Por Rubén L. Guillén
La crisis actual que sufre el capitalismo es consecuencia de un proceso profundo y complejo propio de ese modo de organización de la economía y de la sociedad misma. Hablar de crisis “financiera”, como lo hacen los grandes medios de (in)comunicación, es intencional, porque contribuye a ocultar que el rey está irremisiblemente desnudo.
Toda crisis sistémica, como la actual, se resuelve mediante una redefinición del capitalismo mismo y de la estructura del poder mundial. Está en nosotros interesarnos por saber qué es lo que realmente pasa y actuar de manera tal que podamos construirnos un lugar en el mundo que preserve nuestro interés nacional.
El pensamiento económico siempre ha sido un terreno de disputa, porque la economía hace al poder y a la dominación de un sector de la sociedad sobre otro. Por eso quienes dominan siempre se han preocupado por tener el control de las usinas de pensamiento económico (desde los diarios y publicaciones “especializadas” hasta los centros de estudio y las universidades) tratando de que lo que emane de allí no sólo no vaya en contra de sus intereses, sino que además los afirmen y defiendan. Por eso se ocupan de financiar generosamente a los economistas del establishment y a sus instituciones.
Por el contrario, quienes adscriben a las distintas vertientes del pensamiento nacional no lo tuvieron suficientemente en claro y dejaron ese terreno mayoritariamente yermo. Sólo afloran algunas voces individuales y unos pocos núcleos, siempre débiles, que tratan de pensar lo económico desde la perspectiva nacional. En consecuencia, el establishment no sólo fija la agenda de la discusión económica, sino que además ha instalado como de sentido común cuestiones que sólo son axiomas y argumentos formulados para defender sus intereses; versiones contemporáneas de las zonceras de las que hablaba Jauretche.
En la problemática económica convergen algunas cuestiones sencillas y de fácil acceso para todos y otras que son extremadamente complejas y difíciles de comprender sin la ayuda de un aparato conceptual que no carece de aridez.
La cuestión económica clave en esta hora es la crisis que afecta al capitalismo en su conjunto y a nosotros con él. Y lo es porque no sólo involucra a la crisis misma, sino a la lógica de reproducción del capitalismo y a su talón de Aquiles. Si se entiende de qué se trata la crisis se entiende cuál es el nudo gordiano del capitalismo, lo que permite tener una base sólida para plantearse qué políticas son conducentes y cuáles no para alcanzar “la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación”.
Sobre la crisis, hay una primera cuestión a tener en cuenta para no comprar un verdadero caballo de Troya: la crisis que nos toca vivir en estos momentos no es “financiera”, sino estructural. La caracterización de “financiera” que han instalado es ideológica y su cometido fundamental es ocultar las verdaderas causas; si bien muchos se hacen eco de ese término, no por mala intención, sino por desconocimiento.
Es cierto que la primera manifestación de la crisis ha sido financiera. Pero eso es algo típico de las crisis estructurales del capitalismo. La crisis siempre estalla en el ámbito financiero, como sucedió con la gran crisis mundial que se iniciara en 1929 a partir del derrumbe de Wall Street, la bolsa de Nueva York. Pero su raíz no es financiera, sino económica Utilizando una frase trillada hay que decir que la rama no nos debe ocultar el bosque.
Producción capitalista y etiología de la crisis
La producción
La producción económica capitalista es producción de mercancías (bienes ó servicios) mediante la aplicación de máquinas y herramientas, materias primas, insumos, mano de obra y la organización y comercialización de la producción por los empresarios. Las máquinas, herramientas, materias primas e insumos necesariamente deben existir antes de la producción de una mercancía. Mientras lo nuevo, lo que se agrega en el proceso productivo, es el trabajo de los trabajadores y de los empresarios, conocido como valor agregado. De allí surgen los salarios y las ganancias capitalistas.
Pero los empresarios no perciben la ganancia por su actividad, sino por ser los dueños del capital, con el que adquieren todo lo necesario para producir, incluyendo el trabajo humano. Son ellos quienes deciden qué, cómo y cuándo se produce, y a quién, a cuánto y cómo se venden los productos. Más aún, por ser los dueños del capital, son quienes deciden si se ha de producir o no.
Los salarios y las ganancias son los ingresos fundamentales de la economía. Cuando se habla de distribuirlo se habla, precisamente, de distribuir el valor agregado entre los trabajadores, a través del salario, y los empresarios, a través de la ganancia. La distribución es el resultado de una puja entre ambos, en la que los empresarios llevan las de ganar porque poseen el capital y el poder de decisión que les otorga.
Los asalariados necesariamente deben trabajar; si no, no pueden adquirir lo necesario para vivir ellos y sus familias. Los capitalistas, en tanto, disponen del capital y no están urgidos para aplicarlo en la producción. Sólo lo harán si la magnitud de la ganancia que obtienen les parece conveniente. Si no, pueden abstenerse, lo que impediría que la economía se reproduzca normalmente.
En la reproducción normal los asalariados utilizan sus ingresos para sufragar sus consumos y los empresarios para invertir en la producción, además de consumir. Lo que no se consume, o lo que es lo mismo, lo que se ahorra, debe aplicarse a la producción; es decir: debe invertirse. Es lo que permite que la economía crezca de manera sostenida, garantizando una mayor producción de mercancías y mayores oportunidades de empleo. Así como también permite obtener mayores ganancias. En suma, si el ahorro se iguala a la inversión cada nuevo ciclo productivo insumirá más capital y más trabajo y será la fuente de mayores ganancias.
Las finanzas
Pero la economía no se reduce a la producción de mercancías. Hay otras actividades y otros actores económicos, como el Estado y los especuladores financieros. Los especuladores son quienes poseen un capital líquido que aplican en las finanzas, de acuerdo con la tasa de interés que se les ofrezca en cada caso. Cada uno actuará de acuerdo con su mayor o menor aversión al riesgo, seducido por los distintos rendimientos financieros que puede obtener (en general, los mayores rendimientos los ofrecen las operaciones más riesgosas).
Quien posee un capital líquido puede aplicarlo en la especulación. Incluso los empresarios, si deciden que les resulta más conveniente aplicar sus ganancias allí en lugar de destinarlas a ampliar la producción.
La actividad financiera fundamental es el crédito. En ella, quienes tienen capitales líquidos ociosos los prestan a quienes los necesitan, a cambio del pago de un interés y la entrega de garantías. Los préstamos se pueden efectuar mediante un contrato privado entre el dueño del dinero y quien lo toma, o a través del sistema bancario. En este caso la actividad está regulada por la banca central, que trata de minimizar el riesgo de incobrabilidad de los créditos para garantizar la salud del sistema. Por el contrario, en los contratos privados todo queda librado al buen tino de sus actores.
Por otra parte, hay que subrayar que en una economía capitalista la única fuente genuina para el interés es la masa de ganancias que genera la producción. De allí deben salir los recursos para pagar los intereses ¿Cómo se entiende esto? Vamos de a poco.
Si el ahorro debe igualar a la inversión para que cada nuevo ciclo productivo insuma más capital y más trabajo y sea la fuente de mayores salarios y mayores ganancias, el “mercado de capitales” debería estar abocado a financiar la inversión.
Cuando el capital líquido ahorrado, crédito mediante, se destina a la inversión, se genera el círculo virtuoso antedicho. La inversión permitirá incorporar más capital fijo a la economía y, con él, ampliar y/o mejorar la producción y, de suyo, incrementar la masa de salarios y la de ganancias. Si esto se reitera una y otra vez, ciclo tras ciclo, la rueda de la economía gira sin interrupciones, y en cada ciclo se obtiene una producción mayor, con los beneficios antedichos.
Pero además, la masa de intereses que se han de pagar por los créditos que se han utilizado para invertir no debe ser mayor que la masa de ganancia que se obtiene en la producción. De no ser así, para pagarlos habría que utilizar el capital de las empresas.
Producción y tasa de ganancia
Uno de los rasgos determinantes del capitalismo es la necesidad de que se puedan obtener ganancias. Sin ellas, el acto de la producción capitalista no tiene sentido: los empresarios producen para ganar, ese es su móvil.
Por otra parte, en cada época del capitalismo la producción y el consumo se organiza en torno de cierto conjunto de bienes y servicios conocido como patrón de consumo. El fin de una época y el comienzo de otra se debe a una crisis estructural, y de una a otra el patrón de consumo cambia. Pero no es lo único. También cambia la forma en que se organiza la producción, así como las características y la forma en que se determinan los salarios, las características y el papel del Estado, las características de la moneda, etc. En una palabra, se redefine todo el sistema.
Así, antes de la crisis iniciada en 1929 el consumo se centraba en los alimentos y la vestimenta y en muy pocos artefactos. La producción se organizaba en torno del acople entre el obrero y la máquina en jornadas de trabajo dilatadas, y el uso de la línea de producción era limitado. Los salarios eran bajos. Se pagaba por hora y salvo excepciones no existían beneficios como las vacaciones pagas. Los sindicatos eran combatidos. El mundo se regía por el patrón oro y el Estado no intervenía en la economía. Pero luego todo cambió. El consumo masivo incluyó los electrodomésticos y los automóviles, la producción se organizó en línea y se generó un círculo virtuoso por el cual los incrementos de productividad se trasladaban a los salarios, acompañado de un conjunto de beneficios, incluyendo la generalización de la jornada de 8 horas. Y esto se hizo negociando con los sindicatos, que de allí en más fueron considerados interlocutores válidos. Cesó el patrón oro y el dólar de los EE.UU. pasó a ser la moneda de reserva internacional, mientras surgía el Estado benefactor.
La difusión de un patrón de consumo tiene dos fases. En la primera, el patrón se difunde y mientras más y más consumidores lo adopta la producción se incrementa. Con ella, aumenta la demanda de trabajo, los salarios y las ganancias. Cuando el patrón de consumo se ha generalizado comienza la segunda fase, la de estancamiento (porque, por ejemplo, una vez que todos quienes pueden tener un automóvil lo tienen, se puede aumentar su venta reduciendo el tiempo en que se renuevan las unidades, pero eso tiene un límite). Cuando se estanca el consumo se estanca la producción, y con ella la demanda de trabajo, los salarios y las ganancias. Más aún, se incrementan los costos fijos y se erosionan las ganancias. Mucho más si los trabajadores pujan por mayores salarios.
Producción, especulación y crisis
Cuando se llega a una situación de estancamiento, la inversión en la producción cesa: si no hay posibilidad de vender más ¿qué sentido tiene aumentar la capacidad de producción? Lo que equivale a decir que perdió sentido aplicar las ganancias en la producción. Y cuando esto es así, el ahorro deja de ser igual a la inversión. ¿Pero qué hacen los empresarios con sus ganancias?
Si lo que les ingresa como ganancias lo conservaran como mero capital líquido sin aplicarlo en nada, sufrirían dos tipos de perjuicios. El primero, es la pérdida de la oportunidad de ganar algo, que es abstracta en tanto no exista un negocio en el que se pueda ganar. El segundo es concreto y se debe a la desvalorización del dinero por el mero aumento de los precios de una economía -la inflación-.
Por lo tanto, si hay activos financieros -incluyendo activos inmobiliarios que se adquieren con criterio especulativo- que ofrecen un rendimiento mayor que el que se obtiene en la producción, los empresarios colocarán sus capitales líquidos allí, asumiendo el papel de especuladores.
Una vez que se inicia este proceso comienza una bola de nieve. El capital líquido especulativo crece más y más y cuanto más crece más se distancia de las necesidades que tiene la producción. El capital especulativo se autonomiza y adquiere su propia lógica, por fuera de la inversión y de la producción.
Cuando esto sucede, los mercados financieros se convierten en una sala de apuestas (como decía Keynes) donde, de acuerdo con la información disponible, cada uno compra y vende según sus pálpitos. Así, los valores de los activos financieros -títulos, acciones, etc.- se desacoplan de aquello que hace a su naturaleza (por ejemplo, en el caso de una acción, de la rentabilidad de la empresa que la emitió) y comienzan a depender de esas apuestas.
Es lo que sucedió en el proceso que desembocó en el derrumbe de Wall Street, en octubre de 1929. En él contribuyeron dos causas. Una, fue que a lo largo de la década del 20, mientras la economía de los EE.UU. se expandía más y más su consumo crecía a un ritmo menor, dando lugar a lo que acabamos de describir: la porción del excedente de las empresas que no se podía aplicar en la inversión se destinaba a la compra de propiedades o de activos financieros. La otra causa fue que, con las economías europeas pauperizadas y la alemana, en particular, desvastada como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, los excedentes económicos generados allí, sin posibilidad de aplicación rentable, cruzaban el Atlántico e iban al corazón del mercado de capitales de los prósperos EE.UU.: la bolsa de Nueva York. Ambas causas dieron lugar a una enorme demanda de títulos y acciones estadounidenses, disparando sus precios a un punto tal que no guardaban correspondencia con el valor ni con los negocios de sus emisores. Y cuando los especuladores cayeron en cuenta de que el rey estaba desnudo, sobrevino el colapso de Wall Street, de la economía de los EE.UU. y de la del mundo capitalista.
El disparador de la crisis fue el estallido de la descomunal burbuja financiera a la que había dado lugar la especulación. Pero no fue una crisis financiera. Fue una crisis económica debida al desacople entre el ahorro y la inversión.
Las burbujas y la regulación del capitalismo
Normalmente, cuando la difusión del patrón de consumo ingresa en su fase de estancamiento la economía capitalista comienza a desarrollar diversas burbujas financieras, que van a ir in crescendo en la medida en que el estancamiento avanza, hasta que se conforma una burbuja totalizadora que dispara la crisis.
Esas burbujas van estallando una tras otra generando turbulencias pero sin precipitar la crisis económica. Con cada estallido se produce la devaluación de los valores de los activos que estaban “inflados” por la especulación y sus efectos pueden afectar a algún que otro banco, según el grado de exposición que tenga cada uno respecto de esos activos. Los grandes perdedores de estos estallidos localizados y restringidos (recordemos los que hace unos años se dieron en llamar Vodka o Tequila) son los tenedores de los activos financieros que se devalúan, que no son todos los activos financieros sino sólo los que están comprendidos por esa crisis. Asimismo, de ninguna manera se ve afectado el sistema en sí mismo, porque esos estallidos son crisis financieras, no crisis económicas.
Distinto es lo que sucede cuando estalla la gran burbuja, la final. En este caso se trata de una crisis económica, que siempre se debe al agotamiento del patrón de consumo. Aquí, además de las pérdidas de valor de los activos financieros, se produce la quiebra de aquellas empresas y aquellos sectores de la producción que están ligados a la oferta de los bienes y servicios más vinculados al estancamiento del patrón de consumo colapsado. Y esas quiebras lo son en todo el sentido del término, porque ya es imposible recrear la producción de esos bienes en niveles tales que tenga sentido invertir capital allí (y contribuir a que la inversión se corresponda con el ahorro). Lo que se requiere es fundar un nuevo patrón de consumo, con nuevos bienes sobre la base de nuevas cadenas de producción. Se trata de un cambio de época.
Los quebrantos -unos de activos financieros, otros de empresas- son la manera que tiene el sistema capitalista para desprenderse por sí mismo de aquello que ha dejado de cumplir un papel funcional; de lo que -recurriendo a una analogía biológica- en unos casos ha pasado a constituir una forma tumoral, o en otros directamente se ha necrosado. Las crisis no son anomalías del capitalismo. Son procesos regulares que hacen a su regulación y a su auto depuración. Si no sufriera crisis, este sistema se desorganizaría, porque el estancamiento sostenido de la difusión del patrón de consumo lo llevaría a un punto tal en que las posibilidades de extraer ganancias en la producción se extinguen y con ellas la lógica misma que es el quid del espíritu capitalista. Si no hay creación real de valor, que sólo tiene lugar en la producción, el sistema capitalista no puede funcionar. Los rendimientos que obtiene el capital en las finanzas no son tales en tanto no hay una creación real de riqueza que respalde el valor incremental de los activos financieros.
Cambio de época
Las crisis estructurales son bisagras entre épocas y de una época a otra todo cambia. Cambia el patrón de consumo y con él la forma en que se produce (con nuevas tecnologías, nuevas maneras de organizar la producción, nuevas relaciones entre el capital y el trabajo, etc.), la forma en que se consume (con nuevos bienes y servicios, nuevos tipos de consumo, etc.), el tipo de regulación que ejerce el Estado sobre la economía y la organización de las relaciones económicas internacionales, así como las instituciones internacionales y sus características funcionales. También cambia la organización monetario-financiera, en cada Estado nacional y en el mundo en su conjunto, y muchas cosas más.
Junto con todos esos cambios también se transforman las relaciones de poder mundiales. Cada época es una organización del mundo, en la que hay una potencia dominante que le da su impronta y a la cual algunos tratan de emular y otros de parodiar. Por lo tanto, cuando termina una época es porque ha entrado en crisis el sistema, pero con él también ha entrado en crisis la vieja potencia dominante y el orden internacional construido a su imagen y semejanza. En su lugar vendrá otra u otras, y un orden internacional de otro tipo.
Pero también cambia la vida cotidiana y, sobre todo, cambia el pensamiento y la ideología. Una nueva época implica un nuevo mundo, y un cambio tan radical hace que el género humano necesite explicarse qué pasó, por qué se desmoronó el mundo tal cual era, cómo es lo nuevo que emerge, por qué lo nuevo es bueno y lo otro era malo. Y se explicará ambas cosas. Pero no por sí mismo, sino por boca de las usinas que responden a los intereses que habrán de cambiar la configuración del mundo.
