Argentina fuera de juego.

Bloques, proteccionismo y una apertura que desarma la industria

La industria argentina no está atravesando solo una mala racha: está quedando a la intemperie en un momento en el que el mundo hace exactamente lo contrario. Mientras las potencias reordenan sus economías alrededor de bloques políticos y comerciales, cadenas seguras de abastecimiento y políticas pro industriales, el gobierno de Javier Milei insiste con una liberación extrema que expone a la producción local a una competencia desigual y, en muchos casos, imposible de sostener. 

Defendamos la Industria Nacional


Los números ayudan a dimensionar la situación. El IPI manufacturero registró en diciembre de 2025 una caída interanual del 3,9%, con retrocesos visibles en sectores sensibles como autos y autopartes, prendas de vestir, maquinaria y otros equipos. Esa foto no ocurre en el vacío: se combina con una dinámica de cierres y achiques que ya alcanzó a empresas emblemáticas. El caso de Fate, que anunció el cierre de su planta y el despido de 920 trabajadores, se volvió un símbolo de época, y no por razones misteriosas: caída de rentabilidad, importaciones y un mercado interno que no tracciona.

El mundo se organiza en bloques y Argentina se queda sin mapa

La globalización “abierta” de fines del siglo XX quedó atrás. Hoy la economía internacional se ordena por seguridad económica, control de tecnologías, reglas de origen y alianzas. Es la era del nearshoring, del friendshoring y de los acuerdos que blindan sectores estratégicos. La industria, otra vez, aparece como un factor de poder.

En ese contexto, Argentina corre el riesgo de quedar aislada del nuevo mundo, sin una estrategia regional consistente y con una inserción internacional subordinada, política y comercialmente, a una potencia en decadencia. No se trata de consignas: cuando un país se “alinea” sin condiciones, resigna capacidad de negociación, acepta reglas ajenas y suele terminar especializado en lo menos complejo: recursos naturales, servicios financieros y mercados cautivos para bienes importados.

Proteccionismo para ellos, apertura total para nosotros

La paradoja es brutal: mientras el mundo aplica políticas pro industriales, el gobierno argentino se comporta como si esas políticas no existieran.

Europa, por ejemplo, avanzó con el Net-Zero Industry Act, que busca que la capacidad de manufactura de tecnologías net-zero en la Unión Europea alcance al menos el 40% de las necesidades de despliegue anual hacia 2030. La OCDE, en la misma línea, describe el retorno explícito de la política industrial —subsidios, coordinación, paquetes de incentivos— como parte del nuevo escenario competitivo.

Ese giro global tiene un sentido claro: proteger capacidades, asegurar empleos, dominar tecnología, evitar depender del rival. No es ideología, es realismo económico.

Argentina, en cambio, se abre como si el mercado mundial fuera un espacio neutral y equilibrado. Pero el mundo de hoy está lleno de excedentes, grandes economías con sobrecapacidad industrial buscan colocar mercadería donde sea, para sostener su propia producción y su empleo. En ese marco, la “apertura” no es competencia virtuosa: es, muchas veces, invasión de importaciones.

China como caso extremo: excedentes, escala y choque contra una estructura frágil

El ejemplo más evidente es China, con escala, productividad y una capacidad de colocación global que desborda mercados. Cuando esa mercadería entra a un país sin controles, con dólar barato, crédito caro, demanda deprimida y costos logísticos crecientes, el resultado no es modernización automática: es destrucción de capacidades.

Una matriz productiva local puede competir —y aprender— si hay reglas: sin un dólar competitivo, financiamiento, instrumentos de desarrollo, compras públicas inteligentes, incentivos atados a desempeño, protección transitoria y metas. Sin eso, compite desnuda. Y una industria desnuda, frente a países que juegan con Estado, banca, aranceles encubiertos y planificación, se desmorona día a día.

El Municipio realizará un ciclo de charlas: «Industria y sob | miTDF |  miTDF Noticias de Tierra del Fuego

La discusión real: ¿Qué industria, para qué país?

El debate no es nostalgia versus modernidad. La industria del siglo XXI no es la de los años cincuenta: es mercado interno, sin descuidar las exportaciones,  es software, datos, automatización, servicios tecnológicos integrados a procesos, diseño, logística inteligente. La industria  sigue siendo el núcleo central de una economía, donde se define productividad, empleo calificado, salarios y soberanía tecnológica.

Por eso, la pregunta central es política: ¿Argentina quiere ser un país que vende sus recursos naturales  – agro alimentos, energía y minerales –  e importa todo lo demás, o quiere construir cadenas de valor a partir de sus recursos, su ciencia y su mercado local y regional?

Si la respuesta es lo segundo, una política industrial activa no es un error,  es una condición de existencia. Y si la respuesta es lo primero, entonces conviene decirlo sin eufemismos, se está eligiendo una inserción internacional subordinada, una economía de baja complejidad, pero con alta conflictividad social.

Porque, al final, lo que hoy se presenta como “libertad de mercado” puede terminar siendo solo libertad para importar, y para que la industria local —sin red, sin estrategia y sin escala— siga perdiendo terreno hasta volverse irrelevante.







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