Neoliberalismo, Génesis y crisis recurrentes


 El neoliberalismo ha conducido a Argentina a una nueva crisis política y económica grave.  Cuatro años de gestión de Mauricio Macri y sus políticas “neoliberales”, basadas en el “Consenso de Washington” y los acuerdos con el FMI han desencadenado una crisis externa, con una secuela de destrucción del aparato  productivo, desempleo, primarización de la economía, desempleo, pobreza e indigencia. Nada nuevo, en Argentina cada vez que se aplicó un programa de este tipo generó  una situación similar.
Si conocemos la naturaleza perversa de estas políticas, el daño en el tejido productivo, social, cultural y moral que provoca y además su previsible fracaso, ¿porque una y otra vez vuelve a implementarse? ¿Porque hay sectores sociales que apoyan este tipo de programas?
Intentaremos dar algunas respuestas y el porqué de las sucesivas y frustrantes experiencias.




El neo liberalismo: ¿Fase terminal del capitalismo tardío?

Es necesario aclarar  que a pesar del fracaso en Argentina y la responsabilidad de estas políticas en  la crisis que sufre la economía mundial, el neo liberalismo está lejos de perder su hegemonía ideológica.

Esto es así porque el neoliberalismo, en todas sus vertientes, es mucho más que un programa económico, es un proyecto político llevado adelante por EEUU y los países centrales hacia los países periféricos. Pero también, a su vez internamente en cada país,  es un proyecto de clase.
Los objetivos últimos tienden a la concentración del capital en las grandes corporaciones mundiales e internamente en una clase social. Pero también tiene objetivos políticos, ya que busca  poner el Estado al servicio del “mercado” y remodelar a  las sociedades actuales, bajo nuevos patrones culturales, sociales y morales y por supuesto económicos –productivos. 
Este proyecto global le da características de complejidad, diversidad, dinamismo y sobre todo resiliencia ante las crisis.
Y a su vez estas características, le permiten, a pesar de las sucesivas crisis y fracasos,  renovarse  y adaptarse a nuevas  situaciones y escenarios.

Una visión  histórica:

El crack financiero  entre 2007 – 2008  hizo tambalear las economías centrales. Puso sobre el tapete la crisis estructural y global del capitalismo basado en la globalización y la acumulación financiera. El “modelo” capitalista imperante desde la década del 70 sufrió sucesivas crisis, en general en los  países y regiones periféricas, pero la crisis originada por la quiebra de la Lemans Brother afectó  al núcleo central del sistema, mostrando claramente los límites estructurales y sus limitaciones a mediano y largo plazo.

La década del 70, con el aumento del precio del petróleo a nivel mundial,  es señalada como el hito inicial, que pone en crisis una etapa caracterizada por un capitalismo basado en la producción, el consumo y  el estado de bienestar, imperantes desde la década del 30,  y consolidándose a partir del fin de la segunda  guerra mundial.
La gran crisis del capitalismo mundial de 1929 puso fin al liberalismo tradicional decimonónico, ya que sus viejas “leyes” condujeron a la gran recesión mundial, pero a su vez las recetas de ese liberalismo para resolverla no solo mostraron su incapacidad, sino que además agudizaron y perpetuaron en el tiempo sus efectos devastadores.
Solo las nuevas ideas del “New deal” , las teorías keynesianas y la segunda Guerra Mundial (1939/45) permitieron superarla y empezar una nueva etapa.
Sin embargo las ideas liberales clásicas siguieron  estando en circulación; desde universidades y centros de difusión se continuó con la difusión del pensamiento y las doctrinas liberales.
Algunos otros autores ponen como fecha del nuevo ciclo neoliberal el 11 de septiembre de 1973, día en que un golpe militar derroca violentamente  el gobierno popular de Salvador Allende en Chile. Bajo el gobierno del general Pinochet se convierte en un laboratorio para las viejas y “nuevas” teorías neoliberales y monetaristas de la escuela de Chicago, con Milton Friedman a la cabeza.
Este golpe fue el prolegómeno de golpes impulsados por del Departamento de Estado y la CIA  de EEUU en los países de Latinoamérica, dentro de lo que se conoció como Plan Cóndor.  Estos  acontecimientos marca la instalación de las bases del régimen económico-político neoliberal en la región.
Estas experiencias, no del todo exitosas, e impuestas por dictaduras militares muy violentas y represivas, sobre todo Argentina y Chile, fueron exportadas hacia primero Inglaterra, con Margaret Tacher e EEU con Ronald Regan y luego ya en los 80 y 90 a casi todo el mundo occidental, a través del “Consenso de Washington” (1989) y los organismos multilaterales de crédito como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Desde la década de 1970 y hasta el día de hoy, el neoliberalismo es “la estrategia ofensiva y contrarrevolucionaria del Capital contra el trabajo y contra los estados nacionales. Por ello, el neoliberalismo debe entenderse  como una  “salida” y “solución” para las élites económicas y políticas mundiales,  con el fin de afrontar la crisis estructural y global del capitalismo tardío”.

Es sabido, desde los clásicos, que el capitalismo tiende a la apropiación y concentración del capital. Pero esta lógica, llevada al extremo, agudiza las contradicciones, profundizando el conflicto inter clases dentro de los países, pero también agudizando el conflicto centro- periferia.

La globalización y el lucha por los mercados a nivel global, por un lado y, por el otro, los niveles de explotación económica, dominación política, estrativismo  a ultranza, desastre ambiental, emergencia climática, endeudamiento global de toda la economía, opresión social y alienación cultural e ideológica, etc.,  que el modelo neoliberal está generando  nos está  llevando a una crisis global, a una crisis civilizatoria según algunos autores. 

Proyecto político de clase

Así lo definíamos más arriba, no solamente es un programa de políticas económicas, sino un proyecto político global.
Pensar el proyecto neoliberal como un programa de políticas, sobre todo económicas, oculta y minimiza su verdadero significado geo-socio-político.
Al neoliberalismo hay que analizarlo desde un punto de vista estratégico y táctico global, como un proyecto imperial.

Suele concebirse  al neoliberalismo como una ideología  estática,  subestimando su resiliencia o sea su  capacidad para resistir los momentos críticos, superar sus fases de fracaso y renovarse y recomponerse.
Como ejemplo de ello, es que en  medio del creciente cuestionamiento al  proyecto neoliberal, sus evidentes fracasos y los efectos nocivos sobre toda la humanidad,  éste en sus aspectos esenciales, continúa adelante.

En este punto también hay que reconocer que el neoliberalismo sigue teniendo  una posición hegemónica. Si bien existen fuertes críticas y se esbozan otros  modelos alternativos, no existe, por lo menos por ahora, un sistema que pueda  poner en riesgo su hegemonía global.

Si bien hoy,  por un lado, la crisis económica global parece ofrecer nuevas oportunidades estratégicas para las fuerzas sociales y las alianzas políticas interesadas en promover y generar un nuevo orden mundial, poniendo  restricciones a los mercados o estrategias regulatorias para construir sociedades más justas y equitativas, por el otro persisten instituciones tanto globales, como locales,  sistemas, leyes y sobre todo un aparato  cultural,  asociadas que le dan sustento y sostienen la hegemonía del neoliberalismo. 

En principio es necesario abandonar posiciones simplistas y voluntaristas sobre este fenómeno y tratar de entender su profundidad  y complejidad. Es necesario detectar sus grietas y contradicciones, desde donde construir modelos alternativos contra hegemónicos.
En principio debemos entender este proceso como una profunda contra revolución contra el orden de post guerra, que ha llevado adelante una profunda transformación social, cultural, política y económica en los últimos 40 años, sobre todo después de la caída de la Unión Soviética, quien encarnaba un modelo distinto y alternativo. El fracaso histórico del “socialismo real”  abrió las puertas a la hegemonía del nuevo capitalismo. 
El neoliberalismo es un proyecto contra revolucionarios porque busca desmantelar al estado nación, a las políticas de  redistribución y justicia social, a las leyes y derechos laborales, todas propias del siglo XX.  Es un fenómeno que articula, por ahora con éxito, múltiples dimensiones, a veces contradictorias: políticas imperiales, neo colonialismo, apropiación y saqueo de materias primas, autoritarismo político, muchas veces con fuertes represiones y guerras de ocupación, con libre comercio y libre circulación financiera. 