El sistema, como tal, jamás se cuestiona a sí mismo, o lo que es lo mismo, sus beneficiarios jamás se cuestionan a sí mismos ni cuestionan la lógica que los instala en ese lugar. Por ello, una vez que sucede el colapso todas las usinas políticas e ideológicas se abocan a buscar la falla, la anomalía, lo patológico en aquello que se desmoronó. De la misma manera en que se abocan a encontrar las bondades y la sanidad en lo nuevo que surge (si bien lo nuevo también cumplirá su ciclo y en su momento colapsará, como todo). No debe extrañar entonces que hoy escuchemos hablar de la necesidad de que el Estado no deje al capital librado a su propia voluntad, a los mismos que hace poco escuchábamos hablar de las bondades de la libertad irrestricta de mercado. Y en algún tiempo futuro, cuando se consolide un nuevo patrón de consumo y un nuevo orden internacional, esos mismos nos dirán qué bueno es el nuevo mundo y cómo todos -respetando sus intereses- caminamos rumbo al paraíso.
Un lugar en el mundo
Lo que acabamos de describir de ninguna manera implica que debemos sentarnos a un costado del camino esperando el desfile de los acontecimientos, sujetos a un destino inexorable. Las naciones y los Estados pueden ingresar en el nuevo orden de manera pasiva, librados a la voluntad de las nuevas potencias; o bien pueden ser activos y tratar no sólo de encontrar un lugar en el mundo que no sea el que le quieren asignar otros, sino además cambiar su propia realidad de acuerdo con los intereses de sus pueblos.
Sobre la base de sus propias fuerzas -productivas, culturales, políticas, etc.- su lugar y su desempeño en el futuro dependerán de su propia voluntad nacional y de su inteligencia. Nadie está obligado a sufrir la Historia. Nadie está obligado a padecerla.
Si durante la Segunda Guerra Mundial en la Argentina no hubiera sucedido nada y se hubiera mantenido el orden oligárquico de la Década Infame, muy probablemente hubiera terminado siendo un país paupérrimo sin una mínima chance de futuro. Pero la voluntad de los hombres del GOU y la inteligencia y la astucia de Perón hicieron que para nosotros la Historia haya sido otra.
La Argentina de Perón no se sometió al orden económico y político que por entonces imponían los EE.UU. desde Bretton Woods, para sujetar al dólar a lo que sería el campo capitalista durante la Guerra Fría que estaba por venir. Por el contrario, esa Argentina no adhirió al Fondo Monetario Internacional (FMI) ni se alineó detrás de los EE.UU. En su lugar defendió la independencia económica y la soberanía política, sobre la base de un proyecto industrial autónomo y la “tercera posición”, que incluía la unidad de América del Sur.
Después, en el 55, cayeron las bombas homicidas sobre la Plaza de Mayo y cambió la historia. Y entre tantas cosas vergonzantes que hicieron los golpistas que reinstalaron el orden oligárquico, estuvo la adhesión de la Argentina al FMI. Lo que vino después es historia conocida.
Sabemos que hoy el mundo se va a redefinir y que en ese cambio tenemos dos opciones excluyentes: o nos redefinimos de acuerdo con nuestros propios intereses, buscando garantizar la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra nación, o nos redefinen otros, de acuerdo con sus propios intereses.
Ojalá estemos a la altura de nuestros mayores.
Rubén L. Guillén
Economista especialista en Planificación
Charla- debate: El Lic. Pablo Ava expuso sobre los efectos politicos de la nueva ley electoral.

El Lic. Pablo Ava expuso sobre los efectos politicos de la nueva ley electoral en la sede de PJ Luján. La charla organizada por la Agrupación Causa Popular permtió a los presentes a traves de una amema exposición conocer los pormenores de la Ley y sus efectos sobre la realidad politica nacional. La charla terminó pasada las 22 hs luego de un intenso debate e intercambio de ideas.
LA CRISIS EUROPEA
Por Walter Formento y Gabriel Merino
La crisis de los llamados “cerdos” (PIIGS: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)
El desenlace de la crisis europea dio inicio a la segunda fase de la crisis global. Cuando muchos multimedios, intelectuales y empresarios intentaban instalar la idea de que la crisis había sido superada, se desató una nueva fase de la tormenta.
El 20 de octubre de 2009, el recientemente asumido primer ministro griego, Yorgos Papandreu, informa a Eurostat, la oficina europea de estadísticas, que el déficit de su país acabará en el nivel del 12,5% del PIB y no en el 3,7% como se había anunciado en principio. El gobierno conservador había ocultado el déficit real de Grecia y, ni bien asume el socialdemócrata Papandreu, desde Bruselas (capital administrativa de la Unión Europea) se presionó a Grecia para que blanquee el déficit real, advirtiéndole que los datos sobre sus cuentas no eran muy claros y de mucha confianza. Es la propia Unión Europea (UE) la que presiona sobre Grecia y le impulsa a hacer un ajuste de sus cuentas fiscales.
Grecia pasa a ser miembro de la zona euro en el año 2001. Para cumplir con los límites de déficit impuestos por la UE falseó sistemáticamente sus cuentas con la ayuda de la banca de inversión americana, Goldman Sachs. ¿Cómo lo hizo? Haciendo pasar miles de millones de euros de deuda externa como divisas y no como préstamos, es decir, como activos en vez de pasivos. A cambio, Goldman Sachs recibió 300 millones de euros como comisión de la operación y colocó 735.000 millones de euros en bonos a partir de 2002.
La pregunta es por qué la UE, encabezada por el eje franco-alemán, decide hacer visible el déficit real griego y las jugadas de encubrimiento, algo que ya sabía con anterioridad.
En un principio, se trata de una cuestión interna de la Unión Europea, para profundizar el control sobre los países miembros y propiciar la centralización-fortalecimiento del gobierno europeo. El objetivo de Bruselas, trazado por la fracción franco-alemana, era fortalecer su posición en los países periféricos del territorio de la UE: ajustar las economías para mejorar las finanzas públicas asegurando que los bancos franceses y alemanes fuertemente expuestos en España, Portugal, Italia, Grecia e Irlanda no tengan problemas en cobrar sus deudas, consolidando su posición para salir de la crisis con un gobierno europeo fortalecido a partir del control de los presupuestos de los países miembros, con regulaciones financieras más estrictas, compra de empresas en los países periféricos de la unión y controlando los eslabones débiles en donde pueden hacer pie los golpes financieros.
Al interior de la zona euro existe un fuerte desequilibrio, con países superavitarios y países deficitarios. En 2006, Alemania tenía un gran superávit de u$s 190 mil millones (6,5% del PBI) y Holanda uno de u$s 64 mil millones (9,4% del PBI). En el extremo opuesto estaban los importadores de capital, España a la cabeza con un enorme déficit de u$s 111 mil millones (9% del PBI), junto a Grecia, Portugal, Italia e Irlanda. Esto se profundizó con el estallido de la crisis financiera.
¿Por qué se daban estos desequilibrios? El ejemplo de Argentina con la convertibilidad (el peso atado al dólar, al tipo de cambio 1$ a 1U$s), como parte de la subordinación del territorio nacional a los intereses angloamericanos, resulta bastante ilustrativo. Al atarse a una moneda fuerte, en este caso el “euro”, estos países perdieron competitividad y vieron retroceder su producción industrial, ahora encarecida para los extranjeros, con lo que comenzaron a importar más de lo que exportaban, especialmente desde los países altamente productivos como Alemania, que son los que controlan el Euro. Este déficit, así como el boom de consumo por poseer moneda fuerte (en nuestro caso: viajes a Miami, consumo de bienes suntuarios, consumo de importaciones desde todo por $2 hasta medios de producción y bienes de consumo que antes se producían localmente) se financió mediante deuda. La deuda era otorgada por los bancos pertenecientes, principalmente, a las redes financieras de origen francés y alemán, es decir, los actores dominantes del proyecto estratégico Unión Europea. La deuda, como sabemos, es un instrumento central para el control de territorio, porque el acreedor impone al deudor un conjunto de condiciones que van re-moldeando la economía de un país e imponiendo o condicionando sus cuadros dirigentes en función de si se acomodan o no a dichos intereses. Al mismo tiempo, los capitales franco-alemanes –y en menor medida otros que pasaron a formar parte del selecto grupo de grandes capitales de la UE propietarios de las principales empresas paneuropeas— se fueron haciendo de los activos de los países periféricos de la UE (bancos, industrias, empresas estatales de servicios, etc.). En síntesis, centralizando capital, garantizando mercado para la venta de bienes estratégicos, profundizando el control sobre el territorio social, apropiándose de las empresas estratégicas de producción bienes de capital y armamento, e instalando empresas propias en la periferia europea con costos menores de producción.
Uno de los objetivos de Bruselas al presionar a Grecia, haciendo público su déficit real, fue obligarla a ajustar y vender-privatizar-transferir-enajenar los activos estratégicos que aun quedan en manos del estado, el único capital de origen griego en sentido estricto. Se fuerza una devaluación en los activos locales para facilitar el proceso centralizador.
Todo este proceso en Grecia y en la periferia de la UE, transcurría internamente sin mayores sobresaltos, hasta que dos hechos median para que se desate la llamada crisis europea:
1- La firma del Tratado de Lisboa y la lucha por el reparto de los cargos en la Unión Europea, donde sale fuertemente perjudicada la city londinense.
2- La crisis de Dubai, que afecta principalmente a los intereses angloamericanos.
La firma del Tratado de Lisboa: hacia un la construcción de un gobierno europeo
Después de diez años de negociaciones, los 27 miembros de la UE ratificaron en noviembre de 2009 el Tratado de Lisboa, dándole mayor institucionalidad al bloque y reforzando la construcción de un gobierno europeo. Sin embargo, no todos los países quedaron sujetos al mismo, mostrando el enfrentamiento interno por el control de Europa: el Reino Unido, Polonia y República Checa, quienes retrasaron la firma del tratado, negociaron para no tener la obligación de cumplir con la Carta de Derechos Fundamentales de la UE.
El Tratado de Lisboa es un marco institucional con similares objetivos a los establecidos en la constitución europea que intentó aprobarse por referéndum en el año 2005. En la constitución como en el Tratado se refuerza el proyecto estratégico de Unión Europea, desde los intereses del bloque de poder franco-germano, a partir de imponer una nueva institucionalidad:
- Un ministro de relaciones exteriores, es decir, la centralización de la política exterior europea.
- Un presidente estable del Consejo de Europa (consejo constituido por los jefes de estado de los países miembros) en reemplazo de la actual rotación semestral, lo cual tiene como objetivo mantener la “continuidad de acción”.
- El aumento del poder del Parlamento Europeo en detrimento de los parlamentos de los países miembros.
- Por último, estableciendo que la Unión Europea es la única instancia con competencia para fijar las reglas de la política comercial común.
Este es el gran salto político estratégico que necesitaba el eje franco-germano para constituirse como uno de los polos de poder mundial con capacidad de influir centralmente en la lucha por la configuración del orden global. Sin la institucionalización que permite la centralización del gobierno europeo este bloque de poder queda reducido a un papel de aliado subordinado del imperialismo angloamericano. En este sentido Chirac, el entonces presidente francés, enfrentado fundamentalmente con la posición anglosajona representada por el primer ministro británico, Tony Blair, afirmaba que si ganaba el NO a la Constitución Europea “los que tienen una concepción ultraliberal de Europa tomarán el comando... Esto conducirá a una Europa sin ambición política y reducida a una simple zona de libre cambio.”
El NO a la constitución europea triunfó en el año 2005. Sin embargo, el debilitamiento del polo angloamericano a partir de la crisis global del 2008, la profundización de la lucha entre fracciones a su interior, el empantanamiento en las guerras de Medio Oriente, el desarrollo del multipolarismo y el avance relativo del complejo industrial franco-germano permiten lograr a fines del 2009, lo que cinco años antes no habían podido.
Firmado el Tratado de Lisboa pasan a negociarse los lugares en la conducción en el nuevo esquema de gobierno europeo, donde el gran perdedor es la city londinense, que si bien logra ubicar a la laborista Catherine Ashton en el cargo de alto representante de Política Exterior y Seguridad, pierde los lugares claves de regulación y control económico de la Unión Europea (UE). Por otra parte, como se vio en los meses subsiguientes, la política exterior de la UE en términos reales siguió estando en manos del presidente francés y de la canciller alemana. Así lo expresó el propio presidente francés, Nicolás Sarkozy, en lo que fue una declaración de guerra a la city londinense:
“Quiero que el mundo vea la victoria del modelo europeo, que no tiene nada que ver con los excesos del capitalismo financiero (…) los británicos son los grandes perdedores (…) Nadie puede decir que la ausencia de regulación, o una regulación blanda, tal y como la llamó Brown, nos haya hecho ningún bien.”
El contraataque de la city londinense apuntó a las debilidades económicas de la periferia europea, agudizadas tras la crisis económica mundial, reflejadas en los crecientes déficit fiscales y de cuenta corriente, cubiertos por un fuerte endeudamiento. La situación de déficit y endeudamiento no es distinta a la del Reino Unido, con un 13% de déficit sobre el PBI (el más grande en tiempos de “paz” de la historia del Reino Unido) y los Estados Unidos, con un déficit del 10,6% del PBI, equivalente a 1,56 billones de dólares. Si tenemos en cuenta el promedio de la zona euro, vemos que el déficit fiscal es del 6% del PBI, notablemente inferior al de Estados Unidos y el Reino Unido. También el promedio de deuda de la zona euro, en torno al 80% del PBI, es diferente de los niveles de Estados Unidos y el Reino Unido. Sin embargo, la diferencia radica en que Londres y Nueva York tienen un “banco central poderoso, dispuesto a barrer a quien apueste en su contra. Y los mercados conocen esas armas de disuasión, la vertiente política de la situación fiscal". Y, por otra parte, tienen los instrumentos necesarios para producir golpes financieros en gran escala (Fondos Financieros de Inversión Global, Bancas de Inversión, Calificadoras de Riesgo, etc.) cuyo centro neurálgico en Londres y Nueva York.
Los dos países claves sobre los cuales van a descargarse en principio los ataques especulativos, precedidos por bajas en la calificación crediticia, van a ser Grecia y España. Si Grecia era el objetivo sobre el que apuntaba Bruselas, España por su peso en la zona Euro y por el volumen de su deuda era el objetivo de los intereses opuestos al avance de la Unión Europea. “Grecia desató la crisis que aflige a la zona euro. España, sin embargo, es el país que podría determinar la supervivencia de la moneda común.”
La crisis de Dubai
El antecedente del estallido de la crisis europea es la crisis de Dubai, desatada el 25 de noviembre de 2009, que también golpea sobre la city financiera londinense al igual que la firma del Tratado de Lisboa y el reparto de cargos en la Unión Europea. Este pequeño emirato, parte de los Emiratos Árabes Unidos, provocó un descalabro global al anunciar que el estado no se haría cargo del pago de la deuda del fondo de inversión estatal Dubai World (de más de 60.000 millones de dólares) y pidió un plazo de 6 meses a sus acreedores.
La crisis de Dubai es especialmente significativa porque es la plataforma financiera y portuaria desde la cual los intereses angloamericanos intentan controlar el Golfo Pérsico, contrarrestando y bloqueando el desarrollo autónomo de Irán y de los países de una región muy rica en recursos naturales, así como del nacionalismo árabe en general, con su propuesta histórica de construcción de una gran nación, que entre el siglo X y el XVI se extendió hasta la península Ibérica. Dubai es para la región del Golfo Pérsico lo que Singapur para el sudeste asiático y Hong Kong para China: el nodo-centro financiero, portuario, comunicacional, informático y de inteligencia estratégica desde los cuales desplegar las fuerzas, operar sobre el “continente” y controlar dichos territorios desde el plan de las redes financieras globales.
La crisis de diciembre de 2009.
El primer momento de la segunda ola de la crisis global.
La calificadora de riesgo con sede en Londres, Standard & Poor’s (S&P) , fue la primera en bajar la nota de la deuda española. De hecho, ya lo había hecho un año antes del estallido, el 19 de enero de 2009, cuando bajó la calificación de la deuda española de AAA (la máxima) a AA+, cuatro días después de bajarle la nota a Grecia. Ninguna de las otras dos calificadoras de riesgo, Moody’s y Fitch, acompañaron dicho cambio negativo. De similar forma, el 9 de diciembre de 2009, luego de la crisis en Dubai y de que el semanario londinense The Economist apunte los cañones sobre España calificando a dicho país como el gran enfermo de Europa, S&P pasó la perspectiva de calificación de la deuda española de estable a negativa. Un día antes, había cambiado la perspectiva de calificación de la deuda Griega de estable a negativa, acompañada por la calificadora Fitch quien bajó la calificación de la deuda griega de A- a BBB+. Ni Fitch ni Moody’s (la otra gran calificadora internacional) cambiaron en absoluto la nota española a pesar de manejar los mismos indicadores: un 19% de desocupación, un déficit fiscal del 11%, un déficit de cuenta corriente de 5,4% y una recesión galopante. Por el contrario, mantuvieron la máxima calificación crediticia: AAA. Sobre la baja de calificación de S&P, comenzaron a montarse los ataques especulativos, centrados en las apuestas sobre la cesación de pagos de los seguros de default (credit default swaps).
El golpe descalabró por completo la situación europea, particularmente debido a España por ser la cuarta economía de la zona euro y por el nivel de exposición de la banca europea en dicho país (como se observa en el cuadro 3, en especial la banca de las redes financieras francesas). Un especialista económico español azorado por la situación y la para él incomprensible jugada de las calificadoras de riesgo, reflexiona:
“Para terminar este infeliz derrotero, el día miércoles Standard & Poors, quien ya había rebajado en enero último la calificación de España de AAA a AA+, decidió pasar su perspectiva de "estable" a "negativa". Nuevamente, los mercados reaccionaron en forma negativa. Lo sorprendente de este caso fue que al igual -que lo sucedido con Grecia- la riesgosa situación de España dada por una peligrosa combinación de elevados valores de déficit fiscal (10%), deuda pública (70%) y desempleo (17%) ya era harto conocida.”
Sin embargo, aunque la situación española era harto conocida, todavía no se había producido la firma del Tratado de Lisboa y el desplazamiento de Londres de los principales espacios de poder del nuevo gobierno europeo, como tampoco la crisis de Dubai.
