25 de mayo de 1810. Galasso vs. Feinmann

“Sorprende que Feinmann adjudique el antinacionalismo a Moreno y San Martín”, dice Galasso. Por Norberto Galasso

El artículo se titula Cómo se conquistó el pacto neocolonial (18/04/2010, Página 12) y sorprende que José Pablo Feinmann no mencione a Bartolomé Mitre (trazado de ferrocarriles ingleses en abanico hacia el puerto, empréstitos e instalación de bancos ingleses) y en cambio, le adjudique ese protagonismo antinacional a la Revolución de Mayo, a Mariano Moreno y al General San Martín. Por eso, paso a reseñar lo fundamental del artículo donde encuentro graves errores.

Feinmann reproduce una cita de Mariátegui fundando así su tesis descalificatoria de la Revolución de Mayo: “Los ingleses habían financiado la fundación de las nuevas repúblicas”. Pero esa cita es aplicable a 1824 y no a 1810. Proviene del libro El congreso de Verona, del vizconde de Chateaubriand, quien sostiene: “De 1822 a 1826, diez empréstitos han sido hechos en Inglaterra en nombre de las colonias españolas”. Chateaubriand explica el objetivo colonialista de esos 10 empréstitos, por un total de 20.078.000 de libras y después de demostrar que fueron una estafa –Inglaterra quedó como acreedora por 35.745.000 libras– concluye: “Las colonias españolas se volvieron una especie de colonia inglesa”. Esto se produce entre 1822 y 1826 y se corresponde con la política de la burguesía comercial portuaria expresada por Rivadavia en el período que Vicente López y Planes llama “de la contrarrevolución”, respecto al período de Mayo (1810-1821) que fue, según señala, el de “la revolución”, cuando se hablaba “de patriotismo” mientras que en la época rivadaviana “se proclamó el principio de habilidad o riqueza” (Carta a San Martín del 4/1/1830). Con esos empréstitos quedaron encadenados al Imperio varios países latinoamericanos –fue el inicio, con Baring Brothers, de nuestra deuda externa– y no existe relación alguna con la Revolución de Mayo. Scalabrini Ortiz enseñó, en Las dos rutas de Mayo, que la de Moreno (nacional y revolucionaria) era antagónica a la de Rivadavia (colonialista). Puede sostenerse que en 1824 nace ese pacto semicolonial que consolida luego Mitre a partir de 1862.
Como al pasar, Feinmann sostiene que “hay quienes afirman que la revolución de Mayo, a diferencia de la otras de América, tomó el espíritu de las Juntas españolas que luchaban contra la España absolutista” y agrega: “Corrijamos esto: no se puede comparar a las Juntas Populares de la España rebelde, popular y antibonapartista con la mera individual Junta de Mayo [...], junta de mayo que nunca fue popular ni tenía cómo serlo”. En primer término, no hay diferencia entre la revolución de Mayo y “las otras de América”, pues en todos los movimientos entre 1809 y 1810, se forman Juntas Populares, como en España, para desplazar a los virreyes, y en todas ellas se jura por Fernando VII, lo que prueba que no tenían inicialmente un propósito separatista y que al igual que las juntas españolas, confiaban en Fernando VII como el posible modernizador de España. Esa revolución española declara que las tierras de América no son colonias, sino provincias, y propicia la formación de Juntas, cuyo contenido inicial es democrático, no independentista y se tornan separatistas a partir de 1814 cuando la revolución española es derrotada por el absolutismo (hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires). En segundo lugar, es correcto que nos faltó una burguesía nacional unificadora, capaz de consolidar la revolución hispanoamericana. Ni Moreno ni Bolívar ni San Martín tuvieron burguesía nacional en que apoyarse o cuando la había, era muy débil y estaba mentalmente colonizada, como le ocurrió después a Perón en la Argentina. Pero también faltó –o fue muy débil– la española, y por eso volvió el absolutismo a España en 1814. Sin embargo, Moreno sostenía la necesidad del rol del Estado que podría reemplazarla como se ha planteado un siglo y medio más tarde en varios países del tercer mundo (por eso, Moreno, al igual que San Martín, gesta fábricas estatales de armas y de pólvora).

Otro error consiste en afirmar que “la Junta de Mayo nunca fue popular ni tenía como serlo [...] que sus compañeros (los de Moreno) eran básicamente dos”. Por el contrario, eran sectores populares dirigidos por los chisperos o manolos de la Revolución como French, Beruti, Donado, Arzac, Orma, Dupuy, Cardozo, Planes y muchos otros que movieron mil personas en la plaza (el 2% al 2,5% de Buenos Aires; en valores actuales sería una concentración de 80.000 a 100.000 personas). Los enemigos del pueblo tenían en claro lo que era el morenismo: Arroyo y Pinedo lo aborrecía porque “Moreno sostiene que ya todos somos iguales, máxima que así vertida en la generalidad ha causado tantos males” y agregaba: “En estas circunstancias en que el susodicho Moreno se había arrastrado a la multitud”.

El morenismo se continúa después de 1810 con Monteagudo y San Martín. Son los continuadores de Moreno, después de su muerte y tanto es así que la Asamblea del año XIII adopta importantísimas medidas democráticas y antiabsolutistas, iguales a las que aplica San Martín cuando es Protector del Perú: principios fundamentales como la destrucción de los instrumentos de tortura, la abolición de títulos y escudos nobiliarios, la abolición de los tributos que pesaban sobre los indios y la libertad de vientres, entre otras. La confrontación de clases y de proyectos es evidente en esa época. Que la izquierda abstracta pregone que son luchas interburguesas pues ninguno aspiraba al socialismo y, por tanto, despreciables, resulta coherente con su desvinculación con la clase obrera real, pero que lo haga un filósofo de la talla de Feinmann, es lamentable y peligroso.

Asimismo, sorprende que Feinmann no acuse a Mitre del pacto semicolonial y en cambio defenestre a Moreno y, al mismo tiempo, descalifique a Lenin y niegue el protagonismo popular –justamente cuando se multiplican hoy las concentraciones populares– para luego caer en la versión de Sejean de que San Martín fue sobornado en Londres en 1811, y no le interesaba la unión latinoamericana –justamente hoy cuando avanzamos hacia ella con la Unasur y otras expresiones de la Patria Grande–.

Advierto en el artículo de Feinmann algunos otros errores. Por ejemplo, sostener que los terratenientes deseaban exportar trigo en 1810, cuando ello sólo empezó a manifestarse siete décadas después, desacierto que proviene seguramente de las urgencias periodísticas. Pero no puedo dejar de criticar el final donde afirma: “Acaso en Guayaquil –si Bolívar le confió sus sueños sobre la gran nación bolivariana– le dijo no, lo que yo vine a hacer a este continente ya está hecho. Y se fue”. Con esta suposición sugiere (previamente señala dos veces que vino en una fragata inglesa) que San Martín, al igual que los revolucionarios de Mayo, es también responsable del pacto semicolonial, dando aliento así a la tesis de Sejean de que San Martín era un agente inglés. En este aspecto existen proclamas, cartas y en especial el tratado “Pacto de unión, liga y confederación perpetua”, firmado el 6/7/1822, entre Monteagudo, en representación de San Martín, y Mosquera, en representación de Bolívar, por una “asociación para formar una nación de repúblicas”. Este tratado aparece en los textos como entre Perú y Colombia, pero Perú incluía el territorio que luego fue Bolivia y tenía el apoyo de Chile (O’Higgins) y Colombia se integraba con Venezuela, Ecuador, Colombia y Panamá, que formaba parte de esta última, y en él se comprometen los firmantes a “interponer buenos oficios con los gobiernos de los demás estados de la América antes española para entrar en este pacto”. Por supuesto, el probritánico Rivadavia no apoya esta política. 51

El proceso de reindustrialización


Por Juan Santiago Fraschina

Cuando se analiza la lógica y características de un modelo económico para entender su composición estructural es fundamental comprender hacia dónde se dirige el excedente económico generado en esa economía.

Por ejemplo, los fisiócratas, que fueron una escuela económica francesa que existió desde mediados del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII, introdujeron el concepto de producto neto, que era la diferencia entre el valor de la producción final y el valor de la inversión inicial. Es decir, elproducto neto es el concepto de excedente generado por una economía.

Según esta escuela francesa, la única actividad capaz de generar producto neto, esto es, excedente, era la agricultura. Por lo tanto, si Francia quería convertirse en un país más rico tenía que lograr que todo el excedente producido por la economía francesa debía volcarse a la agricultura.

Con este objetivo los fisiócratas recomendaban el liberalismo económico como política de crecimiento, debido a que si se dejaba funcionar libremente al mercado la riqueza de Francia iría en forma automática al sector agrario, lo cual provocaría un incremento de la inversión agraria y de esta forma un aumento del producto neto, permitiendo que Francia sea un país más desarrollado.

Fueron Adam Smith y David Ricardo los primeros economistas en darse cuenta de que, para lograr un crecimiento sostenido de la economía, el excedente tenía que ser volcado hacia el sector industrial.
Por ejemplo, David Ricardo se enfrentó drásticamente al sostenimiento de la ley de granos que existía en Inglaterra debido a que protegía la importación de productos agropecuarios, protegiendo de esta manera el negocio de los terratenientes. Por lo tanto, según el economista, si la ley de granos continuaba, el excedente de Inglaterra se destinaría en gran parte al sector agrario obstaculizando el proceso de industrialización de la economía británica.

En cambio, con la eliminación de la ley de granos se permitiría la importación de productos agropecuarios a un precio más barato, lo cual lograría reducir los costos industriales provocando de esta manera que el excedente de Inglaterra se volcara en forma masiva al sector manufacturero. En 1846 se eliminó la ley de granos e Inglaterra se transformó definitivamente en la potencia industrial a nivel mundial.

En la actualidad, algunos economistas comenzaron a diferenciar entre el concepto de crecimiento y desarrollo. Según estos economistas, crecimiento es el aumento del producto bruto interno y desarrollo económico incluye al crecimiento económico más una justa distribución del ingreso y un cambio sustancial en la estructura económica.

En efecto: para que exista desarrollo tiene que verificarse por un lado un proceso de distribución del ingreso. Pero también, según estos economistas, para que se experimente un desarrollo debe producirse un importante cambio en su estructura económica. En otras palabras, el desarrollo significa pasar de una economía agraria a una economía industrial.

Por lo tanto, según estos autores, el proceso de industrialización es un cambio estructural necesario para transitar el camino del desarrollo económico. De esta forma, un cambio estructural requiere que la mayor parte del excedente de la economía se vuelque al sector manufacturero.

Ahora bien: el destino del excedente económico depende fundamentalmente del diseño macroeconómico y de las políticas sectoriales aplicadas por el Gobierno nacional que determinan las rentabilidades relativas de las distintas actividades económicas y por lo tanto de la tasa de ganancia de los diferentes sectores. En este sentido, la economía argentina experimentó distintos modelos económicos a lo largo de su historia según las políticas económicas aplicadas.

El modelo agroexportador (1880-1930) implicaba la exportación de productos agrarios-ganaderos a los países centrales, principalmente Gran Bretaña, y la importación de productos manufactureros desde los países desarrollados. En este modelo, basado en el liberalismo económico, el excedente de la economía argentina se volcaba masivamente al sector agrario siendo el obstáculo central a la ausencia del proceso de industrialización.

En efecto: la falta de aranceles a las importaciones de productos industriales sumada a la necesidad creciente de alimentos y materias primas por parte de los países centrales implicó una mayor tasa de ganancia del sector agrario que del industrial. El resultado fue que la mayor parte de la inversión, y por lo tanto del excedente económico, estuviera en el sector agrario-ganadero.

A partir de 1930, y como consecuencia de la Gran Depresión que generó el aumento del proteccionismo de los países centrales provocando una fuerte reducción de las exportaciones de productos primarios y por lo tanto, ante la falta de divisas, una caída del poder de compra de la economía argentina se produjo el agotamiento y caída del modelo agroexportador.

