Seguridad, territorio y soberanía

 Propuesta para el debate público: diagnóstico y líneas de acción para una seguridad democrática y comunitaria

ANTONIO MUÑIZ -   

Introducción: la seguridad en el centro de la disputa continental
Propósito y tesis


1. Marco conceptual

Cuatro dimensiones del problema

Dimensión

Qué incluye

Qué registra la estadística

Qué queda fuera

Instrumento principal

Violencia letal

Homicidios, heridos por arma de fuego, tiroteos

Está bien registrada

Las amenazas y la intimidación previas

Persecución focalizada de grupos violentos y control de armas

Delito predatorio

Arrebatos, robo de celulares, hurtos menores, robos en la calle y en el transporte, entraderas, robo de motos y bicicletas

Solo los hechos denunciados

La mayoría de los hechos, que no se denuncian

Prevención situacional, policía de proximidad y recuperación del espacio público

Fraude a distancia y ciberdelito

Estafas telefónicas y virtuales, cuento del tío, falsos secuestros, robo de cuentas, vaciamiento de billeteras virtuales, extorsión digital

Una fracción: el SNIC recién comenzó a desagregarlo

La mayoría de los intentos y muchos hechos consumados, por vergüenza o resignación

Fiscalías especializadas, rastreo de las cuentas receptoras, corte de las comunicaciones desde las cárceles y prevención

Economías ilegales y gobernanza criminal

Narcotráfico, narco menudeo, préstamos usurarios, extorsión, control de horarios y de circulación

Casi nada, porque no hay víctima que denuncie

El poder territorial de las organizaciones

Inteligencia financiera, Estado integral y comunidad organizada


Conceptos que orientan la propuesta
2. Diagnóstico: un mínimo histórico con profundas desigualdades

Indicador

Valor

Fuente

Tasa de homicidios dolosos en 2002 (pico de la serie)

9,5 cada 100.000

Observatorio de Seguridad Ciudadana

Tasa de homicidios dolosos en 2023

4,4 cada 100.000

SNIC

Tasa de homicidios dolosos en 2025

3,6 cada 100.000

SNIC

Variación de los robos entre 2024 y 2025

−21,2%

SNIC

Estafas y defraudaciones asistidas virtualmente en 2025

50.155 hechos (+2,5%)

SNIC

Estafas y defraudaciones tradicionales en 2025

72.953 hechos

SNIC

Estafas virtuales en la provincia de Buenos Aires en 2025

9.594 hechos (+52,2%)

SNIC

Ciberdelitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes

1.380 víctimas en 2023, 848 en 2024 y 1.476 en 2025 (+74,1% interanual)

SNIC

Denuncias por ciberfraude en la Ciudad de Buenos Aires

38 en 2020; más de 2.400 en 2025

Ministerio Público Fiscal de la Ciudad

Líneas de celular registradas para detenidos en cárceles bonaerenses

Cerca de 49.000

Datos del Servicio Penitenciario Bonaerense difundidos por la prensa

Tasa de 2025 en Neuquén (la más alta)

5,7 cada 100.000

SNIC

Tasa de 2025 en la provincia de Buenos Aires

4,4 cada 100.000

SNIC

Tasa de 2025 en Corrientes (la más baja)

0,9 cada 100.000

SNIC

Homicidios en el departamento Rosario (2023, 2024 y 2025)

262, 91 y 115

Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe

Cinco lecturas de los datos
El delito cotidiano: arrebatos, robo de celulares y hurtos menores
La industria del fraude: estafas telefónicas y ciberdelito

Eslabón

Cómo funciona

Dónde intervenir

Datos

Compra de bases de datos personales filtradas o vendidas en canales de mensajería y uso de la información expuesta en redes sociales

Protección de datos personales, persecución de la venta de bases y obligaciones de seguridad para empresas y organismos

Comunicación

Centros de llamadas improvisados, muchos de ellos dentro de las cárceles, con teléfonos, chips y conexiones obtenidos de forma legal o ilegal

Control de las comunicaciones carcelarias, baja de líneas no autorizadas y responsabilidad de las empresas de telefonía en la activación de chips

Cobro

Cuentas “mula” de terceros que ceden sus claves, billeteras virtuales, CVU y retiros en efectivo

Bloqueo inmediato de las cuentas receptoras, controles de apertura en bancos y billeteras, y persecución de quienes alquilan sus cuentas

Lavado y protección

Fraccionamiento de fondos, criptoactivos, circulación de efectivo y complicidad de personal penitenciario o policial

Inteligencia financiera, auditoría de los servicios penitenciarios y sanción efectiva de los funcionarios involucrados


3. Economía criminal y gobernanza territorial
La cadena de valor del narcotráfico
Evidencia desde el territorio

Los mecanismos de la gobernanza criminal

4. Balance crítico de la doctrina de "Seguridad y Orden"
Lo que corresponde reconocer
Los límites estructurales
5. Autocrítica del campo nacional y popular
Un error de diagnóstico
Las víctimas son los sectores populares
Una lucha entre pobres
Reformas sin continuidad
Una obligación política
6. Principios y ejes de propuesta
Principios rectores
Eje 1. Conducción civil y reforma policial
Eje 2. Persecución del dinero criminal
Eje 3. Soberanía logística
Eje 4. Territorio con Estado integral
Eje 5. Desarme
Eje 6. Reforma judicial con control social
Eje 7. Cárceles
Eje 8. Información y evaluación
Eje 9. Fraude a distancia y mercados de lo robado

7. Consejos Comunales por la Seguridad
Por qué la comunidad
El antecedente de los Foros de Seguridad
Organización

Nivel

Integración

Funciones

Consejo barrial

Vecinos elegidos en asamblea; clubes, escuelas, iglesias y templos, centros de salud, comedores, cooperativas y comercio local

Diagnóstico, mapa de riesgo, plan barrial trimestral y recuperación del espacio público

Consejo municipal

Delegados de los consejos barriales, municipio, fiscalía y jefatura policial del distrito

Plan local de prevención, seguimiento de resultados y asignación del presupuesto

Mesa provincial

Representantes municipales, Ministerio de Seguridad, Defensoría del Pueblo y universidades nacionales

Evaluación, estándares comunes, formación y financiamiento

Facultades
Garantías
Instrumento legal
8. Hoja de ruta, financiamiento y evaluación
Etapas
Financiamiento
Indicadores de evaluación