A partir de estos hechos comienza a transitarse la llamada crisis europea y con ella la Segunda Ola de la crisis global. Antes de que dicha situación se profundice hacia abril-mayo de 2010 –cuando cruje el sistema financiero global, la administración norteamericana inicia su ofensiva contra Goldman Sachs, hay elecciones en el Reino Unido, se abre la interna entre Francia y Alemania en torno a las decisiones de la Unión Europea para “rescatar” a los caídos y salir de la zona de tormenta impidiendo el desmembramiento de la zona euro, y las posibilidades de cesación de pago de la deuda se vuelven muy próximas en la Unión Europea— el economista Joseph Stiglitz, uno de los principales asesores económicos del primer ministro británico Gordon Brown , advierte:
“sorprende la velocidad con que las fuerzas a favor de la situación pre–2007 se reagruparon y seguir como si nada pasara generará problemas para el futuro. El optimista que hay en mí espera que no haga falta otra crisis para impulsar por fin el proceso político. El pesimista que llevo dentro dice que puede ser necesario que eso pase.”
Más claro imposible: es necesaria una nueva ola de la crisis (la segunda ola) para llevar adelante e imponer un determinado proyecto estratégico (“proceso político”), que configure un determinado orden global. Al no haber acuerdo, necesariamente hay crisis y enfrentamiento: el proceso impulsado por las fuerzas más avanzadas del capitalismo financiero global, que pretende ir hacia la superación de la situación pre-2007, se contrapone con otros proyectos estratégicos sostenidos por bloques de poder contrarios a sus intereses. Hasta que dicho enfrentamiento no se resuelva de algún modo, la crisis global en todas sus formas, planos y expresiones seguirá agudizándose.
Golpe sobre los bancos europeos y el euro
Haciendo una lectura de la deuda europea podemos observar:
• Los mayores inversores de deuda en los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) son los bancos franceses con el 40%, seguido de los alemanes con el 31,4%. Los bancos de Francia y Alemania suman el 71% del dinero prestado en los PIIGS, mientras que los bancos ingleses no llegan al 18%.
• Los bancos franceses tienen su mayor grado de inversión/exposición en Italia con el 56,7% del total de sus tenencias de deuda en los PIIGS. El segundo lugar de inversión/exposición es en España con el 31%. Esta banca concentra su inversión/exposición en un 80,3% en Italia y España, del total de PIIGS.
• Los bancos alemanes tienen sus inversiones distribuidas en tres países: España 33,8%, Italia 27% e Irlanda 26%, que suman el 86,8% del total de sus tenencias de deuda de los PIIGS.
• La Banca Inglesa concentra su mayor inversión/exposición en Irlanda, con el 43% del total que tiene en los PIIGS, que además es muy bajo con respecto a su escala global, muchísimo mayor que la de los otros países.
• La banca Holandesa concentra su inversión/exposición en España con el 49,5% de su total en los PIIGS. Luego en Italia con el 27,5%.
• En Grecia la banca con mayor inversión/riesgo es la francesa con el 52%, seguida por la germana con el 30%. Ambas reúnen el 82% de los fondos de inversión/riesgo y poseen el 64% total de la deuda griega.
• En España la banca con mayor presencia/exposición es la alemana con el 35%, seguida por la francesa con el 31%. Reúnen ambas el 66% de la deuda española de las cuatro grandes bancas (82% del total), mientras que del total de deuda española los bancos franceses y alemanes controlan el 54%.
• En Portugal las bancas con mayor presencia son la germana 40% y la francesa con 38%, reuniendo el 78% de la deuda entre las cuatro bancas.
• En Irlanda las bancas con mayor inversión en deuda pública es la Germana con el 41% y la Británica con el 38,4%, de las cuatro grandes bancas.
• En Italia la banca con mayor presencia es la francesa con el 60%, seguida por la germana con el 22,5%, de las cuatro grandes bancas. Entre ambas administran el 69% del total de la deuda pública italiana.
Como se observa, es evidente el enorme impacto que podría llegar a tener un default en alguno de los países de la “periferia europea”, es decir, en los países en donde se libra el enfrentamiento, especialmente en los grandes como Italia y España: sería un golpe mortal sobre el capital financiero transnacional franco-alemán que traería la inminente caída del euro y del proyecto estratégico Unión Europea. La banca francesa y alemana está expuesta en dichos países en casi 1,6 billones de dólares (tres veces todo el PBI argentino a precios de poder adquisitivo real). Si a eso agregamos que las multinacionales que son parte de las redes financieras francesas y alemanas tienen en esos países muchos de sus activos, tanto por las adquisiciones que fueron haciendo como por la instalación de sus propias sucursales, la ecuación es bastante simple: con la caída de los PIIGS, el eje franco-germano queda excluido y completamente subordinado en el enfrentamiento por la configuración del Orden Global. Con lo cual también se debilitan sus aliados tácticos como Rusia y China, que en conjunto conforman lo que las fuerzas angloamericanas denominan el bloque continental euro-asiático. Estos mismos son los que se opusieron en el consejo de seguridad de la ONU a la guerra de Irak en 2003. De los cinco con poder de veto (la mesa chica del Consejo de Seguridad de la ONU) EEUU y el Reino Unido votaron a favor de invadir, lo que finalmente hicieron, mientras que Francia, Rusia y China votaron en contra de la Guerra, ya que iba contra sus intereses en Medio Oriente.
Como también evidencia el cuadro, el endeudamiento fue un instrumento central de la expansión europea para los intereses franceses y alemanes. La deuda como instrumento de control del territorio se vuelve dominante con la emergencia del capital financiero a fines del siglo XIX, producto de la fusión de la Gran Industria con la Gran Banca. Todo prestamista impone condiciones a su prestatario en la medida que su poder sobre él, su influencia dada por el nivel de endeudamiento del prestatario, se acrecienta y su situación general se debilita. Si entre los bancos franceses y alemanes poseen aproximadamente el 50% del total de la deuda de España –sumando 450.000 millones de dólares— es evidente que el nivel de control e influencia de dichos intereses sobre ese país es enorme. Pero a ello hay que agregarle que, como se trata de capital financiero transnacional, los bancos son parte de redes más amplias junto con las denominadas empresas multinacionales o transnacionales. En este sentido, el crédito no sólo sirve como forma de extraer riqueza en un territorio social a través del interés e influir en lo político económico, sino que es el instrumento de apalancamiento para la expansión de sus propias multinacionales y transnacionales.
La sobre-exposición de los bancos franceses y alemanes en la llamada periferia europea no es otra cosa que el indicador de la expansión de dicho bloque de poder en el desarrollo de su proyecto estratégico de Unión Europea, es decir, de su “Espacio Geoestratégico”. Es interesante observar que de los 27 países que componen la UE sólo diecisiete son parte de la zona euro, lo que indica el grado de avance territorial del bloque franco-germano así como lo que le resta para consolidar su proyecto UE. Sin dicho espacio “corre el riesgo de perder relevancia geopolítica en un mundo envuelto entre un G2 de Estados Unidos y China”, que en realidad sería un G1 ya que sin los aliados europeos y Rusia, la China que prevalece es la de país emergente subordinado a la globalización financiera, la China de los BRIC con capital en la city financiera de Londres, y no la China como polo de poder autónomo: como observa Jim O´Neill, el ejecutivo de Goldman Sachs encargado de hacer de dicha banca americana una red financiera global, “Londres es la capital de los BRIC” . Por lo tanto, sobre esta situación de agudización del enfrentamiento global se abren dos alternativas para los intereses franco-germanos y sus aliados: o logran dar un salto en el control de su periferia, que constituye su territorio central de expansión, o se produce la fractura de la Unión Europea y la caída del euro. Y como una devaluación es “imposible” porque rompería la unión monetaria, entonces su propuesta es el rescate a condición de una devaluación interna –ajuste, reducción de la inversión pública y de los salarios— que permita aumentar la “competitividad” de la periferia europea y pagar las deudas que tienen con las redes financieras francesas y alemanas.
El ataque sobre el euro, que denunciaron públicamente los servicios de inteligencia griegos en combinación con los europeos , no es azaroso ni producto de la especulación. Hacer caer el euro es una cuestión estratégica. La moneda es un instrumento de ejercicio del poder –dominio— sobre un territorio social determinado. Quien logra imponer su moneda es porque logra volverse dominante sobre determinado territorio. Por eso una moneda expresa una correlación de fuerzas entre distintos poderes; afirmación que proyectada a nivel global, es una correlación de fuerzas entre bloques imperialistas, entre fracciones de capital financiero.
En el caso de la Unión Europea, el euro pudo imponerse en 16 de los 27 países miembros. Pero a pesar de que no logró avanzar sobre todos los países de la UE, ya que choca contra otras fuerzas que se le oponen y tratan de imponer en Europa otro proyecto estratégico al del eje franco-alemán, el euro pronto se convirtió en una moneda con capacidad de profundizar la perdida de hegemonía global del dólar e incluso eclipsar el proyecto monetario angloamericano, de superación del dólar a partir del establecimiento de una moneda global, similar a la que impulsó británico John Maynard Keynes como representante de su país después de la Segunda Guerra Mundial en Bretton Woods, con el objetivo de que el dólar no sea la moneda mundial sustituta de la libra esterlina sino una moneda denominada “Bancor”.
Como vemos, la importancia de la caída del euro y su destrucción, por la que salieron a jugar los fondos de inversión angloamericanos (como lo informa con gran detalle el periódico Wall Street Journal) es parte de una estrategia general acompañada de una fuerte campaña mediática y operaciones de las agencias de calificación de riesgo, y no sólo el producto de ciertos especuladores desaforados cuya motivación es su mera avaricia. Que así lo fueran no quita que no sea parte de una estrategia general, más aun cuando se observa que los gerentes de dichos fondos de inversión y bancas de inversión alternan la función privada con la pública. Es como creer que los piratas no contaban con el consentimiento de la corona británica: eran un instrumento más de la guerra comercial colonial al servicio de la corona.
El objetivo estratégico de las operaciones es hacer caer al euro y con él al proyecto UE como polo de poder con capacidad de influencia global de primer orden, en alianzas tácticas con otros polos de poder. Los objetivos específicos que se vislumbran son:
1- Hacer que los países periféricos de Europa abandonen el euro impulsando devaluaciones para salir de la crisis.
2- Impulsar que dichos países declaren el default y reestructuren su deuda, asestando un fuerte golpe sobre los sectores financieros franceses y alemanes.
3- Profundizar la interna entre Alemania y Francia, que luchan por la conducción del bloque europeo.
Las acciones para llevar adelante estos objetivos específicos son, centralmente, operaciones a través de los fondos de inversión, las agencias de calificación de riesgo (especialmente la agencia S&P) y los monopolios mediáticos.
“En el fondo, el euro siempre se vio con recelos desde la costa oeste del Atlántico, incluso desde el otro lado del canal de la Mancha. Martin Feldstein, de Harvard, llegó a afirmar poco antes de que la moneda única viera la luz que si el euro salía bien la UE se convertiría en un super-Estado e iría a la guerra con EE UU; y que si salía mal habría una guerra civil en Europa. No parece que la sangre vaya a llegar al río, aunque por el camino algunos inversores, algunos medios y las agencias de calificación -de marcada raíz anglosajona- se empeñen en reflejar en el espejo imperfecto de los mercados más impurezas en unos lugares que en otros.”
Para febrero-marzo de 2010, Europa se tambaleaba cada vez con más fuerza, pero se resistía a “rescatar” a Grecia si no cumplía con las condiciones de ajuste exigidas por Bruselas, lo cual debilitaba aun más la situación, a lo que se sumaban las internas entre franceses y alemanes en cuanto al rescate y a las intensiones de ajuste generalizado de la eurozona impulsado por Alemania. La imposibilidad del acuerdo entre París y Berlín por las características y las condiciones del rescate guardaba estrecha relación con la disputa por la conducción del bloque europeo, que los franceses habían empezado a percibir con la unificación alemana.
Con la crisis europea se ponen en juego casi sesenta años de construcción de la UE. Luego de la Segunda Guerra Mundial Francia y Alemania, los enemigos históricos de la Europa continental, unen sus fuerzas para desarrollar un bloque de poder propio que les permita existir con cierta autonomía en el escenario internacional, en el que se encontraban completamente subordinados. De hecho, en principio, no era del todo mal vista esta unidad por parte de los EEUU. Incluso era necesario potenciar por parte de las fuerzas angloamericanas el desarrollo de una Europa continental capitalista y estable, que contribuya a su hegemonía mundial. Por ello, no hubo grandes resistencias cuando en 1951, con la conducción francesa, se firma la Comunidad Europea del Acero y el Carbón, que puso las producciones de Francia y Alemania bajo una autoridad común, en la cual también se integraron Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Bélgica. El control del acero y de las minas de hierro, insumo esencial de la industria armamentística, y del carbón, fuente central de energía en ese entonces, habían sido durante casi un siglo el eje de la disputa en la Europa continental entre Francia y Alemania, desde que este último país logró su unificación nacional en 1871 y comenzó el impresionante desarrollo industrial empujado por el estado. Por ello en cada enfrentamiento bélico entre ambos países estuvo en juego la disputa por el control de los territorios fronterizos de Alsacia y Lorena, en donde se encontraban grandes yacimientos de hierro y carbón.
El acuerdo del acero y del carbón es la base del largo desarrollo del bloque europeo conducido por el eje franco-alemán y sus naves insignia: BNP Paribás, AXA, Societe Generale, Deutche Bank, Commerzbank-Dresdner-Allianz, EADS, Total, Renault, Peugeot-Citroën, Daimler (Mercedes Benz), Volkswagen-Porche, Siemmens, BMW, Bayer, BASF, Thyssen-Krupp, Continental, etc. El proyecto del bloque europeo cambia de carácter a principios de la década de 1990’ con la reunificación alemana luego de la caída del Muro de Berlín. La expansión hacia el este, la incorporación de países en la construcción del “Espacio Vital” europeo, el cambio en la correlación de fuerzas entre Alemania y Francia a favor del primero a partir de su reunificación, la Sanción del Tratado de la Unión Europea en 1993, la proyección de una moneda común y de un gobierno común son factores esenciales que modificaron el escenario internacional, aprovechando la grieta al interior del polo de poder dominante a nivel global, del cual estos países eran aliados subordinados.
El enemigo declarado: “Chinlemania”
El 22 de marzo de 2010, el Financial Times publicó un artículo firmado por uno de sus principales editorialistas, Martin Wolf, que se titula “China y Alemania: los exportadores que debilitan la economía mundial”. Como se confirmará luego durante la reunión del G-20, en la propia voz de los conductores políticos de los bloques de poder en pugna, la guerra económica librada a nivel global adquirió para ese mes un nuevo nivel de intensidad. En el plano político y en plano de las ideas el bloque angloamericano-globalista decidió manifestar públicamente y profundizar su lucha para modificar los llamados “desequilibrios globales”, a partir de los cuales se fortalecen peligrosamente los polos de poder rivales. Afirma Wolf:
“Chinlemania’ habló la semana pasada y el mundo escuchó. ¿Fue coherente lo que dijo? No. ¿Tuvieron sus palabras pretensiones de superioridad moral? Bastante. ¿Fue peligroso lo que dijo? Sí. ¿Prevalecerán las visiones más sabias? Lo dudo (…) Déjeme presentarle a Chinlemania, un compuesto de los dos mayores exportadores mundiales netos: China, con un superávit de cuenta corriente pronosticado de u$s 291.000 millones este año y Alemania, con un superávit previsto de u$s 187.000 millones.”
¿Qué es lo que molestó a los intereses angloamericanos de chinlemania, en esta segunda fase de la crisis? Que ni China ni Alemania cedieron a las presiones de los Rothschild, Barclays, HSBC, Standard Chartered, Lloyd’s, RBS, Citigroup, etc., ni tampoco a las presiones de los líderes políticos e intelectuales angloamericanos, para que modifiquen su política de agresiva exportación-ahorro-superávit comercial-inversión. En concreto, además de acusar a estos países como los causantes del desequilibrio económico mundial que produjo la crisis, a Alemania le reclaman que deje su política de ahorro y aumento de la competitividad de la industria y destine recursos al consumo mediante el incentivo de su demanda doméstica, disminuyendo su superávit y contribuyendo a la demanda global; mientras que a China la presión en el mismo sentido está puesta para que modifique el tipo de cambio, fijado por el estado intencionalmente alto con respecto al dólar, lo que hace muy competitivas (baratas) sus exportaciones y bajos los costos de producción local, y para que también incentive su demanda doméstica y con ello la demanda global.
Los superávit crecientes de China y Alemania suponen los déficit comerciales de sus rivales, lo cual se agrava por los déficit fiscales crecientes debido al rescate público del sector financiero privado y los estímulos públicos para que no se profundice la recesión. Estos déficit vulneran la situación de los estados mientras que financian el desarrollo de los grandes exportadores.
Ante estas presiones, las respuesta de China y Alemania quedaron graficadas en las palabras de Wen Jiabao en el cierre del Congreso Popular Nacional de China, golpeando contra EE.UU.: “Lo que no entiendo es depreciar la moneda propia, e intentar presionar a otros para apreciarla, con el fin de aumentar las exportaciones. En mi visión, eso es proteccionismo” . Y como para ser más incisivo, insistió en que estaba preocupado por la seguridad de las inversiones chinas en dólares. La respuesta alemana fue algo similar: no estaban dispuestos a reducir artificialmente su competitividad, en palabras de Merkel.
Estos dos grandes exportadores mundiales financian mediante el superávit y el consecuente ahorro, los saltos de escala de sus empresas industriales y los cambios en la composición orgánica de su capital para volverse más productivos, es decir, producir cada vez más con menor tiempo social de trabajo, con menores costos. Para el imperialismo global angloamericano, dominante a nivel mundial, esto no sólo atenta contra las relaciones de fuerzas existentes en el plano económico, sino que en un contexto de crisis global le resulta más perjudicial aun, ya que afecta la demanda agregada global y no tracciona a las economías paralizadas de EEUU e Inglaterra. Vale aclarar que no sería problema alguno para nuestros economistas anglófilos, como de hecho no lo es, si ese exceso de oferta de estos países estuviese compuesto por materias primas. Tampoco sería problema alguno si las empresas exportadoras fueran las suyas o si fuesen propias las empresas que acumulan a partir de una política de estado en ese sentido, como de hecho no le es problema Corea del Sur o la misma China hace algunos años cuando exportaba baratijas.
