Los dos campos.

Por Ricardo Forster
Las imágenes son elocuentes y dolorosas como si estuviéramos retrocediendo en el tiempo y regresáramos hacia aquellas épocas en las que el trabajo esclavo era el modo predominante de la acumulación del capital. Hombres de distintas edades, incluyendo niños y adolescentes, apilados en casuchas miserables e improvisadas en las que el baño es un objeto de lujo inconmensurable para quienes son tratados peor que animales. Mucho peor, porque en el “campo” a los animales se los cuida, se los atiende y se los alimenta. Siempre hay un veterinario a mano para garantizar su salud. Son un bien preciado y precioso que merece todas las atenciones del patrón. Y ni que hablar de los caballos, animal mítico del hombre de campo, su amigo a quien le dedica una porción no menor de sus afectos.

Los peones, así, con ese nombre de eternos subalternos, como piezas de un ajedrez en el que cuentan poco y son sacrificables, se apiñan en esos trailers herrumbrados o, peor todavía, improvisan con palos y plásticos carpas inverosímiles en donde esparcen sus colchones y sus pocas pertenencias. Vienen de las zonas más pobres y arruinadas del interior. La mayoría son santiagueños, hijos de una tierra yerma, sobreexplotada en otros tiempos por La Forestal que se llevó todo el quebracho hasta dejar, donde antes había bosques nativos y selvas impenetrables, un desierto, un mundo sin esperanzas y sin trabajo que ha convertido a sus habitantes en eternos migrantes. Hoy la ampliación de la frontera sojera los sigue expulsando quitándoles, incluso, esa tierra árida que, al menos, les pertenecía pero que ahora les ha sido rapiñada por la avidez de los poderosos.

Desamparados de dignidad y de oportunidades han tenido que salir de la miseria conocida y sin horizontes para entrar en otras zonas de oscura explotación. Sin derechos y sin siquiera saber a dónde los llevan ni por cuánto tiempo. Un viaje hacia un pasado que es presente, allí donde se reproducen las antiguas formas de la explotación y la esclavitud. Un viaje hacia la pampa próspera, hacia la soja exuberante, el oro verde de este tiempo argentino en el que, una vez más, el “campo” derrama sobre todos nosotros su riqueza y su generosidad. No hay, no puede haber lugar para otro relato que no sea el de la infinita prodigalidad de la tierra y de su gente. Claro que, a veces, el diablo mete la cola y las imágenes insospechadas, de esas que no podíamos imaginar, se colaron entre nosotros para ofrecernos el otro rostro, oculto, del “campo”.


En estos días veraniegos en los que millones de argentinos se desplazan por todo el país buscando su lugar de vacaciones, nos encontramos con otra radiografía que nos ofrece una imagen tremenda, impensada de acuerdo a lo que nos contaron, obsesiva y meticulosamente, los grandes medios de comunicación durante el 2008, del “campo argentino”, de ese mundo parecido a una gran familia Ingalls en la que ricos y pobres se unían para enfrentar la expoliación del gobierno nacional. Un mundo bucólico, de gente trabajadora, de gringos honestos con las manos duras y callosas. De patrones que hacen asados con sus peones, que apadrinan a los hijos e hijas y que se ocupan de garantizarles una vida digna, con cura y escuela, con festivales de doma y carreras de sortijas, con bailes y desfiles tradicionalistas. Porque, eso nos enseñaron desde nuestra más tierna infancia (quién no recuerda los libros de texto con sus cuadros de la riqueza que viene del campo, sus vaquitas y sus trigales), la verdadera patria queda en el interior, en la pampa húmeda, en esas tierras pródigas de las que vivimos, desde siempre, los argentinos.

El campo como reservorio moral frente a la ciudad siempre sospechosa de ser portadora de todos los vicios (el peor de todos es, claro, el de reclamarles a los “honestos dueños de la tierra” que paguen impuestos o que acepten entregar bajo la forma de retenciones una parte de su renta extraordinaria desarrollada sobre un bien de todos los argentinos; ¡ni que hablar de los derechos de los trabajadores rurales ni de la abrumadora cifra de peones en negro trabajando de sol a sol!). La honestidad se dibuja bajo los contornos de los habitantes de las estancias, allí surge la hermandad del patrón y de “sus” trabajadores (que más que anónimos trabajadores de ciudad fabril, son parte del inventario, rostros conocidos desde siempre, amigos, compañeros de juego en los días de la infancia o de mateadas en el final de las jornadas laboriosas). Ese fue el relato que la corporación mediática cinceló con prodigalidad y astucia, aprovechando lo que se guarda en la memoria colectiva pergeñada desde la escuela primaria. El “campo” como el paradigma de la virtud, como la tierra soñada en la que “los buenos viejos tiempos” se perpetúan mientras en las ciudades pulula el crimen, la deshonestidad, la pérdida de las tradiciones, etcétera, etcétera. Imágenes de la comunidad idílica contrapuestas a un gobierno “oscuro y saqueador del trabajo ajeno”, preocupado, fundamentalmente, de engrosar “la caja”. Virtud versus corrupción.

El escándalo de San Pedro y de Ramallo, las imágenes de los peones santiagueños hacinados en casuchas miserables, las fabulosas tasas de rentabilidad de Nidera y de otras empresas agrocerealeras, la impunidad con la que se mueven los dueños de las estancias y las mil formas de la degradación a las que someten a los trabajadores golondrina, la eternización del trabajo en negro, la falta absoluta de derechos, los viejos y terribles vales intercambiables por comida cobrada como si estuvieran en el más lujoso de los restaurantes parisinos, salarios recortados hasta la extenuación, multas por abandonar el lugar de explotación, jornadas interminables sin días de descanso, viajes a destinos inciertos... y la lista puede engrosarse sin dificultades en este relevamiento de la iniquidad y la injusticia que permanecen invisibles para el poder mediático.


Para muchos buenos ciudadanos, de esos que se desgarraban las vestiduras ante el “atropello gubernamental” contra “la gente del campo”, las escenas de la explotación y la humillación de cientos de peones no puede estar sucediendo en la pampa húmeda, en la famosa zona núcleo que guarda, eso siguen pensando, las riquezas del país. Hasta el benemérito edecán de la prensa gráfica, La Nación, salió con un editorial a cuestionar la visión “ideologizada” con la que se describía lo que estaba sucediendo en San Pedro (apenas un nombre multiplicado por cientos en todo el país). De nuevo la mentira perversa de los demagogos populistas que mientras “se roban la riqueza de los argentinos de bien” se dedican a esparcir las semillas de la cizaña en el bucólico campo de la patria. Mientras tanto, y una vez más, lo que vuelve a quedar en evidencia es lo que busca ocultar el relato de la corporación mediática, en este caso, la existencia de ese otro campo invisible y ausente, de esa otra realidad que nos muestra la continuidad salvaje de la explotación y de la delincuencia moral y material de los eternos reclamantes de mano dura, de seriedad jurídica y de transparencia institucional. Lo único que reservan para los trabajadores agrícolas es la primera de esas exigencias.

El “campo” tenía dentro su alter ego, esa parte de sí mismo prolijamente ocultada, esa zona de la vergüenza que, por un cierto azar, quedó al descubierto. Su otro rostro desde siempre velado por el relato dominante, ese mismo que se ocupó, con un enorme éxito, de convencer a millones de compatriotas, en especial aquellos que sólo ven el “campo” cuando salen a las rutas, que tranqueras adentro se guarda la ética del trabajo y los lenguajes de la solidaridad y la tradición. De la noche a la mañana, pero amparados en las profundas transformaciones cultural-simbólicas de los años ’90, los grandes medios de comunicación, aliados estratégicos de los dueños de la tierra, derramaron sobre una sociedad anestesiada y desmemoriada, la imagen de un “campo” atropellado y saqueado por el monstruo estatal. La disputa alrededor de la 125 permitió hacer invisible la historia de la miseria, la expoliación, el maltrato y la explotación transmutándola por esa fotografía de familias trabajadoras unidas en pos de la defensa de sus formas de vida y de sus infatigables esfuerzos amenazados por la siniestra “caja” de los Kirchner.

No hubo cámaras que pudieran penetrar en el interior de esas estancias arquetípicas y fecundadoras de la riqueza nacional; no hubo periodistas que preguntaran por el trabajo en negro o por la evasión impositiva o que simplemente indagaran por los ingresos reales de esos virtuosos “campesinos” (recuerdo, estimado lector, que el inefable Morales Solá llamó de esa manera a Biolcati, lechero dueño de miles de hectáreas y presidente de la Sociedad Rural). Claro que no todo el “campo” actúa como los gerenciadores de Nidera en San Pedro, los terratenientes de Santiago del Estero que les quitan sus tierras a las comunidades de pequeños productores para ampliar la frontera sojera o los dueños del establecimiento de Ramallo en el que también se reprodujeron las condiciones de esclavitud descubiertas en los campos de Nidera. El campo es diverso (lo contrario a lo que obsesivamente nos mostraron durante todo el 2008) y tiene en su interior los restos de una solidaridad siempre amenazada por aquellos que, desde el fondo de la historia, han fundado su enriquecimiento en las formas más viles de la explotación. Por eso nunca está de más recordar una enseñanza de la historia: ningún derecho ni ninguna conquista democrática fueron el resultado de un gesto dadivoso de los poderes económicos; mientras pudieron mantuvieron las formas más abyectas del sometimiento y la explotación. El camino hacia una sociedad con derechos sociales y políticos fue, desde tiempo inmemorial, el resultado de la lucha de los oprimidos, una conquista ganada con sudor, sacrificios e inmensos dolores. Cada vez que pueden, los dominadores de ayer y de hoy, los Nidera de todos los tiempos, buscan destruir lo duramente conseguido. Impedirlo y, a la vez, ampliar los derechos y volver más justa la sociedad, sigue siendo la gran tarea democrática de nuestros días, el norte de todo proyecto genuino de transformación.

Revista Veintitres

Los agoreros de siempre y la realidad

Buenos Aires Económico


Fueron llamados especialistas, conocedores, analistas del mercado, estudiosos de la economía, poseedores de revelaciones y anticipadores del caos. Desde el inicio del gobierno de Néstor Kirchner hasta la actualidad, toda una serie de economistas se dedicó a mostrarse en los medios masivos de comunicación para disparar duros pronósticos respecto de la supuesta debilidad del modelo.

La realidad los desmiente cotidianamente y los posiciona como operadores políticos más que como economistas. Dijeron que la Argentina iba a entrar en default, que nunca se aceptaría en el exterior el canje de deuda, que el desempleo jamás bajaría, que el gasto social iba a hacer explotar las cuentas, que el sistema financiero iba a colapsar con el fin de las AFJP, que terminaríamos importando leche.

Fueron meros anunciadores de una realidad ficticia, como también estuvieron lejos las profecías de los analistas económicos que año tras años anunciaron recesiones, rebotes inflaciones descontrolados, disminuciones brutales de la tasa de inversión o panoramas de ese tipo”.

Si bien en este caso el análisis está circunscripto a la arena económica, en el plano político los pronósticos fueron igualmente taxativos: Néstor Kircher era presentado como la supuesta marioneta de Eduardo Duhalde, que iría a cumplir los mandatos que el titiritero ordenaba; mientras que Cristina Fernández limitaría su libertad de maniobra a las intenciones ocultas de su esposo, dado que para los analistas mediáticos la Presidenta no disponía de la capacidad política como para gobernar.

Durante los años previos a la crisis internacional los pronosticadores de la economía argentina veían un futuro gris, estallada la bomba financiera el panorama local pareció teñirse de negro completamente. Sucede que el grueso de los economistas ortodoxos considera que el crecimiento sostenido de los últimos siete años es una combinación entre el tan mentado “viento de cola” y una devaluación inicial que aportó el empuje productivo necesario.

Pero esa teoría terminó por derrumbarse en 2009, cuando se vieron economías sólidas desintegrarse, mientras que la Argentina atravesó la crisis con cierta soltura y con un costo social apañado por una estrategia política acertada del Gobierno nacional. “La Argentina recuperó rápidamente los equilibrios macroeconómicos esenciales, entre ellos el superávit fiscal, una balanza de pagos con saldo favorable y reservas en el Banco Central, de modo que se cambiaron las condiciones estructurales para evitar un default”.