El proceso latinoamericano.

El anti liberalismo puede  rastrearse en Latinoamérica  desde el siglo XIX, en las luchas civiles que asolaron la región,  post independencia de esos países. Había un germen contrario a las ideas liberales, importadas de Europa, en especial el libre comercio, impuesto por Inglaterra, en su propio beneficio. A través de la trampa del libre comercio Inglaterra se apropiaba de las materias primas para abastecer sus industrias y luego exportaba a nuestros países sus productos, rompiendo y quebrando cualquier intento de industrialización, aun aquellas casi artesanales.
Regiones enteras fueron sumidas en la miseria y la pauperización, en beneficio de los puertos y la clase “comercial”, que fue enriqueciéndose y convirtiéndose en oligarquías al servicio de los intereses imperiales.
La expansión imperial (comercial y militar) de Inglaterra en los siglos XVIII y XIX, con su bandera del libre cambio, fue un primer intento de globalización del capitalismo.
Luego de la crisis del 29, donde todo el sistema capitalista entró  en una crisis casi terminal, comienza una etapa de luchas políticas y sociales, de resistencia al modelo liberal vigente. Para ese momento Inglaterra estaba perdiendo su hegemonía en manos de EEUU, pero las formas y la ideología eran similares.
Surgen los movimientos nacionales, anti imperialistas y sobre todo industrialistas, basado en el proceso de sustitución de importaciones,  por la tanto se cerraron las economías y se intentó desarrollar un mercado interno fuerte.
Este proceso continuó  con marchas y contra marchas, en un proceso no exento de contradicciones hasta el año 73, que con el aumento de los precios del petróleo y sobre todo el ciclo de golpes militares en Latinoamérica a partir del golpe en Chile, en septiembre de 1973.
Aparece así y se propaga por toda América del Sur y el Caribe las ideas neoliberales, tal como desarrollamos en la primera parte de este escrito.
La hegemonía que fue construyendo el neoliberalismo en Latino América, fue impuesta a sangre y fuego por regímenes militares alineados con las políticas de EEUU. Sin embargo con el regreso a la democracia en los 80, comienza un proceso de luchas políticas y sociales de resistencia. Por ejemplo Alan García en Perú o Raúl Alfonsín en Argentina, en sus primeros años de gestión. Rápidamente fueron abortando estos intentos y subordinando a nuestros países a las políticas neoliberales. 
Es a partir de 1989, con el “caracazo”,  que podríamos marcar como el comienzo de una contra ofensiva de los movimientos populares contra el naciente “Consenso de Washington”. La década del noventa fue el apogeo del neoliberalismo en Latinoamérica, pero también fue el comienzo luchas populares. Al caracazo le sucedió la insurrección zapatista en Méjico, revueltas populares en Ecuador,  Argentina, Bolivia, etc.
Es claro  que las políticas neoliberales se caracterizan en la región por ser autoritarias, colonialistas, anti industrialistas y por supuesto anti populares por lo tanto no tardan en generar un profundo malestar social que termina expresándose en movimientos de protesta y lucha. Así en cada país van surgiendo nuevos liderazgos que encarnan esta lucha, Chávez en Venezuela, Correa, en Ecuador, Lugo en Paraguay, Evo en Bolivia, Lula en Brasil o los Kirchner en Argentina, etc.
Un hito importante en el avance de los partidos populares fue la constitución del Foro de San Pablo, fundada por Lula y el Partido de los trabajadores de Brasil. Este foro se convirtió en una usina de ideas y organización de los partidos y movimientos populares de América del Sur y el Caribe. Entre sus objetivos figuran “Profundizar el debate y procurar avanzar con propuestas de unidad de acción consensuadas en la lucha antiimperialista y popular, promover intercambios especializados en torno a los problemas económicos, políticos, sociales y culturales que la izquierda continental enfrenta”.
Este proceso de ruptura y quiebre de las políticas neoliberales en la región  y la constitución de gobiernos populares en la mayoría de los países marco una década o más de gobiernos exitosos en cuanto a poner límites a las políticas neoliberales  e integrar a amplios sectores sociales a la economía, al trabajo, a la educación, al consumo, etc.
Sin embargo hubo en todo este proceso una incapacidad de generar proyectos políticos alternativos, y un modelo propio de desarrollo.
La ausencia de un programa que fortaleciera las instituciones populares y creara nuevas formas organizativas y de gobernanza en la mayoría de los países. Salvo Venezuela, que apostó  a la construcción del “socialismo del siglo XXI” y una participación activa de los sectores populares. En este caso la muerte prematura de su líder Hugo Chávez complicó el desarrollo del proceso, que a pesar de sus muchas contradicciones y el fuerte ataque de EEUU, todavía sobrevive con fuerte apoyo popular.
La experiencia zapatista en Chiapas es una experiencia interesante de construcción política de otra sociedad y modelos autogestionados.
Es indudable que las muertes de Néstor Kirchner y Hugo Chávez afectaron y debilitaron el proceso de integración regional que era básico para enfrentar en bloque a la ofensiva del Departamento de Estado de EEUU: Pero también los gobiernos sucesivos no avanzaron en el afianzamiento y ampliación del Mercosur, el Banco Sudamericano y demás organismos supranacionales que hubieran permitido una integración económica y política regional.
Esa negativa o imposibilidad de avanzar en la integración o desmontar el aparato interno político, económico, mediático, cultural e ideológico que en cada país sostiene al neoliberalismo fue a la postre una grieta por donde  las políticas de EEUU volvieron a restaurar regímenes neoliberales, conservadores y en algunos casos autoritarios, como Brasil y Argentina.  
Cuando EEUU, luego y como consecuencia de su crisis en 2008/9 se volvió sobre su patio trasero, fue primero por los eslabones más débiles, Paraguay y Honduras, luego los triunfos electorales de fuerzas de derecha en Chile, Panamá y Costa Rica
Esta ofensiva neo conservadora y colonialista, aprovechando las debilidades de los gobiernos populares fue avanzando uno a uno y poniendo en crisis todo el proceso popular y progresista. Brasil víctima de un golpe palaciego a su presidenta Vilma Rouseff y la prisión de su principal figura Lula Da Silva, permitieron el avance de fuerzas de derecha liberales en lo económico pero muy autoritarias y reaccionarias en lo político. En Argentina el proceso fue menos traumático, ya que se dio tras elecciones nacionales libres y transparentes. Si bien luego el nuevo gobierno mostró  rasgos autoritarios y anti democráticos, persiguiendo a la oposición con la prisión o causas  judiciales fraguadas.
En el caso de Brasil y Argentina puede verse con claridad como la falta de profundidad en los cambios estructurales, la falta de un proyecto político alternativo, la falta de construcción de mecanismos de participación y organización popular, hicieron posible el resurgimiento táctico del neo liberalismo, que aprovechando su capacidad de resiliencia, promoviendo “criticas” y “cambios” al modelo neo liberal ortodoxo, pero no transformaciones a nivel de ideas, programas y objetivos. Se disfraza de “nueva derecha”, “derecha moderna”, “gestión eficiente”, denostación de lo político y los políticos y su reemplazo por una elite de ceos, etc. Pero una vez en el poder desempolva su viejo proyecto de clase, asociado al Consenso de Washington y las políticas imperiales de EEUU.
A las mismas recetas, iguales resultados; el neoliberalismo en Latinoamérica muestra una vez más peor cara.
La crisis argentina, la derrota electoral del macrismo y la vuelta del peronismo al gobierno,  la convulsión social y política en Ecuador, con marchas claramente en contra de las políticas  del FMI, la inviabilidad del bolsonarismo en Brasil,  la avanzada imperialista contra el pueblo venezolano, que resiste, un gobierno exitoso en Bolivia, que no acata las doctrina neo liberales, etc, muestran una Latinoamérica, como un territorio en disputa, pueblos en lucha y resistencia.
No hay fin de la historia. La historia sigue escribiéndose, y la construyen los pueblos.


Antonio Muñiz
Octubre 2019

El peronismo y sus laberintos.


Apuntes para una política militante.