A partir específicamente del Plan Pinedo en 1932 se inició un nuevo modelo de desarrollo denominado industrialización por sustitución de importaciones que se extendió, más allá de sus diferencias, hasta 1976.

La industrialización sustitutiva sustentada en un mayor intervencionismo estatal se tradujo en un proceso de industrialización de la economía argentina, generando que la mayor parte del excedente de nuestra economía se invirtiera en el sector manufacturero argentino.

El nuevo diseño macroeconómico y las políticas económicas permitieron que la tasa de rentabilidad del sector manufacturero fuera mayor que las actividades primarias. De esta forma, el modelo de industrialización por sustitución de importaciones implicó un traslado de recursos desde el sector primario al sector secundario permitiendo el crecimiento del aparato industrial en la economía nacional.

Sin embargo, a partir de la dictadura militar de 1976 con la implementación de las políticas neoliberales y sobre todo con la reforma financiera introducida por Martínez de Hoz en 1977, la economía argentina comenzó a experimentar un modelo de valorización financiera, donde la mayor parte del excedente de la economía se destinaba al sector especulativo-financiero y donde la renta financiera era el centro de la economía nacional.

En efecto: a partir del nuevo diseño macroeconómico el sector financiero se transformó en el ordenador de la economía argentina. Este modelo rentístico-financiero fue legitimado por Alfonsín y profundizado por Menem y De la Rúa con el régimen de convertibilidad.

Las consecuencias del modelo de valorización financiera fue no sólo el aumento de la deuda externa y la fuga de capitales sino además un fuerte proceso de desindustrialización con el consiguiente incremento de la desocupación, de la pobreza y de la indigencia.

En contraposición, a partir del nuevo modelo de desarrollo instaurado en el 2003 con la presidencia de Néstor Kirchner el sector industrial se transformó nuevamente en el centro de la economía argentina, siendo la actividad manufacturera uno de los sectores que más creció durante el modelo kirchnerista.
El tipo de cambio competitivo, el crecimiento del mercado interno como resultado de la generación de puestos de trabajo, el aumento del salario de los trabajadores a partir del retorno de las paritarias, el incremento de las jubilaciones y el aumento del gasto público sumado a ciertas políticas particulares de subsidios e incentivos permitieron que el excedente nuevamente volviera al sector industrial al aumentar la rentabilidad del sector manufacturero.

La instauración del modelo de valorización productiva, reemplazando a la valorización financiera, y que se tradujo en un proceso de reindustrialización y reducción del desempleo y la pobreza fue el primer y más profundo cambio estructural del gobierno de Kirchner.

La industria genera, entre otras cosas, dos ventajas para cualquier economía. En primer lugar, permite la mayor generación de puestos de trabajo al implicar un mayor valor agregado. Por otro lado, la mayor parte de los avances tecnológicos se encuentra en el sector industrial. Por lo tanto, para conseguir reducir el desempleo y aspirar a ser un país tecnológicamente avanzado se debe lograr mejorar la rentabilidad relativa de la industria para mejorar el retorno de la inversión industrial y tender de esta manera a consolidar el proceso de reindustrialización.

Sin embargo, fundamentalmente a partir del lockout patronal de las entidades agrarias debido a la resolución 125 que fijaba las retenciones móviles de la soja se inició en la Argentina una fuerte disputa político-económica sobre el destino del excedente generado por la economía argentina.

En efecto: para las entidades agrarias la mayor parte del excedente, al igual que para los fisiócratas, debe destinarse al sector primario. Su objetivo central es retornar a la lógica del modelo agroexportador donde nuevamente la actividad fundamental sea la exportación de productos primarios a las economías centrales.

Sin embargo, este modelo económico es sumamente excluyente debido a que la actividad primaria no absorbe gran cantidad de mano de obra. Por lo cual, si la economía argentina, como quieren los grandes terratenientes, se especializa en la producción y exportación de bienes primarios se traduciría en un fuerte incremento de la desocupación y el consiguiente aumento de la pobreza y la indigencia.
De esta forma, se plantea una disputa enteramente política pero con fuertes consecuencias económicas. O profundizamos el proceso de reindustrialización y el desarrollo económico o generamos que el excedente económico vuelva al sector agrario-ganadero reprimarizando la economía nacional y retrocediendo en el grado de desarrollo nacional.

* Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP); www.geenap.com.ar

Con(tra) Busch estábamos mejor

Por Raúl Isman

El año 2010- aceptado e institucionalizado en toda nuestra América como el del bicentenario- impone la necesidad de debatir no sólo los temas históricos; si no también los políticos, culturales, comunicacionales, estratégicos, ecológicos y toda cuestión que resultare vital para construir en esta parte del mundo un modus vivendi digno para todos los pueblos que lo habitan.
La llegada al poder en los E.E.U.U. hace algo más de un año de un presidente progresista y casi negro, Barack Hussein Obama, alteró para peor las relaciones del imperio con los países empeñados en hacer realidad la segunda (y esperemos que definitiva) independencia de esta América Criolla. Durante las dos presidencias del arbusto (Busch) el empeño puesto en saquear el petróleo iraquí y en estimular el narcotráfico que se irradia desde Afganistán- entre otros afanes- le presionó para descuidar relativamente esta parte del universo. Por lo esa hendija se coló la acción disolvente para la dominación norteamericana emprendida por los pueblos. Cuando Obama anunció un cambio, debió decir que la transformación se verificaría en los modos de prepotencia imperial en nuestra América. El mejor ejemplo fue el golpe en Honduras, en el cual la administración demócrata actuó al modo de la “viveza criolla argentina” poniendo cara tonta de yo no fui, mientras cierta plana estable del Departamento de Estado y la totalidad del Pentágono financiaban, apoyaban y se regodeaban con la dictadura de nuevo tipo. Para que quede más que claro, los gobiernos más pro-imperialistas de esta parte del mundo se apresuraron a reconocer al gobierno espurio presidido por Porfirio Lobo, hijo dilecto de la asonada golpista del 28 de junio de 2009. Ningún funcionario del Servicio Exterior de los E.E.U.U. reclama por la seguridad jurídica del pueblo hondureño violada cotidianamente por bandas (para)policiales y (para) militares. Así como las promesas de cerrar el campo de concentración de Guantánamo quedo pospuesta para el siglo XXV y la desclasificación de documentos oficiales norteamericanos, en los cuales surge claramente el papel criminal de Henry Kissinger, no da como resultado procesamiento alguno.
En rigor, a la conducción imperialista no le falta coherencia. Jamás critica a gobernantes neoliberales que hambrean y reprimen a sus pueblos, a los fraudulentos (Calderón) que entregan la soberanía de la cual deberían ser férreos custodios, a las empresas que saquean nuestras riquezas o a los bancos que fugan nuestros ahorros. Sus dardos se dirigen invariablemente contra Evo Morales o el comandante Chávez, (nada casualmente) los verdaderos conductores estratégicos de esta lucha bicentenaria por nuestra dignidad: cuyo horizonte ha sido llamado por ellos mismos socialismo del siglo XXI. Contra Busch o contra Obama debemos sacar conclusiones del modo de actuar imperial,. Así como ellos se cuidan y protegen, en nuestro espacio no puede admitirse debilitar ningún movimiento, partido, gobierno o líder que luche por el proyecto independentista. Ser el ala izquierda de3l imperio es el papel más nefasto que pudiere desempeñar una fuerza contestataria.

Kissinger lo hizo


Por J. Patrice McSherry *


Un documento del Departamento de Estado recientemente descubierto demuestra que Henry Kissinger, secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional del presidente Gerald Ford en 1976, dio por terminada una iniciativa que el Departamento de Estado se proponía llevar a cabo para hacer la prevención a los Estados miembros de la red Cóndor de que no realizaran asesinatos en sus operaciones contrainsurgentes encubiertas. Poco tiempo después de que Kissinger (foto) suspendiera la iniciativa, fueron asesinados en Washington DC, mediante un coche bomba, el ex ministro Orlando Letelier de Chile y Ronni Moffitt, su colega estadounidense.

La nueva evidencia sobre el papel directo de Kissinger para detener la iniciativa de prevención ha provocado algún interés en los medios de comunicación estadounidenses. La mayoría de los artículos de prensa, sin embargo, ha subestimado el involucramiento de Kissinger en la Operación Cóndor y la profundidad de su conocimiento previo de la alianza represiva que ésta constituía. Además, los artículos de prensa han carecido de un sentido de contexto histórico, principalmente acerca de la estrategia de contrainsurgencia hemisférica de Wa-shington en función de la Guerra Fría y la formación de una alianza continental antisubversiva que se originó a finales de los años ’50.

Varios relatos en los medios de comunicación estadounidenses dieron la información de que Kissinger y la CIA se habían enterado de Cóndor en 1976. Existe evidencia documental, no obstante, de que Kissinger tenía suficiente conocimiento del prototipo de Cóndor, si bien todavía sin nombre, a finales de 1973 o principios de 1974. Por ejemplo, el Washington Post dio la información, en 1979, de que en 1974 la CIA había informado a Kissinger que la DINA, la central de inteligencia chilena tipo Gestapo que fue miembro clave del sistema Cóndor en formación, y sus aliados latinoamericanos buscaban establecer un centro de operaciones encubiertas en Miami, con el objetivo de vincularse con la comunidad anticomunista cubana en el exilio. Algunos funcionarios del Departamento de Estado propusieron al entonces secretario de Estado Kissinger que los Estados Unidos enviaran una protesta formal y directa a los gobiernos involucrados. Sin embargo, Kissinger rechazó esa opción. En vez de hacerlo, la CIA envió un mensaje secreto a la DINA, mediante los canales de inteligencia, en el cual, si bien desaprobaba la idea, no tomaba ninguna acción adicional para disuadir acerca de la continuación del sistema Cóndor en desarrollo.

Aun más, la CIA desempeñó un papel clave en la formación del Cóndor, mediante el suministro de fondos, conexiones y conocimientos técnicos a la DINA y a los cuerpos de inteligencia de los países vecinos que constituyeron el núcleo del Cóndor. Las fuerzas estadounidenses contaron con amplia información de algunas operaciones clave del Cóndor antes del mes de agosto de 1976 y personal estadounidense colaboró con algunas de ellas, como en el caso ocurrido en 1975 del secuestro del chileno Jorge Isaac Fuentes Alarcón en el Paraguay y su tortura y “entrega”, es decir, su traslado secreto a su país de origen, en donde desapareció finalmente.

Un informe de la CIA de septiembre de 2000, elaborado por mandato del Congreso, proporcionó la confirmación del funcionamiento del sistema transnacional Cóndor antes de su reunión oficial de constitución en 1975. El informe de la CIA declaraba: “Dentro del primer año transcurrido después del golpe (es decir, entre septiembre de 1973, fecha del golpe en Chile, y agosto de 1974), la CIA y otros organismos del gobierno de los Estados Unidos sabían de la cooperación bilateral entre los servicios de inteligencia de la región para dar seguimiento a las actividades de opositores políticos y, al menos en algunos casos, matarlos. Este esquema fue el precursor de la Operación Cóndor, un mecanismo para compartir inteligencia entre Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay que se estableció en 1975”. En este informe, la CIA también reveló que Manuel Contreras, quien se autodenominaba Cóndor Uno, había sido un “recurso” de la CIA entre 1974 y 1977.

De hecho, unidades de Cóndor funcionaban desde la más importante base militar estadounidense en Panamá, en donde se les dio acceso al sistema de telecomunicaciones continental ahí instalado. Un general paraguayo mencionó en 1978 al entonces embajador Robert White que agentes de Cóndor habían estado utilizando en dicha base “un sistema cifrado dentro de la red de telecomunicaciones de los Estados Unidos”, que cubría a toda América latina, para “coordinar información de inteligencia”.

La iniciativa de prevención original, de agosto de 1976, firmada por Kissinger el 23 de ese mes, iba dirigida a los embajadores estadounidenses en seis Estados de Cóndor: Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Brasil y Paraguay. El memorando instruía a los embajadores que hicieran hincapié de parte del gobierno de los Estados Unidos en el “reconocimiento de las reales preocupaciones y amenazas a la seguridad de los gobiernos anfitriones”, así como trasladar la comprensión de los Estados Unidos de que era “útil” la coordinación oficial de inteligencia y acciones antisubversivas. El memorando declaraba, no obstante, que los planes de asesinato tenían “las más graves consecuencias”.

