Por: Ricardo Forster
Que vivimos en un momento difícil, complejo y crítico de la historia mundial es algo que no puede negarse ni ocultarse. Que la desorientación, la pérdida de referencias y el extravío sacuden en particular a los países más desarrollados es algo que también se manifiesta con sólo mirar lo que está sucediendo en sociedades como Grecia, España, Italia, Francia o Estados Unidos, sociedades en la que la propia democracia no atraviesa por su momento más espléndido allí donde ha sido duramente colonizada por la tecnocracia economicista que hoy impulsa los famosos planes de ajuste. Que el modelo de valorización financiera que vino a instalarse en la economía mundial desde finales de los setenta y como un modo de ir desplazando al Estado de Bienestar en el mismo momento en que se derrumbaba la Unión Soviética, ha entrado en una profunda crisis que amenaza con ser terminal es algo que ni siquiera los medios de comunicación hegemónicos pueden disimular más allá de que todavía sigan predominando el discurso y las soluciones neoliberales. Que mientras eso sucede en el centro económico del mundo hay otras regiones, en particular Sudamérica, que, a diferencia de otras épocas en las que un estornudo en el Primer Mundo significaba una neumonía entre nosotros, va atravesando la crisis con una estabilidad sorprendente de acuerdo a las experiencias anteriores, es también señal de los cambios que vienen operándose en algunos de sus principales países, y eso a pesar de la pésima prensa que suelen tener en los medios primermundistas los procesos políticos que se despliegan en esta parte sureña del continente americano (¿no resulta extraño que durante la última década se demonizara a la Venezuela de Chávez, a la Bolivia de Evo Morales, al Ecuador de Correa y a la Argentina de los Kirchner mientras se aceleraban las condiciones, invisibilizadas por los medios hegemónicos, para el desencadenamiento de la crisis que desde el 2008 viene acorralando a Estados Unidos y Europa y nada se decía del autoritarismo represivo de los regímenes árabes que serían desbancados en 2011?). Que el mundo árabe se ve sacudido por una ola de movilizaciones populares de carácter democrático es algo que va mucho más allá de lo que en primera instancia se definió como un modo de sacarse de encima dictaduras opresivas que venían sojuzgando a esos pueblos desde hace décadas con el beneplácito de las democracias occidentales, para ir transformándose en profundas y decisivas interpelaciones al poder, al sistema económico y a la injusticia estructural que todavía hoy sigue vigente. Que China comienza a enfrentarse a problemas macroeconómicos que amenazan no sólo con desacelerar su crecimiento sino que también impactan sobre los trabajadores impulsando un grado incipiente pero persistente de conflictividad social, es otro dato de esos que hacen temblar al resto del planeta que, eso es cada vez más evidente y gravoso, depende de un modo decisivo de la continua expansión de la economía del gigante asiático.
En un mundo convulsionado donde se entrelazan como factores de conflictividad creciente lo económico, lo político, lo social, lo ecológico y hasta lo cultural, Sudamérica aparece como la región más calma y mejor posicionada sin por eso dejar de lado sus persistentes desigualdades. En todo caso la región enfrenta un enorme desafío con posibilidades que antes no encontraba y que hoy, allí donde se profundizan los acuerdos y se vigoriza la unidad, le permite avanzar hacia una mejor distribución de la riqueza en el marco de una participación popular que mejora sustancialmente la vida de nuestras democracias. La contraposición entre el pellejo vacío en que tienden a convertirse algunos países europeos (pienso en los pobres griegos, inventores del asunto allá lejos y hace tiempo, que ni siquiera pudieron acudir a un referéndum para decidir su destino, o en los italianos que ante la irreversible decadencia de Berlusconi se encontraron con un premier directamente importado de las usinas del capital-liberalismo para no hablar de los españoles que a pesar de girar hacia la derecha del PP no parecen satisfacer a la troika de bancos y a los mandamás de una Europa en crisis que no acaba de saciarse y quiere más ajuste), y la vitalidad refrescante de las experiencias democrático populares sudamericanas es más que llamativa. Que tratarán de exportar su crisis hacia nuestras costas no hay dudas, por eso es fundamental definir políticas comunes capaces de proteger al conjunto de la región contra las descargas especulativo financieras.
La plaza Tahrir arde y, en medio de movilizaciones de miles de egipcios que resisten al poder militar, lo que es puesto en cuestión es el límite que se le quiso dar, desde los Estados Unidos y la Comunidad Europea (que cada vez más se reduce a Alemania, en primer grado, y a Francia, en segundo grado, mientras que el resto de sus miembros ve de qué modo se van disolviendo las expectativas de un futuro asociado, así se lo veía, a un consumo indetenible e infinito), a la “primavera árabe”. La frontera que se quiso cerrar a cal y canto era, precisamente, la de la participación popular exigiendo más y mejor democracia bajo la forma, olvidada, de la equidad y no simplemente un cambio cosmético que dejara todo igual. El ignominioso fin de Khadafi en Libia, su asesinato bajo la mirada cómplice de las fuerzas de la OTAN y con el regocijo de las grandes empresas petroleras, la continuidad de la protesta en Siria pese a la represión feroz, el desbarrancamiento del régimen yemenita, el inicio de un giro democrático en Marruecos y la persistencia de una resistencia heroica en El Cairo con preponderante participación juvenil, constituye uno de los momentos más intensos, complejos y desafiantes de una época en la que el capitalismo central no sabe cómo salir de una crisis que sigue profundizándose.
El agotamiento de la paciencia entre los pueblos árabes está relacionada con la multiplicación exponencial, en esos países, de una doble tenaza que comienza a quebrarse: por un lado, la decadencia de regímenes opresivos sostenidos, avalados y protegidos por las mismas democracias occidentales que, de un modo cínico, se desgarran las vestiduras ante esos mismos regímenes en el momento en que sus pueblos se rebelan pero a los que antes apoyaron durante décadas política, económica y militarmente, y, por el otro lado, al impacto directo del aumento de los alimentos y el deterioro creciente de economías entrelazadas con las europeas y que también fueron contaminadas por el virus del neoliberalismo que acabó por pulverizar no sólo formas tradicionales de vida sino, incluso, los propios desarrollos industriales en países que volvieron a convertirse en deudores de una división internacional del trabajo que los condena a ser simples productores de bienes primarios y a un crecimiento exponencial de la tasa de desocupación que afecta, principalmente, a los sectores juveniles –alma rugiente de las grandes rebeliones– (el petróleo en el caso de esos países, la minería o los productos agropecuarios en el de gran parte de América latina, con la excepción de Venezuela que sigue buscando escaparle, con éxito desparejo, al abrazo de oso de la primarización de la economía. No hay que dejar de subrayar que la Argentina es el país de la región que no se ha reprimarizado en estos últimos años). Los países árabes no pudieron compensar con el aumento del precio del petróleo el aumento exponencial de los alimentos como consecuencia de la espiral especulativa que involucra a todos los commodities. Imagine, el amigo lector, qué sería de nosotros sin las retenciones a los granos.
Lo que se agotó, al menos en ciertas regiones del mundo, es la continuidad de un modelo económico sustentado en la valorización financiera, una de cuyas consecuencias ha sido el endeudamiento generalizado de aquellos países que, siendo parte de la comunidad europea o productores de hidrocarburos y otros productos primarios, se dejaron capturar por las mieles, supuestas, de un mercado global en el que cada país debería contribuir a un orden mundial arrasador de esa vieja entelequia llamada “Estado-nación” en nombre de fuerzas abstractas capaces de desplegarse por geografías exclusivamente diseñadas por los nuevos lenguajes de las finanzas, la especulación, los commodities y la gendarmería internacional representada, en lo central, por el ejército estadounidense y sus aliados de la OTAN. Más de 30 años de expansión neoliberal dejaron, como consecuencia, una inédita concentración de la riqueza y la consiguiente desigualdad que trajo aparejada (tanto en los países centrales como en los periféricos) una multiplicación de la pobreza, la indigencia y la exclusión, nuevas y variadas formas de violencia, anomias y fragmentaciones sociales que transformaron de cuajo sociedades enteras, la proliferación de políticas de desarrollo inversamente proporcionales a la protección del medio ambiente (en 2012 se llega al final de los famosos acuerdos de Kyoto sin que ninguno de sus objetivos de sustentabilidad hayan logrado cristalizar, sobre todo, en Estados Unidos, Japón y China haciendo del calentamiento global y de la crisis medioambiental uno de los problemas fundamentales que se continuarán descargando, con cada vez mayor virulencia, sobre nuestro planeta y sobre nuestras sociedades), la multiplicación de regímenes corruptos y represivos avalados, durante décadas, por el Occidente democrático y la dependencia de la locomotora China que, ante la amenaza de que detenga en algo su marcha, llena de espanto al mundo entero.
Una economía ferozmente entrelazada que logra, en la mayor parte de los casos, exportar mundialmente una crisis originada en Europa y Estados Unidos y cuyo núcleo principal es la valorización financiera que ha llegado a su límite y a su zona de colapso. La famosa burbuja inmobiliaria, apenas la punta del iceberg de un sistema atrapado en las telarañas de la especulación del anarcocapitalismo financiero como lo ha denominado con precisión quirúrgica Cristina Kirchner, ha dejado al descubierto el funcionamiento arbitrario y corrupto de un orden económico sustentado en el debilitamiento del Estado y de los actores sociales capaces de enfrentar su lógica expansiva. La hegemonía del liberal-capitalismo se hizo de la mano de una ofensiva, iniciada por el tándem Reagan-Thatcher al inicio de los años ’80, contra los sindicatos y, fundamentalmente, contra la continuidad del Estado de Bienestar que, desde la perspectiva de las usinas ideológicas del poder corporativo mundial, había llegado a su extenuación. A lo largo de más veinte años, pero con modalidades diferentes (más brutales en algunos casos, como por ejemplo lo hizo Thatcher en Gran Bretaña o el menemismo en la Argentina; más lentos en otros –como en España, Italia, Francia o Alemania–) lo que se impuso fue el pasaje del capitalismo estatal-productivo nacido de la crisis del ’30 y de la segunda posguerra bajo inspiración keynesiana al capitalismo especulativo financiero. Lo que está en crisis en la actualidad es esta segunda variante de un sistema de la economía-mundo que nos ha llevado a un verdadero callejón sin salida.
En nuestro país se dio, desde la llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003, un proceso inverso al de la mayor parte de las economías del mundo (tanto centrales como periféricas), proceso caracterizado por la recuperación del mercado interno, de la masa salarial y del consumo junto con una estratégica decisión de avanzar hacia el desendeudamiento desacoplando a la Argentina de un circuito financiero internacional profundamente corrompido. Nuestra alternativa a la crisis del 2001 no fue seguir con las recetas del FMI ni recluirnos en una reprimarización continua de la economía adaptada, siempre, a la continuidad del endeudamiento a través del retorno a los famosos mercados de capitales tan añorados por nuestro establishment económico y político ni, tampoco, a dejarnos seducir por las “metas de inflación” (un eufemismo que esconde el enfriamiento de la economía, la reducción de los salarios y la caída exponencial del consumo). Esto no significa, por supuesto, que la continuidad y la profundización de la crisis en el centro no afecte a nuestro país; significa, más bien, que las alternativas no serán adaptarnos, una vez más, a las exigencias de quienes causaron la crisis y que hoy se dedican a “gestionar” a aquellos países, como Grecia o Italia (a España no le falta mucho para que un “técnico” tome cartas en el asunto pese al triunfo de la derecha), que se han puesto en manos, renunciando a cualquier decisión democrática de sus pueblos, de los tecnócratas del Banco Central Europeo y, bajo la atenta y punitiva mirada, de Alemania.
La Argentina, al borde de un nuevo mandato del kirchnerismo, seguramente continuará los caminos de la heterodoxia, esos mismos que le permitieron escapar del abrazo de oso de los organismos internacionales. La pulseada será dura, tanto por las presiones externas como por las internas, pero seguramente, y tomando en cuenta lo que viene sosteniendo Cristina, el rumbo político-económico seguirá siendo el opuesto a la despiadada ola neoliberal que, pese a estar en su peor momento, justamente por eso, buscará expandir todavía más sus recetas demoledoras de vida social. Entre nosotros, la memoria ayuda. Los europeos no han conocido del todo el verdadero rostro de los gramáticos del ajuste. Los pueblos árabes se rebelan al mismo tiempo contra la represión y contra un modelo de injusticias y desolación. La historia, una vez más, se ha puesto en marcha.
Charla- debate: “El proceso de reindustrialización de la economía argentina”

El día jueves 10 de noviembre, organizada por la agrupación kirchnerista Causa Popular se realizó en la sede del Club Argentino de nuestra ciudad, la charla sobre la reindustrialización argentina. La misma estuvo a cargo del economista Mariano Kestelboin, integrante de La gran Makro, espacio político que nuclea a los equipos técnicos de Amado Boudou.
Presentado por Antonio Muñiz, uno de los referentes de Causa Popular, el expositor resumió la historia de la industria argentina, sus orígenes, su apogeo y su destrucción a partir de la políticas neoliberales de la década 70, bajo el régimen militar, pero también durante los 80 y 90, ya en democracia, donde: “se privilegió el modelo agro exportador - rentístico por sobre la industria y el mercado interno”.
Kestelboin agregó: “Hay sectores internos poderosos, aliados con capitales externos, que no quieren industrias en Argentina, no quieren que haya mercado interno, no quieren que haya Estado, quieren un país para pocos, con un mercado interno chico, que tenga grandes saldos exportables”.
El orador remarcó durante su charla su fuerte adhesión a las políticas industrialistas que lleva adelante el gobierno y subrayo como centrales mantener el tipo de cambio alto y competitivo, las acciones para proteger la producción local y sobe todo medidas para defender y desarrollar un fuerte mercado interno.
Abogó, sobre el final, en referencia a la necesidad de mantener el rumbo, pero, también que era necesario profundizar el modelo apuntando a reformas estructurales de fondo. En ese sentido mencionó como estratégicas las reformas a la Ley de entidades financieras, mejorar los canales de comercialización, eliminando aquellos eslabones innecesarios en la cadena comercial y por sobre todo profundizar la distribución de la riqueza, ya que eso permitirá expandir el mercado interno y por ende la producción.
“Vamos por más patria, más libertad y más igualdad”
Antonio Muñiz
Luego del aplastante triunfo de Cristina Fernández de Kirchner el pasado 23 de octubre, se abre un nuevo escenario político y quedan sin lugar a dudas muchas cosa para el debate y la discusión para los próximos meses.
Sin embargo creo quedan alguna cosa muy claras, que viene expresando nuestra presidenta en los últimos discursos, Creo que hay expresiones que son sustanciales para entender lo que vendrá. La primera se refirió a que ella no es neutral, que este no es un gobierno neutral, está para defender a los humildes, a los trabajadores, siempre con medidas inclusivas. Este gobierno tiene como objetivos sostener un crecimiento a tasas elevadas que permitan generar empleo e inclusión social, reindustrializar el país pero al mismo tiempo generar mercado interno. El kirchnerismo, abreva en lo mejor del peronismo, es un proyecto de país, un proyecto político, social y económico claro, acotarlo a un “modelo”, como pretenden el stablishment es ocultar su raíz histórica, es empobrecerlo. Es un proyecto de país que lleva 8 años de ejecución y que va por otros cuatro años con un gran apoyo popular.
Sin lugar a dudas es necesario, dentro del marco de fuerzas existente, avanzar en reformas sustanciales para profundizar el rumbo expuesto, La reforma del sistema financiero se presenta como perentoria si se pretende seguir creciendo a tasas altas, es necesario re direccionar el ahorro de los argentinos hacia la producción y el trabajo.