“Tantas veces me mataron
Tantas veces me morí
Sin embargo estoy aquí
Resucitando.

Gracias doy a la desgracia
Y a la mano con puñal
Por qué me mato tan mal
Y seguí cantando.”
“Como la Cigarra” María Elena Walsh


La derrota del coalición que encarnaba el FPV en 2015 en manos de otra coalición política de derecha, que representaba a las clases altas, a la burguesía, la clase media, las empresas concentradas, a los intereses ligados al comercio internacional y las finanzas globalizadas, expresado todo en un nuevo “sujeto”, los empresarios,  los ceos, los emprendedores exitosos, que por primera vez asumen por si el poder  del Estado. La historia argentina muestra a este sujeto acompañando los golpes militares contra gobiernos populares, pero no eran ellos los que ocupaban los cargos del Estado, ponían en su lugar abogados, contadores, economistas, etc, que actuaban por su mandato. La novedad es que en 2015 llegan al poder a través de elecciones democráticas y son ellos los que ocupan los lugares claves.
A los largo de artículos anteriores hemos analizado el periodo iniciado en 2015 y sus casi cuatro años de gestión, que ya llegan a su fin en medio del mayor descalabro político económico y social de la historia argentina, La experiencia neoliberal mostró, una vez más, su inviabilidad histórica y nos llevó a otro final de crisis.
Nos interesa pensar la nueva etapa que se inicia a partir de este fracaso y el triunfo y el nuevo ciclo histórico que marca la vuelta al gobierno de una fuerte alianza encarnada en el peronismo unido, bajo la fórmula Fernández – Fernández.

La política, lo político y los sujetos históricos

En principio creemos en la necesidad de construcción de una nueva filosofía política, que salga de los estrechos moldes de la tradición eurocéntrica. Debemos pensar una filosofía política situada en el aquí y ahora, en un continente, con quinientos años de historia, de regímenes autoritarios, genocidios, golpes de estado, saqueo de sus riquezas, violencia y agresiones imperialistas.
En ese marco latinoamericano: ¿Qué significa política? ¿Quién es el sujeto de la política? ¿Cuáles son los fines de la política? ¿Cuál es su función? ¿Cuáles son sus medios? ¿Qué o quiénes son los sujetos políticos? ¿Qué rol cumplen? Todas estas preguntas son, sin duda, constitutivas del saber propio de la teoría  política
Estas preguntas han sido respondidas de modo diverso por los distintos autores en las distintas épocas y contextos. Sin embargo la filosofía política occidental, desde los clásicos, Platón y Aristóteles, plantean que el hecho político  es la instauración de un orden social y político estable. Este planteo continuó a lo largo de la historia casi hasta nuestros días: desde la Republica, el Leviatán de Hoobee, las teorías contractualistas, etc, se busca generar un orden social permanente, donde el  conflicto sea desterrado: estas construcciones ven el conflicto como algo ajeno a la política, por fuera de lo político.
Hanna Arent concibe solo la política como diálogo y consenso entre ciudadanos iguales. Una visión basada en el pensamiento griego clásico. Así el conflicto y la tensión/ violencia que puede generar es la negación de la política.
Carl Schmitt en su lógica amigo – enemigo acepta la existencia del conflicto, pero adhiere a la necesidad de cancelarlo por parte de un Estado  soberano. Es el Estado el que a través de acciones represivas  se coloca como fundante  y garante de un orden social y político.
Marx que veía la lucha de clase como inherente al capitalismo, y como motor que mueve la historia, busca cerrar ese conflicto permanente con la abolición de las clases sociales y de la propiedad privada, Un nuevo orden social y político, la sociedad comunista, que al superar el conflicto hace innecesario el mismo estado.

Pero en el marco de un continente sometido como el nuestro  el conflicto es el hecho político por antonomasia. El primer conflicto es con el agresor imperial, pero también con el enemigo interior que sirve al imperio ya que su poder y hegemonía surge de esa alianza con los intereses extranjeros.

También es cierto que dentro de cada sociedad el poder  genera contra poderes que ponen en cuestión el orden social y político imperante. Surge allí el conflicto. Queda claro que este es inherente a toda sociedad humana. En un proceso dialéctico, la búsqueda de un orden social estable se contrapone con la búsqueda de modificar, cambiar, cuestionar ese orden imperante. De esta situación de conflictividad surge la política y lo político.

Siguiendo a John William Cooke, cuando decimos: “tener una política”, “carecer de política”, “seguir tal política”, etc., la palabra “política” significa un conjunto de principios y de pautas generales coherentes que orienten la acción concreta en cada circunstancia. En este significado, la política pertenece al ámbito “teórico” e incluso “filosófico”. Hay un significado más amplio que éste, cuando se habla de las “ideologías políticas” o de las “opiniones políticas”. Pero también hay un significado más específico, como cuando se habla de  la “política internacional”, la “política universitaria” o la “política petrolera”. Estos tres usos son variaciones de mayor o menor amplitud del mismo significado antes definido.

Es importante definir que los  procesos políticos ponen sobre el tapete sujetos sociales en conflicto. Estos sujetos tienen en general un origen histórico, cultural y económico. Estos sujetos son a veces preexistentes, pero a la vez siempre en construcción.
Continuando con el pensamiento de Cooke, en un proceso de liberación nacional como los que llevan adelante  países dependientes como los nuestros la política central es una política de liberación,  entendida   esta como unidad  teórica, metodológica,  una praxis organizativa y de  lucha.  En este marco el sujeto político es el pueblo en su conjunto.
 Si bien es necesario tener claro que no existe una “esencia de pueblo”, el pueblo es una construcción permanente tanto en lo político, cultural e ideológico. A su vez para un mejor análisis de la situación es posible ver diversos sujetos sociales según las épocas y circunstancias. Por ejemplo, si bien en el primer peronismo, el sujeto histórico central fueron los trabajadores organizados, no fue menor el protagonismo de las mujeres empoderadas con el derecho al sufragio.  Hoy ya en el siglo XXI es más difícil definir al sujeto histórico ya que la clase obrera ha ido perdiendo terreno y peso político, mientras surgen otros movimientos que nuclean a los desocupados, trabajadores precarios, trabajadores de la economía popular, etc.


