«Lo que la semana nos dejó « Editorial

 

En este presente aciago que nos toca vivir, la realidad se bambolea entre la tragedia cotidiana, un mundo al borde del caos y el ridículo de la política interna.

En principio el Frente de Todos está al borde de la fractura: el experimento electoral de Cristina, muy exitoso a la hora de ganar una elección, muestra su impotencia a la hora de gobernar. Esta experiencia política podría terminar de la peor manera, según auguran y desean sus  opositores.




La crisis del FDT parece centrarse en el rumbo económico. El acuerdo con  el FMI marco un quiebre entre el ala moderada, ligada a AF  con el kirchnerismo más duro, liderada por CFK y su hijo máximo Kirchner.

La discusión es ideológica y profunda, se debate el rumbo del país en los próximos años y medio, entre dos modelos distintos y a veces antagónicos.

También es cierto que hay mucha hojarasca en el medio del debate, muchas posiciones que se parecen al libreto de un teleteatro  de baja calidad y por supuesto como siempre un campo orejano para los que medran y sacan ventaja.

Los números de la economía parecen indicar índices de crecimiento del PBI, empleo, disminución de la pobreza, inversiones productivas, envidiables, en un país que fue quebrado y saqueado por la  gestión anterior y luego azotado por una pandemia que castigó  muy fuerte la economía global.

A esa situación económica y productiva hay que sumarle la guerra ruso ucraniana, que ha hecho temblar la económica y la política mundial. Se abre, es cierto un escenario complejo, lleno de acechanzas para nuestro país, pero también es una oportunidad, dado el aumento de valor de nuestros commoditys.  Se abre también un nuevo orden mundial, más abierto y multipolar, donde Argentina puede insertarse con ventajas competitivas.

La reciente votación en las Naciones Unidas, alineándose con EEUU para sancionar a Rusia, mostro una gran miopía por parte de la cancillería, además de romper un larga tradición de nuestra política de no alineación y de no injerencia en las políticas de los  pueblos. La abstención junto a México y Brasil era el camino correcto, manteniendo la neutralidad. Esta contradicción es grave, causo daño dentro del mismo FDT pero también daño la relación con una potencia amiga como Rusia, donde hace pocas semanas el mismo presidente AF había reconocido y habían firmado acuerdos de cooperación e inversión económica.

Pero volviendo al tema económico, también es cierto que no todas son rosas, un inflación arrastrada del 50%, y una proyectada para 2022 cercana al 60%, con índices de pobreza extrema y salarios muy bajos, aun en sectores dinámicos y de empleo formal, muestra un escenario preocupante. Los argentinos conocemos el daño en el tejido político y social que causa una inflación prolongada. Los resultados adversos en las elecciones del año anterior donde el frente gobernante perdió más de 4 millones de votos, muestran un panorama preocupante de cara a la elecciones del 2023.

El presidente Fernández sostiene a Guzmán, asediado por el kirchnerismo e incluso por funcionarios subordinados, a la espera de la evolución de los precios. La continuidad de la inflación  en estos valores son insostenibles en el mediano y corto plazo,  podrían marcar un punto de inflexión en la interna del Gobierno.

El presidente Alberto Fernández, cada vez más esmerilado.

Roberto Feletti, Secretario de Comercio, alineado con CFK y vasta experiencia en la función pública marco el quid de la cuestión, «El Ministerio de Economía tiene que bajar líneas claras de política económica que reduzcan la volatilidad y preserven ingresos populares, si no esto se va a poner feo», subrayó.

Feletti viene bregando por el desacople de los precios internos de los externos de nuestros commoditys sobre todo alimentos (retenciones), que están teniendo un alza sostenida a nivel de precios internacionales y que de trasladarse  a los precios internos puede ser un efecto de nafta al fuego sobre los ya muy altos índices inflacionarios.

Feletti responsabilizó a Guzmán por la falta de políticas anti inflacionarias, lo cual es cierto y sostenido por muchos analistas. La falta de una política de precios e ingresos está más allá de las decisiones de la secretaria de comercio. Una política anti inflacionaria requiere acciones de estado donde todo el gobierno se alinee en esos objetivos.

Feletti fue consiente que en las últimas semanas desde diversos sectores del gobierno y del establishment estaban tratando de esmerilarlo  y cargarle la culpa del fracaso de  los controles de precios. Así salió rápidamente a marcar su posición.

En ese mismo orden hubo declaraciones tanto de Máximo Kirchner con de Axel Kicilioff  que planteó que «no da más la situación social» en el Conurbano y en el interior provincial.

Este debate está enmarcado también por lo que indican diversas encuestas que  muestran que en el país se ha instalado prácticamente una sensación de escepticismo estructural en la población sobre su futuro, un descredito de toda la clase política, donde no se salva nadie.

Estamos en un “que se vayan todos”? Es difícil decirlo, ya que tampoco, hoy por hoy, estamos en la situación del 2001. Pero el crecimiento de figuras “payasescas” como Milei o Spert, si bien alentados por grupos del poder, marcan que algo está fallando en la representación política.

También las figura principales del gobierno están sufriendo un desgaste en la opinión pública. AF no ha podido capitalizar el éxito de las campañas contra el Covid, ni en las medidas para sostener la actividad económica durante la cuarentena. El rápido crecimiento post pandemia se deben en muchos casos al sostenimiento de los puestos de trabajo, subsidiados por el estado durante bastante tiempo.

Muchos errores propios, indecisiones, un gabinete muy pobre, sin experiencia, con una visión y una agenda política muy porteño céntrica,  lo fue limitando en su accionar. Además AF arrastra una visión que ya había mostrado en la gestión de NK y sobre todo de CFk, su aversión al conflicto, sobre todo con los grupos de poder. Por ahí es necesario recordar que abandona el gobierno de Cristina en el 2008, cuando esta agudiza el conflicto con el Campo y con Clarín.

Ha habido muchas ocasiones donde a AF se lo ve dubitativo, cediendo siempre a las presiones de los grupos de poder. Esta semana circuló  con insistencia la idea de un bono, un plus salarial, para todos los trabajadores que compense rápidamente parte de la pérdida del salario.  Sin embargo la presión de la UIA y la CGT hizo que se diera marcha atrás y se privilegien las paritarias. Un papelón que desdibuja la imagen presidencial, cuando el sentido común indica que se podrían haber hecho amabas cosas, un bono a cuenta de futuros aumentos paritarios.

EL conflicto entre el presidente y su vice y las apariciones de algunas figuras llevan a ribetes tragicómicos, si no estuviera en juego el destino del país.

La continua campaña de desprestigio llevada a cabo contra el presidente, por propios y extraños, y muchas veces el mismo es víctima de sus errores y de los errores del fuego amigo, no le hacen bien al espacio que representa. La falta de liderazgo, mostrarse débil y dubitativo como se muestra en los últimos días, le hace mucho daño a él, a su gestión y al sistema democrático. Tampoco estas internas palaciegas le hacen bien a la figura de CFk, por el contrario, también ella pierde consenso y es acusada y cargará el sambenito de no haber dejado gobernar a su presidente y la culpa del fracaso de la coalición.

Sería un error histórico que la figura política más grande de las últimas décadas, con el mayor grado de acumulación popular dentro del espacio nacional, quede prisionera de internas menores.

Por ahora dentro del FDT, todo es incertidumbre. Si bien hay movidas para acercar a las partes a una mesa de diálogo, que pueda cerrar la interna y darle certeza a una acción de gobierno. Hubo en esta semana reuniones y contactos entre los gobernadores del FDT, tratando lograr consenso para sentar a las partes a un acuerdo, pero también consolidar un grupo de poder que pueda terciar en la disputa.

 

Cuando restan -en principio- algo más de 12 meses para que la campaña electoral de 2023 ingrese en instancias decisivas con miras a las PASO, algunos movimientos interesantes ya comenzaron a producirse tanto en el oficialismo como contábamos más arriba, como en la oposición.