Indicador

Qué mide

Fuente

Tasa de homicidios y de heridos por arma de fuego por barrio

Violencia letal

SNIC y observatorios provinciales

Tasa de victimización de los hogares

Delito real, denunciado o no

Encuesta nacional de victimización

Proporción de delitos denunciados

Confianza en las instituciones

Encuesta nacional de victimización

Personas que evitan circular de noche en su barrio

Recuperación del espacio público

Encuesta nacional de victimización

Jóvenes de 14 a 25 años incluidos en programas de empleo y educación en los territorios prioritarios

Prevención del reclutamiento

Programas nacionales y provinciales

Activos decomisados y su destino

Persecución del dinero criminal

Ministerio Público y UIF

Consejos Comunales activos y planes barriales cumplidos

Participación comunitaria

Mesa provincial

Estafas telefónicas y virtuales denunciadas y fondos recuperados

Fraude a distancia

SNIC, UFECI y ministerios públicos

Robos de celulares y equipos bloqueados por IMEI

Delito cotidiano y mercado de reventa

SNIC y ENACOM

Tiempo promedio de resolución de las causas penales

Eficacia judicial

Poder Judicial y Ministerio Público

Proporción y duración de la prisión preventiva

Cumplimiento de los plazos legales

Servicios penitenciarios y Procuración Penitenciaria



9. Debates abiertos
Conclusión

La inseguridad se ha convertido en uno de los ejes de la agenda política latinoamericana. Define elecciones, reordena coaliciones y sirve de fundamento a giros políticos de fondo en buena parte del continente.

En Chile, José Antonio Kast ganó la segunda vuelta de diciembre de 2025 con el 58,61% de los votos, en una campaña en la que la seguridad y la migración desplazaron a todos los demás temas. Su programa incluyó el despliegue del Ejército en barrios con alta criminalidad, un muro en la frontera norte y la expulsión de los migrantes en situación irregular.

En Brasil, la primera vuelta del 4 de octubre de 2026 dejó a Flávio Bolsonaro adelante, con el 47,11%, frente al 45,07% de Lula da Silva. Ambos se enfrentarán en el balotaje del 25 de octubre. Según la consultora Quaest, la violencia es la principal preocupación del 31% de los brasileños, por encima de la economía. El candidato del Partido Liberal propone declarar narcoterroristas al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho, construir cárceles inspiradas en el modelo salvadoreño y bajar a 16 años la edad de responsabilidad penal para ciertos delitos.

Estos procesos no ocurren en el vacío. Desde febrero de 2025, Estados Unidos designó como organizaciones terroristas a 21 cárteles y pandillas de la región, entre ellos las dos organizaciones brasileñas mencionadas. En la Asamblea General de las Naciones Unidas de septiembre de 2026, el presidente Donald Trump afirmó que esa designación habilitó a sus Fuerzas Armadas a actuar para eliminarlas. En paralelo, quince gobiernos, Estados Unidos y el argentino entre ellos, firmaron en el marco del Escudo de las Américas una declaración para actuar en conjunto contra 24 organizaciones calificadas como narcoterroristas, y Washington redirigió 52 millones de dólares de ayuda militar a Colombia, Ecuador, Perú y Panamá con ese propósito. En Brasil, Trump calificó la elección como muy importante para su país, y la campaña de Lula pidió investigar una posible interferencia externa.

Para esta propuesta la noción de "narcoterrorismo" funciona como una doctrina política antes que como una categoría técnica. Al transformar un problema social y criminal en una guerra, habilita la militarización de la seguridad interior, la intervención externa y la restricción de derechos. Su efecto es regresivo: desplaza el debate sobre la desigualdad, el empleo y el papel del Estado, y alinea a los países de la región con una agenda definida en Washington. Los grandes medios de comunicación, con una cobertura centrada en el miedo, contribuyen a instalar ese encuadre.

Sin embargo, esa estrategia es eficaz porque se apoya en una realidad. El miedo de los sectores populares no es una invención mediática. Es la experiencia cotidiana de millones de personas que no pueden circular de noche por su barrio, que ven cómo las bandas reclutan a sus hijos que pierden en un arrebato el sueldo del mes o, en una llamada telefónica, los ahorros de toda una vida. La derecha avanza sobre un vacío que el campo popular dejó abierto.

El desafío, entonces, no consiste en negar el problema, sino en disputar su interpretación y su solución. Este documento quiere contribuir a esa tarea.

El objetivo de este documento es aportar al debate de la sociedad. No se trata de un programa cerrado, sino de una invitación a organizaciones sociales, sindicatos, universidades, iglesias, clubes, comerciantes y fuerzas políticas a discutir la seguridad con seriedad y sin demagogia.

Nuestra tesis central es que la seguridad no se resuelve con más patrulleros ni con más mano dura, sino reconstruyendo la comunidad, recuperando el espacio público y desarmando la economía criminal que hoy ordena la vida de muchos barrios.

Tres ideas organizan el análisis. La primera es que la inseguridad es, ante todo, un problema de los sectores populares: son sus principales víctimas y quienes menos recursos tienen para protegerse. La segunda, que el problema cambió de naturaleza: pasó del delito disperso a economías criminales capaces de regular la vida cotidiana de un territorio y a verdaderas industrias del fraude que operan a distancia, con infraestructura, logística y protección. La tercera, que la respuesta exige un Estado integral y una comunidad organizada: conducción política civil de las fuerzas, persecución del dinero criminal, soberanía logística, una justicia que aplique las leyes vigentes en tiempo y forma bajo control social, y Consejos Comunales por la Seguridad como eje articulador.

Partimos de un dato que conviene reconocer: los delitos violentos en la Argentina se encuentran en su mínimo histórico. Ese dato no invalida la preocupación social, pero sí permite ordenarla. Existe hoy una oportunidad para actuar antes de que la economía criminal escale, como ocurrió en otros países de la región.

La seguridad es un derecho social, no un servicio que se compra ni un privilegio de quien puede pagar vigilancia privada. La Ley 12.154 de la provincia de Buenos Aires ya define al pueblo como sujeto fundamental de la seguridad pública. Este documento retoma ese principio y propone llevarlo a la práctica.