Además, se sumaron “medidas puntuales” que terminaron de apuntalar el modelo, entre las que destacó “la estrategia de sostener el empleo, de aprovechar el proceso de sustitución de importaciones, la nacionalización del sistema de jubilaciones y la Asignación Universal por Hijo”.

Los economistas Nacionales y Populares, coinciden en que desde un comienzo, y durante la crisis todavía más, la clave estuvo en estimular la demanda interna. Eso, más allá de los estímulos fiscales, se logra mediante salarios dignos, que brinden una capacidad de consumo adecuada y que asienten un horizonte de crecimiento para alentar la inversión.

Mientras que los pronosticadores liberales advertían a comienzos del 2009 que la Argentina iba camino al default, pero con el agravante de un proceso inflacionario que no se detendría, sino que los precios irían en alza mientras el PBI se derrumbaba. La realidad fue otra. El año cerró con un crecimiento del 0,9% y para el primer trimestre de 2010 el desempeño económico ya mostraba un salto de casi 7 puntos porcentuales, liderando el crecimiento en la región.

Aldo Ferrer indicó que la Argentina “resistió la crisis y creció gracias a su política económica”, la cual -a su criterio- estuvo basada en “la consolidación de la balanza de pagos, superávit gemelos y una situación fiscal sólida”. “Este conjunto de circunstancias permitió, junto a la salida de la convertibilidad, que se estimulara la producción, el empleo y la inversión”, analizó el ex ministro de Economía y enfatizó: “La economía crece apoyada en estas fortalezas”.

El siguiente punto más criticado por economistas liberales es el crecimiento del gasto del Estado en las partidas sociales. “Jamás en la historia, los gobiernos gastaron tanto y con tan pocos resultados”, alcanzó a decir el economista de La Rural Ernesto Ambrosetti. Parte del balance es cierto: En 2004 la inversión social apenas si pasaba los 5 puntos del PBI, mientras que 2010 cerró con un gasto superior a los 10 puntos.

Lo discutible, claro, es si el modelo económico va rumbo a derrumbarse por culpa del dinero que el Estado destina a partidas sociales. “El gran motor en el crecimiento de la economía argentina viene por el lado de la demanda, y en todo este último período la existencia del gasto social implicó mantener una dinámica de consumo que favoreció el crecimiento del Producto, así como también al despegue del Producto potencial de la economía”, sostuvo Wierzba. Y subrayó: “Los ortodoxos no sólo no piensan así por un problema de perspectiva o mirada, sino por Según el referente de la Comisión de Economía de Carta Abierta, “fue una solución de tres patas: Se terminaba con una lógica de negocio espurio; se reestablecía un sistema más solidario y sólido; y se resolvía una complicación financiera muy seria por el tema de la crisis”.

Similar análisis realizan Aldo Ferrer y Abraham Gak. “Se demostró de la noche a la mañana a la sociedad qué se estaba haciendo con su dinero”, expuso Gak y denunció que “los volúmenes que aparecían oficialmente manejados por el sector privado no tienen nada que ver con los volúmenes que está manejando actualmente el Estado”.

“Claramente ha habido un ocultamiento impresionante de fondos”, dijo y agregó: “Lamentablemente estas cosas no terminan en Tribunales”. Para el economista del Plan Fénix, “uno de los problemas más serios que tenemos es cómo lograr en la gestión del Estado una extrema eficacia; y justamente el modo en que se traspasaron las jubilaciones y la aplicación del subsidio por hijo mostraron un proceso realmente eficaz, que no presentó ningún problema, y eso que estamos hablando de millones y millones de personas”.

Finalmente, Ferrer concluyó que “la reestatización de las AFJP fue una decisión fundamental para poner el ahorro previsional al servicio del país y de inversiones productivas que permitan enfrentar compromisos futuros con los jubilados”.

El nacimiento de la filosofía


Silvio Maresca. Licenciado en Filosofía.

También las historias de la filosofía al uso, cuyo modelo invariable es siempre, en último término, la Historia de la Filosofía de Hegel, integran el género de los grandes relatos. Aquéllos que, según dijera hace ya tiempo Lyotard, han perdido verosimilitud. Vale pues iniciar el trabajo de su deconstrucción.

Estas historias nos han habituado a creer que el nacimiento de la filosofía occidental tuvo lugar allá por los siglos VI y V antes de Cristo, en la periferia de la civilización griega. Más precisamente, en las colonias del Asia Menor y de la llamada Magna Grecia (sur de Italia y Sicilia), para trasladarse después a Atenas. No importa cuán disímiles sean las versiones acerca del sentido del discurso enunciado por aquellos primeros pensadores. Media un abismo entre la interpretación “naturalista” de los ingleses y la “romántica” de los alemanes. Se coincide -no obstante- en que la filosofía habría comenzado con ellos. Más aún, nadie deja de establecer una continuidad entre el pensar presocrático y el ateniense, incluso cuando -como en el caso de Mondolfo- se distingan distintas etapas, signadas por el predominio de un problema determinado, de una preocupación central.

Quizá solamente Nietzsche y Heidegger constituyan, en este punto, una excepción. Sin embargo, a pesar de advertir un corte, un viraje fundamental, sucumben finalmente también a la apariencia deslumbrante de que “una misma cosa” está en juego desde Tales de Mileto hasta Aristóteles -sobre todo, Heidegger-. El “asunto” de la filosofía es traído a colación por los -así llamados- presocráticos. Para peor, muy tempranamente, Platón y Aristóteles, con toda su autoridad, convalidan esta opinión. Son ante todo ellos quienes se reclaman de esa tradición presocrática, estableciendo una filiación directa entre sus desvelos y aquel pensar auroral.

Por nuestra parte -como es frecuente- pecaremos de heterodoxia. Para nosotros la filosofía nace en Atenas, en el siglo IV antes de Cristo, con Platón. La sabiduría presocrática es sólo una de sus fuentes, ni siquiera la más importante. Ciertamente, no formulamos con ello un juicio de valor. Es posible y hasta altamente probable que el pensar y el decir de un Heráclito o de un Parménides exhiban una radicalidad jamás alcanzada por la argumentación platónica. Pero no son filosofía. Nada en común tienen con ella, ni cabe afirmar que se encaminaran en esa dirección.

Presumiblemente, nacen de otros intereses y preocupaciones.



Atenas

La filosofía nace en Atenas al calor de una crisis política sin precedentes. La experiencia de la disolución de su comunidad y la certeza de la imposibilidad de revertir la situación mediante las formas corrientes del ejercicio del poder político: tales los factores más próximos que impulsan a Platón a ensayar un camino alternativo. Escuchémoslo: “De esta suerte yo, que al principio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi atención a la vida pública y verla arrastrada en todas direcciones por toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y si bien no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una mejora en ella, y en consecuencia en la totalidad del sistema político, sí dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades de intervenir activamente; y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de la suerte para implantarla. Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra” (Carta VII, 325e - 326b 3).

¿Qué pasaba en Atenas? Un siglo antes un pequeño pueblo había llevado a cabo el experimento acaso más grandioso y aventurado de la historia humana: la construcción de una democracia integral, donde todos los ciudadanos libres -sin excepción- asumían una participación plena en la decisión autónoma del destino común. Bajo la certera y prudente conducción de Pericles, el pueblo ateniense había logrado plasmar un equilibrio casi perfecto entre la libertad individual y los intereses colectivos. Los sofistas, auténticos mentores de la nueva sociedad, preparaban a los individuos para desarrollar el máximo de excelencia del que fueran en cada caso capaces. Maestros del arte de la palabra, conocedores de todos los secretos del arte de la persuasión y la disputa, eran -simultáneamente- maestros de virtud.




No existe quizá mejor fresco de esta situación que las palabras que Tucídides pone en boca del mismo Pericles, en su archiconocido “Discurso fúnebre”. Permítaseme citar algunos fragmentos: “(…) tenemos una Constitución que no envidia las leyes de los vecinos, sino que más bien es ella modelo para algunas ciudades que imitadora de los otros. Y su nombre, por atribuirse no a unos pocos, sino a los más, es Democracia. A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en las disensiones particulares, mientras que mediante la reputación que cada cual tiene en algo, no es estimado para las cosas en común más por turno que por su valía, ni a su vez por causa de su pobreza, al menos si tiene algo bueno que hacer en beneficio de la ciudad, se ve impedido por la oscuridad de su reputación. (…) amamos la belleza con economía y amamos la sabiduría sin blandicie, y usamos la riqueza más como ocasión de obrar que como jactancia de palabra Y el reconocer que es pobre no es vergüenza para nadie, sino que el no huirlo de hecho, eso sí que es más vergonzoso. Arraigada está en ellos la preocupación de los asuntos privados y también de los públicos; y estas gentes, dedicadas a otras actividades, entienden no menos de los asuntos públicos. Somos los únicos, en efecto, que consideramos al que no participa de estas cosas, no ya un tranquilo, sino un inútil, y nosotros mismos, o bien emitimos nuestro propio juicio, o bien deliberamos rectamente sobre los asuntos públicos, sin considerar las palabras un perjuicio para la acción, sino el no aprender de antemano mediante la palabra antes de pasar de hecho a ejecutar lo que es preciso” (Historia de la guerra del Peloponeso, Libro II, §§ 37 y 40).

Sin embargo, tal felicidad duró lo que un suspiro. En poco tiempo el ejercicio de la libertad individual se trasmutó en la práctica del egoísmo más desenfrenado, en pos de metas subalternas y mezquinas. El legítimo afán individual de poderío, por un momento perfectamente acorde al interés del conjunto, se transformó en vulgar oportunismo, en búsqueda ciega del propio provecho a expensas de la comunidad. En una palabra: Pericles fue sustituido por Cleón y éste, para colmo de males, por el incalificable Alcibíades, principal responsable de la desastrosa incursión ateniense en Sicilia. La derrota frente a Esparta en la guerra del Peloponeso selló el destino trágico de Atenas y, a poco andar, de toda Grecia.

Sin embargo, a pesar de sus trasgresiones y delitos reiterados, sus equivocaciones fatales y sus espantosas traiciones -pasó al servicio de Esparta y después al de Persia, para retornar finalmente a su patria- no es fácil detestar a Alcibíades, como sí lo hicieron sus contemporáneos Tucídides y Aristófanes con el brutal Cleón. Veamos la semblanza que nos ofrece de él el historiador C. M. Bowra en La Atenas de Pericles (Alianza, Madrid, 1981, pp. 224-225): “En Atenas el partido de Nicias [partidario de la paz] fue vencido por los imperialistas demócratas, capitaneados, primero, por Hipérbolo, que estaba hecho de la misma madera que Cleón. De mayor relieve era el joven Alcibíades, pupilo de Pericles y miembro de su clan. Apuesto, rico, extravagante, listo y capaz, Alcibíades pareció durante mucho tiempo el heredero de Pericles enviado del cielo, que podía resucitar su manera de liderazgo con un entusiasmo renovado y una imaginación fresca. Alcibíades tenía, por supuesto, algunas cualidades notables(…) Había luchado en Delio y entendió el arte de la guerra como tal vez ningún otro ateniense de su época. Era un orador extraordinariamente brillante en la Asamblea y capaz de hacerle aceptar sus propuestas. Mas equívoca era su relación con los sofistas y su enseñanza. Era amigo de Sócrates y lo admiraba extraordinariamente, pero no compartía su respeto por las leyes o su integridad moral. En la práctica, Alcibíades se asemejaba a esos jóvenes de Platón que discutían para su interés propio y se interesaban más por sí mismos que por su país. Aunque poseía muchas de las cualidades que hicieron a Atenas grande, tenía otras que podían llevarla a la ruina”.

¿Qué había sucedido? ¿Por qué se derrumbó -para decirlo con palabras de Hegel- esa “bella totalidad ética”? La filosofía occidental ha intentado reiteradamente -no cesará de hacerlo- develar este enigma. El propio enigma de su emergencia; el enigma constitutivo de la civilización occidental, que ésta todavía no ha sabido descifrar. La amenaza de la esfinge pende desde sus orígenes sobre ella. Su malestar en la cultura no es ajeno al trauma originario de la ruptura de la pólis.



Platón

Lo cierto es que Platón asiste a un panorama desolador. Ve desplegarse ante su mirada un individualismo suicida que crece en relación directamente proporcional a la pérdida de poder del conjunto. El capricho y el arbitrio reinan por doquier. Atenas, su amada Atenas, se encamina precitadamente hacia su final.