Hay que avanzar en la ley de tierras que pidió la presidenta, hay que avanzar el nuevo estatuto del peón rural, una nueva ley de arrendamiento de la tierra, que fomente la producción y el trabajo del chacarero pero desaliente el monocultivo sojero y permita cuidar la riqueza de la tierra.
Hay que avanzar en la distribución de la riqueza, y esto no solo se hace mejorando los salarios, también hay formas indirectas que es necesario reforzar, hay que construir mas viviendas, mas y mejores escuelas, mas hospitales, hay que seguir construyendo rutas y caminos, vías férreas, usinas eléctricas, mas industrias que agreguen valor a nuestra producción primaria, que su vez generen empleo y mayor inclusión social
La otra frase que creo nos marca un camino fue: “Les pido que se organicen en los frente sociales, en los frentes estudiantiles, para defender a la patria y los intereses de los más vulnerables y para que nadie pueda arrebatarles lo que hemos conseguido” y estaba dirigida a los miles de militantes, muchos de ellos jóvenes, que nos reunimos en la plaza ese 23 a la noche. Creo que el mensaje es claro, y toma lo mejor de la historia peronista, “la organización”, nos esta pidiendo que organicemos las fuerzas propias, que desarrollemos frentes de trabajo militante, en los barrios, en la fabricas, en las universidades, para lograr unidad y organización para defender lo logrado e ir por mas.
En ese sentido muchos de nosotros, simples militantes, venimos trabajando en la unidad de agrupaciones, espacios políticos, movimientos sociales, etc, en un armado común que levantando las banderas del movimiento nacional se reivindique hoy como kirchnerista y siga la conducción de Cristina Fernández. Este espacio tiene que ser amplio y convocante, es necesario sumar a todos, sin mezquindades y sin soberbias. Debemos dejar de lado la mentalidad de kiosquitos, que pudieron servir en algún momento, pero que hoy la historia nos exige superar.
El desafió del momento es comprender el rumbo que nos marca Cristina Fernández, cuando en sus mensajes nos convoca a todos los argentinos a superar las divisiones y a trabajar por la unidad nacional pero al mismo tiempo nos convoca a profundizar las políticas orientadas a lograr más inclusión, mas democracia, mas pluralidad y mas derechos humanos”.
Scioli participó en la UNLu de la 7ma.Jornada del Frente Nacional Peronista
El gobernador Daniel Scioli junto a Prince.Con la presencia de varios dirigentes políticos, la actividad convocó a debatir sobre "El Proyecto Nacional y su Impacto en el Territorio Local". El gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien cerró el encuentro, prometió obras para Luján y manifestó su apoyo al candidato del Frente para la Victoria, Miguel Prince.
Bajo el lema "El Proyecto Nacional y su Impacto en el Territorio Local. Políticas de Estado para el Crecimiento y el Desarrollo Sustentable", se llevó a cabo en el Auditorio "Dardo Dorronzoro" de la Universidad Nacional de Luján, la Séptima Jornada Regional del Frente Nacional Peronista. La actividad convocó a una gran cantidad de público y personalidades de la política regional, contándose entre ellas a varios intendentes de distritos vecinos, como Carlos Selva y Juan Pablo Anghileri. Además de Carlos Cansanello, rector de la casa de altos estudios, hicieron uso de la palabra, entre otros, el candidato a intendente por el Frente para la Victoria, Miguel Prince, el presidente de la Federación Argentina de Municipios, Julio Pereyra, el ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, y el gobernador de la provincia, Daniel Scioli, quien cerró la jornada y manifestó su apoyo a la candidatura de Prince.
Las actividades comenzaron cerca de las 16.30, con palabras de bienvenida a cargo de Cansanello y Prince, quienes intercambiaron agradecimientos y recordaron sus años de militancia compartida. "Políticas Ambientales para una ciudad más saludable y en desarrollo" fue el título elegido para ilustrar el primer panel, que analizó la posibilidad de un desarrollo sostenido en armonía con el medio ambiente y la preservación de los recursos. A continuación, el debate se trasladó a la "Gestión de las políticas de desarrollo productivo y económico para el crecimiento local", panel que contó con el testimonio saliente del ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Domínguez destacó la "oportunidad histórica que tiene el país en materia de crecimiento y desarrollo a partir del escenario mundial de aumento de la población y demanda de alimentos", relativizó la reiterada baja del precio de la soja señalando que "el 80 por ciento de la cosecha ya está vendida", insistió con el concepto presidencial de "urbanizar la ruralidad" y enfatizó la necesidad de "articular con los municipios, las universidades y las escuelas para generar conocimiento y seguir agregando valor a nuestra producción agrícola".
Cerca de las 20, y como acto de clausura, volvió a hacer uso de la palabra el candidato a intendente por Frente para la Victoria, quien agradeció a Pereyra por "promover este debate que alienta la municipalización, la regionalización y la descentralización". "No hay que confundir municipalismo con vecinalismo. Nosotros no somos vecinalistas. Nosotros no creemos en un proyecto local que no esté integrado con un proyecto provincial y nacional", manifestó el actual concejal en uso de licencia. El intendente de Florencio Varela, uno de los referentes del Frente Nacional Peronista, quien tuvo a su cargo la organización de la jornada, destacó el rol de los intendentes en el diseño y la ejecución de políticas públicas. "Los conductores son los que iluminan el camino", expresó, "y acá en Luján ese conductor es Miguel Prince". Por último, el gobernador Scioli destacó los logros obtenidos durante su primera gestión y planteó los desafíos para un eventual segundo mandato, destacando el rol de los municipios. Scioli se comprometió a que "en los próximos cuatro años podamos tener agua corriente y cloacas para todos los lujanenses" y "a trabajar en el Complejo Museográfico Enrique Udaondo para ponerlo en valor y seguir impulsando el turismo cultural".
El hecho maldito del país burgués y la actualidad
Ricardo Forster
John William Cooke estampó una frase que dejó su impronta enigmática en la vida política e intelectual argentina al caracterizar al “peronismo como el hecho maldito del país burgués”. Frase explosiva, contundente y cargada de posibles y diversas interpretaciones que no han agotado, pasados los años y las vicisitudes nacionales, sus posibilidades y su dramatismo. Frase que dividió aguas no sólo en el interior, siempre tumultuoso y contradictorio, del movimiento creado por Juan Perón, sino que también conmovió a las izquierdas y a su relación difícil y laberíntica con ese corpus político decisivo de la vida argentina que, desde la lejana década del ’40 hasta nuestros días, ha sido y sigue siendo el eje vertebrador de los acontecimientos centrales y de las encrucijadas por las que ha seguido atravesando nuestro país.
Una frase que disparada por la sagacidad de Cooke intentaba conmover la tendencia, siempre presente en el peronismo, a su cooptación por el sistema, a ese proceso que parecía cristalizar en la transformación de su caudal popular y provocador en una fuerza capturada por las exigencias y las necesidades del propio mundo burgués contra el que se había rebelado, según la interpretación nada inocente de Cooke. Después del ’55 y en medio de la década del sesenta signada, entre nosotros, por el impacto de la revolución cubana y las fragilidades de democracias cada vez más condicionadas por la política de Estados Unidos hacia América latina, Cooke, hombre de ideas radicalizadas que intentaba convencer a Perón de acercarse al influjo para él fascinante de Fidel Castro y del Che, buscó dramatizar lo que para él constituía el núcleo duro y perturbador del peronismo: su condición plebeya –la figura de Evita como centro de esa condición jacobina y como norte de una permanente insubordinación–, su capacidad de cuestionar de modo directo y sin falsos ideologismos ni purismos teóricos el centro del poder real de nuestro país. Para Cooke el peronismo, su condición de “hecho maldito”, persistió allí incluso donde se lo quiso condicionar y adaptar a la partidocracia burguesa destacando, como no dejó de hacerlo en su extraordinaria y ardua correspondencia con Perón, que más allá de esos posibles giros adaptacionistas lo propio, lo original y lo intransferible de la experiencia del peronismo tenía que ver directamente con su carácter de “hecho maldito”, de transgresor de las formas y, sobre todo, de haber sido responsable de la aparición tumultuosa de las masas populares en la escena política. El peronismo como flujo de nuevas intensidades y de nuevas demandas, pero también como una tradición que le dio forma al autorreconocimiento de aquellos que habían permanecido olvidados e invisibilizados por el relato dominante. Pero también como catalizador de nuevas y viejas formas del prejuicio y el racismo emanados de las clases dominantes e irradiado sobre amplios sectores medios capturados por esa gramática de la exclusión que vieron en la irrupción de las masas (el famoso “aluvión zoológico”) lo insoportable y lo inaceptable, aquello que venía a cuestionar su poder y su visión del mundo.
Incomodidad, plebeyismo, irreverencia popular, cuestionamiento del poder y de sus lógicas intocables, impredecibilidad, ruptura de los protocolos establecidos y democratización de la vida social constituyeron algunas de esas marcas que, a los ojos de John W. Cooke, resultaron intolerables y malditos para el país burgués. ¿Sería mucho arriesgar que, una vez salidos de la noche prostibularia del menemismo que prácticamente había logrado convertir al peronismo en un partido del establishment financiero y en una farsa de su propia historia, la aparición inesperada y anómala de Néstor Kirchner recondujo a la tradición popular, de la que formó parte desde su juventud, de nuevo hacia su constitución “maldita”? ¿Sería justo señalar que la caída en picada del peronismo capturado en los años ’90 por el neoliberalismo pero como estación de cumplimiento de sus peores componentes y de las zonas oscuras de su travesía histórica, por lo prostibulario menemista y que parecía concluir con lo mejor de su tradición popular, fue transformada por la irrupción del kirchnerismo en una nueva oportunidad? ¿Que lo inaugurado por Kirchner y continuado por Cristina supone, en algún punto, un más allá del propio peronismo sobre todo allí donde reactualizó su componente “maldito”, su capacidad para interpelar, cuestionar y conmover al poder del establishment argentino? Preguntas que no podemos dejar de hacernos en este momento de calma en la que la marcha hacia el seguramente caudaloso triunfo de octubre vuelva a poner sobre el tapete los desafíos de la época y, sobre todo, la pregunta que se hace con insistencia: ¿qué significa profundizar?
Después del 14 de agosto el camino hacia octubre parece despejado y sin las turbulencias a las que nos tenía acostumbrados la realidad argentina. Las inquietudes, lejos de venir de nuestra propia geografía, provienen de un escenario mundial atravesado por una crisis de indescifrables consecuencias y que no hace otra cosa que reafirmar, a los ojos de una parte sustantiva de la sociedad, que los pasos seguidos por el gobierno nacional para impedir que sus consecuencias nos alcancen han sido los correctos. En todo caso, y más allá de los esfuerzos, a esta altura entre bizarros y amarillistas, de la oposición mediática (la única que parece contar a la hora de intentar fijar una agenda que no llega a suscitar demasiadas expectativas en la opinión pública) por reinstalar el tema “Schoklender” transformando, una vez más, a ciertas fuerzas políticas en títeres de una escenificación cuyo libreto resulta impresentable, lo que predomina es una calma que sigue prefigurando lo que todo el mundo descuenta: un triunfo más holgado todavía que el que se alcanzó en la primarias de agosto.
Entre perpleja y demudada, la oposición no alcanza a comprender qué sucedió entre las ilusiones desatadas por las elecciones de junio de 2009 y este presente aciago en el que la sensación de final anunciado la llena de una desilusión que anticipa un oscuro saldo de cuentas cuyas facturas serán muy gravosas. Tal vez debería haber recordado aquella frase de Cooke con la que iniciamos este artículo como un modo de intentar comprender la complejidad de un peronismo recargado bajo su impronta kirchnerista que vuelve a actualizar su componente maldito que, eso hay que decirlo para que se entienda, ha constituido, y lo sigue haciendo, lo intolerable para aquellos que estaban acostumbrados a ejercer con absoluta discrecionalidad el poder detrás del poder. Ellos, desde 1945, han comprendido por dónde pasa el desafío efectivo a ese poder en nuestro país. Néstor y Cristina Kirchner, por si lo tenían olvidado después del menemato, se lo hicieron recordar. Y, claro, eso no se perdona.
A Cristina no le hace falta hacer campaña, le basta con seguir gobernando y con amplificar la multiplicidad de obras y de intervenciones locales e internacionales que la siguen poniendo a años luz de una dirigencia opositora que nunca logró encontrar el tono ni los modos adecuados para enfrentar a quien apela a su indudable capacidad retórica asociada a su prolífica y variada construcción política (en unos pocos días se desplazó con absoluta soltura desde París a Merlo, desde el Gran Buenos Aires a Nueva York, pasando primero por ese magnífico acto en el que se premió la actividad infatigable de las Abuelas de Plaza de Mayo y terminando en la inauguración de una nueva universidad nacional en el Gran Buenos Aires, señalando, con actos y hechos elocuentes, qué significa inclusión e igualdad de oportunidades. Mientras esto hacia la Presidenta, la oposición representaba la comedia de la “visita” de Sergio Schoklender al Congreso).
Dicho de otro modo: mientras la mayoría de la oposición se pliega sumisa a los designios de la corporación mediática, Cristina gobierna y se desentiende de una agenda malsana que, sin ton ni son, intenta colocar quien profundiza el camino del autodescrédito. Pocas veces en la historia democrática argentina resultó más claro y evidente el proceso de desbarrancamiento de una oposición incapacitada para comprender los cambios decisivos que vienen desplegándose en el país y que simplemente ponen en evidencia lo rudimentario de sus estrategias que intentan dañar un proyecto que sigue su marcha amplificando su base de sustentación social (incluso los empresarios han dejado para otra oportunidad sus veleidades opositoras y hasta la propia Mesa de Enlace no parece ser otra cosa que un mal recuerdo mientras Biolcati no sabe cómo hacer para que nadie rememore su discurso de película de terror clase B en la Sociedad Rural). Tal vez una de las consecuencias de los resultados electorales de octubre sea la redefinición del mapa político desplazando de la escena a quienes no han logrado comprender que algo sustantivo viene ocurriendo en el país desde mayo de 2003. Es hora de que una democracia ampliada y profundizada se desprenda de sus rémoras habilitando un debate político entre actores que respondan no a una lógica de la catástrofe y la profecía autocumplida, sino que, aceptando sus discrepancias y sus diferentes concepciones, puedan litigar con altura en el interior de un espacio público atravesado por sujetos política, social y culturalmente activos.
El desafío, en todo caso, ya no proviene de la oposición (apenas si Binner intenta desmarcarse un poco de tanto grotesco buscando convertirse en una alternativa creíble y proyectando a su fuerza como la única que garantiza cierta racionalidad a la hora de abrir un debate político respecto del rumbo del país), sino, antes bien, de las distintas interpretaciones que en el interior del kirchnerismo buscan definir el hacia dónde de un modelo que hoy no encuentra adversarios de fuste y que por lo tanto acabará desplazando la discusión hacia sus propias fuerzas. De ahí que la pregunta que predomina gire, con insistencia, en las distintas significaciones de la supuestamente enigmática profundización del proyecto.
Están los que le temen a una suerte de radicalización y que, por lo tanto, buscan ponerles paños fríos a los ímpetus transformadores destacando que lo fundamental ya se hizo y que de lo que se trata es de mejorar el modelo sin lanzarse a nuevas aventuras que pueden ser peligrosas tomando en cuenta el difícil panorama de la economía mundial (son aquellos mismos que, bajo otras circunstancias históricas, tratarán de quitarle la condición “maldita” que hoy porta el kirchnerismo). Están lo que señalan que con el casi seguro triunfo de octubre se cierra una etapa que comenzó cuando la Mesa de Enlace se lanzó a su acción destituyente en marzo de 2008, que tuvo momentos arduos y complejos que lesionaron al Gobierno llevándolo a una situación delicada de la que salió doblando la apuesta y reconstruyendo base de apoyo electoral. El cierre de esa etapa supone, para esta interpretación, que ahora se abre un tiempo de consolidación y profundización que deberá girar alrededor de un concepto reiteradamente señalado por Cristina: la igualdad entendida como un entrelazamiento de ampliación de derechos (sociales, culturales, económicos y civiles) y de mejoramiento sustantivo en la distribución de los ingresos achicando el margen de desigualdad que sigue siendo la marca de origen del neoliberalismo.
