“A la nueva Ley de Radiodifusión hay que militarla”



La nueva ley de Radiodifusión, luego de cimbronazo de la 125, parecía haber quedado en el olvido para el gobierno de la compañera Cristina Kirchner. Sin embargo, muchos actores importantes de la comunicación afirman lo contrario, que el proyecto no está muerto y que la ley hay que militarla y discutirla para crear las condiciones para su presentación y posterior aprobación. Es increíble que después de 25 años de democracia y el avance de las comunicaciones todavía Argentina se rija por una ley de la Dictadura Militar genocida.

Dentro del grupo que cree que la batalla recién comienza están el interventor del COMFER, Gabriel Mariotto; el titular de TELAM, Martín Granovsky, y el periodista de Radio Cooperativa Tato Contissa, los tres participaron de una concurrida charla debate organizada por el Movimiento Patria para Todos en ATSA donde expusieron sus opiniones y conceptos para llegar a lo más ansiado: una Nueva Ley de Radiodifusión.


El primero en tomar la palabra fue Tato Contissa para explicar la raíz del problema, ya que “por esta ley tenemos un pueblo que en lugar de ser actor resulta espectador y en este punto crucial debe iniciarse un debate. Y así convertir a ese espectador en actor de nuevo, porque si la naturaleza del hombre sigue siendo la misma esta cuestión no debe ofrecer ninguna dificultad”. “La opción es mercado o cultura y si queremos ganar para el segundo palo de esta opción tenemos que dejar de ser espectadores y no esperar que todo surja de la decisión política de un gobierno, hay que saber acompañarlo con una actitud militante”, amplió Contissa para dejar en claro su posición. Para Tato la sanción de la ley permitirá que todas las voces sean escuchadas y no sólo la de los medios concentrados. Y además reflejará una realidad oculta ya que “la explosión de los sistemas mediáticos alternativos, las radios truchas o póngale el nombre que quieran durante 10 años dieron testimonio real de la pujanza que tenía este pueblo para hablar de sus propias cosas”. Luego soltó una perlita sobre la verdadera cara de los medios concentrados cuando contó el siguiente episodio: “En un encuentro que hizo Avelino Porto en la Universidad de Belgrano al principios de los noventa, Héctor Magnetto (CEO del Grupo Clarín) dijo: la función de los medios no es la verdad sino la noticia. La verdad es un asunto de los historiadores y los medios tenemos el derecho de disputarle a la política la mediación”. Es decir que para Contissa los medios de comunicación disputaban una función que debía tener la política, así entre la gente estaban ellos no como mediadores sino como actores políticos y que este era, básicamente, el escenario actual.


Martín Granovsky puso énfasis en que era fundamental una articulación de la política y la militancia para lograr el objetivo de sacar la ley. Y profundizo el concepto cuando describió: “Ley como marco, política como necesidad y militancia articulada a la política desde el Estado. Y sino existe esta interacción entre el Estado, las organizaciones sociales, la militancia política y los diferentes actores el riesgo general es muy difícil su sanción, ya que es una ley que básicamente tiende a evitar la concentración y a garantizar la diversidad cultural”. Aunque para Granovsky con aprobar la ley no alcanza ya que “corremos el riesgo de que la ley en la práctica no sea cumplida porque justamente las condiciones de mercado llevadas a su libertad más absoluta y sin políticas posteriores será solamente un cambio de ley, que nos costará mucho y no se verán los beneficios”. El titular de TELAM no está deacuerdo con que los avances tecnológicos democraticen de por sí porque describe que “también pueden significar concentración. Se van a democratizar los medios si lo empujamos nosotros. Por eso estamos comenzando de otra manera con el debate y no con el envío de la ley. Esta situación nos obliga a construir política”. “La idea es que con esta nueva ley haya espacio para todos. El punto es que el espacio para todos sea realmente para todos y no para los mismos lo que sería una ficción. La nueva ley no es una ley antimedios y así lo planteamos perdemos, aunque ganemos en el congreso, social y políticamente, ese es un riesgo”, conceptualiza Granovsky sobre los pasos a dar midiendo las consecuencias posteriores.


Era el más esperado y Gabriel Mariotto buscó estar a la altura de las circunstancias. Para el Interventor del COMFER la clave está en que “en el nuevo paradigma de la cibernética la política y la militancia tiene que dar la batalla para que lo nuevo nazca democratizado y repartido de forma que todo el mundo pueda tener voz y opinión. Todos los sectores se tienen que sentir representados y por eso es el momento de la Nueva Ley de Radiodifusión. No solo para salir del corcet sensor de la dictadura militar, sino para que el paradigma de hoy, que es la digitalización, este democratizado y el Estado es el único que lo puede garantizar con otra ley”. Según la visión de Mariotto “la agenda política se rindió ante los grandes medios y les se cedió las iniciativas. Ahora, después del 2001, al estar la política en el centro de la escena debe recuperar una legislación que logre que todos los ciudadanos tengan libertad de expresión, sino volvemos al viejo concepto que definió Jauretche en la decaída del 60 de libertad de prensa o de empresa. La libertad de prensa sabemos que es una decisión empresarial con un grupo de profesionales de periodistas a bajo sueldo intenta conformar al patrón. Entonces la libertad de expresión que es lo que debemos perseguir”. “Parece ya como un hecho natural la concentración de medios en Argentina y es muy difícil democratizar cuando hay un Estado que se retiró porque la política se entregó a los medios de comunicación al retirarse de los lugares de construcción y también nos llevó a esta crisis”, amplio Mariotto como radiografía de la situación actual de la concentración mediática. Esto lleva a manipulación de la realidad que lleva a “esta estigmatización que tienen los medios de toda manifestación popular, esta sumatoria de poder que atenta contra una construcción colectiva y natural de los pueblos. ¿Cómo hacemos reconstruir esta situación sin los medios?”, se preguntaba el Interventor del COMFER a modo de reflexión general. Sin embargo, para Mariotto se partía de una dificultad, ya que “con estos medios de comunicación es difícil la transformación, pero en 25 años por ensayo y error tenemos más experiencia y sabemos donde vienen los aprietes para que nada cambie. Si aprovechamos este cambio de paradigma para que lo nuevo salga repartido y plural estamos bien”. Aprender de los errores es lo que planteaba Mariotto, ya que hoy en día “estamos con el discurso que bajaron los grandes medios de comunicación y la política lo que hizo fue arreglar para zafar la coyuntura y así te imponen la agenda y los sistemas de ellos. Entonces acá el que arregla en la coyuntura pierde y la política se arma en la construcción y allí es donde ganamos en la pluralidad”. “Tenemos todas las herramientas y la voluntad política para que construir las condiciones objetivas del tratamiento en el Congreso. Nunca a los grandes medios se le han plantado todo el mundo corrió hacia el libreto que ellos han diseñado. Así un grupo de compañeros que en la Universidad de Buenos Aires dan un seminario de democratización de la comunicación, reciben el llamado de los grandes capos de la comunicación que le dicen: ¿cómo hacen eso? Y un grupo de compañeros hablando de estos temas en el gremio de Sanidad, le es un grano. Entonces la forma es esta construir desde abajo como marca la Biblia de Zitarrosa”, cerraba Mariotto ante ese grupo de gente que empezó a creer que una Nueva Ley de Radiodifusión era posible y que dependía de todos.

Capitalismo: Una crisis devastadora

Robert Brenner (*)


La actual crisis puede transformarse en la más devastadora desde la Gran Depresión. Manifiesta problemas profundos no resueltos en la economía real que han sido literalmente disimulados durante décadas por medio del endeudamiento, así como una escasez financiera en el corto plazo de una profundidad nunca vista desde la segunda guerra mundial. La combinación de la debilidad de la acumulación de capital subyacente y la crisis del sistema bancario es lo que hace la caída tan inmanejable para los gobernantes y tan seria su potencialidad de producir un desastre

El desastre humano que esto representa para cientos de miles de familias y sus comunidades sólo puede ser la primera señal de lo que significa una crisis capitalista. El alza histórica de los mercados financieros en los años 1980s, 90s, y 2000s –con su transferencia de ingreso y riqueza al uno por ciento más rico de la población- distrajo la atención del debilitamiento de largo plazo de las economías capitalistas avanzadas. El desempeño económico en los Estados Unido, Europa occidental y Japón, según virtualmente todos los indicadores estadísticos -crecimiento de la producción, inversión, empleo y salarios- se ha deteriorado, década tras década, ciclo económico tras ciclo económico, desde 1973.

Los años desde el comienzo del presente ciclo, que se originó a comienzos de 2001, han sido los peores de todos. El crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) en los Estados Unidos ha sido el más lento para cualquier intervalo comparable desde fines de los 40s., mientras que el aumento de nuevas plantas y equipamiento y la creación de empleos han estado un tercio y dos tercios respectivamente por debajo del promedio de posguerra. Los salarios horario reales para la producción y trabajadores no supervisores, alrededor del 80% de la fuerza de trabajo, estuvieron prácticamente planchados, languideciendo alrededor de su nivel de 1979.

La debilidad de la demanda agregada, consecuencia en última instancia de la reducción de la rentabilidad, ha constituido la principal barrera al crecimiento en las economías capitalistas avanzadas.

Para contrarrestar la persistente debilidad de la demanda agregada, los gobiernos, encabezados por el de Estados Unidos, no han tenido más alternativa que emitir volúmenes cada vez mayores de deuda, a través de canales cada vez más variados y barrocos, para mantener funcionando la economía.

Del recorte de presupuesto a la burbuja económica

A principios de los años 1990s, en Estados Unidos y Europa, dirigidos por Bill Clinton, Robert Rubin y Alan Greenspan, los gobiernos que habían girado a la derecha y se guiaban por el pensamiento neoliberal (privatización y destrucción de los programas sociales) buscaron superar el estancamiento tratando de equilibrar los presupuestos. Pero aunque esto no parecía importante en la contabilidad del período, este cambio dramático tuvo un efecto retroactivo radical.

Como la rentabilidad todavía no se había recuperado, las reducciones de déficit causadas por la equilibración del presupuesto significaron un gran golpe a la demanda agregada, con el resultado de que durante la primera mitad de la década de 1990, Europa y Japón experimentaron recesiones devastadoras, las peores del período de la posguerra, y la economía de Estados Unidos se vio obligado a recurrir a formas de estímulo más poderosas y riesgosas para contrarrestar la tendencia al estancamiento. En particular, reemplazó el déficit público del keynesianismo tradicional con el déficit privado y la inflación de los activos de lo que podía llamarse el keynesianismo del precio de los activos, simplemente una burbuja económica.

En el gran ascenso del mercado de valores de la década de 1990, las corporaciones y los hogares ricos vieron expandirse masivamente su riqueza en dinero.
El así llamado boom de la “nueva economía” fue la expresión directa de la burbuja histórica del precio de las acciones de los años 1995-2000. Pero como los precios de las acciones subieron a pesar de la caída de la tasa de ganancia y como las nuevas inversiones exacerbaron la sobrecapacidad industrial, eso rápidamente aseguró la caída de la bolsa y la recesión de 2000-2001, deprimiendo la rentabilidad en el sector no financiero a su nivel más bajo desde 1980.

Sin inmutarse, Greenspan y la Reserva Federal, ayudados por otros importantes Bancos Centrales, contrarrestaron el nuevo ciclo descendente con otra ronda de inflación de los precios de los activos, y esto ha sido esencialmente lo que nos trajo a donde estamos hoy. Al reducir a cero las tasas de interés a corto plazo por tres años, facilitaron una explosión sin precedentes históricos del endeudamiento de los hogares, que contribuyó y alimentó la suba de los precios de las casas y la riqueza doméstica.