El actor dominante global que ya dio antes que sus rivales los saltos de escala especializándose en la conducción estratégica del sistema financiero necesita estimular la demanda a través del consumo y los planes de estímulo fiscales para consolidar su posición dominante y salir de la crisis como gran ganador global, institucionalizando su poder transnacionalizado. Por ello, el fortalecimiento de otros polos de poder con capacidad de proyección global contradice dichas intenciones, eso explica amenaza de guerra económica a sus rivales, como luego planteará Obama en una gira internacional.
El plan de Alemania de exportar-extender su modelo-estrategia de austeridad basado en el ahorro-inversión-producción-exportación-superávit agudiza lo que los ingleses y norteamericanos denominan “los desequilibrios globales”. Convertir a la zona euro (mediante el ajuste y la centralización económica), en una gran Alemania, es el gran temor angloamericano. La consecuencia sería la profundización de los grandes “desequilibrios” globales que impiden la institucionalización global del poder financiero transnacionalizado deviniendo en Estado Global:
- Profundización de la brecha entre países con superávit comercial y los países con déficit comercial (exportaciones-importaciones).
- Profundización de la brecha entre países con superávit fiscal y déficit fiscal.
- Profundización de los problemas de endeudamiento en los países con déficit gemelos con posibilidad que desemboquen en defaults.
- Profundización de las medidas proteccionistas y de la guerra económica entre bloques.
Cuando esta lucha tiene de fondo una profunda transformación de las relaciones de poder a nivel mundial, con una crisis en el polo dominante cuya fracción avanzada impulsa un nuevo proceso instituyente y emergen o se fortalecen otros polos de poder mundial, estamos en presencia de una gran crisis mundial.
En este escenario, las fuerzas angloamericanas intentan reducir esta brecha, suavizar la recesión, apaciguar los efectos del desequilibrio entre la capacidad de consumo y la capacidad de producción que se manifiesta en recesión, aumentando el consumo mediante déficit y deuda pública, supliendo al sector privado, el cual aumenta su tasa de ahorro. Esto se ve claramente en los enormes déficit de EEUU e Inglaterra, cubiertos con emisión monetaria y deuda, que son la contracara del nivel de recesión existente. Por otra parte, al ser los principales controladores del negocio financiero global, se benefician con el negocio de la deuda: para el 2004 Londres controlaba el 70% del total mundial de operaciones en bonos globales. En contraposición, los alemanes y, en menor medida los chinos (cercanos a la tercera postura), profundizan dicha brecha para impedir ser subordinados, aumentando el ahorro. Así lo deja claro la canciller alemana Angela Merkel ante las presiones angloamericanas y en respuesta a una carta de Obama donde pide que (los alemanes, chinos y japoneses) gasten más y dependan menos de las exportaciones: “Los éxitos de las exportaciones alemanas –dice Merkel— reflejan la alta competitividad y fortaleza innovadora de nuestras compañías. Reducir artificialmente la competitividad no sería beneficioso para nadie” . De hecho, la debilidad relativa de su sector financiero (como lo reconoce también la propia Merkel) no les deja otro camino que seguir aumentando la competitividad y fortalecer su modelo industrial de producción y exportación de medios de producción estratégicos y medios de consumo de alto valor agregado. En 2008 Alemania, a pesar del alto valor del euro, exportó por 1,47 billones de dólares, seguido por China (1,43 billones) y EEUU (1,3 billones, menos del 10% de su PBI); y del total de las exportaciones alemanas, el 17,5% correspondió a la industria automotriz, 14,8% a la de maquinaria y un 13,9% a los productos químicos. De 1990 al 2008, las exportaciones alemanas pasaron del 32% del PIB al 47%, las francesas del 21% al 26%, las italianas del 19% al 29% y las españolas del 16% al 26,4%. Estos números muestran el aumento generalizado a nivel mundial del comercio exterior de la UE y en particular la expansión del modelo alemán en Europa, y el gran peligro que para los intereses angloamericanos implica. A esto, habría que sumar el desarrollo de China, que exporta un 40% de su PBI (2008).
Lo que por un lado (el del gran capital europeo), es un fortalecimiento de la competitividad de las empresas de la zona euro por el aumento de la productividad de la fuerza de trabajo, por otra parte, el ajuste, la “austeridad” y la demanda deprimida generan fuertes tensiones sociales ya que se hace esquilmando con mayor fuerza a los trabajadores, al igual que sus rivales. La respuesta europea es disminuir dichas tensiones con la planificación estatal y ciertas prestaciones del llamado “estado de bienestar” que, por otro lado, ha sido muy desmantelado en nombre del ajuste y la competitividad.
En una tercera posición, la política de los países y bloques de poder emergentes (que son producto de procesos democráticos nacionales y populares de recuperación de la soberanía) es producir superávit (ahorro), invertir y estimular el desarrollo de la producción nacional a través del estado, al mismo tiempo que estimulan la capacidad de consumo de sus pueblos, el mercado interno, para acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas y los procesos de inclusión social: económica, política y cultural. Transitan el doble camino con el fin de aprovechar la oportunidad histórica para la liberación nacional y social.
A partir de los años 60 y 70 se entra en una nueva fase de crisis y transición con: 1- el desarrollo de las redes financieras transnacionales-globales y de las fuerzas productivas (electrónica, informática, telecomunicaciones, robótica, etc.); 2- las pujas entre las potencias capitalistas con el desafío franco-germano al dominio absoluto del polo angloamericano en el mundo capitalista; 3- el estallido de Bretton Woods; 4- la llamada crisis del petróleo y los flujos de petrodólares controlados por la city londinense que insufla de vigor a las redes financieras; 5- el desarrollo de la llamada “segunda guerra fría”; 6- los procesos revolucionarios nacionales y sociales que acontecen en lo que se denomina “Tercer Mundo” y los grandes levantamientos en los países desarrollados como el Mayo francés, la lucha por los derechos civiles en EEUU, etc. Se entra en un nuevo ciclo histórico cuya manifestación más contundente son las aproximadamente 200 crisis financieras entre 1974 y 2000. Es decir, 200 crisis en el sistema nervioso del capitalismo mundial.
La crisis que estalla en 2007-2008 en su forma financiera, seguida de crisis económica y de una multiplicidad de formas no económicas en que aparece la crisis, no es otra cosa que la manifestación más elevada de la transición histórica que impulsan tanto las redes financieras transnacionales angloamericanas y sus aliados hacia la institucionalización del “Estado Global”, contra el cual disputan y se levantan los imperialismos subordinados, como también –aprovechando la oportunidad histórica que se presenta— los bloques de poder emergentes de los países semi-coloniales y coloniales en procesos de desarrollo y liberación nacional y social.
La respuesta de la UE
Una vez que Alemania pudo imponerse parcialmente sobre Francia para trazar el plan de respuesta en la agudización de la crisis, la primera acción coordinada fue aprobar el retrasado “rescate” a Grecia, que en principio sería de 110.000 millones de euros (130.000 millones de dólares aproximadamente) por tres años, aunque en el primer año de aplicación del plan sería de 30.000 millones de euros y el resto se desembolsaría según “avance de obra”, es decir, a medida que los griegos acaten las medidas impuestas. Dicho acuerdo, además, contaba con el apoyo del FMI tal como lo quería Alemania y no Francia, a pesar de que un francés presida el FMI. En una palabra, el nuevo golpe obligó a dar por terminado el primer tramo de la presión sobre Grecia para que se someta a los designios de Bruselas. El costo para los griegos fue el compromiso de la reducción del “gasto público” en 30.000 millones de euros en tres años, bajo un plan harto conocido para los pueblos que sufren o sufrieron la subordinación al capital financiero: reducción de salarios públicos, recorte de pensiones, “reordenamiento” administrativo (eliminación de municipios y entidades locales de 1300 a 340), aumento de los impuestos regresivos sobre los trabajadores (IVA y otros), privatizaciones, flexibilización laboral (rebaja de las indemnizaciones, levantamiento de trabas para despedir trabajadores) y apoyo a la banca con 17.000 millones de euros provisto por el estado achicado, es decir, por el dinero que le sacan a los trabajadores.
Además, para que los bancos griegos no quiebren, el Banco Central Europeo (BCE) seguiría aceptando los “bonos basura” del estado griego en poder de los bancos como garantía. Con esta decisión el Banco Central Europeo desarticuló una parte de las operaciones de la Standard & Poor’s. Como afirmó el ministro de finanzas griego, Yorgos Papaconstantinu: “Con esa decisión, el sistema bancario griego queda completamente restablecido y asegurado, y esto es muy importante porque anula las acciones de las agencias de calificación.”
La otra medida concreta ante la posibilidad cierta de la caída del euro y el desmembramiento de la UE fue el “blindaje” por 750.000 millones de euros (1 billón de dólares aproximadamente en el momento del anuncio) para hacer frente a cualquier crisis de cesación de pagos, impidiendo que una quiebra arrastre a la UE.
El tercer elemento central es el papel de China interviniendo muy fuerte en la disputa a favor de la UE. En gran medida, fue la compra de miles de millones de bonos europeos, fundamentalmente de los vapuleados bonos basura griegos y de los bonos españoles, lo que terminó de salvar al euro del colapso en esos meses. Para reforzar dicha política, China además aceleró el pasaje de parte de sus reservas al euro. Como se ve, hay una decisión estratégica de China de sostener la UE ya que su caída allanaría el camino de las fuerzas globales angloamericanas para desplegar su estrategia de unipolarismo multilateral bloqueando el multipolarismo emergente.
En este sentido, la identificación de “Chinlemania” como el enemigo a vencer adquiere una nueva luz a la ya señalada por Wolf en el Financial Times como los destructores del equilibrio económico mundial. Fue esa alianza la que permitió, por un lado, que no colapsara el euro y la UE, y por otro lado, lanzar una contraofensiva. A los puntos descriptos en las páginas anteriores sobre la convergencia entre China y la UE, hay que señalar que en el 2010 Europa superó a EEUU como principal socio comercial de China y que China pasó a obtener de la UE la tecnología necesaria para desarrollar su industria y dar los saltos en productividad, acelerando el desarrollo de su industria pesada y de alto valor agregado. Es decir, la UE con Alemania a la cabeza le provee a China los bienes estratégicos que producen-controlan el tiempo social de producción. Con ello, Alemania tiene como objetivo salir de la crisis “a la cabeza de una nueva oleada de la revolución industrial” , según las palabras del CEO de Siemens Peter Löscher, como gran productor de bienes de capital estratégicos, ciencia y tecnología. También el acuerdo implica abrir el gran mercado chino para los europeos. En este sentido, China se convirtió en el principal mercado para Volkswagen: con dos millones de autos vendidos superó al propio mercado alemán.
El fortalecimiento de las grandes empresas a través de la expansión, la compra, la fusión y la cooperación fue otra de las estrategias desarrolladas por Alemania y Francia para hacer frente a la crisis. Dicha estrategia comienza a desplegarse con claridad a partir de 2008 y se intensifica en 2010 (siguiendo el proceso de 2000-2006 de la conformación de empresas paneuropeas, a partir de la fusión entre las grandes empresas de los países europeos).
La otra parte de la respuesta de la UE estará más ligada a las decisiones sobre regulaciones y política económica, tanto en lo que hace a su propio territorio como en el plano internacional, donde también Alemania lleva la voz cantante. Una primera operación fuerte en este sentido fue la prohibición a fines de mayo de la venta en descubierto de los CDS (credits default swaps o seguros ante default de deuda) por parte del gobierno alemán.
En este mismo sentido, una vez superada la etapa más crítica de la crisis gracias al apoyo de “China”, el eje germano-francés –ya que después de la crisis el orden histórico del eje trocó sus posiciones— apuntó sus cañones a cerrar los mercados financieros del continente, asegurando una fuerte regulación en los dieciséis países de la zona euro. Hacia principios de junio, Merkel y Sarcozy ordenaron a través de una carta pública al presidente de la comisión europea, José Manuel Barroso,
“a regular en urgencia los mercados financieros y, especialmente, sus productos derivados” y a “acelerar sus trabajos para un encuadramiento reforzado de los mercados financieros”. “El retorno de una fuerte volatilidad de los mercados vuelve legítimo interrogarse específicamente sobre ciertas técnicas financieras y la utilización de ciertos productos derivados como las ventas a descubierto y los credit default swaps (seguros de riesgo de crédito o CDS, en sus siglas en inglés).”
Por otro lado, Francia se disponía a seguir el plan alemán y anunciaba el compromiso de iniciar un ajuste por 45.000 millones de euros para alcanzar un déficit del 3% del PBI para el 2013 (en 2010 del 8%), adecuándose a las reglas europeas. Traccionando a Francia, Alemania obligó a toda la zona euro a seguir su política de ajuste-ahorro-inversión-producción-exportación-superávit agudizando las contradicciones con las fuerzas angloamericanas que pedían a los alemanes que “reequilibren” la demanda global y ayuden a la recuperación global gastando más. De hecho, el anuncio del ajuste francés se daba en el mismo momento en que el presidente norteamericano Barack Obama presionaba en sentido contrario.
Profundizando el enfrentamiento estratégico entre bloques de poder, el 22 de junio la Unión Europea, adoptando como propia la actitud alemana, pidió al G-20 que defina cuándo levantarán las medidas de estímulo que sustentan el crecimiento económico “restaurando así la confianza en la economía global”. Y también pidió que se apruebe un “impuesto global” sobre las transacciones financieras y otros impuestos sobre las instituciones financieras “para ayudar a pagar los costos de liquidación o salvamento de bancos en riesgo de derrumbe.” Estas palabras significaban una declaración de guerra. No sólo expresaban la insubordinación alemana ante las fuerzas angloamericanas y la imposición de su estrategia dentro del eje de conducción germano-francés –por ende al conjunto de la zona euro y también a toda la UE— quebrando así la posición inglesa-norteamericana que trató de sumar a su estrategia a Francia. También significaban la intención de la UE de llevar adelante una ofensiva internacional para partir y bloquear el G-20, conducido por los intereses angloamericanos globalistas, que pretenden constituirlo como gobierno global en su estrategia de unipolarismo multilateral. El G-20 quedó paralizado, ya que si antes era complicado establecer una única estrategia, ahora con la profundización de la fractura entre los principales polos de poder mundial y la decisión germano-francesa de contraatacar, contando para ello con el apoyo de China y Rusia, el G-20 se convierte en un foro multipolar donde los bloques de poder de menor magnitud, como el suramericano, pueden desplegar con mayor soltura una estrategia propia manteniendo la “neutralidad”.
La decisión de China fue determinante para salvar al euro y el proyecto germano-francés de UE, y esa decisión marcó un devenir específico, dentro de las distintas alternativas que se abrían, sintetizando un conjunto de procesos estructurales más amplios. No era inevitable que esto sucediese, hubo una decisión, pero al mismo tiempo hubo condiciones históricas y convergencias estructurales para que así fuese. Sin embargo, la decisión de las fuerzas angloamericanas de seguir golpeando sobre la UE y el euro, sumada a las debilidades de la Unión, en donde la decisión que prima es salvar a los bancos a costa de los pueblos, agudiza todas las contradicciones en el inicio de la tercera ola de la crisis. Esto es lo que estamos viviendo nuevamente con la profundización de la crisis griega y española.
La crisis de los llamados “cerdos” (PIIGS: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España)
El desenlace de la crisis europea dio inicio a la segunda fase de la crisis global. Cuando muchos multimedios, intelectuales y empresarios intentaban instalar la idea de que la crisis había sido superada, se desató una nueva fase de la tormenta.
El 20 de octubre de 2009, el recientemente asumido primer ministro griego, Yorgos Papandreu, informa a Eurostat, la oficina europea de estadísticas, que el déficit de su país acabará en el nivel del 12,5% del PIB y no en el 3,7% como se había anunciado en principio. El gobierno conservador había ocultado el déficit real de Grecia y, ni bien asume el socialdemócrata Papandreu, desde Bruselas (capital administrativa de la Unión Europea) se presionó a Grecia para que blanquee el déficit real, advirtiéndole que los datos sobre sus cuentas no eran muy claros y de mucha confianza. Es la propia Unión Europea (UE) la que presiona sobre Grecia y le impulsa a hacer un ajuste de sus cuentas fiscales.
Grecia pasa a ser miembro de la zona euro en el año 2001. Para cumplir con los límites de déficit impuestos por la UE falseó sistemáticamente sus cuentas con la ayuda de la banca de inversión americana, Goldman Sachs. ¿Cómo lo hizo? Haciendo pasar miles de millones de euros de deuda externa como divisas y no como préstamos, es decir, como activos en vez de pasivos. A cambio, Goldman Sachs recibió 300 millones de euros como comisión de la operación y colocó 735.000 millones de euros en bonos a partir de 2002.
La pregunta es por qué la UE, encabezada por el eje franco-alemán, decide hacer visible el déficit real griego y las jugadas de encubrimiento, algo que ya sabía con anterioridad.
En un principio, se trata de una cuestión interna de la Unión Europea, para profundizar el control sobre los países miembros y propiciar la centralización-fortalecimiento del gobierno europeo. El objetivo de Bruselas, trazado por la fracción franco-alemana, era fortalecer su posición en los países periféricos del territorio de la UE: ajustar las economías para mejorar las finanzas públicas asegurando que los bancos franceses y alemanes fuertemente expuestos en España, Portugal, Italia, Grecia e Irlanda no tengan problemas en cobrar sus deudas, consolidando su posición para salir de la crisis con un gobierno europeo fortalecido a partir del control de los presupuestos de los países miembros, con regulaciones financieras más estrictas, compra de empresas en los países periféricos de la unión y controlando los eslabones débiles en donde pueden hacer pie los golpes financieros.