Defender el concepto de igualdad supone dar un paso adelante en la arquitectura de una sociedad que vaya recuperando niveles de equidad que, en otro contexto de su historia, constituyeron la base de un país altamente inclusivo y caracterizado por la amplitud de su movilidad social ascendente (Néstor Kirchner solía repetir esta herencia malgastada en su momento y que él soñaba con recuperar reinstalando entre nosotros una nueva versión del Estado de Bienestar). Ambas posiciones saben que el tiempo que se abre será una época de interesantes conflictos (entendiendo siempre que esa palabra, lejos de implicar un peligro para la democracia, constituye su núcleo de renovación y reinvención) nacidos de una realidad que ha expandido el crecimiento económico, la recuperación del empleo junto con la consolidación del poder adquisitivo del salario y la ampliación de una política de derechos que redunda en la potencialización de sujetos social y políticamente activos. De ahí que el desafío de los próximos años se relacione directamente con estas tensiones creativas y con aquellos escenarios en los que estarán quienes buscarán reintroducir los frenos a esa recuperación de la parte que les corresponde a los asalariados del PBI y quienes buscarán amplificarla más y más. En el interior de estas tensiones se expresará el alcance o no de lo que hoy se llama “profundización”. Y, ayer como hoy, habrá que seguir dilucidando lo enigmático y potente de aquella frase magistral de John William Cooke.
John William Cooke estampó una frase que dejó su impronta enigmática en la vida política e intelectual argentina al caracterizar al “peronismo como el hecho maldito del país burgués”. Frase explosiva, contundente y cargada de posibles y diversas interpretaciones que no han agotado, pasados los años y las vicisitudes nacionales, sus posibilidades y su dramatismo. Frase que dividió aguas no sólo en el interior, siempre tumultuoso y contradictorio, del movimiento creado por Juan Perón, sino que también conmovió a las izquierdas y a su relación difícil y laberíntica con ese corpus político decisivo de la vida argentina que, desde la lejana década del ’40 hasta nuestros días, ha sido y sigue siendo el eje vertebrador de los acontecimientos centrales y de las encrucijadas por las que ha seguido atravesando nuestro país.
Una frase que disparada por la sagacidad de Cooke intentaba conmover la tendencia, siempre presente en el peronismo, a su cooptación por el sistema, a ese proceso que parecía cristalizar en la transformación de su caudal popular y provocador en una fuerza capturada por las exigencias y las necesidades del propio mundo burgués contra el que se había rebelado, según la interpretación nada inocente de Cooke. Después del ’55 y en medio de la década del sesenta signada, entre nosotros, por el impacto de la revolución cubana y las fragilidades de democracias cada vez más condicionadas por la política de Estados Unidos hacia América latina, Cooke, hombre de ideas radicalizadas que intentaba convencer a Perón de acercarse al influjo para él fascinante de Fidel Castro y del Che, buscó dramatizar lo que para él constituía el núcleo duro y perturbador del peronismo: su condición plebeya –la figura de Evita como centro de esa condición jacobina y como norte de una permanente insubordinación–, su capacidad de cuestionar de modo directo y sin falsos ideologismos ni purismos teóricos el centro del poder real de nuestro país. Para Cooke el peronismo, su condición de “hecho maldito”, persistió allí incluso donde se lo quiso condicionar y adaptar a la partidocracia burguesa destacando, como no dejó de hacerlo en su extraordinaria y ardua correspondencia con Perón, que más allá de esos posibles giros adaptacionistas lo propio, lo original y lo intransferible de la experiencia del peronismo tenía que ver directamente con su carácter de “hecho maldito”, de transgresor de las formas y, sobre todo, de haber sido responsable de la aparición tumultuosa de las masas populares en la escena política. El peronismo como flujo de nuevas intensidades y de nuevas demandas, pero también como una tradición que le dio forma al autorreconocimiento de aquellos que habían permanecido olvidados e invisibilizados por el relato dominante. Pero también como catalizador de nuevas y viejas formas del prejuicio y el racismo emanados de las clases dominantes e irradiado sobre amplios sectores medios capturados por esa gramática de la exclusión que vieron en la irrupción de las masas (el famoso “aluvión zoológico”) lo insoportable y lo inaceptable, aquello que venía a cuestionar su poder y su visión del mundo.
Incomodidad, plebeyismo, irreverencia popular, cuestionamiento del poder y de sus lógicas intocables, impredecibilidad, ruptura de los protocolos establecidos y democratización de la vida social constituyeron algunas de esas marcas que, a los ojos de John W. Cooke, resultaron intolerables y malditos para el país burgués. ¿Sería mucho arriesgar que, una vez salidos de la noche prostibularia del menemismo que prácticamente había logrado convertir al peronismo en un partido del establishment financiero y en una farsa de su propia historia, la aparición inesperada y anómala de Néstor Kirchner recondujo a la tradición popular, de la que formó parte desde su juventud, de nuevo hacia su constitución “maldita”? ¿Sería justo señalar que la caída en picada del peronismo capturado en los años ’90 por el neoliberalismo pero como estación de cumplimiento de sus peores componentes y de las zonas oscuras de su travesía histórica, por lo prostibulario menemista y que parecía concluir con lo mejor de su tradición popular, fue transformada por la irrupción del kirchnerismo en una nueva oportunidad? ¿Que lo inaugurado por Kirchner y continuado por Cristina supone, en algún punto, un más allá del propio peronismo sobre todo allí donde reactualizó su componente “maldito”, su capacidad para interpelar, cuestionar y conmover al poder del establishment argentino? Preguntas que no podemos dejar de hacernos en este momento de calma en la que la marcha hacia el seguramente caudaloso triunfo de octubre vuelva a poner sobre el tapete los desafíos de la época y, sobre todo, la pregunta que se hace con insistencia: ¿qué significa profundizar?
Después del 14 de agosto el camino hacia octubre parece despejado y sin las turbulencias a las que nos tenía acostumbrados la realidad argentina. Las inquietudes, lejos de venir de nuestra propia geografía, provienen de un escenario mundial atravesado por una crisis de indescifrables consecuencias y que no hace otra cosa que reafirmar, a los ojos de una parte sustantiva de la sociedad, que los pasos seguidos por el gobierno nacional para impedir que sus consecuencias nos alcancen han sido los correctos. En todo caso, y más allá de los esfuerzos, a esta altura entre bizarros y amarillistas, de la oposición mediática (la única que parece contar a la hora de intentar fijar una agenda que no llega a suscitar demasiadas expectativas en la opinión pública) por reinstalar el tema “Schoklender” transformando, una vez más, a ciertas fuerzas políticas en títeres de una escenificación cuyo libreto resulta impresentable, lo que predomina es una calma que sigue prefigurando lo que todo el mundo descuenta: un triunfo más holgado todavía que el que se alcanzó en la primarias de agosto.
Entre perpleja y demudada, la oposición no alcanza a comprender qué sucedió entre las ilusiones desatadas por las elecciones de junio de 2009 y este presente aciago en el que la sensación de final anunciado la llena de una desilusión que anticipa un oscuro saldo de cuentas cuyas facturas serán muy gravosas. Tal vez debería haber recordado aquella frase de Cooke con la que iniciamos este artículo como un modo de intentar comprender la complejidad de un peronismo recargado bajo su impronta kirchnerista que vuelve a actualizar su componente maldito que, eso hay que decirlo para que se entienda, ha constituido, y lo sigue haciendo, lo intolerable para aquellos que estaban acostumbrados a ejercer con absoluta discrecionalidad el poder detrás del poder. Ellos, desde 1945, han comprendido por dónde pasa el desafío efectivo a ese poder en nuestro país. Néstor y Cristina Kirchner, por si lo tenían olvidado después del menemato, se lo hicieron recordar. Y, claro, eso no se perdona.
A Cristina no le hace falta hacer campaña, le basta con seguir gobernando y con amplificar la multiplicidad de obras y de intervenciones locales e internacionales que la siguen poniendo a años luz de una dirigencia opositora que nunca logró encontrar el tono ni los modos adecuados para enfrentar a quien apela a su indudable capacidad retórica asociada a su prolífica y variada construcción política (en unos pocos días se desplazó con absoluta soltura desde París a Merlo, desde el Gran Buenos Aires a Nueva York, pasando primero por ese magnífico acto en el que se premió la actividad infatigable de las Abuelas de Plaza de Mayo y terminando en la inauguración de una nueva universidad nacional en el Gran Buenos Aires, señalando, con actos y hechos elocuentes, qué significa inclusión e igualdad de oportunidades. Mientras esto hacia la Presidenta, la oposición representaba la comedia de la “visita” de Sergio Schoklender al Congreso).
Dicho de otro modo: mientras la mayoría de la oposición se pliega sumisa a los designios de la corporación mediática, Cristina gobierna y se desentiende de una agenda malsana que, sin ton ni son, intenta colocar quien profundiza el camino del autodescrédito. Pocas veces en la historia democrática argentina resultó más claro y evidente el proceso de desbarrancamiento de una oposición incapacitada para comprender los cambios decisivos que vienen desplegándose en el país y que simplemente ponen en evidencia lo rudimentario de sus estrategias que intentan dañar un proyecto que sigue su marcha amplificando su base de sustentación social (incluso los empresarios han dejado para otra oportunidad sus veleidades opositoras y hasta la propia Mesa de Enlace no parece ser otra cosa que un mal recuerdo mientras Biolcati no sabe cómo hacer para que nadie rememore su discurso de película de terror clase B en la Sociedad Rural). Tal vez una de las consecuencias de los resultados electorales de octubre sea la redefinición del mapa político desplazando de la escena a quienes no han logrado comprender que algo sustantivo viene ocurriendo en el país desde mayo de 2003. Es hora de que una democracia ampliada y profundizada se desprenda de sus rémoras habilitando un debate político entre actores que respondan no a una lógica de la catástrofe y la profecía autocumplida, sino que, aceptando sus discrepancias y sus diferentes concepciones, puedan litigar con altura en el interior de un espacio público atravesado por sujetos política, social y culturalmente activos.
El desafío, en todo caso, ya no proviene de la oposición (apenas si Binner intenta desmarcarse un poco de tanto grotesco buscando convertirse en una alternativa creíble y proyectando a su fuerza como la única que garantiza cierta racionalidad a la hora de abrir un debate político respecto del rumbo del país), sino, antes bien, de las distintas interpretaciones que en el interior del kirchnerismo buscan definir el hacia dónde de un modelo que hoy no encuentra adversarios de fuste y que por lo tanto acabará desplazando la discusión hacia sus propias fuerzas. De ahí que la pregunta que predomina gire, con insistencia, en las distintas significaciones de la supuestamente enigmática profundización del proyecto.
Están los que le temen a una suerte de radicalización y que, por lo tanto, buscan ponerles paños fríos a los ímpetus transformadores destacando que lo fundamental ya se hizo y que de lo que se trata es de mejorar el modelo sin lanzarse a nuevas aventuras que pueden ser peligrosas tomando en cuenta el difícil panorama de la economía mundial (son aquellos mismos que, bajo otras circunstancias históricas, tratarán de quitarle la condición “maldita” que hoy porta el kirchnerismo). Están lo que señalan que con el casi seguro triunfo de octubre se cierra una etapa que comenzó cuando la Mesa de Enlace se lanzó a su acción destituyente en marzo de 2008, que tuvo momentos arduos y complejos que lesionaron al Gobierno llevándolo a una situación delicada de la que salió doblando la apuesta y reconstruyendo base de apoyo electoral. El cierre de esa etapa supone, para esta interpretación, que ahora se abre un tiempo de consolidación y profundización que deberá girar alrededor de un concepto reiteradamente señalado por Cristina: la igualdad entendida como un entrelazamiento de ampliación de derechos (sociales, culturales, económicos y civiles) y de mejoramiento sustantivo en la distribución de los ingresos achicando el margen de desigualdad que sigue siendo la marca de origen del neoliberalismo.
Defender el concepto de igualdad supone dar un paso adelante en la arquitectura de una sociedad que vaya recuperando niveles de equidad que, en otro contexto de su historia, constituyeron la base de un país altamente inclusivo y caracterizado por la amplitud de su movilidad social ascendente (Néstor Kirchner solía repetir esta herencia malgastada en su momento y que él soñaba con recuperar reinstalando entre nosotros una nueva versión del Estado de Bienestar). Ambas posiciones saben que el tiempo que se abre será una época de interesantes conflictos (entendiendo siempre que esa palabra, lejos de implicar un peligro para la democracia, constituye su núcleo de renovación y reinvención) nacidos de una realidad que ha expandido el crecimiento económico, la recuperación del empleo junto con la consolidación del poder adquisitivo del salario y la ampliación de una política de derechos que redunda en la potencialización de sujetos social y políticamente activos. De ahí que el desafío de los próximos años se relacione directamente con estas tensiones creativas y con aquellos escenarios en los que estarán quienes buscarán reintroducir los frenos a esa recuperación de la parte que les corresponde a los asalariados del PBI y quienes buscarán amplificarla más y más. En el interior de estas tensiones se expresará el alcance o no de lo que hoy se llama “profundización”. Y, ayer como hoy, habrá que seguir dilucidando lo enigmático y potente de aquella frase magistral de John William Cooke.
CHARLA DEBATE "EL MODELO ECONOMICO ACTUAL EN PERSPECTIVA HISTORICA"

Se llevó a cabo, en Santa Teresita, la charla debate "EL MODELO ECONOMICO ACTUAL EN PERSPECTIVA HISTORICA", a cargo del Lic. Santiago Fraschina.
"Ha tomado el compromiso y el desafío de recorrer el país, con este tipo de charlas, con el fin de generar una discusión, sobre el actual modelo económico, y brindar conceptos claros y concretos sobre economía, que se conviertan en herramientas militantes, precisamente para defender y profundizar este modelo. Dejando claro que la economía debe estar al servicio de la política, que debe ser comprendida por el ciudadano, en suma, que la economía, deje de ser esa “ciencia exacta” sólo apta para economistas".
Cuenta en su currículum con una maestría en Sociología Económica y es también magister en Historia Económica, se desempeña como docente e investigador de la UBA, docente de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, y en la de Morón, Además es asesor del Ministerio de Economía de la Nación, en el ámbito de la Secretaría de Política Económica, junto al viceministro de Economía Roberto Feletti, y al Ministro Amado Boudou.
La realidad y sus intérpretes
Ricardo Forster
La realidad de un país, lo sabemos, es mucho más que aquello que decimos que es. Su carnadura está hecha no sólo de materialidades más o menos palpables y de referencias compartibles que no exigen compatibilizar miradas o perspectivas diferentes. La realidad es, también y fundamentalmente, una construcción de los múltiples actores sociales, culturales, políticos y económicos que habitan en su interior, una exuberante proliferación de lenguajes que la describen desde diversos ángulos y apelando a distintas percepciones. Ha sido y seguirá siendo un ámbito de conflictos y querellas interpretativas, un juego en el que los jugadores no siempre utilizan las mismas reglas y que, en muchos casos, vuelve casi imposible encontrar los puntos de coincidencia. El consensualismo respecto de la realidad termina allí donde empiezan a manifestarse los intereses contrapuestos que acaban por disparar perspectivas tan dispares de un mismo acontecimiento que, por lo general, el observador neutral, si lo hubiera, cree estar delante de dos hechos completamente opuestos que no responden a una misma realidad.