En Uruguay, el embajador estadounidense Ernest Siracusa se resistió a entregar la prevención, con el argumento de que su vida estaría amenazada si, como se le instruía, llevaba el asunto de los asesinatos de Cóndor al general Julio Vadora y al ministro de Relaciones Exteriores Juan Carlos Blanco. El subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Harry Shlaudeman, comunicó las reservas de Siracusa a Kissinger y agregó que la CIA dudaba de que Siracusa estaría en peligro; por su parte, propuso varios cursos de acción. Fue ante este cable que Kissinger respondió, indicándole a Shlaudeman que “no tomaran más acciones” con respecto a la iniciativa de prevención a los comandantes de Cóndor.

No fue ésta la primera vez que Kissinger se negara a condenar a los Estados de Cóndor por sus sangrientas campañas antisubversivas. Al contrario, en el período en que miles de simpatizantes de Allende eran torturados y asesinados en Chile, Kissinger se encontró personalmente con Pinochet en junio de 1976 y le dijo: “Como Ud. sabe, tenemos simpatía en los Estados Unidos con lo que está tratando de hacer aquí. Pienso que el gobierno anterior iba en dirección al comunismo. Deseamos lo mejor para su gobierno... No estamos acá para debilitar su posición”. También dio Kissinger luz verde a la junta argentina en junio de 1976. Robert Hill, embajador de los Estados Unidos en Buenos Aires, reveló en 1987 que Kissinger había dado luz verde, de manera específica, a la represión desatada por los generales argentinos.

Esa acusación fue confirmada con base en documentos desclasificados que fueron liberados en 2003 y 2004. Con fecha 10 de junio de 1976, Kissinger se había reunido con el almirante argentino César Guzzetti, el ministro de Relaciones Exteriores de la junta, y le había manifestado que “queremos que tengan éxito”. Posteriormente, Guzzetti dijo al embajador Hill que Kissinger había “entendido” la situación de la junta y había ofrecido el apoyo de los Estados Unidos. A los argentinos que participaron en la Asamblea General de la OEA les preocupaba que los Estados Unidos pudieran criticar la guerra sucia de la junta, especialmente en virtud de que los exiliados prominentes Michelini, Gutiérrez Ruiz y Torres habían sido asesinados en Buenos Aires en las semanas previas y que ocurrían a diario múltiples “desapariciones” y muertes. No obstante, Kissinger no puso énfasis en la represión estatal y las violaciones de los derechos humanos en Argentina, sino, más bien, en la importancia de eliminar rápidamente la “subversión”. De ahí en adelante, Guzzetti rechazó de plano las protestas de la embajada estadounidense en relación con las desapariciones y masacres en Argentina, destacando que funcionarios de la rama ejecutiva en Washington habían sancionado las políticas de la junta. Tales mensajes emitidos por funcionarios estadounidenses del más alto nivel dejaban en claro el apoyo de los Estados Unidos a los regímenes de Cóndor para la destrucción de la democracia y la cruel represión en nombre del anticomunismo.

Kissinger, importante personaje en la formulación de las políticas de los Estados Unidos en los años ’70, tenía la determinación de impedir y revertir los movimientos izquierdistas y revolucionarios en América latina. Jugó un papel esencial para sabotear a Salvador Allende en Chile y, personalmente, estuvo involucrado en la aprobación y conducción de operaciones encubiertas. Kissinger sigue ejerciendo poder en Wa-shington, pese al hecho de que fue requerido para ser interrogado sobre la Operación Cóndor en varios países. Si bien es cierto que se sabe mucho ya en América latina y el mundo sobre su papel durante la Guerra Fría, es indudable que hay mucho que está todavía oculto, así como que la población de los Estados Unidos, en general, sigue estando poco informada sobre el mismo.

* Profesora de Ciencias Políticas en la Long Island University, de Nueva York, autora de Los Estados Depredadores: La Operación Cóndor y la Guerra Encubierta en América Latina.

El FGS

Por Alfredo Zaiat

El equivalente al 10 por ciento del Producto Interno Bruto es el dinero que maneja el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) del sistema previsional. Unos 147 mil millones de pesos estaban integrados en esa cartera de inversiones a fines de marzo. De ese total, alrededor de 10 mil millones se destinaron a proyectos productivos, lo que representa el 6,8 por ciento de ese fondo. En el último año hubo un incremento sustancial de ese rubro, al expandirse en 255 por ciento respecto del stock existente. Se financiaron iniciativas de la Central Atucha II, de Aysa, Enarsa, obras públicas, infraestructura hídrica y del sistema vial. A nivel sectorial se destaca el incentivo otorgado a ocho terminales de la industria automotriz por un monto global de 447,5 millones de pesos. Desde el cambio de régimen, que enterró el negocio especulativo de las AFJP con el aporte mensual de los trabajadores, el FGS registró una suba nominal del 50 por ciento, alza motorizada por la revalorización de las cotizaciones de los bonos. La estructura de la canasta de inversión sigue dominada por títulos públicos (62 por ciento), luego se ubican acciones y bonos privados (12 por ciento) y depósitos en plazos fijos (8 por ciento). El resto se distribuye en otras colocaciones, como la mencionada de proyectos productivos.

Este balance resumido del recorrido del FGS expone la relevancia de la transformación estructural del sistema de seguridad social. En el espacio de la batalla política mediática, cuyo eje rector es el síndrome luz roja de las cámaras de televisión, queda oculta del debate público la recuperación a manos del Estado del régimen previsional, que constituye una mejora fundamental para los trabajadores, activos y pasivos. El sistema previsional ha registrado varias modificaciones en su estructura institucional en los últimos quince años y, por lo tanto, en las normativas, en las áreas de control y en su funcionamiento. Por ese motivo es un interesante desafío la tarea de comprensión de la presente etapa, puesto que requiere consolidar su legitimidad social para exorcizar los fantasmas de las AFJP y de la lógica de mercado en el área de la seguridad social.

Analistas y políticos de vertientes ideológicas diversas colaboran en la confusión general al hablar de la “plata de los jubilados”. Para contrarrestar esa adulteración conceptual, merece subrayarse un aspecto central del actual sistema de reparto: la sostenibilidad del régimen de seguridad social depende del crecimiento económico y de su capacidad de generación de empleo registrado. Este es el criterio básico desde el cual luego se deben evaluar las estrategias de inversión del FGS, los niveles de seguridad y rentabilidad de las colocaciones financieras, el grado de cobertura de la protección social y el monto de las prestaciones.

Esta es la base desde donde se necesita avanzar en las consideraciones acerca de la gestión pública de esos recursos. El tipo de organización administrativa para la inversión de los fondos de seguridad social es importante, definiendo espacios de responsabilidad operativa y de control. En el actual régimen, existen un Comité de Administración de Inversiones (Anses y Economía), un Consejo del FGS (funcionarios del gobierno, representantes de jubilados, de trabajadores, de empresas y de bancos) y una Comisión Bicameral con facultades de supervisión. Además, están presentes las instituciones tradicionales, la Sigen y la Auditoría General de la Nación, que ejercen sus atribuciones de control directamente sobre el manejo de los fondos realizados por la Anses. La presencia de otros mecanismos de control (unidad de auditorías internas) y nuevas instancias de gestión en la Anses se suman en lo que constituye un indispensable esquema de regulación política de un área sensible. En ese marco, el sistema previsional no necesita de órganos de control adicional a los creados y ya existente, sino garantizar su pleno funcionamiento. En esos ámbitos tienen participación los sujetos sociales significativos de un régimen de seguridad social. Por ese motivo, la intervención de cada uno de ellos debe colaborar en el necesario sendero para fortalecer la legitimidad del nuevo sistema previsional. Para ello se requiere sobreponerse al clima de desconfianza dominante entre los distintos actores sociales y económicos, a lo que se agrega la escasa cultura política en la consolidación de políticas de Estado en el área económica.

La estatización del régimen de capitalización modificó la lógica de funcionamiento del sistema de seguridad social, mutando conflictos inherentes a la administración privada (negocios espurios entre empresas y bancos en la colocación de acciones, por ejemplo) a los vinculados a la gestión pública de esos recursos. Advertir sobre esas tensiones permitirá un mejor desarrollo del sistema previsional en manos del Estado. Uno de ellos es que, si bien existían comportamientos cartelizados de las doce AFJP, ahora interviene en el mercado un solo gran actor: el Estado a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad. La compraventa de activos financieros y bursátiles por parte del FGS pasó a ser el factor más importante en la plaza de capitales doméstica. Esto plantea el desafío del control sobre los movimientos de recursos de ese fondo y de sus responsables, a la vez que constituye una fabulosa herramienta de política económica, que seduce tanto a funcionarios públicos como a representantes del sector privado. En este último caso, las empresas que querían conseguir financiamiento con la emisión de títulos de deuda, antes tenían que convencer a la docena de gerentes financieros de las AFJP, mientras que ahora esa tarea se concentra en un solo actor de carácter público.

La precisión sobre los criterios de inversión permite brindar un sólido sistema de resguardo al FGS: seguridad, rentabilidad, diversificación de riesgo, dictamen técnico de viabilidad económica. Este fondo se ha convertido en el principal inversor del mercado doméstico, con lo que esto significa para la economía. Esto obliga a que los criterios de inversión del FGS deban ser predeterminados, transparentes y que sean legitimados políticamente, garantizando que los distintos institutos creados controlen su cumplimiento. Más aún cuando en el actual régimen, en línea con la oportuna idea de privilegiar el impacto económico-social, no está presente la obligación de una rentabilidad mínima a obtener con la cartera de inversión, como en el modelo de capitalización.

Otro aspecto relevante es la necesidad de una mayor diversificación de las inversiones. Desde el momento de la estatización, el valor de esa cesta aumentó considerablemente por el alza de los títulos públicos. Como se sabe, las cotizaciones suben y también bajan, y un impacto negativo de la crisis financiera internacional también puede alcanzar al actual esquema de inversión. Uno de los argumentos para abandonar el sistema de AFJP fue por su vulnerabilidad ante fluctuaciones en los mercados de capitales. Esta situación persiste, puesto que gran parte de las inversiones del FGS están colocadas en los mismos productos financieros que tenían las AFJP, enfrentando similar volatilidad en el stock de activos ante vaivenes en los precios.

Varias pruebas tendrá que enfrentar el FGS, al tiempo de ir perfeccionando su funcionamiento. Pero el principal examen de esta experiencia para conseguir legitimidad social y política, eludiendo los arrebatos oportunistas de fuerzas políticas conservadoras de uno y otro lado, se encuentra en cumplir con uno de los objetivos expresados del FGS: “Procurar contribuir, con la aplicación de sus recursos, al desarrollo sustentable de la economía nacional, a los efectos de garantizar el círculo virtuoso entre el crecimiento económico sostenible, el incremento de los recursos destinados al Sistema Previsional y la preservación de los activos del FGS”.

azaiat@pagina12.com.ar

La Otra Historia de la Revolución de Mayo

Por Centro Cultural E.S. Discépolo – Equipo de Historia

No se trata de una mirada nostálgica y derrotista de lo ocurrido hace doscientos años sino de un profundo análisis de la historia real, de los protagonistas y de sus pensamientos, en lucha contra la colonización cultural expresada en la Historia Oficial mitrista. Como decía Jauretche, “la historia es la política pasada, y la política la historia presente”.
La existencia de distintas interpretaciones sobre la Revolución de Mayo obedece a la íntima vinculación que tienen la historia y la política: “la historia es la política pasada, y la política la historia presente”, como señala Arturo Jauretche en su libro Política Nacional y revisionismo histórico. La corriente historiográfica del revisionismo latinoamericano se basa en la visión de Juan Bautista Alberdi, en su libro Grandes y pequeños hombres del Plata, para quien “la revolución de Mayo es un capítulo de la revolución hispanoamericana, así como esta lo es de la española y esta, a su vez, de la revolución europea que tenía por fecha liminar el 14 de julio de 1789 en Francia”.

