Burguesía nacional, ¿mito o realidad? (1 parte)

Antonio  Muñiz

Luego de la crisis del modelo neoliberal en 2001,   Néstor Kirchner, el presidente electo que debió enfrentar la implosión de la economía  argentina, expresó  desde un principio su intención de “rescatar a la economía argentina de las ruinas del neoliberalismo”. Declaró además,  que “es imposible construir un proyecto nacional si no consolidamos la “burguesía nacional”.
De hecho, en varios de sus discursos posteriores  enfatizó la necesidad de tener un “capitalismo nacional”.
También en Brasil, el ascenso al poder de Luis Ignacio Lula Da Silva y el “Partido de los Trabajadores” reavivó  el hablar de un pacto social entre el trabajo y el capital y la posibilidad de  forjar un espacio para el desarrollo de Brasil por medio de una alianza con los “industriales nacionales”.  
Ambos procesos resultaron  exitosos en cuanto a  logros de inclusión social, disminución de la pobreza, desarrollo de algunos sectores industriales, autonomía con integración regional, etc, también mostraron las limitaciones de estas burguesías nacionales, que terminaron en Argentina favoreciendo y apoyando el modelo neo liberal saqueador de Macri y en Brasil apoyaron primero el golpe palaciego contra Dilma Rouseff y luego la proscripción y cárcel de Lula, permitiendo el escandalosos gobierno de Bolsonaro.


Un poquito de historia:

Este modelo de alianza entre el sector obrero y la burguesía nacional más el Estado fue la alianza social que sustentó, si bien con marchas y contramarchas,  contradicciones y conflictos, casi todo el proceso de industrialización por sustitución de importaciones, desde la crisis del 29 hasta la crisis del petróleo a mediados de los 70.
En Argentina, si bien el proceso de industrialización también comienza en los años 30, con la depresión y el comienzos de la segunda guerra mundial, es luego de la asunción del gobierno de Juan domingo Perón, que el proceso se acelera, basado en una fuerte participación del Estado con políticas muy activa, con planes nacionales de desarrollo y una alianza social entre el trabajo y la producción, en el marco de un “proyecto nacional”.
Durante los primeros gobiernos peronistas (1946-1955), los cambios económicos, políticos y sociales provocan profundas transformaciones en el desarrollo del movimiento de la sociedad argentina, plasmándose una nueva conformación de fuerzas sociales enfrentadas.
A su vez ya superada la guerra emerge un mundo bi polar  en el marco de una “guerra fría” entre las dos potencias  “ganadoras” del conflicto mundial.  Este nuevo orden político y económico marcó  la necesidad de un cambio en las políticas económicas del peronismo hacia el desarrollo de las industrias pesadas y energía. Además el modelo requería un aumento en la productividad de toda la economía. En ese marco se realiza el  Congreso de la Productividad y el Bienestar Social, convocado conjuntamente por la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Confederación General Económica (CGE), con apoyo institucional del Estado justicialista, en marzo de 1955, se propuso discutir la forma de llevar adelante un proceso de racionalización de la producción para incrementar los niveles de productividad, de acuerdo con las metas planteadas ya en el Segundo Plan Quinquenal
El Congreso fracasó, ya el golpe militar estaba en marcha y la burguesía se estaba alineando con las fuerzas golpistas, junto a la Iglesia, un sector de las fuerzas armadas, las oligarquías agro ganaderas y las empresas de capital extranjero.  Sin embargo es interesante el análisis de las posiciones en conflicto, mientras el sector obrero se mantuvo muy fuerte en defensa de las conquistas logradas en ese periodo, para la representación empresaria nucleada en la CGE las ‘excesivas’ conquistas obreras eran en definitiva un freno a la organización de los planes de producción”.
Para Alejandro Horowicz, a partir del año 1952 se va a producir una ofensiva del capital norteamericano basado en la difícil situación financiera nacional producto de la caída de los precios internacionales de las materias primas exportadas por nuestro país y de las nuevas relaciones de fuerza a partir de la consolidación de EE.UU. como potencia hegemónica. Según el autor, la “estructura productiva nacional constituía un obstáculo para el avance del capital norteamericano”
Al mismo tiempo, y ante la imposibilidad de seguir importando bienes de capital debido a la falta de divisas, los industriales comenzarán a presionar para “aumentar la productividad del trabajo como único camino para incrementar ingresos”.
Así, el comienzo del fin de la etapa nacional y popular  y el fin de la alianza de entre el sector obrero y los empresarios nacionales. Estos en el nuevo bloque hegemónico  pasaron a realizar una “ofensiva política, ideológica y económica para instalar socialmente la convicción de que el problema radicaba en la excesiva intervención y gasto estatal y en el elevado nivel de los salarios y las elevadas condiciones de trabajo que limitan la productividad”
Este pensamiento simplista y falaz, se mantendrá constante hasta nuestros días. La pregunta es ¿Porque la “burguesía nacional” nacida al calor de las políticas del estado y que había prosperado notablemente  tira por la borda toda la experiencia y termina asociándose y subordinándose a la oligarquía campera, al capital norteamericano, a la banca y los sectores rentísticos.?
Este renunciamiento de la burguesía nacional muestra su incapacidad para liderar un proceso de desarrollo autónomo, incapacidad que se volverá a mostrar en las décadas siguientes. (1)
A lo largo de las siguientes décadas la burguesía industrial busco su camino lejos de los sectores obreros, abandonando el proceso de desarrollo nacional y popular y apostando a un desarrollismo de carácter liberal. Este modelo fue complicado, con idas y vueltas, pero de crecimiento del sector durante toda la década del 60, llegando a principio de los 70,
En 1966, con el gobierno militar de Ongania, el primer Ministro de Economía, fue un empresario nacional,  Jorge Salimein, Ceo del grupo Sasetru y presidente de la CGE
Salimei expresaba una estrategia diferente a la de la UIA, y afín a la política reformista impulsada por las fracciones de la burguesía representadas por la Confederación General Económica. La resolución de la crisis económica, cuya principal expresión era la caída de la tasa de ganancia industrial, requería para la UIA medidas diferentes que anudaban una serie de alianzas distintas a las tejidas por Salimei. Para la UIA la salida para superar la crisis de acumulación demandaba  la caída de los salarios reales y la reestructuración de los gastos estatales, el aumento de la productividad y la eficiencia, el disciplinamiento de los sectores obreros y la restructuración de la legislación laboral y previsional en virtud de disminuir el costo de la mano de obra. A su vez, se demandaba el apuntalamiento estatal para generar la competitividad industrial que permitiera apuntar hacia la conquista de los mercados internacionales.
 La gestión Salimei estaba muy lejos de coincidir con los objetivos de la UIA, así duro apenas 6 meses y fue reemplazado por Krieguer Vasena, con posiciones más liberales y cercanas a la UIA. El proceso militar termina en medio de fuerte movilizaciones populares, motorizados por los sectores obreros organizados contra las políticas económicas y la fuerte políticas represivas.
El desarrollo logrado permitió grandes logros durante el período 1930/76, entre los primeros se puede mencionar una elevada tasa de crecimiento económico: entre 1964 y 1974 el crecimiento anual promedio fue del PBI fue del 5 %, mientras que la tasa promedio del PBI industrial fue del 7 %. Otro dato significativo es que mientras el porcentaje en 1960 de exportaciones de productos manufacturados fue del 3 %, en 1974 fue de un 24 %  sobre el total de exportaciones.
Sin embargo en toda la década se ve que la burguesía fracturada y subordinada a los capitales extranjeros, con una economía cada vez más extranjerizada y más concentrada.
La experiencia del gobierno peronista de 1973/76 reedita el modelo de Pacto social entre la CGe , liderara por José Ver Gelbard, tal vez el más lúcido exponente de esa burguesía nacional, con un claro proyecto político y económico, de desarrollo industrial, la CGT liderada por José Rucci y el fuerte apoyo del Presidente Perón, que hizo de ese Pacto Social y el Plan Trienal, ejes centrales  de su  gobierno.