Hablar de "inseguridad" en singular genera confusión. Bajo ese nombre conviven al menos cuatro fenómenos distintos, con causas e instrumentos de abordaje diferentes.

Llamamos gobernanza criminal a la situación en la que una organización regula la vida de un territorio: decide quién circula y a qué hora, presta dinero, resuelve conflictos y recluta jóvenes. En esos casos, el crimen no solo altera el orden, sino que lo sustituye.

Llamamos industria del fraude a las organizaciones que convierten la estafa a distancia en una actividad estable y escalable: compran datos personales, operan centros de llamadas, administran redes de cuentas de terceros para cobrar y cuentan con protección para sostener el negocio. A diferencia del estafador aislado, su ganancia depende del volumen y de la impunidad, no del golpe individual.

Entendemos por seguridad democrática la combinación de conducción política civil de las fuerzas, respeto de los derechos y eficacia medible. Este enfoque rechaza la falsa opción entre garantismo – mano dura.

La prevención opera en tres niveles que se refuerzan entre sí: el situacional (iluminación, espacio público, transporte), el social (escuela, empleo, salud) y el comunitario (organización y lazos entre vecinos). Ninguno alcanza por sí solo.

Proponemos, además, una persecución penal inteligente, que concentre la capacidad del Estado en las organizaciones, sus jefes y su dinero, y no en el último eslabón, el más débil y más fácil de reemplazar.

Por último, llamamos legalidad efectiva al cumplimiento real, en tiempo y forma, de las normas vigentes. El problema argentino no es la falta de leyes, sino la distancia entre lo que la ley dispone y lo que el Poder Judicial efectivamente hace.

La violencia letal en la Argentina se encuentra en su nivel más bajo desde que existen registros. Según el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), en 2025 hubo 1.676 víctimas de homicidio doloso, lo que equivale a una tasa de 3,6 cada 100.000 habitantes. Según datos preliminares presentados por el Ministerio de Seguridad Nacional, la tendencia continuó en el primer trimestre de 2026, con una baja interanual cercana al 15%.

La primera es que la tendencia es larga y responde a múltiples causas. La violencia letal desciende desde 2002, a lo largo de gobiernos de distinto signo, y en ese recorrido influyeron la estabilidad económica relativa, los cambios demográficos, la mejora de los registros y las políticas de cada etapa. Atribuir el resultado a una sola gestión es más propaganda que análisis.

La segunda es que el promedio oculta una fuerte desigualdad territorial. Una tasa nacional de 3,6 convive con provincias que la superan en más de un 50% y con barrios del conurbano donde la violencia se concentra en unas pocas manzanas. La inseguridad se distribuye, como la pobreza, de manera desigual.

La tercera es que Rosario demuestra que la violencia puede reducirse. El departamento pasó de 262 homicidios en 2023 a 91 en 2024 y, según la propia ministra de Seguridad Nacional, la clave fue la articulación entre la Nación, la provincia y el municipio. El aumento a 115 homicidios en 2025 advierte, a la vez, que los resultados no son automáticos ni definitivos.

La cuarta es que la estadística no capta lo que más pesa en la vida cotidiana. La última Encuesta Nacional de Victimización del INDEC, realizada en 2017, mostró que dos de cada tres delitos contra las personas no se denuncian y que la principal razón es la desconfianza en las autoridades. Sin una encuesta nacional periódica, el país discute su seguridad con información incompleta.

La quinta es que el delito no desaparece: muta. Mientras los robos presenciales caen, las estafas y defraudaciones asistidas virtualmente alcanzaron 50.155 hechos en 2025 y crecieron un 52,2% en la provincia de Buenos Aires. Si se suman las estafas tradicionales, el universo de la defraudación ya equivale a casi un tercio de los robos registrados. La propia ministra de Seguridad Nacional reconoció que estas modalidades todavía no constituyen un indicador permanente del SNIC. Es razonable suponer que una parte de la baja del delito callejero refleja un desplazamiento hacia modalidades que la estadística todavía mide mal.

La conclusión es doble. Hay que reconocer la baja de la violencia letal y, al mismo tiempo, explicar por qué millones de personas, sobre todo en los barrios populares, siguen sin poder circular tranquilas ni atender el teléfono sin desconfianza.

El delito que más pesa en la experiencia cotidiana no es el homicidio, sino el arrebato en la parada del colectivo, el robo del celular a la salida del trabajo o de la escuela y el hurto menor en el comercio del barrio. Son hechos de bajo monto unitario, alta frecuencia y escasa denuncia, que la estadística registra de manera muy incompleta y que el sistema penal trata, en la práctica, como irrelevantes.

El robo de celulares es el caso más claro. No existe una cifra oficial consolidada, pero las estimaciones disponibles, recogidas incluso en proyectos presentados en la Cámara de Diputados de la Nación, ubican la cantidad entre 5.000 y 9.000 equipos por día, alrededor del 27% de los robos denunciados. Los más expuestos son jóvenes y trabajadores que se desplazan en transporte público. Para ellos, el celular no es un bien suntuario: es la herramienta de trabajo, la billetera, el acceso al banco y la agenda de toda su vida.

Detrás del arrebato hay un mercado. El equipo robado se revende entero en ferias y redes sociales, se desarma para vender repuestos o pasa por talleres que alteran su código de identificación (IMEI) para reinsertarlo en el circuito. Además, el teléfono desbloqueado da acceso a cuentas bancarias, billeteras virtuales y contactos, y conecta así el robo callejero con la estafa digital. El ladrón es el último eslabón y el más reemplazable; quien organiza la reducción y la reventa es quien sostiene el negocio. Mientras exista un comprador seguro, habrá un arrebato más.

Las herramientas para cortar ese circuito ya existen. El bloqueo de los equipos denunciados mediante la base de IMEI, vigente por la Resolución 2459/2016 del ENACOM, y el delito de encubrimiento previsto en el artículo 277 del Código Penal permiten perseguir la reducción y la reventa. Lo que falta es aplicarlos de manera sistemática: controlar a quienes comercializan equipos usados, cruzar las bases de datos y perseguir a los reducidores con la misma prioridad que al autor del arrebato.

Que sean delitos menores en el Código no significa que lo sean en la vida de las personas. La reiteración del arrebato y del hurto degrada el uso del espacio público, empuja a los vecinos a encerrarse y alimenta la demanda de mano dura. Una política de seguridad democrática que no tenga respuesta para este delito pierde credibilidad ante el pueblo que dice defender.