Según The Economist, la burbuja inmobiliaria mundial entre 2000 y 2005 fue la mayor de todos los tiempos, superando incluso la de 1929. Esto hizo posible un aumento sostenido del gasto de consumo y de la inversión residencial, que juntos impulsaron la expansión. El consumo personal más la construcción de viviendas dan cuenta de entre el 90 al 100% del crecimiento del PBI de Estados Unidos en los primeros cinco años del actual ciclo económico. Durante el mismo intervalo, sólo el sector inmobiliario, según Economy.com de Moody’s, fue responsable por casi el aumento del 50% del PBI, que de lo contrario hubiera sido -2,3% en lugar de 1,6%.

Brutal ofensiva corporativa

Pero si los consumidores hicieron su parte, no se puede decir lo mismo de las firmas privadas, a pesar del estímulo económico récord. Greenspan y la Fed habían inflado la burbuja inmobiliaria para darle tiempo a las corporaciones para desembarazarse de su exceso de capital y retomar la inversión. Pero, en lugar de esto, al centrarse en restaurar la tasa de ganancias, las corporaciones desencadenaron una brutal ofensiva contra los trabajadores.

Elevaron la productividad, no tanto por el aumento de las inversiones en plantas avanzadas y equipamiento sino por medio del recorte radical en los empleos, obligando a los trabajadores que quedaron a utilizar los tiempos muertos. Al mantener bajos los salarios y a la vez extraer más producción por persona, se apropiaron en la forma de ganancias de una porción del crecimiento del sector no financiero del PBI sin precedentes históricos.

Pero sobre todo, al mejorar la rentabilidad por medio de mantener baja la creación de empleo, la inversión y los salarios, las empresas norteamericanas mantuvieron bajo el crecimiento de la demanda agregada y por lo tanto socavaron su propio incentivo para expandirse.

Simultáneamente, en lugar de aumentar la inversión, la productividad y el empleo para aumentar las ganancias, las firmas buscaron explotar el bajo costo de los préstamos para mejorar su posición y la de sus accionistas por la vía de la manipulación financiera –liquidando sus deudas y dividendos, comprando sus propias acciones para subir su valor, particularmente en la forma de una enorme oleada de fusiones y adquisiciones.

El estallido de las burbujas

El límite es que, en Estados Unidos y el mundo capitalista avanzado desde el año 2000, hemos visto el crecimiento más lento de la economía real desde la segunda guerra mundial y la mayor expansión de la economía financiera en la historia de Estados Unidos. No es necesario un marxista para decir que esto no puede continuar.

Por supuesto, así como la burbuja de la bolsa de los años 1990 estalló, la burbuja inmobiliaria también explotó. Como consecuencia, la película de la expansión impulsada por el boom inmobiliario que vimos durante el ciclo ascendente está ahora revirtiéndose. Hoy, los precios de las casas ya han empezado a caer un 5% de su punto más alto de 2005, pero esto sólo es el comienzo. Según la estimación de Moody’s, en el momento en que la burbuja inmobiliaria se desinfle completamente a principios de 2009, los precios de las viviendas habrán caído un 20% en términos nominales –incluso en términos reales-, de lejos la mayor caída en la historia norteamericana de la posguerra.

Así como el efecto riqueza positivo de la burbuja inmobiliaria impulsó la economía, el efecto negativo de la caída del mercado inmobiliario está empujándola hacia abajo. Con el valor de sus viviendas en declinación, las familias ya no pueden tratar sus casas como cajeros automáticos, y los préstamos a los hogares están colapsando, por lo que tienen que reducir su consumo.

El peligro subyacente es que los hogares norteamericanos, al ya no poder “ahorrar” a través de la elevación del valor de sus viviendas, comiencen rápidamente a ahorrar verdaderamente, elevando al tasa de ahorro personal, que ahora está en su nivel más bajo de la historia, haciendo caer el consumo. Al comprender cómo el fin de la burbuja inmobiliaria afectaría el poder de compra de los consumidores, las firmas recortaron la incorporación de personal, con el resultado de que el crecimiento del empleo cayó significativamente desde principios de 2007.

Gracias a la crisis inmobiliaria y a la desaceleración del empleo, ya en el segundo trimestre de 2007, el flujo total real de dinero a los hogares, que había aumentado a una tasa anual de alrededor del 4,4% en 2005 y 2006, había caído hasta casi cero. En otras palabras, si uno suma los ingresos reales disponibles de los particulares, más sus ingresos por la diferencia entre el precio de la vivienda y la hipoteca, más los créditos para consumo, más la realización de ganancias de capital, descubrirá que lo que tienen para gastar ha dejado de crecer. Bastante antes de que la crisis financiera golpeara el pasado verano, la expansión ya estaba agonizando.

La debacle sub-prime, que surgió como una extensión directa de la burbuja financiera, está complicando en gran medida el ciclo declinante, haciéndolo muy peligroso. Los mecanismos que ligan los préstamos hipotecarios inescrupulosos a una escala titánica, las ejecuciones masivas de viviendas, el colapso del mercado de títulos financieros respaldado por hipotecas sub-prime, y la crisis de los grandes bancos que directamente tenían esas cantidades de títulos, requieren una discusión aparte.

Simplemente se puede decir a modo de conclusión -debido a que las pérdidas de los bancos, ya enormes, son tan reales, y a que probablemente crezcan mucho más a medida que empeore la caída- que la economía enfrenta la perspectiva, sin precedentes en el período de posguerra, de un congelamiento del crédito en el mismo momento en que se está deslizando en una recesión –y que los gobiernos enfrentan un problema de una dificultad sin precedentes para evitar este resultado.

(*) Robert Brenner es historiador y economista.

La revolución productiva o la isla del tesoro

MEDIDAS OFICIALES ANTE LA CRISIS GLOBAL
De la Redacción de ZOOM.


El rumbo tomado por la Argentina para capear el temporal del capitalismo mundial se limita a tratar de mejorar la oferta, entre moratorias y blanqueo de capitales, pero no toca el IVA ni grava las ganancias bursátiles. Diferencias entre el keynesianismo y las avivadas. La necesidad de priorizar el mercado interno y América Latina.
En el marco de los anuncios del Plan Sheraton, el rumbo tomado por la Argentina para capear el temporal del capitalismo mundial y alcanzar la Isla del Tesoro es un misterio por ahora develado a medias, y cuyas coordenadas solo parecen ser conocidas por el capitán de La Hispaniola.


Los malos (Silver, Pew e Israel Hands) entretanto, pugnan por apropiarse del mapa que lleva a los doblones de Flint, malo entre los malos.

En esta lucha cuerpo a cuerpo, la UIA reclama por un dólar competitivo y la CGT retruca exigiendo doble o triple indemnización.

Como si anunciara la vigencia obligatoria del amor libre en un sínodo de obispos, la Presidenta comunica a los industriales que el Estado lavará, a cambio de un impuesto modesto, todo el dinero “informal” que retorne al país. En la mente de los que diseñaron el blanqueo, los evasores, que mantienen un mínimo de 140 mil millones de dólares en el exterior, tienen miedo por el futuro de Estados Unidos y aquí encontrarán el fin de sus incertidumbres.

Si no se perfeccionan los controles del Banco Central o se acelera la modernización del burocrático Banco Nación, muchas de las buenas intenciones serán aprovechadas por los de siempre. La entidad que dirige Marcó del Pont dispone de 40 mil millones en condiciones de volcarse al consumo y la inversión, pero sólo pensar en un crédito que podría tardar años en concederse por la lentitud del trámite, puede desanimar a cualquier innovador.

Como lo aclaró Massa, los bancos privados primero, y el BCRA después, controlarán que los capitales blanqueados no provengan del narconegocio.

Si el Citigroup fue resucitado con 25 mil millones de dólares a pesar de las sospechas de la FDA respecto de su relación con el lavado de dinero, se tiene un panorama más claro sobre el efectivo control que se ejercerá sobre estas maniobras. Este gobierno ha hecho poco y nada para cualificar los controles estatales, y no solo por la vigencia de normas propias de la revolución conservadora sino por la falta de cuadros de conducción estatal convencidos.

Los que se deben estar pegando la cabeza contra la pared son quienes cumplieron con la ley y declararon los capitales: de haber evadido, habrían ganado el 34%.

Entretanto, nadie toca el IVA ni grava las ganancias bursátiles.

Lo que sigue es un subsidio a las tasas bancarias. Si parte del círculo virtuoso consistió en sentarse sobre las reservas, ¿no habrá llegado el momento de usar parte de ellas en inversión? Quizás se está perdiendo una oportunidad histórica, cuando los países dominantes están exclusivamente preocupados en sus propios problemas.

Por ahora, un paquetito
En todos los pasillos oficiales se insiste que viene más, que esto es solo el principio, pero la creación de un ministerio de la Producción apuntado al comercio exterior, sumado a las exhortaciones de la Presidenta para convertir las embajadas argentinas en promotoras comerciales de la producción argentina, parece más un chupetín que una medida apuntada hacia lo fundamental, y nuevamente lo fundamental: el mercado interno.

Las MOI (Manufacturas de Origen Industrial) ascendieron en 2007 a 17,3 mil millones de dólares (contra 19,2 de las MOA, Manufacturas de Origen Agropecuario), y los empresarios no parecen tener voluntad de dirigir una parte de ellas hacia sus obreros, contrariando uno de los mandamientos básicos de Henry Ford, el industrial emprendedor ejemplar, que fabricaba autos en primer lugar para sus propios trabajadores y luego para los norteamericanos en general, sabiendo que su riqueza se agrandaba con el alto nivel salarial de los compradores de los Ford, sus obreros.

Es que también el keynesianismo ha caído en la generalizada trivialización de la existencia. En efecto, uno toma un sistema financiero quebrado, luego anuncia que el Estado debe tener un papel más activo (menciona el New Deal, a Krugman, a Stiglitz y sin duda al miembro del exclusivo grupo de Bloomsbury) y a continuación financia con dinero público a los bancos en crack. Fin de la película.

Como la emisión monetaria (que allá es virtud y acá un pecado mortal) utilizada para salvar a los banqueros se paga entre todos, eso no es keynesianismo sino una avivada.

Para entender lo que sucede, hay que escuchar atentamente a los especialistas pero viendo cómo se confrontan las opiniones con las realidades efectivas. El ancho mundo de los economistas, desde los progresistas a los neoliberales con sus múltiples estaciones intermedias, coincide en un diagnóstico sagaz: nadie sabe cómo sigue la película, por lo que el gobierno no monopoliza ese desconcierto. Además, Argentina es un país con muchos traductores y pocos creadores.

Pero todo (comenzando por los anuncios de Obama) está indicando que los países, incluyendo a los del Magreb que visitó la Presidenta, intentarán proteger el mercado y la producción internas. Por lo tanto, y para ser coherentes con el razonable escenario económico que defendió este gobierno contra viento y marea desde 2003, una industria nacional sin reconversión hacia el mercado interno (más América Latina) sólo puede ser viable a costa del ingreso porque solo se puede romper ese proteccionismo generalizado con una baja pronunciada del costo interno.

Por ahora, lo que se conoce se limita a tratar de mejorar la oferta.

El gobierno podría tomar algunas medidas tendientes a considerar a América Latina como mercado estratégico a ganar. Por destino, las exportaciones argentinas se discriminan así (en millones de U$S): 7.165 al Mercosur, 3.010 a EEUU y NAFTA, 6.560 a la UE y 11.203 a Asia. Y también deberá frenar las importaciones crecientes. Pero hay un nudo con el Mercosur, alguna vez creado para satisfacer la deslocalización automotriz. En la actualidad, los autos extra-Mercosur pagan un 30% de arancel; los producidos aquí tienen un bajo arancel que no llega al 5% pero el 70% de sus componentes es importado.

