Argentina y la deuda: una historia por default


Breve historia de la deuda externa

La historia liberal, en su construcción de un relato falaz, que sirva a los intereses de la oligarquía tradicional,  nos cuenta que Argentina es un deudor serial, que no quiere vivir de su trabajo y que se endeuda para “vivir de prestado”. Que esa lógica inherente a nuestra supuesta idiosincrasia nos llevaba a innumerables default, casi como si fuéramos “defolteadores seriales”.
La realidad nos muestra otra cara distinta: no es cierto como dicen que ARGENTINA sea un defolteador serial, si bien ha estado varias veces en esa condición,   hay otros países que estuvieron en peores situaciones.



                                                
Según este cuadro se ve claramente que la mayoría de los países latinoamericanos han caído en cesación de pagos, ¿será esto casualidad? ¿O es un mal endémico que todos los países de la región han estado en esta situación? Indudablemente no, debe haber causas comunes que lo explican. Si bien este cuadro nos adjudica 8 casos, hay tres que son dudosos.
El tema de la deuda y sus periódicas crisis de cesación de pagos ameritan algunas consideraciones históricas y económicas desde una mirada desde lo nuestro, de nuestros propios intereses.
En este caso se aplica claramente la metáfora jauretcheana sobre ir a comprar con el manual del almacenero. Siempre nuestros países fueron cediendo soberanía y sometiéndose a los intereses de los centros imperiales y sus socios locales. Con la deuda, siempre, nuestros gobiernos liberales fueron al pie, aceptando los términos y condiciones que nos imponían. 
La primera y clara definición es que la deuda externa fue y es un instrumento de dominación.
Durante el siglo XIX Inglaterra usaba el endeudamiento o los cañones para someter a los países periféricos para que estos abrieran sus mercados al  libre comercio. Con los años, resultó más sencillo y más eficiente el uso de la deuda como mecanismo de dominación  y penetración imperial. Esto era factible además porque asociaba a sus intereses a las oligarquías locales, que se beneficiaban con la participación en el comercio y en muchos casos a través del cobro de comisiones  fraudulentas. Siempre el endeudamiento lleva aparejado altos niveles de corrupción, ya que una parte importante de las deudas contraídas no llegan al destino previsto y menos a los sectores populares. Casi siempre, y el caso argentino es manifiesto, los flujos de fondos son apropiados en el camino por los mismos bancos emisores y las elite locales, para financiar consumos suntuarios o directamente para el acaparamiento.
El poder hegemónico de Inglaterra fue ocupado después de la primera guerra mundial   y sobre todo luego de la crisis de 1930, por EEUU, pero la lógica siguió siendo la misma. Una poco más sofisticada, a partir de la creación de los organismos multilaterales como FMI, el Banco Mundial o la OMC, que fueron  creados como gendarmes del nuevo orden mundial de post guerra.
« Hoy, la deuda es utilizada como instrumento de dominación y no como instrumento para permitir del desarrollo de las economías más pobres. Al contrario: son mecanismos de saqueo de las economías pobres y de enriquecimiento de las economías más ricas. Los que, en los organismos internacionales, tanto se quejan de la creciente desigualdad de la distribución de ingreso y dicen con certeza que los países ricos son cada día más ricos y los pobres cada vez más pobres, deberían revisar los mecanismos financieros porque son ellos, los que provocan esta creciente desigualdad. »
Otro ítem siempre presente es que estos paquetes de ayuda financieras vienen atados a programas de ajuste estructural de la economía, que solo intentan que esta genere excedentes en dólares para maximizar  el cobro de capital e intenses por parte de los bancos y fondos de inversión. Esta lógica lleva a profundizar los problemas económicos y sociales en los países deudores, ya que agudiza el traspaso de riqueza de los sectores populares hacia la banca internacional y las  elites locales con intereses trasnacionalizados. Este proceso de saqueo de recursos lleva a un aumento de la pobreza y la indigencia, pérdida de calidad en los servicios básicos como educación y salud, seguridad social, primarización de la economía, pero sobre todo de pérdida de soberanía por parte de las naciones periféricas que se ven atadas al yugo permanente de la deuda y sus periódicas renegociaciones. En síntesis se genera ex profeso un círculo perverso de crisis externa, programa de ajuste, crisis externa, que ahoga a los países y sus pueblos.  
Esas crisis de cesación de pagos llevan a nuevas renegociaciones, con su paquete de ajuste atrás. Así podemos hacer un raconto de los casos podemos apreciar que las soluciones son insuficientes, “por lo que esos países se ven obligados a realizar otra renegociación en los años siguientes”. Es claro que generalmente las reestructuraciones de deuda se hacen “muy tarde” y que ofrecen “muy poco” alivio al país deudor. Martin Guzmán.

El primer default fue en 1827

El primer gran endeudamiento argentino ocurrió pocos años después de la Revolución de Mayo, pero no difirió de lo sucedido en otros países latinoamericanos.
Luego de las Guerras Napoleónicas se liberó una gran capacidad económica en las potencias vencedoras- Los ingleses habían estado emitiendo bonos del Tesoro para financiar la guerra. Al finalizar  quedó  una masa de recursos que buscó  tasas más altas e invirtieron en países europeo y en los Latinoamericanos, luego de la batalla decisiva de Ayacucho, librada en 1824.  Inglaterra, alentaba la independencia de las colonias españolas y a su vez la emisión de deuda permitía entrar con su comercio en los mercados de  Sudamérica como era su objetivo, así alentó ese mercado de bonos.
El mal recordado préstamo de la Baring Brother, fue desde el comienzo un negociado infame,   una vez descontados los intereses adelantados y las comisiones, el gobierno argentino solo  recibió  alrededor de un 60 por ciento del monto nominal del préstamo. De más esta decir, como sucedería en los endeudamientos futuros, este préstamo contenía sobre tasas y sobre todo comisiones a intermediarios totalmente innecesarios y fraudulentos.
Este préstamo estaba destinado a financiar la construcción del puerto de Buenos Aires, pero, en realidad se usó para financiar la importación de manufacturas inglesas y armas para la guerra contra el imperio portugués brasileño. En 1825 el gobierno inglés sube la tasa de interés interna y se produce un crak financiero en la City londinense que rápidamente se difunde por los países sudamericanos, todos fuertemente endeudados y se produce el default general,  Argentina incluida. Recién en 1857 se vuelve a pagar y 1866 se  negocia una reprogramación de esa deuda a treinta años.

1890.