Fue un periodo complejo, donde primaba la lógica de la violencia sobre la política, el asesinato de José Rucci, dio un golpe muy fuerte al proyecto, la muerte de Perón en 1974, le quitó  poder político a Gelbard y al Pacto social, que finalmente renuncia 4 meses después.
El sector empresario no acompañó el proyecto, más bien hubo un saboteo constante, con aumentos de precios, desabastecimientos, agio y especulación. El último discurso de Perón el 12  de junio hace referencia y denuncia estas acciones de sabotaje. (2)
El posterior golpe militar de 1976 marco el fin del proceso de industrialización por sustitución de importaciones, no porqué estuviera agotado sino por la decisión de la  burguesía argentina de acoplarse al mundo a través de un modelo de acumulación basada en lo rentístico financiero. Este escenario de predominio de la especulación sobre la producción  potenció la concentración del capital, el endeudamiento externo, el desmantelamiento del tejido industrial, desocupación, indigencia y un alto nivel de exclusión social.
Es decir pasar de un modelo industrialista basado en la producción y el trabajo a un modelo de acumulación basado en la especulación financiera.
Para esto debió apoyar el golpe militar de 1976, con la represión brutal incluida, para poder imponer el programa económico de Martínez de Hoz, que les garantizaba su inserción en los negocios de la intermediación financiera, pero renunciaba a un desarrollo industrial autónomo.
Estas políticas neo liberales generaron una fuerte concentración económica, sobre todo en los grandes grupos locales y las empresas trasnacionalizadas, que pudieron insertarse en el nuevo orden, aquellas industrias que producían para el mercado interno o en escalas muy baja no pudieron competir, así ramas enteras de producción nacional pymes desaparecieron  o quedaron en una mínima expresión.
En el periodo 76/83 dejo una argentina fracturada, con un tejido social y económico hecho añicos, endeudada y condicionada por las siguientes décadas.
“De nuestra famosa “burguesía nacional” podríamos decir que maduró tarde y se pudrió bien temprano. Incapaces de conducir el proceso de sustitución de importaciones que tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XX “, aceptaron y apoyaron las políticas neoliberales de desindustrialización de Martínez de Hoz  y más tarde durante el gobierno menemista subordinándose  a  las firmas trasnacionales. (3)
Hubo grupos económicos que pudieron acoplarse al nuevo orden, aprovechando su internacionalización, pero también los vínculos con el estado, a través de prebendas pero también vía corrupción. Durante los 80 un tercio de las empresas eran de capitales argentinos. Sin embargo ya sus intereses y forma de acumulación no tenían que ver con los intereses nacionales. Por el contrario comienza un proceso perverso de acumulación interna a partir de negocios  asegurados y de alta rentabilidad, para luego dolarizar sus ganancias y fugarla hacia paraísos fiscales.
También durante el menemismo se asocian con grupos extranjeros en las privatizaciones y el desguace del estado, a fin de integrarse verticalmente y consolidar su posición de oligopolio en algunos mercados
Hacia el final del periodo 89/2001,  en el panel  de las 200 empresas líderes en la estructura productiva del país, solo 47 eran nacionales.
Por un lado puede contactarse el afianzamiento estructural de un puñado de grupos especializados en procesar,  comercializar y exportar materias primas, por el otro se continuó con la extranjerización de gran parte de estructura productiva así como una mayor concentración de las cadenas productivas y de comercialización.

La década kirchnerista

Como decíamos al comienzo los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner intentaron recrear una burguesía nacional que acompañara el proceso de reindustrialización que llevaron adelante durante los doce años de gestión.
Haciendo un balance del periodo puede decirse que más allá de errores y contradicciones el proceso fue exitoso en cuanto al crecimiento de la economía, y del sector industrial en particular, aumento de los puestos de trabajo, mejora de salarios, reducción de la pobreza,  inclusión de sectores marginados.
Basada en el objetivo de defender el mercado interno, aumentar la demanda a partir de paritarias libres, fuertes inversiones del estado, salario mínimo y jubilaciones, aumento de las exportaciones, el periodo 2003/08 fue un quinquenio donde se crecía a “tasas chinas”, estancándose ese crecimiento hacia el 2008/9 dada la crisis global originada por la debacle de la “Lehman Brothers”.
Sin embargo el crecimiento de la economía argentina en todo el periodo 2003/15 marco un crecimiento que nos da un tercer lugar en el mundo después de China e India.
Es de destacar que se crearon miles de empresas. De 1996 a 2002 cerraron más de 9 mil empresas. Pero desde 2003 a 2014 se crearon 14.621, de las cuales más de 6 mil eran pymes. Se pasó de 80 parques industriales en 2003 a 330 en 2014, teniendo como objetivo llegar a 660 en 2020.  

En este periodo de gobierno el Estado nacional retomó el control de algunas empresas privatizadas durante el menemismo, entre las cuales sobresalen por su importancia los casos de YPF, Aerolíneas Argentinas, Aysa (ex Aguas Argentinas), Correo Argentino y las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones. Este proceso, que comenzó con una serie nacionalizaciones aisladas en el gobierno de Kirchner y se intensificó desde 2008, llevó a que creciera la importancia de las firmas públicas y las asociaciones con presencia estatal en el conjunto de las empresas más importantes del país. Ahora bien, las estatizaciones no formaron parte de un plan diseñado para incrementar estratégicamente la presencia del sector público en la economía, como sí aconteció en otros países de la región, sino que más bien fueron respuestas tácticas en determinadas coyunturas críticas.
Como paradoja, o no tanto conociendo la historia, los grandes grupos económicos ganadores de este proceso histórico más el sector pyme en general acompañaron el cambio de gobierno, dándole su apoyo a un sector político que representan los intereses de  los grandes grupos concentrados, el sector agro exportador y la banca.  

