenido político e ideológico que entienda y encarne el cambio de época que vive el mundo y pregona Francisco.
El frente que debemos construir no es un frente opositor  pensado para ganar una elección.  No es contra un partido o una coalición. No debe ser el modelo de la Concertación Chilena, pensada para la alternancia pero para que nada cambie,
Debe ser un frente que tenga vocación fundacional, de desmontar a la vieja Argentina moldeada en la estructura legal y económica del Liberalismo,  y construir una nueva Argentina, sobre bases sólidas y duraderas.

No es el momento de discutir nombres o candidatos providenciales, primero hay que sentar las bases de la construcción del movimiento nacional. Cuanto más sólido sea el movimiento más fuerte será su expresión electoral: el Frente.
Además hay que discutir un contenido programático que le de sustancia doctrinaria e ideológica. Basado seguramente en las encíclicas papales  de Francisco, pero también en la historia del movimiento nacional como el programa de “Huerta Grande”.
Debemos pensar la Argentina para los próximos 50 años, buscando en nuestra raíces e historia, pero lanzados al  futuro, Insertos en un mundo caótico y cambiante, Pensar situados en el aquí y ahora, desde nosotros y nuestra historia  construir nuestro futuro.
Este proceso generara su dirigencia y sus candidatos, Generara nuevos liderazgos, basados no en la rosca, sino en la representatividad ganada en la lucha.
El movimiento nacional no existe sin el movimiento obrero organizado.  Es indudable que la actual conducción de La CGT no expresa este pensamiento, ni el pensamiento de sus representados. Lamentablemente, por ceguera o conveniencia se han convertido, en un sostén de las políticas anti obreras y anti populares de la derecha liberal.
La construcción de MN tiene como materia pendiente generar un debate profundo en cuanto al rol de las organizaciones gremiales para que vuelvan a ser herramientas de resistencia y lucha y no estructuras de negocios al servicio del establishment. Mientras tanto hay que profundizar y fortalecer aquellas organizaciones que expresan a sus bases y forman parte del MN, como la Corriente Federal o las 2 CTA

La demanda por acciones concretas que enfrenten al programa neoliberal está en el pueblo, en la base, en los cuadros políticos y gremiales intermedios desde las primera acciones del macrismo. Viene creciendo,  “viene calentado desde el pie”.
Es fundamental en esta etapa acompañar todas las expresiones de lucha del pueblo, cuando defiende sus derechos básicos. Acompañar en la calle, codo a codo toda experiencia  de lucha y resistencia. Las luchas populares generan conciencia,  organización y sobre todo nuevos liderazgos populares.
La historia no termino como nos decía Fukuyama alla por los noventa, los hombres y los pueblos construyen día a día su historia por lo tanto mientras exista el hombre siempre habrá historia y política a su alrededor. El imperativo de la hora nos impone generar políticas de fortalecimiento de
las organizaciones populares, definir un rumbo claro y preciso, dialogar con el pueblo para no perder el rumbo, evitar que de la crisis sigan lucrando los personeros de siempre, que en nombre de la república y las instituciones saquean nuestra riqueza, no permitir el paso de experiencia políticas autoritarias, xenófobas, y violentas como alternativas mesiánicas y salvadoras.
Es tarea de todos poner esfuerzo en esta construcción de un proyecto nacional,  popular y revolucionario.
Hay que recuperar el espíritu y la  lógica  movimientista. Este nuevo frente debe ser una expresión del gran movimiento  nacional, abierto, participativo, poli clasista, que nuclee a todos y a todas aquellos que quieran una Argentina justa, libre, soberana, unidos en un programa  de acción común y un sueño y una mística compartidos.
Nuestra  historia, nuestros compañeros muertos, los que dieron su vida por una nación justa, libre y soberana, y un pueblo alerta y movilizado nos están requiriendo un compromiso y un accionar comprometido con la lucha y la liberación nacional.

Foro en defensa del Proyecto Nacional y Popular

El Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, fue el invitado especial del primer Foro en Defensa del Proyecto Nacional y Popular, que contó con más de 250 militantes.