Dicen que se creará un fondo crediticio para comprar automóviles, pero lo que se requiere con real urgencia es un subsidio a los alimentos, que constituyen el grueso del gasto del salario. El auto es un bien de consumo de los sectores medios, y el derrame o goteo no crea trabajo efectivo.

De dónde venimos


Antes que la crisis financiera se abatiera sobre el mundo, los subsidios estatales habían subido mas allá de lo prudente y el gobierno estaba desarmando esa maquinaria mediante algunas alzas tarifarias, es decir, transfiriendo costos hacia los usuarios. La inflación se aceleraba a pesar de las cifras del Indec, y los precios recién comenzaron a apaciguarse cuando comenzó a influir el aspecto psicológico del ciclo económico.

En medio del regateo mediático entre la CGT y la UIA, el nuevo escenario posible es un Estado subsidiando a la industria con un dólar diferencial para las exportaciones o mediante incentivos indirectos, y esa sería la función principal del ministerio de la Producción a cargo de Deborah Georgi.

Junto con Enrique Martínez, titular del INTI, la actual funcionaria, (egresada de la UCA) es el miembro más notorio de la denostada Alianza por el lado del Frepaso. Fue designada por Machinea, trabajó para Cavallo, Felipe Solá y luego para Scioli, y está muy cerca de Javier González Fraga, que hasta ahora era muy crítico de la política económica.

A través de De Mendiguren, Duhalde hizo saber que apoya esa creación, algo que Domingo Cavallo preanunció la semana pasada ante las cámaras del canal C5N. Para no quedar fuera de cámaras, Biolcati se apuró a exigir un ministerio de Agricultura.

Parecidos y diferencias

En La Hispaniola no parece haber mucha confianza en el poder del mercado interno para afrontar la crisis. La inflación argentina estaba basada en una rigidez de la oferta combinada con expansión de la demanda, para lo que los economistas liberales proponían el suicidio: contraer la cantidad de dinero en mano de los particulares. Pero el gobierno no alteró esa realidad, limitándose a administrar los flujos sin cambiar el carácter de la oferta.

Desde 2007 se fue amesetando la creación de nuevo empleo. Según el SEL, “la pobreza, que había disminuido a 26,9% en el segundo semestre de 2006, revirtió la tendencia, creciendo hasta 32,3% en el primer semestre de este año. Por otra parte, la creación de empleo, que sustentó la baja de la pobreza hasta 2006, se desaceleró desde 5,6% en el segundo trimestre del año pasado, a sólo 1% en el segundo del actual; ésta es una caída de más de 80% en la capacidad de generación de empleos”.

En esa caída había incidido fuertemente la construcción, que en septiembre pasado era 5% menor al mismo mes de 2007. Es decir, la demanda interna vía salario estaba mostrando signos de agotamiento.

Los anuncios de invertir 71 mil millones de pesos en obra pública (no se aclara en cuanto tiempo, y el presupuesto de 2009 ya prevé 32 mil para ese fin) llevarán, anunció la Presidenta, a la creación de 370 mil nuevos puestos de trabajo, y se sabe que la construcción es un gran multiplicador de actividad industrial.

Si esa obra pública no se combina con un sistema obligatorio de Compre Nacional, puede suceder que la mayor parte de los fondos se diluya en la introducción de bienes de capital importado.

Otra de las medidas anunciadas es una moratoria general de deudas impositivas y previsionales de las empresas, que tendrán 10 años en 120 cuotas para pagarlas, con el objeto de promover la creación de empleo. Quizás el empresariado argentino cambió su mentalidad, pero esas facilidades jamás sirvieron para los fines que ahora se proponen.

Excepto la creación del ministerio, el resto de las medidas irán al Congreso. Y lo que suceda allí es un misterio cuya llave está en poder del capitán que conduce su bergantín a la Isla del Tesoro. Diputados y senadores tendrán con qué entretenerse. Todo indica que habrá una maratón de discursos de aquí al 14 de diciembre. Como dicen Los Piojos: “Yo le pido a San Jauretche que vuelva la buena leche.”

Las bases ideológicas del macrismo

Análisis del sustento ideológico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Por Tomás Aguerre. Gentileza Noticias del Sur



Podríamos aventurar que la estrategia de campaña de Mauricio Macri se asentó en la expresión del discurso contra la política: el constante llamado a dejar de lado diferencias ideológicas, e incluso a negar la existencia de las ideologías fue el eje de su discurso. Las deficientes administraciones anteriores, sumado a la incapacidad del kirchnerismo de reconstruir un espacio político propio en Capital Federal, allanó el camino para la implantación de dicho mensaje.

La apelación constante a la pureza de la gestión, sin embargo, es también una forma ideológica, aún cuando los portadores de dicho discurso hacen gala de su “apoliticismo”. La idea central del macrismo fue transplantar el modelo empresarial privado de eficiencia a la burocracia estatal, una forma que las nuevas derechas políticas tienden a adoptar de acuerdo a la sobrevaloración política de lo privado frente a lo público.

A pesar de que los propios actos de gobierno del macrismo dan cuenta de esta concepción política, el propio Jefe de Gabinete del Gobierno de la Ciudad, exponía unos años antes su concepción acerca de la administración pública en el libro “Domando al elefante blanco”. En la introducción a su libro, Rodríguez Larreta manifiesta expresamente su noción de construcción política: “aspiramos a una administración pública que conciba al ciudadano como a un cliente, brindándole la atención y respuesta que merece como tal”.

La idea del ciudadano como cliente resulta harto peligrosa a la hora de concebir la acción política. En principio, el cliente no tiene derechos sino en la medida en que los contrata. Los derechos universales, educación, salud, vivienda digna, son derechos correspondientes a las personas en tanto que individuos. El rumbo de la política macrista apunta a convertir la administración pública en diferentes áreas que funcionen de acuerdo a la lógica empresarial de la eficiencia. Acostumbrado a manejar empresas durante épocas de flexibilización laboral, Mauricio Macri empieza a chocar contra una realidad llamada burocracia estatal, en donde las diversas pujas de interés de cada área específica, son parte intrínseca de la lógica política. El grado de conflictividad del gobierno de la Ciudad con los sindicatos docentes y de salud es una de las consecuencias de ese transplante de la racionalidad empresarial al complejo espacio de lo público. Aún la respuesta de Macri frente al reclamo salarial docente, con un rotundo “no hay plata, no hay aumento”(1), esconde más una postura ideológica que una simple incapacidad negociadora. Es algo más que una idea de sentido común: no dice, por ejemplo, que el mismo gobierno gasta 600 millones de pesos en subsidios a escuelas privadas, en su mayoría confesionales, quienes a su vez cobran una cuota a sus alumnos(2). Al ejemplo de la escuela privada, se suma la “macdonalización” de la administración pública. No es casual que la primera cita del libro de Rodríguez Larreta sea para Woods Staton, presidente de Mc´Donalds Argentina, de quien el actual Jefe de Gabinete rescata el concepto de “contar con administradores en cada local que lo sientan como propio y se esmeren en atender al cliente”. Así en mayo de este año, el macrismo envió un proyecto a la Legislatura para premiar a organismos y funcionarios del Estado que cumplan con esta lógica que el propio Macri se encargó de especificar:

“la aplicación de incentivos tiene como objetivo mejorar el empleo de recursos, aplicando criterios de eficiencia y eficacia. Los estímulos se centrarán en la mejora de la relación costo-producto/servicio resultante y en la relación producto-demanda cubierta” (3).

De la mano de esta primera idea acerca de la administración pública, va una segunda concepción respecto de lo público en el texto de Rodríguez Larreta: “el primer elefante blanco que este libro intenta desmitificar es que existen funciones del Estado que son indelegables y que únicamente el Estado debe cumplir, tales como las de proveer seguridad, defensa o educación pública (…)”. Asegura el Jefe de Gabinete que es importante romper con “el mito de las funciones indelegables del Estado, porque de esa manera podremos pensar otras alternativas como, por ejemplo, la tercerización de algunas funciones o la introducción de mecanismos de competencia en el sector público”. Podemos ver, entonces, que no son producto de la casualidad las diferentes iniciativas destinadas a privatizar sectores del Estado. La educación pública vuelve a traernos el ejemplo más evidente: desde la apuesta por los subsidios a las escuelas privadas, hasta el recorte liso y llano de becas para estudiantes de escuelas públicas, la política educativa del macrismo parece apuntar en el sentido que desarrolla su Jefe de Gabinete: tercerizar sectores que no consideran indelegables al sector privado. Así, el Jefe de Gobierno arregló con las universidades privadas de medicina para que sus estudiantes puedan cursar sus prácticas hospitalarias en centros de salud públicos porteños, una situación que va en desmedro de la universidad pública, para quien el acceso a las vacantes se vuelve cada vez más excluyente (4).

La pureza macrista no está chocando contra las anomalías políticas de la burocracia estatal. La ideología macrista, el transplante de la lógica empresarial al funcionamiento de lo público, plantea los términos de la discusión de acuerdo a conceptos referido a costo/beneficio, en ámbitos del Estado que requieren de una administración responsable capaz de garantizar el acceso de todos los ciudadanos a sus derechos en tanto que ciudadanos y no en calidad de clientes. La idea de neutralidad en la gestión, comprada por la mayoría de los votantes del macrismo, ha sido refutada por los diversos conflictos que han debido enfrentar. Ninguno de ellos pudo, ni podrá jamás, resolverse de acuerdo a criterios de racionalidad simplemente económico-empresarial, en la medida en que de lo que se trata es de hacer política. El Estado, en ese sentido, jamás es neutral en sus decisiones, incluso cuando ni siquiera actúa. Como definieran Oszlak y O´Donnell, una política pública es una toma de posición de parte del Estado frente a una cuestión socialmente problematizada (5). El macrismo, por más apelaciones a otro tipo de racionalidad exenta de los avatares políticos que realice, no escapa de esta lógica, y detrás de esa neutralidad esconde un entramado ideológico muy definido, con objetivos muy claros a construir: delegar en los privados, todo aquello que no considere vital para la existencia del Estado.

Notas:

1.http://www.noticiasurbanas.com.ar/info_item.shtml?sh_itm=e4368cb902e0c3465aa430265cc3c064
2. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-113643-2008-10-20.html
3. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-104674-2008-05-23.html
4. http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=9595
5. Oscar Oszlak y Guillermo O´Donnell. “Estado y Políticas Estatales en América Latina: hacia una estrategia de investigación”. 1976.

Las perspectivas de la economía mundial a partir de la crisis del 2008 (Segunda parte)

La crisis del 2008 marca un cambio de época en el comportamiento de la economía mundial y en el paradigma ideológico dominante en los países centrales.

Aldo Ferrer


3. EL REGRESO DEL ESTADO.
En diversos momentos, la especulación globalizada dio lugar al estallido de crisis en los mercados, como sucedió con las caídas de las acciones puntocom, la insolvencia de algunos operadores y los problemas de deuda de varios países de Asia, Rusia y América latina. Sin embargo, en ningún caso, hasta el descalabro del 2008, la crisis comprometió a la totalidad de las plazas de los países centrales (inclusive las operaciones bancarias y el crédito de consumo e inversión) y al mercado financiero internacional ni afectó, como ahora, a la economía real.

Probablemente, antes del fin de este año 2008 la intervención masiva de los gobiernos de los países centrales en los mercados financieros pondrá un piso a la crisis del mundo del dinero y comenzará una recuperación de valores. Seguramente surgirán nuevos marcos regulatorios que eviten en el futuro trastornos de vasto alcance, como el actual. Las consecuencias de estos hechos sobre la economía real están en pleno proceso. En los Estados Unidos, la pérdida de riqueza virtual provocada por la caída de los valores de los activos financieros y reales y el alto nivel de endeudamiento de las familias, está deprimiendo el consumo y, como arrastre, la inversión. Cabe esperar ahora otras intervenciones públicas para sostener la actividad y el empleo. El paradigma neoliberal se ha derrumbado en el marco de una crisis de amplio alcance.