Y eso se verifica con mayor virulencia cuando lo que interesa es analizar resultados electorales en el interior de una coyuntura histórica en la que, después de mucho tiempo, en nuestro país el contenido del voto define de una manera decisiva el hacia dónde de esa realidad tan difícil de atrapar en una malla interpretativa intercambiable entre los distintos actores políticos. El litigio que divide la visión política de la sociedad también fragmenta las conclusiones que se puedan extraer de la contienda. Lo único sólido e incontrastable es el triunfo contundente de Cristina Fernández de Kirchner al frente de la fórmula presidencial que comparte con Amado Boudou, y la pobreza, para colmo fragmentada, de lo que cosechó la oposición. De ahí en más las conclusiones, algunas agudas e inteligentes, otras delirantes o impresentables por su endeblez argumentativa, buscarán darle un marco explicativo y referencial a un acontecimiento más que relevante.
Múltiples, variadas, contradictorias, antagónicas y diversas son, entonces, las interpretaciones que se vienen haciendo del contundente triunfo del Frente para la Victoria en las elecciones primarias del 14 de agosto y, sobre todas las cosas, del enorme reconocimiento popular a Cristina Fernández. Interpretaciones que van desde lo digno de ser analizado hasta lo canallesco, desde la revalorización de la recuperación de la política hasta el “voto plasma” del inefable Biolcati, desde la significación de lo que se denominó en otras oportunidades “la batalla cultural” como eje de un giro en la percepción social del kirchnerismo, hasta la búsqueda de una suerte de empatía entre el corrosivo “voto cuota” de la era menemista y el actual al gobierno nacional.
Análisis enfrentados que expresan, como no podía ser de otro modo, la conflictividad que atraviesa la vida argentina y el abismo que separa a gran parte de la oposición (incluyendo en esta definición a los grandes medios de comunicación y a sus periodistas estrellas), de aquellas otras interpretaciones que intentaron, y lo siguen haciendo, dar una explicación más ecuánime de un resultado electoral que invirtió, con intensidad inusitada, lo que hasta la mañana de aquel domingo parecía ser, según la máquina discursiva de la corporación mediática, el anticipo de una decadencia irrefrenable del propio kirchnerismo. Más del 50 por ciento de los votantes le dieron un mentís rotundo al deseo de la oposición que no supo, y no sabe, de qué manera hacerse cargo de su estrepitoso fracaso. Un espeso velo construido de ficciones y de recortes escandalosos de la realidad se corrió y dejó al descubierto aquello que no se decía y que no se mostraba. La impudicia con la que los principales grupos mediáticos fueron “construyendo” la realidad que vomitaron sobre la sociedad con la complicidad de periodistas e intelectuales autodefinidos como independientes y por opositores absolutamente funcionales a los intereses de esos grupos, terminó por convertirse en un gigantesco boomerang que descorrió ese velo generando la oportunidad de observar aquello que la fábula comunicacional terminó por creer que era la “verdadera” realidad.
Tratando de reflexionar con algo más de hondura aunque sin abandonar los clisés del diario en el que escribe su nota de opinión, el politólogo Vicente Palermo introduce la categoría, algo forzada, de “clima de época”, para explicarle al lector de Clarín por qué ganó Cristina y lo hace destacando, contra lo que venía sosteniendo la oposición política y mediática con especial énfasis después de las elecciones en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, que el “kirchnerismo fue eficaz en la creación de un clima de época”, es decir y traduciendo al autor, que en verdad todo aquello que era invisible de acuerdo a la construcción de realidad de la oposición fue vivido como efectivamente real por gran parte de la sociedad. Palermo, y esto más allá de las derivaciones de su artículo que no discuto acá aunque me resultan prejuiciosas y en gran parte descalificadoras del Gobierno y sin argumentos sólidos salvo la consabida referencia a la corrupción y al casi despotismo presidencial, reafirma el peso del “relato” en la contienda por el sentido. Ellos, las grandes corporaciones económico-mediáticas y sus correas de transmisión –los partidos de oposición–, simplemente fueron derrotados en el plano en el que el discurso y la realidad se tocan pero bajo la condición, impresa por el kirchnerismo, de volver verosímil su propio relato que, eso el autor lo señala enfáticamente y casi como un deseo, es insostenible en el tiempo. Veremos.
Claro que en el interior del otrora relato hegemónico (ese que pareció llevarse todo por delante a partir de la alianza de la Mesa de Enlace con la corporación mediática) se fueron abriendo, a lo largo de estos años y por una decidida acción contracultural que salió a disputar ese relato hasta entonces dominante, grietas que acabarían por fragmentar lo que antes aparecía como un muro impenetrable y sólido. En todo caso, lo que fue quedando cada vez más claro es que la disputa por el sentido constituye uno de los momentos decisivos en la construcción de un proyecto que aspira a transformar la repetición inercial de una realidad que, desde hace mucho tiempo, venía siendo definida, en su materialidad y en sus contenidos discursivos, por los grupos dominantes de la vida económica. Lo que comprendió el kirchnerismo fue que la “materialidad” de lo real se compone, también, de formas subjetivas, de trazos culturales y de construcciones de sentido que terminan por definir el destino de una sociedad y el carácter de la hegemonía que la atraviesa. Estaría tentado a escribir que la elección del 14 de agosto cerró, por ahora, la etapa abierta en marzo de 2008 cuando se desató la acción destituyente de la alianza agromediática.
Volvamos, entonces, a las diferentes interpretaciones de un mismo acontecimiento electoral. Por un lado, y rápidos de reflejos nacidos de su cinismo consuetudinario, los principales periodistas y columnistas de los medios hegemónicos se abalanzaron, como lobos sedientos de venganza, contra aquellos políticos de la oposición que no habían estado a la altura de las circunstancias oscureciendo, una vez más, su propia responsabilidad en el modo como determinaron la agenda de esa misma oposición que, al menos desde el conflicto por la 125, no viene haciendo otra cosa que actuar de acuerdo al guión escrito desde las usinas mediáticas transformando a sus fuerzas políticas en sombras plañideras que poco y nada representan.
El patético papel jugado por el radicalismo, su transformación en un partido conservador cada vez más escuálido; el inaudito giro de Ricardo Alfonsín desde supuestas posiciones progresistas (que lo vinculaban con su padre y su búsqueda de un radicalismo de matriz socialdemócrata) hasta la absurda alianza con De Narváez, expresan, junto con la autodestrucción de fuerzas como la Coalición Cívica que fue devorada por las llamas del Apocalipsis anunciado por Elisa Carrió y Proyecto Sur de Pino Solanas que no pudo zafar de la fuerza aniquiladora de un ego oportunista que redujo a casi cero un interesante capital político, la errancia y el desconcierto de una oposición que, para colmo de males, tuvo que soportar las groseras y mezquinas descalificaciones de los mismos que el día anterior les manifestaban su inmaculado apoyo mediático.
Tal vez, los mejores de entre los miembros de una oposición vaciada de alma y de tradiciones, alcancen a sacar alguna enseñanza de este fracaso, enseñanza que, quizá, los libere de ese brutal abrazo de oso de una corporación, la mediática, que no ha hecho otra cosa que deglutirse a todos aquellos que creyeron que por estar junto a ella y responder a sus intereses podrían crecer en la estima del electorado. El precio que pagaron es el del ridículo y el de la aceleración de una crisis que todavía nos ofrecerá nuevas circunstancias patéticas (ya podemos ver al pequeño señor Cobos tratar de sacar partido de la paupérrima cosecha de la UCR y proponiéndose, vaya chiste, como el reconstructor partidario, o a su otro comprovinciano, aquel de la frase brutal de que la asignación universal por hijo había aumentado el consumo de paco y el juego de bingo entre los pobres, me refiero a Ernesto Sanz que, ahora, y suelto de cuerpo, llama a impedir que en octubre el triunfo de Cristina anule la independencia de los poderes al garantizarle al oficialismo una cómoda mayoría parlamentaria –ese mismo argumento viene siendo utilizado por Morales Solá y otros escribas del establishment como nuevo caballito de batalla–). ¿Recuerda, el amigo lector, aquel argumento, utilizado por la derecha continental y entre nosotros por Mariano Grondona, de que en los países definidos como “populistas” (el peor y más dañino de los males de acuerdo a esta mirada) la propia democracia está siendo puesta en riesgo desde adentro de sus instituciones por el proceso de hegemonía autoritaria que proviene de esos gobiernos demagógicos? Tendrían que tratar de ser un poco más originales nuestros opositores y no parecerse tanto a la derecha hondureña o venezolana.
Saliendo del pantano opositor y de sus intérpretes bizarros, nos encontramos con otras miradas. Hoy me gustaría detenerme en la de Edgardo Mocca, que en un artículo publicado en Página 12 el último domingo, destacó la significación de la dimensión político-cultural en el proceso de recuperación del propio kirchnerismo, dimensión que, por supuesto, debe ponerse en relación con la matriz económica y social que, como es obvio, ha logrado calar muy hondo en gran parte de la sociedad. Mocca destaca la vocación de Néstor y Cristina Kirchner en los momentos más difíciles por llevar adelante lo que él llama una “política contracultural” que buscó enfrentar a la máquina mediática del establishment corporativo.
Es en este sentido que le otorga un papel muy significativo a lo que hicieron desde el conflicto por la 125 los intelectuales de Carta Abierta y al papel de ruptura de la hegemonía mediática de parte del programa televisivo 6, 7, 8. En esas dos experiencias distintas pero complementarias, Mocca lee uno de los ejes de la transformación del capital simbólico que, agregándole por supuesto otras cuestiones fundamentales, contribuyó a la recuperación exponencial del kirchnerismo (el camino que fue del gran debate por una ley de servicios audiovisuales, pasando por la asignación universal, la osadía y la inteligencia para organizar los festejos del Bicentenario y, claro, el tremendo impacto de la muerte de Néstor Kirchner y de su apropiación popular como un acontecimiento excepcional y decisivo de la vida argentina, más el crecimiento enorme de la figura de Cristina sirvieron para dar vuelta la estrategia de la derecha y alcanzar el extraordinario resultado del 14 de agosto).
Lectura, entonces, la de Mocca que valoriza adecuadamente la dimensión político-cultural como un componente central en esta actualidad atravesada por la consolidación del liderazgo de Cristina y el absoluto desconcierto de la oposición, apartándose de aquellas otras interpretaciones que intentan reducir toda la cuestión a lo económico perdiendo de vista que aquello que venimos denominando “la realidad” se compone, también, de esas dimensiones constituidoras de sujetos y relatos que suelen ser decisivos a la hora de definir los giros hegemónicos. Algo de eso había anticipado, con su habitual intuición política, Néstor Kirchner cuando eligió, a una semana de la derrota de junio de 2009, hacer su primera aparición pública en una asamblea de Carta Abierta en la que reafirmó su convicción en el proyecto y en revertir el magro resultado electoral. El tiempo le dio la razón en esto como en tantas otras cosas. Lo demás es cuestión de interpretaciones.
6.
¡ARGENTINOS, A LAS URNAS!
Por Roberto Caballero Director.
Este domingo, quizá, tal vez, nazca el “cristinismo”, mezcla de los que quieren más de este modelo “nacional y popular” y los que por viveza y sentido de supervivencia admiten que cambiar de montura a mitad del río es desaconsejable.
La primera presidencia de Cristina Kirchner fue una presidencia débil. A poco de asumir, con el lock out de las patronales agropecuarias, que mantuvieron paralizado el país durante cuatro meses, también se fraccionó la fuerza parlamentaria del Frente para la Victoria. Desde entonces, la presidenta gobernó sin mayorías legislativas.
También gobernó, y esto es muy evidente, sin ningún tipo de apoyatura mediática.
También gobernó, y esto es doblemente evidente, sin la lealtad del aparato del PJ, que desde mucho antes de las testimoniales coquetea con Eduardo Duhalde o cualquier otra opción no K, imponiendo en los hechos una lógica de toma y daca, al mejor estilo vandorista.
Gobernó Cristina Kirchner sin el aval expreso ni tácito de ninguna fuerza opositora, que por el contrario eligio de modo constante encolumnarse detrás de todas las operaciones mediáticas de demolición de la figura presidencial, con la coyuntural excepción del socialismo y algunos sectores más o menos progresistas en las votaciones por la reestatización de Aerolíneas Argentinas, las AFJP y el matrimonio igualitario. Que quede en actas para la historia futura.
Gobernó Cristina sin una Corte Suprema adicta, como la que tuvo el menemismo.
Gobernó Cristina sin vicepresidente, después de la vergonzosa traición de Julio Cobos.
Gobernó, también, durante el último año sin su marido que, a la vez, era el jefe político que –ella misma confesó– la protegía de las crueldades del poder; y sin presupuesto, nada menos.
Gobernó, siendo mujer, contra el prejuicio machista de la sociedad y de todo el sistema institucional, en una soledad tan concurrida que produce pavura.
Frente al mito construido por Joaquín Morales Solá –el censor de Clemente en la dictadura– sobre el autoritarismo y la vocación por el control absoluto del kirchnerismo, hay que decir que no hubo en los últimos 40 años de democracia argentina una presidenta que haya gobernado, como ella, desde tan extrema condición de debilidad.
Se la acusó de “yegua”, de “loca”, de “bipolar”, de “fanática”, de “soberbia” y, el colmo, de estar casada con un “nazi”; y, sin embargo, ahí está, mostrándose descarnadamente sobre la tarima, haciendo su duelo en público, pero sin dejar de gobernar, mientras el mundo se desploma, literalmente, en una situación de adversidad que a otros presidentes los hizo huir en helicóptero y tirar la toalla antes de lo previsto.
Me imagino que somos muchos los que, legítimamente, nos preguntamos cómo sería un gobierno de Cristina Kirchner con mayorías parlamentarias, con una oposición menos subordinada a los poderes corporativos, con los grupos monopólicos de la comunicación cediendo –democráticamente– algo de su posición dominante en el discurso público, con un peronismo menos corleónico y feudal, con un vicepresidente que le cuide el sillón cada vez que viaja y no la despida con un serrucho en la mano, con empresarios, banqueros y sindicatos que la ayuden a reconstruir la confianza entre argentinos y no hagan de la puja distributiva natural en democracia una pelea de suma cero constante, donde prevalecen los intereses de bando por encima de la Nación.
Me gustaría, y creo que nos pasa a varios, ver gobernar a Cristina con algo del poder que le dieron, en 2007, los 7 millones de argentinos que la votaron para que fuera presidenta constitucional.
Porque esta mujer, con casi nada, se mantuvo en pie. Con casi nada, digo, porque tres meses después de asumir comenzó la más impiadosa campaña de demonización, con fines destituyentes, de la que se tenga memoria. No tuvo respiro. Los actos multitudinarios con la CGT , el acompañamiento de Madres y Abuelas, la red de medios alternativos que desafía cotidianamente la hegemonía desinformativa de Clarín y la militancia de corazón que cobró visibilidad con los funerales de Néstor Kirchner ayudaron, sin duda, en toda esa etapa dramática. Hablan de la conciencia colectiva de un pueblo en una encrucijada determinada de su historia y de un liderazgo, el de Cristina, sobre todos esos sectores que expresan los valores de la reconstrucción nacional, después del desastre de 2001. Pero para disciplinar a los dueños del poder y del dinero de este país hace falta, además, ganar elecciones por la mayor cantidad de votos posible.