Luego de la traición de Urquiza en Pavón y el triunfo de la elite comercial porteña, liderada por Bartolomé Mitre, se inicia el periodo de la organización nacional. En ese periodo comienza a instaurarse un modelo agro exportador de materias primas, granos y carne particularmente, fuertemente asociada a los intereses ingleses. En esos años fue en aumento de la deuda externa, con variados contratiempos. Es interesante recordar la tristemente frase de Nicolás Avellaneda “Argentina pagara sus compromisos, aunque sea con el hambre y la sed de sus habitantes”, en uno de los periodos de crisis externa y en la necesidad de garantizar el flujo de capitales y la “confianza” de los inversores. ¿Les suena esta frase?
Fue tal el descontrol sobre la deuda en esas décadas que el mismo Sarmiento reconoció que durante su gobierno hubo un empréstito del cual nunca supo cuál fue su destino.
Así la tan elogiada, por historiadores y economistas liberales, generación del 80, llevó, al país a la crisis de  1890, con un gigantesco default que arrastró  a la banca inglesa, que había concentrado en nuestro país una porción demasiado grande de su capacidad de crédito.
Para tener idea del volumen del endeudamiento argentino, este era el quinto país más endeudado del mundo, además la deuda contraída de 48 millones de pesos equivalía al 60 % de la deuda total defolteada en 1890.
Fue una crisis además provocada por la desenfrenada corrupción del régimen,  abultado déficit, que alcanzaba el 20 % del PBI,  una descontrolada especulación bursátil, todo esto no sólo llevó al país a la bancarrota, al pueblo a la miseria y a la quiebra del Banco Nacional,  sino que también provocó la caída del gobierno de Juárez Celman. La crisis originó la Revolución del  Parque,  donde nace el radicalismo encabezado por Leandro Alem.

El default que no fue 1915.

Con el comienzo de la primera guerra mundial (1914), malas cosechas y la caída de los precios internacionales de los productos exportables agudizaron la crisis externa. Como siempre un aumento de la tasa de interés en Londres, atrajo a los capitales de los países emergentes hacia la metrópoli, dejando a estos en situación de vulnerabilidad financiera. Argentina entro en recesión por varios años.  Se produjo  en ese periodo una fuga de oro hacia el exterior. Recuérdese que en esos años regia el “patrón oro”, por lo que esto significó una profundización de la caída de la actividad económica. La inversión extranjera desapareció durante la Primera Guerra Mundial para financiar la guerra europea, y no regresó luego del anmisticio. (1918). Si bien hubo problemas con algunos bonos provinciales y la profundidad de la crisis, Argentina siguió cumpliendo con el pago de la deuda con normalidad.

La crisis del 1929.

Algunos historiadores toman la crisis del 29/30 como una etapa de default, sin embargo si bien la  crisis de 1930 fue muy fuerte y arrastró  a muchos países al default, Argentina zafó de la situación.
Por supuesto la magnitud de la crisis mundial afectó la economía argentina y sobre todo su comercio externo,   sin embargo solo hubo problemas de pago de algunos bonos provinciales, al igual que en 1915.

1958, el acuerdo con el FMI y el Club de Paris. El default que no llego a serlo.

Tras el derrocamiento de Perón de 1955, el gobierno de facto, presidido por el general Pedro Eugenio Aramburu, adquirió un nuevo préstamo externo  de 700 millones de dólares, que se suponía podría ser amortizado en un año. Sin embargo los desaciertos de ese gobierno hicieron fracasar todos los pronósticos, apareciendo por primera vez el problema de la inflación de precios, que había sido casi inexistente hasta ese momento y que se convertiría en las siguientes décadas en un problema endémico. Durante la revolución Libertadora  Argentina, ingresa además al FMI, cosa que Perón, durante su presidencia (1946/55) se había negado a hacer. Es decir que a partir de 1955 argentina  ingresa en el círculo perverso de endeudamiento e inflación, con renovación de nuevos créditos para refinanciar los  préstamos y sus intereses anteriores.
Al finalizar el gobierno militar era indudable que era para Argentina imposible afrontar el pago de la deuda contraída con los  bancos europeos. El ministro de Finanzas francés invitó a los 11 países acreedores a reunirse en París y allí se acordó un plan de refinanciación de la deuda argentina. De esta reunión surgió el Club de París, un foro informal de acreedores oficiales y países deudores, que tendrá vigencia hasta nuestros días. Al asumir el gobierno Arturo Frondizi (1958) la deuda externa había vuelto a ser un problema, en ese año ya estaba en los mil cien millones de dólares.

Primer acuerdo con el FMI.

El FMI fue creado luego de los acuerdos de Bretton Woods (EEUU), en 1944. Formo parte de la reingeniería mundial que se produjo después de la Segunda Guerra Mundial  y la división del mundo luego de Yalta. Más allá de las buenas intenciones que llevaron a su creación el FMI, como el Banco Mundial o la OMC, siempre cumplieron el rol de gendarmes económicos del imperialismo yanqui y fueron vehículos de disciplinamiento económico financiero para los países en desarrollo
El primer acuerdo  con el FMI firmado, firmado por el gobierno  frondizista, por un aporte de 75 millones de dólares destinados a equilibrar la situación de la balanza de pagos.
Ya aquel primer acuerdo con el fondo tenía cláusulas secretas, que se repetirían a lo largo de la tortuosa relación de Argentina con ese organismo.  Detrás del acuerdo se imponía un cambio bruco en sus políticas económicas tradicionales destinadas sobre todo a que el país tuviera excedentes en dólares para hacer frente a los compromiso externos, así propusieron un ajuste estructural, como la reducción de los empleos públicos, con, por supuesto, el despido directo de trabajadores, la paralización total de las obras públicas, la privatización de las empresas estatales, la reducción y venta de los frigoríficos estatales, la clausura masiva de ramales ferroviarios, restricciones al crédito, aumento de precios y congelamiento del salario mínimo por dos años, la venta de empresas estatales, entre otras medidas.

1982

El régimen militar (1976 – 1983) y su ministro de economía Martínez de Hoz, avanzaron en un proyecto de des industrializar el país o sea volver a un modelo agro exportador dependiente. Al efecto la deuda externa cumplió un rol central en la aplicación del modelo neoliberal monetarista.  Argentina pasó de una deuda externa de U$S 7.000 millones en 1976 a una de U$S 45.000 en 1983, con una caída importante en el PBI industrial, acompañada por altas tasas de desocupación y pobreza.
Entre los bancos de los países centrales, el FMI, los gobiernos de Estados Unidos y la dictadura argentina hubo una complicidad sistemática para endeudar al país y enriquecer a los gobernantes argentinos y a la oligarquía local, en beneficio de  las grandes corporaciones financieras. Es evidente que una parte considerable del dinero prestado por el Norte (cerca del 80% según Vilas, 1993, y otros autores) jamás llegó a las economías de los países destinatarios, sin hablar de sus pueblos.
Para  hacernos una idea de la cantidad de dinero prestado al Sur y depositado en paraísos fiscales,  dos tercios de la deuda total del continente latinoamericano fue depositado por ciudadanos de esos países. Claramente puede verse la asociación directa de deuda contraída y fuga de capitales por parte de la elite de estos países. El caso Argentino es casi seguro la mayor y más escandalosa fuga de capitales, un fraude que lamentablemente siguió repitiendo su modus operandi hasta nuestros días.
En particular, a principios de 1977 se implementó una reforma que ubicaría al sector financiero en una posición hegemónica en términos de absorción y asignación de recursos, mediante su liberalización, el alza de las tasas de interés y una mayor vinculación con los mercados internacionales. La especulación financiera pasó a ser un factor fundamental: se traían del exterior dólares que se convertían en pesos a un cambio sobrevaluado, se colocaba esos pesos a altas tasas de interés y, cuando se pensaba que el dólar iba a subir, se volvía a cambiar pesos por dólares y se los fugaba al exterior.  Se hacían así negocios fáciles y altamente rentables. (Rapoport)