El enfoque keynesiano, destinado administrar la demanda agregada para sostener la producción y el empleo, vuelve a instalarse, en el marco de una presencia masiva del Estado en el funcionamiento de los mercados, con dos fines principales: por una parte, restablecer el orden en el funcionamiento del mundo del dinero con vistas a ponerle un piso a la caída de valores de acciones y deuda, que no tiene relación con los datos reales de la economía, como no la tuvo, en la fase del auge, la subida explosiva de las cotizaciones. Las supuestas “expectativas racionales” de los mercados que, en la realidad, son la expresión extrema de la especulación irracional, será rescatada por las “decisiones racionales” de los Estados de las mayores economías industriales. Por la otra, sostener la demanda agregada, la producción y el empleo en las economías nacionales y, por lo tanto, mantener las corrientes de comercio e inversiones privadas directas internacionales.

4. LA FUNCIÓN KEYNESIANA DE LA ECONOMÍA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

En este escenario subsiste el extraordinario rasgo del orden global contemporáneo referido al déficit de los pagos internacionales de los Estados Unidos y a la disponibilidad del resto del mundo de financiarlo, absorbiendo papeles de deuda y dólares norteamericanos. Las reservas internacionales del resto del mundo están constituidas en dos terceras partes por dólares y las mayores economías han invertido gran parte de sus excedentes de pagos internacionales en deuda de la tesorería norteamericana. Esta situación plantea el interrogante de qué sucedería con el sistema monetario internacional si los países acreedores se desprendieran masivamente de sus activos financieros denominados en dólares.

La pregunta es, probablemente, irrelevante, porque no es previsible que la Unión Europea, Japón, China, ni ningún otro de los gobiernos de las mayores economías del mundo se desprenda masivamente de sus tenencias de dólares. Por dos motivos principales: por una parte, porque nadie está interesado en desestabilizar el sistema. Por la otra, porque el déficit norteamericano expande la demanda agregada a nivel mundial e impulsa la producción y la acumulación de capital del resto del mundo.

Detengámonos brevemente sobre esta segunda cuestión. El déficit de los pagos internacionales de la economía norteamericana instaló una función keynesiana a nivel global. Algunas de las economías más dinámicas, como fue la de Japón en su fase de expansión y, actualmente, China, tienen una capacidad de generación de excedentes y de ahorro que no es totalmente absorbida por la inversión, aunque supere, como en China, el 30% del PBI. La baja capacidad de absorción de las economías superavitarias más dinámicas refleja la distribución interna del ingreso y tasas de ganancias, que no encontrarían destino en la inversión si no fuera por el déficit de los Estados Unidos. Además, el ingreso en los mercados mundiales de bienes producidos en economías emergentes de bajos costos y salarios, contribuyó a moderar las presiones inflacionarias en las economías avanzadas.

En definitiva, todos se benefician con la situación. La población norteamericana se permite un nivel de gasto superior a su ingreso y las economías superavitarias una tasa de acumulación y crecimiento mayor, en el contexto de la expansión de las actividades de la frontera tecnológica y la profunda transformación de la estructura productiva. La interdependencia de las principales economías es así profunda y en todos los planos, incluso en la dinámica ahorro-inversión. América latina también se benefició porque el dinamismo de las economías emergentes de Asia confirió nuevo impulso a la economía mundial y, en los últimos años, contribuyó al aumento de la demanda de alimentos, energía y materias primas, que se reflejó en un sostenido aumento de precios de los commodities.

5. PERSPECTIVAS.

Está por verse si la salida de la actual crisis de la economía internacional modificará, o no, ese comportamiento de la economía de los Estados Unidos. Si sucede, será probablemente gradual con una depreciación del dólar respecto de las principales monedas, el fortalecimiento de la competitividad de la producción norteamericana y el aumento del ahorro interno. Respecto de los países superavitarios, la respuesta está en la ampliación de los mercados internos y el consecuente aumento de la capacidad de absorción, en primer lugar en China e India, cuyas poblaciones constituyen el 40% de la mundial. Esto requiere una redistribución progresiva del ingreso en esos países. Una tercera vía, viabilizada por la mayor presencia de los Estados en la asignación de los recursos, sería emplear parte de los excedentes de los países superavitarios en programas de desarrollo de los países y regiones atrasados del planeta y de preservación del medio ambiente.

Pasada la extraordinaria crisis del 2008, se verá que siguen en pie los mismos problemas anteriores al tsunami financiero actual. Vale decir, las asimetrías en la capacidad de los países de gestionar el conocimiento y crecer, las agresiones al medio ambiente, las amenazas a la paz y la seguridad internacionales. Es posible, aunque poco probable, que los países centrales saquen conclusiones de estos hechos y observen que, con esfuerzos muchísimo menores que los empleados para rescatar al sistema de sus propios problemas, sería posible poner en marcha programas de cooperación internacional. Los mismos serían decisivos para acabar, en plazos históricos breves, con las calamidades que afectan a centenares de millones de seres humanos y, en ese contexto, contribuir a erradicar la violencia, el narcotráfico y otros azotes observables en el mundo contemporáneo. Permitirían, también, transferir la actual función keynesiana del déficit de los pagos internacionales de los Estados Unidos a los programas de cooperación para el desarrollo económico y humano a escala planetaria.

¿Qué enseñanzas nos dejan los acontecimientos actuales a países en desarrollo, como la Argentina y los hermanos de América latina?: en cierto sentido, nada nuevo. Concluir que, para defenderse de las turbulencias externas, es preciso tener la casa en orden, es decir, operar con sólidos equilibrios macroeconómicos en las finanzas públicas y los pagos internacionales. Concluir, también, que el desarrollo económico sigue siendo lo que siempre fue, es decir, la construcción de cada sociedad, en su espacio nacional, de las sinergias esenciales para desplegar su potencial de recursos, generando y asimilando el conocimiento disponible.

Vale decir que los acontecimientos actuales vuelven a demostrar el papel fundamental de la densidad nacional de los países para vivir con lo suyo, abiertos al mundo, en el comando de su propio destino. Así como Keynes vuelve al Norte, aquí, en el Sur latinoamericano, vuelven Raúl Prebisch, Celso Furtado y los otros fundadores del estructuralismo latinoamericano, como referencia esencial para enfrentar con éxito los desafíos que plantea la emergencia de un nuevo orden mundial a partir de la resolución de la extraordinaria crisis del 2008.

Aldo Ferrer
Director Editorial
de Buenos Aires Económico

Las perspectivas de la economía mundial a partir de la crisis del 2008 (Primera parte)


por Aldo Ferrer . Director BAE
Miércoles, 19 de Noviembre de 2008

La crisis del 2008 marca un cambio de época en el comportamiento de la economía mundial y en el paradigma ideológico dominante en los países centrales.

La especulación financiera alentada por la desregulación de las transacciones en mercados inundados por la liquidez generada por el déficit de los pagos internacionales de los Estados Unidos y otros factores, culmina en un desorden gigantesco del mundo del dinero.

La intervención masiva del Estado de esos países para restablecer el orden y, seguramente, sostener la demanda efectiva para limitar el contagio en la economía real, reinstala la presencia de las políticas públicas en el comportamiento de las economías nacionales y del sistema global.

Llega así a su fin el período de la hegemonía neoliberal inaugurado en la década de 1970 y formalizado durante los gobiernos del presidente Reagan y la primera ministra Thatcher. Vuelve a abrirse un vacío en el pensamiento hegemónico de los centros, como sucedió desde la crisis de los años ’30 hasta principios de 1970. En ese escenario surgió, en América latina, un pensamiento alternativo liderado, primero, desde la Argentina, y, luego, desde la CEPAL, por Raúl Prebisch.

Ahora, en el marco de la crisis mundial del 2008 y de los pobres resultados del neoliberalismo en nuestros países, volvemos a confrontar con el desafío de analizar la realidad desde nuestras propias perspectivas y diseñar estrategias viables de desarrollo, nacional y regional, dentro del orden global. Es necesario, entonces, recordar la trayectoria de los acontecimientos que culminaron en la situación actual, explorar el rumbo posible del orden mundial a partir de la resolución de esta crisis y sacar las conclusiones pertinentes a la posición de nuestros países en la globalización.

1. De la “escasez de dólares” al patrón dólar. A partir de1945 y en el contexto de la Guerra Fría, los Estados Unidos cumplieron un papel decisivo en la reconstrucción de las naciones que participaron en la Segunda Guerra Mundial, principalmente, de las economías de Europa occidental y Japón. Inicialmente, los déficits de pagos de esos países con los Estados Unidos fueron cubiertos con programas de ayuda, como el Plan Marshall y medidas proteccionistas y de control de cambios de los países deficitarios. En ese entonces, la “escasez de dólares” reflejó los desequilibrios de los pagos internacionales de la posguerra. Hacia finales de la década de 1950 la rápida recuperación de Europa y Japón permitió la progresiva liberalización del comercio y el abandono de las restricciones a los pagos internacionales.

A partir de allí se produjo una transformación radical en el comportamiento de los pagos internacionales de los Estados Unidos y de la economía mundial. La economía norteamericana comenzó a generar crecientes déficits en su balance comercial y en la cuenta corriente del balance de pagos, derivado de la baja propensión al ahorro de la población, las inversiones de filiales de empresas norteamericanas y el déficit fiscal acrecentado por los compromisos militares en el exterior, agravados en situaciones de guerra, como sucedió en Vietnam en 1966-1972 y actualmente en Irak y Afganistán.

El déficit fiscal y en los pagos internacionales refleja el hecho de que el gasto de la economía de la primera economía del mundo excede el ingreso generado por la producción nacional de bienes y servicios más los ingresos por los capitales norteamericanos invertidos en el resto del mundo. Este cambio en el comportamiento de los pagos internacionales de los Estados Unidos provocó varias devaluaciones del dólar respecto de las otras monedas principales, las cuales no restablecieron el equilibrio en los pagos norteamericanos.

En definitiva, el país no se vio forzado a ajustar su gasto al ingreso debido a su posición hegemónica en la economía mundial. La misma le confiere el privilegio de que su moneda nacional sea reconocida como el principal medio de pago internacional y de formación de reservas en el resto del mundo. De hecho, éste funciona como mercado financiero interno de los Estados Unidos con una capacidad ilimitada de absorber la oferta de dólares resultante del déficit norteamericano.

En la década de 1960, varios países cambiaron sus tenencias de dólares por las reservas de oro norteamericanas. El 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon suspendió las ventas de las reservas oficiales oro. Éste fue el final del régimen de tipos de cambios con paridades fijas referidas al oro, inaugurado con los acuerdos de Bretton Woods.

En diciembre del mismo año, los gobiernos del Grupo de los Diez establecieron, en el Acuerdo del Smithsonian, el nuevo régimen de paridades flotantes. De allí en más no prosperaron iniciativas para sustituir la creación de liquidez internacional en torno del patrón dólar por medios alternativos, como los derechos especiales de giro y, por lo tanto, de imponer finalmente un proceso de ajuste a la economía norteamericana. El sistema siguió así funcionando con el déficit continuo de los pagos norteamericanos y la acumulación de dólares en el resto del mundo.