De cara a las elecciones del próximo domingo 14 y las definitivas de octubre, Cristina tiene los votos kirchneristas asegurados. Se trata de una minoría política intensa, nacionalmente estructurada, que le es incondicional. Sin embargo, le hacen falta más votos “cristinistas” si quiere gobernar, después de tanto viento en contra, con algo de tranquilidad durante los próximos cuatro años. Esos votos exceden el marco militante de los que acompañan su proyecto. Están en otras multitudes, más silenciosas, que interpretan que Cristina encarna una curiosa virtud: ella es el oficialismo y, se sabe, que cuando hay crisis la gente se vuelve menos audaz, quizá hasta más conservadora, es decir, vuelve a elegir al que está porque no come vidrio. Pero también una candidata y estadista como ella, resume el malestar y la solución a ese malestar. Cristina parece ser la garantía de preservar lo bueno y, a la vez, profundizar el cambio que corrija lo malo. Sus opositores se prepararon para ser opositores, pero generan dudas y más dudas sobre sus condiciones para gestionar en tiempos bravíos. Es Cristina la única que puede oxigenar el Gabinete y relanzar el gobierno; y también la que inicie el impostergable recambio generacional en la administración de la cosa pública, que entierre la vieja política para siempre. Es un puente de plata posible. No hay otro. No, al menos, a la vista, salvo para los voluntaristas, que creen que administrar un país es cosa sencilla y para cualquiera.
A la Cristina sola, sin apoyo en el Congreso, agraviada por Héctor Magnetto y sus 200 licencias radiales y televisivas, blanco de la saña opositora más superficial, inmersa en la mayor crisis del capitalismo planetario y sin marido, ya la vimos gobernar y, de todos los que la critican, nadie lo hubiera hecho mejor. Eso es un mérito.
Este domingo, quizá, tal vez, nazca el “cristinismo”, mezcla de los que quieren más de este modelo “nacional y popular” y los que por viveza y sentido de supervivencia admiten que cambiar de montura a mitad del río es desaconsejable.
El mundo se ha vuelto un lugar hostil. Es poco lo que podemos hacer para solucionar lo que ocurre en Washington, Madrid, París y Atenas. Pero es mucho lo que se puede hacer acá, con todos los inconvenientes que existen –y van a seguir existiendo–, para asegurarle un futuro a nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
¿Cómo sería un país si Cristina gobernara con algo de poder?
Con sinceridad, no lo sabemos.
El domingo podemos dar un paso para averiguarlo.
¡Argentinos, a las urnas!
Crisis económica global: Vivir en un clima de fin de época
Por Eduardo Anguita Periodista y Director de Miradas al Sur.
La idea de un cataclismo planetario con raíces celestiales parece estar a la orden del día justo en el período de vacaciones de los que ahora deshojan margaritas para saber si les vale –o por cuánto tiempo– la calificación de habitantes del Primer Mundo.
A medida que el calendario se aproxima al inicio de 2012, no sólo los esotéricos se excitan. Basta mencionar el año que comenzará apenas 142 días después de que este artículo vea la luz, para que una visión catastrófica de la humanidad cunda entre quienes hojean el calendario maya y también entre los devotos de las profecías de Nostradamus. La idea de un cataclismo planetario con raíces celestiales parece estar a la orden del día justo en el período de vacaciones de los que ahora deshojan margaritas para saber si les vale –o por cuánto tiempo– la calificación de habitantes del Primer Mundo. Porque desde que las llamadas calificadoras de riesgo bajaron la nota del alumno excelente del capitalismo financiero, es muy tentador dejarse guiar por pronósticos fulminantes. Demasiados oráculos apuntaron a 2012 como año terminal ¡y justo la primera señal de crisis fue Grecia! En la cultura helénica, las preguntas filosas e inquietantes sobre lo que vendría se hacían en el Parnaso; era el ombligo del mundo, y desde allí un vulgar ciudadano se animaba a preguntarle cualquier cosa a Apolo, ese dios griego que, entre otras cosas, era nada menos que la divinidad del Sol. Un espantoso círculo se cierra: los griegos ahora sólo se preguntan por qué el FMI y no Apolo quieren borrarlos de la faz de la Tierra.
Ahora, hay que decirlo, las preguntas inquietantes se hacen en Washington, capital del actual imperio. Washington es, al menos todavía, la cara visible de los billetes que circulan, no sólo como moneda de cambio, sino también como dios universal. No es fácil responder por qué justo ahora las tres poderosas y norteamericanas agencias de calificación de riesgo –Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch– decidieron clavar el estilete en el corazón de Washington. ¡Qué sentiría el general guerrillero si supiera que el golpe llegaría desde la retaguardia! En un mundo hiperglobalizado, una pequeña descalificación del dólar puede contribuir, y mucho, a las turbulencias políticas y financieras de las otras naciones que están pasando por altísimos niveles de incertidumbre.
Más allá de los movimientos especulativos y de peleas sectoriales, no se puede tapar el sol con las manos. En los últimos cuatro años, los números de los Estados Unidos son incontrastables. En 2007, el déficit fiscal norteamericano era equivalente al 1,2% del PBI. Mientras que desde 2009 supera el 10%. Esa brecha la fueron cubriendo con deuda, de modo tal que la deuda pública de los Estados Unidos pasó de representar el 61% del PBI a convertirse este año en el 100%. Como dato, baste recordar que la Argentina de hace una década tenía una relación deuda/PBI de más del 100% y que ahora es menor del 50%. A su vez, con tasas de interés bajas, en los Estados Unidos la palabra recesión está en boca de todos.
EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS. El ardiente verano norteamericano potencia el olor de excesivos signos de podredumbre. El pegajoso y asqueante calor del verano acompaña a los norteamericanos que deambulan por el Potomac tal como lo hacía con Marlow en su travesía por el río Congo. Marlow era el protagonista de El corazón de las tinieblas, una novela del polaco Joseph Conrad, ambientada en la selva africana. La historia recrea las propias vivencias del autor a fines del XIX. En esos años, el Congo era colonia del reino de Bélgica. Su rey, el multimillonario Leopoldo II, ordenaba el exterminio de sus pobladores. A los colonialistas sólo les interesaban los diamantes y los colmillos de los elefantes. Conrad residía en Londres y publicó la novela en 1902. Por esos años la reina Victoria, al frente de la corona del país más poderoso del planeta, practicaba los mismos oficios terrestres. Incluso con los blancos boers, que habitaban un poco más abajo del río Congo y que estaban sentados en las minas de oro sudafricanas. Muchos años después, la novela de Conrad sirvió de inspiración a Ford Coppola, quien produjo una pieza artística excepcional para ver sin amortiguadores cómo es la decadencia de un imperio: Apocalypse Now, ambientada en Vietnam, es un relato anticipatorio de lo que era la trastienda de la invasión norteamericana a una de las regiones más pobres del mundo. La película se estrenó en 1979, justo cuando las tropas soviéticas iban a Afganistán a librar una guerra opresiva que contribuiría a acelerar su propio final.
EL FIN DEL CONSENSO. La película 2012, del director alemán Roland Emmerich, apeló al sentimiento de catástrofe y a muchos efectos especiales para convertirse en un éxito de taquilla. La puerta de entrada fue una interpretación atribuida a Nostradamus sobre el calendario maya. Pero Nostradamus vivió hace 500 años y el film se hizo apenas hace dos años. Además, fue en Hollywood y no en Yucatán. Los problemas de la Tierra no parecen devenir de la alineación de los planetas con el sol sino de los brutales ajustes del capitalismo financiero. Ajustes que no responden a “los mercados” sino a algunos grupos de poder. Por algo, el Consenso de 1989 fue el de Washington. El primero de sus diez mandamientos era “la disciplina fiscal”, una regla de oro en los gobiernos norteamericanos. Cabe recordar que, tras la crisis de 1929, con el New Deal de Franklin Delano Roosevelt hubo expansión del gasto público, pero no déficit fiscal.
El Consenso de Washington inicialmente fue pensado para consolidar el dominio norteamericano en América Latina pero se convirtió en una receta para dominar la parte del mundo que se caía, la de Europa Oriental y la ex URSS. Conviene ponerle fechas: el Muro de Berlín era derribado en los primeros días de noviembre de aquel año, el Consenso fue formulado en el Institute for International Economics unos días después. Aquella ortodoxia neoliberal parece haberse convertido en un bumerán para el actual sistema político norteamericano. La extrema derecha republicana del Tea Party parece preferir el fin de los días del demócrata Barack Obama antes que encontrar una salida consensuada a la incapacidad del gobierno federal de hacer frente a los pagos.
De estas pequeñas peleas políticas está plagado el debate político de la primera potencia militar del planeta. Aquella que lleva una década en Afganistán sin haberse retirado y con la certeza de que el problema no son los talibán sino la necesidad de tener un territorio propio cercano a la India y, sobre todo, a China.
El futuro de los Estados Unidos es tan incierto como desdibujado queda el laborioso esfuerzo de los arquitectos del imperio de los años setenta. Es curioso, más arriba se menciona que Joseph Conrad había nacido en Polonia. También fueron polacos tres arquitectos del fin de la Guerra Fría y de la desaparición del llamado campo socialista. Se trata de Zbigniew Brzezinski , Karol Wojtyła y Lech Walesa.
Brzezinski, nacionalizado estadounidense, llegó a presidir el Consejo de Seguridad Nacional bajo el gobierno del demócrata James Carter. Unos años antes de estar al lado del hombre que parecía la cara más pacífica que podía mostrar la primera potencia después de Vietnam, Brzezinski había sido convocado por el banquero David Rockefeller para crear un selecto club de políticos y financistas norteamericanos, europeos occidentales y japoneses. El experimento se llamó Comisión Trilateral y Brzezinski la encabezó desde su creación, en 1973, cuando Richard Nixon y su ideólogo Henry Kissinger veían opacar sus estrellas.
Wojtyła quedó al frente del Estado Vaticano tras la muerte nada accidental de Albino Luciani en septiembre de 1978, apenas un mes después de su nombramiento. Su prédica anticomunista con un pasado partisano le permitió a Wojtyła convertirse en una referencia para la batalla –nada cultural– de la CIA y los banqueros contra los gobiernos satélites de Moscú. En ese mismo 1978, el compatriota Walesa creaba un movimiento clandestino con base en los Astilleros Vladimir Lenin de Gdansk, donde era un líder sindical indiscutido.
El paciente trabajo de Rockefeller con financistas, políticos y espías se apoyaba, no sólo en las apetencias de nuevos negocios, sino en la lenta e inevitable debacle del llamado socialismo real. La caída del Muro y la implosión de la URSS dos años después crearon las condiciones para que se incorporaran al mercado millones de nuevos consumidores. Por supuesto, esos mismos consumidores eran parte de un mercado laboral con pretensiones salariales muy inferiores a las de sus colegas del mundo desarrollado capitalista. Walesa fue presidente de Polonia antes aún de que Mijail Gorbachov diera por finalizados los años del Segundo Mundo. Ganó un Nobel y en el aeropuerto de Gdansk quedó estampado su nombre. Los astilleros en los que Walesa trabajó fueron privatizados y ya no se llaman Lenin. Wojtyła es considerado uno de los líderes más influyentes del último cuarto del siglo XX. Fue beatificado recientemente; esto es, considerado alguien que vivió en santidad toda su vida. En cuanto a Brzezinski, es uno de los intelectuales más importantes del establishment norteamericano, alguien que había anunciado en La era tecnotrónica el tipo de sociedad que vendría y las debilidades que tenían los regímenes socialistas para afrontarlas. Brzezinski sigue viéndose con su mecenas y mentor, David Rockefeller, y forma parte del Council on Foreign Relations, un lugar de cita indispensable cuando los líderes políticos del resto del mundo van a Nueva York. Por supuesto, su creador e inspirador fue David Rockefeller. <
La idea de un cataclismo planetario con raíces celestiales parece estar a la orden del día justo en el período de vacaciones de los que ahora deshojan margaritas para saber si les vale –o por cuánto tiempo– la calificación de habitantes del Primer Mundo.
A medida que el calendario se aproxima al inicio de 2012, no sólo los esotéricos se excitan. Basta mencionar el año que comenzará apenas 142 días después de que este artículo vea la luz, para que una visión catastrófica de la humanidad cunda entre quienes hojean el calendario maya y también entre los devotos de las profecías de Nostradamus. La idea de un cataclismo planetario con raíces celestiales parece estar a la orden del día justo en el período de vacaciones de los que ahora deshojan margaritas para saber si les vale –o por cuánto tiempo– la calificación de habitantes del Primer Mundo. Porque desde que las llamadas calificadoras de riesgo bajaron la nota del alumno excelente del capitalismo financiero, es muy tentador dejarse guiar por pronósticos fulminantes. Demasiados oráculos apuntaron a 2012 como año terminal ¡y justo la primera señal de crisis fue Grecia! En la cultura helénica, las preguntas filosas e inquietantes sobre lo que vendría se hacían en el Parnaso; era el ombligo del mundo, y desde allí un vulgar ciudadano se animaba a preguntarle cualquier cosa a Apolo, ese dios griego que, entre otras cosas, era nada menos que la divinidad del Sol. Un espantoso círculo se cierra: los griegos ahora sólo se preguntan por qué el FMI y no Apolo quieren borrarlos de la faz de la Tierra.
Ahora, hay que decirlo, las preguntas inquietantes se hacen en Washington, capital del actual imperio. Washington es, al menos todavía, la cara visible de los billetes que circulan, no sólo como moneda de cambio, sino también como dios universal. No es fácil responder por qué justo ahora las tres poderosas y norteamericanas agencias de calificación de riesgo –Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch– decidieron clavar el estilete en el corazón de Washington. ¡Qué sentiría el general guerrillero si supiera que el golpe llegaría desde la retaguardia! En un mundo hiperglobalizado, una pequeña descalificación del dólar puede contribuir, y mucho, a las turbulencias políticas y financieras de las otras naciones que están pasando por altísimos niveles de incertidumbre.
Más allá de los movimientos especulativos y de peleas sectoriales, no se puede tapar el sol con las manos. En los últimos cuatro años, los números de los Estados Unidos son incontrastables. En 2007, el déficit fiscal norteamericano era equivalente al 1,2% del PBI. Mientras que desde 2009 supera el 10%. Esa brecha la fueron cubriendo con deuda, de modo tal que la deuda pública de los Estados Unidos pasó de representar el 61% del PBI a convertirse este año en el 100%. Como dato, baste recordar que la Argentina de hace una década tenía una relación deuda/PBI de más del 100% y que ahora es menor del 50%. A su vez, con tasas de interés bajas, en los Estados Unidos la palabra recesión está en boca de todos.
EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS. El ardiente verano norteamericano potencia el olor de excesivos signos de podredumbre. El pegajoso y asqueante calor del verano acompaña a los norteamericanos que deambulan por el Potomac tal como lo hacía con Marlow en su travesía por el río Congo. Marlow era el protagonista de El corazón de las tinieblas, una novela del polaco Joseph Conrad, ambientada en la selva africana. La historia recrea las propias vivencias del autor a fines del XIX. En esos años, el Congo era colonia del reino de Bélgica. Su rey, el multimillonario Leopoldo II, ordenaba el exterminio de sus pobladores. A los colonialistas sólo les interesaban los diamantes y los colmillos de los elefantes. Conrad residía en Londres y publicó la novela en 1902. Por esos años la reina Victoria, al frente de la corona del país más poderoso del planeta, practicaba los mismos oficios terrestres. Incluso con los blancos boers, que habitaban un poco más abajo del río Congo y que estaban sentados en las minas de oro sudafricanas. Muchos años después, la novela de Conrad sirvió de inspiración a Ford Coppola, quien produjo una pieza artística excepcional para ver sin amortiguadores cómo es la decadencia de un imperio: Apocalypse Now, ambientada en Vietnam, es un relato anticipatorio de lo que era la trastienda de la invasión norteamericana a una de las regiones más pobres del mundo. La película se estrenó en 1979, justo cuando las tropas soviéticas iban a Afganistán a librar una guerra opresiva que contribuiría a acelerar su propio final.