Con el ascenso de Napoleón la Revolución Francesa iniciará una política expansionista. En 1808, con el pretexto de atacar Portugal -fiel aliado de Gran Bretaña, su gran enemigo- el ejército francés invade España y toma prisioneros al Carlos IV y su hijo Fernando VII. Carlos IV era la expresión de una monarquía degradada y corrupta, en tanto su hijo Fernando, debido a su oposición a su padre y a la corte en general, encarnaba la posibilidad de una regeneración progresista, a tono con el clima de época. El 2 de mayo de 1808 el pueblo español dio inicio a una revolución nacional, en tanto se originó por rechazo al invasor francés, pero en su mismo desarrollo fue tornándose democrática pues si luchaba por la expulsión de los franceses, no buscaba restaurar el Antiguo Régimen sino concretar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad; paradojalmente era en nombre de esos ideales que se lo estaba invadiendo. La forma organizativa que tomó la revolución fue la creación de Juntas populares que juraron fidelidad al rey cautivo, Fernando VII, en quien cifraban la esperanza de la transformación democrática. Consecuentes con los ideales del liberalismo revolucionario, en enero de 1809 la Junta Central de Sevilla declara que los territorios de ultramar no son colonias sino provincias, y la Junta de Cádiz las convoca a derribar a los virreyes, constituir Juntas y enviar representantes para la sanción de una Constitución.

Pero hacia fines de 1809 y comienzos de 1810, los liberales revolucionarios en España comienzan a ser desplazadas por el Consejo de Regencia, donde priman las posturas absolutistas. Se extiende la sensación de que la Península está perdida, lo que origina que muchos militares abandonen España con el propósito de continuar la misma lucha en América (José de San Martín por ejemplo). Al conocerse en América la noticia de la caída de la Junta Central de Sevilla, estallarán revoluciones en todo el territorio como una prolongación de la revolución acorralada en España: el 25 de mayo de 1809 Chuquisaca, el 16 de julio La Paz, 10 de agosto Quito, 19 de abril de 1810 Caracas, 25 de mayo Buenos Aires, 20 de julio Bogotá, 16 de septiembre México, 18 de septiembre Chile, y en 1811 la Banda Oriental y el Paraguay. Entre 1809 y 1811 se forman Juntas que desplazan a los virreyes y juran fidelidad a Fernando VII, pues guardaban en él la misma esperanza que los juntistas peninsulares. De este modo asoma el carácter hispanoamericano, democrático y antiabsolutista de la Revolución de Mayo.

Es decir que aquí la revolución fue inicialmente democrática, acompañando el proceso español, y luego, una vez que Fernando VII vuelve al poder en 1814 tras la caída de Napoleón, de la mano de la Santa Alianza, y emprende una política absolutista que persigue a los liberales, la revolución se tornará independentista como única manera de conservar y profundizar las conquistas democráticas. Por eso el desplazamiento del virrey es en 1810 y la independencia seis años más tarde.

Los actores sociales que se enfrentan en los sucesos de Mayo se dividen en dos grandes frentes, uno partidario del absolutismo y el otro heredero del “evangelio de los derechos del hombre”. El frente absolutista estaba conformado por la burocracia virreinal, las familias ligadas al monopolio comercial y la cúpula eclesiástica. En el frente democrático se encontraba la pequeña burguesía revolucionaria liderada por Juan José Castelli, Mariano Moreno y Manuel Belgrano, y que cuenta con el apoyo de los “chisperos”, las fuerzas armadas expresadas en Cornelio Saavedra, y la burguesía comercial nacida al calor del contrabando y del libre comercio sancionado en 1809 (con un sector nativo y un sector inglés) cuyos exponentes políticos eran Bernardino Rivadavia y Manuel García. La Historia Oficial está escrita desde la óptica de este último sector -profundamente probritánico y que tenía en el libre comercio su razón de ser- que se apropiará de la Revolución después de la caída de Moreno y especialmente con el Primer Triunvirato.

Durante la lucha contra el absolutismo, la disputa al interior del frente revolucionario va a estar dada por la conducción del mismo. Desde el comienzo se perfilan lo que años más tarde Raúl Scalabrini Ortiz denominaría “las dos rutas de Mayo”: una liderada por Moreno y la otra por Rivadavia. Los primeros meses estuvieron hegemonizados por el morenismo, momento en el que se intentó implementar el programa de la Revolución: el “Plan de Operaciones” redactado por el secretario de la Junta.

Los aspectos centrales del Plan pueden resumirse en cuatro ejes: la búsqueda de apoyo popular, la política exterior, la democratización de la sociedad y el rol del Estado en la economía. De este modo, la necesidad de dotar al proceso de una base social de masas lleva a Moreno a señalar a José Gervasio Artigas como un hombre clave en la Banda Oriental. Respecto de la política exterior, se menciona la necesidad de ganar el apoyo de Gran Bretaña para defenderse tanto del absolutismo como de una supuesta invasión francesa, pero se señala el peligro que constituye este acercamiento transitorio, alertando el riesgo de caer bajo su dominio. En el aspecto político-social, el Plan buscaba asegurar la igualdad social como la única forma de resguardar la libertad, barriendo con todos los vestigios absolutistas mediante la aplicación de una violencia revolucionaria. En el aspecto económico, Moreno va a plantear por primera vez un problema que atraviesa toda nuestra historia: ante la ausencia de una burguesía nacional, es el Estado el que debe ocupar el rol unificador y ser el motor del desarrollo económico. Así propone medidas avanzadas, como la expropiación de los mineros del Alto Perú, la protección de las producciones locales, la restricción de las importaciones (en especial las lujosas, a las que califica de “vicio corrompido”) y la distribución del ingreso, pues la riqueza en pocas manos es como “el agua estancada”.

De mayo a diciembre de 1810 la Junta aplica las medidas del Plan, pero con la incorporación de los diputados del interior Moreno queda en minoría y renuncia. Morirá envenenado en alta mar. La burguesía comercial porteña, usando a Saavedra, desplaza a los “jacobinos” y tuerce el rumbo de la Revolución en abril de 1811, con el Primer Triunvirato, aplicando una rebaja en los aranceles de importación y enfrentándose con Artigas. Los morenistas para esa fecha se hallan muertos o exiliados en las provincias. Recién volverán durante el Segundo Triunvirato, cuando San Martín -recién llegado de Europa- empiece a tener un protagonismo creciente. Precisamente, la llama de la revolución en las Provincias Unidas se mantendrá encendida con San Martín en Cuyo -donde aplicará medidas similares a las propuestas en el “Plan de Operaciones” para levantar el Ejército de los Andes- y con Artigas en la Banda Oriental y el litoral: ambos serán enemigos irreconciliables de Rivadavia.

Pero en 1814 la revolución entra en una encrucijada con el regreso de Fernando VII y la frustración de las esperanzas puestas en él. El 9 de julio de 1816 en Tucumán se declara la independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica: asisten al Congreso diputados de provincias del Alto Perú, actualmente Bolivia. Pero el absolutismo, ya derrotado en Buenos Aires, permanece amenazante en Chile, Perú y el Alto Perú. De allí la necesidad de proseguir la lucha continental, pero el grupo rivadaviano se desentiende de la suerte de sus hermanos, contentándose con el libre comercio. El fin de la etapa de la emancipación en Hispanoamérica llegará en 1824, con la batalla de Ayacucho, venciendo definitivamente al Imperio español.

Una vez derrotado el orden absolutista y declarada la independencia, la cuestión central será la organización de los territorios. Dentro del frente revolucionario está el germen de la guerra civil, que se expresará políticamente en la disyuntiva unificación-balcanización y económicamente en el dilema proteccionismo-liberalismo.

DERECHO A LA IDENTIDAD

Adopciones poco nobles
Por Hugo Presman

Aspectos poco conocidos sobre los hijos de Ernestina Herrera. Hubo otro ADN que La Directora de Clarín rechazó.
Parece un cuento, como esos que Homero describió en La Ilíada y La Odisea o que la Biblia cuenta en aquel mítico relato donde Moisés es encontrado en una canastita, integra la familia del Faraón y siendo algo más que un adolescente, saca a los judíos de la esclavitud en Egipto abriendo las aguas del Mar Rojo. Sobre la verosimilitud de estos hechos, todo queda al libre albedrío de las creencias del lector. Pero que una historia truculenta sea pergeñada desde el poder del principal grupo hegemónico de la Argentina y que su inicio tenga lugar en los años de plomo y haya atravesado 27 años de democracia, sólo puede inscribirse en aquella notable definición del empresario Alfredo Yabrán, identificando el poder con la impunidad.

Al igual que a Moisés, a Marcela la dejaron en una caja en el portón de la residencia de Ernestina Herrera de Noble. Cuenta Pablo Llonto en su libro La Noble Ernestina: “…el 13 de mayo de 1976 La Directora , se había presentado ante el Juzgado de Menores Nº 1 de San Isidro, a cargo de la doctora Ofelia Hejt, para denunciar que once días antes había encontrado en la puerta de su casa de la calle Laprida 2789 de San Isidro, en una caja de cartón a la beba que había tomado a su cargo, a quién ya llamaba Marcela y cuya guarda solicitaba... En el caso de Felipe, declaró que el 7 de julio de 1976, una mujer que supuestamente se llamaba Carmen Luisa Delta y que decía ser la madre de un varoncito nacido el 17 de abril de ese año, se había presentado ante la misma jueza Hejt y le había entregado el niño al juzgado para que lo dieran en adopción. Un rato después, cuando la señora Delta ya se había retirado, La Directora , que estaba de paso por el Juzgado por los trámites de Marcela, se encontró con el Secretario del Juzgado, quién le informó de la existencia de un nene para adoptar. Feliz de la vida, pidió la tenencia provisoria del chico, la que fue concedida ese mismo día” Estos dos casos desmienten, como puede apreciarse, las numerosas y justas críticas sobre las dificultades y el prolongado tiempo que insume ejercitar en la Argentina un acto tan generoso como es la adopción.

Como es fácil de notar, las dos historias son poco creíbles, más próxima a la imaginación de Homero que a ser verídicas a 34 años, entonces, de concluir el siglo XX. Pero su credibilidad se reduce a una farsa cuando empiezan a comprobarse como mentirosas las referencias aportadas.

El domicilio dado es falso. Ernestina no vivía en San Isidro, sino en Avenida Libertador 3752 de la Capital Federal. Esta cuestión invalida ante quién se hizo la adopción. Es fácil deducir que el objetivo era que el trámite se debía realizar en un terreno amigo. A partir de ahí se encadenan las mentiras: las dos personas que actuaron como testigos, Yolanda Echague de Aragón consignada como vecina, en realidad no vivía en San Isidro sino en Acasusso junto a su esposo y su nieta, y Roberto García acreditado como cuidador de una finca vecina, era en realidad su chofer, integrante del plantel de Clarín, de lo cual se enteró el juez Roberto Marquevich al recibir la contestación a su requerimiento al “gran diario argentino”. La presunta madre de Felipe, Carmen Luisa Delta consignó un número de documento que corresponde a un hombre. Además se los inscribió con un apellido de una persona fallecida 11 años antes. El acta de Marcela Noble, escribe Pablo Llonto, no tenía ni constancias de maternidad, ni de paternidad; tampoco se hacía mención alguna al lugar de nacimiento. Estos espacios estaban en blanco cuando debían contener al menos, la inscripción “desconocido”. No se indicaba cual era el organismo que se había encargado de certificar el estado de salud y situación social de la criatura sobre la que se tramitaría la adopción y, en cambio, ya aparecía la menor con el apellido Noble Herrera.

Por todos estos hechos el juez Roberto Marquevich ordenó la detención de Ernestina Herrera el 17 de diciembre del 2002.