Al interior de la zona euro existe un fuerte desequilibrio, con países superavitarios y países deficitarios. En 2006, Alemania tenía un gran superávit de u$s 190 mil millones (6,5% del PBI) y Holanda uno de u$s 64 mil millones (9,4% del PBI). En el extremo opuesto estaban los importadores de capital, España a la cabeza con un enorme déficit de u$s 111 mil millones (9% del PBI), junto a Grecia, Portugal, Italia e Irlanda. Esto se profundizó con el estallido de la crisis financiera.
¿Por qué se daban estos desequilibrios? El ejemplo de Argentina con la convertibilidad (el peso atado al dólar, al tipo de cambio 1$ a 1U$s), como parte de la subordinación del territorio nacional a los intereses angloamericanos, resulta bastante ilustrativo. Al atarse a una moneda fuerte, en este caso el “euro”, estos países perdieron competitividad y vieron retroceder su producción industrial, ahora encarecida para los extranjeros, con lo que comenzaron a importar más de lo que exportaban, especialmente desde los países altamente productivos como Alemania, que son los que controlan el Euro. Este déficit, así como el boom de consumo por poseer moneda fuerte (en nuestro caso: viajes a Miami, consumo de bienes suntuarios, consumo de importaciones desde todo por $2 hasta medios de producción y bienes de consumo que antes se producían localmente) se financió mediante deuda. La deuda era otorgada por los bancos pertenecientes, principalmente, a las redes financieras de origen francés y alemán, es decir, los actores dominantes del proyecto estratégico Unión Europea. La deuda, como sabemos, es un instrumento central para el control de territorio, porque el acreedor impone al deudor un conjunto de condiciones que van re-moldeando la economía de un país e imponiendo o condicionando sus cuadros dirigentes en función de si se acomodan o no a dichos intereses. Al mismo tiempo, los capitales franco-alemanes –y en menor medida otros que pasaron a formar parte del selecto grupo de grandes capitales de la UE propietarios de las principales empresas paneuropeas— se fueron haciendo de los activos de los países periféricos de la UE (bancos, industrias, empresas estatales de servicios, etc.). En síntesis, centralizando capital, garantizando mercado para la venta de bienes estratégicos, profundizando el control sobre el territorio social, apropiándose de las empresas estratégicas de producción bienes de capital y armamento, e instalando empresas propias en la periferia europea con costos menores de producción.
Uno de los objetivos de Bruselas al presionar a Grecia, haciendo público su déficit real, fue obligarla a ajustar y vender-privatizar-transferir-enajenar los activos estratégicos que aun quedan en manos del estado, el único capital de origen griego en sentido estricto. Se fuerza una devaluación en los activos locales para facilitar el proceso centralizador.
Todo este proceso en Grecia y en la periferia de la UE, transcurría internamente sin mayores sobresaltos, hasta que dos hechos median para que se desate la llamada crisis europea:
1- La firma del Tratado de Lisboa y la lucha por el reparto de los cargos en la Unión Europea, donde sale fuertemente perjudicada la city londinense.
2- La crisis de Dubai, que afecta principalmente a los intereses angloamericanos.
La firma del Tratado de Lisboa: hacia un la construcción de un gobierno europeo
Después de diez años de negociaciones, los 27 miembros de la UE ratificaron en noviembre de 2009 el Tratado de Lisboa, dándole mayor institucionalidad al bloque y reforzando la construcción de un gobierno europeo. Sin embargo, no todos los países quedaron sujetos al mismo, mostrando el enfrentamiento interno por el control de Europa: el Reino Unido, Polonia y República Checa, quienes retrasaron la firma del tratado, negociaron para no tener la obligación de cumplir con la Carta de Derechos Fundamentales de la UE.
El Tratado de Lisboa es un marco institucional con similares objetivos a los establecidos en la constitución europea que intentó aprobarse por referéndum en el año 2005. En la constitución como en el Tratado se refuerza el proyecto estratégico de Unión Europea, desde los intereses del bloque de poder franco-germano, a partir de imponer una nueva institucionalidad:
- Un ministro de relaciones exteriores, es decir, la centralización de la política exterior europea.
- Un presidente estable del Consejo de Europa (consejo constituido por los jefes de estado de los países miembros) en reemplazo de la actual rotación semestral, lo cual tiene como objetivo mantener la “continuidad de acción”.
- El aumento del poder del Parlamento Europeo en detrimento de los parlamentos de los países miembros.
- Por último, estableciendo que la Unión Europea es la única instancia con competencia para fijar las reglas de la política comercial común.
Este es el gran salto político estratégico que necesitaba el eje franco-germano para constituirse como uno de los polos de poder mundial con capacidad de influir centralmente en la lucha por la configuración del orden global. Sin la institucionalización que permite la centralización del gobierno europeo este bloque de poder queda reducido a un papel de aliado subordinado del imperialismo angloamericano. En este sentido Chirac, el entonces presidente francés, enfrentado fundamentalmente con la posición anglosajona representada por el primer ministro británico, Tony Blair, afirmaba que si ganaba el NO a la Constitución Europea “los que tienen una concepción ultraliberal de Europa tomarán el comando... Esto conducirá a una Europa sin ambición política y reducida a una simple zona de libre cambio.”
El NO a la constitución europea triunfó en el año 2005. Sin embargo, el debilitamiento del polo angloamericano a partir de la crisis global del 2008, la profundización de la lucha entre fracciones a su interior, el empantanamiento en las guerras de Medio Oriente, el desarrollo del multipolarismo y el avance relativo del complejo industrial franco-germano permiten lograr a fines del 2009, lo que cinco años antes no habían podido.
Firmado el Tratado de Lisboa pasan a negociarse los lugares en la conducción en el nuevo esquema de gobierno europeo, donde el gran perdedor es la city londinense, que si bien logra ubicar a la laborista Catherine Ashton en el cargo de alto representante de Política Exterior y Seguridad, pierde los lugares claves de regulación y control económico de la Unión Europea (UE). Por otra parte, como se vio en los meses subsiguientes, la política exterior de la UE en términos reales siguió estando en manos del presidente francés y de la canciller alemana. Así lo expresó el propio presidente francés, Nicolás Sarkozy, en lo que fue una declaración de guerra a la city londinense:
“Quiero que el mundo vea la victoria del modelo europeo, que no tiene nada que ver con los excesos del capitalismo financiero (…) los británicos son los grandes perdedores (…) Nadie puede decir que la ausencia de regulación, o una regulación blanda, tal y como la llamó Brown, nos haya hecho ningún bien.”
El contraataque de la city londinense apuntó a las debilidades económicas de la periferia europea, agudizadas tras la crisis económica mundial, reflejadas en los crecientes déficit fiscales y de cuenta corriente, cubiertos por un fuerte endeudamiento. La situación de déficit y endeudamiento no es distinta a la del Reino Unido, con un 13% de déficit sobre el PBI (el más grande en tiempos de “paz” de la historia del Reino Unido) y los Estados Unidos, con un déficit del 10,6% del PBI, equivalente a 1,56 billones de dólares. Si tenemos en cuenta el promedio de la zona euro, vemos que el déficit fiscal es del 6% del PBI, notablemente inferior al de Estados Unidos y el Reino Unido. También el promedio de deuda de la zona euro, en torno al 80% del PBI, es diferente de los niveles de Estados Unidos y el Reino Unido. Sin embargo, la diferencia radica en que Londres y Nueva York tienen un “banco central poderoso, dispuesto a barrer a quien apueste en su contra. Y los mercados conocen esas armas de disuasión, la vertiente política de la situación fiscal". Y, por otra parte, tienen los instrumentos necesarios para producir golpes financieros en gran escala (Fondos Financieros de Inversión Global, Bancas de Inversión, Calificadoras de Riesgo, etc.) cuyo centro neurálgico en Londres y Nueva York.
Los dos países claves sobre los cuales van a descargarse en principio los ataques especulativos, precedidos por bajas en la calificación crediticia, van a ser Grecia y España. Si Grecia era el objetivo sobre el que apuntaba Bruselas, España por su peso en la zona Euro y por el volumen de su deuda era el objetivo de los intereses opuestos al avance de la Unión Europea. “Grecia desató la crisis que aflige a la zona euro. España, sin embargo, es el país que podría determinar la supervivencia de la moneda común.”
La crisis de Dubai
El antecedente del estallido de la crisis europea es la crisis de Dubai, desatada el 25 de noviembre de 2009, que también golpea sobre la city financiera londinense al igual que la firma del Tratado de Lisboa y el reparto de cargos en la Unión Europea. Este pequeño emirato, parte de los Emiratos Árabes Unidos, provocó un descalabro global al anunciar que el estado no se haría cargo del pago de la deuda del fondo de inversión estatal Dubai World (de más de 60.000 millones de dólares) y pidió un plazo de 6 meses a sus acreedores.
La crisis de Dubai es especialmente significativa porque es la plataforma financiera y portuaria desde la cual los intereses angloamericanos intentan controlar el Golfo Pérsico, contrarrestando y bloqueando el desarrollo autónomo de Irán y de los países de una región muy rica en recursos naturales, así como del nacionalismo árabe en general, con su propuesta histórica de construcción de una gran nación, que entre el siglo X y el XVI se extendió hasta la península Ibérica. Dubai es para la región del Golfo Pérsico lo que Singapur para el sudeste asiático y Hong Kong para China: el nodo-centro financiero, portuario, comunicacional, informático y de inteligencia estratégica desde los cuales desplegar las fuerzas, operar sobre el “continente” y controlar dichos territorios desde el plan de las redes financieras globales.
La crisis de diciembre de 2009.
El primer momento de la segunda ola de la crisis global.
La calificadora de riesgo con sede en Londres, Standard & Poor’s (S&P) , fue la primera en bajar la nota de la deuda española. De hecho, ya lo había hecho un año antes del estallido, el 19 de enero de 2009, cuando bajó la calificación de la deuda española de AAA (la máxima) a AA+, cuatro días después de bajarle la nota a Grecia. Ninguna de las otras dos calificadoras de riesgo, Moody’s y Fitch, acompañaron dicho cambio negativo. De similar forma, el 9 de diciembre de 2009, luego de la crisis en Dubai y de que el semanario londinense The Economist apunte los cañones sobre España calificando a dicho país como el gran enfermo de Europa, S&P pasó la perspectiva de calificación de la deuda española de estable a negativa. Un día antes, había cambiado la perspectiva de calificación de la deuda Griega de estable a negativa, acompañada por la calificadora Fitch quien bajó la calificación de la deuda griega de A- a BBB+. Ni Fitch ni Moody’s (la otra gran calificadora internacional) cambiaron en absoluto la nota española a pesar de manejar los mismos indicadores: un 19% de desocupación, un déficit fiscal del 11%, un déficit de cuenta corriente de 5,4% y una recesión galopante. Por el contrario, mantuvieron la máxima calificación crediticia: AAA. Sobre la baja de calificación de S&P, comenzaron a montarse los ataques especulativos, centrados en las apuestas sobre la cesación de pagos de los seguros de default (credit default swaps).
El golpe descalabró por completo la situación europea, particularmente debido a España por ser la cuarta economía de la zona euro y por el nivel de exposición de la banca europea en dicho país (como se observa en el cuadro 3, en especial la banca de las redes financieras francesas). Un especialista económico español azorado por la situación y la para él incomprensible jugada de las calificadoras de riesgo, reflexiona:
“Para terminar este infeliz derrotero, el día miércoles Standard & Poors, quien ya había rebajado en enero último la calificación de España de AAA a AA+, decidió pasar su perspectiva de "estable" a "negativa". Nuevamente, los mercados reaccionaron en forma negativa. Lo sorprendente de este caso fue que al igual -que lo sucedido con Grecia- la riesgosa situación de España dada por una peligrosa combinación de elevados valores de déficit fiscal (10%), deuda pública (70%) y desempleo (17%) ya era harto conocida.”
Sin embargo, aunque la situación española era harto conocida, todavía no se había producido la firma del Tratado de Lisboa y el desplazamiento de Londres de los principales espacios de poder del nuevo gobierno europeo, como tampoco la crisis de Dubai.
A partir de estos hechos comienza a transitarse la llamada crisis europea y con ella la Segunda Ola de la crisis global. Antes de que dicha situación se profundice hacia abril-mayo de 2010 –cuando cruje el sistema financiero global, la administración norteamericana inicia su ofensiva contra Goldman Sachs, hay elecciones en el Reino Unido, se abre la interna entre Francia y Alemania en torno a las decisiones de la Unión Europea para “rescatar” a los caídos y salir de la zona de tormenta impidiendo el desmembramiento de la zona euro, y las posibilidades de cesación de pago de la deuda se vuelven muy próximas en la Unión Europea— el economista Joseph Stiglitz, uno de los principales asesores económicos del primer ministro británico Gordon Brown , advierte:
“sorprende la velocidad con que las fuerzas a favor de la situación pre–2007 se reagruparon y seguir como si nada pasara generará problemas para el futuro. El optimista que hay en mí espera que no haga falta otra crisis para impulsar por fin el proceso político. El pesimista que llevo dentro dice que puede ser necesario que eso pase.”
Más claro imposible: es necesaria una nueva ola de la crisis (la segunda ola) para llevar adelante e imponer un determinado proyecto estratégico (“proceso político”), que configure un determinado orden global. Al no haber acuerdo, necesariamente hay crisis y enfrentamiento: el proceso impulsado por las fuerzas más avanzadas del capitalismo financiero global, que pretende ir hacia la superación de la situación pre-2007, se contrapone con otros proyectos estratégicos sostenidos por bloques de poder contrarios a sus intereses. Hasta que dicho enfrentamiento no se resuelva de algún modo, la crisis global en todas sus formas, planos y expresiones seguirá agudizándose.
Golpe sobre los bancos europeos y el euro
Haciendo una lectura de la deuda europea podemos observar:
• Los mayores inversores de deuda en los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) son los bancos franceses con el 40%, seguido de los alemanes con el 31,4%. Los bancos de Francia y Alemania suman el 71% del dinero prestado en los PIIGS, mientras que los bancos ingleses no llegan al 18%.
• Los bancos franceses tienen su mayor grado de inversión/exposición en Italia con el 56,7% del total de sus tenencias de deuda en los PIIGS. El segundo lugar de inversión/exposición es en España con el 31%. Esta banca concentra su inversión/exposición en un 80,3% en Italia y España, del total de PIIGS.
• Los bancos alemanes tienen sus inversiones distribuidas en tres países: España 33,8%, Italia 27% e Irlanda 26%, que suman el 86,8% del total de sus tenencias de deuda de los PIIGS.
• La Banca Inglesa concentra su mayor inversión/exposición en Irlanda, con el 43% del total que tiene en los PIIGS, que además es muy bajo con respecto a su escala global, muchísimo mayor que la de los otros países.
• La banca Holandesa concentra su inversión/exposición en España con el 49,5% de su total en los PIIGS. Luego en Italia con el 27,5%.
• En Grecia la banca con mayor inversión/riesgo es la francesa con el 52%, seguida por la germana con el 30%. Ambas reúnen el 82% de los fondos de inversión/riesgo y poseen el 64% total de la deuda griega.
• En España la banca con mayor presencia/exposición es la alemana con el 35%, seguida por la francesa con el 31%. Reúnen ambas el 66% de la deuda española de las cuatro grandes bancas (82% del total), mientras que del total de deuda española los bancos franceses y alemanes controlan el 54%.
• En Portugal las bancas con mayor presencia son la germana 40% y la francesa con 38%, reuniendo el 78% de la deuda entre las cuatro bancas.
• En Irlanda las bancas con mayor inversión en deuda pública es la Germana con el 41% y la Británica con el 38,4%, de las cuatro grandes bancas.
• En Italia la banca con mayor presencia es la francesa con el 60%, seguida por la germana con el 22,5%, de las cuatro grandes bancas. Entre ambas administran el 69% del total de la deuda pública italiana.
Como se observa, es evidente el enorme impacto que podría llegar a tener un default en alguno de los países de la “periferia europea”, es decir, en los países en donde se libra el enfrentamiento, especialmente en los grandes como Italia y España: sería un golpe mortal sobre el capital financiero transnacional franco-alemán que traería la inminente caída del euro y del proyecto estratégico Unión Europea. La banca francesa y alemana está expuesta en dichos países en casi 1,6 billones de dólares (tres veces todo el PBI argentino a precios de poder adquisitivo real). Si a eso agregamos que las multinacionales que son parte de las redes financieras francesas y alemanas tienen en esos países muchos de sus activos, tanto por las adquisiciones que fueron haciendo como por la instalación de sus propias sucursales, la ecuación es bastante simple: con la caída de los PIIGS, el eje franco-germano queda excluido y completamente subordinado en el enfrentamiento por la configuración del Orden Global. Con lo cual también se debilitan sus aliados tácticos como Rusia y China, que en conjunto conforman lo que las fuerzas angloamericanas denominan el bloque continental euro-asiático. Estos mismos son los que se opusieron en el consejo de seguridad de la ONU a la guerra de Irak en 2003. De los cinco con poder de veto (la mesa chica del Consejo de Seguridad de la ONU) EEUU y el Reino Unido votaron a favor de invadir, lo que finalmente hicieron, mientras que Francia, Rusia y China votaron en contra de la Guerra, ya que iba contra sus intereses en Medio Oriente.
Como también evidencia el cuadro, el endeudamiento fue un instrumento central de la expansión europea para los intereses franceses y alemanes. La deuda como instrumento de control del territorio se vuelve dominante con la emergencia del capital financiero a fines del siglo XIX, producto de la fusión de la Gran Industria con la Gran Banca. Todo prestamista impone condiciones a su prestatario en la medida que su poder sobre él, su influencia dada por el nivel de endeudamiento del prestatario, se acrecienta y su situación general se debilita. Si entre los bancos franceses y alemanes poseen aproximadamente el 50% del total de la deuda de España –sumando 450.000 millones de dólares— es evidente que el nivel de control e influencia de dichos intereses sobre ese país es enorme. Pero a ello hay que agregarle que, como se trata de capital financiero transnacional, los bancos son parte de redes más amplias junto con las denominadas empresas multinacionales o transnacionales. En este sentido, el crédito no sólo sirve como forma de extraer riqueza en un territorio social a través del interés e influir en lo político económico, sino que es el instrumento de apalancamiento para la expansión de sus propias multinacionales y transnacionales.