Un poco de historia: política  y sujetos sociales

El
peronismo en sus orígenes expresó  a las clases populares, principalmente el obrero industrial, compuestas por hombres y mujeres del interior que fueron llegando a las grandes centros urbanos corridos por la gran crisis del 30 y la búsqueda de mejores calidades de vida, a los hijos de la inmigración, nucleados todos en el naciente movimiento obrero; a eso se suma la iglesia y las fuerzas armadas. Perón intenta sumar a su alianza a sectores empresarios de la naciente industria  nacional, que prosperaban gracias a las políticas económicas de fomento al sector y la expansión del mercado interno.
También la mujer, empoderadas por las políticas de Eva Nerón, (voto femenino, partido femenino, etc), fue un sujeto trascendente, que además aseguró  el triunfo del peronismo en las siguientes elecciones.
La  ruptura de esta alianza de gobierno, en especial la iglesia y las fuerzas armadas, más sectores de la clase media que prosperó con el peronismo, pero se fue alejando en búsqueda de otros valores más abstractos (libertad, democracia, republicanismos, etc) provocaron la caída del peronismo en 1955.
Hubo cambios importantes, ya superada la post guerra,  en la situación geopolítica mundial que incidieron en la construcción de un nuevo escenario para Argentina y el resto de la región. El avance de EEUU como potencia mundial sobre su “patio trasero” América latina y la conformación de un mundo bipolar, enfrascado en una “guerra fría” con la URSS.
Los años de la revolución libertadora y en general los años de la década del 60 mostraran la inviabilidad de una Argentina con el peronismo proscripto y perseguido, pero sobre todo con un sujeto social muy fuerte pero excluido de los derechos políticos.
La Revolución libertadora a pesar de la fuerte represión sobre la política, la cultura y la sociedad   que ejerció en su búsqueda de desmontar el “aparato peronista” y volver a una Argentina pre 45, fracasó por la inviabilidad de su proyecto. Pero inició  un periodo de mucha violencia que marcó  las próximas dos décadas. El  bombardeo a Plaza de Mayo, que dejó  más de cuatrocientos civiles muertos en las calles, los fusilamientos y la cárcel dirigentes y militantes, la muerte de Tanco y Valle, jefes de la sublevación del 56,  dejaron una secuela de odio profundo que la sociedad argentina pagaría con sangre, dolor y lágrimas.
A pesar de las políticas de desperonizacion de la sociedad la clase obrera inicia un proceso de resistencia ante los nuevos regímenes. Esta resistencia, a veces pasiva y en otras más violentas, nunca alcanzó  niveles que pusieran en riesgo el sistema y la toma el poder, pero si generaban un escenario político de alta inestabilidad. Ningún gobierno podía afianzarse y se sucedieron alternancias de gobiernos “democráticos” débiles  con gobierno militares, que su única fortaleza era la lógica de las armas y la represión.
Solo hacia finales de los 60, cuando aparece otro sujeto “la juventud” que se asocia a la clase trabajadora y se producen las grandes manifestaciones populares como el Cordobazo, el rosariazo, que ponen en jaque al gobierno de Ongania y se inicia un proceso lento de avanzar en el levantamiento de la proscripción del peronismo y su líder y la vuelta a la democracia. Este fue posible por la alianza entre los sectores populares y la juventud, proveniente de la clase media y alta, en especial universitaria, que en esos años  se vuelca hacia posiciones más de izquierda o nacionales peronistas, bajo el influjo de la revolución cubana, el mayo francés, o la opción por los pobres de muchos curas católicos.
Sin embargo, el nuevo proceso democrático y popular quedo jaqueado por  la lógica militarista de varias organizaciones políticas peronistas y de la izquierda guevarista, que hicieron prevalecer a la violencia como única vía política, el enfrentamiento de estas organizaciones  que podrían definirse como “vanguardias” con el viejo líder popular, la muerte posterior de este y un proceso creciente de violencia política generalizada, agudizada por la violencia represiva de grupos para estatales de derecha y de  grupos al servicio del DE norteamericano y de la CIA que operaban en la región con el objetivo de destruir a los gobiernos populares, que gobernaban en Latinoamérica. Para  fines de 1975, la democracia argentina era la única que se mantenía en pie.
En marzo de 1976 comienza una etapa negra, compleja, con rasgos de perversidad pocas veces vista.
Pero volviendo para atrás, un proceso políticos de masa, con una muy fuerte organización territorial y sindical, una cultura de lucha popular de resistencia que se fue consolidando durante 18 años de proscripción, apenas pudo sostenerse en el gobierno unos tres años.
Seguramente la muerte de Perón, único artífice de esa alianza policlasista, aceleró  la ruptura de la misma y por consecuencia la debilidad del gobierno que se asentaba sobre ella. También la lógica de los fusiles, alejó  la “política” en su sentido amplio y quiso reemplazarla. Así primero las organizaciones juveniles mas militarizadas, pretenden  cuestionar el liderazgo de Perón,  lo que lleva al enfrentamiento y posterior ruptura. Este conflicto  significó   el quiebre de la alianza entre estos, que se consideran una “vanguardia” , con los sectores populares. Estos grupos, aislados del pueblo, profundizaron su estrategia  militarista en detrimento de la acción política y el trabajo de superficie en el territorio, la fábrica y el sindicato.
El gobierno “popular” sobrevive solo nueve meses a la muerte del Gral. Perón;  jaqueado por la violencia de izquierda y derecha, por la crisis económica, provocada por los grandes grupos económicos, por el accionar de EEUU  y, las propias contradicciones de ese mismo gobierno.
Con el golpe vuelve al poder con el “Partido Militar”,  la vieja oligarquía, los grandes grupos económicos, los intereses agro- exportadores históricos, la iglesia, etc. Es justo reconocer que el golpe contó  con apoyo social importante en los primeros meses de  amplios  sectores de clase media y alta e incluso de sectores populares que deseaban un marco de mayor paz en el país.
El nuevo gobierno se asentó, con la excusa de la lucha antisubversiva,   sobre una ola de terror, muerte y desaparición de cuadros políticos  y gremiales de base, con el claro objetivo de desarticular toda expresión y organización  popular. Mientras la política económica basada en el neoliberalismo y el monetarismo de la escuela de Chicago, se dirigió con bastante éxito a destruir el aparato industrial, basado en las pymes, primarizar la economía y desarrollar un modelo agro exportador, de servicios y sobre todo bancario financiero internacionalizado.  Fue una brutal transferencia de recursos de los sectores populares hacia los sectores concentrados de la economía.
El Proceso militar tuvo los mismos objetivos de la revolución “libertadora”, desestructurar la matriz política, económica, ideológica, cultural, legal, etc., instaurada por el peronismo en el periodo 45/55 y que sobrevivió a los distintitos avatares que quisieron “borrarlo” de la historia. Sobre todo destruir al sujeto histórico que sostenía al peronismo, la clase obrera organizada.
Una de las armas utilizadas por el proceso militar fue la política de despolitización  de la sociedad. La demonización de lo político y de los políticos es una herramienta usada por casi todos los gobiernos militares y después durante la democracia por los gobiernos neoliberales. Esta despolitización produce el efecto de alejar al pueblo de la única herramienta que tiene, la política. Lo aísla de sus pares, lo degrada,  ya que lo baja de la categoría ciudadano a mero espectador.

El  proceso cívico militar se agotó básicamente por su gran fracaso económico, crisis en todos los frentes y sobre todo una crisis en la balanza de pagos originada por la gran deuda externa contraída en ese periodo. Aparece por primer a vez la deuda externa como gran condicionante estructural. La guerra de Malvinas fue un intento desesperado de perduración del régimen. La derrota aceleró  la crisis y la salida democrática.

La vuelta a la democracia en  Argentina y en región en los 80, fue un intento de rearticulación de lo popular con lo democrático. Sin embargo el intento quedó  trunco, el sistema democrático formal quedo supeditado rápidamente al nuevo sujeto histórico “ “el mercado”.  El apotegma alfonsinista “con la democracia, se cura, se come y se educa” mostró su falacia. Con la  democracia representativa  formal, sin el sujeto pueblo activo y protagonista se convierte en un sistema vacío, impotente ante el poder económico y político sintetizado en el “mercado”.
El neoliberalismo se impuso a fuerza de golpes de mercado, como la hiperinflación, que puso fin al gobierno de Alfonsín pero también condicionó y puso límites al gobierno que lo sucedió. El gobierno menemista también sufrió en sus inicios una híper que frustró  cualquier plan, aunque tímido,  de generar un proyecto diferente al neoliberal.