Las estafas telefónicas y virtuales se están convirtiendo en un delito endémico. El viejo cuento del tío se transformó en un repertorio que incluye falsos llamados de bancos, de empresas de servicios o de organismos públicos, falsos secuestros, el robo de cuentas de mensajería para pedir dinero a los contactos de la víctima, inversiones fraudulentas y extorsión digital. Sus víctimas atraviesan todas las edades y sectores sociales, pero el golpe es particularmente duro para los jubilados y para las familias que pierden en minutos los ahorros de años.

Las cifras oficiales muestran la tendencia, aunque subestiman su magnitud. La Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI) recibió en 2024 más de 34.000 denuncias por delitos informáticos, un 21,1% más que el año anterior. En la Ciudad de Buenos Aires, las denuncias por ciberfraude pasaron de 38 en 2020 a más de 2.400 en 2025, con pérdidas superiores a 24.000 millones de pesos entre 2024 y 2025. A la vez, las víctimas de ciberdelitos sexuales contra niñas, niños y adolescentes crecieron un 74,1% entre 2024 y 2025 y superaron el nivel de 2023.

No se trata de una suma de estafadores aislados. La reiteración de las mismas modalidades, el volumen de los hechos y la rapidez con que el dinero desaparece revelan una organización que funciona como una industria, con infraestructura, logística y protección.

El dato más grave es el papel de las cárceles. Durante 2026, investigaciones judiciales desarticularon centros de llamadas que operaban desde unidades bonaerenses como las de Magdalena, González Catán, Lomas del Mirador e Ituzaingó. En las cárceles del Servicio Penitenciario Bonaerense hay cerca de 49.000 líneas de celular registradas para uso de los detenidos, producto de una habilitación excepcional de la pandemia que nunca se revisó y cuyas comunicaciones no se monitorean salvo orden judicial. A ellas se suman los teléfonos que ingresan de contrabando. En al menos una de esas causas, la fiscalía comprobó la participación de un policía y de agentes penitenciarios en la banda.

Un negocio de esa escala no se sostiene sin protección. Cuando una celda funciona durante meses como centro de llamadas, cuando miles de chips se activan sin control y cuando las cuentas receptoras siguen operando después de las primeras denuncias, la impunidad deja de ser un accidente y pasa a ser una condición del negocio. Por eso el fraude a distancia debe abordarse como criminalidad organizada, con la misma lógica que proponemos para el narcotráfico: seguir el dinero, cortar la logística y sancionar la complicidad estatal.

El núcleo del problema actual ya no es el delito disperso, sino una economía criminal organizada que tiene en el narcomenudeo su motor y en los barrios populares su territorio de operación.

El negocio funciona como una cadena con eslabones de distinto poder y riesgo. En el primero se ubican el ingreso y la logística, a través de rutas fluviales, puertos y fronteras secas. En el segundo, el acopio y el fraccionamiento en cocinas y depósitos urbanos. En el tercero, la venta minorista en búnkeres, repartos a domicilio y puntos de venta barriales. En el cuarto, el lavado de dinero en inmobiliarias, comercios, financieras informales y criptoactivos.

El riesgo y la violencia se concentran en los eslabones inferiores, mientras que la ganancia se acumula en los superiores. Una política que solo persigue la venta minorista llena las cárceles de jóvenes reemplazables y deja intacto el negocio. Desde que la Ley 26.052 habilitó a las provincias a perseguir el narcomenudeo, buena parte del esfuerzo penal se concentró en vendedores y consumidores, e incluso se denunciaron causas armadas.

En San Martín, el Observatorio sobre el Narcotráfico y las Violencias Asociadas (IDAES-UNSAM) vinculó con el narcotráfico el 77% de los homicidios del primer semestre de 2026; casi la mitad de las víctimas con edad registrada tenía entre 16 y 25 años y el arma de fuego es el medio principal. En Florencio Varela, el narcomenudeo derivó en una disputa abierta entre bandas, con un nuevo estallido de violencia en agosto de 2026. Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, en 2023 el 35,6% de los hogares del conurbano identificaba venta de drogas en su entorno, frente al 18,7% en la Ciudad de Buenos Aires.

El primero es el reclutamiento. Para un adolescente que no estudia ni trabaja, el narcotráfico ofrece ingresos, pertenencia y estatus. Compite con el Estado y, con frecuencia, le gana.

El segundo es el crédito. El préstamo narco aparece allí donde las familias necesitan efectivo y no tienen acceso al sistema formal: endeuda, somete y convierte a los vecinos en deudores de la organización. No hay evidencia de que sea un fenómeno generalizado, pero sí indica una tendencia.

El tercero es el control del espacio: horarios en los que no se puede circular, pasillos vedados y conflictos que resuelve la banda. Un estudio sobre el Área Reconquista registra toques de queda de hecho y vecinos divididos entre denunciar o callar por miedo.

El cuarto es el comando desde las cárceles. La superpoblación y el control deficiente de las comunicaciones convierten a los penales en centros de mando y de reclutamiento y, cada vez más, en centrales de estafas y extorsiones a distancia.

Una conclusión: allí donde se retiran el Estado y la comunidad organizada, otro poder pasa a organizar el territorio.

El Gobierno nacional, con Alejandra Monteoliva al frente del Ministerio de Seguridad Nacional desde diciembre de 2025, define su política como continuidad de la doctrina de "Seguridad y Orden". Un debate serio exige reconocer lo que funciona y señalar con precisión lo que no.

El Plan 90/10 concentra recursos en los territorios con más homicidios, un criterio técnicamente correcto. Por otra parte, el caso de Rosario muestra que la articulación entre la Nación, la provincia y el municipio puede reducir la violencia en poco tiempo.

El primer límite es un punitivismo sin capacidad institucional. La Ley 27.801, vigente desde el 5 de septiembre de 2026, bajó la edad de imputabilidad de 16 a 14 años para cualquier delito. Aunque declara fines socioeducativos, su sanción estuvo atravesada por cuestionamientos sobre su constitucionalidad y su financiamiento. Sin centros especializados ni equipos técnicos, ampliar la puerta de entrada al sistema penal produce más encierro, pero no menos reclutamiento.

