La caída del poder adquisitivo, el desplome de las ventas y el deterioro del mercado interno configuran un escenario crítico. El comercio encabeza el cierre de empresas y expone, con crudeza, el pulso real de la economía argentina.
El comercio volvió a ubicarse en el centro de la escena económica, no por su dinamismo sino por su deterioro. En la Argentina actual, el sector funciona como un termómetro preciso: cuando cae el consumo, las primeras señales aparecen en las persianas bajas. Hoy, esa imagen se multiplica en todo el país.
Los datos más recientes confirman la magnitud del fenómeno. En el último año desaparecieron más de 3.100 empresas comerciales, convirtiendo al sector en el principal afectado por el cierre de firmas. A su vez, el comercio registró una caída del 7% en febrero, consolidándose como uno de los mayores factores de arrastre de la actividad económica.
No se trata solo de un problema sectorial. Es la expresión visible de un proceso más profundo: el debilitamiento del mercado interno.
El consumo, en retroceso sostenido
El deterioro del consumo es el eje estructural de la crisis. Las ventas en supermercados, mayoristas y comercios de cercanía muestran caídas persistentes. En marzo, el consumo masivo volvió a contraerse y acumuló un primer trimestre negativo, con descensos que en grandes cadenas oscilaron entre el 6% y el 7%.
La tendencia no distingue regiones ni formatos comerciales. En supermercados, las ventas cayeron en las 24 jurisdicciones del país, mientras que en comercios barriales la baja también es generalizada.
Incluso en términos históricos, el retroceso es significativo. En algunas regiones como el NEA y el NOA, el consumo en supermercados se redujo más de un tercio en comparación con 2023, evidenciando un deterioro acelerado del poder de compra.
Salarios en caída y demanda debilitada
El factor determinante es el ingreso. La pérdida del poder adquisitivo atraviesa a todos los segmentos sociales. Los salarios reales acumulan caídas importantes frente a 2023: casi 38% en el sector público nacional, más del 15% en el ámbito provincial y también retrocesos en el sector privado registrado.
En paralelo, las políticas de asistencia social perdieron capacidad de sostén. Programas como la AUH y la Tarjeta Alimentar cubren hoy menos del 20% del costo de vida, reduciendo el piso mínimo de consumo.
El resultado es un círculo contractivo: menores ingresos generan menos consumo, lo que impacta directamente en las ventas y, finalmente, en la supervivencia de las empresas.
Cierres, ajuste y cambio en la estructura económica
El impacto sobre el tejido productivo es contundente. Durante 2025 cerraron más de 10.000 empresas en el país y la cifra supera las 22.600 si se toma el período desde fines de 2023.
El comercio lidera ese proceso, seguido por transporte, servicios inmobiliarios e industria manufacturera. En conjunto, estos sectores explican cerca del 90% de la destrucción neta de empresas.
A la par, la estructura económica muestra una reconfiguración preocupante: mientras crecen actividades primarias y financieras, retroceden los sectores que generan empleo y encadenamientos productivos.
En términos concretos, esto implica menos trabajo, menor circulación de ingresos y mayor fragilidad social.
Comercios al límite
En el territorio, la crisis adopta formas concretas. Comerciantes que reducen horarios, achican planteles o directamente cierran sus locales. Rubros como indumentaria, calzado, electrodomésticos y artículos para el hogar aparecen entre los más golpeados.

El aumento de costos —tarifas, alquileres, impuestos— agrava el escenario. En muchos casos, las ventas ya no alcanzan para cubrir gastos operativos básicos, lo que acelera decisiones de cierre o endeudamiento.
La situación es particularmente crítica para el comercio de cercanía, que depende del flujo diario de ingresos de los hogares. Cuando ese flujo se interrumpe, la actividad se paraliza.
Expectativas negativas y falta de horizonte
Las perspectivas no muestran señales claras de reversión. Más del 80% de las empresas prevé que las ventas se mantendrán iguales o caerán, mientras que una amplia mayoría no proyecta incorporar personal.
El problema no es solo coyuntural. La combinación de ajuste fiscal, caída de ingresos y ausencia de políticas de estímulo al mercado interno configura un escenario donde la recuperación aparece lejana.
Algunos sectores muestran leves repuntes o dinámicas específicas —como el comercio electrónico—, pero no alcanzan para compensar la caída generalizada del consumo.
El síntoma de una crisis más profunda
El deterioro del comercio no es un fenómeno aislado: es la manifestación más visible de una crisis económica que atraviesa al conjunto de la sociedad.
Cuando el consumo se retrae, no solo se enfría la actividad: se rompe el entramado productivo, se pierden empleos y se debilita la cohesión social.
En ese contexto, el comercio deja de ser un simple sector para convertirse en un indicador clave. Hoy, ese indicador marca con claridad el momento: una economía que crece en algunos márgenes, pero se contrae en su base más vital, el mercado interno.
La pregunta ya no es si el comercio está en crisis, sino cuánto más puede resistir sin una recomposición real del poder adquisitivo y de la demanda.
REDACCION DATA POLITICA Y ECONOMICA
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