“En el agrupamiento de los “ganadores” de la posconvertibilidad se encuentran algunos holdings que mantuvieron prácticamente estable su posición, tres grupos claves del poder económico de la Argentina: Techint, Clarín y Madanes.
Fueron doce los grupos empresarios que aumentaron su ponderación dentro la cúpula, la mitad de los cuales posee base agroindustrial (Urquía, Vicentín, Navilli, Mastellone, Ledesma y Arcor). Esta inserción sectorial marca un claro punto de continuidad con las transformaciones del capital concentrado durante la década del noventa.”
Entre los que permanecieron en la cúspide pero perdieron importancia relativa durante estos años figuran Pérez Companc, Eurnekián, Sancor, Temis Lostaló y Roemmers. Este proceso también estuvo vinculado con la extranjerización de muchas, aunque las operaciones no implicaron la enajenación total del grupo sino solo una reducción de su tamaño.”
Un perfil diferente poseen los diez holdings que se colaron entre los más pudientes a partir de los 90, donde sobresalen los vinculados a la construcción y a los servicios públicos. Los conglomerados ODS (Calcaterra), Caputo, José Cartellone e IRSA coparon el rubro de la construcción (privada y pública).
Por su parte, Pampa Holding, Electroingeniería e Indalo (Cristóbal López) lograron expandirse gracias a la política de “argentinización” del sector energético que propició el Gobierno nacional.
El cambio de rumbo impuesto por el nuevo gobierno del presidente Macri tiró  por la borda los aspectos positivos de las políticas kirchneristas, al tiempo que profundiza los límites estructurales que restringen las posibilidades de la economía argentina.
Cuenta una historia que al final de su mandato Cristina Fernández preguntó a un poderoso empresario ¿Porque si con el peronismo ganaban mucha plata, como lo demostraba el crecimiento de su empresa, eran tan anti peronistas? El empresario balbuceo  unas palabras pero no respondió la pregunta.

Una vez más ¿porque empresarios con empresas industriales  exitosas  acompañaron alegremente a sus verdugos, apoyando políticas de des industrialización y primarización de la economía?
¿Porque la burguesía sigue teniendo un discurso y un diagnóstico de la realidad que no condice con sus propios intereses: liberación de los mercados financieros, liberar importaciones, reducir salarios,  ajuste del gasto estatal, políticas monetaristas para controlar la inflación, etc. todas medidas que reducen el mercado interno y deprimen la actividad económica, en especial la industrial?


Bibliografía:

·         De la sustitución de importaciones a la sustitución de exportaciones.   Max Flores

·         http://causapopularynacional.blogspot.com/2019/06/el-pacto-social.html

·         ¿REVIVIR EL ESTADO DESARROLLISTA? EL MITO DE LA “BURGUESÍA NACIONAL” Vivek Chibber

·         Burguesía nacional y Estado: la acción política de la Unión Industrial Argentina durante la Revolución Argentina (1966-1969)

Una patada a la escalera.



“Que tiempos serán los que vivimos que debemos defender lo obvio” Bertolt Brecht

En Argentina la discusión sobre libre cambio o proteccionismo existe desde hace más de dos siglos.
Ya con las invasiones inglesas al Virreinato del Rio de la Plata, se profundizó  el debate entre estos dos modelos, entre la burguesía comercial porteña, enriquecida por el contrabando y la trata de esclavos y la nueva generación intelectual como Belgrano, Moreno o Castelli. Quienes luego tuvieron un papel destacado en las jornadas de mayo y las guerras de la independencia.
De un lado se encuentran quienes dicen que el libre comercio mejorara la calidad de vida y el desarrollo de todos los países, que la mano invisible del mercado llevara mágicamente a despertar las fuerzas productivas de cada sociedad y por ende trabajara por el bien común.
Por el otro existe una corriente, que sostiene que las economías débiles deben ejercer un proteccionismo económico sobre sus industrias y su trabajo.
La historia económica clásica predica que el motor del desarrollo del capitalismo, la revolución industrial y el progreso de los países centrales se debió al libre comercio. Sin embargo existen otras visiones sobre el desarrollo económico e industrial de las naciones.
Según Ha-Joon Chang, referenciándose en trabajos previos del economista alemán Friedrich List, comparando los procesos de desarrollo de Europa nos dice que   “cuando  eran países en desarrollo, prácticamente ninguno de los hoy desarrollados practicaba el libre comercio (ni una política industrial de liberalización como contrapartida doméstica). Lo que hacían era promover sus industrias nacionales mediante aranceles, tasas aduaneras, subsidios y otras medidas”.
“La mayor brecha entre la historia «real» y la historia «imaginaria» de la política comercial es la que se refiere a Gran Bretaña y EE. UU., que son considerados países que alcanzaron la cima de la jerarquía económica mundial adoptando políticas de libre comercio cuando otros países bregaban aún con políticas mercantilistas obsoletas. … en sus estadios iniciales de desarrollo esos dos países fueron de  hecho los pioneros y, a menudo, los más ardientes practicantes de medidas comerciales intervencionistas y políticas industriales.” (Chang, 2002)
Los países que hoy se consideran desarrollados usaron en épocas pasadas el proteccionismo para defender su industria naciente y solo pasaron a predicar las virtudes del libre comercio cuando se hallaban ya en una situación en la que eran capaces de competir internacionalmente con otros países que no habían avanzado en el desarrollo industrial. Como dijo Friedrich List, una vez alcanzada la cima, es una argucia común dar una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás, impidiendo que otros países hicieran lo mismos. Es más, el ejemplo de Inglaterra que predicaba el libre cambio pero abría mercados muchas veces a cañonazos y otras contando con la complicidad de burguesías comerciales locales a las que asociaban.  Por un lado buscaban  mercados donde colocar su mercadería y a su vez extraer materias primas de esos países para alimentar sus industrias. Se generó una división internacional del trabajo, donde cada país debía especializarse en aquellas  producciones donde tenía ventajas comparativas, Así ellos se reservaban el rol de países industriales y a los demás como meros proveedores de materias primas poniendo limite a cualquier posibilidad de desarrollo autónomo.
Este no es un debate del pasado, sigue vigente en nuestros días. Los países desarrollados siguen con su retórica hipócrita librecambista. Mientras aplican en sus países políticas proteccionistas de fomento y subsidio a sus producciones locales mientras promueven el libre comercio para el resto del mundo.
En la actualidad, este debate tiene particular vigencia para la región. Por un lado, se están llevando adelante negociaciones sobre acuerdos de libre comercio con Europa y EEUU. O sea que mientras el mundo se cierra en postura más proteccionistas, sobre todo luego de la crisis del 2008 y más luego triunfo del Trump, a contramano la región, con nuevos gobiernos neoliberales, se abre al libre comercio.

La Unión Europea y el proteccionismo.