 Pero, desde fines de los años 70 y principios de los 80, se produjo otro ciclo recesivo mundial, cuando la Reserva Federal, frente a los crecientes déficits fiscales en EEUU, comenzó a elevar las tasas de interés, aumentadas aún más con la llegada al gobierno del presidente Reagan, generó  la crisis de la deuda, primero Méjico, que en un efecto dominó arrastró  al resto de los países. Para octubre de 1983, 27 países que debían U$S 239.000 millones, estaban en vías de reestructuración de sus deudas. De esos países, 16 eran de América Latina, y entre México, Brasil, Venezuela y Argentina, sumaban el 74% de la deuda en reestructuración.
Vuelve a producirse otra vez, como en el siglo anterior, que el aumento de la tasa de interés en los países centrales funcionan como aspiradora de capitales que se van de los países endeudados a las casad matrices, obligando a los países a aumentar  la tasa de interés para retenerlos, esto solo sirve en el corto plazo para  alimentar la especulación. Finalmente  los capitales se marchan y dejan a los países en situación de crisis de balanza de pagos e imposibilitado de afrontar los pagos de la deuda.


2001

Adolfo Rodríguez Saa anuncia en diciembre de 2001 que Argentina suspendería sus pagos a la deuda externa y fue aplaudido en el Congreso Nacional. Pero esto fue el anuncio formal, la culminación de un ciclo acelerado de reformas estructurales y alto endeudamiento externo, durante la década del noventa. En diciembre de 2001 estalla en pedazos el proceso neoliberal, impuesto desde 1976, en medio de una crisis económica y política sin precedentes en la historia argentina, significo la caída del gobierno de De La Rúa y la Alianza, en medio de manifestación sociales en las calles, con una secuela de más de 40 muertos.

Con el regreso de la democracia, Raúl Alfonsín  adoptó en principio una estrategia de confrontación con los organismos internacionales declarando una moratoria unilateral de 180 días de enero a junio de 1984, tratando el gobierno de conformar con otros países latinoamericanos un bloque común para lograr  posicionarse con más fuerza antes los acreedores.
Sin embargo el intento fue en vano, la mayoría de los países de la región no acompañaron la propuesta, pero tampoco contó  con los apoyos y consensos internos. Jaqueado por la presiones del FMI y los grupos económicos concentrados, grandes ganadores de la dictadura,  y presiones desde su propio partido, la UCR, que no coincidían con esa línea confrontativa. Así en 1984 firma el acuerdo con el FMI, sale el Ministro Grispun y asume Juan Sourrouille
El nuevo ministro lanza el Plan Austral, con un cambio de moneda, el austral reemplaza al peso. El plan funcionó   unos tres años hasta que la economía comienza a deteriorarse. Se lanza otro plan, el primavera, con poco consenso. En ese momento la deuda externa había crecido de modo exponencial desde la dictadura, 45 mil millones en 1983  y durante los años de Alfonsín creció hasta los 63 mil millones. El balance de la gestión fue  negativo, híper inflación, caída de la actividad, subsidios a las empresas, déficit fiscal, desbalance comercial, caída del salario, etc, marcaron la época.
La década del 80 es recordada como la década perdida por los países latinoamericanos, la crisis permanente de la deuda y las restricciones externas, el Plan Baker, propuesto por EEUU para la deuda, fue un fracaso, y las políticas de ajustes permanentes provocaran una caída de la actividad generalizada.
Luego de la crisis inflacionaria de 1989 que marcaron el final del gobierno radical, el planteo en cuanto al pago de la deuda pasaba por la privatización de las empresas públicas.
“Si los deudores no podían pagar con divisas, debían hacerlo de otra forma; por ejemplo, privatizando sus empresas públicas y aceptando que los acreedores compensaran el precio, o parte de él, con sus créditos incobrados.”. (Terragno; 2010:).
El nuevo gobierno de Carlos Menem, luego de algunos contratiempos iniciales adopta una visión ortodoxa a partir de la implementación del Plan de Convertibilidad en 1991 el plan Brady (1992), la liberalización del sistema financiero y, fundamentalmente, la privatización de la casi totalidad de empresas estatales.
En  ese marco el proceso privatizador fue central en la renegociación de la deuda externa iniciado en 1990.
En resumen, las privatizaciones propiciaron la realización de asociaciones entre grupos locales, empresas extranjeras, que aportaron tecnología y “know-how” y los bancos extranjeros, que tenían en su poder los bonos de la deuda. El proceso de privatización de las empresas estatales, “fue exitoso”, se logran los objetivos buscados y se produce el traspaso de una gran capital social acumulado por décadas, en muchos casos a precios viles y plagados de corrupción y anomalías.
A partir de 1995 los grupos locales venden su parte en las empresas privatizadas, generando por un  lado mayor desindustrialización y extranjerización de la economía argentina. Las ventas, con ganancias extraordinarias en relación con los precios de iniciales. Así los grupos concentrados se hacen de una gran masa de dólares, que en su mayor parte fue fugada al exterior y otros fueron invertidos en actividades agropecuarias o agro industrias.

Todo este proceso no significó  una disminución de la deuda, por el contrario, la deuda pasó  del 50% del PBI en 1990  al 200%  a fines del año 2000.
El alto nivel de endeudamiento originó la recesión a partir de 1998 y la caída de la convertibilidad y la debacle general de la actividad económica en 2000/1.
En suma, la crisis de 2001, se debió al agotamiento del modelo de acumulación de capital, la paridad ficticia del uno a uno, pudo ser sostenida por el aumento incesante de la deuda externa, que sirvió para proveer de las divisas necesarias para la lógica de la valoración financiera, la especulación y fuga de capitales.
Asimismo, tanto el gobierno menemista como el de la Alianza tuvieron  una responsabilidad central en estas acciones por la ausencia de controles sobre el movimiento de capitales, la falta de políticas productivas a largo plazo y la adhesión acrítica a los programas de “ayuda” y ajuste del FMI. Cuando el FMI y los organismos internacionales dijeron basta y se cortó el ingreso de préstamos, el castillo de la convertibilidad se cayó, dejando más del 50 % de la población por debajo de la línea de pobreza, más de cuarenta muertos en las calles, corolario de la violenta represión a las protestas populares y el default.