La sobre-exposición de los bancos franceses y alemanes en la llamada periferia europea no es otra cosa que el indicador de la expansión de dicho bloque de poder en el desarrollo de su proyecto estratégico de Unión Europea, es decir, de su “Espacio Geoestratégico”. Es interesante observar que de los 27 países que componen la UE sólo diecisiete son parte de la zona euro, lo que indica el grado de avance territorial del bloque franco-germano así como lo que le resta para consolidar su proyecto UE. Sin dicho espacio “corre el riesgo de perder relevancia geopolítica en un mundo envuelto entre un G2 de Estados Unidos y China”, que en realidad sería un G1 ya que sin los aliados europeos y Rusia, la China que prevalece es la de país emergente subordinado a la globalización financiera, la China de los BRIC con capital en la city financiera de Londres, y no la China como polo de poder autónomo: como observa Jim O´Neill, el ejecutivo de Goldman Sachs encargado de hacer de dicha banca americana una red financiera global, “Londres es la capital de los BRIC” . Por lo tanto, sobre esta situación de agudización del enfrentamiento global se abren dos alternativas para los intereses franco-germanos y sus aliados: o logran dar un salto en el control de su periferia, que constituye su territorio central de expansión, o se produce la fractura de la Unión Europea y la caída del euro. Y como una devaluación es “imposible” porque rompería la unión monetaria, entonces su propuesta es el rescate a condición de una devaluación interna –ajuste, reducción de la inversión pública y de los salarios— que permita aumentar la “competitividad” de la periferia europea y pagar las deudas que tienen con las redes financieras francesas y alemanas.
El ataque sobre el euro, que denunciaron públicamente los servicios de inteligencia griegos en combinación con los europeos , no es azaroso ni producto de la especulación. Hacer caer el euro es una cuestión estratégica. La moneda es un instrumento de ejercicio del poder –dominio— sobre un territorio social determinado. Quien logra imponer su moneda es porque logra volverse dominante sobre determinado territorio. Por eso una moneda expresa una correlación de fuerzas entre distintos poderes; afirmación que proyectada a nivel global, es una correlación de fuerzas entre bloques imperialistas, entre fracciones de capital financiero.
En el caso de la Unión Europea, el euro pudo imponerse en 16 de los 27 países miembros. Pero a pesar de que no logró avanzar sobre todos los países de la UE, ya que choca contra otras fuerzas que se le oponen y tratan de imponer en Europa otro proyecto estratégico al del eje franco-alemán, el euro pronto se convirtió en una moneda con capacidad de profundizar la perdida de hegemonía global del dólar e incluso eclipsar el proyecto monetario angloamericano, de superación del dólar a partir del establecimiento de una moneda global, similar a la que impulsó británico John Maynard Keynes como representante de su país después de la Segunda Guerra Mundial en Bretton Woods, con el objetivo de que el dólar no sea la moneda mundial sustituta de la libra esterlina sino una moneda denominada “Bancor”.
Como vemos, la importancia de la caída del euro y su destrucción, por la que salieron a jugar los fondos de inversión angloamericanos (como lo informa con gran detalle el periódico Wall Street Journal) es parte de una estrategia general acompañada de una fuerte campaña mediática y operaciones de las agencias de calificación de riesgo, y no sólo el producto de ciertos especuladores desaforados cuya motivación es su mera avaricia. Que así lo fueran no quita que no sea parte de una estrategia general, más aun cuando se observa que los gerentes de dichos fondos de inversión y bancas de inversión alternan la función privada con la pública. Es como creer que los piratas no contaban con el consentimiento de la corona británica: eran un instrumento más de la guerra comercial colonial al servicio de la corona.
El objetivo estratégico de las operaciones es hacer caer al euro y con él al proyecto UE como polo de poder con capacidad de influencia global de primer orden, en alianzas tácticas con otros polos de poder. Los objetivos específicos que se vislumbran son:
1- Hacer que los países periféricos de Europa abandonen el euro impulsando devaluaciones para salir de la crisis.
2- Impulsar que dichos países declaren el default y reestructuren su deuda, asestando un fuerte golpe sobre los sectores financieros franceses y alemanes.
3- Profundizar la interna entre Alemania y Francia, que luchan por la conducción del bloque europeo.
Las acciones para llevar adelante estos objetivos específicos son, centralmente, operaciones a través de los fondos de inversión, las agencias de calificación de riesgo (especialmente la agencia S&P) y los monopolios mediáticos.
“En el fondo, el euro siempre se vio con recelos desde la costa oeste del Atlántico, incluso desde el otro lado del canal de la Mancha. Martin Feldstein, de Harvard, llegó a afirmar poco antes de que la moneda única viera la luz que si el euro salía bien la UE se convertiría en un super-Estado e iría a la guerra con EE UU; y que si salía mal habría una guerra civil en Europa. No parece que la sangre vaya a llegar al río, aunque por el camino algunos inversores, algunos medios y las agencias de calificación -de marcada raíz anglosajona- se empeñen en reflejar en el espejo imperfecto de los mercados más impurezas en unos lugares que en otros.”
Para febrero-marzo de 2010, Europa se tambaleaba cada vez con más fuerza, pero se resistía a “rescatar” a Grecia si no cumplía con las condiciones de ajuste exigidas por Bruselas, lo cual debilitaba aun más la situación, a lo que se sumaban las internas entre franceses y alemanes en cuanto al rescate y a las intensiones de ajuste generalizado de la eurozona impulsado por Alemania. La imposibilidad del acuerdo entre París y Berlín por las características y las condiciones del rescate guardaba estrecha relación con la disputa por la conducción del bloque europeo, que los franceses habían empezado a percibir con la unificación alemana.
Con la crisis europea se ponen en juego casi sesenta años de construcción de la UE. Luego de la Segunda Guerra Mundial Francia y Alemania, los enemigos históricos de la Europa continental, unen sus fuerzas para desarrollar un bloque de poder propio que les permita existir con cierta autonomía en el escenario internacional, en el que se encontraban completamente subordinados. De hecho, en principio, no era del todo mal vista esta unidad por parte de los EEUU. Incluso era necesario potenciar por parte de las fuerzas angloamericanas el desarrollo de una Europa continental capitalista y estable, que contribuya a su hegemonía mundial. Por ello, no hubo grandes resistencias cuando en 1951, con la conducción francesa, se firma la Comunidad Europea del Acero y el Carbón, que puso las producciones de Francia y Alemania bajo una autoridad común, en la cual también se integraron Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Bélgica. El control del acero y de las minas de hierro, insumo esencial de la industria armamentística, y del carbón, fuente central de energía en ese entonces, habían sido durante casi un siglo el eje de la disputa en la Europa continental entre Francia y Alemania, desde que este último país logró su unificación nacional en 1871 y comenzó el impresionante desarrollo industrial empujado por el estado. Por ello en cada enfrentamiento bélico entre ambos países estuvo en juego la disputa por el control de los territorios fronterizos de Alsacia y Lorena, en donde se encontraban grandes yacimientos de hierro y carbón.
El acuerdo del acero y del carbón es la base del largo desarrollo del bloque europeo conducido por el eje franco-alemán y sus naves insignia: BNP Paribás, AXA, Societe Generale, Deutche Bank, Commerzbank-Dresdner-Allianz, EADS, Total, Renault, Peugeot-Citroën, Daimler (Mercedes Benz), Volkswagen-Porche, Siemmens, BMW, Bayer, BASF, Thyssen-Krupp, Continental, etc. El proyecto del bloque europeo cambia de carácter a principios de la década de 1990’ con la reunificación alemana luego de la caída del Muro de Berlín. La expansión hacia el este, la incorporación de países en la construcción del “Espacio Vital” europeo, el cambio en la correlación de fuerzas entre Alemania y Francia a favor del primero a partir de su reunificación, la Sanción del Tratado de la Unión Europea en 1993, la proyección de una moneda común y de un gobierno común son factores esenciales que modificaron el escenario internacional, aprovechando la grieta al interior del polo de poder dominante a nivel global, del cual estos países eran aliados subordinados.
El enemigo declarado: “Chinlemania”
El 22 de marzo de 2010, el Financial Times publicó un artículo firmado por uno de sus principales editorialistas, Martin Wolf, que se titula “China y Alemania: los exportadores que debilitan la economía mundial”. Como se confirmará luego durante la reunión del G-20, en la propia voz de los conductores políticos de los bloques de poder en pugna, la guerra económica librada a nivel global adquirió para ese mes un nuevo nivel de intensidad. En el plano político y en plano de las ideas el bloque angloamericano-globalista decidió manifestar públicamente y profundizar su lucha para modificar los llamados “desequilibrios globales”, a partir de los cuales se fortalecen peligrosamente los polos de poder rivales. Afirma Wolf:
“Chinlemania’ habló la semana pasada y el mundo escuchó. ¿Fue coherente lo que dijo? No. ¿Tuvieron sus palabras pretensiones de superioridad moral? Bastante. ¿Fue peligroso lo que dijo? Sí. ¿Prevalecerán las visiones más sabias? Lo dudo (…) Déjeme presentarle a Chinlemania, un compuesto de los dos mayores exportadores mundiales netos: China, con un superávit de cuenta corriente pronosticado de u$s 291.000 millones este año y Alemania, con un superávit previsto de u$s 187.000 millones.”
¿Qué es lo que molestó a los intereses angloamericanos de chinlemania, en esta segunda fase de la crisis? Que ni China ni Alemania cedieron a las presiones de los Rothschild, Barclays, HSBC, Standard Chartered, Lloyd’s, RBS, Citigroup, etc., ni tampoco a las presiones de los líderes políticos e intelectuales angloamericanos, para que modifiquen su política de agresiva exportación-ahorro-superávit comercial-inversión. En concreto, además de acusar a estos países como los causantes del desequilibrio económico mundial que produjo la crisis, a Alemania le reclaman que deje su política de ahorro y aumento de la competitividad de la industria y destine recursos al consumo mediante el incentivo de su demanda doméstica, disminuyendo su superávit y contribuyendo a la demanda global; mientras que a China la presión en el mismo sentido está puesta para que modifique el tipo de cambio, fijado por el estado intencionalmente alto con respecto al dólar, lo que hace muy competitivas (baratas) sus exportaciones y bajos los costos de producción local, y para que también incentive su demanda doméstica y con ello la demanda global.
Los superávit crecientes de China y Alemania suponen los déficit comerciales de sus rivales, lo cual se agrava por los déficit fiscales crecientes debido al rescate público del sector financiero privado y los estímulos públicos para que no se profundice la recesión. Estos déficit vulneran la situación de los estados mientras que financian el desarrollo de los grandes exportadores.
Ante estas presiones, las respuesta de China y Alemania quedaron graficadas en las palabras de Wen Jiabao en el cierre del Congreso Popular Nacional de China, golpeando contra EE.UU.: “Lo que no entiendo es depreciar la moneda propia, e intentar presionar a otros para apreciarla, con el fin de aumentar las exportaciones. En mi visión, eso es proteccionismo” . Y como para ser más incisivo, insistió en que estaba preocupado por la seguridad de las inversiones chinas en dólares. La respuesta alemana fue algo similar: no estaban dispuestos a reducir artificialmente su competitividad, en palabras de Merkel.
Estos dos grandes exportadores mundiales financian mediante el superávit y el consecuente ahorro, los saltos de escala de sus empresas industriales y los cambios en la composición orgánica de su capital para volverse más productivos, es decir, producir cada vez más con menor tiempo social de trabajo, con menores costos. Para el imperialismo global angloamericano, dominante a nivel mundial, esto no sólo atenta contra las relaciones de fuerzas existentes en el plano económico, sino que en un contexto de crisis global le resulta más perjudicial aun, ya que afecta la demanda agregada global y no tracciona a las economías paralizadas de EEUU e Inglaterra. Vale aclarar que no sería problema alguno para nuestros economistas anglófilos, como de hecho no lo es, si ese exceso de oferta de estos países estuviese compuesto por materias primas. Tampoco sería problema alguno si las empresas exportadoras fueran las suyas o si fuesen propias las empresas que acumulan a partir de una política de estado en ese sentido, como de hecho no le es problema Corea del Sur o la misma China hace algunos años cuando exportaba baratijas.
El actor dominante global que ya dio antes que sus rivales los saltos de escala especializándose en la conducción estratégica del sistema financiero necesita estimular la demanda a través del consumo y los planes de estímulo fiscales para consolidar su posición dominante y salir de la crisis como gran ganador global, institucionalizando su poder transnacionalizado. Por ello, el fortalecimiento de otros polos de poder con capacidad de proyección global contradice dichas intenciones, eso explica amenaza de guerra económica a sus rivales, como luego planteará Obama en una gira internacional.
El plan de Alemania de exportar-extender su modelo-estrategia de austeridad basado en el ahorro-inversión-producción-exportación-superávit agudiza lo que los ingleses y norteamericanos denominan “los desequilibrios globales”. Convertir a la zona euro (mediante el ajuste y la centralización económica), en una gran Alemania, es el gran temor angloamericano. La consecuencia sería la profundización de los grandes “desequilibrios” globales que impiden la institucionalización global del poder financiero transnacionalizado deviniendo en Estado Global:
- Profundización de la brecha entre países con superávit comercial y los países con déficit comercial (exportaciones-importaciones).
- Profundización de la brecha entre países con superávit fiscal y déficit fiscal.
- Profundización de los problemas de endeudamiento en los países con déficit gemelos con posibilidad que desemboquen en defaults.
- Profundización de las medidas proteccionistas y de la guerra económica entre bloques.
Cuando esta lucha tiene de fondo una profunda transformación de las relaciones de poder a nivel mundial, con una crisis en el polo dominante cuya fracción avanzada impulsa un nuevo proceso instituyente y emergen o se fortalecen otros polos de poder mundial, estamos en presencia de una gran crisis mundial.
En este escenario, las fuerzas angloamericanas intentan reducir esta brecha, suavizar la recesión, apaciguar los efectos del desequilibrio entre la capacidad de consumo y la capacidad de producción que se manifiesta en recesión, aumentando el consumo mediante déficit y deuda pública, supliendo al sector privado, el cual aumenta su tasa de ahorro. Esto se ve claramente en los enormes déficit de EEUU e Inglaterra, cubiertos con emisión monetaria y deuda, que son la contracara del nivel de recesión existente. Por otra parte, al ser los principales controladores del negocio financiero global, se benefician con el negocio de la deuda: para el 2004 Londres controlaba el 70% del total mundial de operaciones en bonos globales. En contraposición, los alemanes y, en menor medida los chinos (cercanos a la tercera postura), profundizan dicha brecha para impedir ser subordinados, aumentando el ahorro. Así lo deja claro la canciller alemana Angela Merkel ante las presiones angloamericanas y en respuesta a una carta de Obama donde pide que (los alemanes, chinos y japoneses) gasten más y dependan menos de las exportaciones: “Los éxitos de las exportaciones alemanas –dice Merkel— reflejan la alta competitividad y fortaleza innovadora de nuestras compañías. Reducir artificialmente la competitividad no sería beneficioso para nadie” . De hecho, la debilidad relativa de su sector financiero (como lo reconoce también la propia Merkel) no les deja otro camino que seguir aumentando la competitividad y fortalecer su modelo industrial de producción y exportación de medios de producción estratégicos y medios de consumo de alto valor agregado. En 2008 Alemania, a pesar del alto valor del euro, exportó por 1,47 billones de dólares, seguido por China (1,43 billones) y EEUU (1,3 billones, menos del 10% de su PBI); y del total de las exportaciones alemanas, el 17,5% correspondió a la industria automotriz, 14,8% a la de maquinaria y un 13,9% a los productos químicos. De 1990 al 2008, las exportaciones alemanas pasaron del 32% del PIB al 47%, las francesas del 21% al 26%, las italianas del 19% al 29% y las españolas del 16% al 26,4%. Estos números muestran el aumento generalizado a nivel mundial del comercio exterior de la UE y en particular la expansión del modelo alemán en Europa, y el gran peligro que para los intereses angloamericanos implica. A esto, habría que sumar el desarrollo de China, que exporta un 40% de su PBI (2008).
Lo que por un lado (el del gran capital europeo), es un fortalecimiento de la competitividad de las empresas de la zona euro por el aumento de la productividad de la fuerza de trabajo, por otra parte, el ajuste, la “austeridad” y la demanda deprimida generan fuertes tensiones sociales ya que se hace esquilmando con mayor fuerza a los trabajadores, al igual que sus rivales. La respuesta europea es disminuir dichas tensiones con la planificación estatal y ciertas prestaciones del llamado “estado de bienestar” que, por otro lado, ha sido muy desmantelado en nombre del ajuste y la competitividad.
En una tercera posición, la política de los países y bloques de poder emergentes (que son producto de procesos democráticos nacionales y populares de recuperación de la soberanía) es producir superávit (ahorro), invertir y estimular el desarrollo de la producción nacional a través del estado, al mismo tiempo que estimulan la capacidad de consumo de sus pueblos, el mercado interno, para acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas y los procesos de inclusión social: económica, política y cultural. Transitan el doble camino con el fin de aprovechar la oportunidad histórica para la liberación nacional y social.
A partir de los años 60 y 70 se entra en una nueva fase de crisis y transición con: 1- el desarrollo de las redes financieras transnacionales-globales y de las fuerzas productivas (electrónica, informática, telecomunicaciones, robótica, etc.); 2- las pujas entre las potencias capitalistas con el desafío franco-germano al dominio absoluto del polo angloamericano en el mundo capitalista; 3- el estallido de Bretton Woods; 4- la llamada crisis del petróleo y los flujos de petrodólares controlados por la city londinense que insufla de vigor a las redes financieras; 5- el desarrollo de la llamada “segunda guerra fría”; 6- los procesos revolucionarios nacionales y sociales que acontecen en lo que se denomina “Tercer Mundo” y los grandes levantamientos en los países desarrollados como el Mayo francés, la lucha por los derechos civiles en EEUU, etc. Se entra en un nuevo ciclo histórico cuya manifestación más contundente son las aproximadamente 200 crisis financieras entre 1974 y 2000. Es decir, 200 crisis en el sistema nervioso del capitalismo mundial.
