Plebiscito y proceso golpista

Por Rubén Dri *

Hace unos días, el conocido amante de los golpes Mariano Grondona y el
patrón sojero Hugo Biolcati se divertían en la televisión jugando a
las adivinanzas sobre el momento en que se produciría el golpe
destituyente. El candidato propuesto, que por otra parte ya tiene el
gabinete en la sombra, es Julio Cobos. La manera sobradora en la que
se expresaron ambos protagonistas es una clara manifestación de la
seguridad con la que camina el movimiento golpista (o ?destituyente?
para no herir oídos delicados). Desde que las patronales del agro se
largaron a hacer el agresivo y violento lockout del año pasado, estuvo
claro para quien quiso verlo que lo que se pretendía como máxima era
la destitución del Gobierno y, como mínima, su debilitamiento. Por
ello a Eduardo Buzzi no le importó que el rechazo de la 125 dañase
logros para los medianos productores, pues lo que se pretendía era
derrotar al Gobierno, debilitarlo para terminar con un Estado que
pretende ?entrometerse? en los negocios sojeros. Aunque a mentes
puristas les incomode, de lo que se trató (y de lo que se sigue
tratando ahora, y el próximo plebiscito es parte de ello) es de la
lucha entre dos proyectos de país enfrentados. No me gusta hablar de
modelos, porque éstos hacen alusión a algo puro, cosa que no se da en
ninguno de los dos proyectos. Si bien es cierto que el proyecto
expresado por el gobierno de Cristina Fernández presenta
contradicciones que lo oscurecen, poseemos algunas claves infalibles
para saber si efectivamente se trata de un proyecto nacional y, en
consecuencia, con beneficios para el pueblo. Se trata de ver cómo lo
tratan Clarín y La Nación, sus voceros más connotados, Mariano
Grondona y Joaquín Morales Solá, y los canales de televisión en manos
en los grandes monopolios. Pocas veces se han visto en nuestra
historia reciente tanto odio, tanta saña, tanta mentira, como la que
diariamente nos muestran los grandes medios de comunicación. Da la
impresión de que nos encontramos bajo la más feroz dictadura, con el
peligro diario de ser asaltados, con la prensa amordazada, aislados
del mundo. Una negra dictadura a la que sólo le falta Auschwitz, como
dijera la pitonisa chaqueña. A partir del feroz lockout con que las
corporaciones agrarias castigaron a la sociedad toda, salió a relucir
el accionar de una derecha reaccionaria que supo conquistar un espacio
social en proporciones que nunca antes había logrado. Su avance es el
dato más peligroso que presenta la actual coyuntura. En un momento en
que finalmente en América latina se está respirando un aire de
autonomía y de solidaridad en proyectos independentistas y
liberadores, esta derecha presenta el peligro mayor. Néstor Kirchner
llega a la presidencia por la ventana, sin base social. Con una
inteligente lectura de lo que había sucedido en la pueblada del 19-20
diciembre de 2001, rápidamente toma diversas medidas direccionadas a
responder a demandas urgentes que habían sido expresadas en dicha
pueblada. Es necesario confesar que nadie o muy pocos, si había
alguno, sospechaba el giro que su gobierno habría de tomar
rápidamente. Recuperación del Estado, saneamiento de la Corte Suprema
y del Ejército, derogación de las leyes de impunidad, fortalecimiento
de los organismos de derechos humanos, una serie de reestatizaciones
como AYSA, Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas, fin del negocio de
las jubilaciones privadas, creación del Museo de la Memoria y del
Archivo Nacional de la Memoria en lo que fuera la ESMA,
fortalecimiento de la integración latinoamericana, muerte del ALCA,
creación de Unasur y del Banco del Sur, por citar algunas de las
acciones del Gobierno que hace que se pueda hablar de un gobierno
nacional con medidas en beneficio del pueblo. Para ser efectivamente
?popular? se necesita algo más, participación popular, la que es
imposible sin la creación de un movimiento popular. Este movimiento
existe ?en-sí? o en potencia, en la medida en que se encuentra
fraccionado, sin posibilidades de constituirse en el actor fundamental
de la política del Estado. La política de transversalidad intentada
por el Gobierno tuvo magros resultados, en gran parte por no ser una
iniciativa que creciera de abajo hacia arriba. Desde los ?60 y ?70 la
deficiencia fundamental para una política nacional y popular ha sido
la falta de ese movimiento que supo expresarse en momentos críticos
como 2001, pero que no pudo cuajar en una organización o estructura en
la que se respetasen las divergencias para ser realmente el factor
fundamental de poder. En el proyecto del Gobierno hay una profunda
contradicción entre la política del Estado que, pese a fallas graves,
se orienta hacia la recuperación del Estado con orientación popular en
lo interno y latinoamericana en lo externo, y el instrumento político
formado por el PJ y sus alianzas. De no resolverse esa contradicción
de forma superadora, que sólo puede efectivizarse con la creación del
movimiento popular, se resolverá con un retroceso inevitable. Creación
del movimiento popular, creación de poder popular, de abajo hacia
arriba, es una tarea imprescindible si se pretende que el proyecto
nacional sea verdaderamente popular y tenga posibilidades ciertas de
producir las profundas transformaciones que requiere el país.
Mientras, ¿qué pasa con las próximas elecciones? ¿El movimiento
popular debe desentenderse? Para una respuesta, menester es tener en
cuenta que las elecciones legislativas a mitad de un período
presidencial siempre fueron plebiscitarias, es decir, siempre
sirvieron para aprobar o desaprobar la política del Ejecutivo. Cuando
se produce una fuerte desaprobación, esto es, una derrota del
Ejecutivo, éste ya está muerto aunque todavía pueda durar un tiempo.
Así les pasó a Alfonsín y a De la Rúa, quien pretendió desentenderse
del problema alegando que él no era candidato. Un triunfo de esta
derecha agresiva que ante nada se detiene significará la marcha hacia
la destitución soñada y predicada por Grondona, el inicio del
retroceso hacia el neoliberalismo y todas sus nefastas recetas, la
vuelta del FMI, de las relaciones carnales con el imperio. Los
diversos movimientos populares encontrarán los mayores obstáculos para
su crecimiento. Uno de los aspectos más negativos que se producirían
con el avance de la derecha sería el dar la espalda a la construcción
de la Patria Grande Latinoamericana. La Argentina podría tener el
triste y nefasto papel de ser tal vez el mayor obstáculo para esta
construcción.

* Profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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