La Unión Europea viene aplicando subsidios a la producción agrícola afín de sostener a los agricultores y mantener la población rural. También aplican barreras antidumping, barreras para arancelarias, etc, para detener el ingreso de productos del agro desde el Mercosur, que en general son mas competitivos
Por ejemplo en Europa se lleva adelante la Política Agrícola Común (PAC) que establece ayudas directas por superficie (agricultura) o por cabezas de ganado (ganadería) y garantiza un precio mínimo de venta a los agricultores para cuando los precios internacionales bajan de determinado nivel. Esta política abarata los costos de producción en Europa limitando la competencia extranjera, favoreciendo las exportaciones primarias europeas e impacta a la baja en el precio internacional de los alimentos.
Un acuerdo con la EU supondría entre otras cosas para el Mercosur una rebaja de aranceles para las importaciones industriales, con lo cual Europa podría colocar todos sus excedentes industriales en la región, compitiendo en forma desleal sobre la producción local, por precio y calidad, con lo cual daño al aparato productivo industrial puede llegar a ser terminal para varios sectores.
Por el otro lado  las empresas europeas  exigen el mismo trato preferencial con las empresas locales en cuanto a licitaciones por obras y servicios públicos.  De concretarse Argentina entregara el negocio de la obra pública y  los recursos del Estado a las grandes empresas constructoras extranjeras.
Más allá de la intención de los gobiernos del Mercosur por firmar el acuerdo, este no se firma porque los países europeos, en particular Francia, no ceden en la protección a su sector agrícola. La capacidad de negociación del Mercosur es tan baja que ni siquiera negocia por liberar aranceles sino que negocia porque se le habiliten cupos de exportación al viejo continente en materia agropecuaria. En este esquema el Mercosur importara  desde Europa autos, maquinaria agrícola, máquinas y equipos, productos de consumo básico de origen industrial, alimentos con valor agregado, etc, Demás está decir que el efecto será la desaparición de ramas industriales completas como la automotriz, o la textil y la metal mecánica, etc, pero además afectara a muchas economías regionales como Cuyo con la importación de vinos y bebidas, aceitunas en el noroeste, biodiesel, etc.
O sea que desaparecerán sectores productivos enteros o quedaran reducidos a una pequeña expresión a cambio de beneficiar a las grandes empresas, en especial las de capital europeo, a los grandes productores del campo y a los exportadores de carne, soja, maíz, trigo y algunos minerales, con el consecuente aumento de la desocupación y por ende la indigencia, además de renunciar en forma definitiva a cualquier desarrollo industrial y a cualquier posibilidad de desarrollo autónomo,
Si bien históricamente los países centrales imponían tratados de libre comercio a los países periféricos, ahora la debilidad política del Mercosur y las necesidades de los gobiernos de Brasil y Argentina hace que estos sean los que apuran la firma de acuerdo a pesar de los escasos beneficios para el Mercosur.
Si estas teorías liberales solo logran destruir nuestras industrias y perder grandes cantidades de puestos de trabajo, y nos condena a ser meros proveedores de materias primas y a tener un rol periféricos y subordinado en el contexto mundial, ¿cuál es el beneficio de los tratados de libre comercio?

Antonio Muñiz
7 de julio de 2019

Acuerdo Mercosur – UE. Un nuevo pacto para afianzar el coloniaje?


Desde diciembre de 2015 el programa económico macrista lleva implícito un proceso de reprimarización de todo el sistema productivo. Es decir que estamos en un proceso de desindustrialización acelerada, con su secuela de cierres de plantas, desocupación, miseria e indigencia  de los sectores asalariados. Esta primacía de la explotación intensiva  recursos naturales  y su exportación sin el agregado de valor es una constante en  la historia económica argentina.
Las discusiones sobre  el modelo agro exportador versus modelo industrialista, o proteccionismo o libre cambio fueron y son discusiones no saldadas desde los tiempos del virreinato.
Sin embargo en estos tiempos de globalización financiera la primacía de un modelo agro – minero exportador  es  una necesidad  directa de la política macroeconómica que busca privilegiar el capital financiero.
En este modelo, las políticas monetaria y fiscal están organizadas para transferir recursos de los sectores reales de la economía al sector financiero. Para que ese modelo neoliberal monetarista funcione le es necesario apropiarse de los recursos generados por la explotación intensiva de los recursos naturales  y la mano de obra barata.
Pero más grave aún,  estas ganancias extraordinarias se vuelcan al sistema financiero, constituyendo una burbuja que forma parte de un proceso perverso, esta actividad no solo no derrama hacia el resto de la sociedad, sino más bien constituyen un canal de apropiación, deuda externa y posterior fuga de capitales hacia paraísos fiscales.
Este modelo ha mostrado sus limitaciones por el alto costo social y económico; nos lleva una desaparición de la industria pyme y por ende a millones de desocupados o sub ocupados con su secuela de pobreza e indigencia.
El caso de la soja en emblemático, un cultivo que requiere poca mano de obra, es totalmente exportada, ya que no se consume internamente, como grano, sin valor agregado alguno. China, principal comprador, ha decidido dejar de comprarnos aceite de soja y circunscribirse al grano. Esta claro que esta realidad solo beneficia a los grandes pool de siembra y a los exportadores, no “derramando”, salvo por las  retenciones,  sobre el resto de la economía.
Está por demás claro que el objetivo central de estas políticas es insertar a la Argentina en la nueva división internacional del trabajo como mero proveedor de materias primas, renunciando a cualquier desarrollo industrial.
En estos días el gobierno  anunció que el Mercosur llegó a un acuerdo de "asociación estratégica" con la Unión Europea al que calificó como "histórico" y ahora seguirán las negociaciones para delimitar el tratado de libre comercio entre ambos bloques.
La grandilocuencia con que el gobierno “vende” esta firma tiene que ver en que el  acuerdo con la Unión Europea tiene más de redito político que de ganancia.
En ese sentido, podría tener un impacto real en 10 años o más, de acuerdo a la propia información del Gobierno. Pero el anuncio se apuró para que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, Macri y el brasileño Jair Bolsonaro, pudieran exhibirlo en la cumbre del G20 que se desarrolla en Japón.



¿Quién gana?  ¿Quién pierde?