El segundo es la cárcel como multiplicador del problema. En el sistema bonaerense, la cantidad de detenidos llegó a 66.493 en julio de 2026, un 12,86% más que dos años y medio antes. Una cárcel superpoblada no neutraliza a las organizaciones; les sirve de base de operaciones.

El tercero es el retiro del Estado social. El freno a la urbanización de los barrios populares, el recorte de programas territoriales y la caída del consumo popular debilitan las barreras que impiden el reclutamiento. La saturación policial puede contener la violencia, pero no reemplaza a la escuela, al club ni al trabajo.

El cuarto es la presencia sin comunidad. El despliegue de fuerzas sin construcción de confianza con los vecinos produce resultados frágiles: cuando el operativo se retira y la comunidad no está organizada, la organización criminal regresa.

El quinto es la dependencia estratégica. El Centro Regional de Información y Análisis sobre Crimen Organizado se creó con apoyo de Estados Unidos, y la Argentina se sumó a la declaración del Escudo de las Américas. La cooperación internacional es necesaria, pero subordinar la definición de las amenazas a una agenda ajena, bajo el encuadre del "narcoterrorismo", habilita la militarización de la seguridad interior y erosiona la soberanía sobre la inteligencia criminal.

El sexto es la inflación legislativa como sustituto de la gestión. Frente a cada hecho resonante, la respuesta habitual es una nueva ley o una pena más alta: la baja de la edad de imputabilidad, proyectos para agravar las penas por el robo de celulares, nuevas figuras penales. Mientras tanto, alrededor de un tercio de los cargos de jueces nacionales y federales está vacante, más de un tercio de los detenidos en cárceles federales espera sentencia y herramientas vigentes, como los procedimientos de flagrancia o el decomiso, se aplican de manera desigual. Endurecer una ley que no se cumple no aumenta la seguridad: solo agranda la distancia entre la norma y la realidad.

El peronismo, salvo excepciones, nunca tuvo una política de seguridad seria y sostenida. Ninguna propuesta del campo nacional y popular será creíble si no reconoce esa deuda con su propio pueblo.

Durante décadas, buena parte del campo popular consideró la inseguridad como una agenda de la derecha, un reclamo de los sectores medios y altos amplificado por los medios. Fue un error político y también moral. Al ceder el tema, dejó el sentido común en manos del discurso de la mano dura, que terminó captando el voto de muchos barrios populares.

La inseguridad golpea con más fuerza a las propias bases del movimiento nacional: trabajadores, jóvenes y familias de los barrios populares. Es allí donde se instala el narcomenudeo y donde se concentra el delito.

Muchos de esos delitos son menores: el arrebato en la parada del colectivo, el robo de la bicicleta o del celular, la entradera, la llamada que vacía la cuenta de un jubilado. Pero que sean menores no significa que deban ignorarse. Para quien vive de su salario, perder la herramienta de trabajo o el sueldo del mes es una tragedia, y el miedo cotidiano degrada la vida de todo el barrio.

En muchos barrios se libra una disputa entre pobres. Quienes roban y quienes son robados, quienes venden droga y las madres que pierden a sus hijos por el consumo comparten las mismas calles. En numerosas zonas, después de cierta hora ya no se puede circular, y el trabajador que vuelve de noche, la estudiante que sale temprano o el vecino que espera el colectivo quedan expuestos al delito.

Cuando el Estado se ausenta, ese conflicto rompe la solidaridad que históricamente organizó a los sectores populares y abre dos salidas igualmente destructivas: la resignación o la demanda de mano dura.

Hubo excepciones valiosas, como la reforma impulsada por León Arslanian en la provincia de Buenos Aires entre 1998 y 1999 y entre 2004 y 2007, con los Foros de Seguridad y la conducción civil de la policía, o la creación del Ministerio de Seguridad de la Nación en 2010. Sin embargo, esas experiencias fueron desarmadas o abandonadas por gobiernos del mismo espacio político. Hoy la provincia de Buenos Aires mantiene una tasa de homicidios superior al promedio nacional y un sistema penitenciario sobrepoblado.

Dar una respuesta efectiva, seria y no demagógica a la inseguridad no implica ninguna concesión a la derecha. Es una obligación con el propio pueblo. Defender a los sectores populares también significa garantizarles el derecho a vivir, trabajar y circular sin miedo en sus barrios.

1.       La comunidad es el sujeto de la seguridad. El Estado conduce y garantiza; la comunidad organizada participa, controla y sostiene.

2.       Las fuerzas de seguridad se conducen desde el poder político democrático y no se autogobiernan.

3.       La prioridad está donde se concentra el daño: la violencia letal, los territorios más afectados y las organizaciones criminales, no el último eslabón.

4.       Ninguna intervención policial se realiza sin una intervención social simultánea en el mismo territorio.

5.       La cooperación internacional se acepta sin subordinación y sin militarizar la seguridad interior.

6.       Cada política tiene metas, indicadores públicos y evaluación independiente.

7.       La seguridad es una política de Estado, sostenida por acuerdos legislativos plurianuales que sobrevivan a los cambios de gobierno.

8.       La ley vigente se cumple. Antes que sancionar normas nuevas o más duras, la prioridad es que las existentes se apliquen correctamente, en tiempo y forma, y que la justicia rinda cuentas ante la sociedad.

El objetivo es contar con una policía profesional, controlada y cercana a los vecinos. Proponemos separar la policía de prevención de la de investigación, con una policía judicial dependiente de los ministerios públicos; organizar una policía de proximidad con agentes estables por cuadrante, conocidos por la comunidad y evaluados por resultados locales; crear una auditoría externa independiente sobre la corrupción policial, principal vía de asociación entre el narcotráfico y el Estado, y garantizar salarios dignos, régimen horario razonable, carrera por mérito y formación universitaria. Una policía precarizada es una policía fácil de cooptar.

El objetivo es quitarle rentabilidad al delito. Proponemos una unidad conjunta de inteligencia financiera integrada por la UIF, ARCA, el Banco Central y fiscalías especializadas; el decomiso anticipado y el recupero de activos como eje de la persecución, con reinversión de lo decomisado en prevención territorial, y la investigación sistemática del lavado en inmobiliarias, concesionarias, cuevas financieras y criptoactivos.