El crecimiento de la figura de Milei, como figura opositora opaca al ala más dura de Juntos. Las posiciones extremas, y en muchos casos ridículas, llevan la discusión política a ribetes extremos, y obliga a toda la dirigencia de cambiemos a correrse cada vez más a la derecha, con lo cual además los aleja de sectores de centro que su momento acompañaron o podrían acompañar en un futuro. El mismo Macri esta con un discurso cada vez más extremista y llego esta semana a una foto con el presidente Trump.

El surgimiento de una extrema derecha, liberal en lo económico, pero muy autoritaria en lo político, tensa las internas dentro de JXC. Ya los radicales, a través de Morales levantan banderas de autonomía y marcan límites, por ahora es no a Milei y no a una re elección de Macri. Veremos hasta donde el viejo radicalismo nacional y popular existe en las bases y en los cuadros y no ha sido cooptado para siempre por el pensamiento neoliberal.

Lilita Carrió ha elegido el perfil bajo, pero por ahora se expresa a través de algunas de sus colaboradoras,  ha marcado distancia de Macri y mantiene un discurso de defensa de las instituciones,

También Patricia Bulrich corrida de la escena por esos sectores más duros salió con declaraciones sobre que Macri no será candidato en 2023, mientras que el actual jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, se mostró bastante más enérgico que de costumbre al cuestionar las manifestaciones piqueteras en la Capital Federal.

Si bien en quien más mide en las encuestas dentro del PRO, Rodríguez Larreta no la tiene tan fácil, flanqueado por derecha y por el centro se mueve en un equilibrio muy inestable. Por ello en un encuentro con jóvenes de su espacio expresó: “No jodamos más con esa boludez de halcones y palomas, vamos a ganar la elección en 2023”  «Si no estamos juntos, no ganamos una elección en la puta vida», se expresó el jefe de gobierno porteño en un acto de la juventud PRO. Pidió unidad en la oposición y criticó con dureza al kirchnerismo.

 

Finalmente, comenzó a perfilarse un espacio donde puedan cobijarse aquellos dirigentes que  no encuentran su lugar dada  la polarización extrema, un espacio que supere la grieta. En las primeras reuniones se sumaron Gerardo Morales, Juan Schiaretti, Florencio Randazzo, Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y Juan Manuel Urtubey, entre otros, con perspectivas de sumar más voluntades.

Motorizados por la «crisis social y económica», se juntaron esta semana a compartir un asado en San Isidro,  donde conversaron sobre el «volumen político necesario que debe tener el próximo Gobierno para encarar» diversas reformas.

«No hay en esta instancia especulación electoral ni candidaturas», aclararon  fuentes cercanas a los participantes del mitín. «La idea es que sea un espacio de encuentro y reflexión, y va a tener periodicidad», agregaron. En términos similares se expresó Randazzo en las últimas horas. Habrá que ver cómo evoluciona la propuesta.

Como en el ajedrez, el gobierno juega con las blancas y tiene la iniciativa, veremos si en los próximos días hay llamada y un espacio de discusión entre el presidente y su vice y como serán los cambios que AF planea para después de Semana Santa.

No hay demasiado tiempo. La crisis está a la vuelta de la esquina.

 

Antonio Muñiz

El arte de vencer se aprende en las derrotas.

El próximo viernes 10 de diciembre se cumplirán dos años de gestión del gobierno de Alberto Fernández y asumirán los legisladores electos en la elección del 14 de noviembre.

Esta elección marcó  una derrota importante de los candidatos gubernamentales en manos de la Alianza Cambiemos. El oficialismo perdió en 13 provincias, muchas de ellas históricamente peronistas como Buenos Aires y La Pampa.

El “imbatible” peronismo bonaerense solo logro contener algunos distritos del conurbano, sobre todo en la tercera, pero perdiendo en todo el interior.

El gobierno, rápido de reflejos, pudo a partir de una remontada importante en el caudal electoral y una convocatoria a la movilización popular el 17 de noviembre, minimizar los efectos de la derrota.

La oposición sumida en sus internas y sin un liderazgo claro, perdió la iniciativa. Un dato que parece nadie tener en cuenta es que su triunfo se basó  en conservar su caudal electoral y que con estos números no tiene para nada asegurada sus chances de cara a 2023.

El crecimiento de los votos del FDT en las últimas semanas, y el crecimiento de terceras fuerzas ponen una señal de alerta.

El oficialismo  tiene que enfrentar  las consecuencias de la derrota y una sumatoria de errores políticos que llevaron a esta situación. Superada lo peor de la pandemia, el gobierno debe abocarse a gobernar seriamente y enfrentar varios desafíos para llegar bien a 2023: que se cierren las internas dentro del Frente de Todos y se refuerce la figura presidencial,  se logre el acuerdo con el FMI que permita diferir pagos y ajustes, trabajar sobre una política coherente de precios y salarios, apuntando a mejorar los ingresos de los sectores populares y lograr acuerdos básicos con la oposición.

Todos objetivos muy complejos, pero ninguno imposible.   

La situación del FDT:

Si Cristina habla es porque quiere imponer sus ideas,  si no habla porque no habla y no da certezas. Esta paranoia que consume a los dirigentes opositores y a muchos dirigentes propios, muestran primero la centralidad política de CFk, y por el otro la falta de ámbitos de debate. 

La política nacional trascurre en un marco de agresiones, mentiras, operaciones de prensa, causas judiciales armadas, boicot permanente a las acciones del gobierno, etc, por parte de la oposición. Esto no es casual, “Juntos”, luego de su tremendo fracaso como gobierno no puede discutir la gestión de Macri, ni tampoco las ideas y políticas que le dieron sustento, por lo cual huye ante cualquier debate serio. Pero tampoco el gobierno se sienta y discute política. La falta de una política clara de comunicación por parte del gobierno es una limitación seria para la gestión.

En un marco general donde no hay debate político, las apariciones de CFK adquieren mayor trascendencia.

Si hubiera un debate amplio sobre los ejes centrales donde debe pasar la política, su voz sería  importante, por supuesto, pero sin capacidad de generar tantas expectativas. 

Tal vez la falta de espacios de debate interno dentro del FDT sea una muestra de la debilidad del espacio en estos días.

La construcción de una alianza vario pinta que se armó detrás de la figura de AF sirvió para ganar, pero rápidamente mostró  sus limitaciones a la hora de gobernar. Un esquema de reparto de espacios, ministerios loteados, pero con vetos cruzados, feroces internas, lógicas de “orgas” y luchas despiadada por las espacios de poder, sobre todo donde hay “cajas”, etc, no puede funcionar nunca y menos en una situación de crisis general y de debilidad del espacio frente a todos los factores de poder hoy imperantes.

Este tipo de coaliciones  requieren de un liderazgo fuerte, capaz de arbitrar los conflictos internos y marcar los objetivos estratégicos.

Un paso adelante seria la conformación de una mesa de conducción y consenso, pero esto debe estar acompañado por un fortalecimiento de la figura presidencial.

La construcción de la figura de un “presidente débil”, jaqueado por la interna, sometido al poder de CFK, está siendo abonada por los grandes medios hegemónicos, con el objetivo claro de ir esmerilando la figura presidencial, alejándola de los sectores populares que siguen acompañando al gobierno.

El gobierno de AF comenzó con un gabinete y una agenda bastante lejana de la agenda popular, una agenda progresista y un gabinete demasiado atado a lógicas porteño céntrico.

Es cierto, q a los tres meses estalló  la pandemia del covid, cambiando muchos de los ejes y estrategias del gobierno. Sin embargo esta situación acentuó los déficits del gobierno, cuando como toda crisis, también pudo haber sido una oportunidad de profundizar y acelerar políticas más de fondo.

En estos dos años se pueden contabilizar numerosas iniciativas muy positivas pero también políticas erradas que han ido desgastando al gobierno y desde allí se puede explicar la fuga de cinco millones de votos.

Existe una agenda que construyen los medios y la oposición, el gobierno hasta ahora ha corrido por detrás, tratando de dar respuesta a esa agenda.

Esa es una lucha perdida, no hay forma de contrarrestar desde lo discursivo el aparato mediático que se ha ido institucionalizado. Un gobierno en acción construye e instala los temas a debatir, desde una posición de fortaleza que te da el poder estatal.

Tampoco pudo sintonizar y por ende dar respuesta a la agenda de los sectores populares, base de su poder electoral.