En el comercio internacional siempre hay ganadores y perdedores. La Unión Europea, y pesar de su retórica en favor de la globalización neoliberal y el libre comercio, protege y subsidia a su producción y en especial a su sector agrario, por lo que siempre impuso barreras y  limitaciones al ingreso a la eurozona de  productos agropecuarios procedentes del Mercosur.
El ejemplo de la carne es claro, existe una cuota anual de 78000 toneladas anuales de ingreso sin aranceles, el Mercosur ha solicitado sin éxito que esta cuota sea llevada a 100 mil toneladas, siendo negado hasta hoy.
El proteccionismo europeo es lógico, en gobiernos que velan por el desarrollo armónico de sus países.
Lo que resulta irritante es la predica liberal del libre comercio que imponen al resto del mundo,  obligando a la liberalización económica y comercial, “haz lo que te digo y no lo que hago”.
Este doble discurso y la férrea defensa de sus intereses por parte de los negociadores de la UE empantanó  las negociaciones durante casi veinte años. La debilidad del Mercosur, en crisis y sin rumbo, dado las políticas neoliberales en Brasil y Argentina, y las necesidades políticas interna de ambos gobiernos de mostrar algún éxito económico y político, ha llevado a este acuerdo. Es probable que UE ceda en algunos ítems y libere cuotas de importación de alimentos, en especial  productos cárnicos a cambio de  que las empresas europeas tengan acceso preferencial a los contratos por obras, servicios y contrataciones públicas. Esto haría que más de 60.000 empresas europeas pudieran entrar libremente en las economías del Mercosur y apropiarse  de la obra y el dinero público de los estados.
A modo de conclusión, y sin conocer la letra chica del acuerdo puede presumirse que en lo local el impacto sobre el Mercosur será letal para el comercio entre los países miembros, ya que las empresas europeas inundaran ambos mercados con productos industriales de mayor calidad y menor precio. Hay que decir que este menor precio no siempre llegara al consumidor final, sino, como muestra la experiencia esa diferencia será apropiada por las cadenas de comercialización interna.
El gran ganador interno serán los grandes productores de carnes y cereales, las exportadoras y en el sector industrial las grandes corporaciones.
El impacto para el resto de la industria y en especial las pequeñas y medianas empresas nacionales será muy alto y muchas de ellas seguramente se verán obligadas a cerrar. La industria automotriz y su cadena de valor, basada en la integración intra Mercosur, seguramente entrara en crisis casi terminal al no poder competir con la producción europea.
Exportar materias primas, alimentos y minerales e importar productos industriales provocara un impacto a largo plazo muy elevado en términos de desindustrialización, desempleo y menor capacidad de generación de riqueza por parte de los países del Mercosur. Este modelo asegurara el rol de los países del Mercosur, como países periféricos, reforzando su especialización como proveedores de materias primas para los países desarrollados, comprometiendo su capacidad de industrialización futura.
Además, si los países del Mercosur ceden en un tema tan delicado como es el de las licitaciones públicas, muchas empresas constructoras de la región  se verán obligadas a competir en forma desigual, regalándole el mercado a las firmas europeas.
El Mercosur debería primero reforzar su integración interna, fortalecer los procesos de complementariedad productiva entre los países, promover la integración política, financiera, económica y social, etc., que garanticen una unidad fortalecida para negociar con otros bloques.
 Los gobiernos liberales de la región, con la excusa de “volver al mundo”, nos plantean una apertura apresurada de los mercados sin importarles el fuerte costo social y económico.
Esta apertura suicida se convertirá en el corto plazo en una pesada mochila, que impedirá la construcción de una sociedad moderna, pujante y más igualitaria.


Antonio Muñiz
1 de julio de 2019

Unidad para ganar? Unidad para gobernar?

"La unidad nos da la fuerza, la solidaridad la cohesión." JDP
Los números de la economía argentina son catastróficos, luego de casi tres años y medio de la gestión del macrismo.

Impericia, mala praxis, soberbia ideológica, prejuicios de clase y sobre todo un núcleo en el centro del Pro, básicamente corrupto, que privilegia los negocios de un grupo por sobre el interés general. Solo así puede explicarse los desaciertos de este gobierno; no gestionan,  hacen negocios para sí y los amigos. Representan una parte de la burguesía parasitaria que ha saqueado a la Argentina desde siempre. 

También, como siempre, se han asociado a los intereses del FMI y del imperialismo yanky, alienándose a las políticas internacionales de Trump, pero también beneficiando a los intereses de la banca anglo yanky.

Los números son elocuentes sobre el deterioro que estas políticas han producido en el tejido social y económico del país. 

Una inflación proyectada para 2019 es del orden del 60 %, tasas del 60/70 % , la deuda externa cercana a los 200 mil millones de dólares, con fuertes vencimientos en 2020, caída de la producción industrial, utilización de la capacidad instalada cercana al 60 %, y en algunas actividades como la textil, en el 50 %,  una economía en recesión crónica, pérdida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, precios y servicios dolarizados, destrucción de la pequeña y mediana empresa, aumento del desempleo y el trabajo precario, retroceso en materia de soberanía energética, científica y tecnológica.

La deuda externa generada y la fuga masiva de capitales de estos años son una hipoteca para las generaciones futuras y una bomba de tiempo para el futuro gobierno. 

El daño en el tejido social por estas políticas es tremendo, tarifas y alimentos dolarizados son un coctel mortífero sobre los consumos populares.

Una desocupación cercana al 11 %, y por ende pobreza e indigencia en aumento, que carga su mayor peso sobre los niños y los jóvenes. Al efecto la pobreza infantil creció en un 11,2 %.  Según el observatorio de la UCA, el 30 % de niños no logran cubrir las necesidades alimenticias básicas y un 13 %  sufre la experiencia del hambre. 

Ambas cifras muestran el estado de crisis social imperante a que nos ha llevado las políticas neoliberales y la urgencia en corregir la situación, ya que los daños en niños y adolescentes con deficiencias alimentarias son  permanentes. 

El fracaso del modelo macrista se refleja en esta situación, un país que puede producir alimentos para 400 millones de personas  no puede alimentar correctamente a un tercio de su población.

El próximo gobierno deberá tomar este tema como prioridad, junto a la creación de empleo y la provisión de medicamentos básicos,  deben ser el eje de las primeras medidas. 

Construir unidad en la diversidad

 La decisión de la ex presidenta CFK de designar a Alberto Fernández como candidato a presidente y reservarse para ella la vice presidencia generó un temblor en todo el mundo político, descolocando al oficialismo y sobre todo a aquellos que buscaban una salida por el medio. 

Dinamitada la “ancha calle del medio”, convertida en un callejón sin salida, Alternativa Federal que nucleaba a varios gobernadores quedo expresada en su mínima expresión, ya que la mayoría de los gobernadores y legisladores del espacio terminaron aliándose con la formula Fernández – Fernández. La sumatoria del espacio massista en estos días le da al Frente de Todos un peso político y electoral mayoritario. 

El  peronismo logró  lo que hace unos meses parecía imposible, la unidad de casi todos los sectores y corrientes internas detrás de la formula FF.

Por el otro lado el oficialismo navega sin rumbo, tratando de retomar la iniciativa. La designación de Miguel Pichetto fue un manotazo de ahogado para ampliar el espacio, sin embargo, a pesar del fuerte apoyo mediático del momento, no mueve el amperímetro electoral y político.  