Luego de un breve periodo de inestabilidad política asume el gobierno Eduardo Duhalde, este  produjo la devaluación de la moneda y la pesificación de los depósitos en dólares en enero de 2002. Como muestran varios estudios esto produjo una transferencia de recursos y nuevas condiciones para los ganadores de la salida de la Convertibilidad (Castellani y Schorr, 2004). Durante el primer trimestre de 2002 continuó la tendencia de caída del nivel de actividad, sin embargo la llegada de Roberto Lavagna al Ministerio de Economía significó una nueva fase en la reestructuración económica y salida gradual de la situación anterior.

La salida de la convertibilidad puede considerarse el cierre de la "larga década de los noventa" cuyos indicadores sociales evidencian la situación en la que se encontraba la población. Hacia finales del período neoliberal la desocupación se ubicó en torno a al 18 por ciento de la población, la informalidad cercana al 40 por ciento y el índice de Gini registró su peor medición histórica (0,54). La pobreza, por su parte, según algunos estudios alcanzó al 50 por ciento de la población hacia finales del 2001 y comienzos del 2002.

Con la presidencia de Néstor Kirchner  (2003/7)y Lavagna como ministro se inicia un proceso de negociación de la deuda en default. La reestructuración planteaba una quita cercana al 65% y un esquema de pago de servicios atado al crecimiento de la economía. La concreción final del canje de la deuda en 2005 alcanzó al 76,2% con una quita final del 65,6%.
En el marco del proceso de desendeudamiento el 3 de enero de 2006, Néstor Kirchner canceló en un solo pago la deuda que la Argentina mantenía con el Fondo Monetario Internacional por más de 9800 millones de dólares.  Las divisas giradas directo desde las Reservas del Banco Central permitieron, además del ahorro de intereses, cerrarle la puerta a “las intromisiones y exigencias” que imponía la entidad financiera en la economía interna.




La política de desendeudamiento fue central en toda la gestión de Néstor y Cristina Kirchner, llegando a refinanciar el 92 % de la deuda total, quedando un resto en manos de fondos buitres, que no quisieron acordar y llevaron la cuestión a la justicia de Nueva York.

2019

El último default lo generó  la imprudente política de endeudamiento externo llevado adelante por Macri, aprovechando el bajo nivel de endeudamiento heredado de la gestión kirchnerista.
Rápidamente aceptó  un acuerdo ruinoso con los fondos buitres que litigaban en los juzgados de Wall Street el remanente de unos 7000 millones de dólares que quedaron del canje anterior.
Sin discusiones y aceptando todas la condiciones impuestas por los bonista el  macrismo paga más de 16 mil millones de dólares. A partir de ahí inicio una oleada de endeudamiento irresponsable tanto a nivel nacional, como a nivel provincial, es especial  el endeudamiento de la provincia de Buenos Aires, en la gestión Vidal.
Rápidamente  el gobierno argentino empieza a tener dificultades en el sector externo y problema para hacer pagos de la deuda, cuando comenzaron a sonar los timbres de alarma por la situación económica general. Hasta un economista liberal y simpatizante del gobierno salió en todos los medios diciendo coloquialmente  “que esto se va a la mierda”.
Además de la desafortunada gestión de endeudamiento toda la política económica careció de criterio técnico y político, se volvió a las altas tasas de interés, con lo que se ahogó la actividad comercial y se estimuló la bicicleta financiera y la fuga de dólares. Todo esto en el marco de una corrupción generalizada como pocas veces vivió este país.
Ante la crisis inminente Macri acuerda con  el FMI en mayo de 2018, pactando una ayuda económica de  50 mil millones de dólares a cambio de un brutal ajuste en la economía.  Por supuesto como todos los paquetes impuestos por el FMI terminan en un gran fracaso, con una deuda aun mayor y con condiciones sociales y económicas de desastre.
Por supuesto todo este descalabro económico, concretado en solo cuatro años, lo lleva a perder las elecciones primarias, y ahí ya sin poder y sin dólares, el gobierno pretende “re perfilar”, eufemismo de defoltear, la deuda de corto plazo en dólares.
 
Como queda claro en el cuadro anterior, el macrismo aprovechó  el desendeudamiento llevado adelante por Néstor y Cristina Kirchner en el periodo 2003/15.
A fines de 2015, cuando asumió la administración que encabezó Mauricio Macri, la deuda externa bruta en dólares se ubicaba en los US$ 157.792 millones.
La deuda pública total alcanza hoy a  los US$ 323 mil millones, según los últimos datos del Ministerio de Economía. Pero los especialistas destacan que este número dice poco por sí sólo, por lo que hay que compararlo con el tamaño de la economía nacional. Esta deuda representaba a fines de 2019 el 90 % del PBI, el valor mínimo del periodo fue 2011 con el 39 % y el máximo valor fue  2004, ante de iniciarse los acuerdos de canje.
Es decir, la Argentina debe casi el 90%  de lo que se produce en un año en el país.
Deuda que en estos días está siendo negociado por el gobierno de Alberto Fernández, de difícil y complejo proceso.
También como siempre después de una experiencia neoliberal deja una crisis social de magnitudes, en cuatro años se empujó a cinco millones de argentinos a la pobreza y la indigencia, más de la mitad de los chicos que viven en la Argentina son pobres, las tres cuartas parte de los jubilados y pensionados no llegan a fin de mes y tienen que optar entre comprar la medicación o comer. Se han roto cadenas del proceso productivo y distributivo llevando la tasa de desocupación de trabajadores a los dos dígitos.
También es necesario puntualizar que como en casos anteriores la  deuda externa generada en ese periodo solo sirvió para financiar la “timba” financiera que aprovechaba las altas tasas de interés y luego eran apropiado por los mismos bancos y las empresas trasnacionalizadas para su fuga  hacia las “guaridas” fiscales. Algo similar ocurrió, cuando ya el default era evidente, con  los aportes hechos por el FMI, que sirvieron para sostener la campaña de Mauricio Macri y fugar los últimos dólares, antes que el veredicto popular expresado en las primarias pusiera fin a una etapa negra de la historia.
Para completar el cuadro de emergencia social y económica, el mundo sufre una pandemia global, de difícil pronóstico en cuanto al daño que va a causar finalmente. El gobierno está llevando adelante una política sanitaria sensata, que hasta ahora ha dado buenos resultados en término de vidas humanas, pero ya hoy está teniendo un costo alto en lo económico. Pero esta es otra historia.                            

Antonio Muñiz

Apuntes para el día después:

Estado desarrollador y comunidad organizada.