Un claro ejemplo es el tema inflación, que esta primero en todas las encuestas. El gobierno no tuvo prácticamente política frente a este fenómeno durante casi los primeros dos años, la derrota en las Paso impuso un cambio de persona y sobre todo de política. El nombramiento de Roberto Feletti y  el control estricto de los precios de la canasta familiar, mostraron resultados positivos y adhesión popular a la medida.

Sin embargo más allá de aciertos y errores es indudable que desde sectores del albertismo se lo está boicoteando, en nombre de vaya a saber qué. La salida destemplada de Débora Giorgi debilitó  a Feletti, un verdadero papelón que terminó  afectando al propio Fernández. Una muestra más de la desconexión entre las distintas áreas y sectores.

Otro tema central en la agenda popular en el tema de la seguridad. Para el progresismo el tema pasa como una queja de los sectores altos o de los medios y se lo minimiza. Sin embargo el problema de la falta de seguridad se da básicamente en los barrios, en el hurto de celulares, zapatillas, entraderas a casas, el robo en la parada del colectivo cuando la víctima va al trabajo o a la escuela, etc,  con el consiguiente peligro para la vida humana en este tipo de situaciones. El otro flagelo que está creciendo ante los ojos de todos es la  comercialización y el consumo de drogas en los barrios del conurbano. El horizonte de Rosario no esta tan lejano en la pcia de Buenos Aires. Sin embargo el gobierno gasto dos años de gestión en una pelea estúpida en nación y provincia, sin dar respuestas concretas.

Otra más, hace un par de días,  fue la desmentida de Cerruti en cuanto a no iba a haber bono de fin de año  para los jubilados, fue desmentida 24 horas más tarde la titular del Anses. Raverta salió a anunciar un bono para el sector. Pequeños papelones que van afectando al gobierno y lo muestran débil y desorientado. 

Una clara falta de sintonía fina se vio en las políticas y acciones destinadas a los sectores populares durante la pandemia.

Existe una población que esta fuera del circuito formal de la economía, monotributistas, comerciantes, cuenta propistas, trabajo eventual, construcción, trabajo doméstico, changas, etc. Es un sector importante de la sociedad, muchos de los cuales se visualizan como clase media.

Este es el sector más golpeado por la pandemia y al que no han llegado ninguna de los paliativos implementados. Tal vez solo el IFE,  que en su primer momento tuvo más de 9 millones de beneficiarios, alcanzó a cubrir parte  de esa demanda. Pero que rápidamente fueron dejados de lado, cuando con una lógica de ajuste del gasto se sacó el IFE y se lo intento paliar con otros programas de menor alcance.

 Por un lado los sectores más pobres o más vulnerables tuvieron y tienen cobertura por programas y asistencia nacionales y provinciales. Este sector en algunos casos ha sido sobre cubiertos, en contraposición hay un gran sector que no ha tenido ninguna ayuda. Esto genera una grieta de pobres contra pobres, los que reciben planes y ayuda del estado y los que no. Este proceso viene desde el segundo gobierno de CFK, agudizado por la pandemia y las erráticas políticas del gobierno.

Es notoria la pérdida del voto joven hacia experiencias de izquierda, lo cual no sería novedoso, pero si es novedoso y alarmante la fuga hacia expresiones de derecha, caricaturas fascitoides pero preocupantes. También aquí hay una responsabilidad en el FDT, que no tuvo políticas para los ámbitos juveniles. Se descontinuó  la entrega de notebook en un momento, la cuarentena, donde más se la necesitaba. El sector juvenil –adolescente de  los barrios populares fue uno de los más por  golpeados por la pandemia. El mundo en que se movían se derrumbó de un día para otro, sin las herramientas emocionales y materiales para enfrentar la nueva situación.

Para terminar este ítem es también notoria la fuga de votos de los adultos mayores hacia Cambiemos, no es un fenómeno nuevo, pero que ha ido consolidando. También aquí ha  habido una serie de errores tanto desde el Anses y el Pami: una jubilación mínima de 25000 pesos es una afrenta a la dignidad del jubilado. La jubilación mínima no cubre ni el 50 % del monto necesario para no caer bajo la línea de pobreza. Podrán decir que hubo ayudas importantes por parte de PAMI en la compra de medicamentos o “bonos” de dinero esporádicos, dado como dadivas y no como una ampliación de derechos hacia un haber  jubilatorio digno.

También es posible visualizar, si se analizan las elecciones en los últimos veinte años,  que a partir de la crisis del 2008  el peronismo ha ido perdiendo votos en los sectores medios urbanos, habitantes de los pueblos de la pampa sojera. Esa ruptura se ha ido acrecentando, y es fácil visualizarla en un mapa donde toda la región sojera y granaria vota al PRO. La falta de una política clara para el sector agro pecuario es fundamental. Configurar al “campo”  como un núcleo único, donde no existen contradicciones internas es favorecer a los grupos dirigentes del sector, minoritarios pero fuertemente alineados con la línea más dura de Cambiemos. Este error costó  la derrota de la 125 en el 2008 y es un error que el FDT viene arrastrando.

Los desafíos que debe enfrentar el gobierno son múltiples, si bien existen condicionantes  externos, como la deuda, hay  muchos de ellos tienen que ver con problemas internos, de más sencilla solución.

Es  largo el listado  de acciones positivas que hizo el gobierno en estos dos años, en especial el manejo de la pandemia y la provisión de vacunas. A pesar de la despiadada campaña en contra de la oposición.

Esta feroz oposición mediática política u judicial ha golpeado y hecho daño al gobierno y a la figura presidencial. El gobierno tiene en este terreno una asignatura pendiente, carece de una política comunicacional. Como decíamos al principio corre detrás de la agenda de la oposición, pero además comunica muy mal aun acciones correctas, dejando la pelota siempre picando en el área chica para que cualquier opositor la patee y hagan un gol.

Para terminar estos apuntes el gobierno tiene varias tareas por delante:

Construir una agenda para el corto plazo pero a su vez debatir y consensuar una agenda a mediano y largo plazo

Llevar adelante la gestión, con mayor sintonía sobre lo que quieren y necesitan los sectores medios y populares, fortalecer el proceso de reactivación económica que está en marcha y una política activa de precios y salarios que favorezca la redistribución de la riqueza hacia la clase media y los sectores de trabajadores.

Otros temas que centrales que, que  el gobierno ha eludido en esta primera etapa son  la reforma judicial y una política de medios que ponga límites al monopolio de la información. Dos batallas que generaran conflictos seguramente, pero con estos dos condicionantes no existe posibilidad de funcionamiento de una democracia.

Y por último el fortalecimiento y ampliación de la coalición de gobierno, institucionalizar una mesa de conducción y espacios de debate y consenso, sumar a otros sectores afines, sobre todo lo que conforman el “movimiento nacional”.

En este escenario es fundamental fortalecer la figura presidencial, una figura débil hace débil a todo el gobierno y no olvidar que CFK, sigue teniendo un protagonismo imposible de soslayar.

 

Antonio  Muñiz

Diciembre 2021


Un Estado fuerte para la construcción de nuevos consensos.

 

Esta demás explicar la crisis que padece la Argentina, ya mucho hemos escrito sobre el tema. Cuarenta años de un modelo político y  económico bajo las reglas y leyes impuestas por el neoliberalismo han hecho estragos en el tejido económico, político y social de nuestro país.

La última experiencia neoliberal, el macrismo dejo una deuda externa impagable y condicionante, una inflación del 50 % anual, un deterioro en el salario real de todos los argentinos de más del 20 %, 50 % de la población en la pobreza, podríamos seguir, pero todos los números de la macroeconomía macrista son catastróficos.

Sin embargo la crisis actual no es nueva, viene desde la etapa del proceso militar que vino a “resetear” la economía y la sociedad argentina. Se puede decir que en ese sentido que el proyecto del golpe civil –militar fue exitoso, logró destruir gran parte del entramado productivo, al hacer desaparecer gran parte de la industria con su secuela de desocupación estructural y aumento  de la pobreza.

Estas políticas de ajuste permanente, achique del estado, desindustrialización, endeudamiento y la fuga de capitales, como políticas de estado han llevado la pobreza y la indigencia  a niveles hoy escandalosos.  