Todo empezó por la herencia y un honorario
Roberto Noble, el fundador de Clarín, tuvo como primera mujer a una mejicana, Guadalupe Zapata, con la que tuvo una hija Guadalupe Georgette Noble, conocida como Lupita. La madre de Lupita, en representación de su hija, impugnó la validez del casamiento de Ernestina y de todas las manifestaciones testamentarias. El final de los juicios, dice Pablo Llonto “terminaron en complejas conciliaciones gracias a las gestiones del ex secretario de Noble, Jorge Baeza, en las que finalmente Clarín fue a parar en su totalidad al patrimonio de La Directora mientras Lupita recibía los inmuebles en la Argentina y Uruguay y algunas pequeñeces relacionadas con el diario que olían a tomada de pelo: entrega cotidiana y gratuita de un ejemplar del diario, un palco en el Colón y el carnet de periodista si cumplía con los requisitos legales. A partir de ese momento, las puertas de Clarín quedaron cerradas para la niña Lupita, a quien ni siquiera le dirigiría la palabra. Cuando Guadalupe tuvo idea de lo que había ocurrido con la herencia de su padre y también la veda que le imponía Clarín, sacó a relucir el recio carácter -si heredado- del Doctor, y buscó nuevos abogados para que iniciaran el operativo rescate. Contrató al constitucionalista Germán Bidart Campos y reconoció que estuvo mal asesorada en los anteriores pleitos en los que había desistido y aceptado la dispar herencia “por razones de armonía y para mantener la paz familiar”. Estaba dispuesta a dinamitar lo que La Directora había construido durante años, cuando se aprovecharon de su inocencia de niña bien.

Un día de 1996 lanzó el grito de guerra: “Le voy a pelear las páginas del diario a Ernestina” Fue uno de los juicios de impugnaciones hereditarias y declaración de derechos más apasionantes que haya vivido la justicia civil argentina. Armada de papeles hasta los dientes, la única hija que, hasta ahora, es quién lleva con todas las letras y sin objeciones el apellido Noble, cuestionó la validez de algunas cláusulas testamentarias que le daban a Ernestina el manejo exclusivo de Clarín, pero en lo que más hacía hincapié era en su “apartamiento espiritual y periodístico de la mayor obra de creación de mi padre que es el diario Clarín”. La lista de agravios que Lupita había acumulado durante años parecía interminable: captar la voluntad de Noble para desheredarla, perjuicios de 37 millones de dólares debido a la desheredación, no tratarla públicamente como única hija de Noble, apropiación indebida de la marca Roberto Noble y omitir en el expediente de adopción de Marcela y Felipe que don Roberto ya tenía una hija, con los que obtuvo para los niños el apellido Noble. El contragolpe de la Viuda en el expediente sonó como una advertencia. Le refregaba a Lupita su carácter de “hija extramatrimonial” y deslizaba la hipótesis que no fuera hija de Noble. Era su táctica preferida. Jugar con los secretos del padre que Lupita desconocía. Como una fiera herida, Lupita llegó a lo máximo y pidió un estudio de ADN con todos los sobrevivientes de la familia para demostrar que su sangre era la de una Noble. La disputa estaba por superar la paciencia de La Directora cuando los abogados le sugirieron, en diciembre de 1998, que llegara a un arreglo y que además pagara el daño moral que reclamaba la Lupita, convertida ahora en Lupe, ya separada de su marido, el ex funcionario de la cultura menemista, y también cantante, Enrique Llopis. (Actualmente) Guadalupe concurre a los actos de la Recoleta -donde Ernestina ni aparece- en homenaje a su padre, lleva a su hija Sara Llopis a cuanta recordación del Doctor Noble se celebre y cuando algún curioso le pregunta si alguna vez será periodista del diario, responde con dulzura: “Yo con Clarín ya estoy en paz”. En estos días presenta el libro “Noble, un argentino visionario”.

En la búsqueda de pruebas para impugnar el casamiento Noble-Zapata en Méjico, Ernestina contrató a Emilio Jaján, porque Guadalupe Zapata tenía un matrimonio anterior con Charles Stehlin, con quien se había casado en Buenos Aires en 1955. Cuando Jaján quiso cobrar sus honorarios, le respondieron que “se dejara de joder” y que se diera por satisfecho con los viáticos recibidos. Ahí inició el juicio en 1986. Posteriormente la esposa de Jaján, Ana Elisa Feldmann, en 1995, se presentó denunciando las irregularidades en la adopción de Felipe y Marcela. La historia daba un viraje.

Detención de Ernestina
Diciembre del 2002. Mientras se realizaba la entrega de los premios Clarín, en el teatro Colón, la dueña de una de las fortunas más grandes del país permaneció detenida durante casi tres días en una pequeña pieza de Cavia 3350 por orden del juez Roberto Marquevich, lo que luego le costó su cargo. Tal vez, en esa situación impensable, recordó Ernestina cuando era una bailarina de danzas españolas de El Tronío, cerca del Bajo y sobre la calle Corrientes, y la apodaban La Marinerita, cuando conoció al dueño de Clarín. En 1950 tenía apenas 25 años. Noble casi la duplicaba en edad, con sus 48 años. El encuentro fue importante para Ernestina. Fue contratada para trabajar como cajera en las oficinas de Clarín en la calle Corrientes.

Fue un largo y trabajoso camino llegar a ser esposa de Noble y luego La Directora y principal accionista del diario. Pero en esa situación difícil, cercana a la Navidad del 2002, había especialmente un periodista que la iba a comprender a pesar de que ya no trabajaban en el diario. Joaquín Morales Solá, designado en una encuesta poco transparente el mejor periodista del 2009, según la revista Noticias, escribió desde La Nación el 19-12-2002: “Una noche fría de ese tiempo ingrato, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, nos sorprendió con el relato de la adopción de sus hijos. Había también lágrimas, muchas lágrimas, en sus ojos, pero correspondían a las emociones que despierta la alegría. (…) Más de 25 años después, la señora de Noble sigue llorando por esos hijos. Su detención dispara una primera injusticia: una madre no debería ser detenida sólo por serlo”.

Según José Ignacio López en su libro El hombre de Clarín. Vida pública y privada de Héctor Magnetto, éste le comentó: “Con la detención de Ernestina lo que se persiguió en realidad fue atacar los resortes básicos de Clarín, como la credibilidad y el compromiso con los derechos humanos”.

La carta de Ernestina del 12-01-2003
A pocos días de recuperar su libertad, Ernestina Herrera publicó una carta en el diario de su dirección, que en la parte pertinente a esta historia dice: “Estos dolorosos días me han dejado estremecida pero entera, fortalecida por la amarga experiencia de la cárcel. Me han acompañado el amor de Marcela y Felipe y el sentimiento de que este es uno de los momentos más importantes de mi vida: como madre y como directora de Clarín.

Quiero contarles por qué.

Me encuentro frente a dos realidades muy distintas. Primero, el deseo legítimo de las Abuelas de saber si mis hijos fueron arrebatados a detenidos-desaparecidos. Segundo, los abusos del juez Marquevich.

Muchas veces he hablado con mis hijos sobre la posibilidad de que ellos y sus padres hayan sido víctimas de la represión ilegal. Y siempre les he dicho que yo apoyaba la decisión que ellos tomaran. Tienen 26 años, son lo más importante de mi vida, una vida mucho más interesante, afortunada y prolongada de lo que jamás imaginé en mi juventud.

Son chicos muy emotivos, me adoran, pero también son celosos de su independencia, y conscientes de que deben conducir su propia vida. Los adopté cuando ya era grande y estaba sola, y los preparé para que pudieran arreglárselas sin mí. Estoy muy orgullosa de ellos.

Ellos saben que yo los adopté de buena fe, en un procedimiento legal y transparente, investigado una y otra vez por la Justicia. Mi adopción fue un acto de amor y de felicidad: ese es un lazo que nos une a los tres para siempre. Y la prisión injusta que he sufrido -primero en la celda y luego en mi casa- reforzó aún más nuestra unión. Ese amor enaltecido por el sufrimiento compartido es lo mejor que les dejo: les da fuerza y confianza en ellos mismos ahora, y también cuando yo no esté.

Cualquiera que haya sido la razón por la cual los perdieron, Marcela y Felipe tienen el derecho de conocer quiénes han sido sus padres biológicos. Se trata de un derecho, no es una obligación. Y ejercerán ese derecho cuando tengan plena voluntad de hacerlo y si se sienten confiados en las condiciones de seguridad jurídica y científica en que lo hacen. Marcela, Felipe y yo tenemos mucha desconfianza del juez Marquevich. No así de las Abuelas, a ellas las considero totalmente aparte de cualquier especulación…”

Han pasado siete años. Ernestina tampoco confía ahora en las Abuelas, Y Felipe y Marcela publican una solicitada y luego la leen con patetismo por los canales del multimedio, lo redactado por los escribas y sus abogados. Y ahí entran en contradicción con lo dicho siete años atrás por Ernestina al confesar el 22-04-2010: “Nunca tuvimos ningún indicio de que podamos ser hijos de desaparecidos”

Versiones sobre cómo llegaron Marcela y Felipe
Según el libro citado de Ignacio López: “Fue también con la asistencia de Frigerio (Rogelio) y el asesoramiento de Sofovich (abogado de Clarín), que la directora pudo alcanzar su deseo de adoptar. A mediados de 1976, Ernestina logró la guarda de los dos bebes….y un año más tarde obtuvo la adopción. Se trataba, claro, de una cuestión personalísima de la que Magnetto, aunque conocía aquel hondo deseo, sólo tuvo noticias cuando la directora le confió que los chicos ya vivían en su casa” También los hijos del artífice del crecimiento de Clarín, Héctor Magnetto, son adoptados.

A su vez Pablo Llonto se pregunta, “¿qué habrá sido de Marco Antonio Cúneo, aquel servicial coronel que prestaba tantos favores al diario en 1976 y que se ufanaba de saber cómo conseguir niños para adoptar? ¿Y de Rogelio Frigerio, el siempre atento Frigerio que tanto me había insistido en que adoptara a una parejita y que me decía que él sabía como conseguirla rápido? ¿Y qué de la vida del coronel Vallejos, ese que el ex marino Adolfo Scilingo decía que él conocía todo lo ocurrido con la madre verdadera de uno de los chicos en el Centro Clandestino Orletti? Horacio Verbitsky entrevistado por Ernesto Tenembaum en Radio del Plata (2003) sostuvo que una vez Jacobo Timerman le dijo que Rogelio Frigerio le había contado que él había comprado los dos chicos a la señora” Otras versiones más audaces sostienen que fue el propio Presidente Videla quién intervino en la entrega de los chicos.

Últimamente la segunda presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Chicha Mariano, ha expresado, en declaraciones por Internet, que cree que Marcela Noble es su nieta Clara Anahí. Ante fechas de nacimiento que no coincidían y que alejaban esa posibilidad, declaró Mariani: “…que en un momento perdió la esperanza de que Marcela Noble pudiese ser su nieta, al revisar, junto a su abogada, el expediente de su adopción y verificar que ‘las fechas no concordaban’. Sin embargo, la expectativa resurgió cuando vinieron dos personas a avisarme que ese expediente era totalmente falso y se descubrieron mentiras”. Más adelante afirmó: “me dijeron que mi nieta estaba con gente de muchísimo poder, que era imposible tocarla. Lo recibí de la Iglesia una y otra vez, pero hubo otros elementos que me fueron convenciendo de que podía ser Clara Anahí. Cuando se llevan a Clara Anahí, la ponen en el auto de Fiorillo (un policía), y ahora me entero que él fue quien llevó a Marcela con la señora de Noble. La llevó de La Plata porque hay documentos de personas que afirman que monseñor Plaza intervino en la entrega de Marcela”.

Opciones poco Nobles
La experiencia acerca de los procedimientos para determinar la identidad sobre nietos recuperados no supera los 18 meses. Que en el caso de los hijos adoptados por Ernestina Herrera de Noble, con tantas irregularidades y con la sospecha de ser hijos de desaparecidos, ya lleve 8 años, demuestra cuán impune es el poder.