EL FIN DEL CONSENSO. La película 2012, del director alemán Roland Emmerich, apeló al sentimiento de catástrofe y a muchos efectos especiales para convertirse en un éxito de taquilla. La puerta de entrada fue una interpretación atribuida a Nostradamus sobre el calendario maya. Pero Nostradamus vivió hace 500 años y el film se hizo apenas hace dos años. Además, fue en Hollywood y no en Yucatán. Los problemas de la Tierra no parecen devenir de la alineación de los planetas con el sol sino de los brutales ajustes del capitalismo financiero. Ajustes que no responden a “los mercados” sino a algunos grupos de poder. Por algo, el Consenso de 1989 fue el de Washington. El primero de sus diez mandamientos era “la disciplina fiscal”, una regla de oro en los gobiernos norteamericanos. Cabe recordar que, tras la crisis de 1929, con el New Deal de Franklin Delano Roosevelt hubo expansión del gasto público, pero no déficit fiscal.
El Consenso de Washington inicialmente fue pensado para consolidar el dominio norteamericano en América Latina pero se convirtió en una receta para dominar la parte del mundo que se caía, la de Europa Oriental y la ex URSS. Conviene ponerle fechas: el Muro de Berlín era derribado en los primeros días de noviembre de aquel año, el Consenso fue formulado en el Institute for International Economics unos días después. Aquella ortodoxia neoliberal parece haberse convertido en un bumerán para el actual sistema político norteamericano. La extrema derecha republicana del Tea Party parece preferir el fin de los días del demócrata Barack Obama antes que encontrar una salida consensuada a la incapacidad del gobierno federal de hacer frente a los pagos.
De estas pequeñas peleas políticas está plagado el debate político de la primera potencia militar del planeta. Aquella que lleva una década en Afganistán sin haberse retirado y con la certeza de que el problema no son los talibán sino la necesidad de tener un territorio propio cercano a la India y, sobre todo, a China.
El futuro de los Estados Unidos es tan incierto como desdibujado queda el laborioso esfuerzo de los arquitectos del imperio de los años setenta. Es curioso, más arriba se menciona que Joseph Conrad había nacido en Polonia. También fueron polacos tres arquitectos del fin de la Guerra Fría y de la desaparición del llamado campo socialista. Se trata de Zbigniew Brzezinski , Karol Wojtyła y Lech Walesa.
Brzezinski, nacionalizado estadounidense, llegó a presidir el Consejo de Seguridad Nacional bajo el gobierno del demócrata James Carter. Unos años antes de estar al lado del hombre que parecía la cara más pacífica que podía mostrar la primera potencia después de Vietnam, Brzezinski había sido convocado por el banquero David Rockefeller para crear un selecto club de políticos y financistas norteamericanos, europeos occidentales y japoneses. El experimento se llamó Comisión Trilateral y Brzezinski la encabezó desde su creación, en 1973, cuando Richard Nixon y su ideólogo Henry Kissinger veían opacar sus estrellas.
Wojtyła quedó al frente del Estado Vaticano tras la muerte nada accidental de Albino Luciani en septiembre de 1978, apenas un mes después de su nombramiento. Su prédica anticomunista con un pasado partisano le permitió a Wojtyła convertirse en una referencia para la batalla –nada cultural– de la CIA y los banqueros contra los gobiernos satélites de Moscú. En ese mismo 1978, el compatriota Walesa creaba un movimiento clandestino con base en los Astilleros Vladimir Lenin de Gdansk, donde era un líder sindical indiscutido.
El paciente trabajo de Rockefeller con financistas, políticos y espías se apoyaba, no sólo en las apetencias de nuevos negocios, sino en la lenta e inevitable debacle del llamado socialismo real. La caída del Muro y la implosión de la URSS dos años después crearon las condiciones para que se incorporaran al mercado millones de nuevos consumidores. Por supuesto, esos mismos consumidores eran parte de un mercado laboral con pretensiones salariales muy inferiores a las de sus colegas del mundo desarrollado capitalista. Walesa fue presidente de Polonia antes aún de que Mijail Gorbachov diera por finalizados los años del Segundo Mundo. Ganó un Nobel y en el aeropuerto de Gdansk quedó estampado su nombre. Los astilleros en los que Walesa trabajó fueron privatizados y ya no se llaman Lenin. Wojtyła es considerado uno de los líderes más influyentes del último cuarto del siglo XX. Fue beatificado recientemente; esto es, considerado alguien que vivió en santidad toda su vida. En cuanto a Brzezinski, es uno de los intelectuales más importantes del establishment norteamericano, alguien que había anunciado en La era tecnotrónica el tipo de sociedad que vendría y las debilidades que tenían los regímenes socialistas para afrontarlas. Brzezinski sigue viéndose con su mecenas y mentor, David Rockefeller, y forma parte del Council on Foreign Relations, un lugar de cita indispensable cuando los líderes políticos del resto del mundo van a Nueva York. Por supuesto, su creador e inspirador fue David Rockefeller. <
Entre la crisis neoliberal, las protestas masivas y los escribas del poder
Ricardo Forster
Mientras entre nosotros arrecia una feroz campaña contra quienes, desde distintos lugares y experiencias y sin haber ahorrado reflexiones críticas, han defendido, y lo siguen haciendo, el ciclo político abierto en mayo de 2003 por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández; en lejanas geografías primermundistas, de aquellas que tanto añoraban los escribas melancólicos de “repúblicas perdidas” y de economías “serias y responsables” sólidamente entramadas en el mercado global, surgen, potentes, miles y miles de voces que se “indignan” por aquello mismo que, entre nosotros, defienden esos “desinteresados e independientes” escribas de la corporación mediática y libretistas, graciosos y bizarros, de una oposición que, si la dejasen hacer con libertad sus verdaderos proyectos de gobierno, no harían otra cosa que reconducir al país hacia el camino de “la seriedad y el respeto a los contratos una y otra vez mancillados por el populismo reinante en una Argentina atormentada por la corrupción y la venalidad”.
¿Resulta, tal vez, llamativo que los mismos medios de comunicación hegemónicos que se dedican, día y noche, a demoler las políticas del Gobierno o a desprestigiar a personalidades como el juez Zaffaroni o a demonizar a los intelectuales de Carta Abierta (del mismo modo que antes lo habían hecho con especial virulencia con Hebe de Bonafini o exigiéndole a las Abuelas de Plaza de Mayo que le pidieran disculpas a la señora Herrera de Noble) no establezcan ninguna relación entre la crisis recesiva que hoy sacude al mundo desarrollado y las sempiternas recetas de ajuste que, entre nosotros, siempre han sido defendidas por los mismos que denunciaron “el aislamiento internacional de Argentina como producto del “populismo” kirchnerista? ¿Es verosímil una oposición que, enfrascada en servirles de fuerza de choque a las corporaciones, silencia el carácter de la crisis como producto de la extenuación del modelo neoliberal y la situación cualitativamente distinta en la que se encuentra el país gracias a las políticas de desendeudamiento, activación del mercado interno, protección ante el canto de sirena de los famosos mercados de capitales tan añorados por nuestros economistas ortodoxos y al uso racional de las reservas que se viene implementando desde el 2003? ¿Qué otra cosa hay, además de un deseo de profecía autocumplida, del titular tipo catástrofe con el que la corporación mediática busca promover una estampida del dólar en el mercado local? ¿Cuáles son los objetivos de estas acciones y omisiones?
Sus consecuencias ya las conocimos, anticipadamente, con toda su violencia y asfixia social a lo largo de los años noventa cuando, entre nosotros, se aplicaron con rigurosidad estricta las mismas recetas que ahora se aplican en los países europeos y que ha aceptado también, chantaje de la ultraderecha republicana de por medio, un Obama desprovisto de todos aquellos atributos que lo habían llevado al gobierno en medio de una oleada de entusiasmo popular como no recordaba Estados Unidos desde la época de Kennedy. Lejos de haber sido el Roosevelt que necesitaba su país y en especial los más desfavorecidos de sus habitantes, Obama, quedándose a mitad de camino, terminó por hacerle el juego a la derecha ultraliberal del Tea Party (cruzando el Atlántico algo semejante hizo Zapatero hundiendo en el fango los valores que decían defender los socialistas españoles dejando el camino expedito para que la derecha llegue libre de culpa y cargo al gobierno).
Detrás de toda crisis (y en este caso de un peligro inminente de recesión) se esconde la tendencia desenfrenada del gran capital a concentrar todavía más la riqueza y a aprovecharse del “pánico” astutamente generado en el interior de las sociedades contemporáneas para disciplinar más y mejor a sus habitantes convenciéndolos de que no queda otro camino que el del recorte del famoso gasto fiscal que traducido a lenguaje coloquial no significa otra cosa que suspensión de programas sociales y ajuste brutal sobre los sectores más desfavorecidos.
En nuestro caso, y cuando la memoria no falla, las imágenes que regresan inmediatamente son las de finales de los años ’90 cuando el gobierno de la Alianza, en vez de repudiar el modelo de la convertibilidad menemista, no hizo otra cosa que atenerse a las demandas ortodoxas del FMI acelerando el estallido y su propia bancarrota. Mientras que algunos referentes de la oposición se ocupan de la inflación (único mal desde la perspectiva del establishment) dejan intacta la lógica económica ortodoxa, fundada en las exigencias de los mercados globales y sus organismos internacionales promotores de las más diversas tragedias sociales por las que atravesó América latina en las últimas décadas del siglo pasado (y por las que siguen atravesando otras regiones del mundo asoladas por esas políticas que multiplicaron los endeudamientos y el hambre de los pueblos como en el norte del África, contribuyendo a un aumento exponencial del precio de los alimentos y a la caída de la inversión social acelerada por las recetas de ajuste “sugeridas” por el FMI). Su interpretación de la crisis mundial es nula, ciega o, peor todavía, atentatoria contra los intereses de las mayorías allí donde vuelven a reclamar recetas aceleradoras del desastre como se viene expresando en gran parte de los países europeos y en los Estados Unidos.
En el deseo perverso de ciertos actores políticos, económicos y mediáticos están las imágenes, alucinadas, de interminables colas de asustados ahorristas delante de las casas de cambio para comprar oro, dólares, euros, rupias, yenes o lo que sea mientras se desmorona el peso y nos hundimos en una crisis que se lleva puesto al tan odiado gobierno kirchnerista. Sería muy bueno que los sectores democráticos de la oposición se desmarcaran de ese juego brutal y salieran, desde una perspectiva que podría considerarse patriótica, a cerrar filas a favor del sostenimiento de la estabilidad económica basada en la protección del trabajo, del mercado interno y de los salarios por sobre las maniobras de los especuladores de siempre. ¿Podrán escaparle al abrazo de oso de las corporaciones? Me embarga, estimado lector, un inevitable pesimismo al intentar responder positivamente a esta pregunta.
¿Resulta acaso extraño que los mismos periodistas que critican despiadadamente a los intelectuales de Carta Abierta o al juez Zaffaroni respondiendo a las órdenes estratégicas de sus patrones que buscan destruir los núcleos simbólicos del kirchnerismo (así lo vienen haciendo con las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo y ahora lo intentan con un juez de la Corte Suprema y contra quienes, proviniendo del campo de la vida cultural y académica, decidieron constituir un colectivo de debate político en apoyo de las mejores políticas del gobierno nacional) no tengan una sola palabra para reflexionar sobre nuestra oposición y sus “proyectos” asociados a los intereses de las grandes corporaciones y a las políticas de ajuste que se vienen implementando como “salida de la crisis” causada por la exacerbación del propio neoliberalismo? ¿Puede, a esta altura, sorprendernos el grado de agresividad de estos escribas que multiplican sus columnas denunciando a la bestia kirchnerista y a sus secuaces mientras sueñan con prepararle el terreno a la restauración conservadora?
Por esas extrañas coincidencias de la historia, mientras Europa y Estados Unidos se enfrentan, con una perplejidad paralizante, a la continuidad de la crisis, en nuestro país se sigue insistiendo con la profundización de una política económica que nos ha permitido, como no había sucedido antes en contextos de alteración global de los famosos mercados, capear, del mejor modo posible, los efectos de la bancarrota de un capitalismo depredador que sigue insistiendo, en su caída, con terminar de destruir los últimos restos del viejo Estado de bienestar. Desde España a Israel, los jóvenes, sobre todo, han abierto sus ojos y salido del efecto “ideológico” (perdón por utilizar palabras pasadas de moda y demasiado intelectuales) que, durante las últimas décadas y al amparo de la expansión metastásica de ese extraordinario maridaje de consumo exponencial y sociedad del espectáculo, había logrado sostener, en el plano del sentido común y de los imaginarios culturales disponibles, el andamiaje devastador del neoliberalismo.
Más de 300.000 israelíes han salido a las calles de las principales ciudades para reintroducir, en el espacio público y en el habla cotidiana, palabras y conceptos brutalmente deslegitimados por la “deconstrucción” que el capital-liberalismo hegemónico desde mediados de los años setenta había logrado generalizar en el interior de sociedades que supieron conocer las “virtudes” de formas estatales nacidas del modelo bienestarista que contribuyó, como nunca antes en la historia de esas sociedades, a darle forma a una inédita equidad social y a lo que los actuales manifestantes definen como un orden basado en “la justicia social” (concepto que los argentinos conocemos bien y alrededor del cual se desarrolló una parte sustantiva de nuestra tradición política popular y contra el cual también se descargaron las formas más crudas de la violencia represiva). Esos jóvenes indignados (que en nuestra región hoy lo manifiestan los estudiantes chilenos que develan la “verdad” del modelo trasandino –el más desigual en términos de acceso a la educación de América latina y uno de los más injustos del planeta– tan elogiado por nuestros opositores y sostenido en la perpetuación del pinochetismo bajo ropaje democrático) vuelven a apropiarse de esas palabras saqueadas hasta el hartazgo por la ideología dominante que, junto con una brutal transformación de las estructuras económicas (el famoso pasaje del capitalismo de producción al capitalismo especulativo-financiero asociado con la desactivación del Estado social), desplegó una cuidadosa y global revolución cultural-simbólica destinada a sostener, en el plano de las conciencias, lo que se desarrollaba en el plano de las estructuras materiales.
Sin ese proceso de horadación sistemática de las “antiguas concepciones bienestaristas”, sin la fragmentación de la sociedad, sin el vaciamiento del rol del Estado como garante de la igualdad de oportunidades y, fundamentalmente, sin la colonización acabada de las conciencias y del sentido común, la implementación de esa política salvaje que condujo, primero a los países periféricos a situaciones sin salida y de penuria social desconocida hasta entonces, y después a los países desarrollados a enfrentarse a su propia crisis, no hubiera sido posible. Para mutilar la estructura de derechos que habitaron esas sociedades era imprescindible deslegitimar, en el interior de las conciencias, la trama de valores que había desembocado en el Estado de bienestar. Sin ruborizarse, y utilizando el arsenal propio de los medios de comunicación concentrados y hegemónicos, los escribas orgánicos del establishment se han convertido en la vanguardia del retroceso, en los publicistas de la regresión neoliberal. Su tarea, astutamente encomendada por los estrategas de la destitución que, como dice ahora un amigo, han pasado a ser de la destrucción, es avanzar contra aquellos núcleos simbólicos que preocupan a la clase media progresista. Por eso se trata de disparar contra la política de derechos humanos, contra la Corte Suprema a través de Zaffaroni o contra quienes, por libre convicción, decidieron salir de los ámbitos universitarios para decir su palabra política en la esfera pública rompiendo la supuesta hegemonía de tantos bienpensantes que hoy se han transformado en los mejores propagandistas de la restauración.