El actual momento histórico, con un gobierno que tiene como plataforma de gobierno políticas contrarias al neoliberalismo es una oportunidad de quebrar un ciclo  histórico.


El momento es hoy, porque la crisis es estructural y pone en peligro la existencia misma de la Argentina. Los números marcan una crisis social y  económica catastrófica con casi un 50 % de argentinos bajo la línea de pobreza, con sectores de indigencia, es decir de pobreza extrema vergonzantes.

Pero además de la crisis social, hay una crisis moral y ética, con instituciones totalmente en crisis, como el sistema judicial o la seguridad, estamentos de la política, el periodismo y de los grupos empresarios, todos marcados por una corrupción profunda, que poco a poco va consumiendo el tejido social, rompiendo lazos sociales, comunitarios, instaurando una cultura del individualismo, del sálvese quien pueda y  un verdadero desorden nacional que pone en riesgo hasta la integración territorial Argentina.

Es necesario poner un límite a este proceso de deterioro general, hacia un nuevo modelo que lleve a fortalecer valores básicos, y sobre todo a integrar a la sociedad argentina sobre una cultura que promueva el trabajo, la producción, la educación, la eliminación del hambre y la pobreza.

La experiencia histórica indica que si seguimos la lógica neoliberal, de confiar en las fuerzas del mercado el resultado será el mismo desastre social y económico.

Es necesario romper esa lógica y desmontar el aparato político, legal, económico y cultural que dan sustento al neoliberalismo.

Por supuesto que no es fácil, que el poder económico concentrado, surgido de las políticas neoliberales, es un opositor muy fuerte, y más aliado al periodismo mercenario, las corporaciones mediáticas y los sectores más putrefactos del aparato judicial y los sistemas de seguridad.

Es necesario recuperar la política como herramienta de  transformación, un estado fuerte, capaz de intervenir y conducir el nuevo proceso y la construcción de nuevos consensos a través de nuevos espacios de debate, discusión y acuerdos.

 El Estado es el protagonista esencial en asegurar a la sociedad las necesidades básicas de  educación, salud, seguridad  y trabajo, pero además se necesita una “estado desarrollador”, es decir un estado que sea motor del desarrollo productivo pero también social.  

En lo referente al trabajo todos los gobiernos han manifestado su preocupación, sin embargo si bien hay restricciones por las características cada vez más especializada de los mismos y por el desempleo generado por la automatización, también es cierto que un modelo de desarrollo dentro de la lógica neoliberal no genera empleo. Por el contrario expulsa mano de obra al basarse en una lógica de acumulación solo en lo financiero o las actividades extractiva. Solo la industria y dentro del sector, la pymes las que crean trabajo.

Un área a tener en cuenta en la lucha contra la pobreza y que genera integración es la construcción de viviendas. Una traba estructural en los sectores populares y medios es la imposibilidad de acceso a la tierra y a la vivienda. La construcción de un millón de viviendas, además de dar una solución habitacional, puede ser generadora de puestos de trabajo y la dinamización de amplios sectores industriales.

Los planes sociales, una política que cubre una necesidad básica de los sectores populares, deben ser una herramienta de creación de  empleo genuino y de fortalecimiento del desarrollo industrial. Es necesario reformular estos planes, dejar de lado el asistencialismo e ir hacia políticas de creación de empleos reales y bien remunerados. Hoy  muchos de estos planes solo encubren mano de obra barata al servicio del estado, en especial los municipios, cubriendo servicios de recolección, barrido o tareas de servicio dentro del aparato municipal.

Una alianza estratégica:

Hay mucho que discutir y debatir. Estamos en los umbrales de un nuevo ciclo de industrialización, una nueva revolución industrial, basado en las nuevas tecnologías. Por lo que es necesario una mirada hacia el futuro, la creación de una agenda de desarrollo hacia adelante, teniendo claro desde donde partimos y la deuda social que arrastramos y debemos resolver en  forma urgente.  

Un gobierno por sí solo no puede hoy llevar adelante esta tarea y menos el “mercado”; se requiere la construcción del estado fuerte, con poder de policía, con capacidad de orientar y guiar un proceso de desarrollo social y productivo. Un estado asignador de recursos, un estado que premie o castigue,  generando las condiciones para  movilizar todos los recursos de la comunidad tras el rumbo marcado.

Esta es la alianza estratégica en la que la producción y el trabajo con el Estado Nacional más los sectores de la educación, la investigación y el desarrollo científico tecnológico elaboren los planes y acciones de gobierno.

Existe hoy en ámbito creado por el actual gobierno que puede y debe ser el ámbito donde se dé el debate, el Consejo Social y Económico. Este espacio creado al efecto para abordar políticas de Estado a mediano y largo plazo, está hoy vaciado de contenido y objetivos.

Tal como Perón creo que el Consejo Nacional de Posguerra lo convirtió en una usina de ideas y proyectos que dieron sustento a los planes de su primer y segundo gobierno, el actual Consejo tiene la potencialidad de ser un espacio de elaboración de un plan de desarrollo consensuado y que además permita al gobierno ir construyendo a través de la política un nuevo modelo hegemónico, que dé respuesta a las necesidades pero además genere la esperanza, la confianza y el acompañamiento de la sociedad, aislando a aquellos sectores reaccionarios que hoy boicotean cualquier acción del gobierno.

El momento es difícil, además de la crisis estructural tenemos que llevar una lucha contra una pandemia que golpea al mundo. Sin embargo, esta no puede ser una traba, también con política se puede convertir en una oportunidad de plantear otra agenda, otras alternativas, de profundizar y hacer posible los cambios estructurales que son necesarios y la sociedad reclama.

 

Antonio Muñiz

6 de julio de 2021



El Hilo de Ariadna

 El gobierno y sus laberintos.

 ¿De dónde venimos?

 

Es indudable que la fórmula de Alberto Fernández – Cristina Fernández sintetizó y sigue sintetizando la unidad de todo el peronismo y los sectores populares aliados.

 Esta unidad del campo popular rápidamente demostró su fortaleza, que se vio claramente en las elecciones de 2019.  La victoria aplastante del Frente de Todos, colocó a AF como Presidente de la Nación iniciando un nuevo ciclo de un gobierno nacional y popular.

AF inició un proceso de construcción de poder, a partir de un accionar político muy activo de diálogo  y búsqueda de consensos, primero hacia dentro del espacio y luego con todos los sectores económicos y sociales, así fue consolidándose como líder y generando estatus  presidencial.

 Todo el proceso está mostrando varias aristas complejas pero interesantes para el análisis de lo que viene. Por un lado la capacidad de resiliencia del peronismo, entendida esta como  como un proceso donde la persona y  las organizaciones deben adaptarse positivamente a las situaciones adversas.

 El peronismo parece siempre resurgir de sus cenizas, cuando parece la borde de la extinción, cuando se cree que viene su superación histórica, el peronismo se readapta y cambia, sin perder su esencia histórica. A pesar de procesos largos de desperonizacion de la sociedad, de la persecución de sus cuadros, de la calumnia y la difamación de sus dirigentes,  a lo largo de su historia, el peronismo muestra una capacidad de reponerse, reagruparse, generar nuevos liderazgos y volver a representar a amplios sectores populares.

Así por ejemplo la “renovación” en los 80, el kirchnerismo en el 2000, Alberto Fernández en el 2019, son momento de rearticulación interna, debate, surgimiento de nuevos líderes pero también fundamentalmente la conformación de nuevos pactos con la comunidad sumando sujetos políticos dispersos.

 

Así el peronismo trata de construir una alternativa política que sume además de lo anterior, a la marea verde feminista, a los sectores de clase media, que se habían alejado del gobierno de Cristina Fernández, trabajadores de la cultura, de la educación, de las ciencias, uniendo a la vieja militancia y dirigencia peronista con las nuevas camadas juveniles, más los partidos “progresistas” filo kirchneristas, etc.

 

Pero la vida te da sorpresas:

 

Luego de cuatro años de destrucción de la economía y el tejido social por parte del gobierno neo liberal macrista,  ha dejado una brutal herencia, crisis económica, quiebra del aparato productivo, desocupación, y una brutal deuda externa. En síntesis una crisis casi terminal, similar a la del 2001.