Con Menem se intenta completar el ciclo iniciado en 1976,  de concentración y extranjerización de la economía mediante las privatizaciones de las empresas públicas, el desmantelamiento de la industria, la primarización  y sobre la inserción de la economía argentina en el sistema financiero globalizado.
A pesar de fuertes luchas populares,  esta quedaron aisladas, como mera defensa sectorial, pero sin un proyecto político que las nuclee y potencie, Surge el piquete como herramienta de lucha  y la organización de lo popular a partir de experiencias barriales y locales.  La claudicación y la impotencia del poder gremial y del sector político fueron manifiestas para generar proyectos alternativos, aun dentro del sistema. La experiencia del FREPASO fue un fracaso evidente dado que su  “progresismo” no superó  nunca una moralina clase mediera, denunciaba la corrupción pero nunca cuestionó  el modelo.
Mientras que la democracia liberal en  esos años suponía el protagonismo de figuras individuales, como el votante,  el ciudadano, el consumidor, nunca un sujeto colectivo, fue gestándose por abajo movimientos populares orientados a construir estrategias de supervivencia y resistencia, basadas en satisfacer necesidades básicas de alimento, trabajo, educación, defensa del medio ambiente, que lograron de a poco ir estableciendo otra agenda basada en la soberanía popular. Fueron construcciones contra poder, pero en general  estos movimientos no pudieron articular  un programa común, superador del reclamo individual y sectorial. Salvo el caso Bolivia que bajo la conducción de Evo Morales logró  ir articulando, a pesar de fuerte resistencias internas, un proyecto exitoso de nación integrada.
En Argentina la crisis del dos mil uno fue el catalizador que permitió un momento de síntesis entre todos los sectores en la construcción de una estrategia consensuada para superar la crisis que el mismo modelo nos había llevado.
Primero Duhalde y luego Néstor Kirchner pudieron liderar un proceso que permitió recuperar la política por sobre la economía.  Sobre todo el gobierno de NK, a partir de 2003 logró articular un programa económico con base en la re industrialización, salarios altos y desarrolló  del mercado interno, al mismo tiempo que se lograban tasas de crecimiento “chinas”, se renegociaba la deuda externa en condiciones más favorables y se articulaban políticas de asistencia directa hacia aquellos sectores empobrecidos por la crisis.
El modelo comienza a estancarse a partir de la crisis internacional 2008/9 y sobre todo la muerte de NK en 2010.  El modelo  requería cambios en la estructura económica vigente. Una sintonía más fina para la superación de los estrangulamientos en muchos sectores, en especial el sector externo. 
El gobierno de CFK, mas allá de sus errores y limitaciones internas, fue también víctima de un fuerte ataque por parte de los grupos de poder político, económico y mediático, sostenidos por la acciones del gobierno yanky en la región. EEUU se volvió en esos años sobre su “patio trasero”, a fin de evitar del avance de los intereses y  negocios chinos, con el que estaba enfrentado en una guerra comercial y política por la hegemonía mundial.
Pero tal vez la gran deficiencia del gobierno kirchnerista, sobre todo en su última etapa fue la ausencia de construcción y fortalecimiento  del pueblo organizado como  sujeto histórico. Primó  una lógica política de construcción  de arriba hacia abajo, a pesar de la fuerte inversión que se hizo como asistencia a los sectores populares más vulnerables, no se tuvo una estrategia de fortalecimiento y empoderamiento popular. Este poder popular movilizado era una herramienta imprescindible frente al poder de fuegos de los enemigos internos y externos que se enfrentaban.
En  ese marco no era impensada una derrota en las urnas, agravada por la imposibilidad de CFK de ser candidata y la falta de un liderazgo fuerte que sintetizara a todo el espacio.
El triunfo del macrismo y con él la vuelta del neoliberalismo más acérrimo, significó  la vuelta al poder de los grandes grupos empresarios extranjeros y nacionales ligados a ellos.  Una vez más “el mercado” se constituyó como sujeto hegemónico. Y una vez más se puso en evidencia  la inviabilidad de un proyecto neoliberal en Argentina y la incapacidad de la derecha de generar un proyecto de país, sustentable, que integre a los cuarenta y cinco millones de habitantes.
El resultado de las próximas elecciones mostrara  no solo su fracaso sino el repudio de la mayor parte de la población a estas políticas.

Lo que viene

Es indudable que la fórmula de Alberto Fernández – Cristina Fernández sintetizó la unidad de todo el peronismo y los sectores populares aliados. Esta unidad del campo popular rápidamente demostró su fortaleza, que se vio claramente en las Paso del 11 de agosto. La victoria aplastante del Frente de todos, coloco a AF como virtual presidente de la nación iniciando un proceso de transición. AF inició un proceso de construcción de poder, a partir de un accionar político muy activo de diálogo  y búsqueda de consensos, primero hacia dentro del espacio y luego con todos los sectores económicos y sociales, así fue consolidándose como líder y generando estatus  presidencial.
Todo el proceso esta mostrando varias aristas complejas pero interesantes para el análisis de lo que viene. Por un lado la capacidad de resiliencia del peronismo, entendida esta como  como un proceso donde la persona y  las organizaciones deben adaptarse positivamente a las situaciones adversas.​
 El peronismo parece siempre resurgir de sus cenizas, cuando parece la borde de la extinción, cuando se cree que viene su superación histórica, el peronismo se readapta y cambia, sin perder su esencia historica. A pesar de procesos largos de desperonizacion de la sociedad, de la persecución de sus cuadros, de la calumnia y la difamación de sus dirigentes,  a lo largo de su historia, el peronismo muestra una capacidad de reponerse, reagruparse, generar nuevos liderazgos y volver a representar a amplios sectores populares.
Así por ejemplo la “renovación” en los 80, el kirchnerismo en el 2000, Alberto Fernández en el 2019, son momento de rearticulación interna, debate, surgimiento de nuevos líderes pero también fundamentalmente la conformación de un nuevo pacto con la comunidad sumando sujetos políticos dispersos.
En el 2000, con Néstor Kirchner,  pudo dar garantías de control de la crisis económica y representar a sectores que fueron agredidos por el modelo neoliberal, así sumo  a los movimientos sociales, piqueteros, a sectores de la economía social, a las madres y los organismos de derechos humanos, sectores juveniles, etc.
Hoy el peronismo trata de construir una alternativa política que sume además de lo anterior, a la marea verde feminista, a los sectores de clase media, que se habían alejado del gobierno de Cristina Fernández, trabajadores de la cultura, de la educación, de las ciencias, a la vieja militancia y dirigencia peronista con las nuevas camadas juveniles, más los partidos “progresistas” filo kirchneristas, etc.
Un dato a estudiar con más profundidad, para no quedarnos con una mirada “jaurecheana”, es el comportamiento de ciertos sectores de clase media.  Por un lado están los “independientes”, los que fluctúan su voto y muchas veces definen una elección, son parte del electorado que sumo CFK con el 54%, aportaron para el triunfo de Macri en el 2015 y ahora acompañan al Frente de Todos; por el otro un sector de clase media muy refractario al peronismo, a pesar de ser la primera víctima de las políticas neoliberales.
Si algo demostró este gobierno es la vulnerabilidad  económica de la mayor parte de la clase media argentina. Las políticas de ajuste permanente del neoliberalismo llevan a los sectores medios a un empobrecimiento generalizado, que lo acercan a los sectores populares más pobres.
Hubo un sector   que por falta de cultura política o histórica creyó en los globos de colores o en la virtud el cambio,  pero hoy descubrieron en carne propia que la única promesa real del neoliberalismo es el ajuste sin fin y el progresivo empobrecimiento de toda la comunidad.
Sin embargo hay otros donde esto genera  situaciones de angustia y miedo, que los hace votar a modelos políticos que les prometen una salida individual, un salvarse solo, una meritocracia que les hace creer que son distintos y superiores a los pobres, Un síndrome de Estocolmo que los hace votar a quienes lo perjudican y odiar a aquellos que los benefician o ver a los “otros”, los pobres,  como enemigos.
El gran desafío el próximo gobierno será estabilizar la economía, domesticar la inflación y controlar el dólar, detener la fuga de divisas, y renegociar el pago de la deuda, al mismo tiempo que genera puestos de trabajo, pone en marcha las pymes, y hace una fuerte campaña con ayuda directa contra el hambre y la pobreza.
Todo esto en un escenario interno y externo muy complejo, donde el conflicto de intereses será muy fuerte.
La herramienta política que está planteando AF es un gran pacto social, donde participen todos los sectores de la producción y el trabajo y el estado. Una herramienta peronista, que Perón intento llevar a la práctica varias veces.
La historia argentina muestra que estos pactos solo funcionan cuando existe un poder político muy fuerte que actúa como articulador o negociador entre las partes, pero también como dador de premios y castigos e imponga los límites al conflicto  de intereses entre todos los sectores.
La experiencia también muestra que es necesaria la construcción de un sujeto político que encarne y lidere el proceso. Este sujeto no es más que el pueblo empoderado y movilizado, detrás de un proyecto emancipador, que dé respuesta a las múltiples demandas de los distintos sectores que conforman el colectivo pueblo.
Esta constitución de un sujeto político debe estar  basada en la historia, la memoria colectiva, la experiencia popular, en una cultura, y sintetizados en un proyecto de nación. Este sujeto político es el encargado de la disputa por los significados, por la construcción del relato hegemónico, por el sentido común, de dar  la lucha  por el poder y la hegemonía.   
En síntesis  el/los sujetos políticos democráticos y populares deben ser  garante y sostén del próximo gobierno, dar la batalla cultural y política y la construcción de contra poderes para la instauración de un nuevo orden social hegemónico.   
Sin este soporte, sin el pueblo organizado y movilizado, la tarea del próximo gobierno será ardua y llena de escollos.