La experiencia Lavagna navega, con final incierto, entre los restos del naufragio de Alternativa Federal y del Frente Socialista, derrotada en Santa Fe. Por último los partidos de izquierda, a pesar de alianzas, no dejan de ser expresiones muy minoritarias, con peso en movilizaciones y marchas, pero de escaso poder político electoral. Sin vocación de poder, toda su estrategia parece orientada a meter un legislador más o menos.

En este escenario el “Frente de Todos” sigue con una construcción de poder que estaría garantizando un triunfo electoral.

Es indudable que esta es una unidad para ganar, pero la pregunta es ¿esta unidad sirve para gobernar?

La experiencia histórica muestra que va a haber fuertes pujas internas y externas. La lucha política e ideológica en el interior del Frente en el gobierno será inevitable. No necesariamente esto es malo en sí mismo, por el contrario puede ser positivo en la construcción de un espacio político y una relación de fuerzas que pueda enfrentar la crisis nacional y poner límites a los factores de poder económico financiero. 

Está claro que es  necesario poner todo el esfuerzo en ganar las próximas elecciones, en primera vuelta  y por la mayor amplitud posible. Hay que tener claro que la derecha en el gobierno es una clase social  autoritaria, violenta, sin escrúpulos, capaz de cualquier acción mezquina, con el objetivo de mantener el poder y sus privilegios, En ese marco no hay que descartar fraudes y acciones antidemocráticas. Tampoco el boicot permanente al futuro gobierno, el “círculo rojo”, núcleo del poder detrás de Cambiemos ha ido consolidando sus posiciones de poder  no solo en el plano económico, sino también en los planos mediáticos, judiciales, fuerzas de seguridad, etc.

Estamos  enfrentando una vez más a un poder muy fuerte, que asociado al FMI, el Departamento de Estado y la CIA, siempre presentes en los escenarios políticos latinoamericanos, pueden condicionar al futuro gobierno popular.

En ese marco es factible la construcción de un nuevo pacto social, o un nuevo pacto de convivencia,  tal como los plantea CFK. Sin embargo, como lo muestra la experiencia del pacto social de 1973, si bien en condiciones políticas diferentes, hay y habrá grupos de poder que sabotearan todo el proceso.  

Para que el Frente de Todos  se constituya en una fuerza política sólida, que pueda enfrentar a los factores de poder, internos y externos, es necesario fomentar la participación de todos los sectores y espacios, ampliar el debate y la discusión ideológica, ampliar la base de sustentación construyendo  poder popular, sumar espacios por fuera de la política orgánica, por ejemplo de la cultura, sociales, estudiantiles, barriales, empresarios, etc. 

En síntesis es necesaria la construcción de un movimiento nacional de  liberación, tan caro a la tradición de las luchas populares argentinas. 

Es además imprescindible la construcción de una mística y una ética  política y social que de soporte al proyecto político. 

Como sostenía Perón, es fundamental la unidad en la acción y en la acción construir solidaridad y organización. 


Antonio Muñiz

20 de junio de 2019

Una burguesía fallida


Argentina a partir de 1930 y sobre todo luego de la post guerra inicia un proceso de industrialización basado en el modelo de sustitución de importaciones.
A partir de 1946, bajo el gobierno de JDP  y acompañando este modelo económico se instala un fuerte desarrollo del estado de bienestar, mejorando la calidad de vida de la población, a través de una legislación del trabajo, aumento de la participación de los trabajadores en la distribución del ingreso, vacaciones pagas, aguinaldo, convenios y paritarias, planes de vivienda, etc, que van conformando una clase media pujante, pero también una sociedad integrada e igualitaria.
Hubo una clara estrategia de ampliar el mercado interno, con pleno empleo y salarios altos. También el Estado tuvo un rol central, se nacionalizaron las empresas de servicios públicos, todas ellas en manos de capitales ingleses, trenes, agua, energía, transportes, comunicaciones, etc.