Para ellos se trata de continuar alimentando un sentido común capturado por los paradigmas que se vienen desplegando desde los años ’80 allí donde el giro hacia el neoliberalismo inició el proceso de devastación de toda alternativa a la lógica implacable del mercado global. Enfrentados a la crisis de sus propias ideas, demudados ante la caída de sus ídolos ideológicos y de sus países emblemas, buscan, una vez más, servir con fidelidad a prueba de balas a esas mismas corporaciones que han alimentado, con el fuego de la especulación y de la acumulación exponencial de las riquezas, el incendio de esa misma economía neoliberal que buscaron implementar en todo el planeta. Por una vez, Sudamérica eligió, de la mano de algunos de sus gobiernos de matriz democrática y popular, un camino muy distinto al de la ortodoxia imperante. Contra esa sabia y valiente decisión es contra la que se dirigen los dardos despiadados de los grandes medios de comunicación y de sus escribas de turno.
Edgardo Depetri - Documento Político
El 20 de julio de 2011 por Edgardo Depetri
Nuestra derrota en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, marco el inicio de una escalada del poder económico y de las clases dominantes de nuestro país para apuntalar e instalar un escenario de debilidad del gobierno y el campo popular.
Cada día van modelando un discurso, imágenes y acciones que apunta no sólo dominar la agenda política y social en esta coyuntura electoral, si no la de los próximos años. Ellos intentan iniciar un nuevo tiempo político, que tiene como destino conmover a la opinión pública y a la sociedad Argentina, para luego entrar en una etapa de desestabilización y de hacer retroceder los avances en la distribución de la riqueza impulsado por el gobierno nacional.
En efecto, esta es la disputa del poder que, ante su debilidad para enfrentar a CFK en la gran batalla política, social, económica, ideológica y cultural que tiene su punto mas alto el 23 de octubre en la elección presidencial, apela a movilizar conciencias opositoras. En la conducción política de esta operación de demolición de Cristina, se alinean el poder real, las corporaciones económicas exportadoras, los socios de la Asociación Empresaria Argentina, donde sobresale la multinacional Techint, y como nave insignia el multimedios Clarín.
El discurso dominante intenta instalar la idea de que el gobierno nacional está débil, para eso alimentan internas, una supuesta rebelión al interior de nuestras fuerzas por el armado electoral, fogonean el caso Schoklender –una desdichada estafa a la inocencia de las Madres-, las denuncias en el Inadi, el resultado electoral de Capital, nuestra supuesta derrota en Santa Fe, la exaltación de De La Sota como nuevo factor de poder en el PJ, y el intento de convertir la interna abierta del 14 de agosto en una especie de primera vuelta electoral, y allí lograr que CFK no llegue a los 40 puntos. Ese es el objetivo.
A esta estrategia política, electoral, institucional, y mediática se suma hacer aparecer el análisis de ADN de los hijos de Noble, como otra derrota del gobierno, y la predica constante denunciando corrupción, inseguridad, el Indec, la inflación, y la demonización de Moyano, Moreno, La Cámpora y ahora el ridículo, de acusar de facho a Fito Páez por ejercer su derecho a opinar como le parezca.
Sin duda que nosotros debemos darle una respuesta integral a esta estrategia del poder, y no entrar en sus provocaciones. La elección de Capital, su resultado, no fue lo esperado por nosotros ni tampoco por ellos. Nosotros esperábamos estar superando el umbral del 30 por ciento, y ante la opinión no de consultoras amigas u opositoras, si no en la evaluación que hacíamos de la gestión macrista, no esperábamos que en la Ciudad, que el actual Alcalde llegara a los 47 puntos.
Jamás pensamos que nuestro candidato estuviera a 6 puntos y menos que la elección fuera un galopito triunfal, incluso sabiendo de la fuerte recuperación de la imagen de CFK en este distrito. La ciudad voto a jefe de gobierno porteño, y seguramente muchos de los votos macristas o de Pino Solanas serán nuestros en la presidencial. El dato distintivo de esta elección fue el derrumbe de Alfonsín, cuya candidata del radicalismo, Silvana Giudice, apenas supero el 2%, ni hablar de Carrió, o del papelón que desde la fracasada interna abierta del Peronismo Federal viene realizando en continuado el duhaldismo con menos de 0,5 % .
Ciudad y autocrítica
Creemos que la elección de la Ciudad deberá ser analizada en profundidad, pero jamás echarle la culpa al pueblo de los representantes que elije, en todo caso buscar en ese pueblo las respuestas. Tampoco descalificar a quienes opinen que el electorado porteño, de esta ciudad puerto, metrópoli, proclamada culta y rica y autónoma, y muy desigual, tenga la capacidad de parir a hombres como De la Rua, que se deleitó con Menem, y ahora cobija a Macri.
El resultado electoral es hijo de un proceso político y no al revés. Habrá que hurgar en nuestras debilidades, y en el resultado de las denominadas gestiones progresistas anteriores a Macri, que también deben ser tenidas en cuenta a la hora de buscar respuestas; la magra elección de las tres vertientes que ya gobernaron la ciudad es un dato revelador.
El denominado progresismo demostró su debilidad, entonces habrá que repensar esa idea, y la forma de organizar una propuesta política para la Ciudad. En su concepción socio económico y cultural, hay segmentos de menos recursos en Capital y que se parecen en mucho a las barriadas del primer cordón del Gran Buenos Aires, donde conviven amplios sectores medios, pero también trabajadores, jubilados, pensionados.
Es necesario desplegar una nueva estrategia territorial, y capitalizar políticamente los derechos recuperados para los habitantes de esta ciudad. Las miles de jubilaciones, la atención de los afiliados del Pami, la Asignación Universal por Hijo, las pensiones no contributivas, teniendo en cuenta que sólo desde el Ministerio de Desarrollo Social y hacia la ciudad, el gobierno nacional entrego 35000 pensiones no contributivas, que benefician a discapacitados, madres con siete hijos, mayores sin cobertura.
Creo, tenemos el deber de organizar esa fuerza, y encontrar la forma de transmitirla a las y los porteños y atraerlo hacia nuestro lado, demostrando que la recuperación de los ingresos de los profesionales, comerciantes, de los salarios de los trabajadores, las obras de infraestructura, la educación, la previsión, y las políticas sociales y universales, no son mágicas ni divinas, son producto de una política de derechos y que las resolvió nuestro gobierno, no el gobierno de la Cuidad.
Esto necesita, no sólo adaptar discursos, hay que repensar la forma de construir en el territorio menos individualismo y acuerdos por arriba, disputas de protagonismos y de fotos en los diarios y mas debate, más democracia y unidad. Esto que analizamos, no es para repartir culpas, si no para darnos fuerzas hacia el ballotage, y para capear el golpe, y el impacto en términos políticos y en la relación de disputa con los factores de poder. Ataque sin fronteras éticas
Hablamos del poder que en su ofensiva condicionante, ha lanzado un verdadero terrorismo mediático sobre Madres de Plaza de Mayo, y en especial sobre Hebe de Bonafini en un intento de demoler nuestra política de derechos humanos, y golpear en la conciencia social del pueblo, la corrupción es el vehiculo por donde pretenden entrar, pero el fin ultimo, orada uno de los pilares centrales de nuestro proyecto: el fin de la impunidad.
La victimización, en el caso Noble Herrera, ante los resultados de ADN de Felipe y Marcela, y el intento de cierre judicial de la causa es otra parte de esa escalada para cerrar el círculo de impunidad. Lo que se pretende es instalar que acá no hubo terrorismo de Estado, no hubo robo de bebes, no hubo complicidad civil, que este es un gobierno revanchista y que hay que cerrar heridas. Es imponer la teoría de los dos demonios, teoría que vuelve en plena campaña electoral, y que es asumida por la mayoría opositora, en sintonía con las necesidades políticas del Grupo Clarín.
No se quedan ahí. Mas allá del debate sobre el rol de la agrupación La Cámpora en la supuesta preferencia que CFK tuvo hacia ellos en el armado de las listas, o en la gestión del gobierno, el ensañamiento y su demonización por parte de los escribas del poder, es parte de un ataque a los símbolos de esta nueva etapa, ya que los cuadros mas notorios de esa agrupación son hijos de compañeros desaparecidos. Y su protagonismo y militancia ponen en cuestionamiento a quienes fueron responsables o cómplices del genocidio, militares y civiles insertos en el poder.
Volviendo al principio, estos sectores, sumando a la estrategia de debilitamiento, se proponen mostrar derrotas aplastantes y humillantes para el oficialismo según su necesidad comunicacional. Ahora con el impulso del triunfo macrista en Capital, van por ampliar la ventaja de la primera vuelta electoral, hay que sacarle mas rédito a esa victoria, y definir el arco opositor que pelee el intento de condicionar a CFK, y tratar de llevarnos a segunda vuelta, en esto, las declaraciones de Alfonsín y Carrió lo confirman.
Escaladas mediáticas
La otra escalada, de este escenario, es que en Santa Fe, nuestro candidato Agustín Rossi pierda y no de cualquier manera, el objetivo que sume a esta campaña de debilitamiento nacional, es que en esa contienda llegue tercero, por eso levantan a Miguel Del Sel, el reutemismo juega en esa estrategia, pero mucho mas que una interna del PJ, el poder económico, instala el voto del campo contra Rossi, de paso, hace dos jugadas al mismo tiempo, debe perder Rossi para que pierda CFK. Esto, aducir al mismo tiempo que fue rechazado políticamente por ser uno de los abanderados de la defensa de la resolución 125, que nos enfrento a la corporación sojera exportadora. Entonces el mensaje es claro: el que enfrenta al poder pierde.
La elección de Córdoba es el otro punto de esta escalada, ahí hay que mostrar a De La Sota, como un ganador anti K, pero sobre todo hay que ubicar a la gobernación de Córdoba, como parte del nuevo diseño institucional, hacia agosto en las primarias, octubre, en la elección presidencial, y después del 10 de diciembre. De la Sota que fue durante su gestión anterior un menemista tardío, hoy tiene la posibilidad de repetir, y tiene más cosas en común con Macri que con CFK y nuestro proyecto. Un triunfo de él, lo mostraran como un triunfo opositor, el hombre que trajo a Cavallo al PJ, y a la política, y que viene por la revancha, de su fallida candidatura presidencial del 2003. Esto repetiría el triángulo Capital, Santa Fe y Córdoba. Nada nuevo. Ya pasó a Néstor y a Cristina, con alguna variable.
Lo que buscan: quebrar la unidad de las organizaciones sindicales con el gobierno
Como los grupos de poder están tirando “bombas racimo”, ya que el triunfo de CFK sería la profundización del modelo nacional y popular, la estrategia se extiende también al movimiento obrero. Es sabido que ya cuentan en sus filas con dirigentes importantes, los denominados gordos de la CGT, o sindicalismo empresario, el dúo Barrionuevo-Venegas, que reporta a Duhalde y Roberti, de petroleros privados asociados con de Narváez y candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires en la boleta de Alfonsín.
La confrontación abierta contra Hugo Moyano de hace un par de meses, donde acusado casi de demonio, le agregan a la campaña de intrigas y sospechas, de ponerle la infamante calumnia de que el gobierno nacional va por su sillón de Azopardo, y que también desde la oscuridad, el gobierno es responsable de campañas judiciales y mediáticas en su contra Esto con el objetivo de generar la fractura entre el gobierno y la CGT.
Cualquier excusa los lleva, desde el enojo por la falta de dirigentes sindicales en las listas del Frente para la Victoria, la inflación, el mínimo no imponible, las obras sociales, o un incierto recelo de la juventud sindical con los jóvenes de La Cámpora. Y ahí vemos con claridad es que para el poder económico, es fundamental romper esa alianza que a sido clave en la construcción de este modelo. La insistencia de los multimedios del poder del malestar sindical con CFK, esconde el deseo de darle rienda suelta al conflicto social y crear clima de paro nacional, y de enfrentamiento entre sectores que necesariamente debemos estar unidos.
También jugaron su estrategia en la CTA, al promocionado espacio democrático de Pablo Micheli que “le gano en elecciones al kirchnerista” Hugo Yasky. Elecciones no tan democráticas, ya que terminó en un papelón ridículo del que es difícil volver, ya que la justicia demostró que Micheli se proclamo ganador con fraude escalonado en varias provincias.
Los escribas del poder mediático pusieron en primera plana el triunfo de Micheli -logrado insistimos a través del fraude-, al punto que en las editoriales del diario La Nación se ponía como ejemplo a esos dirigentes democráticos. Igualmente al poder la jugada le salió bien, por que uso un conflicto para golpear al gobierno, y al mismo tiempo debilitó una organización que les regala titulares en sus diario y que, paradójicamente, no le reconocen los propios delegados que elijen dentro de los multimedios. La CTA, duramente golpeada por este hecho aberrante de alterar la voluntad de los trabajadores, tiene ahora la posibilidad de reconstruirse, ante el nuevo fallo de la justicia.
Lo que vendrá y nuestra respuesta: unidad popular
El desarrollo de esta primera etapa de la campaña de desestabilización y cambio continuará el 14 de agosto donde planifican convertir a la elección primaria en una primera vuelta electoral y el desafío opositor que CFK llegue con menos del 40% de los votos a ser candidata a presidenta .
Todo el armado de este escenario los construyen los hombres del poder real, las corporaciones económicas y su cadena de medios de comunicación privada, y en ese juego, se ha prendido todo el arco opositor, sin excepción. Lo que está claro: necesitan el control del aparato del Estado, con un gobierno que promueva sus intereses; devaluación de la moneda, rebaja a las retenciones de la soja, congelamiento salarial, achicamiento del gasto público, derogación de la Ley de Medios, el fin de los juicios de lesa humanidad, y de esta manera, frenar la investigación de la complicidad civil, y sus negociados con la dictadura, y volver a restituir los acuerdo de libre mercado priorizando las relaciones con Estados Unidos. Y esto es lo que pretenden, definir la elección presidencial y, si no ganan octubre, el objetivo es condicionar a CFK para su segundo mandato.
Por todas estas razones expuestas, nosotros, tenemos que cerrar filas con Cristina, y construir un fuerte espacio de unidad popular, captar sectores de pequeños y medianos productores, llegar a las capas medias que se benefician con el modelo y de esta manera, defender el proyecto y profundizarlo ¡ya! No esperar a octubre. Por eso decimos, la respuesta es hoy. Hoy hay que tomar medidas para responder a esta estrategia del poder. De nosotros depende que futuro vendrá.
Nuestra derrota en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, marco el inicio de una escalada del poder económico y de las clases dominantes de nuestro país para apuntalar e instalar un escenario de debilidad del gobierno y el campo popular.
Cada día van modelando un discurso, imágenes y acciones que apunta no sólo dominar la agenda política y social en esta coyuntura electoral, si no la de los próximos años. Ellos intentan iniciar un nuevo tiempo político, que tiene como destino conmover a la opinión pública y a la sociedad Argentina, para luego entrar en una etapa de desestabilización y de hacer retroceder los avances en la distribución de la riqueza impulsado por el gobierno nacional.
En efecto, esta es la disputa del poder que, ante su debilidad para enfrentar a CFK en la gran batalla política, social, económica, ideológica y cultural que tiene su punto mas alto el 23 de octubre en la elección presidencial, apela a movilizar conciencias opositoras. En la conducción política de esta operación de demolición de Cristina, se alinean el poder real, las corporaciones económicas exportadoras, los socios de la Asociación Empresaria Argentina, donde sobresale la multinacional Techint, y como nave insignia el multimedios Clarín.
El discurso dominante intenta instalar la idea de que el gobierno nacional está débil, para eso alimentan internas, una supuesta rebelión al interior de nuestras fuerzas por el armado electoral, fogonean el caso Schoklender –una desdichada estafa a la inocencia de las Madres-, las denuncias en el Inadi, el resultado electoral de Capital, nuestra supuesta derrota en Santa Fe, la exaltación de De La Sota como nuevo factor de poder en el PJ, y el intento de convertir la interna abierta del 14 de agosto en una especie de primera vuelta electoral, y allí lograr que CFK no llegue a los 40 puntos. Ese es el objetivo.