Platón traslada el escenario de sus diálogos al siglo anterior, acaso consciente de que el momento decisivo se localizaba allí. Tal vez toda su vida deseó ser Sócrates, confiando en su capacidad de revertir aquello ante lo que su maestro fracasó. O -conjeturalmente- el trauma producía ya sus primeros efectos. La compulsión a la repetición comenzaba a obrar.

Al situar los acontecimientos en el siglo V -un siglo antes-, Platón ocultaba también su desesperación. Porque Platón era un hombre desesperado. La filosofía nace, pues, de la desesperación. Desesperación que busca frenéticamente, en el desván de un bagaje cultural desvencijado, instrumentos de redención, armas para reconstruir un orden imprescindible. De ahí la recurrencia -ya alternativa, ya conjunta- a la dialéctica, al éros, al noús, al silencio místico. De ahí, los caminos del exoterismo y del esoterismo. De ahí también, por último, el “invento” de las Ideas, trascendencia necesaria para alejar la actividad política del terreno de la arrogancia, el narcisismo y la autosatisfacción.

La filosofía encuentra su origen en una catástrofe política. En la evaporación del poder colectivo, consecuencia de la eclosión caótica de los intereses individuales. Desaparición del poder colectivo que tarde o temprano, demás está decirlo, trae inexorablemente aparejada la declinación del poder individual. Al menos, mientras exista una comunidad.

En este sentido, la filosofía es tan hija de la política como Éros lo es de Penía. La comparación no es puramente exterior, una mera analogía literaria. Pues así como el impulso erótico es generado por la indigencia, el impulso filosófico reconoce por madre a la impotencia. Impotencia que no se resigna y ensaya, mediante un rodeo inopinado, apelando a una instancia inesperada, reconstruir un orden.

Necio sería negar o incluso relativizar, en función de lo dicho hasta aquí, la referencia ontológica y aún ontoteológica de la filosofía. También, que la racionalidad científica y tecnológica encuentra en la filosofía su punto de partida y explicación última. Más aún, necio sería negar que en la filosofía aliente acaso un elemento casi intemporal de hondura insondable. Y que a partir de todo esto se haya podido desplegar y de hecho se haya desplegado un sinnúmero de cuestiones, de preguntas y respuestas, dando lugar a uno de los géneros más extraños y prolíficos del discurso y de la escritura. Nada de ello impide localizar, empero, el nacimiento de la filosofía en los términos propuestos.



Nosotros

¿Será pertinente renovar hoy el gesto platónico? ¿Un renacimiento de la filosofía? Nuestro mundo no es -inútil decirlo- el de Platón. Sin embargo, presenta algunas semejanzas sugestivas. Cada vez son más quienes sospechan que el eufemísticamente denominado, a comienzos de los 90, “nuevo orden internacional”, es un desorden colosal. De nuevo se cierne sobre nosotros la amenaza del caos. No hemos descifrado el enigma. El juego de los intereses individuales -en sentido lato- parece desconocer todo límite. Los mecanismos políticos vigentes se revelan no ya incapaces de modificar el estado de cosas sino, en ocasiones, tan siquiera de contenerlo razonablemente.

¿Será insensato proponer de nuevo intervenir en lo político desde otro lugar, desde otra escena? ¿Cabe esperar de ello algún éxito? Porque Platón fracasó rotundamente. No sólo en sus excursiones a Siracusa. Su derrota más terrible fue posterior. Pues se entendió su jugada como apuesta a la razón, lo que sirvió únicamente a la postre para que los aspectos más aviesos del ejercicio del poder, sin dejar de florecer, se encubrieran y oscurecieran, disimulándose con mayor eficacia.

Pero también es posible aprender de los errores de Platón. Renovar su gesto no significaría hoy, desde ya, acompañarlo en sus frecuentes tentaciones totalitarias ni, todavía menos, cifrar en la razón la posibilidad de reconstruir un orden digno de ser vivido. Tampoco confiar en una grosera imaginarización de la trascendencia. “Un platonismo para el pueblo”, definía Nietzsche al cristianismo, no sin alguna verdad. Lentamente la filosofía, tomando una distancia imperceptible e imponderable de un mundo que se hunde, debe aprender a infiltrar, sin recostarse en un trasmundo, la otra escena: la de los límites éticos inmanentes al ejercicio del poder.

“LOS CONDENADOS DE LA TIERRA”


“Donde existe una necesidad nace un derecho”
EVA PERON


El título refiere al libro de Franz Fannon, argelino, médico, siquiatra que describió con precisión las conductas sociales y la expresión de la violencia de los pueblos colonizados. Allí analizó las conductas de los sectores desplazados en ese proceso, aquellos que no aceptaron las leyes de los colonizadores, creando sus propios mecanismos de subsistencia, estando fuera de la lógica de integración social que pretendía el poder, elaborando esos sectores, sus propias pautas de conductas, ajenos al funcionamiento del sistema dominante. Los denominó Fannon con la categoría marxista de Lumpenes, refiriendo aquellos sectores que por debajo socialmente del proletariado en el planteo de Marx, generalmente marginales y desplazados, dedicaban sus actividades generalmente hacia lo ilícito, incluso ejerciendo violencia horizontal entre pares, la primer etapa de la violencia del marginado.

En este sentido del análisis, para tratar de entender en nuestro país los acontecimientos de sectores sociales que buscan visibilizarse, podemos acudir al manejo del poder del panóptico de Michael Foucault en su libro “Vigilar y Castigar”, que tiende al análisis certero de las formas de opresión del poder político por sobre la población en todas sus variantes. Sin dudas quienes visualizan al poder desde la óptica de su propia realidad marginal, del desplazamiento social y desde la humillación, es decir desde el lugar del “otro” tendrán una imagen similar a la planteada en ambos casos, apareciendo en el imaginario como el puño férreo del monstruo bíblico del Leviatan, descripto por Thomas Hobbes, describiendo al Estado.

Imaginemos por un momento a aquellos sectores sociales, integrados con trabajo estable y proyecto de vida hasta que entró a sangre y fuego el sistema neoliberal como verdadera fuerza de ocupación,, siendo expulsados en forma violenta por la lógica economicista neoliberal del 76 y luego del 90 que entre otras cosas planteaba que “achicar el Estado es agrandar la Nación”, mientras millones de compatriotas eran arrojados a las banquinas de la historia, invisibilizados por una sociedad que aplaudía la convertibilidad y el viaje al exterior, mientras destrozaba familias enteras y endeudaba al país en un pensamiento mágico de modernidad supuestamente sin costo ni sacrificios, de golpe con una decisión política aplaudida por los factores de poder y elogiada por el mundo “civilizado”, mientras condenaba a las mayorías populares argentinas a la pauperización absoluta y el empobrecimiento.

Esa ruptura cultural, de la cultura del trabajo a la cultura de subsistencia, dejó un legado a las nuevas generaciones, cuyo destino lejos de aspirar a la movilidad social, lucharon por su sobrevivencia del día a día, no como quisieron sino como pudieron, aún en el delito. Fácil es la condena desde el adentro, desde “nosotros” que sólo reconocemos en los “otros” todos los males sociales, desde un afuera que no nos compromete como actores sino con mirada simplemente de testigos de la historia. Juzgamos y estigmatizamos la pobreza asociada al delito, no entendemos los códigos sociales de los sectores marginales a nuestra sociedad, ni sus conductas, ni sus prioridades, aún sus propios mecanismos de relacionamiento social, con sus pautas de conducta, diferentes a la nuestras, por necesidad y también por incomprensión.

Lo vivimos diariamente frente al dolor del abandono y la pobreza, juzgamos y marcamos como forma de alejar de nosotros la responsabilidad de situaciones que lastiman y duelen. Lo vemos con los niños en situación de calle, con los migrantes hermanos latinoamericanos, con quienes duermen en las veredas transitadas, con quienes no hablamos, no cruzamos palabras ni miradas, queriendo no ver la peor cara de nuestra sociedad. Lo primero que hacemos es clamar por el gobierno y su solución como si ésta fuese mágica, o por exigir la expulsión de los migrantes, en una suerte de discriminación que nunca debió anidar en la sociedad argentina, mayoritariamente alineada con la Patria Grande Latinoamericana.

Define la UNESCO desde Naciones Unidas, que los tiempos de recuperación económica después de una crisis lleva una década, la social y la cultural de arrasamiento de los valores identitarios como el trabajo, la solidaridad, el compromiso, rehacer el destino común en el país, lleva 30 años. Es mucho mas rápido destruir que construir un sistema social solidario, integrar al imaginario común de los argentinos que existe un camino a recorrer, que incluso la propiedad privada tiene que tener un compromiso social que hasta la Iglesia promueve, que sólo el amor y la comprensión pueden construir la felicidad del pueblo, nunca el rencor social ni el desprecio por el “otro”.

Debe ser duro para muchos sectores, vecinos, de nuestra comunidad, convivir con sectores, también vecinos nuestros, con culturas propias construídas por años de marginación e injusticia, que cuando se expresan lo hacen desde sus necesidades, desde sus conceptos y de su forma de vida, producto sobreviviente de un mundo hostil. En especial los jóvenes que han convivido y crecido con padres sin trabajo, que han debido sobrevivir en medio de la basura y sin esperanzas ni proyecto de vida, después de haber sido sus mayores, obreros calificados, con sueños para sus hijos, anhelos para su familia, apostando a la movilidad social ascendente, con la historia cultural que dejó el peronismo en el país, destruída en un instante por una lógica socialmente criminal como el neoliberalismo. Esa fue la invasión cultural en nuestro país, que no necesitó ejército invasor, ni bandera ni banda, como no lo necesitaron los ingleses después de las experiencias militares de invasión, abortadas en el siglo XlX, pero pudieron sin embargo después, dominar nuestro país a través de testaferros domesticados por décadas, hasta los procesos populares de Rosas, Yrigoyen y Perón.

La penetración cultural y económica determinó los procesos políticos y sociales que llevaron a la indigencia y a la pobreza a millones de argentinos. No fue la vagancia ni el desánimo, ni la falat de capacidad del hombre argentino, no fueron los sinverguenzas los que se expulsó del cuerpo social, fueron trabajadores, los cabecitas negras de Evita que fueron a engrosar las villas miserias llamadas eufemísticamente “asentamientos”. Es mas, los sinverguenzas siguieron gobernando hasta el 2001 y desencadenaron una crisis de la cual tenemos poca memoria aún por haber descendido al infierno tan temido de la disolución nacional, cuyas secuelas aún estamos reparando.

Recordar estos temas para reflexionar es un ejercicio doloroso por la realidad cotidiana que nos toca vivir, en un país en crecimiento, con ampliación del mercado del trabajo como pocas veces en la historia, con una dinámica económica envidiable y con mejoramiento de los indicadores sociales reconocidos en el país y en el ámbito internacional. Sin embargo la realidad nos golpea desde lo que nos falta avanzar, que es mucho aún por delante, con hipotecas sociales a levantar en el tiempo y sin prestarse a los juegos del poder económico, que siempre está dispuesto a ofrecer soluciones simples y rápidas, casi mágicas que solemos comprar acelerada e improvisadamente. No hay soluciones desde un Estado represor ni desde un Mercado liberal como ordenadores sociales. Si las hay desde una reflexión profunda en lo estratégico que permita definir un mecanismo de reinserción social de justicia para todos los argentinos y los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo patrio.

Una reflexión final, quien no se siente parte, no está obligado, quien ha sido marginado, desplazado, humillado, empujado junto a sus hijos, termina en manos de los lúmpenes que hacen de la violencia un ejercicio entre pares, atacan a los mas débiles, los explotan y los estafan, aprovechando que son parte de ellos ejerciendo una violencia horizontal, como la descripta por Fannon, hasta que logran canalizar sus aspiraciones socialmente, con objetivos superiores al de la simple subsistencia del día a día, en un proyecto de país que los contenga. El gobierno solo no puede garantizar ese camino sino es un camino del conjunto del pueblo argentino, con conciencia social y solidaridad activa y militante que selle la reinserción social, repare el abismo socialmente siniestro dejado por los casi treinta años de sometimiento cultural, económico y social, desde 1976 hasta el 2003.