Nada es extraño, la experiencia liberal conservadora mostró  una vez más su cara más perversa. Deuda más fuga, que todos los argentinos debemos pagar. Asumido el nuevo gobierno nos encontramos además con el covid19. Una pandemia que ha puesto en jaque a toda la economía global.

Los gobiernos  populares de Alberto Fernández  y Axel Kicillof han llevado adelante una tarea ciclópea ejecutando políticas preventivas en cuanto a la pandemia y un proceso de vacunación masiva, que ha sido elogiado a nivel mundial. Al mismo tiempo pudo, con firmeza, lograr  acuerdos de renegociación de la deuda heredada con alto éxito hasta el momento. Mucho se ha hecho, pero todavía faltan los tramos más duros.

En este año 2021 nos vuelve a golpear, antes de los previsto, una segunda ola de Covid19, más dura que la primera, a pesar del importante programa de vacunación en marcha.

 

A pesar de eso, y del impacto negativo, que la pandemia tiene sobre el aparato productivo, los pronósticos económicos para el 2021/22 son positivo; tal vez por ello una oposición político mediática cerrada, violenta y autoritaria, que no  reconoce las reglas del juego democrático está intentado, desde el primer día sabotear al gobierno popular.

 

Los frentes de batalla:

Hoy el gobierno de AF se encuentra luchando en varios frentes, muy complejos cada uno de ellos.

Por un lado el frente externo, la renegociación con los acreedores externos y el FMI, tratando de lograr un acuerdo que difiera los pagos en el tiempo, a una tasa razonable, que no impliquen condicionamientos ni ajustes sobre nuestra economía y lo sectores populares. En estos días el Presidente, junto a varios ministros, han finalizado un viaje a Europa, buscando apoyos para la negociación.

Por el frente interno, la oposición política, encarnada por Cambiemos, con fuerte presencia en la Cámara de Diputados, ha planteado una oposición muy dura y violenta contra toda acción del gobierno nacional, llegando a boicotear las políticas sanitarias contra la pandemia.

El fanatismo opositor está costando al país cientos de contagios y muertes por el virus. A esta situación debe sumarse el papel de los grandes medios que juegan un rol tanto o más destructivo que la coalición opositora.  A esta situación debe sumarse el comportamiento de las grandes empresas concentradas, que están  abocadas a una acelerada escalada de precios sobre los productos básicos, alimentos sobre todo, cuando no hay razones económicas para un proceso inflacionario de estas características.

Es evidente una campaña concertada para esmerilar al gobierno a través de una “inflación descontrolada”.

Y si esto fuera poco, el gobierno está siendo jaqueado por la Corte Suprema de Justicia. No es nuevo el alineamiento de la Corte y de gran parte de la Justicia Federal con la coalición opositora. Ha quedado claro que el papel del poder judicial fue clave en el proceso que conocimos como “lawfare”, de persecución política mediática y judicial contra funcionarios del gobierno kirchnerista y sobre todo sobre Cristina Fernández de Kirchner. Esa entente hoy sigue funcionando sin ningún tapujo, atacando claramente el accionar del gobierno nacional y entorpeciendo su funcionamiento normal.

Es indudable  si vemos este proceso en el contexto latinoamericano, que estamos en presencia de un accionar orientado a condicionar y debilitar al gobierno y preparar el terreno para un “golpe blando”.

 

Todos este escenario no es más que la punta del iceberg de una profunda crisis institucional y social que atañe a todos y que cobra mayor actualidad cuando el país vive situaciones de extrema pobreza, marginación y desigualdad.

Hay que mirarse en el contexto latinoamericano para ver un posible escenario futuro para nuestro país, protestas populares masivas en Colombia, como ayer en Chile, producto de broncas acumuladas que están explotando, haciendo evidente una situación social explosiva.

 

Latinoamérica es un continente en disputa, cuarenta años de neoliberalismo han generado un continente en crisis y violencia. Argentina todavía no está en esa situación pero se vienen juntando broncas por debajo que si no encuentran su salida terminará estallando.

 

Hoy en la realidad argentina se ven además asomar otras urgencias. Se trata lisa y llanamente de una descomposición interna.

 

El neoliberalismo ha construido un poderoso sistema alrededor de la exportación de commoditys, sistema financiero, la ciudad de Buenos Aires, la pampa húmeda, los puertos de la cuenca Paraná - Río de la Plata. Allí se concentra toda riqueza, pero también los grandes bolsones de pobreza y frustración.

Frente a este poder central se yergue un interior desarticulado, con provincias ricas,  pero con sus economías en crisis permanente, donde aparecen expresiones de autonomías o separatismo que amenazan con una disgregación nacional.

El neoliberalismo en los últimos cuarenta años  ha ido construyendo, bajo la lógica del mercado, un país totalmente fragmentado socio económicamente, pero también geográficamente.

 

Fortalezas y debilidades:

 

Los desafíos para el actual gobierno son muy pesados, no solo estabilizar la economía, domesticar la inflación y controlar el dólar, detener la fuga de divisas, y renegociar el pago de la deuda, genera puestos de trabajo, poner en marcha las pymes, y hacer una fuerte campaña contra el hambre y la pobreza, terminar con la fragmentación social que deja afuera de sus derechos más elementales a casi el 50 % de la población.  Al mismo tiempo que debe enfrentar la segunda ola de la pandemia que a la fecha ha causado cerca de setenta mil muertes.

 

Además, como decíamos más arriba, la crisis no es solo económica y social, hay una crisis institucional muy seria, con un trasfondo de corrupción muy grave que afecta instituciones estatales y sectores empresarios, evasión impositiva, blanqueo y fuga de capitales, contrabando, avance de los carteles de la droga, etc. 

 

Todo esto en un escenario interno y externo muy complejo, donde el conflicto de intereses es muy fuerte y los protagonistas muy poderosos.

 

La principal fortaleza es también una debilidad. El gobierno hoy representa una coalición de casi todos los sectores populares. La unidad fue una lógica que permitió ganar sobre las fuerzas de derecha, pero la misma alianza no necesariamente es la mejor herramienta para gobernar. Por un lado el poder ejecutivo está “loteado” por el reparto entre las distintas fuerzas, donde no siempre hay coincidencias sobre el accionar y por el otro muchas veces priman los intereses  de las “orgas” por sobre el conjunto.

 

También la elección de los funcionarios tiene que ver en  muchos casos con razones de cumplir con los distintos espacios por sobre la capacidad del funcionario. Esto queda claro cuando hay muchos lugares que no funcionan y ameritarían un cambio de personas y de políticas.

 

Por el otro lado hay un fenómeno que está limitando la acción gubernamental. Cuarenta años de neoliberalismo han ido destruyendo al Estado, cercenando funciones, destruyendo sus fuentes de recursos, quitándole toda posibilidad de ejercer su poder de control y policía. Hoy se ve claramente la incapacidad del Estado, en sí mismo, de controlar cosas tan básicas como un control de precios, o regular un servicio esencial como las telecomunicaciones y los servicios de internet. Por el otro se puede ver claramente que existen sectores económicos y sociales, que rechazan o desconfían de cualquier acción estatal. Este fenómeno no es nuevo y es el resultado de una política de desprestigio de las instituciones estatales por parte de las elites.

 

Por un lado Argentina cuenta con una sociedad civil fuerte y movilizada y por el otro un Estado débil e impotente.

La grandes movilizaciones en defensa de la democracia, los derechos humanos, contra el 2 x1, la despedida del Cristina Kirchner, o las luchas en la calle contra las políticas de ajuste del gobierno macrista, para poner solo unos ejemplos. También es justo mencionar que la derecha ha mostrado en los últimos años capacidad de movilización y bloqueo contra políticas estatales. El primer round de dio con la “125”, donde minorías activas pudieron bloquear caminos, requisar mercaderías, ante la pasividad del Estado.

En los últimos dos años, movilizaciones puntuales, ruidosas y a pesar de ser muchas veces minoritarias, lograron torcer el rumbo del gobierno, caso Vicentin, o campañas anti vacunas, negacionistas, oposición a las medidas de prevención, presencialidad en las escuelas, etc.