A esta estrategia política, electoral, institucional, y mediática se suma hacer aparecer el análisis de ADN de los hijos de Noble, como otra derrota del gobierno, y la predica constante denunciando corrupción, inseguridad, el Indec, la inflación, y la demonización de Moyano, Moreno, La Cámpora y ahora el ridículo, de acusar de facho a Fito Páez por ejercer su derecho a opinar como le parezca.
Sin duda que nosotros debemos darle una respuesta integral a esta estrategia del poder, y no entrar en sus provocaciones. La elección de Capital, su resultado, no fue lo esperado por nosotros ni tampoco por ellos. Nosotros esperábamos estar superando el umbral del 30 por ciento, y ante la opinión no de consultoras amigas u opositoras, si no en la evaluación que hacíamos de la gestión macrista, no esperábamos que en la Ciudad, que el actual Alcalde llegara a los 47 puntos.
Jamás pensamos que nuestro candidato estuviera a 6 puntos y menos que la elección fuera un galopito triunfal, incluso sabiendo de la fuerte recuperación de la imagen de CFK en este distrito. La ciudad voto a jefe de gobierno porteño, y seguramente muchos de los votos macristas o de Pino Solanas serán nuestros en la presidencial. El dato distintivo de esta elección fue el derrumbe de Alfonsín, cuya candidata del radicalismo, Silvana Giudice, apenas supero el 2%, ni hablar de Carrió, o del papelón que desde la fracasada interna abierta del Peronismo Federal viene realizando en continuado el duhaldismo con menos de 0,5 % .
Ciudad y autocrítica
Creemos que la elección de la Ciudad deberá ser analizada en profundidad, pero jamás echarle la culpa al pueblo de los representantes que elije, en todo caso buscar en ese pueblo las respuestas. Tampoco descalificar a quienes opinen que el electorado porteño, de esta ciudad puerto, metrópoli, proclamada culta y rica y autónoma, y muy desigual, tenga la capacidad de parir a hombres como De la Rua, que se deleitó con Menem, y ahora cobija a Macri.
El resultado electoral es hijo de un proceso político y no al revés. Habrá que hurgar en nuestras debilidades, y en el resultado de las denominadas gestiones progresistas anteriores a Macri, que también deben ser tenidas en cuenta a la hora de buscar respuestas; la magra elección de las tres vertientes que ya gobernaron la ciudad es un dato revelador.
El denominado progresismo demostró su debilidad, entonces habrá que repensar esa idea, y la forma de organizar una propuesta política para la Ciudad. En su concepción socio económico y cultural, hay segmentos de menos recursos en Capital y que se parecen en mucho a las barriadas del primer cordón del Gran Buenos Aires, donde conviven amplios sectores medios, pero también trabajadores, jubilados, pensionados.
Es necesario desplegar una nueva estrategia territorial, y capitalizar políticamente los derechos recuperados para los habitantes de esta ciudad. Las miles de jubilaciones, la atención de los afiliados del Pami, la Asignación Universal por Hijo, las pensiones no contributivas, teniendo en cuenta que sólo desde el Ministerio de Desarrollo Social y hacia la ciudad, el gobierno nacional entrego 35000 pensiones no contributivas, que benefician a discapacitados, madres con siete hijos, mayores sin cobertura.
Creo, tenemos el deber de organizar esa fuerza, y encontrar la forma de transmitirla a las y los porteños y atraerlo hacia nuestro lado, demostrando que la recuperación de los ingresos de los profesionales, comerciantes, de los salarios de los trabajadores, las obras de infraestructura, la educación, la previsión, y las políticas sociales y universales, no son mágicas ni divinas, son producto de una política de derechos y que las resolvió nuestro gobierno, no el gobierno de la Cuidad.
Esto necesita, no sólo adaptar discursos, hay que repensar la forma de construir en el territorio menos individualismo y acuerdos por arriba, disputas de protagonismos y de fotos en los diarios y mas debate, más democracia y unidad. Esto que analizamos, no es para repartir culpas, si no para darnos fuerzas hacia el ballotage, y para capear el golpe, y el impacto en términos políticos y en la relación de disputa con los factores de poder. Ataque sin fronteras éticas
Hablamos del poder que en su ofensiva condicionante, ha lanzado un verdadero terrorismo mediático sobre Madres de Plaza de Mayo, y en especial sobre Hebe de Bonafini en un intento de demoler nuestra política de derechos humanos, y golpear en la conciencia social del pueblo, la corrupción es el vehiculo por donde pretenden entrar, pero el fin ultimo, orada uno de los pilares centrales de nuestro proyecto: el fin de la impunidad.
La victimización, en el caso Noble Herrera, ante los resultados de ADN de Felipe y Marcela, y el intento de cierre judicial de la causa es otra parte de esa escalada para cerrar el círculo de impunidad. Lo que se pretende es instalar que acá no hubo terrorismo de Estado, no hubo robo de bebes, no hubo complicidad civil, que este es un gobierno revanchista y que hay que cerrar heridas. Es imponer la teoría de los dos demonios, teoría que vuelve en plena campaña electoral, y que es asumida por la mayoría opositora, en sintonía con las necesidades políticas del Grupo Clarín.
No se quedan ahí. Mas allá del debate sobre el rol de la agrupación La Cámpora en la supuesta preferencia que CFK tuvo hacia ellos en el armado de las listas, o en la gestión del gobierno, el ensañamiento y su demonización por parte de los escribas del poder, es parte de un ataque a los símbolos de esta nueva etapa, ya que los cuadros mas notorios de esa agrupación son hijos de compañeros desaparecidos. Y su protagonismo y militancia ponen en cuestionamiento a quienes fueron responsables o cómplices del genocidio, militares y civiles insertos en el poder.
Volviendo al principio, estos sectores, sumando a la estrategia de debilitamiento, se proponen mostrar derrotas aplastantes y humillantes para el oficialismo según su necesidad comunicacional. Ahora con el impulso del triunfo macrista en Capital, van por ampliar la ventaja de la primera vuelta electoral, hay que sacarle mas rédito a esa victoria, y definir el arco opositor que pelee el intento de condicionar a CFK, y tratar de llevarnos a segunda vuelta, en esto, las declaraciones de Alfonsín y Carrió lo confirman.
Escaladas mediáticas
La otra escalada, de este escenario, es que en Santa Fe, nuestro candidato Agustín Rossi pierda y no de cualquier manera, el objetivo que sume a esta campaña de debilitamiento nacional, es que en esa contienda llegue tercero, por eso levantan a Miguel Del Sel, el reutemismo juega en esa estrategia, pero mucho mas que una interna del PJ, el poder económico, instala el voto del campo contra Rossi, de paso, hace dos jugadas al mismo tiempo, debe perder Rossi para que pierda CFK. Esto, aducir al mismo tiempo que fue rechazado políticamente por ser uno de los abanderados de la defensa de la resolución 125, que nos enfrento a la corporación sojera exportadora. Entonces el mensaje es claro: el que enfrenta al poder pierde.
La elección de Córdoba es el otro punto de esta escalada, ahí hay que mostrar a De La Sota, como un ganador anti K, pero sobre todo hay que ubicar a la gobernación de Córdoba, como parte del nuevo diseño institucional, hacia agosto en las primarias, octubre, en la elección presidencial, y después del 10 de diciembre. De la Sota que fue durante su gestión anterior un menemista tardío, hoy tiene la posibilidad de repetir, y tiene más cosas en común con Macri que con CFK y nuestro proyecto. Un triunfo de él, lo mostraran como un triunfo opositor, el hombre que trajo a Cavallo al PJ, y a la política, y que viene por la revancha, de su fallida candidatura presidencial del 2003. Esto repetiría el triángulo Capital, Santa Fe y Córdoba. Nada nuevo. Ya pasó a Néstor y a Cristina, con alguna variable.
Lo que buscan: quebrar la unidad de las organizaciones sindicales con el gobierno
Como los grupos de poder están tirando “bombas racimo”, ya que el triunfo de CFK sería la profundización del modelo nacional y popular, la estrategia se extiende también al movimiento obrero. Es sabido que ya cuentan en sus filas con dirigentes importantes, los denominados gordos de la CGT, o sindicalismo empresario, el dúo Barrionuevo-Venegas, que reporta a Duhalde y Roberti, de petroleros privados asociados con de Narváez y candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires en la boleta de Alfonsín.
La confrontación abierta contra Hugo Moyano de hace un par de meses, donde acusado casi de demonio, le agregan a la campaña de intrigas y sospechas, de ponerle la infamante calumnia de que el gobierno nacional va por su sillón de Azopardo, y que también desde la oscuridad, el gobierno es responsable de campañas judiciales y mediáticas en su contra Esto con el objetivo de generar la fractura entre el gobierno y la CGT.
Cualquier excusa los lleva, desde el enojo por la falta de dirigentes sindicales en las listas del Frente para la Victoria, la inflación, el mínimo no imponible, las obras sociales, o un incierto recelo de la juventud sindical con los jóvenes de La Cámpora. Y ahí vemos con claridad es que para el poder económico, es fundamental romper esa alianza que a sido clave en la construcción de este modelo. La insistencia de los multimedios del poder del malestar sindical con CFK, esconde el deseo de darle rienda suelta al conflicto social y crear clima de paro nacional, y de enfrentamiento entre sectores que necesariamente debemos estar unidos.
También jugaron su estrategia en la CTA, al promocionado espacio democrático de Pablo Micheli que “le gano en elecciones al kirchnerista” Hugo Yasky. Elecciones no tan democráticas, ya que terminó en un papelón ridículo del que es difícil volver, ya que la justicia demostró que Micheli se proclamo ganador con fraude escalonado en varias provincias.
Los escribas del poder mediático pusieron en primera plana el triunfo de Micheli -logrado insistimos a través del fraude-, al punto que en las editoriales del diario La Nación se ponía como ejemplo a esos dirigentes democráticos. Igualmente al poder la jugada le salió bien, por que uso un conflicto para golpear al gobierno, y al mismo tiempo debilitó una organización que les regala titulares en sus diario y que, paradójicamente, no le reconocen los propios delegados que elijen dentro de los multimedios. La CTA, duramente golpeada por este hecho aberrante de alterar la voluntad de los trabajadores, tiene ahora la posibilidad de reconstruirse, ante el nuevo fallo de la justicia.
Lo que vendrá y nuestra respuesta: unidad popular
El desarrollo de esta primera etapa de la campaña de desestabilización y cambio continuará el 14 de agosto donde planifican convertir a la elección primaria en una primera vuelta electoral y el desafío opositor que CFK llegue con menos del 40% de los votos a ser candidata a presidenta .
Todo el armado de este escenario los construyen los hombres del poder real, las corporaciones económicas y su cadena de medios de comunicación privada, y en ese juego, se ha prendido todo el arco opositor, sin excepción. Lo que está claro: necesitan el control del aparato del Estado, con un gobierno que promueva sus intereses; devaluación de la moneda, rebaja a las retenciones de la soja, congelamiento salarial, achicamiento del gasto público, derogación de la Ley de Medios, el fin de los juicios de lesa humanidad, y de esta manera, frenar la investigación de la complicidad civil, y sus negociados con la dictadura, y volver a restituir los acuerdo de libre mercado priorizando las relaciones con Estados Unidos. Y esto es lo que pretenden, definir la elección presidencial y, si no ganan octubre, el objetivo es condicionar a CFK para su segundo mandato.
Por todas estas razones expuestas, nosotros, tenemos que cerrar filas con Cristina, y construir un fuerte espacio de unidad popular, captar sectores de pequeños y medianos productores, llegar a las capas medias que se benefician con el modelo y de esta manera, defender el proyecto y profundizarlo ¡ya! No esperar a octubre. Por eso decimos, la respuesta es hoy. Hoy hay que tomar medidas para responder a esta estrategia del poder. De nosotros depende que futuro vendrá.
Charla en Pergamimo: participación ciudadana

Se abordó la implementación de la herramienta del Presupuesto Participativo a cargo del Prof. Marcelo Pavka. Fue en el marco de las propuestas de la Lista 5 del FpV, que lleva a Raúl Scaglia como intendente y en la cual el referente de "Dirigencia Joven", Lisandro Mogliati va como concejal en segundo término
El viernes a la noche en el local de la Agrupación "Scaglia Intendente" y en el marco de las propuestas de gestión de gobierno municipal de la lista que impulsa la pre-candidatura de Raúl Scaglia, a Intendente por el Frente para la Victoria, la agrupación “Dirigencia Joven” que conduce el Lic. Lisandro Mogliati, candidato a concejal en la lista junto a la Dra. Romina Giempieri que integra la nómina en el sexto lugar, coordinó una charla debate sobre “Municipalismo y Participación Ciudadana: Un Modelo de Presupuesto Participativo”, con la presencia del Profesor Marcelo Pavka, Director Ejecutivo de la Agencia de Gestión y Modernización del Estado del Municipio de La Costa e integrante de la Agrupación “Causa Popular” de la provincia de Buenos Aires.
La charla que fue seguida con atención y una activa participación del importante auditorio que se hizo presente, se basó en la experiencia que desarrolló Pavka como responsable del Área de Presupuesto Participativo en el Partido de La Costa, abordando también otras cuestiones vinculadas con la participación ciudadana, desarrollo local y planeamiento estratégico municipal.
La iniciativa de la charla, estuvo destinada a los diferentes actores políticos e institucionales, de entidades intermedias, ONG´s, etc y buscó analizar a partir de la práctica y una experiencia concreta de la tarea desarrollada en ese municipio, herramientas de gestión pública que promuevan la participación popular
De la jornada participaron, entre otros, además de los candidatos a concejales y consejeros escolares de la lista de Raúl Scaglia, el Senador Provincial Carlos Ferreyra; el Ing. Carlos Cúneo, pre-candidato a intendente municipal en la vecina ciudad de Colón; Leonardo Mazzucchelli, Director de la Producción de la Municipalidad de Rojas, referentes políticos, empresarios, referentes de asociaciones civiles y entidades intermedias y comisiones de fomento barriales.
La experiencia hace foco en los distintos modelos de implementación del Presupuesto Participativo, donde los vecinos son quienes deciden en que y como se invierten los recursos en su barrio y o localidad.
Esta charla fue uno de los aportes que la Agrupación “Causa Popular” de la provincia de Buenos Aires está haciendo a lo largo de toda la provincia, buscando establecer programas y buenas prácticas en gestión municipal, que se puedan replicar en otros municipios, instalando en este caso, en la agenda pública de gestión municipal de la candidatura de Raúl Scaglia como Intendente, la alternativa de implementar el Presupuesto Participativo como herramienta.
Se llevó a cabo la charla debate: Efectos políticos de la reforma al sistema electoral.
El viernes 8 de julio, se llevó a cabo en Mar de Ajó, la charla debate, a cargo del Lic. Pablo Ava, organizada por Causa Popular la Costa.
Ante un nutrido auditorio, formado por vecinos, militantes del justicialismo, miembros de Instituciones, Sindicatos y Partidos Políticos de todo el distrito, Pablo Ava, abogado y Lic. en Ciencia Políticas, recorrió todos los aspectos de la nueva ley Electoral Nacional, desde los antecedentes estadísticos, los objetivos, cuál fue la propuesta del Estado nacional, los requerimientos de la oposición, las propuestas den el Congreso, los ejes del debate, etc.
Hizo un pormenorizado análisis de los capítulos de la ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral (N° 26571):
A. Reforma a la Ley de Partidos Políticos (23298)
B. Sistema PASO (Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias)
C. Ley de Financiamiento de las campañas electorales (26215)
D. Modernización del Código Electoral
Promediando la charla, se dio un interesante intercambio de opiniones entre los asistentes, y el expositor, fue canalizando, una a una, las dudas de los mismos.
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