El objetivo es controlar las puertas de entrada y salida del negocio. Proponemos un control estatal efectivo de la hidrovía y de los puertos, públicos y privados, con escaneo de contenedores, trazabilidad de cargas y radarización integral de las fronteras.

El objetivo es llegar al barrio antes que el narcotráfico. Proponemos retomar la urbanización de los barrios populares en el marco de la Ley 27.453, con prioridad para los de mayor violencia; un programa de empleo, terminalidad educativa, oficios y deporte para jóvenes de 14 a 25 años en los territorios donde se concentra el reclutamiento; microcréditos públicos y cooperativos de acceso inmediato para desplazar al préstamo narco, y dispositivos de salud mental y de atención de consumos problemáticos con anclaje comunitario.

El objetivo es reducir la cantidad de armas en circulación para reducir las muertes. Proponemos la trazabilidad total de armas y municiones, el control del desvío desde las fuerzas de seguridad y los usuarios legales, programas de entrega voluntaria y la persecución del tráfico ilegal.

El objetivo es que la ley se cumpla, que el delito tenga consecuencias en un tiempo razonable y que el sistema no reproduzca el problema. Partimos de una convicción: la Argentina no necesita más leyes ni leyes más duras, sino que las leyes vigentes se apliquen correctamente, en tiempo y forma. El Código Penal ya castiga el robo, la estafa, la extorsión, el encubrimiento y el lavado de activos; la Ley 26.388 incorporó los delitos informáticos en 2008; la Ley 27.411 aprobó el Convenio de Budapest sobre ciberdelito, y existen procedimientos de flagrancia en el orden federal (Ley 27.272) y en el bonaerense (Ley 13.811). El déficit no es normativo, es de ejecución.

Ese déficit se expresa en datos concretos. Alrededor de un tercio de los cargos de jueces nacionales y federales está vacante. En las cárceles federales, el 35,6% de los detenidos no tiene condena firme, y la proporción supera la mitad en complejos como Marcos Paz y Ezeiza. En la provincia de Buenos Aires, que concentra la mayor población carcelaria del país, el 47% de las personas alojadas en cárceles y alcaidías no tenía condena firme a fines de 2025, según la Comisión Provincial por la Memoria. Al mismo tiempo, la enorme mayoría de las estafas, los arrebatos y los robos de celulares nunca llega a una sentencia. El resultado es la peor combinación posible: presos que esperan años un juicio y delitos que nunca se investigan.

Proponemos una reforma orientada a la eficacia y no a la sanción de nuevas normas. En primer lugar, cubrir las vacantes de jueces, fiscales y defensores con plazos ciertos para cada etapa del concurso y de la designación, y acelerar la implementación del sistema acusatorio previsto en el Código Procesal Penal Federal. En segundo lugar, hacer cumplir los plazos procesales que ya fijan los códigos y el límite legal de la prisión preventiva establecido por la Ley 24.390, y extender el uso de los procedimientos de flagrancia para que los delitos cotidianos tengan una respuesta rápida y proporcionada. En tercer lugar, crear fiscalías territoriales con capacidad investigativa real, orientadas a las organizaciones y no a los consumidores ni al último eslabón, con unidades especializadas en narcomenudeo, en fraude a distancia y en reducción de bienes robados. En cuarto lugar, aplicar de manera sistemática el decomiso y el recupero de activos que la ley ya permite. Por último, asegurar el financiamiento efectivo de la Ley 27.801 mediante centros especializados, medidas socioeducativas y defensores formados.

La reforma necesita control social, porque un poder que no rinde cuentas no corrige sus fallas. Proponemos que cada fiscalía y cada juzgado penal publique indicadores periódicos de gestión: causas ingresadas y resueltas, tiempos de tramitación, personas en prisión preventiva y duración de esa medida, y bienes decomisados. Los fiscales de cada distrito deberán presentar un informe público ante los Consejos Comunales por la Seguridad, que podrán formular observaciones y solicitar la intervención de los órganos de control. Un observatorio ciudadano de la justicia penal, integrado por universidades nacionales, colegios de abogados y organizaciones sociales, auditará el cumplimiento de los plazos. El juicio por jurados, vigente en la provincia de Buenos Aires desde la Ley 14.543, completa esta participación popular en la administración de justicia. El control social no reemplaza la independencia judicial: la fortalece, porque la protege de la presión corporativa y la acerca a la sociedad a la que sirve.

El objetivo es cortar el comando criminal y las centrales de estafa que operan desde los penales. Proponemos revisar la habilitación de celulares en las cárceles bonaerenses y reemplazarla por un sistema de telefonía controlada que garantice el vínculo familiar y la comunicación con la defensa; dar de baja las líneas no autorizadas e instalar inhibidores focalizados en los pabellones donde se detecte actividad delictiva; sancionar al personal que facilite el ingreso de teléfonos o participe de las maniobras; separar a los líderes de las organizaciones, ofrecer trabajo y educación intramuros y acompañar el egreso para reducir la reincidencia.

El objetivo es discutir la seguridad con datos y no con impresiones. Proponemos una encuesta nacional de victimización anual a cargo del INDEC, con módulos específicos sobre fraude telefónico, ciberdelito y robo de celulares; la incorporación de las estafas virtuales como indicador permanente del SNIC; observatorios universitarios independientes, datos abiertos por municipio e indicadores públicos de resultado para cada política.

El objetivo es quitarle rentabilidad e impunidad a la industria del fraude y al circuito de reventa que alimenta el delito callejero. Proponemos un protocolo obligatorio entre fiscalías, bancos, billeteras virtuales y empresas de telefonía para congelar en minutos las cuentas receptoras denunciadas y rastrear el destino de los fondos; controles efectivos en la apertura de cuentas y en la activación de chips, y la persecución penal de quienes alquilan o ceden sus cuentas a las organizaciones. Para el robo de celulares, proponemos aplicar con rigor el bloqueo por IMEI, controlar el comercio de equipos usados y de repuestos, y perseguir a los reducidores como parte de la cadena delictiva. Completa el eje una campaña permanente de prevención, con foco en jubilados y adolescentes, articulada con PAMI, escuelas, centros de jubilados y Consejos Comunales, para que cada vecino sepa reconocer las modalidades de engaño y cómo actuar frente a ellas.