La consecuente expansión de la liquidez internacional posibilitó la emergencia de nuevas operaciones denominadas en dólares en el resto del mundo (los eurodólares). Otra fuente adicional de liquidez surgió con el aumento de los precios del petróleo a fines de 1973 y los petrodólares en manos de los miembros de la la Organización de los Países Exportadores de Petróleo. Este proceso de aumento de la liquidez a un ritmo que multiplicaba el crecimiento de las transacciones reales convergió con la cada vez más profunda globalización de la economía mundial.

En efecto: el comercio mundial creció a tasas vecinas al 10% anual desde el fin de la guerra en 1945 hasta principios de los años ’70. A su vez, la expansión de las corporaciones transnacionales integró las cadenas de valor escala planetaria. Al interior de las matrices y sus filiales surgieron excedentes, cuyo rendimiento, en mercados financieros cada vez más integrados, convirtió al arbitraje de las variaciones de paridades y tasas de interés en una actividad tanto o más importante para la rentabilidad que la producción misma.

Simultáneamente, la revolución informática y de las comunicaciones facilitó la integración de las plazas financieras, los bancos internacionalizaron sus operaciones a escala planetaria, surgieron diversidad de operadores no bancarios involucrados en las corrientes de capitales y se multiplicaron los activos y pasivos financieros y sus derivados.

En la década de 1970 ya estaba constituido un mercado financiero global, operativo, atendiendo a las diferencias de horario entre Tokio y Nueva York, las 24 horas siete días a la semana. En los mercados de cambios, cuyas operaciones diarias superan, actualmente, u$s2 billones, el 95% corresponde a movimientos de capitales especulativos de corto plazo. El cambio de expectativas y los comportamientos en manada de los operadores, contribuye a formar burbujas especulativas y a la volatilidad que caracteriza a los mercados financieros contemporáneos.

2. De Keynes al neoliberalismo. A fines de la década de 1960 y principios de la siguiente se acumularon tensiones inflacionarias en la economía mundial. Las principales economías industriales registraron aumentos de precios de dos dígitos bajo el impacto de políticas fiscales expansivas y, en el caso de los EE.UU., los gastos por la guerra de Vietnam. Simultáneamente, aumentaron los precios de los alimentos y materias primas, en parte, impulsados por la especulación en commodities.

Entre 1972y 1973 los precios del petróleo se cuadruplicaron y terminaron de configurar un escenario de alta inflación simultáneamente con la desaceleración de la economía mundial y el aumento del desempleo. Fue el período de stagflation que culminó con el abandono del paradigma keynesiano, prevaleciente desde la década de 1930 y durante el período dorado de la posguerra (1945-1970).

A partir de entonces, la lucha contra la inflación se convirtió en el objetivo dominante de la política económica de los países centrales. El aumento de las tasas de interés profundizó las tendencias recesivas en la economía mundial y deprimió los precios de los productos primarios. América latina, que se había endeudado en la fase expansiva del crédito internacional, quedo atrapada por servicios que excedían su capacidad de pagos.

La crisis de la deuda latinoamericana y el inicio de la “década perdida de los ’80”, se formalizó con la suspensión de los pagos de la de México en agosto de 1982. A comienzos de la década de 1980, Ronald Reagan y Margaret Thatcher consolidaron las nuevas orientaciones de la política económica de los países centrales en torno de la desregulación de los mercados, la apertura de las economías, la reducción de la intervención del Estado y la prioridad de la estabilidad de los precios en las políticas monetaria y fiscal de los países centrales.

En América latina estas políticas, definidas como el Consenso de Washington, dieron lugar a estrategias que, en la Argentina, culminaron con el endeudamiento hasta el límite de la insolvencia y la extranjerización del control de los principales sectores y empresas de la economía. Los tipos de cambio sobrevaluados, prevalecientes en varios países en el transcurso de la década de 1990, debilitaron la competitividad de las economías y atrajeron capitales especulativos, en un escenario de abundancia del financiamiento internacional.

Las políticas “neoliberales” fueron propicias para la continua expansión de las corrientes de capitales especulativos. En la década de 1990 y principios de la siguiente, el proceso fue favorecido por las políticas de bajas tasas de interés en los Estados Unidos, las cuales estimularon el consumo a crédito y, en el caso de los inmuebles, dieron lugar a un sustancial aumento de sus valores y a una nueva plataforma para el mayor aumento del crédito hipotecario.

La sofisticación de los intermediarios, en un contexto desregulado, multiplicó la diversidad de activos financieros y aumentó su rentabilidad sobre fundamentos insustentables. Finalmente, la crisis de las hipotecas subprime arrastró a la totalidad de los mercados financieros, incluso a las operaciones interbancarias y al crédito. Entre principios de octubre del 2007 y el 2008, la caída de los valores en todos los mercados de capitales del mundo supero los u$s27 billones, equivalentes a casi dos veces el PBI de los Estados Unidos y el 40% del mundial.

El 17 de noviembre de 1972.


por Juán Carlos Dante Gullo

Ese día sentíamos que estábamos haciendo historia y no nos equivocamos. Es que el pasado reciente sintetizado en 17 años de resistencia peronista podía cambiarse por un presente donde el desafío era la unidad de los numerosos sectores nacionales y populares, y un futuro que iba a estar supeditado a lo que pasara en esa histórica jornada. Para nosotros era claro; si Perón volvía se terminaba una etapa de resistencia y empezaba un proceso de transformación y revolución. Detrás de la consigna del “Luche y Vuelve” organizamos y unimos a la mayoría (casi todos) de los grupos de JP dando nacimiento a la “Gloriosa”, que a partir de entonces hegemonizará la movilización popular y la presencia en los barrios, fabricas, talleres, escuelas, colegios y universidades. Con este panorama, el futuro era nuestro e iba a ser una patria grande con inmensos cambios en donde podríamos avanzar en la construcción de una nación económicamente libre, políticamente soberana y socialmente justa. La revolución peronista y argentina, de alguna manera truncada en septiembre del 55, continuaba su curso con renovados bríos y con nuevos actores. No nos equivocamos. Si con Perón en Madrid, pudimos reorganizar el movimiento peronista, con nuestro conductor en el país, las cosas iban a ser mucho más fáciles.

La historia es conocida. Perón descendió del avión de Alitalia en Ezeiza, en un día de intensa lluvia. La noche anterior no durmió nadie ultimando los preparativos para ir a buscarlo al general. Los recuerdos, indelebles, son hermosos. Desde los barrios se movilizaron todos, mujeres y hombres, niños y ancianos, trabajadores y empresarios. Nadie quería perderse ese momento tantas veces soñado y por el cual habíamos luchado tanto. Cualquier medio de transporte servía; colectivos, camiones, autos, bicicletas, o a píe. Era un nuevo 17 de Octubre. Volvíamos a rescatarlo a Perón. A Ezeiza se movilizó una marea humana.

Un fuerte y desproporcionado operativo militar se interponía entre el pueblo y el reencuentro con Perón. Nos reprimían con gases y tiros al aire, nos mostraban los tanques. A nosotros no nos paraban con nada, nos dispersábamos y volvíamos a juntarnos, una y otra vez. Atravesábamos los campos, cruzábamos los innumerables brazos de río Matanzas una y otra vez. Pero no nos detenía nada ni nadie. Pensábamos en los bombardeos de junio del 55, en la lucha heroica de Villa Manuelita, de los obreros de La Plata, de Avellaneda, de Rosario; en Juan José Valle y Cogorno, en los fusilados de José León Suárez, en los presos Conintes, en el absurdo decreto 4161, en Felipe Vallese, en Abal Medina y Ramus, en los Mártires de Trelew, en Capuano Martinez, en el Negro Sabino Navarro y en tantos otros compañeros que habían hecho posible este momento. Recordábamos la parábola de Perón: “Los pueblos siguen la táctica del agua; las oligarquías, la de los diques que la contienen, encauzan y explotan. El agua aprisionada se agita, acumula caudal y presión, pugna por desbordar; si no lo consigue, trabaja lentamente sobre la fundación, minándola y buscando filtrarse por debajo; si puede, rodea. Si nada de esto logra, termina en el tiempo por romper el dique y lanzarse en torrente. Son los aluviones. Pero el agua pasa siempre; torrencial y tumultuosamente, cuando la compuerta es impotente para regularla”. Éramos el aluvión y lo trajimos a Perón.

Y con Perón, volvía la democracia, la practica política de las masas que se nos venía escamoteando desde el 55. Sabíamos que en el terreno de la política, de la militancia, no teníamos oponentes, éramos invencibles, porque nuestra causa era justa y éramos la abrumadora mayoría del pueblo.

A partir de ahí continuó un proceso maravilloso. El régimen militar apeló a una última treta de jugador tramposo e inhabilitó de nuevo a Perón para ser candidato. Desde la gloriosa JP impulsamos la candidatura de Héctor Cámpora, un hombre leal que tenía las ideas bien claras. La campaña “Cámpora al gobierno, Perón al poder” movilizó a miles, millones de jóvenes a lo largo de todo el país. Era nuestra oportunidad y no la desaprovechamos. Reventamos las urnas y el pueblo volvió a ser feliz. Volvía el peronismo al gobierno, volvía el pueblo al poder. Después los acontecimientos se desenvolvieron de una manera un tanto veloz, y en muchos casos nos faltó algo de comprensión y de experiencia política (no podíamos tenerla después de tantos años de proscripción) para poder resolver algunas cuestiones. Tal vez nos faltó interpretarlo mejor a Perón, escucharlo más, leerlo “entre líneas”. Pero los genios son así y Perón estaba adelantado a su tiempo. Lo que queda claro es que nos jugamos enteros, no nos guardamos nada, nos entregamos todo. Éramos como los fanáticos que exaltaba nuestra Evita. Ella decía: “Soy fanática, daría mi vida por Perón y por el pueblo... fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores y los descamisados. El fanatismo es la única fuerza que Dios les dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón”. Y si nosotros, la generación del 70, hemos ofrendado tantos de nuestros mejores hombres y mujeres, si nos han perseguido de esa manera; ha sido por nuestros aciertos, no por los errores, que por cierto, hemos cometido.

El devenir histórico demostró que teníamos razón. Por eso volvimos. El peronismo está hoy más fuerte que nunca y se sigue nutriendo de nuevas generaciones. Los jóvenes que hoy están organizando la JP no tienen nada que envidiarnos a nosotros. Al contrario. Nosotros lo teníamos a Perón. Ahora están Néstor y Cristina Kirchner acompañados por los hombres y mujeres de la generación del 70, más maduros y experimentados, y acompañados, claro está, por el ejemplo de miles de compañeros que dejaron su vida para que podamos vivir en un mundo más feliz.

Este momento que estamos viviendo, es similar al de octubre del 45 y similar a noviembre del 72. Estamos fundando la nueva Argentina. Con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003 se le puso fin a más de 25 años (con sus matices) de políticas antipopulares. Él en esa ocasión nos dijo que pertenecía a una generación diezmada y que no pensaba dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. También nos convocó a compartir un sueño. Ese es nuestro presente, el sueño de hace algunos años.

Hoy con Cristina Fernández de Kirchner, estamos en la obligación de construir una Argentina en serio y para todos y de lograr con nuestra militancia que nuestras utopías de hoy sean la realidad del mañana; por nuestros niños, por nuestros ancianos, por nuestras mujeres y hombres de esta bendita tierra. Este 17 de noviembre, volvamos a buscarlo a Perón. Sigamos llenando de contenido popular a la democracia y a sus instituciones. Démosle más democracia a la democracia y más peronismo al peronismo.







Nota en alusión al 17 de Noviembre. Será publicada en la Revista Militancia Social.

El otro 17


Por Ricardo Bermúdez

La Unidad Básica "Mario Brión", como corresponde a las mejores tradiciones del peronismo, funcionaba en el comedor de la casa de los Arcuri, justamente en la esquina de Catamarca y Méjico.