 

El Estado, por su parte, desde hace décadas carece de cualquier capacidad para imponer medidas, arbitrar conflictos o disputas de facciones, o para encauzar y darle continuidad a diseños y ejecución de políticas y proyectos.

En esta democracia Argentina de hoy parece q ser opositor es sencillo; gobernar, casi imposible.

El activismo y la participación  ciudadana no son  preocupantes, sino por el contrario son elementos positivos,  si contáramos por el otro lado con un aparato estatal coherente y dotado de poder para planificar e imponer decisiones, arbitrar los conflictos, e imponer premios y castigos, que trasciendan los límites de  proyectos sectoriales.

Esta situación de una sociedad civil activa y un Estado impotente,  solo pueden generar  inestabilidad y en la largo plazo violencia política.

 

En este escenario cualquier política de redistribución del ingreso o de control sobre actores concentrados veremos que los factores de poder se activan para bloquearla, a través fallos judiciales de dudosa legalidad,  campañas mediáticas, violentas movilizaciones de los afectados, bloqueos parlamentarios, ataques y escraches personalizados, etc, que  harán fracasar cualquier iniciativa por tibia que esta pueda ser.

 

El escenario:

 

El neoliberalismo ha construido una sociedad partida en dos, donde hay sectores, que han crecido y consolidado un poder político y económico considerable al calor de esas políticas, mientras dejaban afuera del mercado y de los derechos sociales y políticos a casi el 50% de la población.

Ese sector ha construido también a su alrededor una alianza política y social que acompaña su proyecto político y económico, que trasciende su espacio de clase.

A podido sumar a su alrededor, un espacio trasversal de sectores medios y en algún caso sectores populares, a partir de instaurar un “nuevo sentido común de derecha”, por penetración cultural través de los grandes medios de prensa y el formateo de la sociedad que ha ido llevando a cabo desde el proceso militar, el menemismo y  ahora el macrismo.

El fenómeno no es nuevo y se está desarrollando a nivel mundial. El surgimiento de una nueva derecha, con una nueva cara “moderna y eficiente”, pero tan autoritaria, violenta y peligrosa como siempre.

Es necesaria una digresión sobre el comportamiento político de los sectores medios, pues son un sector clave en la lucha política presente y futura, para no quedarnos con una mirada jauretcheana

En principio la clase media argentina es muy grande como porcentaje de la población a comparación con otros países latinoamericanos, por ende su peso político es mucho mayor.

Es también notorio el comportamiento de sectores, sobre todo asalariados, que técnicamente no son clase media pero ellos si se consideran dentro de ese rango. Es indudablemente una clase media aspiracional, pero también parte de esa clase media  tiene parámetros de comportamiento cultural, político, consumo, etc, similares a los otros sectores de mayores recursos. Tal vez esta situación de da como elemento residual de la vieja sociedad argentina, donde había parámetros de mayor igualdad y potencialidad de ascenso social.

En cuanto al comportamiento político, a grandes rasgos podríamos decir que por un lado están los “independientes”, los que fluctúan su voto y muchas veces definen una elección, son parte del electorado que sumo CFK con el 54%, aportaron para el triunfo de Macri en el 2015 y ahora acompañan al Frente de Todos; por el otro un sector de clase media muy refractario al peronismo, a pesar de ser la primera víctima de las políticas neoliberales.

Si algo demostró el gobierno macrista es la vulnerabilidad  económica de la mayor parte de la clase media argentina. Las políticas de ajuste permanente del neoliberalismo llevan a los sectores medios a un empobrecimiento generalizado, que lo acercan a los sectores populares más pobres.

Hubo un sector   que por falta de cultura política o histórica creyó en los globos de colores o en la virtud el cambio,  pero hoy descubrieron en carne propia que el neoliberalismo solo genera el empobrecimiento de toda la comunidad.

Sin embargo, hay otros sectores donde esto genera  situaciones de angustia y miedo, que los hace votar a modelos políticos que les prometen una salida individual, un salvarse solo, una meritocracia que les hace creer que son distintos y superiores a los pobres, Un síndrome de Estocolmo que los hace votar a quienes lo perjudican y odiar a aquellos que los benefician o ver a los “otros”, los pobres,  como enemigos.

Por supuesto que también  hay sectores medios importantes que acompañan al peronismo y a partidos de centro izquierda alineados hoy en le FDT.

 

¿Qué hacer? La respuesta está en la política:

 

En principio para un escenario tan complejo como el que describimos, con el aditamento nuevo de la pandemia que desconocíamos, no hay y recetas.

Es indudable que las viejas recetas no funcionan, que estén agotadas. Las viejas políticas neoliberales que se han aplicado en el mundo en estas últimas cuatro décadas, no solo muestran su fracaso, sino que son culpables de muchos de los problemas de hoy.

 

El gobierno de AF ha encarado, por los menos en este año y medio políticas muy tibias en cuanto a no cuestionar el fondo del modelo, muy similar a experiencia anteriores de conciliación de clase, acuerdos sectoriales, control de alguna variables, alguna tibia política redistributiva, sin tocar los ejes donde se asienta el poder político y económico de la clase dominantes. Estas experiencias también han fracasado, y volverán a fracasar porque estas clases no van a ceder ningún espacio de su poder sin luchar.

 

Parafraseando a Nietzsche “el poder debe ir por más poder o se empieza a perder”

 

El  gobierno cuenta con un poder político importante y muy sólido, más allá de la crisis que vamos atravesando y de la bambolla ruidosa y dañina de la oposición política - periodística a la que nos vemos todos sometidos.

 En ese marco el gobierno debe usar el poder que tiene y no dejarse amedrentar por el accionar de la oposición macrista, se debe fijar su propia agenda de gobierno y  no correr detrás de la agenda que le marcan los medios opositores; generar una agenda de futuro post pandemia, dejar de hablar del pasado y mostrar un proyecto de país superador.

Un gran objetivo, que movilice a la sociedad. Por ejemplo encarar una batalla que genere épica,  podría ser una gran lucha contra el hambre y la pobreza, y/o una batalla por el desarrollo industrial y la generación de empleos genuinos.

También y al mismo tiempo debe apuntar a reconstruir el Estado, dotarlo de funcionarios en todas las líneas consustanciados con el proyecto encarado;

si no estuvieran  esos funcionarios hay que formarlos rápidamente. En esta reconstrucción del Estado se debe ir por los bolsones de corrupción que anidan en el estado: sectores de la justicia y de las fuerzas de seguridad, servicios de inteligencia, comercio exterior, aduanas, bancos y cuevas que son drenaje para la fuga de divisas, etc;

Es necesario desmontar las leyes que son el andamiaje de la estructura neoliberal dominante: ley de inversiones extranjeras, ley de entidades financieras, ley de medios, reforma judicial, etc, son solo un ejemplo de lo mucho que hay hacer.

Son batallas que hay que dar, muy duras, que amedrentan a muchos políticos. Pero hay que romper algunas lógicas, no hay que jugar con la pelota ni las reglas del adversario.

 

Es cierto que el gobierno no tiene mayoría en la cámara de diputados y que cualquiera de estas acciones podrían ser  bloqueadas desde la justicia o el parlamento.

Pero para evitar o neutralizar eso está la política.

Hay que  generar consensos, abrir el juego democrático, ampliar la democracia y sacarla de los ámbitos palaciegos.

Hay que crear comunidad, tarea opaca y de resultados lentos, pero perdurables y sólidos. El neoliberalismo destruyó, entre tantas cosas los lazos sociales, culturales e históricos y sus instituciones, que son el entramado donde se asienta una nación, un pueblo, una sociedad. Se pueden usar los recursos que el Estado tiene y fortalecer la participación en las instituciones y organizaciones de base, la escuela y su cooperadora, el comedor comunitario, las salas de medicina preventiva en los barrios, las sociedades de fomento, las cooperativas y mutuales de base, y toda organización comunitaria que surja. Hasta la pandemia de covid puede ser una oportunidad donde la comunidad se organiza para enfrentarla solidariamente, cuidándose y cuidando al vecino.

Ir construyendo comunidad organizada y un pueblo empoderado.