Antonio Muñiz
17 de octubre de 2019


Es hora de un Plan estratégico de desarrollo industrial.


“Si se quedan exportando trigo y carne, van a estar relegados frente al resto del mundo” Ha Joon Chang.

“La protección no garantiza el desarrollo, pero el desarrollo sin ella es imposible”. Ha Joon Chang.

“Y es más hay que romper con el “tabú” neoliberal, debemos recuperar el estado empresario, que  actúe  e invierta en aquellas áreas estratégicas donde el privado  no puede o no quiere”

Esta llegando a su fin un nuevo ciclo de políticas neo liberales en Argentina. Este final  nos deja una vez más ante  una crisis económica financiera brutal; un endeudamiento externo condicionante para las próximas décadas y un daño en el entramando productivo, en especial el industrial,  difícil  de medir.
Estos resultados no son casuales, ni producto de “malas praxis”.  Es el objetivo buscado por estas políticas de apertura económica financiera y privilegio de las actividades rentísticas  especulativas. 
Existen sectores importantes y poderosos que no quieren industrias en Argentina, no quieren que haya mercado interno, no quieren que haya Estado, quieren un país para pocos, con un mercado interno chico, que tenga grandes saldos exportables en dólares, que luego son volcados al sistema financiero y más tarde  “apropiados” y luego “fugados”.
 A partir de marzo de 1976, con el gobierno del proceso cívico militar se inicia un ciclo histórico, signado por el neoliberalismo, las doctrinas monetaristas y el Consenso de Washington,  que con sus más y sus menos,  llegó  hasta la gran crisis del 2001/2 .



En ese periodo el PBI industrial per cápita se desplomó  un 40 por ciento. Las consecuencias de este “industricidio”  no pueden resumirse solo en términos de caída de la producción física. Estas  políticas neoliberales dejan  pesadas herencias. Entre ellas, la desarticulación productiva y una mayor dependencia tecnológica externa; una primarización de la economía, con un fuerte deterioro de la industria, en especial el sector pyme, por ende desocupación, pobreza y  exclusión social; una estructura de mercados concentrados y extranjerizados,  una deuda externa condicionante, un sistema comercial y financiero liberalizado y dependiente de los mercados globales; un estado degradado, sin poder  ni capacidad de gestión, al servicio de  intereses particulares, un estado vaciado   de cuadros técnicos, como consecuencia del deterioro salarial y de la pobre proyección de crecimiento profesional en la administración pública; una burguesía , forjada en crisis recurrentes, pero siempre volcándose a negocios ligados  a apropiarse de recursos del estado, cada vez más con una lógica rentística especulativa. y, por lo tanto, acumulando a través de la fuga capitales  más que a involucrarse en planes de inversión productiva.
El macrismo, en estos cuatro años llevó adelante muchas de estas políticas, dejando una secuela de catástrofes en casi todas las áreas productivas, salvo aquellas muy ligadas al mercado agro exportador, minero, y la banca y el sector financiero.
El desastre productivo, económico y social que ha dejado el Gobierno de Cambiemos es evidente con el cierre de 20 mil pymes y la pérdida de más de 300 mil puestos de trabajo.  La capacidad instalada  en muchos sectores productivos llega apenas al 50%.

Reiniciar el  proceso de industrialización.

“Cien años atrás la economía del país se basaba en las exportaciones de trigo y carne. La Argentina creció en base a ese modelo, pero esto ya pertenece al pasado. Si deciden quedarse exportando trigo y carne, van a quedar relegados respecto al resto del mundo. La actividad primaria no asegura un buen estándar de vida a la población, porque tiene poco valor agregado y baja capacidad de generación de empleo. 
Este sector puede llegar a ofrecer un aumento rápido de la productividad en el corto plazo. Pero su crecimiento tiene un techo. En los últimos cien años, el predominio del modelo agroexportador y la falta de una estrategia industrial hicieron que Argentina perdiera la oportunidad de estar entre las principales economías del mundo”.  Chang
Con el próximo gobierno y la vuelta de un gobierno nacional y popular, es imprescindible encarar una política de industrialización
Hay que entender que la producción primaria tiene un techo, no puede crecer indefinidamente, no genera empleo y la riqueza que produce se concentra en pocas manos, en cambio la industria es generadora de trabajo, de mercado interno, y si se le suma tecnología e innovación la industria  puede crecer y mucho.


A partir de la crisis del 2001 y en especial  de 2003 en adelante , con  el tipo de cambio alto y competitivo, acciones de fomento a la industria y sobe todo medidas para defender y desarrollar un fuerte mercado interno por parte del gobierno de NK  comenzó un ciclo de reindustrilización del país.
En los siguientes años Argentina creció  a tasas muy altas. La crisis mundial  de 2008/9,  la crisis producida por la “125”,   más restricciones internas y externas fueron ralentizando el proceso de industrialización  y crecimiento (2011/15)
Ya hoy superada  la etapa de destrucción de la industria por parte de las políticas macristas (2015/19) y de cara al nuevo gobierno es necesario relanzar el proceso industrializador.
El desarrollo de la industria nacional enfrenta grandes desafíos para poder dar un salto cualitativo y volver a crecer fuerte como entre 2003 y 2011.
El mayor problema de la economía nacional para crecer y dinamizar la producción industrial es la escasez de divisas. La situación se agravó en los últimos años por la caída de los precios de los recursos naturales,  la crisis en Brasil,  el fuerte endeudamiento externo producto de las políticas neoliberales que comprometen a futuro grandes sumas de dólares para afrontar el pago de intereses y capital. Esta restricción externa requerirá políticas de refinanciar la deuda a mayores plazos, administrar el comercio exterior, restringir la circulación de dólares, a través de mayores controles, desdoblamiento del valor del dólar, hay pensar un dólar diferenciado para la industria y el turismo.
Lo que es indudable que el cepo impuesto por el gobierno de Macri en sus últimos meses ha venido para quedarse largo tiempo.
La otra gran restricción  es que  Argentina sigue muy lejos de cerrar la brecha tecnológica con los países desarrollados.
Se  requiere una política de fomento a las actividades de investigación, innovación y desarrollo de nuevas tecnologías. Activar,  asociar y vincular los estamentos estatales,  universidades  y los organismos de ciencia y tecnología con la industria. 
La experiencia del INVAP, una empresa mixta que fabrica y exporta alta tecnología puede ser un camino a imitar y replicar  en este sentido.
Es necesario en esta etapa “una sintonía fina” en las políticas sectoriales y avanzar en cambios estructurales.  Con ese objetivo  sería conveniente la elaboración de un plan estratégico de desarrollo industrial, con amplia participación de todos los sectores involucrados e interesados.   
Entre otras medidas es necesaria  la reforma a la ley de entidades financieras, destinando el ahorro de los argentinos hacia el trabajo y la producción;  reforma al sistema tributario, modificando el actual sistema regresivo;  abrir los canales de comercialización, actualmente muy concentrados, con muchos eslabones intermedios parasitarios; fomentar el desarrollo de las economías regionales, agregando valor a las producciones primarias; expandir el mercado interno a través de mejores salarios, pero también una política de administración del comercio  a efectos de generar dólares y afrontar el estrangulamiento externo.  
Es importante recuperar al Estado activo y presente,  “asociado” con la industria. Es necesaria una fluida  articulación entre el sector público y el privado. Y es más hay que romper con el “tabú” neoliberal, debemos recuperar el estado empresario, que  actúe  e invierta en aquellas áreas estratégicas donde el privado  no puede o no quiere.
Por ultimo una consideración que debe ser clave en el proceso de reindustrialización, este proceso no puede estar basado en salarios bajos, Argentina no es similar a los países asiáticos,  los trabajadores argentinos tienen calificaciones  y niveles de productividad alta. La recuperación de la fuerza de negociación de los trabajadores a través de paritarias libres  permitirá  una distribución más equitativa de la riqueza.
Si pretendemos progresar como sociedad mediante la construcción de una matriz productiva más compleja, habrá que incentivar tanto el desarrollo de las aptitudes de los trabajadores para operar tecnologías progresivamente más sofisticadas como su potencial creativo. Para eso, debemos avanzar gradualmente en un sistema con mejores condiciones laborales que dinamicen el mercado interno y estén en sintonía con el nivel de desarrollo productivo que la economía vaya alcanzando. Esto debe ser así   porque se requieren trabajadores con ingresos suficientes para poder acceder a buenas condiciones de vivienda,  salud, educación, alimentación y tiempo libre, entre otras necesidades.