Así, de manera encubierta, en una casa de familia, como nuestros antepasados en la jabonería de Vieytes, camuflábamos la actividad política prohibida. Actuábamos como lo que éramos, un pueblo perseguido. Reuniones clandestinas en lugares clandestinos, un vocabulario críptico y, sobre todo, una forma de actuar que burlaba las reglas de juego que imponía la dictadura. El lenguaje disimulaba de qué o de quién se estaba hablando. Algunas veces usando el lunfardo, otras recurriendo al "vesre"; siempre de un modo marginal, casi carcelario. Rofie, caño, cuetazo, yuta, viorce; hay que traducirlos como arma, bomba, tiro, policía o de los servicios. Señas como rascarse la mejilla con el dedo índice, significaba que "ese" era sospechoso o "botón". En vez de Perón decíamos el viejo, el macho, el hombre, el que te dije; en vez de Evita, La Señora.

La marcha peronista la cantábamos con otras letras en los estadios de fútbol, donde amparados en el anonimato de la multitud, se coreaba la música prohibida. Tanto prendió que hoy, el "dale campeón, dale campeón", se canta en la cancha con la música de la famosa marchita. Para reconocernos, usábamos el "sos del palo" o "sos de la causa". En la época ?fulera? quemábamos la bibliografía y con ella los padrones partidarios, para no dejar rastros de los afiliados. Solo se salvaban de la fogarata los libros "sagrados": los planes quinquenales, la Comunidad Organizada y La Razón de Mi Vida, que sobrevivían escondidos ?como verdaderas reliquias? junto a los emblemas partidarios y las imágenes de Perón y Evita.

Difamación, persecuciones y finalmente la muerte han sido desde el fondo de la historia los métodos usados en contra de los movimientos nacionales. El peronismo no fue una excepción a la regla. En esos tiempos, había que hablar en voz baja mirando para todos lados. Un odio visceral llevó la mano que escribió en las paredes "Viva el cáncer" a la muerte de Evita. Con saña, el capitán Manrique hizo orinar por su hijo el cadáver de Eva Perón.

¿Que no era a muerte? ¿Que no eran capaces de matar? Solo hay que recordar los asesinatos de los caudillos del interior, la masacre de los indios, las ejecuciones de los generales Valle o Cogorno en el ?55, los miles de mártires de la Resistencia o el bombardeo a la Plaza de Mayo. El basural de José León Suarez, Mario Brión que no tenía nada que ver y los compañeros. Ni hablar de miles de torturados y desaparecidos.

En aquella época los insultos o motes despectivos fueron incorporados, con un tono irónico y sobrador, como si hubiesen sido de propiedad intelectual propia. "Peruca", "flor de ceibo", "cabecita negra" eran de uso corriente entre peronistas. ¿Sos peruca, yo también soy del palo?. Diálogos habituales para reconocerse.

Muy en joda nos tomamos aquello de Piojo, porque con referencia a Perón aseguraban que no nos lo podíamos sacar de la cabeza. Pero el pueblo perseguido, el hecho maldito, los "cabecitas negras" pudimos sobrevivir a las siete plagas.

La casa de los Arcuri
Los que frecuentábamos la Unidad Básica Mario Brión teníamos plena conciencia que poníamos en riesgo la vida. Esperábamos solapadamente para entrar y salíamos de a uno en fondo para disimular. Aunque la proscripción y su hermana la clandestinidad escribieron durante la Resistencia el capítulo de la muerte, también se suscitaron situaciones cómicas.

Las actividades políticas se desarrollaban en el comedor de los Arcuri, que era a su vez sala de estar, salón de lectura y biblioteca, actividades a las que agregaba la de Unidad Básica clandestina.

A veces había que esperar que se terminara de comer para ser local político y otras hacerle el aguante a las discusiones para volver a ser comedor familiar. El tira y afloja terminaba cuando Doña Matilde Pérez de Arcuri pegaba cuatro gritos para recuperar esa parte de su casa.

El uso del baño, diseñado para una familia, no soportaba la avalancha de los masivos requerimientos. Sin querer se avanzaba sobre la cocina en busca de agua para mate o de un cafecito caliente. El humo del cigarrillo invadía toda la vivienda, impregnando paredes, pisos, ropa, filtrándose hasta en el dormitorio, única habitación vedada al uso comunitario. Los anfitriones, Doña Matilde y Don Alfredo, bancaban el quilombo estoicamente.

Los dueños de casa habían dejado atrás los setenta ya hacía algún tiempo. Prestaban su casa sabiendo los riesgos que ello implicaba y se ofendieron cuando se les hizo el planteo de pagarles un alquiler. No sabíamos cómo compensar los mangueos con que a diario eran sometidos. Yerba, azúcar, té, pan de hoy o de ayer y hasta algo de la olla del mediodía. Tal apoyo logístico siempre era precedido por la pregunta de rigor: ¿comiste al mediodía? ¿tenés hambre? Así escrito, tal vez no trasmita el calor maternal que acompañaba la preocupación de doña Matilde.

Compañeros para ellos significaba compartir hasta el poco pan que en rigor de verdad no siempre sobraba. Porque para los Arcuri el peronismo bien entendido empezaba, allí, por su casa.

Por otro lado, no cualquiera podía exhibir las medallas de peronistas de la primera hora de estos dos viejos compañeros. Un carnet con el número 15 de afiliado y una edición de lujo de La Razón de Mi Vida, con unas líneas de puño y letra escritas por la mismísima Evita eran parte de su patrimonio espiritual.

Por su forma de ser, por el respeto y la consideración ganada entre los compañeros funcionaban como árbitros en las discusiones, las que sabían encausar y, de última, ponerles punto final.

El desembarco en la casona ocurría entre semana por las tardes y se extendía hacia la noche, cerca del horario de la cena. Pero en los últimos tiempos se le sumaron los sábados y domingos, claro síntoma de la ansiedad que generaba el anunciado regreso del General.

La emblemática "Mario Brión", así bautizada en homenaje al fusilado por los milicos en el basural de José León Suárez, fue uno de los pocos locales políticos que funcionaron al final de la dictadura militar y, por eso, lugar de encuentro de gran parte de la militancia de Capital Federal.

Esa noche el grupo, como si fuera un estado mayor, planificó su participación en el así llamado "Operativo Retorno" del 17 de noviembre de 1972.

Nosotros con Rosa nos la vimos venir. La tarde del 16 dejamos en casa a Luis y Guillermo que eran adolescentes, y a mis viejos, que con tono de rezongo nos reconvinieron que tuviésemos cuidado. Que si Perón volvía iba a haber quibombo; que no anduviésemos hasta tarde por la calle que era peligroso. Ah!, también estaba Gloria, novia de Luis, que por entonces quería ser nuera.

De movida sabíamos que no volveríamos temprano a casa; no queríamos confesarlo pero tampoco teníamos la certeza de volver tarde. El mate y la lluvia fueron la compañía de esa noche de noviembre, en el comedor de los Arcuri. Estábamos de acuerdo en llegar a Ezeiza como fuese. Allí descendería el avión que traía a Perón de Madrid.

Expreso a Ezeiza
En noviembre, las noches en Buenos Aires son templadas; sin embargo la del 16 de noviembre de 1972 fue particularmente fría. Fría porque hizo frío y la lluvia que mojó era fría, pero mucho más fría porque el frío tenía mezclado el cagazo, que es un frío mas frío porque viene como de adentro.

Ese cagazo no era un cagazo abstracto, era uno concreto a desaparecer, a que te den para que tengas en la "parrilla" o que te hagan la boleta tirándote atado con alambre al Río de la Plata. Metodología extraída del manual costumbrista de la patota militar.

Antes del amanecer nos largamos de a pocos a tornar el colectivo. Cruzamos la avenida Belgrano, donde como un monumento del pasado todavía quedaba en pie el sostén de una garita. La humedad pintaba de brillo los viejos adoquines y las vías casi muertas esperaban herrumbrándose a los tranvías de carga de la Quilmes que ya no vendrían.

Una cuadra más: Moreno y Catamarca, donde tenía la parada el 122. Quince minutos más tarde y a lo lejos se lo vio venir. No hay ley física que pueda explicar la ecuación: lleno, más quince más, igual todos arriba.

La copia de una acuarela, fileteada por Martiniano Arce del Zorzal criollo y una estampita de la Virgencita de Luján eran parte de la decoración interior del bondi. Un enorme espejo biselado cubría todo el frente, de costado a costado, para mirar para atrás y un escarpín de su primer hijo varón pendía del centro, junto debajo de un reloj que marcaba, con solo diez minutos de atraso, las cinco y media de la mañana.

Por primera vez tuve plena conciencia que a esa hora había gente que iba a laburar, cosa que como empleado de oficina, no siempre se tiene muy presente. Ahí estaban los héroes comunes y silvestres de todos los días. Los que se levantan de noche para ir al yugo y también volvían de noche después de una larga jornada. Esos que se bancan al capataz: las minas, acosos, y los machos, verdugueadas por salarios de mierda. Claro que se dan cuenta de que los están cagando, pero no les queda otra, lo hacen por sus familias; que traducido al castellano significa concretamente: por la jermu, los bepis, el morfi y también ?por qué no? por esos sueños tan soñados para él, los bepis y su jermu.

Los mismos que, del otro lado de la mañana, tenían cara de preguntarse qué carajo estarán haciendo esos "raros" a esta hora de la madrugada. Claro, los raros éramos nosotros, que no empilchábamos de obrero, ni teníamos olor a patria metalúrgica, ese de fatigarla en laburos que fatigan. Sabíamos que ellos sí iban a jotrabar; algunos a los frigoríficos de Mataderos, otros tal vez en la misma autopista que nos llevaría a Ezeiza.

Calle Moreno a marcha lenta, todavía con algunos en el estribo. Vuelta en Boedo, vuelta en Carlos Calvo. Neblina, humedad, garúa. Silencios con diálogo de miradas, que querían saber si vos sentías el mismo cagazo de pueblo raso, que sin entrenamiento a poco tendría que laburar de héroe.

Como por Carabobo, de otros colectivos, sentimos la música de la "marcha" cantada con letra de autor anónimo y "se va a acabar, se va acabar, la dictadura militar", "que al viejo le da el cuero", con lo cual se fue a la mierda la estrategia de pasar desapercibidos.

Más a la mierda se terminó de ir, cuando bajamos en Avenida del Trabajo. Unos cuatro o cinco mil cumpas, que también querían pasar desapercibidos, habían llegado antes y gritaban consignas frente a una barrera de la taquería que ?casualmente? había sacado permiso de portación de armas. Pistolas, FAL, tanquetas, gases, itakas, balas de goma y de las otras. No sé por qué se resistían a darse cuenta que queríamos pasar desapercibidos y así pasar. Miles de voces gritaban de este lado y una sola del otro.

Empilchado de azul con corbata negra ?luto que sin saber o sabiendo llevaban por la muerte de Evita? y dos huevos fritos dorados sobre sus hombros, la voz decía que era el jefe del operativo, que compartía la causa y que no lo forzáramos a actuar. Como lo hacían en la cancha los compositores del tablón, cuatro o cinco mil voces invitaron al taquero a pasarse de este lado gritándole: "los que están con Perón, que se vengan al montón". Claro, no se quería entender que, si era peronista, por qué estaba del otro lado haciendo el laburo de la yuta.

Un sillón de ruedas y dos sombras negras
En la primera gaseada arrugamos todos, corriendo como si esta vez la consigna fuese "atrás mis cobardes". Algunos se refugiaron en las calles laterales, otros comenzaron a prender fuego para disipar los gases y nosotros, hurgando desesperadamente en el bolso de Rosa, buscando limón y bicarbonato para neutralizarlos.