JORGE RACHID
CABA, 20/12/10
jorgerachid2003@yahoo.com.ar

LA DISCRIMINACION Y LA INGENIERIA SOCIAL


Un artículo de Jorge Rachid


La Patria es la América (Simón Bolivar)

La xenofobia y la discriminación son manifestaciones tempranas de proyectos a largo plazo, verdaderos preámbulos de modelos sociales de construcción, que antecedieron los “progroms” del stalinismo, el holocausto del nazismo, la consolidación del sionismo en Israel en su ataque al pueblo Palestino, la división étnica previa a la disgregación de Yugoeslavia y la etapa anti islámica de Bush con cuya excusa invadió Irak, Afganistán y amenazó a Irán.

Alguien podrá decir que la exageración invade el análisis ya que la Argentina es un pueblo, cuya raíz criolla y de los pueblos originarios, fue fundida a las corrientes inmigratorias europeas, africanas y asiáticas, que también fueron perseguidas a su llegada a principios del siglo XX por las familias “decentes” de la Liga Patriótica, que mataban y expulsaban a aquellos que reclamaban sus derechos como seres humanos, llegando a votar la famosa Ley de Residencia, el monumento a la discriminación que avasallaba la dignidad humana. Los perseguidos eran nuestros abuelos, habitantes de conventillos, explotados y expoliados por las mafias que los manejaban, como hoy en las villas miserias que circundan la ciudad y el conurbano.

La mentalidad Country de la discriminación, verdadero hito de la cultura dominante neoliberal, hasta desconoce la historia de nuestro país, donde la actual Bolivia y Perú fueron cuna de nuestros intelectuales y patriotas de la Revolución de Mayo, Chuquisaca, Potosí entre otras forjadoras de las ideas de Castelli, Moteagudo, Moreno en sus aulas y su pasión libertaria en aquella época, llamada liberal por la encendida prédica libertadora. Los delegados del Alto Perú se pueden encontrar en mayoría entre los Congresales de Tucumán en nuestra declaración de la Independencia, Fueron del actual Paraguay y Uruguay desde donde colaboraron para recuperar Buenos Aires de las invasiones inglesas. Fueron todos países de nuestra América profunda quienes se conmovieron y acompañaron la gesta de Malvinas. Sin embargo denostamos a nuestros hermanos Latinoamericanos, acariciando sueños europeístas e imperiales.

Quienes dicen que la inmigración descontrolada genera delito y tráfico, debemos decirles que menos del 2% de los presos en cárceles argentinas son extranjeros, y que la mayoría de ellos son europeos ligados al narcotráfico. Quienes plantean que quitan trabajo a los argentinos ignoran que los trabajos realizados por los inmigrantes de países limítrofes no sólo son los que permitieron aumentar nuestra riqueza, sino que además realizan trabajos como las cosechas manuales, los empleos domésticos y la construcción que no cesan de ser requeridos. Es verdad que muchos de los contratantes desearían que estuviesen, esos inmigrantes por siempre indocumentados, ilegales para evadir derechos laborales y aportes, Hoy están visibilizados y con DNI, evitando el trabajo esclavo y la explotación.

El Mercosur como anticipo del UNASUR, declaró la libre transitabilidad de las fronteras, con igualdad de derechos para todos los habitantes en un avance importante para la unidad de los pueblos, como soñaron San Martín , Bolivar, Artigas y tantos otros patriotas. Quienes defendemos la integración como bien supremo en la construcción de la Patria Grande Latinoamericana lo hacemos desde el convencimiento que no se puede separar un ideal compartido por los pueblos, de enfrentar las dificultades comunes de cualquier crecimiento, evitando la xenofobia y la discriminación. Debatir estos temas de cara a la sociedad nos permitirán comenzar a desmontar la cultura neoliberal que hizo del individualismo de cualquier tipo un paradigma del éxito personal o sectorial, con desprecio por el “otro”, a quienes los griegos denominaban “los bárbaros” por ser extranjeros. Pertenecer al sistema o no pertenecer, es lema del consumismo, la educación privada, la medicina prepaga, la tarjeta de crédito. Todas herramientas de separación social, de desintegración , de diáspora social, fragmentación total de las instituciones y las políticas, en definitiva del canibalismo. El viejo lema cumplido”divide y triunfarás”.

Los acontecimientos de Villa Soldati son una expresión del desprecio por las políticas sociales por parte del gobierno de la Ciudad, que lejos de tomar los problemas y resolverlos, se intenta desplazarlos de responsabilidad, adjudicando a terceros sus propias limitaciones que son centralmente ideológicas. Porque es ideológico, es decir un sistema de ideas basado en la construcción de un modelo social de exclusión con rasgos primitivos de política social prebendaria defectuosa. Que nadie lo atribuya a la falta de capacidad, porque sería pensar que quieren hacer las cosas bien, pero no pueden. No, es simplemente tratar la pobreza como un problema de subsidios, no un problema de dignidad, menos aún como un problema de los Derechos Humanos. Es desprecio desde la idea, que pobres habrá siempre y que la responsabilidad de esta administración es intentar ocultar el problema, taparlo, hacer beneficencia, mostrarse agredido por la realidad, como si la pobreza la sufriesen los sectores de gobierno que hablan de ella. Entre la Villa y el Country es la vida de los funcionarios que se expresan en términos de “ellos” y “nosotros” en la máxima expresión de la discriminación, pese a ser hijos de inmigrantes acogidos con solidaridad en sus tiempos de miseria.

Cada uno de nosotros es el otro, cada dolor es nuestro, compartido no sólo en la muerte o en el lamento tardío de la tragedia ya consumada. La solidaridad no es un hecho intelectual y menos aún para quienes ejercen responsabilidades, que parecen relatar los acontecimientos como testigos de la historia, pese a ser responsables de la misma.

Por último un párrafo para la violencia, para quienes creen que pueden resolver sus problemas o sus responsabilidades a fuerza de represión, tanto de las fuerzas policiales como la llamada justicia por mano propia. El uso de la fuerza está reservado al Estado y debe ejercerlo con la prudencia y responsabilidad de actuar frente a compatriotas, hacia sus hermanos, evitando desbordes, previniendo, llevando paz donde hay alteración. Quienes no entiendan estas premisas deben ser separados de las fuerzas, ya que la democracia y la paz son instancias a fortalecer en acciones cotidianas como parámetros de vida. Los que asuman sus propias reivindicaciones personales o sectoriales con vendettas y violencia que nos hace avergonzar como seres humanos, deberán dar cuenta a la Justicia. La vida es lo máximo que tenemos a ofrendar los seres humanos y no puede ser arrebatada en términos de venganza, persecución racial, ideológica ni religiosa. Esa es una sociedad caníbal. Alguien tratará de comparar estas afirmaciones con el delito cotidiano, nada mas alejado de la realidad. Quienes ejercen violencia social se creen con derechos superiores a otros seres humanos, pretenden ejercer autoridad punible. Todavía recordamos esas imágenes de los muertos de la Semana Trágica, con los chicos bien, armados, persiguiendo inmigrantes obreros, también recordamos el mecanismo de ejecución encapuchados de los negros norteamericanos en manos del Ku Klux Klan, que a todos nos enardecía y emocionaba hasta el llanto de impotencia.

Construir un destino común incluye a los hermanos latinoamericanos, ese destino debe integrar todos los sectores sociales, reinstalar la movilidad social ascendente, abrir nuestras cabezas a las nuevas realidades desalojando concepciones neoliberales, individualistas y xenófobas que nos llevan a la confrontación social y a la disgregación.

Sólo una sociedad solidaria, contenedora e integradora nos hará libres. Libres en nuestras decisiones, en nuestra soberanía nacional impidiendo ataduras externas, condicionamientos y diseños externos de país. Libres en nuestras capacidades y en nuestras oportunidades, generando nuevas condiciones de vida. Aumentará una sociedad solidaria la autoestima y el afecto social disminuido por años de denigración y desvalorización del hombre argentino. Los argentinos fuimos protagonistas de gestas históricas, hoy la defensa de la democracia popular, la justicia social y el bienestar de nuestro pueblo son parte de esa historia a construir en el marco de los nuevos paradigmas de identidad nacional y latinoamericana, que impregnarán la vida de los argentinos las próximas décadas

JORGE RACHID
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
CABA, 14/12/10

LA DISCRIMINACION Y LA INGENIERIA SOCIAL


Un artículo de Jorge Rachid


La Patria es la América (Simón Bolivar)

La xenofobia y la discriminación son manifestaciones tempranas de proyectos a largo plazo, verdaderos preámbulos de modelos sociales de construcción, que antecedieron los “progroms” del stalinismo, el holocausto del nazismo, la consolidación del sionismo en Israel en su ataque al pueblo Palestino, la división étnica previa a la disgregación de Yugoeslavia y la etapa anti islámica de Bush con cuya excusa invadió Irak, Afganistán y amenazó a Irán.

Alguien podrá decir que la exageración invade el análisis ya que la Argentina es un pueblo, cuya raíz criolla y de los pueblos originarios, fue fundida a las corrientes inmigratorias europeas, africanas y asiáticas, que también fueron perseguidas a su llegada a principios del siglo XX por las familias “decentes” de la Liga Patriótica, que mataban y expulsaban a aquellos que reclamaban sus derechos como seres humanos, llegando a votar la famosa Ley de Residencia, el monumento a la discriminación que avasallaba la dignidad humana. Los perseguidos eran nuestros abuelos, habitantes de conventillos, explotados y expoliados por las mafias que los manejaban, como hoy en las villas miserias que circundan la ciudad y el conurbano.

La mentalidad Country de la discriminación, verdadero hito de la cultura dominante neoliberal, hasta desconoce la historia de nuestro país, donde la actual Bolivia y Perú fueron cuna de nuestros intelectuales y patriotas de la Revolución de Mayo, Chuquisaca, Potosí entre otras forjadoras de las ideas de Castelli, Moteagudo, Moreno en sus aulas y su pasión libertaria en aquella época, llamada liberal por la encendida prédica libertadora. Los delegados del Alto Perú se pueden encontrar en mayoría entre los Congresales de Tucumán en nuestra declaración de la Independencia, Fueron del actual Paraguay y Uruguay desde donde colaboraron para recuperar Buenos Aires de las invasiones inglesas. Fueron todos países de nuestra América profunda quienes se conmovieron y acompañaron la gesta de Malvinas. Sin embargo denostamos a nuestros hermanos Latinoamericanos, acariciando sueños europeístas e imperiales.

Quienes dicen que la inmigración descontrolada genera delito y tráfico, debemos decirles que menos del 2% de los presos en cárceles argentinas son extranjeros, y que la mayoría de ellos son europeos ligados al narcotráfico. Quienes plantean que quitan trabajo a los argentinos ignoran que los trabajos realizados por los inmigrantes de países limítrofes no sólo son los que permitieron aumentar nuestra riqueza, sino que además realizan trabajos como las cosechas manuales, los empleos domésticos y la construcción que no cesan de ser requeridos. Es verdad que muchos de los contratantes desearían que estuviesen, esos inmigrantes por siempre indocumentados, ilegales para evadir derechos laborales y aportes, Hoy están visibilizados y con DNI, evitando el trabajo esclavo y la explotación.

El Mercosur como anticipo del UNASUR, declaró la libre transitabilidad de las fronteras, con igualdad de derechos para todos los habitantes en un avance importante para la unidad de los pueblos, como soñaron San Martín , Bolivar, Artigas y tantos otros patriotas. Quienes defendemos la integración como bien supremo en la construcción de la Patria Grande Latinoamericana lo hacemos desde el convencimiento que no se puede separar un ideal compartido por los pueblos, de enfrentar las dificultades comunes de cualquier crecimiento, evitando la xenofobia y la discriminación. Debatir estos temas de cara a la sociedad nos permitirán comenzar a desmontar la cultura neoliberal que hizo del individualismo de cualquier tipo un paradigma del éxito personal o sectorial, con desprecio por el “otro”, a quienes los griegos denominaban “los bárbaros” por ser extranjeros. Pertenecer al sistema o no pertenecer, es lema del consumismo, la educación privada, la medicina prepaga, la tarjeta de crédito. Todas herramientas de separación social, de desintegración , de diáspora social, fragmentación total de las instituciones y las políticas, en definitiva del canibalismo. El viejo lema cumplido”divide y triunfarás”.