Es importante dejar algunas cosas claras: 1) El libre albedrío para conocer la identidad en los casos de adopción no corre cuando eso puede ocultar un delito grave y mucho menos un delito de lesa humanidad; 2) El poder ha intentado cambiar las reglas de juego a los efectos de que los resultados que se cotejen aseguren que no son hijos de desaparecidos. Por eso no deben ser hijos de las familias que lo reclaman Lanuscou- Miranda y García Gualdero; 3) Es altamente probable que sí lo sean de otras familias cuya sangre está depositada en el Banco de Datos; 4) De ahí el ofrecimiento de cotejar la sangre de Marcela y Felipe, para ser analizados en lugares no admitidos, sólo con las dos familias reclamantes y luego que la sangre de los hijos adoptados no queden en el Banco de Datos Genéticos; 5) Marcela y Felipe en la solicitada sostienen equivocadamente: “Nuestros miedos son muchos. No somos un botín. No queremos terminar como rehenes de un ataque político. No queremos que nos usen para atacar a nuestra madre”. Si finalmente se comprueba en forma fehaciente que Ernestina cometió el grave delito de apropiación de menores, su condena penal es inevitable; 6) Sostienen: “Tampoco queremos ser víctimas de una manipulación en los análisis genéticos”. Nadie, salvo el grupo Clarín, ha proyectado la menor sombra sobre los análisis genéticos; 7) Resulta claro, entonces, que las múltiples dilaciones y chicanas son sólo vallas para conocer la verdad. Y que errores formales elementales cometidos por los abogados defensores sólo se explican a la luz de las palabras de Yabrán: “El poder es impunidad”. El objetivo de la solicitada atribuida a Marcela y Felipe es despertar la conmiseración hacia el amor maternal, traducida en aquel antiguo artículo de Morales Solá: “…Una madre no debería ser detenida sólo por serlo”.

En una carta pública a Marcela y Felipe, firmada por el Padre Eduardo de la Serna, el obispo Aldo Echegoyen, el rabino Daniel Goldman y la hermana Marta Pelloni se afirma: “En vuestra carta, ustedes hablan tres veces de su identidad, pero a su vez reconocen que no saben su origen biológico. Del mismo modo que centenares de personas buscan -como ustedes saben- conocer la identidad de sus nietos, hermanos, sobrinos. Ustedes mismos reconocen que su identidad es parcial, y en su memoria, en alguna parte, estará la sangre de aquellos que los engendraron, probablemente en el dolor. No es sano para la sociedad, para las familias, ni para ustedes mismos que quede la verdad sin indagarse, oculta y sin investigación.

Confiamos plenamente que el Banco Nacional de Datos Genéticos, como siempre lo hizo, revelará sin manipulaciones los datos que ustedes demanden para seguir reconstruyendo esa parte de la historia personal que no conocen y que tienen la necesidad de buscar. Pueden, entonces, quedarse tranquilos de la seriedad, transparencia y precisión de estos modernos estudios garantizados por la ciencia. Así pudiendo conocer su identidad más profunda, podrán desde su lugar contribuir a la pacificación que los argentinos necesitamos y que sólo puede alcanzarse en la verdad y la justicia.”

Hay una apreciación en la solicitada de los hijos adoptivos de Ernestina absolutamente cierta. Es cuando se afirma: “No somos chicos, somos dos personas adultas, responsables, que sólo pretendemos ejercer nuestros derechos y tomar nuestras propias decisiones, sin presiones y en libertad.”

Han sido hasta acá víctimas de un pasado tenebroso que el diario ocultó y se benefició, como con Papel Prensa. Tal vez sus verdaderos padres fueron asesinados y desaparecidos después que su madre fuera violada y torturada y arrojada al mar. Por lo tanto, el esclarecimiento de esos hechos es lo que está en juego, y no sólo tienen derechos, como personas adultas, sino también deberes. Si no tienen presiones, y ejercen su libertad, den el paso que falta y vayan en busca de su identidad. La verdad puede ser dolorosa pero es liberadora.

El texto completo de esta nota del co-conductor de El Tren en Radio Cooperativa lo podés leer en presmanhugo.blogspot.com

Los gorilas son chantas… y los liberales también

MANUAL DEL CHANTA Y DEL GORILA

Por Walter A. Moore


Descubriendo la naturaleza de estos personajes o personeros. Su ética y su moral al servicio de las empresas transnacionales y los capitales concentrados. Viven para conservar privilegios que, en realidad no son de ellos, pues la mayor parte vive de las prebendas que consiguen por su sumisión a los poderosos.
El talentoso Groucho Marx sintetizó en una frase la naturaleza de los chantas, cuando bromeó: “Estos son mis principios, si no les gustan, tengo otros.”

Juan Domingo Perón, con su genial capacidad para generar metáforas, definió que ellos participan de un “Pensamiento gallináceo”, porque siempre están mirando hacia el piso, a lo que está muy próximo y justo frente a ellos, buscando la siguiente semillita a tragar. Los medios de difusión asimilan esta manera de expresarse, pero ahora a falta de semillitas a la vista, se alimentan de sus propios excrementos.

La falta de principios y un sistema de pensamiento que no puede ir más allá de lo que tienen frente a sus narices, no les impide a los gorilas-liberales considerarse a sí mismos como los “dueños de la verdad”, los “prohombres”, las “mentes preclaras”, idealizando a los canallas que estuvieron antes en el poder consolidando las relaciones de dependencia de nuestra Patria a países extranjeros.

Esta combinación de ignorancia, mezquindad y arrogancia basada en la nada, es lo que los convierte en verdaderos “Chantas”. Charlatanes, mezquinos estafadores de sentimientos, mentirosos consuetudinarios, tanto en lo importante como en lo cotidiano, al punto que no pueden reconocer sus propias emociones y se burlan de cualquier pensamientos o acción altruista, pues los únicos valores que reconocen son aquellos vinculados con “tener”. La gente, las instituciones, las actividades, para ellos sólo valen de acuerdo a las cosas que tienen o generan. Y esta visión es excluyente porque es su única manera de comprender el mundo, y si no pueden ver eso, entran en pánico, pues si la realidad no se manifiesta así, se quedan sin un lugar propio en el único mundo que son capaces de reconocer. Esta característica de los chantas gorilas, los hace andar siempre a la búsqueda de formas de pensamiento que les estructuren el mundo, así cambian de creencias con sorprendente velocidad: desde el psicoanálisis al budismo, del ambientalismo al indigenismo, de la macrobiótica a los avatares hindúes, todos formatos que les permiten sostener esa manera de estar en el mundo, basada en el “día a día”.

Como contraparte, se les hace imposible e insoportable la idea de la planificación, repulsión que es fomentada desde el Sistema, con argumentos pueriles, tales como que la “mano invisible del mercado” encuentra las soluciones a todos los problemas que puedan presentarse, y el venturoso futuro llegará gracias a la “Teoría del Derrame”, sostenida por la banda de Menem, que había que transferir toda la riqueza a los ricos, porque estos después la derramaría hacia abajo.

Esto si es una estrategia de poder, pero no de los torpes políticos gorilas, sino del Imperio Global, que sí tiene objetivos estratégicos y programas organizados en base a la consigna de lograr “Objetivos sin tiempo”, porque precisamente, su programación estratégica es oportunista; el Imperio avanza produciendo coyunturas favorables a sus objetivos, pero siempre con un formato distinto. Por ejemplo, el Imperio, desde la derrota de Perón en adelante, se propuso destruir el poderío económico de la Argentina, que combinaba una poderosa agricultura con una industria pujante. Para ello era necesario crear las condiciones necesarias para que quebraran las empresas nacionales, sustituyéndolas por empresas imperiales. Y eso se cumplió meticulosamente. Durante el Proceso Militar quebraron 16.000 empresas, durante la “Democracia” de Raúl Alfonsín, quebraron 46.000 empresas y cuando lograron apoderarse del peronismo, con el perduelio Menem, lograron que quebraran otras 103.000, al tiempo que todas las empresas de servicios públicos fueron regaladas a las empresas imperiales. Eso sí fue planificado. Pero no por los gorilas ni los liberales argentinos, sino por extranjeros que dieron prebendas a sus cómplices locales y les pasaron los argumentos que justificaran el saqueo. Solamente un grupo social de chantas de cuarta, podía no ver, teniendo el poder, que lo que hacían destruía a su Nación.

Viven para conservar privilegios que, en realidad no son de ellos, pues la mayor parte vive de las prebendas que consiguen por su sumisión a los poderosos. Pero para reafirmar su alicaída importancia, se desviven por degradar a los que tienen menos, y por sobre todo, no quieren que “los de abajo” estén mejor. No soportan compartir el espacio urbano con ellos, que alternen en “sus” lugares, compren las mismas cosas que ellos, se eduquen, y sobre todo, que piensen y comprendan la realidad en que viven, o algo peor, que encuentren la forma de desbaratar esta mentira organizada que es la sociedad liberal que los tiene sumergidos, pues el Sistema necesita convencer a los chantas, que hay quienes están peor que ellos.

Esto los obliga a percibir un mundo congelado en el pasado, que recortan en forma inmisericorde de acuerdo a su miserable idea de “lo que son o lo que valen”. Y, en consecuencia, los aterroriza cualquier propuesta de cambio o que permita que entren nuevas personas en el entorno social que ellos controlan. Solamente los menos brutos aceptan que “Algo tiene que cambiar para que todo siga igual”; los demás no quieren que cambie absolutamente nada.

Un chanta es un hombre sin principios, pero a diferencia de los lumpen (marginales desclasados que sólo quieren sobrevivir y por lo tanto no tienen principios) los gorilas disimulan esta carencia de un sistema de valores, de ideales de vida, adoptando los de aquellos a quienes quieren, de alguna manera, congraciarse, con lo cual su actividad intelectual consiste en averiguar “desde donde sopla el viento” para sumarse a la manada de “la gente bien”, o sea “los que son como uno”, los que tienen la ropa correcta, el auto correcto, viven en el lugar correcto, y son capaces de hacer cualquier cretinada para seguir en lo mismo.

Y un chanta (o una chanta, en esto no hay discriminación) siempre tiene objetivos inmediatos: ganar dinero, ascender socialmente, conseguir una casa o un auto mejor, llevarse a alguien a la cama, comprar algo y/o asegurarse alguna estabilidad económica, y tal vez conseguir algún diploma que certifique que sabe algo. No mucho más. Al vivir en un mundo tan estrechamente utilitario y extremadamente adaptado a las opiniones de su grupo de referencia, es imposible sostener valores, ideales, tendencias trascendentes, o mantener su integridad con respecto a creencias diferentes a las que fingen profesar su banda de referencia, pues eso arriesga el “Pertenecer”.

Los gorilas tienen opiniones y odios gregarios, detestan o desean a las mismas cosas y personas, porque “eso es lo que hay que hacer”. Jamás hacen una propuesta, como no sea la de destruir algo que han hecho otros. Son incapaces de planificar nada, porque eso requiere un monto de inteligencia y conocimientos que se encuentran fuera de su alcance, y si tuvieran esa capacidad, se abstendrían de utilizarla por temor a la crítica de sus ignorantes compadres.

La tradición gorila y liberal es nunca proponer nada que no sea una crítica a los nacionales o populares, por eso, las veces que tuvieron -o pueden tener- el poder, jamás dan a conocer que sus reales intereses, que siempre son contrarios a los intereses populares y nacionales. Y si logran asentarse en el Gobierno, siempre trabajan para los saqueadores de la Nación y los represores del pueblo. El mejor ejemplo de este comportamiento lo expresó Carlos Menem, cuando confesó que si decía antes de ganar las elecciones el desastre que pensaba hacer, no lo votarían, por eso le mintió a todo el mundo. La verdad es que Menem puede ser coronado como el Rey de los Chantas.

Todos los gorilas se llenan la boca criticando la corrupción en cualquiera de sus formas, aunque se cuidan muy bien de recordar a aquellos que fueron cómplices del saqueo y la represión, que casualmente son sus compadres, sus asesores, sus clientes, o los socios de su club, o los vecinos de su barrio.