 “Los antiguos proyectos han desaparecido, han fallado. Hay que pensarlo todo de nuevo, y hay que pensarlo entre todos”. “El debate finalmente de estos últimos 30 años no han sido entre escuelas ganadoras o posiciones perdedoras, sino que se ha materializado en la miseria de millones de familias..” Octavio Paz

El covid19, probablemente, va a poner una fecha límite a una etapa de la historia humana, la del predominio del pensamiento neoliberal globalizador,  hegemónico en los últimas cuatro décadas.
Hoy queda claro que el capitalismo en la forma neoliberal monetarista nos conduce a un desastre global. El mundo enfrenta hoy una crisis de múltiples facetas, todas ellas, peligrosas individualmente, pero en conjunto nos llevan a una crisis civilizatoria, que pone en riesgo la vida humana sobre el planeta.
La crisis global ya estaba, la pandemia la puso sobre la mesa. Hoy nadie, o salvo unos pocos lideres mediocres y peligrosos como Trump o Bolsonaro, una cohorte de periodistas y opinologos que hacen uso y abuso de la post verdad para intentar tapar el sol con la mano, niegan la crisis económica global, la situación limite climático ambiental, las guerras localizadas, la depredación de los recursos naturales, la pobreza global, las hambrunas generalizadas, las grandes migraciones hacia los países centrales, la crisis sanitaria, de la cual el covid19 es solo uno de los males, etc. Hay un mundo herido de muerte. Hay que pensar como construimos otro distinto, mejor, más racional, más humano.
Es necesario  abrir un amplio debate sobre lo que viene, sobre qué sociedad y que país queremos construir para las próximas décadas.
Es indudable que la pandemia está barriendo muchos de  los paradigmas que sustentaron la sociedad neoliberal, esta anomia general permite a pensar y soñar alternativas superadoras al “corset” impuesto por el neoliberalismo. Este había intentado clausurar la historia y la política como herramienta de confrontación de ideas e intereses particulares, pero también como herramienta de construcción social.
También es preciso puntualizar,  para no caer en un pensamiento ingenuo,  que difícilmente esta pandemia global ponga por si misma fin al capitalismo. El  capitalismo ha demostrado una capacidad de resistencia y readaptación a lo largo de la historia, que no han mostrado otros modelos económicos y sociales. Por lo que a pesar de su incapacidad para dar respuestas a los problemas que afronta la humanidad, y que es más,  muchos de ellos surgen del accionar del capitalismo neoliberal global en las últimas décadas, este pueda readaptase a las nuevas situaciones sociales y políticas y continuar como modelo vigente.
Si creemos que lo que genera esta situación es una oportunidad para la política y por ende para una construcción social y económica pensada y  regida por la política. Tal vez la gran victoria del neoliberalismo haya sido, y por eso su hegemonía, subordinar la política y lo político al hecho económico. Construyeron un Dios mercado, como árbitro de las relaciones sociales, en detrimento del Estado  y la política.
No es que el neoliberalismo no contenga política, por el contrario el neoliberalismo es una doctrina política y económica de dominación de los pueblos, de penetración imperial, pero también de reformular y re estructurar a la sociedad bajo las premisas de un individualismo extremo, el predominio de los negocios, del capital sobre los otros recursos económicos, el egoísmo como motor de la vida humana y social, de saqueo de los recursos humanos y naturales, etc. Para ello cuenta con una batería de recursos económicos, políticos, militares, culturales, mediáticos y simbólicos para trabajar en la penetración y dominio de la sociedad.
No es que no tenga objetivos políticos, sino que los disfraza detrás de palabras grandilocuentes: libertad, república, democracia, igualdad de oportunidades, meritocracia, etc. Muchas veces palabras con significantes vacíos en una sociedad neoliberal. No hay lugar para esos conceptos en una sociedad fracturada, saqueada, explotada, donde la vida misma no tiene valor, donde todo está subordinado a los negocios y a la maximización y concentración del capital.
Volviendo al tema inicial, la pandemia que aceleró  la crisis del modelo capitalista globalizador, nos da una nueva oportunidad a los pueblos de los países emergentes y a los movimientos populares de cada país.

“Estamos frente a la necesidad de definir una nueva agenda global de desarrollo en su acepción más extensa, es decir, una agenda que contemple los nuevos desafíos políticos, económicos, sociales y ambientales y las prioridades, tanto de los países desarrollados, como de los países en desarrollo; que se requiere de una fortalecida institucionalidad financiera global para enfrentar la crisis; y una arquitectura institucional legítima y representativa, cimentada en un multilateralismo real y efectivo”. “El porvenir de una ilusión”. México, Autores Varios.

En principio es necesario volver a la política, entendida esta como la generadora de poder popular comunitario. La política debe volver al barrio, a la gente, a la fábrica, a la universidad, al contacto directo con el otro. Cuanta más política y más organización, más retroceden los factores de poder que dan sustento al neoliberalismo. Los neoliberales aborrecen la política y al Estado, por eso lo demonizan y menoscaban. Porque son las dos herramientas que tienen los pueblos para alcanzar su autodeterminación.
Para pensar y tener oportunidad de construir otro mundo, es necesario empezar desde abajo, recatar la política como herramienta de lucha, ir por el Estado, reconstituirlo y ponerlo al servicio de los sectores nacionales y populares, construir comunidad, la comunidad organizada que definió Perón y que hoy levanta el Papa Francisco. Construir comunidad significa una sociedad de hermanos, unida por lazos culturales, históricos, religiosos, orientada al bien común, al respeto por el otro, donde predomine el nosotros sobre el yo individual.

En un proyecto político emancipador como el que queremos lleva adelante es  necesario entender como lo definió claramente Perón, que,  que la política, “…. es construcción de relaciones de fuerza, implica oposiciones, voluntades que se enfrentan, que se asocian, que disputan la apropiación de recursos materiales y simbólicos. Es conflicto, es contradicción, pero es también la capacidad de aunar y conducir fuerzas diversas”.

Que hay que tener muy claro los objetivos, conocer la sociedad y la realidad donde nos movemos, conocer al enemigo y  reconocer en nosotros mismos nuestras fuerzas y debilidades, para generar una estrategia y una táctica, o sea los pasos a dar cada momento. Con prudencia, pero sin cobardía, con audacia pero sin locuras adolescentes, midiendo las correlaciones de fuerza pero con el coraje  suficiente, como lo muestra la historia, para avanzar más allá de las limitaciones que nos fija la coyuntura.