La crisis que estalla en 2007-2008 en su forma financiera, seguida de crisis económica y de una multiplicidad de formas no económicas en que aparece la crisis, no es otra cosa que la manifestación más elevada de la transición histórica que impulsan tanto las redes financieras transnacionales angloamericanas y sus aliados hacia la institucionalización del “Estado Global”, contra el cual disputan y se levantan los imperialismos subordinados, como también –aprovechando la oportunidad histórica que se presenta— los bloques de poder emergentes de los países semi-coloniales y coloniales en procesos de desarrollo y liberación nacional y social.
La respuesta de la UE
Una vez que Alemania pudo imponerse parcialmente sobre Francia para trazar el plan de respuesta en la agudización de la crisis, la primera acción coordinada fue aprobar el retrasado “rescate” a Grecia, que en principio sería de 110.000 millones de euros (130.000 millones de dólares aproximadamente) por tres años, aunque en el primer año de aplicación del plan sería de 30.000 millones de euros y el resto se desembolsaría según “avance de obra”, es decir, a medida que los griegos acaten las medidas impuestas. Dicho acuerdo, además, contaba con el apoyo del FMI tal como lo quería Alemania y no Francia, a pesar de que un francés presida el FMI. En una palabra, el nuevo golpe obligó a dar por terminado el primer tramo de la presión sobre Grecia para que se someta a los designios de Bruselas. El costo para los griegos fue el compromiso de la reducción del “gasto público” en 30.000 millones de euros en tres años, bajo un plan harto conocido para los pueblos que sufren o sufrieron la subordinación al capital financiero: reducción de salarios públicos, recorte de pensiones, “reordenamiento” administrativo (eliminación de municipios y entidades locales de 1300 a 340), aumento de los impuestos regresivos sobre los trabajadores (IVA y otros), privatizaciones, flexibilización laboral (rebaja de las indemnizaciones, levantamiento de trabas para despedir trabajadores) y apoyo a la banca con 17.000 millones de euros provisto por el estado achicado, es decir, por el dinero que le sacan a los trabajadores.
Además, para que los bancos griegos no quiebren, el Banco Central Europeo (BCE) seguiría aceptando los “bonos basura” del estado griego en poder de los bancos como garantía. Con esta decisión el Banco Central Europeo desarticuló una parte de las operaciones de la Standard & Poor’s. Como afirmó el ministro de finanzas griego, Yorgos Papaconstantinu: “Con esa decisión, el sistema bancario griego queda completamente restablecido y asegurado, y esto es muy importante porque anula las acciones de las agencias de calificación.”
La otra medida concreta ante la posibilidad cierta de la caída del euro y el desmembramiento de la UE fue el “blindaje” por 750.000 millones de euros (1 billón de dólares aproximadamente en el momento del anuncio) para hacer frente a cualquier crisis de cesación de pagos, impidiendo que una quiebra arrastre a la UE.
El tercer elemento central es el papel de China interviniendo muy fuerte en la disputa a favor de la UE. En gran medida, fue la compra de miles de millones de bonos europeos, fundamentalmente de los vapuleados bonos basura griegos y de los bonos españoles, lo que terminó de salvar al euro del colapso en esos meses. Para reforzar dicha política, China además aceleró el pasaje de parte de sus reservas al euro. Como se ve, hay una decisión estratégica de China de sostener la UE ya que su caída allanaría el camino de las fuerzas globales angloamericanas para desplegar su estrategia de unipolarismo multilateral bloqueando el multipolarismo emergente.
En este sentido, la identificación de “Chinlemania” como el enemigo a vencer adquiere una nueva luz a la ya señalada por Wolf en el Financial Times como los destructores del equilibrio económico mundial. Fue esa alianza la que permitió, por un lado, que no colapsara el euro y la UE, y por otro lado, lanzar una contraofensiva. A los puntos descriptos en las páginas anteriores sobre la convergencia entre China y la UE, hay que señalar que en el 2010 Europa superó a EEUU como principal socio comercial de China y que China pasó a obtener de la UE la tecnología necesaria para desarrollar su industria y dar los saltos en productividad, acelerando el desarrollo de su industria pesada y de alto valor agregado. Es decir, la UE con Alemania a la cabeza le provee a China los bienes estratégicos que producen-controlan el tiempo social de producción. Con ello, Alemania tiene como objetivo salir de la crisis “a la cabeza de una nueva oleada de la revolución industrial” , según las palabras del CEO de Siemens Peter Löscher, como gran productor de bienes de capital estratégicos, ciencia y tecnología. También el acuerdo implica abrir el gran mercado chino para los europeos. En este sentido, China se convirtió en el principal mercado para Volkswagen: con dos millones de autos vendidos superó al propio mercado alemán.
El fortalecimiento de las grandes empresas a través de la expansión, la compra, la fusión y la cooperación fue otra de las estrategias desarrolladas por Alemania y Francia para hacer frente a la crisis. Dicha estrategia comienza a desplegarse con claridad a partir de 2008 y se intensifica en 2010 (siguiendo el proceso de 2000-2006 de la conformación de empresas paneuropeas, a partir de la fusión entre las grandes empresas de los países europeos).
La otra parte de la respuesta de la UE estará más ligada a las decisiones sobre regulaciones y política económica, tanto en lo que hace a su propio territorio como en el plano internacional, donde también Alemania lleva la voz cantante. Una primera operación fuerte en este sentido fue la prohibición a fines de mayo de la venta en descubierto de los CDS (credits default swaps o seguros ante default de deuda) por parte del gobierno alemán.
En este mismo sentido, una vez superada la etapa más crítica de la crisis gracias al apoyo de “China”, el eje germano-francés –ya que después de la crisis el orden histórico del eje trocó sus posiciones— apuntó sus cañones a cerrar los mercados financieros del continente, asegurando una fuerte regulación en los dieciséis países de la zona euro. Hacia principios de junio, Merkel y Sarcozy ordenaron a través de una carta pública al presidente de la comisión europea, José Manuel Barroso,
“a regular en urgencia los mercados financieros y, especialmente, sus productos derivados” y a “acelerar sus trabajos para un encuadramiento reforzado de los mercados financieros”. “El retorno de una fuerte volatilidad de los mercados vuelve legítimo interrogarse específicamente sobre ciertas técnicas financieras y la utilización de ciertos productos derivados como las ventas a descubierto y los credit default swaps (seguros de riesgo de crédito o CDS, en sus siglas en inglés).”
Por otro lado, Francia se disponía a seguir el plan alemán y anunciaba el compromiso de iniciar un ajuste por 45.000 millones de euros para alcanzar un déficit del 3% del PBI para el 2013 (en 2010 del 8%), adecuándose a las reglas europeas. Traccionando a Francia, Alemania obligó a toda la zona euro a seguir su política de ajuste-ahorro-inversión-producción-exportación-superávit agudizando las contradicciones con las fuerzas angloamericanas que pedían a los alemanes que “reequilibren” la demanda global y ayuden a la recuperación global gastando más. De hecho, el anuncio del ajuste francés se daba en el mismo momento en que el presidente norteamericano Barack Obama presionaba en sentido contrario.
Profundizando el enfrentamiento estratégico entre bloques de poder, el 22 de junio la Unión Europea, adoptando como propia la actitud alemana, pidió al G-20 que defina cuándo levantarán las medidas de estímulo que sustentan el crecimiento económico “restaurando así la confianza en la economía global”. Y también pidió que se apruebe un “impuesto global” sobre las transacciones financieras y otros impuestos sobre las instituciones financieras “para ayudar a pagar los costos de liquidación o salvamento de bancos en riesgo de derrumbe.” Estas palabras significaban una declaración de guerra. No sólo expresaban la insubordinación alemana ante las fuerzas angloamericanas y la imposición de su estrategia dentro del eje de conducción germano-francés –por ende al conjunto de la zona euro y también a toda la UE— quebrando así la posición inglesa-norteamericana que trató de sumar a su estrategia a Francia. También significaban la intención de la UE de llevar adelante una ofensiva internacional para partir y bloquear el G-20, conducido por los intereses angloamericanos globalistas, que pretenden constituirlo como gobierno global en su estrategia de unipolarismo multilateral. El G-20 quedó paralizado, ya que si antes era complicado establecer una única estrategia, ahora con la profundización de la fractura entre los principales polos de poder mundial y la decisión germano-francesa de contraatacar, contando para ello con el apoyo de China y Rusia, el G-20 se convierte en un foro multipolar donde los bloques de poder de menor magnitud, como el suramericano, pueden desplegar con mayor soltura una estrategia propia manteniendo la “neutralidad”.
La decisión de China fue determinante para salvar al euro y el proyecto germano-francés de UE, y esa decisión marcó un devenir específico, dentro de las distintas alternativas que se abrían, sintetizando un conjunto de procesos estructurales más amplios. No era inevitable que esto sucediese, hubo una decisión, pero al mismo tiempo hubo condiciones históricas y convergencias estructurales para que así fuese. Sin embargo, la decisión de las fuerzas angloamericanas de seguir golpeando sobre la UE y el euro, sumada a las debilidades de la Unión, en donde la decisión que prima es salvar a los bancos a costa de los pueblos, agudiza todas las contradicciones en el inicio de la tercera ola de la crisis. Esto es lo que estamos viviendo nuevamente con la profundización de la crisis griega y española.
Encuentro de la militancia - CRISTINA 2011


El pasado sábado 28 de mayo se realizó el "Encuentro de la militancia. Cristina 2011" en la dependencia Fonseca de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP, ubicada en 10 y diagonal 78 en la ciudad de La Plata.
Por la mañana el encuentro contó con la presencia de los principales referentes de las organizaciones convocantes donde la consigna que acompañó esta iniciativa se denominó ”Juntos construimos la victoria”.
Por la tarde, luego del almuerzo, se trabajó en comisiones donde los resultados tradujeron y sintetizaron el debate de todos los compañeros. Ya en el plenario de cierre se destacó el rol de la juventud, los desafíos de cara al 2015, la profundización de la coordinación entre las agrupaciones presentes y mayor espacio político dentro del proyecto nacional. Además se destacó la importancia de la formación de cuadros para la capacitación en todos los niveles.
El “Encuentro de la Militancia Cristina 2011” reunió a los compañeros de la provincia y la ciudad de Buenos Aires para debatir acerca de los desafíos políticos de este momento de nuestra patria.
A 5 meses de las elecciones nacionales, en las que se definirá la profundización o el retroceso del Proyecto Nacional, los militantes tenemos que conocer claramente cuáles son los desafíos que enfrentamos y estar organizados para garantizar una campaña que lleve el mensaje de la Presidenta y del modelo a cada rincón de nuestro país, refirio Federico Martelli, referente de MUP Kolina.
Por su parte Antonio Muñiz expresó, al cierre del encuentro, su beneplacito por haber sido invitado y manifestó que solo la militancia activa en la calle es la garantia del triunfo en 2011. Remarcó que " solo un publo movilizado, conciente de sus derechos es la garantia, no solo de la victoria sino tambien de la profundización del modelo en marcha."
Cabe mencionar que participaron de esta instancia política KOLINA- MUP – CAUSA POPULAR – SI EVITA VIVIERA – MOVIMIENTO 8 DE OCTUBRE – ADN NACIONAL Y POPULAR – JUVENTUD PORTEÑA y la AGRUPACIÓN JOHN WILLIAM COOKE – MOVIMIENTO LAUTARO - MOVIMIENTO ANÍBAL VERÓN
Encuentro de la militancia Cristina 2011.

El Encuentro de la Militancia Cristina 2011 pretende reunir a los compañeros de la provincia y la ciudad de Buenos Aires para debatir acerca de los desafíos políticos de este momento de nuestra Patria.
A 5 meses de las elecciones nacionales, en las que se definirá la profundización o el retroceso del Proyecto Nacional, los militantes tenemos que conocer claramente cuales son los desafíos que enfrentamos y estar organizados para garantizar una campaña que lleve el mensaje de la Presidenta y del modelo a cada rincón de nuestro país.
Se presentó el Centro de Estudios Causa Luján





Luján, 24 de mayo de 2011; alrededor de 100 (cien) personas entre militantes y vecinos de lujan concurrieron a la presentación del centro de Estudios, el mismo fue impulsado por la agrupación peronista Causa Popular. La cena se realizó bajo la consigna Pensar en Luján, con micrófono abierto y con absoluta libertad distintos vecinos de Lujan manifestaron sus preocupaciones y compartieron sus ideas para contribuir a pensar en un Luján mejor.
El presidente del Centro de Estudios, Miguel A. Nuñez, y Antonio Muñiz, dirigente y fundador de Causa Popular, presentaron el Centro de Estudios Causa Luján; se trata de una iniciativa de Causa Popular que procura crear un ámbito de discusión y debate para que los vecinos de Luján se sumen a debatir ideas y a contribuir a la formación de proyectos para un Lujan mejor.
Luego de la presentación del Centro de Estudios los presentes, todos vecinos del partido de Lujan, compartieron sus preocupaciones e inquietudes. Entre otros temas se escucharon manifestaciones sobre la problemática de la seguridad, la necesidad de crear fuentes de trabajo para que los lujanenses puedan quedarse en Luján, la necesidad de trabajar sobre la problemática de la juventud, las necesidades de desarrollar actividades en las áreas ligadas a la cultura y a la educación, las dificultades del tránsito vehicular, las distintas problemáticas barriales, la necesidad de contar con ámbitos de participación en el gobierno municipal, el deseo de un gobierno local compuestos por lujanenses que conozcan la problemática local.
Para el cierre de las exposiciones el Dr. Miguel Angel Prince se dirigió a los presentes manifestando su agradecimiento y recalcando la iniciativa de Causa Popular de crear este ámbito de participación ciudadana; como un vecino más manifestó su anhelo de un próximo gobierno de lujanenses y para lujanenses y recalcó la necesidad de la participación y del apoyo de los vecinos para construir el Lujan que todos deseamos.
Llegado el 25 de mayo con un brindes por la Patria y por Lujan culminó la presentación.
Vargas Llosa, el liberalismo y lo que no se dice
Ricardo Forster
El paso de Vargas Llosa por la Feria del Libro constituyó, como lo señaló algún cronista inclinado a la utilización de metáforas religiosas, una suerte de misa profana de las huestes del liberalismo vernáculo. Cita de honor a la que no podían faltar quienes se identifican con el pensamiento político del escritor peruano que, haciendo gala de una inusual cortesía no exenta de astucia, prefirió internarse por los caminos, más conocidos por él, de la literatura, que de ese otro lenguaje, el de la política, con el que suele ser mucho más pedestre y rudimentario a la hora de defender sus posiciones.
La literatura utilizada, por el escritor peruano, como sinónimo de ejercicio de la libertad y de osadía creadora, como fuente inagotable de recursos que nos permite, a los seres humanos, desprendernos de los caminos cerrados y de las opciones dogmáticas. Algo, claro, hay de verdad en esta afirmación que, proviniendo de quien viene, sin embargo guarda otra significación si es que la leemos, a su intervención, dentro de un encuadre mayor. Ese que surgió a partir de la descalificación, hecha por Vargas Llosa y por el coro de escribas de la corporación mediática y por los amigos de la banalidad y la simplificación, de quienes se habían “atrevido”, vaya herejía imperdonable ante la llegada del sacerdote del ultraliberalismo, a destacar su visión reaccionaria de la actualidad argentina y latinoamericana.
En coro, y siguiendo un libreto previamente acordado, se apresuraron a tachar de “censores”, de “inquisidores” y, bajo la genealogía más refinada del escritor peruano, de “comisarios políticos” a quienes se ocuparon de recordar la cita con la derecha contemporánea que venía a cumplimentar Vargas a la Argentina, del mismo modo que se atrevieron, también, a mostrar esa otra genealogía que, desde antaño, une al liberalismo local con las diversas formas de la violencia dictatorial y/o los proyectos regresivos y antipopulares. Por eso no fue casual que la noche del sábado siguiente a la exposición del autor de La fiesta del Chivo en la Feria del Libro, convocados por Carta Abierta, escritores, artistas, actores, dramaturgos, cineastas, académicos, historiadores y ensayistas acompañados de una multitud que colmó la sala Jorge Luis Borges dejando otro tanto afuera, diera testimonio de que algo inédito y profundo está ocurriendo en el país. Que ya no es posible descargar una andanada de frases que nos remiten al horror del neoliberalismo pero para seguir exaltándolo como lo hizo el peruano escribidor, sin que se le pueda salir al cruce abriendo un debate que en la década del ’90 era inimaginable, ahí donde la monotonía del discurso único dominaba la escena social, política y cultural. Carta Abierta, todos aquellos que participaron de esa magnífica convocatoria, expresaron la potencia de un nuevo tiempo argentino y allí, en esa noche del sábado, se pronunciaron discursos que confrontan con altura y refinamiento intelectual contra las versiones cada vez más paupérrimas de una derecha que sólo reproduce sus decires gracias a la cadena nacional que construye la corporación mediática, trinchera última de las derechas continentales y caja de resonancia de las ideas vetustas de Vargas Llosa.