El eje transversal es la coordinación federal, mediante un acuerdo entre la Nación, las provincias y los municipios que defina roles y evite la fragmentación de la seguridad en policías municipales sin control. El anclaje territorial de todos estos ejes son los Consejos Comunales por la Seguridad.

La seguridad no se resuelve con más patrulleros ni con más mano dura, sino reconstruyendo la comunidad y recuperando el espacio público para quienes lo habitan. Los Consejos Comunales por la Seguridad son la herramienta que traduce esa convicción en política pública y que da anclaje barrial a los nueve ejes anteriores.

El narcotráfico avanza donde se rompe el lazo comunitario: plazas vacías, clubes cerrados, vecinos que no se conocen y desconfían entre sí. Ninguna fuerza externa puede reconstruir ese tejido. Un operativo puede despejar una esquina, pero solo una comunidad organizada puede mantenerla ocupada por la vida del barrio.

La participación también mejora la política estatal. Los vecinos saben dónde, cuándo y cómo ocurre el delito mejor que cualquier estadística, y una policía que rinde cuentas ante la comunidad tiene menos margen para asociarse con el delito.

Los Foros Vecinales de Seguridad se constituyeron en 1998 y 1999, en el marco de la reforma bonaerense, uno por cada comisaría. Tenían dos funciones: ejercer un control externo sobre la policía y participar en el diagnóstico y la prevención. Hubo experiencias notables: en la región de San Nicolás, los foros llegaron a elegir a su jefe policial departamental, y en Quilmes trabajaron con jóvenes de la villa Itatí.

Con el tiempo, la mayoría de los foros quedó reducida a instancias consultivas, sin recursos ni poder real, y muchos fueron capturados por intereses partidarios o policiales. Diversos proyectos presentados en la Legislatura bonaerense advirtieron que la Ley 12.154 no se aplica de manera integral. Los Consejos Comunales recogen esa experiencia y se proponen corregir sus fallas.

1.       Elaborar diagnósticos participativos y mapas de riesgo, actualizados cada trimestre.

2.       Ejercer el control ciudadano de la policía, mediante una rendición de cuentas pública y periódica del jefe policial de la jurisdicción, con facultad para solicitar auditorías y emitir opinión vinculante sobre su continuidad.

3.       Administrar un presupuesto participativo de prevención, financiado con una parte del presupuesto de seguridad y con bienes decomisados al crimen organizado.

4.       Impulsar la recuperación del espacio público: iluminación, plazas, clubes y escuelas abiertos fuera de horario, actividades nocturnas, corredores seguros hacia escuelas y paradas de transporte, ferias y propuestas culturales.

5.       Desarrollar instancias de mediación comunitaria para resolver conflictos vecinales antes de que escalen a la violencia.

6.       Funcionar como sistema de alerta temprana frente al reclutamiento juvenil, en articulación con la escuela, los servicios de salud y los programas de empleo.

7.       Recibir un informe público y periódico de la fiscalía y de la jefatura policial del distrito sobre la evolución del delito, los tiempos de las causas y los resultados obtenidos, y elevar sus observaciones a la Mesa provincial y a los órganos de control del Poder Judicial y del Ministerio Público.

8.       Organizar redes vecinales de prevención de estafas, con especial atención a las personas mayores que viven solas, en articulación con los centros de jubilados y las fiscalías especializadas.

Los consejos no son fuerzas paralelas: no patrullan, no detienen ni ejercen la fuerza, y cualquier forma de justicia por mano propia queda expresamente excluida. Sus representantes son elegidos y rotativos, sin subordinación a la policía ni a estructuras partidarias. Quienes los integran cuentan con canales de denuncia anónima y con un vínculo directo con las fiscalías, porque enfrentar al narcotráfico en el barrio expone a las personas. Las actas, los datos y los resultados son públicos, y el Estado financia la capacitación en prevención, mediación y derechos.

Proponemos una ley provincial de Consejos Comunales por la Seguridad que actualice el régimen de participación de la Ley 12.154, con adhesión de los municipios y financiamiento asignado por ley. En el plano nacional, una ley marco podría ofrecer el modelo a las provincias y condicionar parte de las transferencias en materia de seguridad a su implementación.

Una propuesta sin etapas, recursos ni indicadores se limita a ser una declaración de principios. Por eso planteamos una implementación gradual que comience por los territorios más afectados.

En los primeros cien días, convocar a un Acuerdo Federal de Seguridad Democrática con todas las fuerzas políticas, poner en marcha Consejos Comunales piloto en los barrios con mayor violencia letal, crear la unidad conjunta de inteligencia financiera, acordar con bancos, billeteras virtuales y empresas de telefonía el protocolo de bloqueo inmediato de cuentas receptoras, iniciar la revisión de las líneas telefónicas habilitadas en las cárceles, presentar un plan de cobertura de vacantes judiciales con plazos ciertos y lanzar la encuesta nacional de victimización.

Durante el primer año, sancionar la ley de Consejos Comunales, desplegar la policía de proximidad en los territorios prioritarios, implementar en esos mismos barrios el programa juvenil de empleo, educación y deporte, iniciar los controles integrales en puertos y en la hidrovía y publicar los primeros indicadores de gestión de fiscalías y juzgados penales.

En un horizonte de cuatro años, completar la reforma policial, extender los Consejos a todos los municipios y publicar una evaluación independiente que permita ajustar las políticas según sus resultados.

Las fuentes propuestas son tres: la reorientación de parte del gasto reactivo hacia la prevención territorial y la policía de proximidad; un fondo de prevención alimentado con los bienes decomisados al crimen organizado, y un fondo federal cuyas transferencias queden condicionadas al cumplimiento de metas y a la implementación de los Consejos.

Las metas numéricas deberán fijarse a partir de una línea de base medida al inicio. Como mínimo, proponemos evaluar los siguientes indicadores.

Una propuesta para el debate debe exponerse a las objeciones más sólidas. Estas son las que consideramos más serias.

La primera sostiene que los resultados prueban que el orden funciona. El Gobierno nacional afirma que la baja de los homicidios y los robos en 2024 y 2025 demuestra la eficacia de la presencia federal y de la persecución sin concesiones. La baja es real y Rosario lo confirma, pero la tendencia es anterior y responde a múltiples causas. El aumento de los homicidios rosarinos en 2025 muestra, además, la fragilidad de los resultados que no tienen anclaje comunitario.