Los gobiernos de JDP, si bien tuvieron crisis  económicas en 1950 y más grave 1952, salió de ellas indemne de ellas y con gran apoyo popular.
Hacia 1955, colisiones y conflictos con la oposición y sobre todo con la iglesia, que había sido uno de sus principales sostenes en la primera etapa, llevaron a un clima de violencia opositora creciente. El bombardeo a la Plaza de Mayo, por parte de la aviación naval, que dejo cientos de muertos y heridos de civiles, o la colocación de bombas en las estaciones de subterráneos en horas pico, iniciaron un proceso destituyente, que termina con un golpe militar y el derrocamiento del gobierno. Se inicia a partir de allí un ciclo de alta violencia e inestabilidad política. La proscripción del peronismo y la persecución de sus dirigentes genero una alternancia de gobiernos civiles y militares débiles, por su escasa aprobación popular.
Es necesario precisar que durante el periodo 1946/1974 la economía  crecía a tasas altas y los salarios no tuvieron una gran caída, pesar de la alternancia de gobiernos y la proscripción del peronismo.  En el periodo 64/74 el crecimiento del PBI fue del 5% anual y un 7% en el sector industrial.
Si analizamos todo el periodo 1946/1973, desde el punto de vista económico, el balance de este período de industrialización de más de 40 años fue, sin embargo, positivo. Entre 1949 y 1974 el PBI argentino creció un 127% y su PBI industrial un 232% mientras el PBI per cápita aumentó un 42%. Por otra parte, el nivel de endeudamiento externo era bajo, la desocupación no pasaba del 6% en promedio y la participación de los asalariados en el Ingreso Nacional se mantuvo en promedio por sobre el 40%.
Sin embargo la proscripción y persecución del peronismo hizo que sectores populares fueran radicalizándose hacia posiciones más de izquierda y métodos de violencia. También la revolución cubana, las teorías guevaristas del foco guerrillero, las luchas de los pueblos africanos y asiáticos por romper las cadenas del imperialismo, con eje en la lucha y la victoria de las fuerzas populares en Viet Nam contra el ejército de EEUU, el Concilio Vaticano Segundo y su acercamiento de la Iglesia con los “pobres”. También Europa tuvo en esa década grandes marchas y movilizaciones populares, como el Mayo Francés, que fueron dando a la época un aura revolucionaria y en algunos casos violenta
En este período de industrialización, no se vuelve a caer en el fuerte endeudamiento externo de la etapa agroexportadora, pero sí en repetidas crisis de la balanza de pagos, los conocidos ciclos de stop-go, (pare y arranque). En los periodos de auge aumentaban  requerimientos de importaciones de materias primas, bienes intermedios y equipamiento que requería  propio proceso de industrialización pero que se contrapone del ingreso de divisas por parte de las exportaciones agropecuarias. A su vez estas bajaban porque aumentaba el consumo interno, debido al mayor empleo y mejores salarios.
Todo esto se traducía en crisis del sector externo, procesos inflacionarios y políticas monetarias restrictivas, devaluación, aumento de los precios, disminución de la actividad económica, menores importaciones y aumento de las exportaciones, hasta que el ciclo comenzará a crecer nuevamente.
Si bien en el proceso de sustitución de importaciones se comenzó con el desarrollo de las industrias livianas, se fue avanzando en la instalación de  industrias básicas y el ingreso de inversiones extranjeras en áreas como energía,  automotriz,  etc.
Como decíamos más arriba el conflicto no era económico, sino político. Una alta inestabilidad política marcó el periodo 55/73, debido a la proscripción de JDP y de su partido, el Justicialismo, la persecución de muchos de sus dirigentes  políticos y gremiales. A fines de los sesenta, bajo el gobierno militar de Ongania, el país vivía en una atmosfera de autoritarismo, cerrazón cultural, censura, etc, producto de un gobierno de tinte reaccionario, alineado  con los sectores más conservadores de la iglesia. Esta falta de libertades democráticas, la oscuridad que vivía el país, producto de las políticas represivas, fueron generando un creciente malestar en los sectores obreros y estudiantiles que no tardaron en ganar la calle. Se produjeron manifestaciones masivas, que fueron violentamente  reprimidas.    
Las jornadas  de aquellas manifestaciones, conocidas como “el Cordobazo”, el  “rosariazo”, el “vivorazo”, y otras muchas a lo largo y ancho de la república, pusieron en jaque el gobierno de Ongania, que un año después fue separado del cargo presidencial en un auto golpe de la junta militar.
Estas jornadas de protesta que sorprendieron al gobierno ya que mostraron la bronca subterránea de una sociedad en crisis. Como ejemplo un fenómeno novedoso, por lo menos para la política argentina fue la alianza en la calle del movimiento obrero y el estudiantil, que significaba la alianza de la clase obrera con sectores de la clase media y la pequeña burguesía, además otro hecho es que las movilizaciones fueron llevadas adelante por los obreros mejor pagos del país, como era los cordobeses de sindicatos como Smata o Luz y Fuerza.
De allí en más la violencia política fue creciendo, aparecen organizaciones armadas que plantean la guerrilla urbana, como Montoneros (de origen nacionalista peronista) y el ERP (marxista guevarista) más otras organizaciones menores.
Tal vez el hecho más notorio fue el secuestro y muerte de Aramburu, en mayo del setenta, a manos de un comando de la organización Montoneros.
Huelgas obreras, movilizaciones y la violencia armada de las organizaciones guerrilleras generaron un clima de tensión e inestabilidad política. La consigna de las distintas organizaciones peronistas, sobre todo la Juventud Peronista era el “luche y vuelve”. Se pedía el regreso del Gral. Perón a la Patria luego de 18 años de proscripción.
Como estaba claro los militares habían perdido el poder y la única salida era autorizar el regreso del General y  autorizar su candidatura. En todos los sectores de la sociedad se tenía claro que el único que podía encauzar la situación era Perón.
Perón vuelve a la Argentina, pero el candidato fue Héctor J. Campora, un hombre de su extrema confianza. El  11 de marzo de 1973 es electa la formula Héctor Campora – Solano Lima para presidente y vice de la Nación.
Durante el tercer gobierno peronista, entre mayo de 1973 y octubre de 1974, se pretendió  alentar nuevamente una política económica industrialista, en pos del pleno empleo y la redistribución de ingresos a través del llamado Pacto Social y el  Plan Trienal, bajo la conducción del ministro de Economía, José Ber Gelbard.
El Plan Trienal era un programa que estimulaba el desarrollo de la industria  de  capital privado nacional en detrimento del capital extranjero.
En segunda medida también afectaba los intereses de la burguesía agropecuaria tradicional. Esa política necesitaba de un acuerdo social porque exigía un proceso de acumulación que le permitiera a la burguesía argentina conquistar el predominio en la estructura económica, pero también requería reducir el conflicto gremial, muy intenso en esos años, asociando a este proyecto a la clase obrera, a través de las organizaciones gremiales de origen peronistas y también requería de salarios “altos” afín de mantener el mercado interno fuerte y el consumo como motor. Esto hace que el salario tenga un fuerte aumento al iniciar el proceso, salarios que  mantuvieron un alto poder adquisitivo hasta el rodrigazo (1975).

Auge y caída.



El período comprendido desde mayo de 1973 hasta la muerte de Perón, constituye una unidad en la filosofía de la política económica que tuvo distinta vertientes ideológicas, pero esencialmente respondía a un objetivo estratégico que siempre sustentó Perón, la  industrialización del país, para lo cual requería el desarrollo de una burguesía nacional y de un movimiento sindical fuerte,
Los tres ejes del  Pacto Social eran:
1) El Estado
2) La Confederación General del Trabajo (CGT).
3) La Confederación General Económica (CGE).
Ya Perón en su primera presidencia había impulsado la creación de la Confederación General Económica, representativa del empresariado nacional constituido en gran parte por pequeñas y medianas empresas. Y desde ese momento, proviene la relación con Gelbard, quien es el que más trabajó para cohesionar un proyecto de empresarios nacionales. El Estado, según Perón tiene la función de mediador y/o articulador entre el capital y el trabajo.
La inflación estaba fuertemente descontrolada durante los últimos años de la dictadura. En consecuencia, era objetivo prioritario de política económica la estabilidad monetaria. Para ello se genera, primero un aumento salarial, e inmediatamente se retrotraen los precios a niveles previos, y se congelan precios y salarios. Con ello, como decíamos más arriba,  se produce una notable redistribución del ingreso a favor de los trabajadores.
Un objetivo central era el aumento de la demanda agregada y en ella eran las exportaciones y, en particular, las no tradicionales o industriales. Se abrieron y profundizaron mercados nuevos, como los del Este Europeo, Cuba, URSS, países del tercer mundo, etc.
Otro objetivo general era lograr justicia social y crecimiento económico con integración territorial y social.
Se planificó completar el proceso de industrialización a través del desarrollo económico, la industria pesada, el desarrollo tecnológico, la ampliación de mercados internacionales, la integración del territorio nacional, en un marco de pleno empleo y justicia social, con plena independencia económica.
El primer paquete de leyes que se aplicó consistía entre otras en:
·        Establecimiento de precios máximos para determinados bienes,
·        Nacionalización del crédito, orientado hacia las pequeñas y medianas empresas
·        Renacionalización de bancos.
·        Reforma de la ley de entidades financieras
·        Crédito Social para la vivienda, consumo personal, comunitario y tarjeta social.
·        Reforma de la Bolsa de Valores.
·        Participación sindical y empresarial en los Directorios de los Bancos Oficiales.
·        Ley de Seguros.
·        Reforma tributaria.
·        Creación de la Corporaci6n de Empresas Nacionales.
·        Ley de impuesto a la renta normal potencial de la tierra
·        Ley de tierras aptas para la explotación
·        Programa de vivienda rural.
·        Reforma de la Junta Nacional de Granos
·        Ley de defensa del trabajo y la producción industrial  
·        Ley de promoción industrial.
·        -Ley de promoción minera.
·        -Ley de inversiones extranjeras.
·        -Plan eléctrico política de sustitución de importaciones.
·        Plan de transporte.
·        -Plan siderúrgico.
·        Plan Naval.
·        -Plan celulosa y papel
·        -Corporación de la pequeña y mediana empresa.
·        Empresa Nacional de Mercados Mayoristas
·        Nacionalización de las exportaciones de granos y carnes.
·        Ley de Compre Nacional.
·        -Ley de Inversiones Extranjeras.
·        -Ley de transferencia de tecnología.
·        Promoción de exportaciones no tradicionales.
·        Control de Cambios.