Los acontecimientos de Villa Soldati son una expresión del desprecio por las políticas sociales por parte del gobierno de la Ciudad, que lejos de tomar los problemas y resolverlos, se intenta desplazarlos de responsabilidad, adjudicando a terceros sus propias limitaciones que son centralmente ideológicas. Porque es ideológico, es decir un sistema de ideas basado en la construcción de un modelo social de exclusión con rasgos primitivos de política social prebendaria defectuosa. Que nadie lo atribuya a la falta de capacidad, porque sería pensar que quieren hacer las cosas bien, pero no pueden. No, es simplemente tratar la pobreza como un problema de subsidios, no un problema de dignidad, menos aún como un problema de los Derechos Humanos. Es desprecio desde la idea, que pobres habrá siempre y que la responsabilidad de esta administración es intentar ocultar el problema, taparlo, hacer beneficencia, mostrarse agredido por la realidad, como si la pobreza la sufriesen los sectores de gobierno que hablan de ella. Entre la Villa y el Country es la vida de los funcionarios que se expresan en términos de “ellos” y “nosotros” en la máxima expresión de la discriminación, pese a ser hijos de inmigrantes acogidos con solidaridad en sus tiempos de miseria.

Cada uno de nosotros es el otro, cada dolor es nuestro, compartido no sólo en la muerte o en el lamento tardío de la tragedia ya consumada. La solidaridad no es un hecho intelectual y menos aún para quienes ejercen responsabilidades, que parecen relatar los acontecimientos como testigos de la historia, pese a ser responsables de la misma.

Por último un párrafo para la violencia, para quienes creen que pueden resolver sus problemas o sus responsabilidades a fuerza de represión, tanto de las fuerzas policiales como la llamada justicia por mano propia. El uso de la fuerza está reservado al Estado y debe ejercerlo con la prudencia y responsabilidad de actuar frente a compatriotas, hacia sus hermanos, evitando desbordes, previniendo, llevando paz donde hay alteración. Quienes no entiendan estas premisas deben ser separados de las fuerzas, ya que la democracia y la paz son instancias a fortalecer en acciones cotidianas como parámetros de vida. Los que asuman sus propias reivindicaciones personales o sectoriales con vendettas y violencia que nos hace avergonzar como seres humanos, deberán dar cuenta a la Justicia. La vida es lo máximo que tenemos a ofrendar los seres humanos y no puede ser arrebatada en términos de venganza, persecución racial, ideológica ni religiosa. Esa es una sociedad caníbal. Alguien tratará de comparar estas afirmaciones con el delito cotidiano, nada mas alejado de la realidad. Quienes ejercen violencia social se creen con derechos superiores a otros seres humanos, pretenden ejercer autoridad punible. Todavía recordamos esas imágenes de los muertos de la Semana Trágica, con los chicos bien, armados, persiguiendo inmigrantes obreros, también recordamos el mecanismo de ejecución encapuchados de los negros norteamericanos en manos del Ku Klux Klan, que a todos nos enardecía y emocionaba hasta el llanto de impotencia.

Construir un destino común incluye a los hermanos latinoamericanos, ese destino debe integrar todos los sectores sociales, reinstalar la movilidad social ascendente, abrir nuestras cabezas a las nuevas realidades desalojando concepciones neoliberales, individualistas y xenófobas que nos llevan a la confrontación social y a la disgregación.

Sólo una sociedad solidaria, contenedora e integradora nos hará libres. Libres en nuestras decisiones, en nuestra soberanía nacional impidiendo ataduras externas, condicionamientos y diseños externos de país. Libres en nuestras capacidades y en nuestras oportunidades, generando nuevas condiciones de vida. Aumentará una sociedad solidaria la autoestima y el afecto social disminuido por años de denigración y desvalorización del hombre argentino. Los argentinos fuimos protagonistas de gestas históricas, hoy la defensa de la democracia popular, la justicia social y el bienestar de nuestro pueblo son parte de esa historia a construir en el marco de los nuevos paradigmas de identidad nacional y latinoamericana, que impregnarán la vida de los argentinos las próximas décadas

JORGE RACHID
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
CABA, 14/12/10

La vigencia del pensamiento peronista

Algunas verdades relativas del kirchnerismo

Por Rafael Antonio Bielsa

El pueblo movilizado puede ser organizado, y para ello es necesario compartir ideas, que luego se transformarán en consignas y finalmente en vínculos sólidos y permanentes.

El título remite inevitablemente a “Las 20 verdades peronistas”, y está bien que así sea, porque no es algo que yo haya querido eludir, sino en todo caso provocar. La verdad peronista 13ª decía que “Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma.” Sin adentrarme en tales extremos de filosofía política, es mínimamente cierto que una doctrina es algo necesario para vertebrar un sujeto político y social. Y siempre se empieza por algo.
Respecto de “Las 20 verdades peronistas” se ha suprimido el artículo “las”, que connota un número cerrado, debido a que –por el contrario– estas “algunas” están abiertas a la revisión y a la discusión de quienes compartimos el espacio (y también –si fuera el caso– de quienes no lo comparten).
Se ha añadido el adjetivo “relativas” por dos razones: porque con ese pudor se refería habitualmente Néstor Kirchner a su propio pensamiento y es pertinente el reconocimiento. Luego, porque se reitera en este punto el espíritu de la enumeración que continúa: lejos de la pretensión de que la honestidad, la buena fe y la sinceridad que informan estos preceptos configuren una verdad objetiva, la idea es que –colectivamente- otras perspectivas sobre lo mismo los enriquezcan sumando sus voces. El pensamiento popular argentino del siglo XXI tiene un aporte esencial para brindar en esta dirección.
Mucho más interesante que discutir si Néstor Kirchner poseía y practicaba estas verdades –puesto que se las asigno y me hago cargo, curándome en salud–, es enriquecerlas o refutarlas con la discusión desde las ideas.
El primer plano discursivo parte de la pregunta: ¿con qué valores se pretende gobernar y luego se gobierna? Hay que observar atentamente cómo se construye poder, porque luego se gobernará del mismo modo. Pasemos a algunas “verdades relativas” del kirchnerismo.
1) La política y la militancia son un modo de vivir más que un medio de vida.
2) Todos somos irrepetibles en nuestra pequeñez; algunos pocos en su trascendencia; las mayorías populares en la construcción de un modelo nacional de crecimiento con equidad.
3) La acción política requiere decisión, voluntad y unidad dentro del espacio.
4) Lo que vence al tiempo es la conciencia del pueblo. El trabajo militante es vital para la transformación de la experiencia cotidiana en conciencia colectiva.
5) Para un militante del campo popular, no hay nada mejor que el pueblo. Milita mirando las enseñanzas del pasado, la trascendencia del presente y las exigencias del futuro. Su preocupación primaria no son las elecciones venideras sino las próximas generaciones. Ser militante es una condición permanente; conducir es una función transitoria.
6) La militancia es una realización constante y rigurosa.
7) Las grandes mayorías populares, inmensamente generosas en su gratitud e injustamente a la intemperie en sus carencias, deben ser para los militantes una fuente de conocimiento y una herida que no cierra: aprender del aire libre de sus expresiones y responder con toda la convicción de nuestras posibilidades. No prometer más, sino comprometernos todavía más.
El siguiente vector de reflexión responde al interrogante: ¿cuál es la esencia del kirchnerismo en tanto peronismo del siglo XXI?
8) El kirchnerismo es una corriente de pensamiento que en materia de política internacional adhiere a los lineamientos del multilateralismo y el sudamericanismo. En política doméstica es policlasista, popular en lo político y nacional en lo cultural, estratégicamente incluyente y socialmente inclusiva. El concepto de soberanía política incluye el fortalecimiento de los lazos con los pueblos que se nos asemejan histórica, social y políticamente y la inserción dentro del mundo desde esa concepción. El concepto de independencia económica incluye la fortaleza la fiscal, la financiera, y planificar la organización económica privilegiando el interés general de nuestros trabajadores y productores. El país debe diversificar sus exportaciones añadiéndoles valor y multiplicar sus mercados considerándolos no sólo desde el punto de vista comercial. El concepto de justicia social comprende la seguridad alimentaria, la inclusión educativa y la asistencia sanitaria. El kirchnerismo asume que la versión más actual de la disputa por el poder es la disputa por el saber.
El tercer punto para la discusión se apoya en la siguiente pregunta: ¿cómo se piensa, se lidera y se afianza un proceso de transformación basado en el crecimiento con inclusión social?
9) Un proyecto nacional se construye, no se notifica. Se lo conduce, no se lo sacrifica. Se lo comparte, no se lo atesora. De lo contrario, no va a ser nacional y quedará en proyecto.
10) El kirchnerismo es la armónica interrelación entre la voluntad, la revalorización del Estado como ente de cultura inseparable del pueblo y la inclusión social como objetivo permanente.
11) Siempre es mejor discutir sobre los principios ordenadores que carecer de ellos.
12) El kirchnerismo debe transmitir a los compañeros que están a tiempo para ser lo que podrían haber sido.
13) El compromiso no es escindible de la militancia kirchnerista: en consecuencia, el militante con funciones gubernamentales es capaz de alcanzar metas que nunca tuvo en mente.
14) Aun en el caso de que los instrumentos de intervención y la correlación de fuerzas parezcan insatisfactorios, la decisión del kirchnerismo es siempre hacerse cargo de los problemas.
15) Lo táctico requiere de la misma habilidad que lo estratégico. No es necesario fascinar para convencer.
16) Es imprescindible no caer en la tentación de repetir las mismas conductas que desplegamos en los momentos de mayor éxito. Todos los logros son transitorios, y por lo tanto el proceso de cambio debe ser permanente.
17) La organización que no se sacude los fantasmas queda presa de ellos.
18) Es más importante la fuerza que la conducción logre imprimir a la rueda que los palos que intenten ponerle.
19) Lo estratégico debe estar en permanente debate. Lo táctico es resorte de la conducción, que no tiene la obligación de consultar previamente sus decisiones pero sí la de informar con posterioridad las razones.
20) La imaginación de lo improbable pero posible es tarea de la política. La administración de las existencias es cometido de los ministerios.
Los medios de comunicación y grupos de presión autodenominados “críticos”, que rechazan la calificación de “opositores”, han tratado con invariable sarcasmo la expresión “modelo kirchnerista”. Sin embargo, ese modelo en acto produjo que cuando desapareció físicamente Néstor Kirchner se alzaran movilizaciones espontáneas que, no por imprevistas para dichos sectores, dejaron de ser multitudinarias.
El pueblo movilizado puede ser organizado, y para ello es necesario compartir ideas, que luego se transformarán en consignas y finalmente en vínculos sólidos y permanentes. Con ese propósito fueron escritas estas líneas insatisfactorias y preliminares.

La inflación, el miedo y la política

Por Ricardo Forster|

Pensar críticamente la cuestión no menor de la inflación es intentar ir más allá de un fenómeno económico; es tratar de desarticular un viejo recurso del poder concentrado en el interior de nuestras sociedades de mercado, recurso que busca invisibilizar las causas reales del aumento de precios para transferirlas hacia el orden político. Una manera artera de proyectar la amenaza de lo indiscernible, una suerte de regreso de los dioses dormidos que se lanzan, ávidos de sangre, sobre los ciudadanos-consumidores que, horrorizados ante lo que no comprenden, suelen volverse carne de cañón de distintas propuestas autoritarias y antidemocráticas.
La querella alrededor de la inflación jamás es neutral ni inocente, encierra, dentro de sí, el conflicto que suele atravesar a la sociedad y que siempre tiene que ver con la distribución de los ingresos y de la renta. Hay una “política” que el poder concentrado, que las grandes corporaciones (y la mediática es una de sus principales piezas), utilizan para debilitar los procesos democráticos en especial cuando estos, como el que vivimos los argentinos desde mayo de 2003, apuntan hacia el corazón del litigio por la igualdad. Los precios, sus aumentos, son como descargas de artillería contra los intereses populares. La recreación de la memoria del miedo, herramienta utilizada a destajo por el capitalismo neoliberal, encuentra en la subordinación de la política a la economía una de sus estrategias preferidas, en particular cuando los fenómenos económicos se convierten, por el arte de magias negras, en fenómenos que se escapan a los simples mortales para mutar en fuerzas descomunales que, como huracanes arrasadores, amenazan con llevarse los últimos restos de lucidez que le quedan a la sociedad.