La segunda afirma que la pobreza no explica el delito, ya que en 2024 la pobreza aumentó mientras el delito disminuía. Coincidimos en que la pobreza no es una causa directa. Lo que sostenemos es que la ausencia del Estado y la ruptura del lazo comunitario crean las condiciones para que las organizaciones criminales recluten y gobiernen territorios.

La tercera plantea que la participación comunitaria ya fracasó, porque los Foros de Seguridad no cambiaron la realidad de la mayoría de los barrios. A nuestro juicio, los foros fracasaron por falta de poder, de recursos y de continuidad, no por su concepto. Los Consejos Comunales corrigen esas fallas con facultades vinculantes, presupuesto propio y respaldo legal.

La cuarta advierte que los consejos pueden ser capturados por intereses particulares o derivar en justicia por mano propia. Es un riesgo real, y por eso proponemos la elección y rotación de los representantes, transparencia total, la prohibición expresa de toda acción de fuerza y la protección de quienes denuncian.

La quinta señala que no hay datos suficientes para evaluar ninguna política. Sin una encuesta de victimización periódica, en efecto, ninguna posición puede demostrar del todo su argumento. Por esa razón, la información pública es uno de los nueve ejes de la propuesta, y cada medida queda sujeta a evaluación independiente.

La sexta sostiene que la respuesta está en leyes más duras: penas más altas para el robo de celulares, nuevas figuras penales para las estafas, menores edades de imputabilidad. La evidencia muestra lo contrario. La certeza y la rapidez de la sanción disuaden más que su severidad, y una pena más alta que no se aplica no protege a nadie. Las herramientas legales para perseguir el fraude, la reducción de lo robado y el lavado ya existen; lo que falta son fiscales, jueces y peritos, plazos cumplidos y control ciudadano sobre su desempeño.

La Argentina tiene hoy una oportunidad. La violencia letal se encuentra en mínimos históricos y la economía criminal todavía puede contenerse antes de que alcance los niveles de otros países de la región. Desaprovecharla con más castigo, menos Estado y mayor dependencia externa sería un error histórico.

El Instituto Independencia propone otro camino: conducción civil de las fuerzas, persecución del dinero criminal, soberanía sobre los puertos y la hidrovía, una justicia que aplique en tiempo y forma las leyes que ya existen, el desmantelamiento de la industria del fraude y un Estado presente en cada barrio. Ninguna de estas herramientas alcanzará, sin embargo, sin una comunidad organizada que recupere sus plazas, sus clubes y sus calles.

La seguridad es un derecho del pueblo, una responsabilidad indelegable del Estado y una tarea que solo puede cumplirse con la comunidad como protagonista. Convocamos a las fuerzas sociales y políticas a discutir este documento, mejorarlo y convertirlo en una política de Estado.

 

ANTONIO MUÑIZ- INSTITUTO INDEPENDENCIA - octubre de 2026

 

Fuentes

Estadísticas oficiales y normativa

•         Ministerio de Seguridad Nacional: estadísticas criminales 2025 (SNIC)

•         Informe SNIC Nacional 2025

•         Ministerio de Seguridad Nacional: Plan 90/10

•         Presidencia de la Nación: jura de Alejandra Monteoliva

•         Provincia de Buenos Aires: reglamentación de la Ley 12.154 y Foros de Seguridad

•         Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires: pedido de informes sobre la aplicación de la Ley 12.154

•         Honorable Cámara de Diputados de la Nación: proyecto 3896-D-2025 sobre el robo de celulares

Estudios y observatorios

•         Observatorio de Seguridad Ciudadana: homicidios en la Argentina

•         CLAD: los foros vecinales de seguridad en la provincia de Buenos Aires

•         Redalyc: violencias en el Área Reconquista

•         Chequeado: homicidios en Rosario entre 2023 y 2025

•         Tiempo Argentino: informe del Observatorio de San Martín (primer semestre de 2026)

•         ACIJ: vacantes en el Poder Judicial de la Nación (abril de 2026)

Argentina en la prensa

•         La Nación: el mapa de los homicidios en la Argentina

•         La Nación: Centro Regional sobre Crimen Organizado

•         La Capital: Plan Bandera y tendencia de 2026

•         Rosario Nuestro: la articulación en el Plan Bandera

•         Perfil: estadísticas criminales de 2025

•         El Estratégico: datos preliminares del primer trimestre de 2026

•         Perfil: informe de la Comisión Provincial por la Memoria sobre las cárceles bonaerenses

•         Infobae: la violencia que organiza el barrio

•         Infobae: deterioro social en el conurbano

•         El Diario Varelense: el crecimiento del narcotráfico en Florencio Varela

•         Tiempo Argentino: causas armadas en el conurbano

•         El Cronista: Régimen Penal Juvenil, Ley 27.801

•         Diario de Cuyo: sanción del Régimen Penal Juvenil

•         El Economista: Encuesta Nacional de Victimización del INDEC

•         La Nación: el aumento de los ciberdelitos en la Argentina

•         Chequeado: las estafas de 2025 y las denuncias ante la UFECI

•         AM del Plata: ciberfraudes en la Ciudad de Buenos Aires

•         El Diario de Carlos Paz: estafas desde las cárceles en el AMBA

•         Mundo Poder: líneas de celular en las cárceles bonaerenses

•         Infobae: el call center carcelario de Magdalena

•         La Nación: extorsiones desde las unidades de González Catán y Lomas del Mirador

•         La Noticia 1: allanamiento en la cárcel de Ituzaingó por estafas virtuales

•         Diario Judicial: vacantes en la justicia nacional y federal

•         Tiempo Judicial: presos sin condena en cárceles federales

•         El Argentino Diario: presos sin condena en Ezeiza y Marcos Paz

Contexto regional

•         La Nación: primera vuelta presidencial en Brasil

•         Gestión: segunda vuelta presidencial en Chile

•         Diario de Cuyo: la elección chilena

•         TRT Español: el triunfo de Kast

•         Directorio Cubano: los 21 grupos en la lista terrorista de Estados Unidos

•         Diario.mx y The New York Times: la designación de grupos criminales como terroristas

•         Diario.mx: los aliados latinoamericanos de Trump y la ayuda militar

•         Emol: la declaración del Escudo de las Américas contra 24 organizaciones

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