           

El gobierno tiene como una  herramienta política a su disposición y que ha puesto en marcha muy tímidamente  AF,  es el Consejo Económico y Social. Una herramienta peronista, que Perón puso en práctica en el Consejo Nacional de post guerra en su primera presidencia.

Un  espacio donde participen todos los sectores de la comunidad, de la producción, el trabajo, la educación, las iglesias y por supuesto la instituciones del estado y desde donde surja una proyecto de país consensuado, que incluya a los 45 millones de argentinos, que rompa la lógica de la “grieta”  que solo beneficia a los grupos dominantes

Por supuesto que la historia argentina muestra que estos pactos solo funcionan cuando existe un poder político muy fuerte que actúa como articulador o negociador entre las partes, pero también como dador de premios y castigos e imponga los límites al conflicto  de intereses entre todos los sectores.

 

El fortalecimiento del sujeto político:

 

La experiencia también muestra que es necesaria la construcción de un sujeto político que encarne y lidere el proceso.

Este sujeto no es más que el pueblo empoderado y movilizado, detrás de un proyecto emancipador, que dé respuesta a las múltiples demandas de los distintos sectores que conforman el colectivo pueblo.

Esta constitución de un sujeto político debe estar  basada en la historia, la memoria colectiva, la experiencia popular, en una cultura, y sintetizados en un proyecto de nación.

Este sujeto político es el encargado de la disputa por los significados, por la construcción del relato hegemónico, por el sentido común, de dar  la lucha  por el poder y la hegemonía.  

En síntesis  la reconstrucción del Estado, la construcción y fortalecimiento del/los sujetos políticos democráticos y populares deben ser  garante y sostén de este gobierno, de dar la batalla cultural y política y la construcción de contra poderes para la instauración de un nuevo orden social.

 Sin un Estado fuerte y activo, sin el pueblo empoderado y movilizado, sin la comunidad organizada, la tarea de este gobierno será ardua y llena de escollos.

 

 (#) Revista Hamartia

Antonio Muñiz


Mayo 2021

Apuntes en días de pandemia.


 Turbulencias sobre Latinoamérica

Como decíamos en viejos artículos, Latinoamérica sigue siendo un continente en disputa. En ese sentido América Latina sigue en una etapa signada por viejas y nuevas tensiones sociales y políticas.

Las experiencias políticas en el continente durante las dos primeras décadas del siglo XXI, fueron marcadas por experiencias “progresista” o de izquierda, Lula, Chavez, Kirchner, Correa, Lugo, etc, Podría decirse y ponerle como fechas topes 1998, con la elección de Chavez hasta 2015 con la derrota de Daniel Scioli en Argentina y el triunfo del candidato de la derecha más rancia en Argentina.

Si bien la definición progresista o de izquierda son conceptos  que no concuerdan en todos los casos y no significan lo mismo en cada país, se las ha utilizado para conceptualizar ese proceso. Así como la derecha lo caracterizo  despectivamente como “populismo”.

Por un lado tenemos  las experiencias «nacionales y populares» más o menos «radicales» de Venezuela y Bolivia, otras experiencias más orientadas hacia la social democracia  por ejemplo el Frente Amplio de Uruguay o Brasil o experiencias neo desarrollista como en Argentina. Sin embargo, así como hay diferencias, también es posible encontrar muchas similitudes, el rol del estado, el anti neoliberalismo, posición clara frente a EEUU, desarrollo y re industrialización y sobre todo las políticas de inclusión e igualdad social, vocación por la unidad latinoamericana, etc,

El triunfo de Macri y la derecha empresarial en Argentina  pareció haber marcado el tiro final  al “progresismo” y el comienzo de una etapa de restauración conservadora, bajo la tutela de EEUU.

Sin embargo “pasaron cosas”, básicamente los pueblos continuaron las luchas, en muchos casos aun ante la deserción de su dirigencia. 

El triunfo de López Obrador en Méjico, trajo aires nuevos en un país jaqueado por el narcotráfico, la violencia política y  la corrupción. El fracaso estrepitoso de la experiencia macrista en Argentina, que mostró  una vez más la inviabilidad el proyecto neoliberal dependiente  en cuanto a poder contener a los 45 millones de argentinos y el triunfo del peronismo una vez más, el fracaso del golpe contra Evo en Bolivia, el  desastre que la derecha fascistoide está haciendo  Brasil, con la figura de Lula creciendo,  las próximas elecciones constituyentes en Chile, luego de grandes manifestaciones populares contra el régimen de la derecha pinochetista, encarnado por Piñera, luchas populares en Colombia, con un marco de mucha violencia para estatal, elecciones en Perú con final incierto, luego de un largo periodo de inestabilidad política institucional, la lucha constante del pueblo venezolano contra las agresiones de EEUU y algunos gobierno aliados, Cuba, dando el ejemplo, convirtiéndose en un país pionero en Latinoamérica en temas de salud, lanzando en estos días su vacuna “Soberana” contra el Covid, a pesar del bloqueo y a la agresión de EEUU desde hace más de cincuenta años.

Como contrapeso la derrota del correismo en Ecuador fue un cachetazo a las expectativas progresistas, así como la derrota del MAS en Bolivia en las elecciones de gobernadores en cuatro estados.

Todo está situación política en medio de una pandemia que azota al mundo, pero que está pegando muy duro en toda América Latina.

Así como el fracaso del proyecto neoliberal en Latinoamérica que se intentó implantar desde fines de los setenta y en especial en la década de los noventa, con su secuela de primarización de la economía, concentración y extranjerización y una situación social angustiante, abrió las puerta para las experiencias populares del siglo xxi, también hoy el fracaso manifiesto del orden neoliberal y el caos global  generan espacios para reconstruir experiencias nacionales y populares.

Es justo reconocer que hubo en aquel periodo una coyuntura económica favorable a nivel internacional dada por el aumento de los precios de los commoditys y un aumento en el comercio internacional que permitieron en el mediano plazo, el retorno de los programas  de lucha contra la pobreza y  políticas de desarrollo económico y social. Así amplios sectores sociales empobrecidos en las décadas anteriores se insertaron nuevamente en las clases medias.

En ese contexto, algunas fuerzas políticas populares, con suerte diversa,  intentaron crear redes con los  sectores y movimientos populares, creando una base social que les permitiera  enfrentar a las derechas neoliberales y conservadoras.

Sin embargo, visto desde hoy, las políticas de inclusión social no dieron los frutos esperados, ya que esa movilidad social alcanzada no fue acompañada de conciencia política, organización popular ni mucho menos un cuestionamiento serio a las estructuras económicas y productivas. Los bloques dominantes siguieron y en muchos casos concentraron más poder político y económico, lo que les permitió, primero sabotear a los gobiernos para luego avanzar sobre ellos, no siempre con procesos límpidos y democráticos.

No en todos los países fueron iguales, allí donde se avanzó sobre las estructuras del poder  hegemónico  se pudo afianzar más los procesos políticos, caso Venezuela o Bolivia, en otros la situación fue más lábil, sobre todo en Brasil donde el PT le dio el manejo de la economía a los sectores liberales, con lo cual fue rompiendo lazos con su base social, lo mismo puede decirse del proceso uruguayo, donde el FA mostró claramente sus limitaciones, no avanzando más allá de lo declamativo y desde posiciones muy light..  No es casual la derrota del FA  a manos de la derecha uruguaya o Brasil donde el PT cae en un golpe de palacio y en una movida proscriptiva  hacia su candidato pero sin capacidad de reacción desde la dirigencia y menos desde los sectores populares que el PT pretendía representar.

El caso argentino, es más complejo, pero no escapa a la misma realidad latinoamericana.

Luego de la crisis argentina del 2001 el peronismo fue poniendo la cimiente para la recuperación económica, así  Argentina crece a “tasas chinas” en la primera década del siglo XXI, luego se estanca la economía sobre todo luego de la crisis global de la 2008/9, Aunque este estancamiento solo significó  crecer a tasas más bajas. Los grupos empresarios, acompañaron mientras su tasa de ganancia era alta, cuando esta, producto de la crisis global disminuye comienza una lucha de desgaste contra el gobierno, utilizando a la justicia, los medios de prensa, la oposición y los servicios de inteligencia y comenzó lo que después se conoció como lawfare, llegando a su apogeo con las denuncias del fiscal Nisman y su posterior suicidio.