Néstor Kirchner logró algo decisivo: invertir la inercia del poder omnisciente de las corporaciones para reinaugurar un tiempo democrático atravesado por las políticas de la reparación y la equidad. Contra esa decisión histórica es contra la que se alzan las fuerzas reaccionarias, la oposición y el establishment económico. Es ahora a Cristina Fernández a quien le toca, en el interior de una coyuntura potenciada por la reconstrucción de antiguas memorias de la equidad y por la marca excepcional dejada por el nombre de Kirchner, despejar, en la conciencia del pueblo, la trama que se oculta detrás de esta “guerra de precios”.

Nuestro país tiene un raro privilegio: haber sido uno de los contados casos de la historia del siglo XX que atravesó la terrible experiencia de la hiperinflación, una experiencia que suele dejar marcas imborrables en el cuerpo social y en lo más profundo del inconsciente colectivo. El recuerdo, siempre paradigmático, de la devastación económica alemana como escalón previo al triunfo del nazismo, nos ofrece una clara muestra de las potenciales consecuencias de vivir un período hiperinflacionario.

Todo se subvierte cuando estalla la economía y los precios entran en una carrera loca hacia el abismo; pero lo que realmente se quiebra no es el orden económico (en general a esos períodos de crisis galopante suelen suceder reacomodamientos en la concentración del capital), sino la trama de la convivencialidad entrelazada con ese otro núcleo insustituible de las sociedades modernas que es la política democrática. El frenesí alucinante de un mercado enajenado se traduce, de inmediato, en el debilitamiento de los lenguajes de la representación y en la pérdida de la legitimidad política allí donde lo que suele emerger es un reclamo de orden y saneamiento autoritario de una sociedad que parece desquiciada por fuerzas que se vuelven, para el común de los mortales, indescifrables, jeroglíficos incomprensibles que amenazan con devorar la vida cotidiana hasta convertirla en una guerra de todos contra todos.

Los procesos de inflación galopante son vividos, por las sociedades, como brutales interrupciones semejantes a catástrofes naturales, aunque con una distancia no menor: a diferencia de esas catástrofes que provienen de la naturaleza, la que genera el desquicio de la economía y amenaza el bolsillo de los ciudadanos es el producto, así se dice desde las usinas mediáticas, de acciones identificables, de políticas y de políticos que son denunciados, muchas veces por los mismos causantes de la inflación a través de un ardid narrativo, como gestores del mal, como los responsables que deben ser removidos del poder para que vuelva la calma y la normalidad. Lo que casi nunca es denunciado como causante de la inflación es el poder económico que suele actuar desde la opacidad y la astucia que lo caracteriza allí donde logra invisibilizar su responsabilidad directa. La terrible experiencia del gobierno de Alfonsín está allí para recordarnos lo que puede hacer el establishment económico para desestabilizar y finalmente destituir a las autoridades democráticas. No hay espectáculo más nauseabundo que ver de qué modo los grandes causantes del aumento desorbitado de precios se muestran ante la opinión pública como simples víctimas de algo que ellos suelen desencadenar para apuntalar sus propios intereses corporativos y garantizar, de ese modo, su absoluto predominio en la disputa por la renta.

Extraño fenómeno psicológico por el cual una crisis económica tiene como una de sus principales consecuencias no la denuncia y el rencor contra los que hegemonizan el poder del capital, los que fijan los precios y se transforman en los beneficiarios de la especulación, sino que el odio suele volcarse hacia la política, en especial cuando esta se despliega como parte de la experiencia democrática (o hacia sectores vulnerables como los extranjeros o las minorías). La desesperación por la caída al vacío se traduce en rechazo de la política y de los políticos para dejar paso, muchas veces, al frenético reclamo de mano dura y orden capaces, según este imaginario, de sanear el desquicio económico producido por la malversación del sistema de partidos. La experiencia de la Alemania de Weimar y su bancarrota están allí como señal ominosa de las respuestas que suele dar el “sentido común” de los ciudadanos ante situaciones de aguda crisis inflacionaria (allí el chivo expiatorio, junto al sistema de partidos propio del orden democrático, serían los judíos). Lo primero que se debilita es la democracia y la idea de lo político como escenario para el procesamiento de los conflictos. Por eso, la inflación siempre se cruza con la política; su núcleo no responde a tecnicismos que sólo pueden descifrar los especialistas, sino que atraviesa la puja decisiva (como la que hoy estamos viviendo) por el modelo de sociedad.

En las últimas tres décadas, la Argentina ha sufrido algunas heridas devastadoras que dejaron sus marcas profundas en el cuerpo social y cultural; nuestro presente, de un modo u otro, todavía sigue atravesado por esas heridas. La primera y más brutal fue, sin dudas, la infligida por la dictadura militar inaugurada en marzo de 1976. El terror de Estado se desplegó con una intensidad inédita en la historia nacional dejando no sólo un saldo de miles de muertos y desaparecidos sino también marcando a fuego, desde la lógica del horror, la vida de nuestra sociedad (las diversas formas de violencia que todavía insisten entre nosotros están aquí como muestra de una persistencia nunca saldada del todo y vuelve imprescindible la profundización, que viene desarrollándose desde 2003, de una genuina política de la memoria asentada en la justicia). La segunda herida, de otras características, fue la producida por la fallida aventura malvinense, una aventura llevada adelante por una dictadura exhausta pero apoyada por una vastísima parte de nuestra sociedad que, una vez consumada la derrota y desplegada la crónica de la vergüenza, buscó, como otras veces, despegarse de sus propias responsabilidades y complicidades para proyectar fuera de sí el mal del engaño, la improvisación y la impunidad que caracterizó la invasión de las islas un 2 de abril de 1982. Bañarse en las aguas puras de la inocencia ha sido una constante de muchos sectores de la sociedad que suelen eludir, rápidamente, sus responsabilidades efectivas.

La tercera herida es la que parece regresar hoy a través de la alarma inflacionaria multiplicada por el aparato mediático y convertida, por ese discurso del engaño, en el centro pecaminoso de un proceso al que se pretende horadar y deslegitimar en lo que tiene de virtuoso; es aquella que se produjo hacia el final del gobierno de Alfonsín y que llevó a nuestro país a contemplar los bordes del abismo hiperinflacionario. De esa experiencia traumática, desoladora y subvertidora del tejido social, emergió el menemismo, la convertibilidad y todas sus consecuencias. Ninguna sociedad sale indemne de una experiencia de esa naturaleza que la deja en estado de absoluta disponibilidad, sin recursos propios, inerte ante el ejercicio de alternativas brutales en su supuesta terapéutica (allí está aquella frase anticipatoria del futuro ministro de la convertibilidad: “Cuanto peor mejor”, dejemos que la hiperinflación se devore toda posibilidad de resistencia social hasta el punto de romper cualquier memoria reivindicatoria de derechos e igualdades tan cara a la historia social argentina). Los efectos de la hiperinflación no se agotan ni desaparecen cuando se sale de ella; todo lo contrario: permanecen en lo más recóndito de las prácticas culturales, se vuelven núcleos que habitan zonas de nuestro inconsciente listos a derramarse sobre nuestra cotidianidad ante cualquier coyuntura en la que los precios comienzan a moverse.

Lo sabe cierta prensa que representa los intereses de la derecha vernácula: el fantasma de la inflación tiene consecuencias políticas directas, su regreso pone en vilo no sólo a los actores sociales y económicos, sino que debilita al poder político, lo somete, de nuevo, al miedo que emerge de ese fantasma profundamente arraigado en los lenguajes del imaginario de época. Junto con el espectro que regresa lo que también se expresa con fuerza es la sospecha, nunca acallada del todo en amplios sectores de nuestra sociedad, de la política y de los políticos como fuente de todos los males y en especial esos que llevan hacia el infierno en el que los precios se desbocan y la vida de todos los días parece entrar en una espiral indetenible que amenaza con arrojarnos al más profundo de los abismos.

Es contra ese discurso de la catástrofe contra el que se deben desplegar las acciones de un gobierno, el que hoy encabeza Cristina, el primero en décadas, que no sólo reabrió el litigio por la igualdad a favor de los débiles y de los incontables, sino que también se plantó con firmeza y decisión ante el eterno chantaje de las corporaciones económicas. En la politización de la economía sigue estando la clave, como lo vio Kirchner, de la profundización de un proyecto más igualitario.

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(D)evaluación en la escuela

Por Gabriel Brener
Se acerca fin de año y se pone bravo el asunto de los exámenes. Comienzan a circular todo tipo de especulaciones (que parecen más deportivas o financieras que escolares) que cuántas me llevo, que mejor arriesgo estas dos porque esta otra creo que zafo, que no hiciste nada en el año y en los últimos 100 metros te crees Gardel?, que la de lengua no me aprueba ni que le recite 100 años de soledad de memoria, que si no aprobás olvidate de ...( lista de objetos, permisos y respuestas a una innumerable colección de deseos y/o contratos a término).

En sintonía con el verano, se calienta todo tipo de ambientes: el del aula que se transforma en un intenso ámbito de negociaciones, el de las familias, que levanta temperatura con un combo explosivo de promesas y presiones en danza. Momento difícil para muchos pibes, no menos fácil para docentes y directivos, también para las familias…
Aprovecho entonces para abordar el tema de la evaluación en la escuela, un asunto bastante controversial. Por ser tan cotidiano y omnipresente y al mismo tiempo muy poco debatido y por eso ausente. Uno podría pensar: en la escuela se evalúa todo el tiempo, que así no, que sentate, que no alcanzás los objetivos, que tenés un uno, que no demuestra interés, que hay que ser como fulano, que te esfuerces más, y toda palabra o cualquier mirada docente siempre parecen estar evaluando. Todo esto es cierto, pero a veces confundimos los tantos.

Creemos que evaluación es sinónimo de control, y al quedar esclavos de esa idea todo se reduce a una cuestión de cálculo, de especulación. Y en esta lógica todo lo que se enseña, cualquier cosa que se aprende, adquiere valor en el mercado escolar en tanto y en cuanto sea medible. Lo que cuenta es el resultado, sin importar como cada quien llegó a obtenerlo. Obsesión resultadista que no le pertenece solo a la escuela, no hay más que observar el mundo del deporte más popular de nuestro país, promediando la mitad del campeonato local, solo por los resultados vuelan por el aire casi la mitad de los directores técnicos; y si en un par de fechas el goleador no convierte poco importa como esté jugando. Resultadismo que en la radio y la TV mide el saber de los participantes por el acierto de las respuestas. Vivimos en una sociedad en la que cotizan alto las respuestas y las preguntas parecen valer muy poco. Unas dan sensación de fortaleza, de convicción, las otras suelen asociarse al ignorante. Las respuestas van en sintonía con una sociedad y una escuela acostumbradas a las certezas de un relato universal único y eficaz. Algunos tipos de preguntas son la más clara evidencia del quiebre de esos universales.
Si se trata de aprender, de conocer más y mejor, será cuestión de poner en duda cierto tipo de preguntas, especialmente aquellas que vienen con sus respuestas de antemano. Y apostar a las preguntas que inquietan, que mueven a construir antes que a dar algo por hecho, o también esas preguntas que nos permiten transformar una situación difícil en un problema, que formulado con claridad habilita un gran primer paso para posibles soluciones.
Habrá que tener cuidado con la vocación resultadista que solo enaltece el éxito del fin que justifica cualquier medio. Y que condena la derrota, transformando cualquier equívoco en castigo. Desesperación por el 4 en una época, en otra por el 6, a veces por el 7…

Aquí cobran protagonismo las notas, la calificación como mera especulación. Se convierten en un fin en sí mismo “exactamente igual que el dinero para muchas personas. A los alumnos que obtienen mejores notas (o más dinero) se les considera como los mejores, independientemente de cómo y por qué los han conseguido” . Es necesario siempre valorar el resultado, pero en idéntica proporción con el proceso que lo hace posible, y entonces habrá que interpretar al error como fuente de aprendizaje y no solo de sanción.