Quién haya probado esta medicina sabe de qué estamos hablando. Para poder respirar hay que ser bien macho: los ojos te pican y llorás como cuando te dejó tu primera novia.

Rosa, Rosita para mé, era para los compañeros "la Marrón", aunque ella aseguraba ser canela. Siempre admiré los genitales masculinos, por no decir pelotas, que tenía ?la Marrón? en momentos como ese. Estaba pegada a mí y yo pegado a ella; las manos muy juntas, como dos pibes que no quieren perderse, selladas por un sudor frío y pegajoso. Cagados de miedo, pero firmes como los granaderos de la Rosada.

De pronto, en medio de la gaseada, como la puesta en escena de un milagro, salieron de la nada, un tullido en su sillón de ruedas y sombras difusas que poco a poco dibujaron en el humo blanco los negros hábitos de dos monjas.

Él, no se dejaba llevar y tampoco esperaba el giro completo de las ruedas que apuraba dándole impulso con sus manos. La que parecía más frágil de la figuras de negro deslizaba una a una las cuentas de un rosario. La otra, que había perdido la cofia en la corrida, empujaba desafiante el sillón con todas sus fuerzas.

Los tres encararon decididos la rampa de acceso a la autopista, envueltos en el humo de los gases. Las fuerzas policiales, que contemplaban la escena, tan azorados como nosotros, los miraron pasar. En realidad no podían detenerlos. ¿Quién iba a ser culo de apretar el gatillo? No sabíamos si no se les ordenaba actuar o a nuestro "compañero" de azul ?el de los huevos fritos? no le daban las bolas para reprimir a un tullido tracción a sangre y a dos de las esposas de Dios.

A poco se detuvieron los que habían corrido en desbandada. También comenzaron a asomarse los que estaban escondidos y hasta los que alimentaban las fogatas quedaron congelados ante el espectáculo. Por un momento, no se gritaron consignas y tampoco el altavoz emitió sonido alguno. Todo estaba como detenido en el tiempo. Solo esas tres figuras se movían caminando hacia la rampa de la autopista.

Callados y presurosos, apretados para juntar coraje entre todos, nos encolumnamos detrás de las dos monjas y de quien, sin piernas, abrió paso mostrándonos por dónde era el camino a Ezeiza.

La vida por Perón
Un cielo gris, en el que se dibujaban nubes más grises, acompañaba la peregrinación a Ezeiza. Después de la primera escaramuza en Riccheri y Avenida del Trabajo, cada cual corrió por la libre bajo una cortina de gases y lluvia. Parece mentira que en situaciones límite se piense; que haya tiempo para pensar.

¿Qué será de los chicos si nos pasa algo? Si nos pegan un tiro los viejos se mueren del corazón. ¿Por donde andarán los otros compañeros? Las caras de los hijos: Luis y Guillermo y los lagrimones de Gloria ?esa que quería ser nuera? aparecieron nítidamente, como cuando nos despedimos.

En realidad, si nos preguntaban si estábamos dispuestos a morir, habríamos dicho que no. Y la pregunta del millón fue entonces ¿dónde quedó aquello de "la vida por Perón??

La idea del martirio, de dejarse comer por los leones, por lo menos en ese momento, no era peronista; no quería ser. Y allí, en medio del quilombo más espantoso, es cuando se descubre que se quiere vivir. Que la vida está por sobre todo. Vivir por lo que uno cree; por lo que se ama. Sí, seguir viviendo para hacer realidad las utopías soñadas. ?La vida por Perón? cobró entonces otro sentido: el de vivir por Perón, vivir por lo que creíamos, por los sueños que había que hacer realidad, que era como vivir por nosotros mismos. Y del cagazo de morir sacar la heroica de seguir corriendo.

Escudos, palos, más gases, balas de goma y de las otras. Algo parecido a un quilombo de empujones, palazos y heridos, ambulancias, encanados y compañeros en el suelo quietos cormo muertos. Nosotros a puro bicarbonato y limón, pintábamos las caras de blanco, como dos payasos escapados de un circo. A esta altura, lágrimas, mocos y lluvia eran una misma cosa.


Después, en la General Paz, esquivando las balas de los helicópteros, corrimos y nos ocultamos mil veces. Temíamos a las balas de goma que también duelen, pero más a las de plomo, que también matan.

Corrimos hasta no dar más y nos ocultamos hasta no dar más. No sé cómo llegamos a la villa. No sé cómo nos metimos en un rancho, donde llovía adentro más que afuera. No sé cómo una botella de ginebra fue protagonista, reina y señora del "chupipase". De entrada, calentaba a otros y casi enseguida a todos. Cuando nos tocó a nosotros, también la chupamos. Los que estábamos ahí no nos conocíamos, jamás habíamos estado juntos antes. Sin embargo sabíamos quienes éramos, unidos en la comunión de una lucha, compartiendo un brindis de miedo en un cáliz de ginebra. Después en silencio, sin presentaciones ni despedidas, fuimos saliendo. Casi sin vernos, más aún para no vernos nunca más.

La suma de todos los miedos

En otro momento hubiésemos tenido vergüenza de pedir permiso en una casa para echarnos un meo. Pero dicen que la necesidad tiene cara de hereje y las ganas habían cambiado nuestras caras de todos los días en caras de herejes.

La mujer se nos adelantó facilitando el encuentro. Estaba parada en la puerta de su casa, mojada como nosotros, con los brazos cruzados bajo sus pechos, tiritando a tal punto que al principio nos costó entender que decía. "¿Van para Ezeiza? Qué locura; mi marido salió temprano, con vecinos del barrio". Le pedimos permiso y pasamos al baño; no sacamos las ganas y las camperas, estrujándolas como un trapo de piso. El agua que chorreaba la sentimos tibia al contacto con nuestras manos moradas de frío y nos las pusimos otra vez.

Cuando salimos, la dueña de casa seguía en la puerta de calle: "Estoy muy preocupada, él quería ir a buscar al General". Le dijimos que se metiera en la casa, que se iba a pescar un resfrío. Temblando de frío y de nervios, insistía en la preocupación por la suerte de su esposo. Rosita se acercó, pasándole una mano sobre los brazos cruzados, como para calmarla, le dijo: "yo por eso estoy acompañando al mío, para no preocuparme".

Más adelante los vecinos de los departamentos de Villa Madero, nos alertaron de la encerrona que estaban preparando tropas del ejército y de la policía. Elegimos el camino de las vías, lo más lejos que podíamos estar de la ruta y de la barrera. Una Itaka salida del baúl de un patrullero, no tan cerca pero no tan lejos, nos mandó cuerpo a tierra abajo del terraplén. En el camino del cuerpo a tierra me di cuenta que "la Marrón" también estaba en la trayectoria de las balas, pero los compañeros la habían empujado y medio segundo después caía arriba mío.

Y otra vez a correr. De pronto, las vías que creíamos muertas cobraron vida cuando una señal anunció la venida de un tren que no tenía que venir. Había que moverse rápido, el silbido se sentía cada ver más cerca. Siempre mirando hacia atrás, en medio de un puente embarrado con una improvisada baranda humana, de la que se agarraban los que tenían vértigo y los que temían resbalar por los durmientes también amasados en lodo, todos llegamos del otro lado, convencidos de que ese día, superando nuestros miedos, estábamos haciendo historia.

Un día en el que también aprendimos cuan difícil es para hombres y mujeres comunes laburar de héroes.

Promesa, peregrinación

Cuando nos creímos perdidos, las huellas que cientos de compañeros habían dejado en un pastizal, nos señalaron que por ahí se iba a Ezeiza. Un tanque oculto entre los yuyos, que nos vio pasar, nos paralizó la sangre, pero no hizo nada. Claro que todo no era de barro y frío; pero otras cosas nos calentaron el alma.

Ver a los compañeros encaramados en los tanques, chamuyándose a los soldados y suboficiales. Cruzando a nado un río color negro. A una anciana de ochenta largos, arropada con una bandera argentina, que arrastraba sus pies caminando con mucha dificultad y que al verla, desde un camión, alguien le tendió una mano invitándola a subir. Invitación a la que abuela respondió: "no gracias; hace tiempo hice la promesa de que si Perón volvía, lo iba a buscar caminando". Los pausados movimientos de su cuerpo y el lento arrastrar de sus pies, enseñaban cómo se cumple una promesa y el recogimiento, la mística de una solitaria peregrinación. Lo demás está en los diarios. La historia grande del 17 de noviembre de 1972 ha sido contada mil veces por mil cronistas e historiadores y analizada desde todos los ángulos posibles por opinólogos, filósofos electrónicos e intelectuales del papel. La estampita de Rucci con el paraguas, que Lanusse lo quería
tener en cana, que el Coronel Cornicheli, que el charter, que los artistas, que lo querían matar. Cada uno de los que participaron aquel día podría escribir su versión de ese pedazo de historia. La de la historia chica, la que habían protagonizado como simples actores de reparto.

El diario del día después
Nosotros estuvimos ahí. Casi sin saber; por vos, por otros como vos, por nosotros mismos, por los que amábamos, por los que no conocíamos. Al otro día lo vimos en Gaspar Campos. Ya estaba de vuelta en su tierra. Cuando salió a la ventana a saludar, tu abuela se desmayó después de gritar..."Macho".

Como generación es cierto que no pudimos hacer realidad muchos de los sueños soñados, pero tampoco podemos negar la actitud heroica de todo un pueblo, del cual fuimos parte, que luchó en la Resistencia y que fue capaz de hacer posible el retorno del General a su tierra.

Ese día todo fue festejo, en el que se mezclaban esperanzas y alegrías. Mi cumpa Muzzo le dijo a su mujer: "esta noche encargamos un machito". Luego fue una hija, María Eva. El tano se conformó diciendo: "a las hijas mujeres hay que quererlas igual".

Se venía la oportunidad de soñar despiertos con los grandes cambios. No sospechábamos el quilombo y la represión más salvaje de que se tiene memoria. Cómo saber que Balbín saltaría la tapia. Que los montos, sin querer o queriendo, salieran a destiempo a plantear una lucha que no tenía destino. Que en el medio se nos moriría el Viejo. Que Luder, como siempre, no podría ser del todo; que Isabelita tampoco podría ser lo que no era. Luego, los Falcon verde y el terrorismo de Estado, los desaparecidos.

Pero ese es el diario de muchos días después; otra historia. Fue una de las pocas veces que tuvimos al General ahí nomás, vereda por medio, tan cerca, sin darnos cuenta que siempre estuvo en nosotros. Sus ideas de justicia y libertad fueron para nuestra generación una guía. La razón por la que nuestros muertos están vivos, la conciencia de un destino, la eterna llama que mantendrá jóvenes y encendidos nuestros corazones.

Realineamientos.

Por Horacio Verbitsky. Página 12


El gobierno nacional deja atrás las peores consecuencias políticas de la derrota por las retenciones móviles y al mismo tiempo encara una salida progresista de la crisis económica.




A cuatro meses del fracaso para establecer el régimen de retenciones móviles el gobierno nacional ha superado buena parte de las consecuencias políticas de aquella derrota. El Senado aprobó el presupuesto 2009 y Diputados reformó el sistema previsional con mayorías tan amplias que se acercaron a los dos tercios de los votos. Al mismo tiempo ha encaminado la defensa de la economía argentina frente a la gravísima crisis internacional con medidas que implican una salida progresista frente a las dificultades externas. También lo eran las retenciones móviles, cuya capacidad de previsión ha quedado demostrada con largueza en los últimos cien días, pero ahora le ha sumado la eficacia política que le faltó entonces. Así está aventando al mismo tiempo el fantasma de la ingobernabilidad y el temor a la inestabilidad económica. Esto no significa que la mayor hecatombe de las finanzas que haya conocido cualquier ser humano viviente que tenga menos de 85 años y la recesión global en ciernes que se anuncia como la más grave desde que concluyó la Segunda Guerra Mundial pasarán de largo sin daños. Pero serán menores a lo que ocurrió en las últimas décadas con las crisis financieras mexicana y asiática y en comparación con lo que podría suceder si el gobierno estuviera en manos de cualquiera de los líderes argentinos de los últimos cincuenta años o de los que aspiran a serlo.