Si bien hubo un crecimiento importante en lo económico en todo el periodo, un fuerte desarrollo de la industria, una disminución de la pobreza y la indigencia, no hubo una construcción de organización popular que acompañara el proceso histórico, esta falta de una base organizada no permitió avanzar en las reformas estructurales que la situación ameritaba.

Unas primeras conclusiones que puede inferirse del balance de esa etapa es que es imposible avanzar en políticas de desarrollo social y económico en los países de la región si no se pone en cuestión la estructura hegemónica de dominación, la apropiación del excedente de la renta, sea agropecuaria, minera, energía, etc,. Esta es apropiada por la elite hegemónica y casi siempre fugada a los paraísos del imperio. Poner en cuestión esta situación obliga a tensionar la política, y enfrentar conflictos. Pero no existe una política de liberación sin conflictos. Es necesario desarticular el andamiaje neoliberal de dominación que ata a nuestros países desde hace siglos.

Sin esta voluntad de enfrentar al poder dominante no hay posibilidad de éxito en un proceso que se precie nacional y popular.

Tomemos el ejemplo  de esta etapa y veamos la paradoja que todos los gobiernos reforzaron la matriz extrativista. Es cierto que el Estado tuvo más protagonismo y en algunos casos hubo un desarrollo de la industria, sin embargo, tal vez debido al alto precio de las materias primas, se reforzó el modelo estrativista y la dependencia de la producción y venta al exterior de commoditys.

Pero esta situación no es gratis, genera fuertes impactos sociales, políticos y ambientales, alimenta la corrupción, favorece el autoritarismo,  expulsa a la población, devasta territorios, genera daños ambientales de difícil solución.

Pero también sería justo reconocer que los pueblos latinoamericanos no pueden prescindir de la riqueza de su suelo, sería necio no explotarlos en nombre de un purismo exagerado. Hay que lograr un desarrollo sustentable, que no destruya el ecosistema, pero que a su vez la renta originada en la explotación de las materias primas queden en nuestros países y en beneficio de nuestros pueblos.

Aquí surge otra necesidad histórica, la integración política y económica de los países de la región a partir de hechos concretos, por ejemplo la explotación e industrialización de nuestros recursos en forma conjunta y en beneficio mutuo. El litio por ejemplo, con grandes yacimientos en Bolivia pero también en Argentina y Chile, podría ser un eje de desarrollo de toda esa región en la fabricación de baterías para el uso de celulares y hasta autos eléctricos.

Ninguno de nuestros países tiene la capacidad y el poder de salir solo de estos esquemas de saqueo y dependencia, más  cuando el neoliberalismo ha consolidado, muchas veces en forma violenta,   la “división internacional del trabajo”, asignando a nuestro continente el rol de mero proveedor de materias primas.

Es necesario ir construyendo una  agenda de integración y la cooperación económica, y en temas como infraestructura, defensa, seguridad, comercio, unidad política, ciudadanía común,  banco regional de fomento,  etc, que serán claves para el desarrollo de nuestros países, porque lo regional no reemplaza lo nacional, sino que lo fortalece.

Uno de los efectos de la pandemia, es haber demostrado la necesidad de la integración más allá de las ideologías. Los ejemplos de cooperación logística entre Argentina y Bolivia para la provisión de vacunas, entre Argentina y Méjico para la producción de vacunas, boicoteado por EEUU, la provisión  de insumos hospitalarios entre los países, son algunos de los ejemplos.

Queda claro que otra enseñanza que deja la etapa es que no hay posibilidad de liberación para un solo país, solo un proceso continental de liberación podrá tener éxito. Romper la lógica de fragmentación de nuestros países, que nos marcó el imperio ingles luego de la independencia del imperio español, para un mejor dominio de la región. Construir la patria grande latinoamericana, no es una quimera, o un sueño ingenuo, sino una necesidad histórica. Por ello se debe avanzar en la conformación de espacios políticos comunes, buscando las coincidencias, que son muchas, e ir elaborando una estrategia común.

Los movimientos populares deben tomar la iniciativa de la integración, generar los lazos y acciones  capaces de negociar, persuadir y consensuar los acuerdos necesarios con todos los países de la región.

 A la diplomacia de los países, muchas veces al servicio del imperio, ir construyendo la unidad desde abajo, desde los pueblos.

La prospectiva geopolítica parce indicar que vamos hacia la conformación de grandes bloques continentales, la unidad política y  económica de la América del Sur es un destino y una oportunidad que nos marca la historia.

Esta unidad planteada entre los pueblos, debe tener como base la unidad interna. Es necesario que los movimientos populares construyan dentro de sus países procesos de unidad amplia, con todos los sectores populares. El ejemplo de Ecuador es claro, el correismo dejó  de lado a los sectores indígenas, complejos y fragmentados, pero que entre los votos en blanco, la abstención y los que se corrieron hacia Lazzo permitieron el triunfo de este.

La derecha ecuatoriana pudo construir una unidad con un simple consigna “todos contra Correa” explotando la contradicción principal y poniéndolo nombre propio.

Otra conclusión que nos deja, a la distancia, es el tremendo poder de las redes y las nuevas tecnologías en la lucha política, pero también y muchas veces son subestimados,  el poder de los medios de prensa, que como en toda Latinoamérica están en manos de la derecha más rancia. Es un enemigo poderoso, pero hay que trabajar arduamente en la construcción de medios alternativos y de una agenda propia y sobre todo el trabajo en la base, solo una organización popular puede enfrentar a tremendo poder. Esto no solo es Ecuador, en toda Latinoamérica se da el mismo fenómeno.  

Es preciso profundizar el debate interno en los movimientos populares, fomentar la organización de base, el surgimiento de nuevos dirigentes, construir la sociedad civil o la comunidad organizada como la planteo Perón. La lucha política se da todos los días y en todo lugar, la gran batalla electoral es el resultado de un largo proceso de construcción del poder y de una nueva clase dirigente.

Latinoamérica  –como el resto del mundo– vive un período de fuerte turbulencias, una crisis económica gigantesca marcada por el fracaso del modelo neoliberal, la crisis sanitaria exacerbada por el covid , la profundización de la crisis medio ambiental, con su secuela de hambrinas, destrucción del ecosistema humano y fuertes migraciones, y una nueva polarización social, política e ideológica. Todo en el marco de la lucha por la hegemonía mundial entre EEUU y China, que agudizan los conflictos ya existentes.

Hay que ser claros, y no caer en ingenuidades izquierdosas no siempre los pueblos salen de las crisis por izquierda. La historia del siglo XX muestra que de la gran crisis del capitalismo en 1929 se salió por derecha y la nueva hegemonía se definió en una gran guerra mundial que dejo millones de muertos.

La historia no tiene por qué repetirse pero los movimientos populares deben estar atentos al crecimiento de nuevas derechas, algunas libertarias, casi anarquistas, o reaccionarias como la expresada por la penetración de las iglesias evangélicas electrónicas, financiadas por la CIA, o la vieja derecha latinoamericana, liberal en lo económico, autoritarias en lo político y alineadas firmemente con EEUU.

Esta derecha ha conseguido penetrar y cooptar sectores populares, en especial algunos sectores juveniles.

Esta derecha cuestiona la política y a los políticos, pero en el fondo pone en cuestión la democracia misma, por lo que la defensa de la democracia debe ser una bandera de los movimientos populares, pero no esta democracia formal, sino profundizándola, yendo hacia formas organizativas  que lleven a una democracia social y directa, donde el  pueblo sea el sujeto histórico.

Como corolario final,  hay que tener en claro que es un capítulo más de una historia que lleva quinientos años, es la lucha de nuestros pueblos por su liberación y autonomía frente al imperio de turno.

Como siempre, hoy estamos dando una batalla, sabiendo que la lucha es larga y nos trasciende.

Solo somos un eslabón en una larga historia, que vamos escribiendo y construyendo ladrillo a ladrillo.

 

Antonio Muñiz

Abril 2021