Decimos esto porque la situación que debemos  enfrentar en lo económico, en lo político y en lo social es compleja y difícil de resolver. Sobre la herencia nefasta que dejó  el gobierno macrista , hay que agregarle, la plaga de la pandemia de covid19,  cuyos efectos finales sobre nuestro país y sobre el mundo son difíciles hoy de pronosticar.
Por lo expuesto queda claro que el gobierno enfrenta tres temas cruciales, la herencia de pobreza y marginación de un sector importante de la población, agudizado por los efectos de la pandemia sobre la salud pública y la economía real  y la renegociación de la deuda externa. Puede apreciarse que el gobierno está trabajando en estos tres temas con criterio y prudencia y desde allí el amplio consenso con que cuenta hoy.
Sin embargo esta tarea y la profundidad de la crisis, no es óbice para no encarar rápidamente medidas de corto y mediano plazo que hagan sostenible en el tiempo las políticas actuales y puedan ir generando el escenario para futuras transformaciones estructurales.
Es fundamental avanzar en políticas de concertación popular, generación y ampliación de consensos, a través de mecanismos de participación popular. El peronismo cuenta en su haber amplia experiencia en la creación de participación, discusión y planificación de la acción de gobierno. Como ejemplo podemos citar el Consejo Nacional de Post guerra (1944), motor de las transformaciones llevadas adelante por los primeros gobiernos de Juan D. Perón.
Ampliar la democracia, avanzando en los conceptos de democracia directa y democracia social, construyendo desde abajo, desde los consejos de cada comunidad, donde se expresen todos los sectores y organizaciones que la componen. De esa estructura de base ir subiendo en la escala  en  complejidad organizativa hasta llegar  a un Consejo Nacional, donde se expresen la cámaras empresaria, los sindicatos, las universidades, las iglesias, y todas las organizaciones libres del pueblo y por supuesto el Estado. Esta concepción de comunidad organizada no va en contra de las instituciones que dan forma al entramado constitucional de gobierno, ni va en contra del Estado. Sino por el contrario lo potencian, al aumentar el consenso social crece la base de sustentación y por ende da más fortaleza al Estado en su accionar.

Un pueblo organizado y movilizado, consciente de sus derechos, es la mejor herramienta en un gobierno con orientación nacional y popular.

Este modelo neoliberal imperante en Argentina durante 40 años  ha llevado a la economía hacia un proceso de ajuste “estabilizador” casi permanente, que  nunca resolvió el tema inflación pero si  ha originado la primarización y concentración de la economía,  la destrucción de la industria buscada elevó  los índices de desocupación, pobreza y marginalidad. Para tener una idea del retroceso argentino es necesario recordar que en 1976 argentina tenía un índice de pobreza del 6% , hoy 40 años después tenemos más del 40 % de la población en situación de pobreza e indigencia. Cualquiera de los índices económicos que se busque para analizar el periodo 1976/2020 muestra este nivel de deterioro. Argentina pasó  de ser un país que aceleramente iba hacia el desarrollo, con una alta inclusión social a un país sub desarrollado, con índices de pobreza y exclusión que se parecen a los del cuarto mundo.
También es justo reconocer que la experiencia de reindustrialización  llevada adelante en el periodo 2003/15, si bien relativamente exitoso en sus primeras etapas chocó luego con limitaciones  estructurales, como en un agotamiento del sector externo y la falta de dólares para financiar la expansión industrial.

Romper con los paradigmas del pasado.

Ante las experiencia del pasado urge un cambio de paradigmas, un pensar y  trabajar un nuevo modelo de desarrollo y un  nuevo Estado, que tenga un rol dinamizador, que sea articulador de los recursos de la comunidad, que motorice los planes y acciones que surjan de los ámbitos de planificación participativa.
En este nuevo orden a construir en importante trabajar esta doble cara de la misma moneda. La necesidad de un estado nacional fuerte que pueda   administrar las convulsiones económicas, políticas y ambientales globales y, a su vez conducir las fuerzas económicas, los grupos sociales, los recursos y las políticas hacía un desarrollo autónomo pero a la vez inclusivo.
No se trata de volver a recetas del pasado. No se trata de volver al Estado centralizado y conducido por burócratas, pero tampoco a utopías o soluciones  “mágicas” de una mano invisible que regule los mercados.
Por ello nuestro planteo tiene que ver con volver a la tradición y prácticas de nuestro pueblo, hacer una nueva síntesis conceptual y de experiencias, una puesta al día alumbrada por la historia para generar nuevos cauces para un proyecto de desarrollo industrial con inclusión social y consolidación democrática, donde sea la comunidad a través de los organismos participativos, a los que hacíamos referencia más arriba,  los que marquen los objetivos y las estrategias y  sea el Estado quien lleve adelante su implementación.

Para precisar algunos conceptos,  Celso Furtado señala de manera breve y clara lo que supone la tarea del desarrollo: “Lo que caracteriza al desarrollo, es el proyecto social subyacente (...) Cuando el proyecto social da prioridad a la efectiva mejora de las condiciones de vida de la mayoría de la población, el crecimiento se convierte en desarrollo. Pero este cambio no es espontáneo. Es fruto de la expresión de una voluntad política”.

Y precisando el concepto que esbozamos como Estado Desarrollador (1):
“No es equivocado afirmar que el modelo de desarrollo asiático oriental se inventó en los Estados Unidos. Su elemento central es el concepto del Estado desarrollador… Fueron América y Hamilton quienes inventaron la idea, implementada al final del Siglo XIX por la Alemania de Bismarck, trasplantado a Asia oriental por Japón, adoptada por Corea y luego con variaciones importantes a gran escala por China. Este modelo ha aportado crecimiento económico rápido y desarrollo transformador”. Cohen, Stephen S. y DeLong J. Bradford.

Nos parece necesario puntualizar también  que la globalización es un fenómeno de muy diversas facetas siendo el económico uno de ellos. En ese sentido la ideología neoliberal es un jinete que se montó sobre el cambio tecnológico originado en los ochenta. Lo que hoy está en crisis y en discusión es la expresión del capitalismo post moderno, el liberalismo económico en su versión monetarista y su forma de acumulación del capital: la maximización de las utilidades, le depredación del medio ambiente, el saqueo de los pueblos y su sumisión al orden imperial vigente.
Por ende hay que seguir pensando en un mundo inter relacionado, Stiglitz  nos dice “que nos guste o no, la humanidad permanecerá conectada globalmente, enfrentando problemas comunes”.
Existen problemas globales que requieren repuestas globales.
Por ello no se trata de construir un proyecto cerrado y autónomo total, sino de pensarnos como nos sumarnos a la globalización, pero como sujetos soberanos y no como hasta ahora como países coloniales.
En ese sentido el mundo multilateral que se avecina, donde la hegemonía estará expresada en tres o cuatro grandes bloques continentales, nuestra ubicación y nuestro destino será inexorablemente constituir un gran bloque sudamericano: No hay posibilidades de construir proyectos soberanos para los países de la región sin un gran acuerdo de integración económica y política.
Seguramente muchas de las ideas aquí esbozadas parecerán “política ficción”, dada la realidad compleja que hoy enfrenta el mundo y sobre todo nuestra región.
Sin embargo pensar lo impensable supone abrirse a escenarios nuevos y abiertos.