Un “cacho de cultura” es parte de su parafernalia de diferenciación con “la negrada”, y por supuesto, esa cultura tiene que provenir de Europa o de Estados Unidos, o de su último viaje a un lugar exótico. Los Gorilas Cultos o Bien Informados obtienen sus saberes de las universidades privadas o leyendo los diarios La Nación o Ámbito Financiero. Los más sofisticados pueden mencionar los últimos aportes que se hicieron en último grito de la moda del saber en Europa o Estados Unidos, que es adonde los que “quieren un futuro para sus hijos”, los mandan a estudiar, donde aprenden a ser “Gorilas Ilustrados” y capacitados para servir a sus empleadores o clientes extranjeros.

Aquí es donde el pensamiento gallináceo se convierte en traición a la patria. Observemos el comportamiento de algunos legisladores en el caso de la nueva ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que sustituye a la instalada por la dictadura del Proceso, una ley que aprobaron en ambas Cámaras por amplia mayoría y que recortaría el poder del aparato local del dispositivo de guerra psicológica del Imperio Global contra nuestro país. Estos personajes encaramados en su cerril crítica a las cosas buenas que logra el actual Gobierno, defienden los intereses de las corporaciones invasoras, en contra y desconociendo la lógica del funcionamiento del sistema del que forman parte.

A pesar de todo, hoy el Gobierno puede decir, como Don Quijote: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.

RESERVAS, BANCO CENTRAL Y LEY DE ENTIDADES FINANCIERAS

Por Raúl Sánchez

Un debate realizado en la Facultad de Ciencia Económicas de la UBA giró alrededor de estos temas. La necesidad de modificar la ley de la dictadura que beneficia únicamente al capital concentrado y la reforma de la Carta Orgánica del BC, fueron algunas de las conclusiones a las que se arribó.
El pasado viernes 23 de abril, en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, se lanzó el Foro de Economía Política del Bicentenario, conformado por los diversos grupos de estudios y agrupaciones de profesionales, docentes y estudiantiles, con el objetivo de debatir y consensuar ideas y propuestas, principalmente, en el ámbito de la universidad pública.

El lanzamiento se externalizó con un debate sobre las “Reservas y el Banco Central” con un panel integrado por Raúl Sánchez (Docente de la UBA y UNLaM, de Causa Profesional), Andrés Asiain (Docente de la UBA, de la Cátedra Nac. de Economía Arturo Jauretche), Raúl Dellatorre (economista, periodista de Página/12 y de la televisión pública) y Alejandro Vanoli (Docente de la UBA, integrante del Grupo Fénix y Presidente de la Comisión Nacional de Valores). Adhirieron a la jornada el Senador por la Ciudad de Buenos Aires Daniel Filmus y el viceministro de Economía, Roberto Feletti.

Luego de más de dos horas de debate e intercambio de ideas entre los presentes, se arribaron las siguientes conclusiones:

Es notoria, una vez más, la ausencia de opinión de las instituciones universitarias en los debates parlamentarios y mediáticos, exceptuando la oportuna adhesión al uso de reservas que a través de un documento expresaron 31 Rectores de universidades nacionales con la adhesión de gremios docentes y no docentes; nuevamente, tal como se reflejara en la década del ’90, pesa más la opinión de “especialistas del poder económico” que de investigadores, docentes y graduados de las instituciones creadoras y difusoras de conocimiento.

El uso de reservas es un instrumento, que en las condiciones planteadas por el Gobierno Nacional, le permite a la Nación encarar un proceso de desendeudamiento con fondos genuinos, ahorrando alrededor de 800 millones de dólares por año y fortalecer la política macroeconómica. Por su parte también se manifestó que la alternativa a esta medida sería el ajuste, habitualmente utilizado en nuestro país y cuyas consecuencias son conocidas por la historia económica reciente.

La confirmación del nombramiento de Mercedes Marcó del Pont al frente del Banco Central es una decisión acertada, que genera mayor institucionalidad y reasegura un camino de mayor seguridad jurídica hacia el futuro, a la vez que cambia el perfil de los responsables que manejaron dicha institución desde su creación.

Paralelo al debate sobre el uso de reservas es necesario e imperioso discutir el rol del Banco Central, incluso en lo relativo a la necesaria coordinación con otras instituciones para promover el crecimiento y el empleo. Para ello, hay que reformular su Carta Orgánica, cuya versión actual fue aprobada dentro de la convertibilidad durante el gobierno de Carlos Saúl Menem.

También es perentorio y urgente modificar la Ley de Entidades Financieras (LEF) a los efectos de establecer reglas de juego en el sistema bancario y financiero que permitan un mayor control sobre el rol de los bancos y su papel en la economía, la desconcentración del sistema, y apuntalar los créditos hacia los sectores productivos para garantizar empleo y diversificación económica. La ley actual fue modificada por la Dictadura militar en 1977 siendo el punto nodal de la instauración del modelo neoliberal y de la valorización financiera en desmedro de lo productivo.

En ese sentido, de aprobarse en el Congreso el proyecto de ley de Servicios Financieros para el Desarrollo Económico y Productivo significará un avance extraordinario en la profundización del modelo, el reparto de la riqueza y la justicia social.

LO NACIONAL Y POPULAR COMO INSTRUMENTO DE LIBERACIÓN

Por Norberto Galasso

En un país semicolonial, como la Argentina, entender la cuestión nacional evitará posicionamientos políticos desacertados. La batalla cultural e ideológica, algo postergado por muchos, es central para entender la correlación de fuerzas.
El empleo de categorías liberales para calificar a personajes y partidos políticos, deformación que, en general, acepta la mayoría de la dirigencia, es parte de la discusión ideológica que debemos darnos. Así, se habla en la Argentina de “centroderecha” y “centroizquierda”. Últimamente, un político mediático señalaba que “el centroderecha tiene problemas porque se halla dividido: allí están el PRO, la Coalición Cívica, el Radicalismo, el PJ disidente, el peronismo federal, el PJ, partidos provinciales, el Frente para la Victoria, los radicales K”, más un sector del Partido Socialista y diversas fuerzas prokirchneristas entre las cuales, supongo, incluye a los movimientos sociales, a la CGT y sectores de la CTA prokirchneristas, mientras él se asume como “la centroizquierda” que sería, parece, el SI, el grupo de Martín Sabbatella, Diálogo por Buenos Aires, Proyecto Sur, Libres del Sur y otro sector de la CTA y del Partido Socialista.

Utilizando las categorías del liberalismo conservador oligárquico no habría entonces “movimiento nacional”, ni fuerzas “nacionales y populares”, ni “nacionalismo revolucionario”, ni posición “nacional-democrática”, ni Izquierda Nacional. De este modo resulta que no existe en la Argentina una cuestión nacional y así retrocedemos a la alienación de las viejas izquierdas -Partido Socialista, Partido Comunista y el trotskismo autodenominado “clasista”- convertidas en alas izquierdas del régimen (1945, 1955, Mesa de Enlace Agropecuaria).

Ocurre, sin embargo, que la cuestión nacional recorre toda nuestra historia. Desde 1816, año en que nos declaramos independientes como “Provincias Unidas en Sudamérica”, nuestro país se dividió en dos sectores claramente identificables: por un lado, el bando colonial, que quería hacer Europa en América (libreimportación, endeudamiento externo, política antilatinoamericana, cultura europeizada) y que tuvo a Bernardino Rivadavia y Bartolomé Mitre por principales exponentes, y por otro, las fuerzas populares cuyo proyecto era crecer hacia adentro, mantener la soberanía e integrar la nación latinoamericana (José de San Martín, Manuel Dorrego, los caudillos federales, parcialmente Juan Manuel de Rosas -en la Vuelta de Obligado-, Ángel Vicente “El Chacho” Peñaloza y Felipe Varela). La cuestión nacional deslindaba las aguas, como las deslindó en el siglo XX entre el yrigoyenismo y “el contubernio regiminoso”, y luego el peronismo respecto a la Unión Democrática.

Esa cuestión nacional tenía -y tiene- un doble carácter: la defensa de la soberanía, que implica independencia económica y la consiguiente justicia social, y además, la comprensión de que la verdadera nación despedazada y a reconstruir es América Latina, segunda razón fundamental para ser antiimperialista frente al imperialismo -inglés o yanqui- cuya política balcanizadora significa “dividir para reinar” creando países dependientes, monoproductores, que mirasen hacia los océanos y no hacia adentro, “los veinte hermanos que vivían de espaldas”, como los calificó Methol Ferré o “la veintena de sardinas víctimas de la ferocidad del tiburón”, según el guatemalteco Juan José Arévalo.

Hoy está en el tapete de la historia latinoamericana, con mayor vigor que nunca, esa cuestión nacional en sus dos aspectos: autonomía frente a los imperios, unificación en la Patria Grande. Lo señalan tanto Hugo Chávez como Evo Morales, Rafael Correa, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega, Ignacio Lula da Silva, Fernando Lugo, José “Pepe” Mujica y los que van a sumarse. Lo señala nuestro Gobierno cuando liquida las cuentas con el Fondo Monetario Internacional para que sus funcionarios no controlen oficinas en el Ministerio de Economía como en otros tiempos, ni nos impongan planes económicos, ni nos “monitoreen”, como ellos amablemente denominan a sus consejos mortíferos. Y lo expresa asimismo el UNASUR, como también el Banco del Sur más allá de las dificultades en su consolidación (no podía ser de otra manera porque el enemigo está al acecho en la IV Flota y desde sus bases en varios países).

Por esto creemos que una forma sin equívocos residiría en llamar a las cosas por su nombre: si hay algún sector, dirigente o partido que se considera “nacionalista revolucionario”, o “nacional y popular”, o de “izquierda nacional”, que rechace abiertamente la categoría de centroizquierda y que ponga las cartas sobre la mesa: el Consenso de Washington y los traidores nativos han destruido el Estado, nos han endeudado, nos han sumergido en la pobreza y la indigencia, han extranjerizado el aparato productivo a punto tal que entre las 500 empresas más vendedoras el 73 % son extranjeras, han oligopolizado los mercados y avanzado en el terreno financiero, al tiempo que han intentado vaciarnos culturalmente de nuestro pasado, nuestra historia. Además, nos han robado las palabras para que todo se confunda y en esa maniobra se complican quienes aceptan discutir en base a las categorías del enemigo.

Es necesario decir -y decirlo en alta voz- que en la América Latina despedazada y dependiente se asiste hoy, en la mayor parte de sus países, a un proceso de liberación y unificación, y que por ese camino hay que andar, aunque la correlación de fuerzas obligue en cada país, a darle a ese proceso un ritmo distinto, según las posibilidades del campo popular. Porque hay un campo popular y un campo antipopular (en este caso la palabra campo cumple dos funciones, como es obvio). Porque hay fuertes intereses contrapuestos y hay proyectos antagónicos y hay enemigos, como los hubo siempre, por eso nuestra historia está escrita con sangre.

Aquí están los pueblos buscando trabajosamente su camino. Y allá están los amigos del imperio, es decir de Monsanto, de la banca JP Morgan, del gran capital financiero aliados a las oligarquías vernáculas y a los grandes poderes mediáticos coloniales. Es preciso definir intereses, clases sociales, proyectos contrapuestos y no es posible sustentar una posición de inmaculada prescindencia en esa lucha. Por eso las palabras deben ser claras y contundentes. Porque de otro modo, uno se pregunta: si unos son centro izquierda y otros son centro derecha, ¿eso significa que sustantivamente son centro y adjetivamente son izquierda o derecha? Ello explicaría que se junten todos contra la propuesta nacional y popular del actual gobierno que resulta apoyada por los movimientos sociales y lo mejor de los gremios. ¿Ello explica que el 3 de diciembre se hayan abrazado dirigentes de “centroizquierda” con dirigentes gorilas de la Coalición Cívica para dar nacimiento al “Grupo A”, o que supuestos revolucionarios hayan favorecido el triunfo del “centroderecha” en la discusión de la resolución 125?