Antonio Muñiz
25 de Septiembre de 2019


El último round.


Cuadro de situación de un país en crisis

“El 27 de octubre, peleamos el último round”  Mauricio Macri.

 A 6 semanas de las elecciones nacionales el panorama político está en un continuo torbellino, originada por el resultado anticipado por la tendencia que hubo en las elecciones primarias del 11 de agosto y una brutal crisis económica que está poniendo en cuestionamiento a todo el sistema democrático.
Todos los sectores  dan por cerrada la etapa neoliberal  y esperan el próximo 27 de octubre como un mero ejercicio electoral que ponga en blanco sobre negro la realidad política imperante. Las formulas del Frente para Todos se impondrán con holgura en el ámbito nacional, pero también en las provincias y municipios en juego.
Esta situación ha jaqueado al gobierno macrista, que creía en sus posibilidades de cara a una segunda vuelta. El cachetazo que la sociedad argentina le dio  fue tan contundente que aún no ha podido ponerse en pie.
El macrismo, preso de su propio relato, no pudo entender el pulso social ni las urgentes demandas de la sociedad.
La crisis económica, expresada en una muy alta inflación, una brutal recesión, un cierre de establecimientos industriales y comerciales y una crisis externa muy compleja, que encima jaqueara el próximo gobierno, un empobrecimiento de la población, con sectores casi en la marginalidad y la emergencia alimentaria.
Esta crisis económica ya se estaba larvando desde la asunción en diciembre de 2015. El macrismo “inventó” una “crisis heredada” para justificar sus políticas de ajuste, apertura de la economía y la piedra basal de su programa de gobierno, el endeudamiento externo. Tuvo su primer gran  fracaso en 2018 que lo obligó solicitar el apoyo del FMI, con un fuerte aumento de la deuda, esta vez aportada por el organismo internacional y un programa de económico - financiero de ajuste “clásico”. El gobierno cedió el poco poder que le iba quedando y se subordinó  a los dictados de los técnicos del FMI.  
El nuevo programa aceleró  y agudizó  la crisis. La inflación tomo un ritmo de vértigo pero sobre todo se aumentó la deuda externa y su correlato la fuga constante de divisas, con una perdida preocupante de reservas.
Estaba todo “armado con alambre”, los mercados tenían claro que todo se desmoronaba luego del 27 de octubre.  Las Paso aceleraron los tiempos. El resultado mostró el amplio rechazo social y la poca viabilidad política del modelo que se quería imponer. 

Contra las cuerdas:


“El 27 de octubre, peleamos el último round”, esta es la frase con la que concluye un spot publicitario  del gobierno, que buscaba dar un mensaje de esperanza hacia sus votantes.
Abandonado por el círculo rojo del poder, que fue su principal sustento político, rotos los mecanismos de blindaje mediático que tanto hicieron para sostener toda la falacia del relato M, en una diáspora de dirigentes y aliados, que buscan desesperadamente no hundirse con el barco.
Como en aquella vieja canción infantil, en la alianza gobernante  “cada cual atiende su juego”.
El ejemplo más notorio es Vidal en la provincia, de ser la “niña bonita”, la perla del Pro, la “leona”, que irradiaba “magia”, en el relato M, pasó  a ser un candidato cacheteado, con un resultado de derrota inminente. Ahora solo busca salvarse y para ello se distancia de la figura de Macri y quedar medianamente en pie como jefa de una virtual oposición. Algo que a estos días parece demasiado optimista. Lo mismo están haciendo los intendentes del Pro, muchos de ellos de origen radical, que buscan localizar las elecciones, “cortando su boleta” y repartiéndola con las del Frente de Todos. Está por verse el resultado de esa estrategia en lo local, pero es claro que le restan votos al candidato en las elecciones del 27. Todo hace prever que el resultado será todavía más contundente en apoyo a Fernández y a Axel Kiciliof.
En este escenario la discusión pasa por si el Pro puede sostener algunos municipios de la provincia de Buenos Aires, y el número que consigan de diputados y legisladores y concejales. En disputa, todavía con resultado incierto, las elecciones en Mendoza el próximo 29 de septiembre y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Muy poco para un proyecto que pretendía cambiar la matriz ideológica, cultural, política e institucional del país.

En caída libre

La crisis política y de poder que sufre el gobierno solo hace agudizar la crisis económica.
La inviabilidad del programa económico, las contradicciones de política internas, la impericia, la mala praxis y sobre todo una lógica predatoria, rayana en el delito,  por parte de la mayoría del elenco gobernante llevaron a esta crisis, pero además condujeron al “default” de una deuda en pesos tomada por este mismo gobierno. Algo pocas veces visto en la historia económica. Más grave aún nos llevaron al peligro de default con los acreedores externos, que pende como una espada de Damocles sobre toda la población.
Estamos en una transición política, pero en una situación económica muy compleja y de difícil pronostico.
No solo no se puede pagar la deuda con los privados sino tampoco la contraída con el FMI. Y a ello hay que sumarle la imposibilidad de pago inminente de la llamada deuda corta, la deuda del Banco Central en Letes (dólares) y Lecaps (pesos). Esta bola de nieve generada por las altas tasas y las políticas de especulación financiera que ha llevado adelante el gobierno, se vuelve  impagable por su volumen pero también por el déficit cuasi fiscal que producen. ¿Un plan “Bonex” a la vista? No hay que descartarlo.
Y para completar el cuadro a una corrida cambiaria le puede suceder una corrida bancaria. Nadie o muy pocos hablan en público pero la situación es de tal inestabilidad, que nada puede ser descartado.
La única salida que tiene este gobierno es ir cerrando cada vez más el cepo cambiario, patear la deuda para adelante, “re perfilándola”, negociando con el fondo y rezando que el FMI desembolse los 5700 millones comprometidos.  Algo muy dudoso en estos días.
El macrismo está hoy  como esos boxeadores que llegan “groguis” al final, buscando protegerse de los golpes, sin atinar a ninguna reacción, solo mirar el reloj y esperar que suene el gong del último round,  que lo  salve del nocaut.
Seguramente la alianza Cambiemos estalle  por los aires después del 27 de octubre, la UCR seguirá su camino hacia la extinción, los restos del Pro se refugiaran en la CABA, si finalmente Rodríguez Larreta consigue su reelección, Macri y muchos de sus funcionarios pasaran largas jornadas recorriendo los juzgados federales, etc. Sin embargo los sectores y los intereses políticos  y económicos que representan siguen vigentes, agazapados, pero con alto poder de fuego, esperando su oportunidad para volver a dar un  zarpazo.
Como decíamos anteriormente el gobierno del Frente de Todos recibirá un campo minado: inflación, recesión, default, devaluación y pobreza.
Estará condicionado por una situación internacional compleja y turbulenta, los bonistas, el FMI, los grupos concentrados de la economía,  por un lado y por el otro por las demandas básicas de los sectores populares.
Un escenario muy difícil, que requerirá mucha política y mucha organización popular para sobrellevarlo.

Antonio Muñiz
16 de septiembre de 2019

Final de partida


“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene.”
(¿Quién mató a Rosendo? Rodolfo Walsh 1969)

“Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan/ Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas” / El libro de los abrazos. Eduardo Galeano

“Los funcionarios no funcionan./  Los políticos hablan pero no dicen./ Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman” / El libro de los abrazos. Eduardo Galeano

Hoy asistimos a un episodio más, casi tragicómico,  que muestra el final de un tiempo histórico.
El ciclo del gobierno macrista está tocando a su fin. Su ciclo iniciado en diciembre de 2015, que prometía el fin del cepo y el fin de todo intervencionismo estatal en la economía, que prometía bajar la inflación, reducir la pobreza, una lluvia de inversiones, termina restaurando el “cepo cambiario” y encima con un “corralito” selectivo y para completar la situación declaran un default sobre deuda en pesos contraída por ellos.