“Solo la imaginación, la audacia y el sueño permiten tantear y anticipar lo que por definición es siempre inesperado”. Rafael Poch de Feliu

(1)  Para una mayor exposición de la idea de Estado desarrollador ver: http://motoreconomico.com.ar/opinion/el-estado-desarrollador  o http://causapopularynacional.blogspot.com/

Antonio Muñiz
Mayo 2020

La historia no se rinde.


“En un país colonial las oligarquías son las dueñas de los diccionarios.” John William Cooke.

Una vez más vemos al aparato mediático cultural de la derecha argentina en pleno desarrollo , superados los primeros meses del gobierno de AF , han puesto en marcha toda su artillería para desgastar la gestión de gobierno y la figura presidencial, que hoy goza de amplio apoyo popular. 
En estas semanas  los centros de  trolls de Macri y Marcos Peña Braun están trabajando activamente  en las redes en la desestabilización de un gobierno que asumió hace poco más de cuatro meses, en medio de una crisis económica heredada por las  erradas y corruptas políticas económicas del gobierno anterior, pero agravadas por una pandemia global de difícil pronóstico.   
Por supuesto que sobre estas campañas en la redes se montan y lo hemos visto claramente en la últimas semanas una brutal campaña de instalar un “periodismo de guerra”, por parte de las empresas mediáticas a través del “periodismo mercenario”. Estas acciones  están destinadas  a movilizar el odio, siempre presente de las clases altas hacia el peronismo, a través de la mentira descarada, la notica absurda, la manipulación de información, la calumnia y la difamación. Para ellos, en esta campaña todo “vale”.
Como ejemplo  se ve como en un discurso común y pautado, en  distintos medios y con  distintos voceros se ha hecho campaña por la rebaja del salario y el gasto político, boicot a la medidas de aislamiento social por la pandemia del Covid19, privilegio de los negocios de los grandes empresarios en detrimento de la salud de la población, campaña contra el acuerdo por la deuda, han instalado un mensaje contra los intereses del país, y que sirve solo a los acreedores, han instalado un miedo, a través de la mentira, al default, cuando este ya existe de hecho desde el gobierno anterior, y por ultimo hasta hoy , en una brutal y despiadada campaña basada en las  más descaradas “fakenews” han motorizado una jornada de protesta y caceroleo contra una supuesta liberación masiva de presos comunes.
Todo esto tiene un objetivo destinado a preservar las instituciones jurídicas e ideológicas que hacen a su dominio y control social, a sus intereses y privilegios de clase, a sus negocios de apropiación de la renta nacional, buscando un gobierno débil y dócil que no avance en políticas distributivas, ni en la investigación judicial de los negociado e ilícitos ocurridos en el lustro anterior. En este caso, sobre todo, el endeudamiento y la fuga de capitales, donde están todos involucrados.  
No es casual, que ante la popularidad creciente del AF, debida a un manejo racional y prudente de la crisis sanitaria y económica, y exactamente cuando este lanza la idea de cobrar un impuesto patriótico a los empresarios más ricos del país,  Estos y los aparatos que los sirven le hayan declarada la guerra.
Este fenómeno no es nuevo, ni se circunscribe solo a nuestro país, es una técnica que se usa a nivel mundial y que ha ido perfeccionando desde hace varias décadas, desde la masificación de la prensa escrita, la radiofonía la televisión después y ha llegado al paroxismo con internet y el desarrollo de las redes sociales.
Por un lado negar el poder comunicacional de estas operaciones es suicida para un gobierno que es acosado por ese poder. Particularmente cuando ese proceso tiene una lógica de penetración y dominación imperial y cuando la conducción tiene un pensamiento duro, ideológico y autoritario, que tiene en Trump y Bolsonaro como expresiones, y en Macri, Peña, Bullrich, Magnetto y Rocca, etc, como voceros de ese pensamiento neoliberal dependiente en Argentina.

Colonización, miedo y dominación:

Por el otro hay algo más profundo donde estas campañas encuentran suelo fértil para sembrar ya alcanzar sus frutos.
Hay un “inconsciente colectivo”, un “sentido común” colonizado, que va siendo construido desde la escuela primaria hasta la universidad, desde la cultura, los medios y los opinadores profesionales, periodistas, escritores, etc, que van sembrando las bases de un pensamiento acrítico y dependiente.

Ya Jauretche escribió y describió los mecanismos de penetración cultural de los intereses del imperialismo y el liberalismo como doctrina política y económica del establishment.
Como este construye una superestructura cultural,  una “intelligentzia”, que da soporte a una colonización cultural y pedagógica, que moldea una ciudadanía, que denosta lo propio y admira lo extranjero, sobre todo lo europeo. Construye un país sin pasado, un pueblo sin historia, que adopta categorías e ideas  acríticamente y fomenta un modo de pensamiento importado desde Europa. Esta construcción de un “sentido común”,  expresa una incapacidad para comprender lo propio.  Construye una conciencia nacional atrofiada, que expresa los intereses de una minoría social determinada, aliada a los intereses del imperialismo de turno, ayer inglés y hoy yanqui.  Oculta el pasado de nuestro pueblo, heterodoxo, complejo, bárbaro y contradictorio,  constituido  por la tradición indo-hispano-criolla  más las  corrientes inmigratorias, en una nueva síntesis americana.
“Es así como la mente humana en nuestros días se ha convertido en el botín más preciado del poder manipulador. Por eso, colonizar la mente se presenta como una práctica atractiva para ejercer desde el descuido ajeno un poder devastador y alienante mediante el debilitamiento generado por la sumisión de individuos, comunidades y grupos que carecen de recursos psico-emocionales para pensar con autonomía.” Nora Merlín.

“Somos al fin y al cabo, hijos de ella (de la colonización pedagógica) y nuestras realizaciones materiales sólo se asentarán sobre terreno firme si se integran a los factores culturales propios, porque la liberación del país sólo será medida por la liberación de los espíritus, cuando esto se asiente sobre la realidad del país tal como es, hoy y aquí". Arturo Jauretche.  Los Profetas del Odio y la Yapa. La colonización pedagógica.