Una aclaración: esta columna, en el día que comienza diciembre y los exámenes, no quiere interpelar a quienes están en el medio del partido, sean alumnos o profes, pero si al resto de la tribuna, la platea y demás espectadores que también padecen la tensión de un trámite que a veces parece interminable… Aunque sin dudas estas líneas están especialmente pensadas para quienes están jugando el partido, pero luego de que concluya este primer tiempo de diciembre, de modo tal que puedan contribuir a revisar y mejorar aquello que acontece en las escuelas.
Para finalizar, quiero señalar que una diferencia clave para pensar la evaluación está relacionada con el sentido de lo que se enseña y lo que se aprende en la escuela. La evaluación que solo persigue resultado final (ignorando recorridos) suele estar asociada al control. Aquella evaluación que atienda tanto a un producto como al proceso que lo hizo posible y que le permita a una persona dar cuenta de lo que sabe pero también de lo que no sabe, es más probable que tenga un sentido pedagógico más interesante para conocer el mundo y hacerse de los mejores medios de orientación para vivir en el.


1 Sorel Jansen y Jesper Jensen El libro rojo del cole. Ed. Nuestra cultura, Madrid 1977 pág.104

[Columna de Educación del miércoles 1 de diciembre de 2010, en el programa Uno nunca sabe, por las mañanas de la Radio AM 750. Buenos Aires. Argentina.]

* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.

Alerta


Por Daniel Brión *

Desde muy chico siempre me gustó la idiosincrasia, la militancia y los cánticos del querido pueblo uruguayo. Reivindiqué sus luchas, las luchas del pueblo uruguayo, más allá de los apoyos que sus gobiernos liberales o dictaduras hayan dado –históricamente- a las dictaduras y a los vende patria en nuestro país.

El pueblo uruguayo también supo luchar contra ellas, supo poner el pecho –y otros atributos- enfrentándolos. Cada vez que voy a Montevideo y me acerco a ese Cerro maravilloso, a las barriadas populares (Uruguay no es Punta del Este ni los balnearios de moda) El Uruguay es Villa del Cerro, Casabó, La Teja, Barrio Sur, Cordón, Lezica, Cerrito de la Victoria, Manga y tantos otros.

De hecho mi mujer es uruguaya (de Villa del Cerro), me encanta ir –decía- caminar por la calle y no por la vereda, que me saluden los colectiveros cuando pasan, que me traten con afecto de barrio, me recuerda a mi niñez en Nuñez, cuando las familias se sentaban con sillas en la vereda y compartían el pan y la bebida con otros vecinos mientras los chicos jugábamos en la calle, corríamos, casábamos mariposas, la comunidad permanecía organizada, pese a la dictadura que golpeo fuerte en 1955.

Pero la prédica de los representantes de los intereses foráneos durante mas de cincuenta años dio sus frutos y todo lo que acabo de recordar se esfumó y se fue transformando poco a poco en una sociedad que exacerbó el individualismo, la desinformación histórico-política, nos alejó de esa felicidad.

Pero la generación del amor, esta generación es la que ha comenzado a recuperar las banderas de lo colectivo, de lo social, de que nadie “se salva” solo si no lo hace en el conjunto de la sociedad, se va recuperando la conciencia política de un “que se vayan todos” impuesto por intereses golpistas de disolución nacional, por una recuperación de la política, del debate sin censura, de la libertad y la democracia.

Dicen que se busca revancha, están equivocados, jamás se buscó revancha, si se hubiera buscado revancha los habríamos ido a buscar donde se escondieran para torturarlos, picanearlos en sus genitales, despellejarlos, hacerles el submarino seco, violar a sus hijas y regalar sus nietos, tirarlos semidormidos desde aviones al Río de la Plata, no se hizo absolutamente nada de eso, no se buscó revancha, se buscó justicia. Se los puso en manos de la justicia para que los juzgue, si esa justicia demora décadas para dictar sentencias habría que analizar el por qué tanta demora de esos jueces, pero reitero que eso no es revancha, es la búsqueda de la justicia y la verdad como única manera de acallar las voces de la historia, a la que no basta negar para que desaparezca.

Claro que muchos no lo pueden digerir, tampoco lo comprenden, entonces cada vez que algún personaje público (político, artista, deportista, lo que fuere) enfrenta con sus dichos los dichos de algún gorila de turno se lo acusa de intolerante y de no aceptar el pensamiento ajeno, ¿pero acaso el pensamiento a favor de este país que estamos construyendo no es respetable?, ¿o hay que escuchar únicamente el pensamiento de los opuestos, las cartas en contra del propio país remitidas a embajadas extranjeras, los insultos, las agresiones de los “que piensan diferente” y no poder opinar en contra porque si lo hacemos, si enfrentamos sus dichos, se nos acusa de ser intolerantes...? Corporativamente salen a apoyar a esos “pobres pensadores” y nos acusan de ser intolerantes.

La oposición es tan tolerante que inician una reunión de Comisión en la Cámara de Diputados de la Nación diciendo que piden que todo lo que se diga se tomado con calma, que no haya reacciones nerviosas, etc., etc., y minutos después la misma diputada que dijo eso al iniciar la reunión le pega una trompada a otro diputado enojada por lo que dijo... ¿eso es tolerancia?

Este es otro fenómeno extraño, cuando somos gobiernos se nos pide –casi se nos exige- la consulta con la oposición, la intervención de ésta en el gobierno, su activa participación institucional, etc., si no lo hacemos somos intolerantes, dictadores, y no se cuantos epítetos más.

Cuando ellos han sido gobierno, casi siempre han accedido al mismo de la mano de alguna dictadura a la que le prestaron los funcionarios, o con el peronismo proscripto, esa amplitud política –que a nosotros se nos exige- se transformó en el Decreto 4161/56 (Aramburu y Rojas), Plan de Conmoción Interna del Estado (CONINTES) (Frondizi), Decreto/Ley 2713/63 (Guido), Doctrina de la Seguridad Nacional (Videla y demas), TODOS REPRIMIAN LA ACTIVIDAD PERONISTA Y/O SINDICAL PERONISTA EN EL PAÍS. Han sido fundamentalmente nuestros compañeros quienes han caído victimas de las dictaduras luchando por la democracia y la soberanía popular.

Esa es la amplitud de quienes nos exigen ser amplios.

Hay que permitir que “la señora Legrand” diga frente a cámara suelta de cuerpo –y de lengua- que “la gente dice que Kirchner no estaba en el cajón... que era muy chico el ataúd para que el entrara allí...” Eso sí cuando opinaron algunos “medios” sobre la muerte de su propio hijo salió al cruce a decir que no hay que hablar de los muertos, que hay que dejarlos descansar en paz. . .

¿Que gente dice eso señora? Será la gente que usted trata, el círculo que la rodea, ahí si imagino escuchar esas frases, así como el ex desdentado ruralista festejó con un “brindis con vino y whisky” diciendo “Volvé Néstor, te olvidaste de Cristina”, así como antes escribieron viva el cáncer y brindaron con champaña la muerte de Evita. No la escuche hablar de eso señora. Y pide que intervenga la Presidenta por los dichos de un actor, ¡ que tremendo ego !, realmente cree que SU tema, SU enojo, por lo que le dicen es un tema nacional y pretende ensuciar al gobierno en ello, QUE EGO, para eso están los tribunales señora, si la ofendieron recurra al Poder Judicial, allí es donde se debe ventilar su tema, la Presidenta está gobernando para todos los argentinos, claro, usted se confunde, no está acostumbrada a la división de poderes, añora usted otros sistemas . . .

De eso no dijo nada la “Señora”.

Para mí y para los que así pensamos, PUEBLO no es “la gente”, suena asquerosamente repugnante oír -desde la campaña de De La Rúa- que cada vez que se refieren al PUEBLO lo llamen la gente, a nosotros nos enseñó el Grl. Perón que lo mejor que tenemos ES EL PUEBLO y definió al mismo como “La sociedad Nacional, vale decir: la Población Orgánicamente Estructurada mediante los vínculos esenciales de toda sociedad humana y a través de lazos que nacen de una común tradición histórica” . . . agregando: “La masa es un mero conjunto de individuos inorganizados. Un Pueblo se convierte en masa cuando se disocia, perdiendo sus estructuras naturales e históricas” (del Catecismo Peronista) justamente hablar de gente y no de pueblo es querer transformar a ese pueblo en una masa de gente, claro que a mi parecer, no al de quien así, premeditamente –me parece, lo hace y lo hizo.

La muerte del compañero Néstor Kirchner mostró como ese pueblo acompañó no sólo en el dolor de la muerte, acompañó por la continuidad del modelo, por la fuerza a la presidenta, por el camino –sin retorno- recorrido en estos años, le gritaba a la cara a la oligarquía que no estaba dispuesto a dar ni un paso atrás.

Todos los vimos, recuperamos la calle en forma pacífica, sin agresiones, sin heridos, sin muertos, era la marcha de un pueblo en paz, pero decidido a enfrentar a los enemigos de siempre y apoyar a su presidenta pidiéndole que continúe el camino iniciado. Es este el primer gobierno que aplica lo que el Gral Perón nos enseñó, vivir en una Patria Económicamente Libre, Políticamente Soberana y Socialmente Justa.

Económicamente Libre desde que nos ha librado del F.M.I. imposibilitándole su intervención en la determinación de políticas económicas recesivas, evitando que el único ajuste posible fuera por medio de los trabajadores, reduciendo sus ingresos y los puestos de trabajo. Basta recordar a Martínez de Hoz contando como un logro (entre tanto daño que ocasionó) como habían reducido los kilómetros de vías férreas en el país y el número de trabajadores en nuestros ferrocarriles, a Alfonsin nombrando a Raúl Prebisch (quién nos inició como deudores con el F.M.I siendo Ministro de Economía de Aramburu y Rojas –donde encontramos el huevo de la serpiente del proceso neoliberal en Argentina-) o a Cavallo en como nacionalizó la deuda externa y privatizó todo lo que tenía al alcance de la mano, y tantos otros que continuaron esa línea. Se ha conseguido negociar con el Club de París sin la intervención del F.M.I. por primera vez en la historia del organismo.

Políticamente Soberana, esa independencia económica nos lleva indefectiblemente a la soberanía política y podemos continuar construyendo la América grande que soñaron nuestros Patriotas, el ABC del Grl. Perón hoy se ha ampliado a toda la región, pero económicamente es la misma filosofía, le dijimos en la cara a los Estados Unidos de América (fíjense que es el único país que no tiene nombre propio, ellos se creen América por eso no se han puesto un nombre definido de país), nos lleva a poder definir una política de redistribución de la riqueza totalmente diferente a las gestiones anteriores.

Socialmente Justa, asignación universal por hijo, redistribución mas equitativa, escuelas, mejoramiento de las condiciones laborales, paritarias, plus adicional para los jubilados, la parte mas difícil de las tres se va concretando paso a paso, la acción social va reemplazando a la beneficencia y nuevamente cuando se piensa en los pobres NO SE PIENSA EN POBRE, como también nos enseñó Evita.

Pero así como nosotros vemos todo esto, el enemigo de siempre también lo vio, por eso aumentó su oposición, por eso pretende gobernar con un régimen parlamentario en un sistema presidencialista, por eso niega votar un presupuesto, la ley de tabaco –cuyos fondos van al ANSES-, le saca gestión administrativa a la presidenta, denuncia corrupción y después se desdice fracturándose ellos mismos en el intento, las mística/agoreras de siempre salen nuevamente como Moisés en Egipto a anunciar siete plagas que nos arrasaran, pero su bastón sigue igual, no cambia, las aguas del río siguen cristalinas, no llegan las langostas, ni el granizo, ni inundaciones, ni mueren nuestros primogénitos, se continúa avanzando, reivindicando la verdadera historia, pensando en un país mejor, en un pueblo feliz, en gobernar para todos a pesar de muchos.

Algunos que en otras épocas funcionaron como Comandos Civiles (predecesores de los grupos de tareas) casando peronistas en la Facultad de Derecho de la UBA y vaya a saber uno en cuanto sitio mas, que en los 90 fueron admiradores de las políticas de privatizaciones y de Cavallo, que abren sus puertas periodísticas a todo el marco opositor y dan “cátedra” pretendiendo imponer su mentalidad reaccionaria contrarrevolucionaria (ojo entendiendo revolución como “El establecimiento del orden social mediante la restauración del estado en sus funciones comunitarias, utilizando como instrumentos la Doctrina y el Movimiento, una doctrina que responde a las exigencias constantes del orden natural y a las necesidades históricas de determinada comunidad” Gral Perón – Catecismo Peronista) se atrevieron a decir que quienes concurrieron al velatorio de Néstor Kirchner eran solo unos miles de jóvenes fanáticos, al igual que lo hicieron con Hitler otros miles de fanáticos cuando comenzó a surgir en aquel entonces, ellos sí tienen derecho a decir lo que quieran, para eso no hay problema, pero cuidado, nadie los contradiga porque entonces seremos acusados, nuevamente, de intolerantes.