Si no fueran tan trágicas las consecuencias para nuestro pueblo y para las futuras generaciones, seria hasta cómico.  Hay hasta justicia  divina para un gobierno inepto y corrupto, que con una soberbia ideológica,  pero también de clase, llegó  para cambiar la matriz cultural y política de la Argentina y termina acorralado, en una final de partida, por sus propios errores, por su ignorancia política, histórica y cultural. El mejor equipo de los últimos cincuenta años termino mostrando una inoperancia significativa, muy difícil de encontrar aun en gestiones fracasadas anteriores.
Lo bueno de este momento es que no solo se avecina un fin de gobierno, sino el final de un ciclo, corto, gracias a Dios, del neoliberalismo. Una vez más el neoliberalismo vernáculo muestra su incapacidad para llevar adelante un programa de gobierno, de construcción de un modelo de país sustentable e inclusivo.
Una vez más, y van….,  la experiencia neoliberal conservadora nos ha conducido a un callejón cuya salida en un precipicio. Una vez más nos encontramos con una crisis de deuda, endeudados por décadas, con una industria en crisis, con desocupación, pobreza e indigencia, alta inflación, recesión y default. Un escenario de catástrofe, del que los macristas venían a liberarnos.
Es indudable que el macrismo formó parte de la avanzada neo conservadora de EEUU sobre América Latina y el Caribe, luego de su crisis del 2008/9, bajo el gobierno de Obama, comienza a recuperar su “patio trasero”. Fue como en un dominó,  volteando gobiernos populares: comenzó con los eslabones más débiles con golpes “blandos” en Paraguay  de Lugo y en Honduras, con la caída de Zelaya, siguió con el golpe palaciego a Dilma en Brasil y las posterior persecución judicial y proscripción de Lula, finalmente en Argentina en 2015 en elecciones democráticas.  Solo sobrevive el gobierno de Evo en Bolivia, tal vez el más exitoso de la región y el gobierno venezolano, con fuerte apoyo popular,  pero jaqueado económica y políticamente desde el exterior, en especial por EEUU.  
El macrismo era un proyecto neo liberal,  conservador colonialista que vino a cambiar la matriz  política, cultural, ideológica,  productiva, reconstruir una Argentina pre peronista, bajo las premisas del Consenso de Washington.
En este marco hay que leer el triunfo y posterior gobierno de Mauricio Macri, así como el fuerte apoyo del FMI y el gobierno de Trump, cuando la primer crisis en 2018.
Las causas del fracaso son varias, sin duda, en especial las limitaciones políticas e ideológicas del elenco gobernante, sobre todo de su presidente. También llegaron con una matriz de generar negocios para sí y sus amigos. Forman parte de una burguesía parasitaria, que vivió siempre del saqueo del estado, a través de la obra pública primero y las privatizaciones, en los noventa después. Una burguesía que creció generando deuda externa y su posterior fuga a paraísos fiscales. Ya Cavallo nacionalizó  la deuda externa de estos grupos en 1982, antes de la caída del gobierno militar, posteriormente fueron beneficiados por la pesificación asimétrica en el 2001.  Siempre el mecanismo fue el mismo,  generar deuda externa para luego apropiársela y fugarla, dejando la deuda a la nación argentina, en medio de una feroz crisis: 1982/3, 89/90, 2001/2 y 2019. Si siempre hicieron eso, ¿porque iban a cambiar siendo gobierno?
Con esa misma lógica predatoria se apropiaron de las empresas de energía eléctrica, petróleo, gas, energía eólica, etc, dolarizando sus tarifas a costas de los usuarios y consumidores.
El fin de ciclo apresurado muestra una vez más la inviabilidad de los proyectos neoliberales en Argentina y menos llevado adelante por los restos de la vieja oligarquía, la nueva burguesía parasitaria y los Ceos de los grupos concentrados.
Un proyecto político de clase, un modelo de primarización de la economía, desindustrializador, basado en servicios y en la acumulación financiera. Atado y subordinado a las políticas imperiales de EEUU, con altos índices de pobreza y desocupación, con una legislación laboral pre peronista, con veinte millones de argentinos sin acceso al trabajo,  la salud, a la educación, la cultura o el consumo.
A este modelo reaccionario no pudieron imponerlo ni con el fuego, la cárcel y la tortura los gobiernos militares, menos podrán imponerlo bajo gobiernos democráticos.
Por más débil y acotada que sea la democracia el pueblo resiste.
La ciudadanía se expresó en forma categórica contra este modelo en las pasadas Paso, poniendo en evidencia la fragilidad de todo el modelo. Estaba todo atado con alambre, esperando llegar con ayuda de los cinco mil millones del FMI, hasta un hipotético ballotage, que en la mente afiebrada de Marcos Peña y Mauricio Macri creían posible.
El pueblo con su pronunciamiento aceleró  la caída y le puso  el punto final a un proceso caricaturesco pero trágico.
Es un gobierno que hizo mucho daño.
Agravó  la “grieta” que ellos mismos habían construido con mayor odio y perversión, persiguió a dirigentes políticos y sociales de la oposición.
Hay presos políticos en la Argentina, algo inédito desde el fin del proceso militar, la prisión de Milagro Sala es una afrenta a la democracia y vergüenza nacional, las causas armadas por servicios y jueces corruptos para perseguir a ex  funcionarios como Amado Boudou o Julio De Vido, la persecución con causas ridículas a dirigentes sociales como Fernando Esteche o Luis D’Elía y sobre todo la persecución sobre la ex presidenta Cristina Fernández y su familia.
En un contubernio mafioso que contó con la participación activa de los grandes medios de comunicación, periodistas, servicios, jueces y fiscales federales, legisladores y funcionarios construyeron una maquinaria de vigilancia, persecución, hostigamiento y extorsión sobre toda la sociedad. Las investigaciones que lleva adelante el Juez Ramos Padilla son por ahora la punta de un iceberg muy grande.
Los niveles de corrupción en la mayoría de los actos de gobierno son tan notorios y evidentes, que solo una cobertura mediática pudo taparlos durante tanto tiempo. Detrás de cada decisión de gobierno hubo y hay negocios, para sí o para “amigos de la vida”.
Debemos remontarnos al proceso militar para ver actos tan escandalosos de corrupción y apropiación de los bienes y recursos del estado en beneficio de un puñado de empresas.
El tema de la deuda y el pago de comisiones a bancos y fondos amigos, la venta de acciones del fondo de sustentabilidad del Anses, la venta de Parque eólicos, Autopistas del Sol, Correo Argentino, dólar futuro, subsidios y pagos a las empresas amigas, el blanqueo, son solo una parte de un entramado de negocios y delito llevados adelante por el mejor equipo de los ultimo cincuenta años.  Es necesario un “nunca más”. Una “CONADEP” que investigue en profundidad y lleve estos delitos a la justicia. Es la única manera que no vuelva a suceder.
Lamentablemente todavía faltan tiempos “institucionales” para concretar la asunción del próximo gobierno, casi dos meses para las elecciones y tres meses y días para la toma de juramento el 10 de diciembre. Un suspiro en el tiempo histórico, pero un tiempo eterno para la crisis que atravesamos.
Tal vez como dice el proverbio chino “en cada crisis hay una oportunidad” o siguiendo el pensamiento de Gramnci las crisis económicas no necesariamente generan grandes cambios políticos o sociales, no siempre generan un quiebre, pero van creando un terreno fértil, un espacio  más favorable para la difusión de nuevos modos de pensar, de crear nuevos paradigmas,  de plantear y de resolver los viejos problemas con nuevas soluciones. Cuestiones estas que puedan incidir en el desarrollo posterior de la vida política.
Hay que romper con estas lógicas de crisis cíclicas que solo generan pobreza y dolor para beneficio de una minoría parasitaria.
Esta crisis no son producto de  un sino trágico del destino, sino una construcción política humana que la hace posible. Hay que desmontar todo el aparato político, legal, cultural e ideológico, que le da sustento y le permite reaparecer después de un tiempo bajo nuevas formas pero con los mismos objetivos.
Anímenos a soñar, a pensar, a crear, otro país es posible.

Antonio Muñiz
2 de septiembre de 2019