Antonio Gramsci escribió también  sobre el tema y marcó  la importancia de la lucha cultural en la política. Resumiendo su pensamiento, la lucha cultural es una batalla por lo que él denominó  “sentido común”. Este se constituye como  un territorio siempre en disputa, atravesado por las viejas ideas, costumbres, paradigmas  y prácticas, todas,  escombros del pasado, pero también por las nuevas ideas, los nuevos vientos que se van generando en toda época y sociedad.
El que triunfe en esta lucha, lograra la hegemonía, impondrá su pensamiento y por ende sus intereses sobre los otros.
En las últimas décadas han aparecidos otros actores como los grandes medios de comunicación audio visuales y las redes sociales, que se han convertido en generadores de un pensamiento único, imponiendo los valores del neoliberalismo globalizador.  La hegemonía cultural del neoliberalismo ha convertido al egoísmo del individuo en una  ideología  política, económica y social.   No hay sociedad, decía Thatcher, solo hay individuos.
Imponen  una lógica de pensamiento único, la primacía del egoísmo y el sálvese quien pueda, en el odio por el otro, el distinto, el enemigo. Es una ideología que se basa en el odio, pero a su vez en el miedo.
Es que en las sociedades modernas es posible el control social sin recurrir al discurso del miedo.
Siempre  el temor siempre ha sido un recurso eficaz  de dominio y hoy más, ya que es un factor central para el control social e  ideológico.
 Si el comunismo, la subversión, etc,  desaparecieron como enemigos, en el imaginario colectivo, han sido reemplazados por los pibes chorros, el narco menudeo, los musulmanes, el terrorismo, el narcotráfico, el populismo, los pobres,  los inmigrantes, etc.
La sensación  de inseguridad es en la actualidad una construcción desde los medios, y se traduce  eficazmente en fobia a los pobres y por ende hacia los sectores populares. Se trata, por supuesto de una construcción mediatizada y estereotipada, el “pibe chorro” con gorrita, el “planero”, que no quiere trabajar y hay que mantener con nuestros impuestos, el  migrante de países de la región “que viene a robar”, que nos saca nuestro trabajo y al que hay que darle servicios  básicos, y que como un latiguillo hay que sostener “con nuestros impuestos”, etc, etc.
La imposición del liberalismo como pensamiento único y el triunfo final del capitalismo como el final de la historia, marcó  un vacío en la política. Sin disputa ideológica, la política pierde dinamismo e iniciativa y pasa a ser un espectáculo más, una herramienta más al servicio del mercado y los negocios.
No es casual el horror de neoliberalismo hacia la política. Porque siempre  “la política es la herramienta que tenemos los pueblos para cambiar la sociedad en la que vivimos”, decía German Abdala.
Se demoniza  la política, el rol del Estado,  la intervención en la economía y todo lo nacional y popular. Se trata de colonizar nuestra subjetividad.  Nos quitan nuestro pensamiento crítico, no roban nuestra historia, rompen con nociones básicas como patria, derechos sociales y humanos, el respeto por el “otro”, el prójimo. Así  un pueblo sin historia y sin patria es fácil presa del imperialismo de turno.

El crisis  y la oportunidad de construcción de un contra poder popular.

De la experiencia histórica y la evidencia disponible se desprenden algunas conclusiones, por lo menos para Argentina y los países de la región:
1)      Que la democracia se convertirá cada vez más en una ficción en la medida que se continúe con la concentración de los medios de prensa gráfica, audiovisuales, internet y redes en manos de empresas extranjeras y/o capitales  provenientes de las oligarquías locales, asociadas ideológicamente y por negocios con los intereses del imperio. 
2)      Que lo mismo sucederá mientras internet siga controlada por Estados Unidos y dominada por las gigantescas corporaciones Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft.
3)      Que es necesario desde las organizaciones y partidos populares intentar  democratizar el acceso a la información, des monopolizar  la producción y difusión de la información,  reconstruir una cultura nacional con base en la cultura popular y una pedagogía que trasmita los valores de la comunidad destinada a mejorar las condiciones de vida de los sectores populares
4)      Que es necesario construir un pensamiento crítico, basado en los propios  intereses, tradición, conocimientos e historias nacionales, desmontando todo el aparato cultural construido por el pensamiento neoliberal dependiente. 
5)      Que es necesario en un proceso como al que aspiramos una fuerte inversión de recursos públicos y privados para el desarrollo tecnológico que permita a nuestros pueblos un salto cualitativo y sumarnos a la próxima revolución industrial que se avecina, basada en las nuevas tecnologías de la información. Pero desde un desarrollo propio y no como hasta ahora, dependiente y subalterno.

Este pequeño y modesto programa parecería imposible de lograr ante el poder brutal que tiene hoy el aparato político, económico y cultural del imperio y sus socios locales, sin embargo la historia continua y nos está dando una nueva oportunidad
El covid19 rompió todos los paradigmas sobre el que se basaba la sociedad neoliberal. El mercado mostró  su impotencia ante la pandemia global. Los mejores alumnos del modelo neoliberal son hoy las víctimas de la catástrofe de la epidemia, Europa, EEUU, Brasil, etc. Liderazgos mediocres, prejuicios ideológicos, ignorancia y una lógica, subyacente en el neoliberalismo, de la primacía de la ganancia del capital sobre la vida nos llevan a esta situación extrema.
Esto da una oportunidad para las fuerzas populares, es posible desde el campo popular dar una batalla, sabiendo que se está en minoría, no de voluntades, sino de fierros, pero que es posible reorganizar y reorientar las luchas  de la ciudadanía en torno a actos de afirmación, resistencia y lucha.
Los movimientos populares, sobre todo en Latinoamérica, deben encarar una acción política transformadora, de potenciar las contradicciones que sufre el sistema mundo, ir construyendo ideas, experiencias y modelos alternativos, ir generando desde abajo, una contrapoder que cuestione el orden vigente  y cimente un nuevo sentido común hegemónico. Es fundamental en ese terreno avanzar  sobre la conquista del Estado. El Estado es la herramienta de liberación de los pueblos.

Perón sostenía que,  que la política, “…. es construcción de relaciones de fuerza, implica oposiciones, voluntades que se enfrentan, que se asocian, que disputan la apropiación de recursos materiales y simbólicos. Es conflicto, es contradicción, pero es también la capacidad de aunar y conducir fuerzas diversas”.

"Debemos comprender que la acumulación política se da en el terreno cultural, y que la producción simbólica –así como la generación de subjetividades que ella modula, para usar terminología en boga– requiere ser tomada en consideración como un eje estratégico para el desarrollo del proyecto político que pueda integrar a la Argentina sobre sí misma, saldando la brecha heredada de dos siglos de centralismo, como hacia una América Latina que reclama que nos hagamos cargo del papel que nos corresponde en la historia." Federico Escribal. Políticas Culturales De Estado Para La Reconstrucción De La Argentina
Creo que esta frase marca uno de los ejes centrales de la lucha política actual. Es difícil porque "ellos" tienen los fierros, pero hay que darla porque es la madre de todas las batallas.

Antonio Muñiz
Mayo 2020


Foro en defensa del Proyecto Nacional y Popular

El Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, fue el invitado especial del primer Foro en Defensa del Proyecto Nacional y Popular, que contó con más de 250 militantes.