Atacan a la Presidenta, atacan a los Ministros, atacan a los legisladores, denuncian, denuncian y denuncian, luego no prospera ninguna de esas denuncias, pero cual reaccionarios que son responden a modelos similares que decían miente, miente, miente y algo quedará. . .

Ahora también atacan al Presidente de TELAM el querido compañero Martín García, ponen en su boca cosas que él no ha dicho, pero omiten mencionar las que él si dice cuando cuenta que somos la generación del amor, que no hay héroe válido si no es el héroe en grupo, que escuchemos a todos los que están el campo nacional, mas allá de las pequeñas diferencias que existan en la practica, defiende que la única línea que nos debe separar es la que ponga a los nacionales de un lado y al resto del otro. Dicen que no tiene experiencia en manejar una agencia de noticias, que debe renunciar, se olvidan que desde 1998 maneja una red de noticias que llega a mas personas que la venta diaria del propio multimedio Clarín y que se llama red nac&pop (red nacional y popular). Pero como no van a atacar que exista una agencia de noticias que levante noticias nacionales, hechos concretos de realización de un gobierno nacional y popular y no trance con la oligarquía ni invente gacetillas que afiancen la mentira opositora ni avale la oligarquía, lo atacan porque les molesta, les jode a sus intereses.

Causa hasta gracia ver como pretenden imponer sus “soluciones” quienes fueron los que nos llevaron a la situación de disolución nacional en la que estuvimos en el 2001, resulta llamativo verlos hablar de tolerancia a los intolerantes, de democracia a quienes apoyaron y hasta incitaron a todas las dictaduras, ver escribir cartas tratando de enlodar al país a quien cuando fue fiscal en el Chaco en la última dictadura no escribió ni una línea para que se investigue el caso de Margarita Belén ocurrido mientras era fiscal, dice que su nombramiento no lo hizo la dictadura (¿?) si hasta se lo creyéramos a pesar de ver la resolución que la nombra, ¿como podría explicar su abstención en la investigación del hecho?, hablan de cómo manejar la economía los que nos llevaron a la hiperinflación, de cómo redistribuir quienes renunciaron como Ministros de Economía cuando provocaron la reacción al tratar de reducir los salarios y desemplear al pueblo, hablan de corrupción los reyes de la BANELCO, sinceramente QUE CARADURAS .

A esta altura se habrán comenzado a preguntar por qué hablé al principio del Uruguay, explico entonces, ese pueblo por medio de su cantar popular: el candombe y la murga, siempre ha entregado en sus letras mensaje sociales, Zitarrosa, Los Olimareños, Viglietti, Araca La Cana, Falta y Resto, Curtidores de Hongos, tantos otros . . . así lo hacen oír, y precisamente quería dejarles la letra de una canción de “La Falta” que refleja bien este presente, se llama Alerta (música de Julio Julián, Benjamín Medina) un fragmento de la despedida de 1985:

“Que cantará la Falta, preguntaron algunos.
ahora, supuestamente, ya no caben sus cantos de denuncia.
si la paloma vuela y el halcón volvió al nido,
quizás alguno piense que esta murga… renuncia…
¡ ALERTA !
¡ ALERTA !
Mientras un sueño de futuro se acentúa
y un país liberal se profetiza
el tiempo de los lobos continúa
y entre la gente caminan sus cultores
¡ ALERTA !
Agazapado y en el anonimato
garantizándose su propia suerte
está intacto el aparato
¡ ALERTA !”

Por eso compañeros, ALERTA, ahora más que nunca ALERTA, ni un paso atrás, a no abandonar la calle que recuperamos, la calle del amor, la del apoyo, la calle peronista, nacional y popular, a enfrentar tanto agorero, y ALERTA.

En fin, compañeros, espero que comprendan lo que deseo transmitirles, la cosa esta dura, se va a poner más difícil aún, van a venir a atacar con todo esta política nacional y popular, por eso el mensaje de la murga uruguaya nunca tan vigente

¡ ALERTA !

Noviembre 2010

* Presidente del IMPEU, Instituto por la Memoria del Pueblo, hijo de Mario Brion, fusilado en los basurales de José León Suárez en 1956 por la revolución fusiladora, autor del libro "El presidente duerme", que narra aquellos sucesos.

La Osadía de una “Colonia de Segundo Orden”

Por José Luis Muñoz Azpiri (h) *
El día 1º de febrero de 1849, la reina Victoria de Inglaterra inauguró con un discurso, ante el cuerpo diplomático, las sesiones del Parlamento. Se sabía que la oposición encabezada por el diputado Benjamín Disraeli – quien escribía aún su apellido “d´Israeli” con apóstrofo- tomaría como blanco de su ataque al ministerio, la conducción de las relaciones exteriores. El discurso fue cauto y sobremanera reservado en lo relativo a la política internacional, hecho que no pasó inadvertido para el cuerpo diplomático. Causó extrañeza la omisión de la cláusula usual de que Su Majestad seguía recibiendo las seguridades de la amistad de los demás países, y que al rey de las Dos Sicilias se le diese simplemente el título de rey de Nápoles, designación que parecía preparar, en el ánimo de los mariscales de corredor, el reconocimiento de la separación de Sicilia a favor de cuya insurrección Francia e Inglaterra se habían mostrado siempre inclinadas a intervenir por medio de sus escuadras. Resultó notable, a la vez, que no hiciese ninguna alusión a la ruptura e interrupción completa en que se hallaban las relaciones con España, y sobre todo, a la cuestión con el Plata.

Las últimas noticias que habían llegado a Londres sobre las gestiones del ministro Henry Southern en Buenos Aires, en procura de una conciliación con Rosas, eran decepcionantes; la Confederación Argentina se negaba a transigir. La reina, el presidente del consejo de ministros, Russell y el secretario de estado, Palmerston, no podían refrenar su temor ante la divulgación de dicha novedad, en tanto, los “tories” acaudillados por Disraeli, se felicitaban por una noticia que les permitiría continuar ejercitándose en el arte de crecer en importancia, acorralando al gobierno con pedidos de explicaciones y censuras.

El 24 de enero, luego de un mes de anhelosa espera, llegó la primera información argentina en un velero que partiera el 27 de noviembre del año anterior, de Buenos Aires, y alcanzara Inglaterra “con el extraordinario viaje de menos de sesenta días aunque tocase, como es costumbre, en el Janeiro”, según aviso de Manuel Moreno a Arana. Ninguna nota trajo, con todo, del gobierno argentino para la legación, ni de Southern para el Foreing Office, el cual no podía explicarse “la causa de esta falta”. Conducía solamente copias de la correspondencia cambiada, desde el 17 de octubre hasta el 23 de noviembre, entre el gobierno de la Confederación y Southern, quién había arribado al Plata en los primeros días de octubre de ese año. El texto trascripto descartaba todo optimismo. Para entonces, ya había remitido Moreno a Buenos Aires, artículos de algunos diarios europeos, entre ellos, uno del “Courier del Havre” con referencias adversas al punto de vista argentino, y otro, del “Morning Herald”, de Londres, donde un lector pedía se izase la bandera del protectorado francés en Montevideo.

La oposición inició el ataque la misma noche del discurso de la reina. Se produjo una “importante y extraordinaria discusión”, cuyo texto reprodujo el “Times”, del día siguiente. El temible jefe de las bancadas “tories” habló extensamente contra los actos del gobierno en Europa y América, que pedía fueran severamente censurados, entre los cuales incluyó, de un modo especial, los del Río de la Plata. Despertó sorpresa esta última actitud, ya que, en anteriores sesiones, se había referido al incidente americano de un modo “bastante conveniente”, según la opinión de Moreno, quién prefirió usar de dicha expresión en vez del adjetivo “acertado”, que escogiera en un principio.

“La Confederación Argentina, una colonia de segundo orden…” comenzó el diputado opositor ante la estupefacción de una cámara donde las ostentaciones de violencia y crudeza oratorias eran desusadas.

Benjamín Disraeli [imagen], el autor del discurso, a quienes los íntimos llamaban “Dizzy” (“vertiginoso”), era un orador áspero y sarcástico, aunque excesivamente florido, carecía de rivales en el arte del ataque frontal y resultaba temible por el ímpetu de sus epigramas y la fuerza que proveía a sus argumentos. “Dandy insolente, de rebuscado atuendo” (1), procedía de una familia de israelitas italianos y había escrito novelas de éxito donde presentaba cándidos idilios adolecentes, sazonados con generosas ideas políticas liberales, que sostendría en la práctica, escogiendo por esposa a una viuda adinerada, doce años mayor que él, y desertando de las filas de los “whigs” para pasarse a las del proteccionismo y la aristocracia. De joven, había intervenido en especulaciones sobre minas sudamericanas, acerca de las cuales había publicado un folleto convincente e inexacto – creíase en Inglaterra, en tiempos de Canning, que emancipado el Nuevo Mundo de España, la próxima ruta de los veleros cargados de oro, tendría como punto de destino a Londres – y, habiendo perdido, en una baja del Stock Exchange, la suma de siete mil libras, quedó arruinado y desacreditado, conservando desde entonces una instintiva repulsión por las cosas de América del Sur y un hábito acentuado a vivir rodeado de acreedores. Vestía levita verde oscuro y un chaleco blanco, materialmente cubierto de cadenitas de oro, y usaba una sedosa cabellera rubia, desflecada en tirabuzones de oro que enloquecía a las lectoras de sus romances. Era un personaje frívolo, contradictorio y brillante.

“Una colonia de segundo orden, recientemente rebelada de España – prosiguió el orador – ha querido también imitar lo que se ha hecho en Madrid; ha repelido seis misiones, algunas del más alto rango, y, últimamente a hecho el ultraje a Inglaterra de no recibir a su ministro y rechazarlo poco menos que con insultos…”

Russell y Palmerston soportaban el chubasco pensando en el pobre ministro “recibido con insultos”, en el continente lejano, aunque, conocedores de la composición histológica de la epidermis de Southern, meditaron en que no resultaba apropiada la preocupación. Resolvieron no darse por enterados de la embestida y mantener un silencio heroico acerca del Plata. El primer ministro respondió al discurso omitiendo referirse para nada al gobierno de Buenos Aires; presentaba un aspecto desolado, al hablar ante la mesa roja, enfundado en una levita negra anticuada. Era líder de los “whigs” y aborrecía las aventuras internacionales que complicaban su programa político liberal. Palmerston calló, igualmente, durante la segunda noche del debate, rebatiendo con todo, las demás partes de la interpelación de los “tories” y conquistando una inmensa mayoría de votos a favor del gobierno.

Disraeli, iracundo, se revolvía en su sitial. Su sanción contra la “indócil” colonia hubiera podido ser quizá la que se aplicara más tarde con los afganos y los zulúes, y que Rudyard Kipling, el cantor del imperio que él mismo posteriormente fundara, sintetizaría en la recomendación: “Sacad los cañones y matad”. Pero los cañones habían sido sacados tres años antes, en 1845, y habían matado profusamente, con alegría feroz; cuatrocientos argentinos yacían muertos por los obuses y la metralla, de cara a las estrellas, en las barrancas de Obligado. Era un remedio ineficaz, sin embargo: la guerra con la Confederación estaba perdida, y los muertos de las barrancas comenzaban a vivir una vida inmortal en el país al cual habían servido de admonición y baluarte.

(1) “Cambridge History of English Literature”.


* José Luis Muñoz Azpiri (h) es periodista, escritor e investigador. Autor de numerosos ensayos sobre diversas especialidades, es egresado de la Escuela de Defensa Nacional y ha realizado estudios superiores de Ciencias Antropológicas e Historia en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad del Salvador, respectivamente. Colaborador de diversos medios nacionales y del exterior, ha recibido numerosas distinciones, entre ellas, la máxima distinción de la Comisión Permanente de Homenaje a Juan Facundo Quiroga: la Gran Cruz “Religión o Muerte”. Miembro de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, actualmente se desempeña como director del área de prensa y difusión del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”. Coautor de “Malvinas, la otra mirada” y autor de numerosos trabajos sobre historia y antropología, su último libro es “Soledad de mis pesares. Crónica de un despojo”.