Sin embargo, luego de cierto éxito inicial sobrevino una situación crítica, a una situación internacional de bonanza para los intereses argentinos hasta fines 1973, sobrevino la crisis del petróleo, con un muy fuerte aumento del mismo,  caída de los términos de intercambio, proteccionismo europeo, proteccionismo de los países centrales, alza de precios internacionales que presionaron los precios internos que se hallaban congelados, etc.
Esta situación externa, más los conflictos y  violencia política interna, pusieron en jaque al proceso.
Hubo además dos hechos que pusieron límites al programa, uno el asesinato de José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, principal apoyo del pacto y hombre de confianza del Gral. Perón a horas de que este asumiera la Presidencia; la muerte de Perón el 1 de julio de 1974, que desató luchas internas dentro del gobierno y aumentó la violencia política.
En los meses siguiente, Gelbard, debilitado intenta continuar con el programa fijado, sin embargo sectores empresarios transnacionalizados, la burguesía agropecuaria y aun sectores de la burguesía “nacional” ligados a intereses internacionales, comienzan una tarea de saboteo contra los precios máximos, mediante aumento de precios, desabastecimiento de productos, agio, etc, generando situaciones de inflación e irritabilidad social.
Ya Perón en su último discurso el 12 de junio de 1974 en la Plaza de Mayo denuncia el accionar de los grupos  empresarios que  entorpecían el desarrollo del programa.
El programa de Gelbard fue acosado y saboteado tanto de parte de la dirigencia empresaria, sectores del peronismo que rodeaban a Isabel Perón, llegando al extremo de pintadas contra el con amenazas de muerte y calificándolo de judío Marxista, solo y sin apoyos, se ve en la necesidad de renunciar.
Luego de un breve paso por el Ministerio de Economía por parte de Alfredo Gómez Morales es nombrado Celestino Rodrigo a cargo del ministerio, lo secunda   Ricardo Zim, quien más tarde será vice ministro de Martínez de Hoz durante la dictadura.
El 4 de junio de 1975 el nuevo equipo devaluó el tipo de cambio en un 160%, el dólar pasó a valer de $ 10 a $ 26; duplicó en promedio el precio de las tarifas de servicios públicos y el transporte; aumentó el precio de los combustibles en un 180%; y a cambio concedió un aumento salarial del orden del 45%.
La rápida respuesta de los sectores gremiales, liderados por los dirigentes peronistas, como Lorenzo Miguel, puso rápido fin a la experiencia neoliberal orquestada por los sectores del empresariado concentrado y monopólico. Celestino Rodrigo debe renunciar y López Rega, debe exiliarse en España.  
Los meses siguientes fueron una sucesión de ministros de economía, pero la situación política y económica era cada vez más difícil. Un gobierno autista, jaqueado por la violencia de derecha e izquierda, con poderosos grupos económicos saboteando cualquiera fuera el programa instrumentado, la acción pro golpe planificada de EEUU, a través de la CIA y el Departamento de Estado, un aumento en la conflictividad gremial dado el deterioro del poder adquisitivo de los salarios y las condiciones laborales, etc. Esta conflictividad gremial alertó  a la burguesía que veía con temor el crecimiento del fenómeno, que muchas veces sobre pasaba a la misma dirigencia obrera. Comenzaron las campañas denunciado el peligro de  la “guerrillas fabriles”,  el desgobierno, la corrupción, etc, hasta el “anunciado golpe” en marzo de 1976.

El Rodrigazo fue la prueba piloto del camino de valorización financiera del capital que se refleja en la dolarización de la cultura argentina. Desde entonces, la huida hacia esa divisa destruye la capacidad de ahorro en moneda local, lo que fue abonado porque se liberó la tasa de interés para los depósitos y los créditos de la banca privada y se ajustó la tasa de los bancos oficiales, creando incluso títulos públicos alternativos al dólar como los VANA (Valores Nacionales Ajustables) que se ajustaban por inflación y llegaron a pagar tasas del 100% anual.
La corrida hacía el dólar transformó el mercado de cambio local, hasta llevar  a la  divisa , en marzo de 1976, al precio más alto del que se hubiera tenido registro hasta ese entonces. La sub facturación de exportaciones y la sobre facturación de importaciones posibilitó la fuga de capitales a gran escala, reduciendo la inversión y generando déficit comercial.
La movilización sindical acaba con López Rega y Rodrigo, pero las relaciones de fuerza ya son otras.

Quedó claro que la imposición de un programa de ajuste solo podría hacerse bajo una dictadura militar y con fuerte represión, sobre todo sobre los sectores obreros. Lo cual ocurrió, el accionar represivo más fuerte fue sobre las comisiones obreras internas y la mayor parte de los detenidos desaparecidos eran de origen sindical.

 El Rodrigazo abortó el modelo sustitutivo de importaciones, no porque estuviera agotado, sino por la decisión de la gran burguesía argentina de acoplarse al mundo a través de un modelo de acumulación basada en lo rentístico financiero. Esto transformó el comportamiento económico y social del país, como prolegómeno necesario al golpe de Estado de 1976. Este escenario de predominio de la especulación sobre la producción  potenció la concentración del capital, el endeudamiento externo, el desmantelamiento del tejido industrial, desocupación, indigencia y un alto nivel de exclusión social.

Como corolario de este proceso puede decirse que hubo una decisión estratégica de la gran burguesía de  montarse en la nueva ola del capitalismo, el modelo rentístico financiero y las ideas monetaristas de Milton Friedman. Es decir pasar de un modelo industrialista basado en la producción y el trabajo a un modelo de acumulación basado en la especulación financiera.
Para esto debió apoyar el golpe militar de 1976, con la represión brutal incluida, para poder imponer el programa económico de Martínez de Hoz, que les garantizaba su inserción en los negocios de la intermediación financiera.
Es indudable que la falta de una burguesía nacional industrialista fue la limitante general a todo este proceso y la razón última del fracaso de los varios intentos por profundizar  y completar el ciclo de la industrialización.
Cualquier intento futuro de reconstruir una argentina basada en el desarrollo industrial, deberá tener claro que el sujeto histórico que debería liderar este proceso es una “burguesía fallida”, que no tiene  vocación ni conciencia de sus intereses de clase.


Antonio  Muñiz
10 de junio de 2019