No es en absoluto una casualidad que el sistema de capitalización ideado para los ancianos de Subamérica por el Banco Mundial agonice y muera en el mismo momento en que la quiebra clamorosa de la ingeniería financiera especulativa de la que fue exponente permite la elección para la presidencia del mundo de un outsider como el senador Barack Hussein Obama, lo cual abre perspectivas interesantes para la Argentina, cuyos gobiernos de Néstor Kirchner y CFK fueron los primeros y los más radicales en cuestionar el funcionamiento del sistema surgido en 1944 en Bretton Woods. La votación del jueves comenzó a desactivar la bomba de tiempo que dejó el neoliberalismo en su retirada. Con el sistema que la semana próxima será derogado nadie cobraría por capitalización individual más que por el sistema de reparto y las mujeres estaban condenadas a cobrar menos que los hombres porque las tablas de cálculo financiero penalizaban la mayor expectativa de vida femenina.



Bloques



Como efecto no buscado pero consecuente con estas definiciones se asiste a un realineamiento político en los términos que el gobierno planteó en sus primeros años, no como la emergencia de nuevas coaliciones electorales sino como acuerdos en el Congreso, la sede de la soberanía popular que durante la presidencia de CFK ha adquirido un rol cada vez más determinante, con una calidad de funcionamiento que sólo de mala fe se puede negar. Quienes prefieren llamarlo la escribanía del gobierno o fruncir el ceño por el nivel de algunas intervenciones harían bien en ver u oír alguna sesión del más antiguo y prestigioso parlamento del mundo, donde los jefes de las bancadas se llaman látigos y tienen facultades para separar del bloque a aquellos legisladores que se oponen a las decisiones del partido por el que fueron electos. Sólo el pintoresco cruce entre María América González y Patricia Bullrich se aproximó a la intensidad de los debates en Westminster.



El Frente para la Victoria emerge de esta coyuntura como el eje organizador de una amplia coalición que se extiende hacia la izquierda, abarcadora del socialismo, el SI, el Encuentro Social y Popular, los radicales del Consenso Federal y los monobloques de Miguel Bonasso y Claudio Lozano. Para lograrlo aceptó una negociación política en la que introdujo varias modificaciones al proyecto del Poder Ejecutivo. Las más importantes:



- Inclusión en su texto del consejo consultivo del Fondo de Sustentabilidad de la ANSES, que ya administra casi 25.000 millones de pesos. Lo integrarán representantes de los jubilados y pensionados, de la CGT y la CTA, de la Cámara de la Construcción, de la Unión Industrial y de las Cámaras de bancos.



- Reglamentación legal sobre el destino de los fondos. Como no se trata de dinero sino de posiciones de las AFJP, se respetó el reglamento vigente para no crear un desbarajuste a las empresas nacionales en las que se invirtieron. En cambio se prohibieron las inversiones en el exterior.



- Los fondos sólo podrán destinarse al pago de los beneficios previsionales. El excedente se invertirá en la economía real, en procura de un círculo virtuoso, creador de empleo y sustentabilidad del propio sistema.



- Se garantizará el empleo a los trabajadores de las AFJP.



Lo que queda de la UCR, la Coalición Cívica Libertadora y el Pro macrista asumen un sesgo de centro derecha cada vez mejor definido. Esto tampoco implica que vayan a coincidir en alguna boleta electoral. Por el contrario, no es imposible que en el próximo turno vuelvan a reunirse al menos en Santa Fe las fuerzas que responden a Elisa Carrió y a Rubén Giustiniani, pero cuando se trata de decidir sobre cuestiones de fondo, el apego de los socialistas a sus principios históricos limita el zigzagueo oportunista de la chaqueña, que sigue el dictado de otras voces. Su afirmación de que los fondos previsionales caerán en manos de una banda de ladrones hace descender al nivel de una letrina el debate político y agravia no sólo al gobierno sino al conjunto del electorado. No es una paradoja menor que al mismo tiempo el kirchnerismo se encierre en el círculo más reducido del justicialismo tradicional y en el cierre de listas bonaerenses no haya dejado espacios provinciales a quienes llegaron el año pasado por medio de las colectoras, como los intendentes del conurbano Francisco Gutiérrez, Darío Díaz Pérez y Darío Giustozzi, limitados a competir ahora por la conducción justicialista de sus respectivos municipios, mientras los barones del conurbano, como Mario Ishii, Raúl Othacehe o Alberto Descalzo consolidan su control del aparato apolítico, aideológico y amoral que construyeron bajo el duhaldismo hoy en disolución. La construcción de un sistema político menos contradictorio sigue siendo un horizonte lejano.



Ideologías


Esta descripción de la realidad resultará sin duda chocante a quienes consumen y reproducen las representaciones ideológicas de las alarmadas clases dominantes, que van desde las lamentaciones por la propiedad privada y la seguridad jurídica de la Cámara de Comercio Argentino Estadounidense, la Asociación Católica de Dirigentes de Empresas, la Unión Industrial o la Asociación Empresaria AEA, hasta los clamores de la Coalición Cívica Libertadora por un presunto saqueo o los vaticinios de derrumbe del gobierno en las columnas políticas de La Nación. En un caso son advertencias amenazadoras y en otro expresión de deseos desvinculada de cualquier objetividad. Todos ellos preferirían respuestas a la crisis parecidas a la del gobierno menguante de George W. Bush, que echó mano a los fondos públicos para auxiliar a las entidades financieras y también a ciertas empresas industriales, mientras se rematan las viviendas de trabajadores y pequeños empresarios. Aquí, en cambio, el gobierno asume su responsabilidad como garante de última instancia de los ingresos de los más vulnerables y su principal inquietud es reducir al mínimo la destrucción de empleos. Hasta un analista tan liberal como Natalio Botana reconoció “lo que este gobierno ha hecho en materia previsional, sobre todo en relación con el haber mínimo”, en una columna disonante con las habituales de La Nación. Para decirlo con más precisión, habría que retrotraerse a 1955, cuando el derrocamiento de Juan D. Perón puso las cajas jubilatorias en las ávidas manos de gobiernos menos incapaces que indiferentes a la suerte de los trabajadores activos y, con más razón, retirados. La idea del saqueo que intenta instalarse desde esas trincheras es indigna de la calidad intelectual de algun@s de sus emisores y no soporta el cotejo con la realidad. Lo mismo vale para la presunta afectación de la propiedad privada, el desconocimiento de la seguridad jurídica, la intangibilidad de los recursos, la afectación del mercado de capitales o el apuro con que se trató la ley.



- La seguridad jurídica. El sistema creado durante la primera presidencia de Carlos Menem por su ministro de Economía Domingo Cavallo tuvo el mismo origen que su derogación ahora: una ley del Congreso. Pero mientras aquel régimen contrariaba las disposiciones constitucionales votadas por unanimidad en la Convención de 1957, éste las realiza. La incorporación de los trabajadores al sistema de capitalización no fue voluntaria, ya que para permanecer en el de reparto era necesario formularlo por escrito en un lapso fulminante. Luego del reclutamiento inicial la fuente de incorporación de ocho de cada diez afiliados a las gerenciadoras privadas fueron los denominados indecisos. El único derecho adquirido de los trabajadores es la percepción de un haber digno en el momento de la jubilación. Los catorce años transcurridos desde la creación de las primeras administradoras muestran que ninguna de ellas está en condiciones de satisfacerlo. El Estado debió acudir para subsanar esta incapacidad, tanto mediante el otorgamiento de una prestación a quienes por falta de empleo estable o de aportes suficientes no tenían ninguna, como mediante el pago de un suplemento a los mínimos provistos por las entidades financieras. Al desarmar el andamiaje financiero que pesaba sobre los recursos previsionales todos los jubilados mejorarán sus ingresos.



- La propiedad privada. Durante los tres lustros de vigencia del sistema que el Senado terminará de modificar esta semana las AFJP manejaron los fondos propiedad de los trabajadores como si fueran propios. Cobraron por la administración de este mercado cautivo comisiones extravagantes, incomparables con las que sus bancos accionistas perciben por la gestión de las cajas de ahorro o las cuentas corrientes voluntarias. Incluso obtuvieron un decreto del gobierno de la Alianza que les permitió entrar a los fondos individuales para cobrarse las comisiones cuando sus titulares no tenían ingresos sobre los cuales aportar. Los beneficios por comisiones superaron los veinte mil millones de pesos, a pesar de que las inversiones que realizaron con esos fondos no fueron las mejores. Durante los años en que el criterio de egoísmo intergeneracional de Cavallo redujo los aportes de los trabajadores del 11 al 5 por ciento, la mitad de esos aportes se fueron en comisiones. En el promedio de vida del sistema ascendieron a un tercio de los aportes. Recién cuando el Poder Ejecutivo envió el proyecto de reforma al Congreso las empresas gerenciadoras ofrecieron reducirlas en forma sustancial, tardío pero categórico reconocimiento de la práctica abusiva con que lucraron a expensas de sus empobrecidos clientes.



- La intangibilidad. Este reclamo de pura demagogia tiene alto impacto entre las personas que menos conocen de cuestiones económicas. Su aplicación estricta implicaría guardar todos los billetes aportados en una caja de seguridad, que recién se abriría en el momento de la jubilación de cada titular. Ni siquiera con la ayuda del INDEC/Moreno se evitaría la depreciación de esos recursos. Aplicar esos fondos a inversiones productivas es parte de un círculo virtuoso creador de riqueza y empleo, que la oposición demoniza como un robo.



- El mercado de capitales. La creación del sistema privado y la rebaja de las contribuciones patronales desfinanciaron al Estado, que fue el principal tomador de fondos a interés de las AFJP. Nunca el Estado fue tan bobo. Cedió ingresos propios que administraba a bajo costo y para cubrir el déficit subsecuente tomó esos mismos recursos en préstamo a altas tasas. Según los años, de cada 10 pesos recaudados entre 6 y 8 pesos se prestaron al Estado. Las empresas dicen que lo hicieron obligadas por el Estado, pero nunca se las oyó reclamar con la energía que ponen ahora. Otras colocaciones fueron realizadas en el exterior, sin tomar recaudos que impidieran situaciones expropiatorias como las que plantea ahora la justicia de Nueva York, que ha congelado fondos de los jubilados argentinos para pagar a los especuladores que invirtieron en los denominados fondos buitre.



- El apuro. La oposición empresarial, política y periodística señala que un sistema de previsión social no puede modificarse de apuro, sino como consecuencia de una larga deliberación en la que todas las opiniones sean escuchadas. Este razonamiento, admisible en tiempos normales, no soporta el análisis en situaciones de catástrofe como las que atraviesa hoy el mundo. Menos tiempo necesitó Henry Paulson para negarse a socorrer a Lehman Brothers, con lo que precipitó la corrida, y el Congreso de los Estados Unidos para tratar el programa de rescate de los bancos por 700.000 millones de dólares. Qué la respuesta rápida se considere meritoria en un caso y no en otro sólo depende de quiénes son los beneficiarios en cada uno. Por otra parte, la discusión acerca del sistema jubilatorio no llevó un mes, sino quince años, desde que el menemismo abrió esa caja de Pandora.