Llegado este punto, nos preguntamos, entonces, con grave preocupación, si no se trata solamente del uso de categorías sino de la vieja entente entre derechas e izquierdas que derrumbó a Hipólito Yrigoyen en el ’30 y a Juan Domingo Perón en el ’55.

Otra fábula que viene también desde la derecha: la política es una cuestión de gestión. Es decir, la política no dirimiría intereses contrapuestos en la sociedad sino que sólo administra, gestiona.

Sobre esta cuestión podríamos decir mucho, pero Mauricio Macri ya lo ha dicho todo. “Está bueno Buenos Aires” gestionado por un empresario, decían en la campaña, pero el proyecto verdadero ha quedado al desnudo: para ellos, está bueno con el Jorge “Fino” Palacios, con Abel Posse, con Ciro James, con los grupos de choque expulsando a los pobres de las villas y las calles, o la gran revolución macrista: la enseñanza del inglés en los colegios primarios a chicos que todavía no saben castellano… ¡Qué mejor lección de política para quienes cometieron el error de votarlo!

Claro que así se aprende sufriendo demasiado, cuando se habrían evitado tantos dolores si los periodistas en serio y los políticos en serio, hubieran forzado la definición de los proyectos ocultos, polemizando sobre las grandes cuestiones y no sobre un bache más o menos. Y para eso hay que obligarlos a definirse claramente sobre el pasado y el presente, que es definirse sobre el futuro.

Hoy, las medidas adoptadas por el Gobierno de Cristina Fernández -inclusive los intentos frustrados como el de la 125- señalan un camino de vocación nacional y popular -especialmente en los últimos meses- que deslinda claramente las aguas respecto a una oposición virulenta que intenta la desestabilización para volver al pasado, apelando a políticos que son la reencarnación de Fernando De la Rúa y de Carlos Saúl Menem -que se ha convertido en la gran estrella del Senado y los legisladores de la oposición lo invitan contentos- con las banderas gastadas de la defensa de las instituciones y la moralina chiquita que denuncia una coima al precio de ocultar el robo grande de la entrega del país (la Banelco del 2000 es el mejor ejemplo). En este terreno nos paramos y lo hacemos con las palabras que corresponden: liberación nacional, unión latinoamericana, antiimperialismo, socialismo del siglo XXI.

LA OBSENA DESNUDEZ POLITICA

Jorge Rachid

Al fin de la década de los 80 un ignoto Francis Fukuyama, sociólogo, disertando en un olvidable congreso, planteó frente a la caída del Muro de Berlín, su teoría del fin de las ideologías- de la cual se arrepiente actualmente-. Dicho evento levantado por los dueños del poder, transformó la frase en un ícono que durante décadas intentó justificar la irrupción violenta de las teorías neoliberales que dominaron al mundo hasta la crisis del 2009, además de instalar al Mercado como ordenador social último en la etapa de la globalización. Así las multinacionales pudieron penetrar mercados antes vedados como China y la URSS.

En nuestro país dicha instalación como cultura dominante se basó en la destrucción de la idea de la política como forma de articulación social y de construcción de un modelo de país. Así fueron sucumbiendo planteos nacionales e identitarios de preservación cultural y patrimonial, en desmedro del posibilismo y el llamado pragmatismo. Partidos y Movimientos que habían crecido al calor de la lucha política y de la dinamización social, fueron cediendo terreno a los nuevos gurúes económicos, las nuevas lógicas del marketing y las modernas condiciones de instalación de candidaturas, en general generadas en ingentes recursos económicos, dentro de una democracia limitada al Mercado, producto del Consenso de Washington.

Así la Política se comenzó a visualizar lejos de cualquier planteo ideológico, es mas los mismos eran catalogados como nostálgicos o utópicos, sin visualizar que la política sin ideología deja de ser, no existe, pierde el sentido de la palabra, no es mas “polis”ni viene del griego, sólo ausencia. En efecto sin un marco ideológico que plantee los objetivos estratégicos, la política pasa a ser simplemente un juego electoral, por un lado alejado de las propuestas necesarias para enfrentar el ejercicio del gobierno en cualquiera de sus poderes y por otro desvirtúa la lucha por el poder, al adoptar el oposicionismo como variable absoluta ante cualquier propuesta del adversario y utilizar la demonización como herramienta de destrucción del mismo.

Sin ideología, es decir sin un sustrato ideológico que permita asumir compromisos a futuro de cara a la sociedad la política pasa a ser gerenciada, lejos del pueblo, de sus necesidades, sus reclamos y sus intereses. Comienza y termina en una elección, no hay ni un antes ni un después, sólo el hecho electoral sobre el cual gira durante los dos años de interregno electoral, la discusión supuestamente política. Los candidatos forjados por la maquinaria mediática a fuerza de dinero comienzan a ser conocidos, los conocidos dejan de ser recordados en sus fracasos, los nuevos se abren paso en alianzas impensables desde cualquier perfil ideológico, cada paso es en función de estar, no importa como ni para que, ni con quien, lo importante es ser parte de un gran circo que convoca a luchas corporativas. La desnudez política se torna en cotidiana, exibiendo en toda su crudeza, la hipocresía, la mentira, la codicia y la falta de escrúpulos de una dirigencia que ha perdido el rumbo y los sueños.

Pueden ser esas batallas desatadas por cualquier bandera, los medios de comunicación, pueden ser el campo de lucha, las AFJP o los Fondos Buitres todo sirve, aunque atente contra los intereses nacionales. Si somos embargados en N.Y. aplauden, si nos califican desde los organismo internacionales con bajas notas, se entusiasman, si crece la desocupación al calor de la crisis mundial ven acrecentar sus propias expectativas, si la crisis se profundiza ven su ascenso cercano al poder, si se cae un mercado comprador saludan. La lucha contra la corrupción embiste contra todo sin importar luego los fallos. Si los jueces dicen que no la hay son comprados, si comprueban algo son probos, si paralizan al ejecutivo son jueces de la República, si le dan la razón fueron extorsionados. En esa dinámica se desenvuelve hoy la llamada Política, pobre Aristóteles 2400 años después, ser desagiado de tal manera.

El Peronismo que supo ser paradigma de generaciones, identidad del movimiento nacional, popular y revolucionario en la Argentina, encuentra hoy peronistas en cada rincón del virtual escenario político de la Patria.
Llamados Peronistas con propuestas de privatizar la educación o de perseguir a los militantes sociales. Otros que se dicen Peronistas a favor de los dueños del poder financiero o de las grandes empresas exportadoras o los pobres terratenientes hambreados por tener que blanquear sus negocios. Se encuentran seudoPeronistas en contra de juzgar los genocidas enterrando el pasado y la memoria de nuestros compañeros desaparecidos y otros militando por un sueldo al lado de empresarios conmovidos por la pobreza. Los hay que piden ajuste y disminución del gasto público, otros que denostan al Estado como ordenador social de intereses dispersos. Existen supuestos peronistas que pretenden sumarse al ALCA y califican la nueva realidad Latinoamericana como parte del “eje del mal” del Imperio. También critican a Chavez y Evo, además de Correa y Ortega, juegan al lado del pensamiento “occidental y crisitiano” en su visión del mundo, tan occidental como Japón y tan cristiano como Israel. Combaten al islamismo porque forma parte del discurso políticamente correcto, son ignorantes de la política internacional y de los intereses que mueven al mundo. Sólo hablan de acuerdo a las sintonías que marcan los medios, incapaces de instalar ejes propios, son seguidores de tapas de diarios e informaciones manejadas por los multimedios en los cuales ansían fervientemente participar.

El Peronismo tiene una doctrina y un marco ideológico escrito y profundizado por décadas de lucha y compromiso. No es baratija de bazar para cualquier ocasión, muchos militantes hombres y mujeres de nuestro pueblo desde 1955 dieron la misma vida por una causa nacional, se sufrió exilio y escarnio público con condena social por el sólo hecho de ser peronista. No nos asustan las batallas políticas ni las confrontaciones, nunca fuimos otra cosa que víctimas, nunca victimarios de nadie. No hemos reprimido la protesta social ni hemos estigmatizado la pobreza como delincuencia, hemos asumido el compromiso con la Patria mas allá de los sinsabores y las persecuciones. Sin embargo cualquier argentino puede hoy denostar el ser peronista por ser oficialista, incluso hacerlo desde un supuesto peronismo no oficial, y está bien ya que siempre en el marco del movimiento hubo opiniones encontradas, luchas de poder e internas genuinas, pero a la hora de los compromisos ideológicos primero era la Patria, siempre primero era la Patria y después el Movimiento, dentro del cual se debe dar la batalla por la idea.

Esa cuestión que hoy parece postergada por las razones antedichas, porque se ignoran los ejes políticos y la política ha sido bastardeada por quienes pretenden un gobierno empresario, atado a los designios imperiales, sin conflictos externos ni convulsiones financieras, sólo disciplinamiento interno, control social del reclamo, índices macroeconómicos positivos aunque con endeudamiento, apertura de mercado y destrucción de la producción local. A la puja por el ingreso la llaman crispación y al conflicto de intereses lo denominan caos institucional. No toleran siquiera un gobierno desarrollista, mucho menos una distribución justa de la riqueza, ni una nueva política de arrendamiento del campo argentino. Quisieran que las leyes laborales retrogradaran al 76 o a los 90, que los jubilados incluídos en esta última etapa sean postergados por no tener aportes suficientes, quisieran eliminar el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, si fuese posible terminar con los sindicatos y las obras sociales, es decir reinstalar la paz de los cementerios.

Por último debo afirmar que recrear el concepto doctrinario es esencial a futuro en la lucha político-ideológica que se avecina, donde lo que debería primar es la política como herramienta insustituible de la construcción del modelo social de las próximas décadas. Así definiremos los argentinos a quien votar y a quien no votar, de acuerdo a nuestras expectativas e intereses como pueblo, no referidas a un hecho electoral como un campeonato de fútbol ni un concurso televisivo. Estamos definiendo el futuro de nuestro país y de nuestros hijos, sin hipocresías ni falsos profetas, sin corrupción ni seguidismos, sin personalizaciones falaces ni mucho menos voto de telemarketing.
Pensemos en que país estamos transitando, donde estábamos, hacia donde vamos, como vamos y cuanto nos falta por construir, además de que queremos como pueblo, en que sociedad pretendemos vivir si en una sociedad solidaria con un Estado de Bienestar o en un capitalismo salvaje que desplaza al abismo a cuanto sector que no produce, olvidando al hombre como eje y razón última de la política, que debe seguir siendo una de las actividades mas nobles del hombre en función del bien común y la felicidad del pueblo junto a la grandeza de la Nación.


JORGE RACHID
CABA 5-4-10
jorgerachid2003@yahoo.com.ar

"La inflación no es un drama", según Aldo Ferrer

El experimentado economista consideró que Argentina "no presenta los factores clásicos que explican la inflación" y la atribuyó a "una respuesta inercial de la sociedad". Por otra parte, reiteró que no es partidario de "enfriar la economía" como fórmula para evitar los aumentos.

El economista del Grupo Fénix se mostró en contra de "enfriar la economía" El economista Aldo Ferrer consideró que el país "no presenta los factores clásicos de inflación del pasado" y atribuyó el aumento de precios a una "inflación inercial incorporada por la sociedad".

El economista del Grupo Fénix Aldo Ferrer explicó en declaraciones radiales que en el contexto actual "no hay exceso de demanda, la oferta responde y hay capacidad para comprar en el exterior, cuando en el pasado había desequilibrio de pagos, falta de dólares y desequilibrio fiscal".

"El aumento de precios de hoy es una consecuencia de la inflación inercial, la sociedad incorporó la hipótesis de que los precios crecen alrededor del 20% y el compartamiento de los actores se ajusta a eso", afirmó Ferrer en diálogo con Radio 10.

Consultado sobre la propuesta de la oposición de "enfriar la economía", Ferrer dijo que "no es una buena respuesta". En ese sentido, aseguró que "hay otras medios para equilibrar las cosas", al tiempo que explicó que el arco opositor propone "bajar el gasto público, aumentar la tasa de interés y reducir el crédito".