Pero volvamos a las opiniones políticas de nuestro ilustre visitante. Todo en él parece sudar liberalismo de la más vieja estirpe pero bien condimentado con su actual reinvención neoliberal. Sus respuestas suelen ser antológicas por la simplificación que operan de la realidad histórica y de la compleja trama del presente allí donde se dedica, con particular empeño, a denostar cualquier forma de estatismo, intervencionismo keynesiano, socialismo o populismo (jugando con la intercambiabilidad de los conceptos y de las experiencias que, eso es obvio, no han sido ni iguales ni intercambiables a lo largo de la historia contemporánea), mientras reivindica, sin un solo atisbo de reflexión crítica, la marcha inmaculada de los cultores de la libre empresa y del libre mercado. Claro que para eso tiene que devastar a la propia tradición liberal de la que se dice deudor gozoso, para quedarse exclusivamente con ese núcleo ideológico-económico que en nuestro país, para no ir más lejos, siempre se acomodó entre los pliegues de las noches dictatoriales haciéndolo, por supuesto, en nombre de la única libertad que han conocido y conocen: la de un mercado depredador de los intereses populares y productor de una espantosa acumulación de injusticias y desigualdades.
Pero tampoco, en la extensa reivindicación de la “libertad” y de sus raíces liberales (afirmadas como las únicas que merecen ese nombre), aparece la más mínima mención a la depredación que la expansión del capital-liberalismo ha generado en su recorrido histórico: silencio ante la complicidad originaria con la industria más próspera del siglo XVIII, la esclavitud de los negros africanos trasladados masivamente a América (es extraño que el mismo autor de El sueño del celta, libro en el que no deja de mostrar con gran elocuencia los horrores del colonialismo liberal en el África y en Sudamérica, se muestre, en su faceta política, como un ferviente partidario de esa misma lógica explotadora; tarea, tal vez, para un psicólogo desentrañar las vicisitudes esquizoides o de personalidad múltiple del escribidor); el papel de “amables” exportadores de las ideas ilustradas junto con las diversas formas de genocidio cultural y material que nacieron de la matriz del imperialismo europeo cuya brújula orientadora llevaba el norte de la libre empresa y el libre mercado; y sus consecuencias, más cerca de nosotros, a partir de la implementación del Consenso de Washington y de la sistemática destrucción de lo que quedaba de nuestros Estados y de las antiguas memorias de la equidad y el bienestar. A todo eso un prolífico opinador político como lo es Vargas Llosa simplemente lo dejó sin nombre. Paradojas de la época que tengamos que recurrir a su literatura para leer su contracara, ese otro rostro del sufrimiento y la explotación desplegados en nombre de la ideología que tanto defiende.
En Vargas, oficiante del culto de la libertad más extrema (esa que garantiza la circulación “libre” de las mercancías –al menos si provienen de los países dominantes– pero que se ocupa sistemática y violentamente de impedir la libre circulación de los cuerpos, en especial esos cuerpos de seres humanos empobrecidos y hambrientos que provienen de geografías saqueadas por esos mismos países que se ofrecen a los ojos del mundo como portadores de los ideales democráticos y liberales). Nada de recordarnos las tropelías de los imperios europeos en el África ni las de los hijos de Washington y Jefferson, paradigmas del republicanismo liberal, en nuestro continente. Nada de interrogarse por los vínculos permanentes que los seguidores, entre nosotros, de Adam Smith (aunque nunca intentaron imitar su genuina vocación democrática) tuvieron con los golpes militares y las consecuentes dictaduras desencadenadas como fuego purificador contra los desvíos populistas. ¿Conocerá Vargas Llosa al ingeniero Álvaro Alsogaray o al ilustre José Alfredo Martínez de Hoz? Suponemos, porque le reconocemos su conocimiento de nuestros asuntos, que sabe muy bien quiénes fueron esos señores y qué intereses representaron en nombre, claro, de la libertad de mercado y de los nuevos profetas formados en la Universidad de Chicago. La violencia de la que fueron sistemáticos cómplices, su apoyo ideológico a la mayor destrucción de las libertades que haya conocido nuestro país, no merecieron, de parte de nuestro literato tan festejado y adulado por los poderosos y sus lacayos, ninguna mención, ni siquiera como nota a pie de página. Sólo silencio. ¿Sabrá acaso Vargas que la dictadura más sanguinaria que conoció la Argentina fue, en el terreno económico, liberal? ¿O apenas fue una extraña casualidad? ¿Sabe, el escribidor, que los golpistas del ’55 se reclamaban como genuinos liberales? ¿O que el ultramontano de Onganía, a la hora de darle forma a la economía, dejó de lado sus convicciones reaccionarias y apeló, una vez más, a los ideólogos del liberalismo económico como Adalbert Krieger Vasena? Quizás, estimado lector, sobreestimamos lo que Vargas sabe de nosotros y, desconociendo las tropelías de nuestros “liberal-demócratas”, siempre tan atentos a proteger las libertades y los derechos ciudadanos, le pedimos demasiado al reclamar una historia más honesta de las marcas que las enseñanzas mercadolátricas dejaron entre nosotros. ¿Será, acaso, que la historia del liberalismo argentino ha sido siempre, salvando honrosas excepciones, una historia de violencias y declinaciones de la propia libertad en nombre, supuestamente, de su defensa?
De la misma manera que sus respuestas cuando se le preguntó por el apoyo de los grandes sacerdotes del neoliberalismo –Friedrich von Hayek y Milton Friedman– a la dictadura de Pinochet, rayaron en lo ridículo y en lo impresentable al desconocer la profunda relación entre la política económica del pinochetismo, sus “métodos” para imponerla una vez interrumpido violentamente el proceso democrático, y las ideas y recomendaciones de tan ilustres ideólogos.
Pero claro, Vargas, como no podía ser de otro modo, vino a hablar de literatura, a ofrecernos una clase magistral de didactismo estético combinado con una puesta en acto del verdadero espíritu democrático y libertario. Y lo hizo rodeado de sus aduladores, de aquellos que se dedican, con insistencia digna de mejor causa y con pocos éxitos por lo que se ve en lo que viene aconteciendo en nuestro continente sudamericano, a desgarrarse las vestiduras en nombre de la libertad (palabra que usan a destajo sin siquiera ruborizarse ante tanto cinismo y tanta complicidad con quienes efectivamente la mancillaron en nuestro pasado reciente). Para Vargas, como para ellos, la brutalidad del Consenso de Washington que le dio letra y recursos a la mayor política de desigualdad material que conoció la historia latinoamericana, la insistencia criminal del FMI en ofrecernos sus recetas mientras sigue desmoronándose una parte de Europa, Estados Unidos multiplica exponencialmente su déficit fiscal y se rebelan los pueblos árabes contra sus impúdicas recomendaciones que apadrinaron a los regímenes autoritarios, no merecen ni la más leve autocrítica. En nombre de la sacrosanta libertad de mercado no han hecho otra cosa que justificar las más viles formas de explotación y de saqueo, pero todo ello bien envuelto en retórica liberal y democrática.
Es bueno que Vargas Llosa, escritor prolífico que, como él lo ha dicho, ha sabido cobijar distintas personalidades en su larga trayectoria, se haya dedicado a hablar de literatura. Es bueno, también, que los que lo han escuchado, dentro y fuera de la Feria del Libro, no pierdan de vista de qué modo se cuela la política cuando se habla de literatura y, sobre todo, que no pierdan de vista que no alcanza con nombrar la palabra “libertad” para ser dignos de su nombre allí donde tanta hipocresía termina por convertirla en un sonido ahuecado.
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El paso de Vargas Llosa por la Feria del Libro constituyó, como lo señaló algún cronista inclinado a la utilización de metáforas religiosas, una suerte de misa profana de las huestes del liberalismo vernáculo. Cita de honor a la que no podían faltar quienes se identifican con el pensamiento político del escritor peruano que, haciendo gala de una inusual cortesía no exenta de astucia, prefirió internarse por los caminos, más conocidos por él, de la literatura, que de ese otro lenguaje, el de la política, con el que suele ser mucho más pedestre y rudimentario a la hora de defender sus posiciones.
La literatura utilizada, por el escritor peruano, como sinónimo de ejercicio de la libertad y de osadía creadora, como fuente inagotable de recursos que nos permite, a los seres humanos, desprendernos de los caminos cerrados y de las opciones dogmáticas. Algo, claro, hay de verdad en esta afirmación que, proviniendo de quien viene, sin embargo guarda otra significación si es que la leemos, a su intervención, dentro de un encuadre mayor. Ese que surgió a partir de la descalificación, hecha por Vargas Llosa y por el coro de escribas de la corporación mediática y por los amigos de la banalidad y la simplificación, de quienes se habían “atrevido”, vaya herejía imperdonable ante la llegada del sacerdote del ultraliberalismo, a destacar su visión reaccionaria de la actualidad argentina y latinoamericana.
En coro, y siguiendo un libreto previamente acordado, se apresuraron a tachar de “censores”, de “inquisidores” y, bajo la genealogía más refinada del escritor peruano, de “comisarios políticos” a quienes se ocuparon de recordar la cita con la derecha contemporánea que venía a cumplimentar Vargas a la Argentina, del mismo modo que se atrevieron, también, a mostrar esa otra genealogía que, desde antaño, une al liberalismo local con las diversas formas de la violencia dictatorial y/o los proyectos regresivos y antipopulares. Por eso no fue casual que la noche del sábado siguiente a la exposición del autor de La fiesta del Chivo en la Feria del Libro, convocados por Carta Abierta, escritores, artistas, actores, dramaturgos, cineastas, académicos, historiadores y ensayistas acompañados de una multitud que colmó la sala Jorge Luis Borges dejando otro tanto afuera, diera testimonio de que algo inédito y profundo está ocurriendo en el país. Que ya no es posible descargar una andanada de frases que nos remiten al horror del neoliberalismo pero para seguir exaltándolo como lo hizo el peruano escribidor, sin que se le pueda salir al cruce abriendo un debate que en la década del ’90 era inimaginable, ahí donde la monotonía del discurso único dominaba la escena social, política y cultural. Carta Abierta, todos aquellos que participaron de esa magnífica convocatoria, expresaron la potencia de un nuevo tiempo argentino y allí, en esa noche del sábado, se pronunciaron discursos que confrontan con altura y refinamiento intelectual contra las versiones cada vez más paupérrimas de una derecha que sólo reproduce sus decires gracias a la cadena nacional que construye la corporación mediática, trinchera última de las derechas continentales y caja de resonancia de las ideas vetustas de Vargas Llosa.
Pero volvamos a las opiniones políticas de nuestro ilustre visitante. Todo en él parece sudar liberalismo de la más vieja estirpe pero bien condimentado con su actual reinvención neoliberal. Sus respuestas suelen ser antológicas por la simplificación que operan de la realidad histórica y de la compleja trama del presente allí donde se dedica, con particular empeño, a denostar cualquier forma de estatismo, intervencionismo keynesiano, socialismo o populismo (jugando con la intercambiabilidad de los conceptos y de las experiencias que, eso es obvio, no han sido ni iguales ni intercambiables a lo largo de la historia contemporánea), mientras reivindica, sin un solo atisbo de reflexión crítica, la marcha inmaculada de los cultores de la libre empresa y del libre mercado. Claro que para eso tiene que devastar a la propia tradición liberal de la que se dice deudor gozoso, para quedarse exclusivamente con ese núcleo ideológico-económico que en nuestro país, para no ir más lejos, siempre se acomodó entre los pliegues de las noches dictatoriales haciéndolo, por supuesto, en nombre de la única libertad que han conocido y conocen: la de un mercado depredador de los intereses populares y productor de una espantosa acumulación de injusticias y desigualdades.
Pero tampoco, en la extensa reivindicación de la “libertad” y de sus raíces liberales (afirmadas como las únicas que merecen ese nombre), aparece la más mínima mención a la depredación que la expansión del capital-liberalismo ha generado en su recorrido histórico: silencio ante la complicidad originaria con la industria más próspera del siglo XVIII, la esclavitud de los negros africanos trasladados masivamente a América (es extraño que el mismo autor de El sueño del celta, libro en el que no deja de mostrar con gran elocuencia los horrores del colonialismo liberal en el África y en Sudamérica, se muestre, en su faceta política, como un ferviente partidario de esa misma lógica explotadora; tarea, tal vez, para un psicólogo desentrañar las vicisitudes esquizoides o de personalidad múltiple del escribidor); el papel de “amables” exportadores de las ideas ilustradas junto con las diversas formas de genocidio cultural y material que nacieron de la matriz del imperialismo europeo cuya brújula orientadora llevaba el norte de la libre empresa y el libre mercado; y sus consecuencias, más cerca de nosotros, a partir de la implementación del Consenso de Washington y de la sistemática destrucción de lo que quedaba de nuestros Estados y de las antiguas memorias de la equidad y el bienestar. A todo eso un prolífico opinador político como lo es Vargas Llosa simplemente lo dejó sin nombre. Paradojas de la época que tengamos que recurrir a su literatura para leer su contracara, ese otro rostro del sufrimiento y la explotación desplegados en nombre de la ideología que tanto defiende.
En Vargas, oficiante del culto de la libertad más extrema (esa que garantiza la circulación “libre” de las mercancías –al menos si provienen de los países dominantes– pero que se ocupa sistemática y violentamente de impedir la libre circulación de los cuerpos, en especial esos cuerpos de seres humanos empobrecidos y hambrientos que provienen de geografías saqueadas por esos mismos países que se ofrecen a los ojos del mundo como portadores de los ideales democráticos y liberales). Nada de recordarnos las tropelías de los imperios europeos en el África ni las de los hijos de Washington y Jefferson, paradigmas del republicanismo liberal, en nuestro continente. Nada de interrogarse por los vínculos permanentes que los seguidores, entre nosotros, de Adam Smith (aunque nunca intentaron imitar su genuina vocación democrática) tuvieron con los golpes militares y las consecuentes dictaduras desencadenadas como fuego purificador contra los desvíos populistas. ¿Conocerá Vargas Llosa al ingeniero Álvaro Alsogaray o al ilustre José Alfredo Martínez de Hoz? Suponemos, porque le reconocemos su conocimiento de nuestros asuntos, que sabe muy bien quiénes fueron esos señores y qué intereses representaron en nombre, claro, de la libertad de mercado y de los nuevos profetas formados en la Universidad de Chicago. La violencia de la que fueron sistemáticos cómplices, su apoyo ideológico a la mayor destrucción de las libertades que haya conocido nuestro país, no merecieron, de parte de nuestro literato tan festejado y adulado por los poderosos y sus lacayos, ninguna mención, ni siquiera como nota a pie de página. Sólo silencio. ¿Sabrá acaso Vargas que la dictadura más sanguinaria que conoció la Argentina fue, en el terreno económico, liberal? ¿O apenas fue una extraña casualidad? ¿Sabe, el escribidor, que los golpistas del ’55 se reclamaban como genuinos liberales? ¿O que el ultramontano de Onganía, a la hora de darle forma a la economía, dejó de lado sus convicciones reaccionarias y apeló, una vez más, a los ideólogos del liberalismo económico como Adalbert Krieger Vasena? Quizás, estimado lector, sobreestimamos lo que Vargas sabe de nosotros y, desconociendo las tropelías de nuestros “liberal-demócratas”, siempre tan atentos a proteger las libertades y los derechos ciudadanos, le pedimos demasiado al reclamar una historia más honesta de las marcas que las enseñanzas mercadolátricas dejaron entre nosotros. ¿Será, acaso, que la historia del liberalismo argentino ha sido siempre, salvando honrosas excepciones, una historia de violencias y declinaciones de la propia libertad en nombre, supuestamente, de su defensa?
De la misma manera que sus respuestas cuando se le preguntó por el apoyo de los grandes sacerdotes del neoliberalismo –Friedrich von Hayek y Milton Friedman– a la dictadura de Pinochet, rayaron en lo ridículo y en lo impresentable al desconocer la profunda relación entre la política económica del pinochetismo, sus “métodos” para imponerla una vez interrumpido violentamente el proceso democrático, y las ideas y recomendaciones de tan ilustres ideólogos.
Pero claro, Vargas, como no podía ser de otro modo, vino a hablar de literatura, a ofrecernos una clase magistral de didactismo estético combinado con una puesta en acto del verdadero espíritu democrático y libertario. Y lo hizo rodeado de sus aduladores, de aquellos que se dedican, con insistencia digna de mejor causa y con pocos éxitos por lo que se ve en lo que viene aconteciendo en nuestro continente sudamericano, a desgarrarse las vestiduras en nombre de la libertad (palabra que usan a destajo sin siquiera ruborizarse ante tanto cinismo y tanta complicidad con quienes efectivamente la mancillaron en nuestro pasado reciente). Para Vargas, como para ellos, la brutalidad del Consenso de Washington que le dio letra y recursos a la mayor política de desigualdad material que conoció la historia latinoamericana, la insistencia criminal del FMI en ofrecernos sus recetas mientras sigue desmoronándose una parte de Europa, Estados Unidos multiplica exponencialmente su déficit fiscal y se rebelan los pueblos árabes contra sus impúdicas recomendaciones que apadrinaron a los regímenes autoritarios, no merecen ni la más leve autocrítica. En nombre de la sacrosanta libertad de mercado no han hecho otra cosa que justificar las más viles formas de explotación y de saqueo, pero todo ello bien envuelto en retórica liberal y democrática.
Es bueno que Vargas Llosa, escritor prolífico que, como él lo ha dicho, ha sabido cobijar distintas personalidades en su larga trayectoria, se haya dedicado a hablar de literatura. Es bueno, también, que los que lo han escuchado, dentro y fuera de la Feria del Libro, no pierdan de vista de qué modo se cuela la política cuando se habla de literatura y, sobre todo, que no pierdan de vista que no alcanza con nombrar la palabra “libertad” para ser dignos de su nombre allí donde tanta hipocresía termina por convertirla en un sonido ahuecado.
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Municipalismo y Participación ciudadana
El pasado 4 de mayo se realizó una charla debate organizada por el Centro de Estudios Causa Luján y la agrupación Causa Popular. El Profesor Marcel Pavka, especialista en el tema brindó una amena charla donde contó experiencias de distintos municipios sobre distintas herramientas de gestión municìpal que promueven la participación popular en la toma de decisiones de los gobernantes.
Analizó por ultimo distintos modelos de implementación del Presupuesto participativo, donde los vecinos son quienes deciden en que y como se invierten los recursos en su barrio y o localidad.
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